ART

 

La obra maestra de Yasmina Reza, en un montaje valenciano

 

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REVISITANDO ART

 

            En 2006 asistí, en el teatro Olympia de Valencia, a la representación de “Art”, la célebre obra de Yasmina Reza que venía triunfando en todo el mundo. Ocho años antes había sido representada en Madrid por primera vez.

            Los protagonistas y directores de la adaptación de 2006 eran tres argentinos: el archiconocido Ricardo Darín (El hijo de la novia, Nueve reinas, El aura, El secreto de sus ojos, La señal") y los bastante menos conocidos Germán Palacios (aunque luego ganó popularidad gracias a la serie televisiva Herederos) y José Luis Mazza.

            Me gustó enormemente la obra y en 2011, cinco años después, tuve ocasión de ver una nueva adaptación de la misma a cargo de Joaquim Candeias, con coproducción entre el Ayuntamiento de Valencia, Albena Teatre y Tornaveu.

            Versionado y traducido por Fernando Gómez Grande y Rodolf Sirera, se representó, en el teatro El Musical de Valencia, por Carles Alberola, Alfred Picó y Carles Sanjaime en una versión netamente valenciana.

 

            De las diferencias y similitudes entre ambos montajes hablaré más tarde pero lo que sí quiero dejar claro de antemano es el hecho de que, en mi condición de bilingüe desde la infancia, las conclusiones que pueda extraer nada tienen que ver con el idioma en que ha sido representada la obra en ambas ocasiones (castellano en 2006 y valenciano en 2011).

 

TEATRO EL MUSICAL

   

          Enclavado en el número 3 de la Plaza del Rosario (Plaça del Rosari), entre los muy valencianos barrios de El Cabanyal y Cañameral, “El Musical” es un teatro cuya planta no deja de sorprender. Sobre todo por la espectacular altura de su puerta; la más alta de la ciudad de Valencia. La singularidad de que sea corrediza y, al abrirse, descubra todo el edificio, es tan atractivo como sorprendente.

            Edificio estrecho pero que alcanza las cuatro alturas, se alza pared con pared junto a la iglesia del Rosario.

            Fue construido sobre lo que fue un antiguo cine y su reapertura data de 2004, contando con una fachada totalmente reformada. En cuanto al interior, es completamente nuevo.

            Conciertos, danza, ópera e incluso cine (para rememorar los viejos tiempos) siguen teniendo acogida en esta sala con capacidad para 400 espectadores.

            Buena prueba de la modernidad de sus instalaciones son la sala de ensayos, los camerinos individuales y colectivos y los servicios de ludotecas y guardería.

            Cuenta también con una modesta cafetería que consta de dos salas; una junto a la barra y otra, más amplia, en el interior.

 

ACCESOS DEL TEATRO

     

               Se puede llegar con facilidad si vais en coche, ya que el teatro se encuentra en la citada plaza, que no es sino un leve ensanchamiento de la calle del Rosario, paralela a la ancha calle de Serrería (la quinta paralela desde Serrería hacia el mar) y, por tanto, también a la calle de la Reina por el otro extremo.

            Aunque hay un parking público cercano, en la calle Martí Grajales, frente al Mercado del Cabañal, debo deciros que hasta la fecha siempre he podido aparcar sin problemas en las inmediaciones del teatro, ya que las calles son algo estrechas pero bastante largas.

            Si vais en tren, la estación de El Cabanyal está ciertamente próxima.

            Si lo hacéis en tranvía, deberéis apearos en la estación del Doctor Lluch si venís por la línea 4 o, indistintamente, en las paradas Francisco Cubells o Marítim-Serrería (preferentemente la primera de ellas) si es por la línea 5.

            Por último, si elegís el autobús como forma de transporte, las líneas que os interesan porque cuentan con paradas próximas al teatro son la 1, la 2, la 3, la 19, la 31 ó la N1.

 

ART, UNA OBRA DE YASMINA REZA

           Esta parisina de origen judío, hija de madre húngara y de padre ruso-iraní, está considerada la autora viva más representada en los escenarios de todo el mundo a causa precisamente de “Art”, habiendo sido ésta traducida a 35 idiomas distintos.

            Actriz, traductora, guionista, novelista y dramaturga, también ha añadido a su polifacético currículum la faceta de directora, con el largometraje “Chicas”.

