INGLATERRA 1

Londres – Parte I

 

London Eye 2

 

 

LONDRES, UNA CIUDAD MODERNA

 

Si uno tiene la idea preconcebida de Londres como una ciudad brumosa, envuelta en nieblas perpetuas de las que, en cualquier momento pueda salir Jack el Destripador, obviamente anda algo despistado.

Dejando al margen el tema de la pertinaz lluvia -que hace su aparición a diario y se intercala de forma aleatoria entre las horas de sol-, Londres es una ciudad luminosa, rutilante, moderna y rebosante de vida.

Mucho se ha especulado con la intención de las autoridades londinenses de retirar, por cuestiones económicas, sus famosos “double-decker” pero lo cierto es que, sin las habituales siluetas rojas de estos autobuses de dos pisos, la ciudad perdería uno de sus signos característicos.

De hecho, si nos basta una imagen de la Torre Eiffel para saber que nos encontramos en París o una visión del Atomium para sabernos en Bruselas, los double-decker realizan esta misma función referencial en la ciudad de Londres, además de cumplir con su objetivo de transportar a los viajeros, claro está. Lo que sí he notado en mi última visita por el momento (junio 2015) es una masiva modernización de los autobuses.

 

Double decker

 

De todos modos, es tan modélico el funcionamiento de la red de metro de la ciudad que ello repercute en un menor uso del transporte de superficie (supongo que por ahí van las intenciones de “recorte” del gasto). Y es que resulta asombrosa la cadencia de paso entre los diferentes convoys, lo que permite trasbordos rapidísimos y un veloz desplazamiento a lo largo y ancho de la inmensa área metropolitana, sin supeditación alguna a los caprichos del diabólico tráfico que circula unos metros por encima.

Una de las mejores opciones, si se va a permanecer en la ciudad entre tres y siete días es comprar una Travelcard de 7 días.

Puede parecer muy cara al principio, sobre todo si no se va a estar toda la semana (son 32 euros para adultos y 16 euros para los niños entre 11 y 15 años más otros 5 euros en concepto de depósito por cada tarjeta) pero, si se devuelven el último día se te restituye tanto los 5 euros del depósito como la parte proporcional de la tarifa por los días no utilizados.

Además de que resulta muy cómodo no tener que ir a diario a las máquinas expendedoras de billetes o a las taquillas, en las que generalmente las colas son largas y lentas. En lugar de eso, cada día se llega a la estación de metro con la tarjeta en el bolsillo y se coloca frente a cualquiera de las puertas. Ni siquiera hace falta sacarla de la funda de plástico, de modo que no se corre el riesgo de estropearla.

Si se viaja con uno o varios niños menores de 11 años, estos no pagan. Hay unas puertas algo mayores en las que se indica (por medio de dibujos) que son para minusválidos o niños en carrito. A través de ellas el niño pasa con el adulto cuando éste acerca su tarjeta al lector.

Dicho esto y una vez acomodados en el hotel que se elija (en el apartado correspondiente a hospedajes puede encontrarse la reseña del “Imperial”),

 

http://rincondesinuhe.com/homepage-6/78-hotel-imperial-londres

 

sugiero ponerse a la faena de inmediato pues mucho es lo que hay que ver o hacer en esta enorme y elegante ciudad. 

 

MUSEOS

 

Para empezar –la cultura es lo primero-, recomiendo reservar unas horas para visitar el impresionante British Museum y es que resulta inconcebible que, en un mismo lugar, pueda concentrarse tal cantidad de maravillas procedentes de todos los puntos cardinales del planeta. 

 

British 3

 

British 2

 

British

 

Cómo si no podría encontrarse en un mismo museo un moai de la isla de Pascua (una de sus enigmáticas cabezas de piedra), varios gigantescos tótems de los indios norteamericanos, una cariátide del Partenón ateniense (amén de la totalidad de los frisos de dicho templo), colosales esculturas de origen asirio, más momias egipcias que en el propio Museo Egipcio de El Cairo, la verdadera Piedra Roseta (que contiene las claves halladas por Champolion para descifrar la escritura jeroglífica y cuya copia, algo más reducida, se exhibe en el citado museo de El Cairo) o incluso la calavera de cristal utilizada en la última (y nefasta) entrega de la saga cinematográfica de Indiana Jones.

