BÉLGICA 1

Bruselas – Parte I

 

Bruselas bonita foto

 

 

PLANIFICACIÓN DEL VIAJE (Fase 1): TRANSFERS Y COCHES DE ALQUILER

 

            He comentado en alguna ocasión que soy poco amigo de los viajes organizados porque acaban convirtiéndose en un “corre que te pillo” en el que, además de no degustar aquello que ves, acabas prescindiendo de cosas que te resultarían atractivas a cambio de perder el tiempo en nimiedades.

            Para decirlo claramente: las comisiones que los guías obtienen frecuentemente de ciertas infumables visitas las pagamos nosotros y no sólo en metálico.

            Por esta razón, salvo en países en los que resulta menos cómodo o aconsejable moverse por cuenta propia a causa de la inseguridad o la falta de infraestructuras, suelo optar por reservar yo mismo, a través de los distintos portales de internet, tanto los vuelos como los hoteles.

            Generalmente también contrato desde casa el coche de alquiler cuando me resulta interesante la opción. No lo hice, por ejemplo, en Londres o Roma porque en la primera de ellas el servicio de metro es espectacularmente eficiente y porque la segunda me encanta patearla pero sí lo he hecho en muchas otras ocasiones.

            Y, cuando prescindo del coche de alquiler pero no dispongo de demasiado tiempo para el viaje, suelo optar por contratar un servicio de transfer que me traslade del aeropuerto al hotel y viceversa: en Londres, la distancia entre el aeropuerto de Stansted y la City era de más de 50 Km. mientras que en Roma, aunque el aeropuerto de Fiumicino dista menos de la ciudad, el trayecto está plagado de dificultades automovilísticas.

            En el caso de Bélgica, el problema era más complejo: desestimando la opción del aeropuerto de Charleroi por su lejanía, debíamos optar ineludiblemente por Zaventem, el aeropuerto internacional de Bruselas, que está a unos 15 Km. de la capital de la Unión Europea.

            Sin embargo, dado que el viaje no se iba a limitar a Bruselas sino que nuestra idea era realizar visitas a algunas otras ciudades, la intención inicial era contratar el tránsfer de ida y vuelta al hotel y coger en la propia Bruselas un coche de alquiler para un par de días.

            Esto, que parece tan lógico, fue sencillamente irrealizable. Y paradójicamente, la imposibilidad vino dada por lo céntrico que estaba el hotel Radisson, del que he incluido una reseña en el apartado correspondiente.

            El caso es que, en las escasas oficinas del centro de la ciudad (tomando el término centro en sentido realmente amplio) en que era posible coger un coche de alquiler (incluyendo estaciones ferroviarias), el precio del vehículo para dos días era literalmente el doble que el de ese mismo coche durante cinco días si lo tomábamos y devolvíamos en el aeropuerto.

            La conclusión era sencilla: se prescinde del tránsfer y nos limitamos a alquilar el coche para devolverlo el día en que abandonemos Bélgica. ¡De nuevo error!

            ¿Por qué? Pues porque éramos cuatro los viajeros con otras tantas maletas además del equipaje de mano y conseguir un coche de alquiler de las dimensiones necesarias resultaba tres veces más caro.

            La decisión salomónica consistió en que dos de nosotros, con sus correspondientes equipajes, irían y volverían mediante tránsfer (90 euros entre ambos por la ida y la vuelta, que hubieran sido 120 de haber viajado los cuatro) y los otros dos alquilaríamos un coche tamaño Ford Focus “o similar” (socorrida e inquietante coletilla que suele acompañar a todo alquiler) y que todos utilizaríamos para movernos por Bélgica una vez nos hubiésemos librado del equipaje, dejándolo en el hotel.

