JAPÓN 1

Kioto – Parte I

 

Portada Japon 1

 

EL IMPERIO DEL SOL NACIENTE…Y DEL YEN

 

Japón es un país diferente en muchos sentidos; algo que suele ocurrir con las naciones insulares pero que, en el caso nipón, adquiere proporciones todavía mayores.

Por si no fuera suficiente con el hecho de constituir un Imperio –en una época en la que se cuestiona la monarquía en Europa, no deja de ser llamativa la figura de todo un Emperador-, sus habitantes se caracterizan por un hermetismo que corre parejo con su acusado sentido del honor y del respeto.

Muy celosos de su espacio personal, los japoneses eluden el contacto físico incluso en los lugares de gran aglomeración aunque en esto, como en todo, existan sorprendentes contrastes.

Lo digo sobre todo por la existencia de determinados convoys en el metro “sólo para mujeres” pues, al parecer, no siempre se huye del contacto, al menos por lo que concierne a la población masculina, lo que ha originado airadas y justas protestas.

Del mismo modo, la extrema amabilidad de que hacen gala los nipones y que les lleva a acompañarte físicamente hasta un lugar en vez de limitarse a señalártelo en el mapa o a tomar como propia una consulta y no cesar hasta resolver el problema, se torna en algunas (afortunadamente muy pocas) ocasiones en una suerte de indiferencia o desdén que les lleva a ignorar hasta la más mínima solicitud.

Los “alemanes de Asia” tienen en común con los teutones no sólo cierta tendencia a la “cuadriculación mental” sino también una desmedida pasión por la tecnología que les lleva a ser pioneros. Otros copian; ellos crean.

Su tendencia imperialista sería otro punto en común con los germanos pero en eso y en cuanto compete a la eficacia terminan todas las similitudes.

Por lo demás, el japonés medio es callado (en el metro nadie habla con nadie, ensimismado cada uno con la pantalla de su móvil o simplemente dormitando), discreto en sus manifestaciones y actos (cuando hablan, tienden a hacerlo en susurros) y poco efusivo.

 

Metro

 

En general, sin embargo, los jóvenes responden menos a ese estereotipo y es posible escucharles reír o hablar a voces en un restaurante o en plena calle, como ocurriría en cualquier otro país del mundo.

Sobrios aunque elegantes también en el vestir, se aprecia una diferencia grande en las indumentarias de los jóvenes respecto de los adultos y también entre unas ciudades y otras.

Si en Kioto es más que habitual ver a los jovencitos ataviados con vistosos trajes tradicionales (el folklore al poder) o incluso parejas en las que también ellos aparecen vestidos a la antigua usanza, en Tokio quienes prescinden de vestir con pulcritud lo hacen en aras de algún tipo de sectarismo, detectándose así lolitas, góticos o simplemente chicos que parecen sacados de algún manga o cómic.

 

Niñas con kimonos

 

Lo que sí se aprecia a simple vista en todo el país, tanto por la elegancia que predomina en el vestir como por el extremadamente parque móvil que circula por sus ciudades, es el elevado nivel de vida de los japoneses.

Por cierto, que son bastante aficionados a una serie de minúsculos cochecitos y furgonetas que caben en cualquier parte y cuyas prestaciones mecánicas parecen similares a las de sus primos de tamaño normal.

 

Minifurgo

 

En cuanto al hecho de que en Japón se circule por el carril izquierdo, parece obedecer a la circunstancia de que los primeros coches que llegaron al archipiélago eran de fabricación británica.

Volviendo a la idiosincrasia nipona, su particular sentido del honor y del decoro se manifiesta también en el rechazo de la propina.

Siempre te devuelven escrupulosamente las vueltas después de una transacción de cualquier índole y añadir un solo céntimo constituiría una ofensa, dado que se considera pagado un trabajo con el importe estipulado. Incluso se ha llegado al extremo de prohibirlas por ley, lo que resulta harto significativo.

Por consiguiente, cuando uno encuentra, a la entrada de un castillo samurái por ejemplo, a alguien disfrazado que se ofrece a aparecer en tus fotografías, podéis desterrar de inmediato la idea de que pretende recibir una propina. Ignoro si las corporaciones locales retribuyen a estas personas de algún modo o si lo hacen por amor al arte pero, desde luego, no esperan nada del visitante.

Otro aspecto que llama poderosamente la atención es el uso de mascarillas por parte de un altísimo porcentaje de la población, sin que la edad o el género parezcan ser un factor relevante.

 

Cruce de Shibuya

 

Podría interpretarse como una forma de evitar contagiar al próximo las propias afecciones pero también como un intento de evitar ser uno mismo el infectado aunque, en realidad, parece que la mayoría la llevan a causa de la alergia al polen, muy común en el país y que se recrudece con la llegada de la primavera.

Sobre los usos corteses del país, está obviamente muy mal visto hablar en voz alta, alborotar o chocar con alguien y, en cambio, la reverencia resulta obligada incluso por parte de los empleados que ocupan las cabinas en los peajes.

