CHINA 1

Shanghai – Parte I

 

Pudong visto desde el Bund portada

 

 

DESCUBRIENDO EXTREMO ORIENTE

 

Sea debido a un aumento espontáneo del número de viajeros occidentales hacia China, sea por una política dirigida por los touroperadores internacionales, lo cierto es que los vuelos al gigante asiático han visto reducidos sus precios en los últimos tiempos en tanto que otros destinos de la zona los incrementaban de forma paulatina.

El caso es que en la actualidad resultan más asequibles los billetes de avión desde España a Pekín o Shanghai que a otros destinos más cercanos geográficamente como la Costa Este estadounidense, por poner un ejemplo.

En cualquier caso, los viajeros familiarizados con destinos exóticos y lejanos sostienen que quizás China no sea el país idóneo a la hora de iniciarse en el conocimiento de Asia. Proponen, en cambio, lugares como Tailandia, a los que consideran más asequibles para el visitante occidental.

Entre los motivos que se esgrimen podríamos destacar los siguientes:

- Hace falta un caro visado (más de 60 €) para entrar al país, que ha de solicitarse a Madrid con meses de antelación, previa cumplimentación de unos impresos.

- La barrera idiomática, no en vano resulta complicado en muchos casos encontrar a quienes hablen cualquier idioma distinto del chino. Así, resulta prácticamente imposible en el caso del gremio de taxistas y tampoco es infrecuente encontrarse en un restaurante en el que casi hay que adivinar lo que se está pidiendo.

- Como consecuencia de lo anterior, en ocasiones se corre el riesgo de ser conducido a una estación de tren equivocada o de acabar ingiriendo por accidente en un restaurante algún alimento al que se es alérgico.

- El nivel de higiene general no cumple precisamente estándares europeos, lo que se traduce en olores indescriptiblemente ofensivos, rincones con acumulaciones inverosímiles de basuras, comida callejera poco recomendable y toilettes muchas veces rozando lo intolerable. Por no hablar del estado de algunas aceras y calzadas, que echan a perder las suelas de cualquier calzado.

- El regateo es el peaje obligatorio para adquirir casi cualquier cosa (casi con la única excepción de las entradas a los monumentos, los billetes de los transportes y los precios de las comidas en los restaurantes), lo que supone, para quien no esté entrenado en estas lides, quedarse casi siempre con la sensación de que se está aprovechando de la precariedad económica del vendedor o, por el contrario, la de que te están tomando por tonto, lo que tampoco resulta agradable.

- La picaresca de los taxistas a la hora de aprovechar la inexperiencia del turista occidental alcanza en algunos casos, como en Xi’an, la categoría de arte.

- La gastronomía no es ciertamente demasiado variada en cuanto uno se sale de las grandes urbes, en las que sí se tiene acceso a la cocina occidental. En poblaciones “menores” es frecuente encontrarse, por ejemplo, con un desayuno de hotel a base única y exclusivamente de arroz, verduras e incluso sushi. No apto, pues, para todos los paladares.

- Los traslados internos en China son largos y a veces difíciles de contratar, habida cuenta las enormes distancias que separan sus distintas regiones. Aviones y trenes-bala (muy similares a nuestro AVE en velocidad y prestaciones) son, en principio, la mejor solución aunque en los últimos años los precios de unos y otros han experimentado un crecimiento considerable, al contrario que los vuelos internacionales a y desde China.

- Por otra parte, muchas veces se desaprovecha la gran velocidad de los convoys con un rosario interminable de paradas a lo largo del trayecto.

- Las medidas de seguridad en puertos y aeropuertos son muy estrictos y los trámites se eternizan, de manera que hay que llegar con mucha antelación para no soportar angustias de última hora.

- La justicia china es dura e inflexible y verse envuelto en algún problema legal puede convertirse en una auténtica pesadilla. La palma de la llevan los delitos relacionados con el tráfico de drogas, que en la práctica suponen la prisión inmediata e incondicional.

- Algunas zonas, en especial las rurales, hacen aconsejable la vacunación previa del visitante a fin de no contraer enfermedades ya erradicadas en Europa o simplemente desconocidas en nuestros lugares de origen.

- La contaminación alcanza cotas elevadísimas en lugares como Shanghai o Beijing, circunstancia que se hace patente en el turbio color del cielo y también en el líquido negruzco que desprende la ropa si se realiza el experimento de lavarla a mano tras haberla usado allí.

- El tráfico es absolutamente caótico aunque no estoy seguro de que esa sea la única razón por la que es tremendamente difícil obtener el permiso para alquilar un coche en China.