A otro nivel –porque, en mi opinión, con el British sólo pueden codearse el Louvre parisino y el Met neoyorkino-, se hace muy aconsejable visitar también la National Gallery y la Tate.

En la primera, una gran pinacoteca (no contiene esculturas, grabados, tapices ni ninguna otra manifestación artística que no sean cuadros) pero no a la altura del Prado, por poner un ejemplo cercano, podemos admirar algunas obras magníficas que justifican sobradamente la visita. Hablo de joyas como la “Venus del espejo” de Velázquez, “Los girasoles” de Van Gogh o el “Retrato de Giovanni Arnolfini y su esposa”, de Jan van Eyck, amén de un gran número de obras de Goya, Zurbarán, Tiziano, Rafael o Piero Della Francesca.

En la Tate Modern, por su parte, tenemos uno de los referentes del arte moderno mundial. Cuenta con una colección permanente quizás no muy amplia pero sí del máximo interés, de la que forman parte obras como “Metamorfosis de Narciso” de Salvador Dalí, “Ibdes en Aragón” de André Masson o “The Reckless Sleeper” de René Magritte y en la que también aparecen representados otros grandísimos artistas como Picasso o Andy Warhol. En cuanto a las colecciones no permanentes, no siempre son gratuitas pero sí suelen serlo. Os recomiendo que os paséis por la tienda del museo si queréis hacer algún regalo original pues en ella encontraréis camisetas, bolsos y curiosidades de todo tipo con diseños muy atractivos.

 

La Tate Modern 2

 

 Otro museo interesante es el de Historia Natural. Ubicado en un precioso edificio que inspiró algunos de los rincones del castillo de Hogwarts (saga “Harry Potter”), sus colecciones no son comparables a las de su homólogo de Nueva York pero aun así resulta muy interesante por sus dinosaurios, dioramas, animales disecados y colecciones de fósiles. Además, la entrada es gratuita, como es la norma habitual en la capital inglesa.

 

Museo Historia Natural 

 Museo Historia Natural 2

 

TEATRO MUSICAL

 

Sin dejar el ámbito cultural pero cambiando de tercio, no puedo dejar de recomendar que no se abandone Londres sin haber asistido al menos a un musical.

Y lo dice alguien que nunca antes de visitar Londres por primera vez (a estas alturas ya he estado en tres ocasiones en la capital británica) había asistido a ninguno ni siquiera en cine. Sin embargo, en los teatros de la zona de Piccadilly, la experiencia tiene mucho de mágico.

 

Teatro

 

Lo más práctico, si no se llevan las entradas compradas online e impresas desde casa, es visitar las tiendas de “ultima hora” y hacerlo, aunque resulte paradójico, a primera hora de la mañana para ver qué queda disponible dentro de lo que pueda interesar.

Hay obras que llevan décadas representándose de forma ininterrumpida. “El fantasma de la ópera”, sin ir más lejos, está en los escenarios londinenses desde 1984 y la leyenda indica que nunca ha quedado ninguna butaca por vender. Algo exagerado parece esto último pero sí es cierto que no vi ninguna desocupada durante la representación a la que acudí.

Si en años anteriores hacían furor espectáculos como “Cats” (tras muchos años, todavía en los escenarios), “Grease” (ya no disponible), “Wicked” o “Mamma mia”, en la actualidad el liderato lo ostenta “El rey león”, representada en el Lyceum Theatre, ya cercano a Covent Garden.

 

Lyceum Theatre

 

El rey leon

 

 

MONUMENTOS EMBLEMÁTICOS

 

Hay emblemas en ciertas ciudades que no pueden ni deben dejar de visitarse por muy tópicos que resulten. En ellos late la esencia del lugar aunque no siempre sea lo que más nos guste ver ni lo que mejor recordemos cuando nos hayamos marchado.

Dentro de este grupo podríamos ubicar el Parlamento Británico, con su torre del Big Ben.

 

 Big Ben 2

 

También la catedral de St. Paul, en cuyas escalinatas asistimos a una insólita y multitudinaria batalla con almohadas que dejó la zona anegada de plumas.