            La verdad es que hubiera sido una decisión plenamente acertada de no ser por lo poco profesionales que resultaron ser los señores de la empresa de tránsfers (www.airportways.com), que no recomiendo en absoluto:

            - A la ida no se tomaron la molestia de rotular en un cartón ni mi nombre -como autor de la reserva y titular de la tarjeta Visa que la pagó- ni el de su propia empresa, en un presumible intento de evaluar nuestras dotes adivinatorias. Ello nos obligó a buscar al conductor incluso por el exterior de la terminal cuando el tío estaba en la sala de llegadas y no hizo nada ni por identificarnos ni por identificarse. Suerte que había anotado su teléfono (eso sí, llamada internacional al canto).

            - A la vuelta fue todavía peor, ya que el conductor (que no era el mismo) telefoneó a la hora fijada por él mismo para la recogida, avisando de que llegaría cinco minutos tarde… que acabaron siendo treinta.

            “Gracias” a la gentileza de Vueling, que tuvo a bien retrasar ¡¡¡8 horas!!!! el vuelo de regreso a Valencia debido a “problemas técnicos”, el retraso del tránsfer quedó en anécdota pero ello no quita para que los señores de airportways hayan perdido toda credibilidad conmigo.

            Más o menos como la propia Vueling, absorbida recientemente por Iberia para ser su línea de low-coast y que sigue evidenciando las mismas carencias que cuando “volaba por libre”. Por otra parte, la incomprensible normativa europea en materia de transporte aéreo de pasajeros hace que sea inviable ningún tipo de indemnización salvo que hayas perdido un enlace por un retraso de semejante envergadura. Tema para otro análisis.

            Por fortuna, ya que no todo iba a ser negativo, con el coche de alquiler todo fueron aciertos.

            Contactamos con la web de Auto Europe (www.autoeurope.es) un par de meses atrás y contratamos on-line un coche pequeño. Luego, viendo la escasa diferencia de precio con otros modelos superiores, decidimos modificar la reserva desde la misma página.

            Unos minutos después nos telefonearon desde la empresa y, en un perfecto español, confirmaron nuestra intención de cambiar de coche, informándonos además de que este segundo cargo se haría efectivo en la tarjeta al día siguiente mientras que la devolución del cargo anterior se demoraría unos diez días.

            Cumplidos los plazos previstos y personados en el aeropuerto de Bruselas, acudimos a la oficina de Hertz, donde indicaba nuestro bono de reserva que debíamos recoger el vehículo.

            El amable caballero que nos atendió nos ofreció un BMW por el mismo precio (¡alucinamos!). Ese no era el tipo de “o similar” que esperábamos, francamente.

 

Bruselas   BMW

 

            En el punto de recogida, un par de plantas más abajo, y con la misma amabilidad, respondieron a algunas preguntas “técnicas” que nuestra ignorancia nos empujó a formular e incluso no tuvieron ningún reparo en introducirse en el coche para explicarnos algunas cuestiones relativas a las luces, el encendido o los “automatismos” de nuestro nuevo vehículo.

            La única condición fue devolver el coche con el depósito lleno, tal como nos lo entregaban, y mostrar el ticket de la gasolinera en que lo hubiésemos llenado.

            Ni que decir tiene que la devolución del BMW (aunque traumática porque hubiésemos querido llevárnoslo) resultó incluso más rápida y sencilla.

 

PLANIFICACIÓN DEL VIAJE (Fase 2): OBJETIVOS Y MODUS OPERANDI

 

            No quiero dejar de comentar una circunstancia inherente a toda planificación y es la relativa al “ritmo” previsto.

            Soy de la opinión de que cada viaje dispone de un ritmo en función del lugar escogido, del estado físico y anímico que nos preside cuando se produce el viaje y, fundamentalmente, de la idiosincrasia de nuestros acompañantes en el mismo.

            Así, en los últimos tiempos he protagonizado viajes “a todo ritmo” como los de Londres (si habéis leído mi reseña sobre la capital británica habréis visto cuánto me cundieron cuatro días), Roma, Escocia (dos mil kilómetros en coche de alquiler) o Estambul pero también otros más relajados como los de Tenerife, Malta/Gozo o éste de Bélgica.