- Las costumbres locales chocan en ocasiones con las occidentales merced a actitudes como la de coger a alguien del brazo para intentar venderle algo, estornudarle o toserle en la cara (es rarísimo que alguien se tome la molestia de tapársela) o arrollarle al entrar o salir de un vagón de metro.

- Dada el desmesurado nivel demográfico del país, siempre se encuentra muchísima gente allá adonde se vaya, con independencia de su interés turístico o de la climatología que impere.

Por supuesto, tampoco faltan circunstancias positivas que hacen aconsejable la visita a este gran país, contrarrestando de sobra cualquiera de los inconvenientes:

- Los chinos son, por lo general, amables y hospitalarios y suelen esforzarse para entender al extranjero y para complacer sus peticiones.

- No hay sensación de inseguridad en las calles. De hecho, según comentan los guías de habla hispana, parece que sí proliferan hasta cierto punto los robos “al descuido” pero en cambio son muy inusuales los robos con violencia y mucho más los asesinatos.

- Los precios, cuando no se opta por el superlujo, son muy asequibles para el turista occidental. En especial los taxis, la ropa, los complementos y también los souvenirs. Ello a pesar de la revalorización del yuan respecto al euro, que en el último lustro alcanza el 30%, con el consiguiente encarecimiento de los precios para los visitantes europeos. Las devaluaciones de la moneda china en 2015 no han alterado significativamente la situación.

- Los paisajes tanto naturales como arquitectónicos que pueden encontrarse en este enorme país te dejarán atónito.

- El contraste entre la arquitectura tradicional –humilde o colosal, según los casos- y las vanguardias artísticas resalta aquí más que en otros lugares.

 

Esculturas urbanas

 

- Sólo por visitar la Gran Muralla, una de las 7 Maravillas del Mundo, ya merece la pena el largo viaje.

- Los impresionantes vestigios de una cultura milenaria tan distinta a la nuestra (los guerreros de terracota en Xi´An, la Ciudad Prohibida o el Palacio de Verano en Pekín, las Grutas de Longmen junto a Luoyang) son de visita ineludible.

- Los medios de transporte para grandes distancias son tecnológicamente muy avanzados, cómodos y rápidos.

- Aunque poco variada, la comida china no carece precisamente de atractivos.

 

Comida china

 

 

SHANGHAI, UNA CIUDAD DE CONTRASTES

 

Dividida por el río Huangpu y habitada por 23 millones de personas, Shanghai es una ciudad inmensa cuyos contrastes reflejan los de la propia China.

Cuando se llega a ella desde su inmenso y más bien lejano aeropuerto, lo primero que se observa son sus enormes barrios periféricos, que podríamos describir del mismo modo en que el gran Gabriel García Márquez lo hacía con el extrarradio de la capital colombiana: “conjuntos residenciales en serie, con la misma casa muchas veces repetida”.

En efecto, a los altísimos rascacielos clonados miméticamente les suceden viviendas unifamiliares de pocas plantas de altura e igualmente repetidas hasta la saciedad.

 

Bloques de casas identicas

 

Un aspecto que me chocó es la considerable distancia que separa la ciudad de su puerto, que en 2010 fue el que más contenedores de carga gestionó en todo el planeta. Y es que uno tenía en la memoria varias imágenes que la realidad ha echado a perder: Tintín llegando a Shanghai a bordo de un vapor, una Rita Hayworth rubia rompiendo corazones en “La dama de Shanghai”...  Lo cierto es que si la ciudad estuviera a mil kilómetros del mar no se notaría la diferencia pues vive totalmente de espaldas a él.

En el parque móvil local, por otra parte, se alternan desvencijadas motos eléctricas, millones de bicicletas, sucísimos taxis y lujosos cochazos pero uno queda impactado por la mera contemplación del Maglev, el tren de levitación magnética que por 50 yuanes te transporta desde el aeropuerto de Shanghai hasta la Estación Longyang Road, en el barrio de Pudong.

Este tren alemán de la compañía Transrapid se desplaza a una altura de unos diez centímetros sobre el suelo gracias a una serie de imanes de superconducción que eliminan toda fricción. La velocidad punta que alcanza ordinariamente es de 430 Km/h,

Los contrastes prosiguen cuando se constatan los sorprendentes privilegios que ostentan millonarios y extranjeros en las terrazas de los rascacielos del Pudong, la zona más rutilante de la ciudad. Sólo en esta zona se permite sortear el bloqueo cibernético decretado por las autoridades chinas, de modo que puede accederse a Google o Facebook cómodamente sentado en un sillón frente a un Bloody Mary mientras al grueso de la población se le dosifica morosamente la información.