 

Catedral de Saint Paul

 

En cuanto a la Abadía de Westminster, se trata de una iglesia con planta en forma de cruz y altísimas bóvedas.

Los claustros abren hasta las 18:00 pero la propia Abadía, con sus Capillas Reales, el Rincón de los Poetas o la Piedra de Scon tomada a los escoceses, así como los coros, sólo admite visitas hasta las 12:45 h, lo cual es algo que debéis tener muy en cuenta. La entrada completa, por cierto, cuesta unos 15 euros.

 

Abadia de Westminster

 

La abadía es el lugar de sepultura de la mayoría de los reyes de Inglaterra y en ella han tenido lugar la práctica totalidad de sus coronaciones pero, no obstante, su parte más visitada es el “Rincón de los poetas", en el que se hallan los cuerpos de Charles Dickens, Lord Byron, Rudyard Kipling o el mismísimo Charles Darwin.

El London Eye, por su parte, no es un monumento en sí mismo pero sí ofrece la posibilidad de contemplar algunos de ellos de un modo diferente. Se trata, en realidad, de una gigantesca noria con enormes cabinas acristaladas. Desde ellas se pueden ver el Parlamento, el Big Ben y varios de los meandros del río Támesis con una perspectiva excepcional, sólo comparable a la que se obtendría a bordo de un helicóptero.

 

London Eye vista lateral

 

London Eye 1

 

London Eye 3

 

Por supuesto, tampoco hay que dejar de acercarse a Buckingham Palace para contemplar su espectacular fachada y, si es posible (aunque esto ya sea folclore puro y duro) observar el cambio de la guardia a cargo de los célebres beefeaters.

 

Palacio de Buckinham 2

 

En otro punto de la ciudad encontraremos, separados por escasa distancia entre ellos, la Torre de Londres y el Tower Bridge (“Puente de la Torre”).

La famosa Torre, oficialmente Palacio Real y fortaleza, ha ejercido las más diversas funciones a lo largo de su ya extensa vida arquitectónica; desde armería hasta prisión. A veces las colas para adquirir las entradas resultan un tanto pesadas, debo advertiros.

 

Torre de Londres

 

En cuanto al Tower Bridge, en sus inmediaciones, constituye una imagen tan fotografiada y tan inmortalizada por el cine como el mismísimo Big Ben (se me ocurren ahora mismo “Peter Pan”, “Hook”, “La momia” y alguna de las entregas de “Harry Potter”). Tiene un horario fijo de apertura de sus enormes puertas (resulta una maniobra digna de verse) e incluso es posible visitar su interesante sala de máquinas. 

 

Tower Bridge

 

Como se puede esperar de una ciudad de este tamaño, también menudean en ella las iglesias, que tradicionalmente suelen ser monumentos de un gran interés histórico y arquitectónico. Si a esto se le une la curiosidad cinéfila (y el consiguiente afán por encontrar escenarios utilizados en algunas películas memorables), ello puede dar lugar a una ruta singular, en la que no podrán faltar ni la Iglesia de San Bartolomé en Smithfield (localización de algunas escenas tanto de “Cuatro bodas y un funeral” como de “Shakespeare in love”) ni el Temple Church (“Iglesia del Temple”), en la cual, además de ubicarse las tumbas de nueve caballeros templarios, tenía lugar una de las últimas secuencias de “El código Da Vinci”.

En las inmediaciones de este último templo se halla la Real Corte de Justicia, en la que trabajaba el “novio de Bridget Jones”.

 

Corte de Justicia

 

 Podríamos incluir entre los monumentos de la ciudad el Royal Albert Hall, uno de los teatros más distinguidos del mundo, que data de finales del XIX y suele usarse como sala de conciertos.

 

 Royal Albert Hall

 

 

 

 

 

INGLATERRA 2: Londres - Parte II:

http://rincondesinuhe.com/homepage-2/140-inglaterra-2-londres-parte-ii

INGLATERRA 3: Excursiones por Inglaterra:

http://rincondesinuhe.com/homepage-2/141-inglaterra-3-excursiones-por-inglaterra

INGLATERRA 4: Castillo de Warwick:

http://rincondesinuhe.com/homepage-2/142-inglaterra-4-warwick-castle

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