            En ocasiones sentimos la necesidad de ser exhaustivos y cumplir con una lista de objetivos mientras que en otras nos basta con ver en buenas condiciones aquello con lo que nos vayamos encontrando, sin planning de ningún tipo y sin pretensiones de abarcar más de lo que estamos en condiciones de asumir.

            También influye el hecho de que se trate de una primera visita o bien de una repetición, como para mí lo era esta aventura belga.

            Indagando y documentándonos sobre Bélgica, además de recordando viejos tiempos, llegamos a la conclusión de que había localidades que ninguno conocíamos y que teníamos intención de conocer y también optamos por descartar Valonia en beneficio de Flandes.

            Ciudades como Charleroi no parecían ofrecer encantos significativos (aunque nos sorprendió averiguar que figura como la ciudad europea con mayor índice de criminalidad) en tanto que otras como Lieja no parecían justificar suficientemente el desplazamiento. Habida cuenta de que apenas íbamos a contar con un día y varios ratos para ver Bruselas y de que la climatología se preveía adversa, renunciamos a ambas ciudades valonas y también a la costera y flamenca Ostende para centrarnos en lo que más nos interesaba.

            Una consulta a los horarios y días de apertura de los principales monumentos y museos que queríamos ver, ciertas notas sobre el transporte en Bruselas y algún consejo anotado sobre restaurantes agradables (y “pagables”) del país completaron nuestra labor previa.

            Así pues, con el hotel, los vuelos, el transfer y el coche de alquiler ya contratados y pagados, así como un guión aproximado de nuestras prioridades durante el viaje, dimos por finalizada la fase de planificación, muchas veces tan divertida o más que el propio viaje.

 

BRUSELAS

 

            Con frecuencia se acusa a la capital europea de ser una ciudad gris y, si bien es cierto que no puede compararse con las rutilantes Londres, París, Roma o Estambul, creo que resulta exagerado tildarla de gris por mucho que sea ese el color que predomina tanto en el cielo (salvo en verano) como en muchas de las fachadas de sus edificios.

            Como mínimo, Bruselas es una ciudad agradable, tranquila y acogedora donde no resulta nada difícil sentirse como en casa. Ayuda también el hecho de oír hablar bastante en español, a ambos lados de los mostradores de restaurantes y comercios, por cierto.

            Son cuestiones interesantes a considerar:

            - El bilingüismo en las placas de sus calles y plazas, que a veces marea un poco por las escasas similitudes entre los nombres franceses y sus correspondientes flamencos. Este problema no se da ni en Valonia (rótulos exclusivamente en francés) ni en Flandes (únicamente en flamenco).

            - El aparcamiento en el centro de la ciudad sólo puede realizarse en zona azul, bastante más cara que en España (más de dos euros por hora hasta los siete euros justos por tres horas, período máximo continuado que se permite estacionar salvo que abones 25 eurazos), o en parkings subterráneos también de pago.

            - Si os alojáis en el Raddison Blu Royal (podéis ver la reseña en el apartado correspondiente), tenéis una magnífica opción de parking cómodo y a buen precio en la paralela Rue de l’Ecuyer.

            - Impresiona la cantidad, calidad y glamour de pastelerías, chocolaterías y bombonerías de que rebosa la ciudad y es muy aconsejable la compra en todas ellas: desde las omnipresentes “Leopold” hasta las glamurosas y caras “Godiva” (en el que se ubica en la plaza du Grand Sablon tuve ocasión de comprar una caja en la que la amable señorita que me atendió tuvo la santa paciencia de ir metiendo uno por uno los bombones y trufas que yo iba eligiendo).

 

Bruselas bomboneria 1

 

Bruselas   Godiva 2

 

            - Si os gustan la cerveza y/o los gofres, iréis bien servidos porque ambos se encuentran por doquier y son de altísima calidad.