            Sus montajes teatrales más galardonados son el propio “Art” y “Le Dieu du carnage” pero cuenta igualmente con otras obras destacables: “Conversations après un enterrement” (Conversaciones tras un entierro), “La traversée de l'hiver” (La travesía del invierno), “L’homme du Hazard” (El hombre del azar), “Trois versions de la vie” (Tres versiones de la vida)y “Une pièce espagnole” (Obra española).

Ganadora del Gran premio del teatro de la Academia francesa por el conjunto de su carrera, obtuvo nada menos que tres premios Molière por las ya citadas “Conversations après un enterrement”, “La Traversée de l'hiver” y esta “Art” de la que paso a hablaros.

 

EL ARGUMENTO DE ART, VERSIÓN VALENCIANA

   

           Sergi, un dermatólogo de éxito, compra un cuadro en una galería de arte y paga por él la nada despreciable cantidad de treinta mil euros.

Su amigo Marc, un ingeniero aeronáutico muy pagado de sí mismo y de su criterio, se escandaliza al contemplar la obra, que en apariencia no es más que un lienzo en blanco… en el que hay algún trazo casi inapreciable pero también en blanco.

            Tras una agria discusión entre ambos, el amigo discrepante acude en busca de Iván.

            Éste, que se gana la vida como puede trabajando en una papelería -en la que ha entrado como “enchufado” por el tío de la que en breve se convertirá en su esposa-, intenta mantener su habitual postura conciliadora entre sus otros dos amigos.

            En esta ocasión, sin embargo, no será posible, dado el nivel de encono del enfrentamiento entre los otros dos, que pone en tela de juicio la mera existencia de su amistad y los motivos que la sustentan.

 

UNA REFLEXIÓN AGUDA SOBRE LA AMISTAD

   

          Con absoluta maestría (el éxito no lo regalan y menos sobre un escenario), Yasmina Reza plantea un cuadro vivo que toma como excusa el lienzo pintado.

Tres hombres adultos que comparten una amistad ven cómo la misma se tambalea y amenaza con disolverse por completo a raíz de la compra, por parte de uno de ellos, de una obra de arte.

            Lo que para el comprador sin duda lo es, para su mejor amigo no significa otra cosa que su traición a los valores que teóricamente compartían, a favor de un esnobismo que le viene dado por las amistades “de postín” que frecuenta en los últimos tiempos.

            Huelga decir que los celos (aunque se trate de una amistad desprovista en principio de connotaciones sexuales) se hallan presentes en la ecuación.

            En cualquier caso, mientras uno de ellos defiende su derecho a admirar lo que considera bello o susceptible de conmoverle, el otro lo considera una burla y un insulto a la inteligencia de ambos y a la propia amistad que comparten.

            La entrada en el tablero de juego del tercer vértice de su triángulo amistoso, un hombre que, al contrario que ellos, carece de su formación y de su status socioeconómico, vendrá a potenciar el conflicto.

            Entre otras cosas porque, por un momento, los dos hombres enfrentados se unirán contra él, en un intento de desacreditar su genuina intención de poner paz entre sus amigos, lo cual será interpretado como una cobardía que encubre su deseo de no implicarse nunca en conflicto alguno.

            Paralelamente a ello, irán surgiendo una serie de antiguos conflictos quizás no muy trascendentes pero sí mal resueltos entre ellos, lo que degenerará en un peligro más que real de dar al traste con una amistad que ha unido a estos tres hombres durante quince años.

            La situación especialmente delicada del más humilde de ellos, Iván, produce una intersección en el conflicto suscitado por la adquisición del cuadro, ya que el pobre diablo se ve atrapado entre un matrimonio que en realidad no desea, la agresiva personalidad de su novia y el difícil equilibrio con las madrastras de ambos.

 

COMEDIA Y DRAMA

  

             Con una escenografía muy sencilla que se reduce a la mínima expresión –apenas un sofá y un sillón para sentarse más una pared trasera sobre la que, de vez en cuando, se acomoda el cuadro de la discordia-, se alternan momentos de una gran tensión (que se traslada al espectador) con otros sencillamente hilarantes.

            De hecho, en esta versión he advertido una mayor comicidad en las escenas que sirven para descargar la tensión del drama.

            Frases contundentes y expresiones faciales ciertamente graciosas enmarcan el conflicto central de la historia, en la que está en juego la supervivencia de una relación de muchos años.