Del mismo modo, el bellísimo skyline que luce en las noches de Shanghai hace todavía más ostensible la suciedad y los malos olores de muchas calles cercanas a los grandes hoteles.

Son sólo algunos ejemplos que ilustran el aluvión de contrastes que el visitante advierte desde el momento mismo de su llegada.

Otros bien podrían ser la dificultad ya comentada para hablar en inglés (imposible con los taxistas y a veces complicado con vendedores o camareros) aunque en los bazares en los que se acumulan las falsificaciones de artículos de Nike, North Face, Louis Vuitton, Rayban o Rolex las agresivas vendedoras mezclen inglés y español (“balato pala ti”, “amigo, amigo, this is for you”, “spanish tacaño” y todo lo que se os ocurra).

O la ausencia total de desnudos en los numerosos canales de televisión chinos que no impide que algún taxista se dedique a contemplar bailes eróticos en el móvil mientras se supone que está trabajando.

 

TEMPLOS BUDISTAS

 

El más célebre de los templos que honran la confesión budista, importada de la vecina India, es Yu Fo Si, el Templo del Buda de Jade.

 

Templo del Buda de jade

 

Aunque el original fue construido a finales del siglo XIX con las cinco estatuas de jade que un emigrante chino de Birmania regaló a un monje que volvía de una peregrinación al Tíbet, el emplazamiento actual data sólo de 1919.

En el patio se sigue celebrando desde entonces el ritual del fuego, el incienso y el rezo, que se repite con cada devoto.

 

Buda de jade ofrenda 2

 

También es perceptible la tradición de las ofrendas, que se manifiesta tanto con la introducción de monedas en los resquicios de las estatuas como en los presentes que los fieles depositan al pie de los altares y que pueden ser plantas, frutas o alimentos de lo más convencional (hasta Coca Colas y breaks de leche pueden llegar a verse en algunos templos).

 

Buda de jade ofrenda

 

Lo cierto es que, para el turista occidental poco familiarizado con esta doctrina, su explicación por parte de los guías locales resulta con frecuencia oscura y compleja.

 

Buda de jade elefantes

 

Buda de jade monjes

 

Para empezar hay que asimilar conceptos como los de que el Buda no es uno sino casi una treintena (que, además, en función de sus atributos, puede ser Shakyamuni, Vairochana, etc.) y que no es un Dios sino un ser humano iluminado que intenta dirigir a los demás hombres hacia el Nirvana.

Destaca en este templo el Gran Salón de la Magnificencia con las tres primeras estatuas, que representan a Buda en diferentes formas, acompañado en las paredes laterales por nada menos que dieciocho guardianes.

 

Buda de jade 3 budas

 

Buda de jade guardianes

 

La Cámara del Buda del Jade, por su parte, contiene una imagen de Buda sentado que mide dos metros y pesa más de tres toneladas.

 

Buda de jade camara Buda

 

Una tercera sala presenta al Buda en actitud yacente, representando su propia muerte.

 

Buda de jade buda yacente

 

Menos conocido pero, paradójicamente, más espectacular es el Templo Jing’An.

 

Templo Jing An

 

Empezando por el hecho de que se halla rodeado de rascacielos, lo que impacta bastante al ojo del recién llegado.

 

Jing An patio

 

Jing An patio 2

 

Aunque hay que hacer la advertencia de que el lugar llegó a ser una fábrica de plásticos durante la nefasta Revolución Cultural y que el actual templo es en realidad una reconstrucción del que se erigió aquí en el siglo XIII (aunque databa del III), en él encontramos, entre otras cosas, un Buda de plata de casi 9 metros de altura y realizado con nada menos que con 15 toneladas de plata.

 

Jing An Buda de plata

 

Jing An tapiz

 

Se encuentra en el interior del hall de Mahavira, que consta de 46 columnas de madera de teca procedente de Birmania.

En un lateral del recinto también es posible contemplar una enorme campana de tres toneladas de peso. La campana y el tambor, por cierto, son símbolos visibles del budismo, siempre presentes en sus templos.

 

Jing An Buda dorado

 

Jing An dragones

 

Adosadas al templo se hallan las dependencias de los propios monjes, cuya ropa tendida es claramente visible para el visitante ocasional.

 

Jing an ropa monjes

 

 

 

 

 

 

 

CHINA 2: Shanghai – Parte II:

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CHINA 3: Suzhou y Tongli:

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CHINA 4: Hangzhou:

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CHINA 6: Luoyang:

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CHINA 7: Pekín – Parte I:

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CHINA 9: Pekín – Parte III:

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CHINA 10: La Gran Muralla China:

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