            - Si os agobia que los camareros se abalancen sobre vosotros, ofreciéndoos las bondades de sus restaurantes (al estilo del puente Gálata en Estambul), mejor prescindid de pasar por la estrecha Rue des Boucheurs en “horas punta”, limitando su visita al horario nocturno, a partir de las diez. En el resto de restaurantes de la ciudad no existe este hándicap, sus camareros no “cazan” clientes ni deambulan por el exterior como tampoco lo hacen en nuestros lugares de origen.

            - Merece la pena probar las “moules”, típicos mejillones con patatas fritas, aunque sólo sea una vez. Eso sí, los valencianos las encontramos muy inferiores en calidad a nuestras “clóchinas” y no es por mero chauvinismo. Una ración, por cierto, suele estar en torno a los 25 euros en la zona de la Grand Place.

            - Recomiendo encarecidamente el pintoresco restaurante “Chez Patrick”, junto a la propia plaza principal de la ciudad y decorado con antiguos recuerdos de la Segunda Guerra Mundial como cascos y demás. Las carbonades y los solomillos son tan buenos como en cualquier otro restaurante de los que probé durante el viaje pero las ensaladas de queso de cabra estaban muy buenas, las omelettes (tortillas) de tomate eran sencillamente espectaculares y, sobre todo, las cremes brûlées (lo que aquí llamamos cremas catalanas) eran, de lejos, las mejores que he probado fuera de España. El precio de la comida vino a ser de alrededor de 30 euros por cabeza.

            - Saliendo de dicho restaurante hacia la izquierda y girando de nuevo hacia la izquierda encontramos la Rue du Marché aux Fromages, cuyo gastronómico nombre ya indica la presencia de un gran número de restaurantes entre los que elegir, destacando unos cuantos de origen griego, cosa me sorprendió un tanto.

            Lugares cuya visita recomiendo especialmente son:

            - Obviamente, la Grand Place, la plaza más bonita de Bélgica y una de las más hermosas de todo el mundo. En cambio, lo del Manneken Pis es una chorrada como un piano y, si a algunos les decepciona "el Torico" de Teruel, eso no es nada comparado con lo que experimentarán al ver al famoso enanito meón.

 

Bruselas   Grand Place de noche

 

            - Un paseo por las plazas del Petit Sablon, pequeña, acogedora y frondosa, y del Grand Sablon. En esta última tiene lugar un atípico mercadillo de antigüedades más bien selectas y con un glamour poco habitual en este tipo de eventos.

 

Bruselas   Grand Sablon

 

            -• El Parque de Warande, en una zona que me recordó poderosamente al Retiro madrileño, es el más grande de Bruselas y, en uno de sus laterales, puede admirarse también las hermosas proporciones del Palacio Real.

 

Bruselas   palacio real

 

- En cuanto al Parque del Cincuentenario, presidido por lo que parece ser una réplica de la Puerta de Brandenburgo berlinesa, es también un lugar que merece la pena visitar y patear.

 

Bruselas   Parque Cincuentenario

 

Bruselas replica de la Puerta de Brandenburgo

 

            - En sus inmediaciones puede visitarse el Autoworld, una exposición de automóviles de todos los tiempos en los que pueden encontrarse desde coches de Fórmula 1 hasta vehículos de principios de siglo XX, sin olvidar a nuestro entrañable Seat 600.

 

Bruselas   Autoworld 2

 

Bruselas   Autoworld 4

 

            - Las antiguas y cubiertas Galerías St. Hubert, consideradas todavía hoy entre las más bellas de toda Europa, harán las delicias de quienes gustan de “ir de tiendas”, con sus más de 200 metros de comercios alineados.

 

Bruselas   Galeries St Hubert

 

 

 

 

 

 

BÉLGICA 2: Bruselas - Parte II:

http://rincondesinuhe.com/homepage-2/127-belgica-2-bruselas-parte-ii

BÉLGICA 3: Lovaina y Amberes:

http://rincondesinuhe.com/homepage-2/128-belgica-3-lovaina-y-amberes

BÉLGICA 4: Gante y Brujas:

http://rincondesinuhe.com/homepage-2/129-belgica-4-gante-y-brujas

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