            Tal vez en el montaje que vi hace cinco años, la superioridad interpretativa de Ricardo Darín y su deseo, consciente o no, de reafirmación sobre el escenario redundaba en un desequilibrio del argumento a favor de su personaje.

            Tal circunstancia no acontece en este montaje, dado el perfecto equilibrio entre los tres intérpretes que, en lengua valenciana, dan vida a los tres personajes de la función.

            El cariz que toman los acontecimientos llega a ser de una gran tensión emocional y de un dramatismo por momentos desgarrador, como lo es siempre que dos personas que pretenden ser amigas se dedican a zaherirse con crueldad, haciendo sangre e incidiendo en los detalles más dolorosos de las circunstancias del otro.

            Hacer coexistir un drama de dichas características con momentos en los que el auditorio no puede reprimir las carcajadas es muestra de un gran talento.

            Ese talento, que lógicamente se hace patente en todas las versiones y adaptaciones que se hagan de la obra de la autora, tienen no obstante diferencias en función del contexto.

            En este caso, las referencias a cuestiones locales (en la adaptación vistaen “El Musical” se aludía, por ejemplo, al restaurante “Chez Lyon” de nuestra ciudad o al cementerio de Campanar), los giros y expresiones típicas del lugar en el que tiene lugar la representación (hay frases típicas valencianas cuya traducción alteraría notablemente su sentido) e incluso el acento de los actores interfiere en el libreto original, dotándolo de particularidades que convierten en única y diferente la obra.

            Del mismo modo que el acento argentino de Darín y sus compañeros, sus giros dialectales e incluso alguna connotación más psicoanalista (aunque tópica, es bien conocida la tendencia argentina a protagonizar conversaciones de diván) le daban un sesgo distinto a la versión que vi en 2006.

            En realidad, si tuviera que decantarme por una de ellas no sabría cómo hacerlo. Creo que ambas merecen mucho la pena, son realizaciones distintas que parten de un mismo enfoque y difieren en escasos puntos. A saber:

            - En la versión de 2006, Ricardo Darín atraía para sí un mayor protagonismo, inclinando el favor del público hacia su personaje y dándole, por tanto, mayor credibilidad a las tesis que éste defendía.

            - La versión de 2011 es más cómica y la tensión –que la hay y no tiene nada de anecdótica- se rebaja de forma más acusada.

            - La interpretación en la versión de 2011 es más equilibrada mientras que la actuación de Darín en 2006 constituía un espectáculo en sí misma y todavía hoy la recuerdo con admiración. Sólo por verle actuar merecía el precio de la entrada, por encima de la indudable calidad de la obra.

            - El mayor dramatismo de la versión de 2006 venía aderezada por un enfoque más psicoanalítico mientras que la versión de 2011, sin resultar ligera, achaca las lecturas psicológicas al profesional con el que, de forma periódica, trata uno de los personajes.

 

LOS ACTORES

  

           El trío de protagonistas de esta adaptación son Carles Alberola (Iván), Alfred Picó (Sergi) y Carles Sanjaime (Marc). Todos ellos fueron compañeros en la divertida “Autoindefinits”, una serie compuesta por gags humorísticos que conoció diversas etapas en la cadena televisiva valenciana Canal 9, a las órdenes del primero.

            Sobre Carles Alberola debo comentar que era un actor y guionista muy habitual en las producciones del desaparecido canal autonómico.

            Director, guionista y actor en “Autoindefinits”, también es responsable del libreto de otra serie televisiva valenciana, “Unió Musical da Capo”.

            En cine no cuenta con una amplia trayectoria, siendo sus intervenciones más destacadas como intérprete en los films “La reina anónima”, “Todos a la cárcel” o “Un tranvía a la Malvarrosa”.

            Alfred Picó, por su parte, es un actor habitual en unas cuantas series de ámbito nacional aunque su colaboración acostumbra a ser episódica.

            Así ha intervenido en “Entre naranjos”, “El comisario”, “Hospital Central” o “Cuéntame cómo pasó”.

            En el cine, sus papeles han sido poco relevantes hasta el momento. Por ejemplo, en “Best seller: el premio”, “El robo más grande jamás contado” o la televisivas “De colores” o “Las cerezas del cementerio”.

            Por último, Carles Sanjaime, que también ha intervenido de forma significativa en la serie “Hospital Central”, ha hecho lo propio en otras producciones televisivas como “Un paso adelante”, “Matrimonis i patrimonis”, “Porca misèria” o “Ventdelpla”.

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