Una cuestión algo chocante es la relativa a la limpieza pues cuesta ver un solo papel en medio de una ciudad japonesa y eso a pesar de que las papeleras brillan por su ausencia, lo que en la práctica significa que la gente acarrea la basura en sus bolsillos hasta dar (de tarde en tarde) con una o, más probablemente, hasta su propia casa antes que dejarla caer al suelo.

Por lo que respecta a la moneda, el Yen tiene un valor de cambio muy bajo –de modo que 1.000 yens vienen a ser unos 8 euros- pero eso no debe conducir a error: los precios en Japón son altos cuando no altísimos.

Sobre todo en Tokio, donde una cena puede costar fácilmente entre 60.000 y 110.000 yens incluso en lugares que podríamos tildar de discretos.

La gastronomía no es especialmente destacada y, por desgracia, no suele combinarse, de modo que cada restaurante se especializa en un tipo de cocina: sushi unos, tempuras otros y así sucesivamente.

Además de estas opciones, se dispone de algunas otras como el udon (fideos gruesos servidos con caldo a base de dashi, salsa de soja y mirin), el bento (bandejas de arroz, pescado o carne y guarnición a base de vegetales), el ramen (versión japonesa de los fideos chinos), el pastel de pescado o diversos guisos con tofu, muy popular en este país.

 

Comida japonesa

 

Por supuesto siempre existe la posibilidad de recurrir a algún establecimiento de comida rápida tipo “Saizeriya” aunque no abunden.

Tampoco Japón es un lugar idóneo para encontrar souvenirs o regalos salvo que se sea fan de las katanas o la iconografía ninja; estrellas, máscaras o figurillas representándolos se cuentan entre los recuerdos más populares.

Los kimonos tienen un precio prohibitivo al igual que las artesanías en metal, que son realmente ingeniosas.

 

Artesania metalica

 

Eso sí, se puede optar por figuras artesanales de arcilla, más asequibles que las miniaturas de los samuráis, por ejemplo.

Por otra parte, los dulces japoneses constituyen un mundo atractivo a descubrir: desde gominolas menos sintéticas (más orgánicas, por tanto) que las nuestras hasta galletas de todo tipo, pasando por una especie de brazo de gitano cortado en secciones delgadas pero de gran diámetro.

 

Brazo gitano

 

Brazo gitano 2

 

También llama la atención cierto dulce de bollería alargado que a los valencianos nos recuerdan a nuestros “fartons” y que atrae con su delicioso olor a cuantos pasan por la concurrida Takeshita Street de Tokio.

No es infrecuente que en cualquier parte del país -desde los mercados de Takayama hasta el barrio de Asakusa en la capital, pasando por las inmediaciones de Kiyomizu-dera en Kioto- se nos invite a probar todo tipo de alimento, dulce o salado, sin que medie a continuación la menor presión para comprar. Esto es Japón, amigos.

 

KIOTO, LA ESENCIA DE LO JAPONÉS

 

Esta hermosa ciudad, construida en el año 794 a semejanza de las capitales de la antigua China, fue la capital del Imperio desde su fundación hasta mediados del siglo XIX y representa como ninguna otra el espíritu de un Japón que casi ha desaparecido.

Para empezar y, a pesar de su respetable tamaño –de Fushimi Inari, al sur, hasta el Pabellón de Plata o el Pabellón Dorado, ambos al norte, hay una docena de kilómetros- y de su población, que alcanza el millón y medio de habitantes, Kioto presenta barrios enteros de casas bajas, poco usuales en las grandes capitales.

También se constituye en uno de los últimos reductos de las ancestrales geishas, prácticamente inexistentes fuera de la región de Kinki, de la que Osaka, Kobe y la propia Kioto son sus poblaciones más importantes.

A pesar de ser tan sólo la séptima ciudad japonesa en población, haría falta al menos una semana para poder contemplar sus innumerables tesoros, como demuestra el hecho de que hasta 17 de sus Monumentos están declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Se trata de Kamowakeikazuchi-jinja, Kamomioya-jinja, Kyo-o-gokoku-ji, Kiyomizu-dera, Daigo-ji, Ninna-ji, Kōzan-ji, Saihō-ji, Tenryū-ji, Kinkaku-ji, Ginkaku-ji, Ryōan-ji, Hongan-ji y el Castillo Nijō, todos ellos en la propia Kioto y también Enryaku-ji en Ōtsu (a 16 Kilómetros) y Byōdō-in y Ujigami-jinja en Uji (a poco más de 20 kilómetros).

Una época especialmente indicada para visitar Kioto es el principio de la primavera, intentando coincidir con la floración del cerezo, lo que otorga a la ciudad una belleza extraordinaria.

El inconveniente es que las plazas hoteleras ven dispararse sus precios esos días y es necesario reservarlas con muchos meses de antelación si uno no quiere tener que alojarse en Osaka o más lejos todavía, ya que esta zona es objetivo prioritario del turismo interior nipón.

 

FUSHIMI INARI

 

Entrando en Kioto por el sur encontramos, antes que ninguna otra cosa, este importante santuario sintoísta dedicado al kami Inari; dios de la fertilidad, de la agricultura, del arroz y de los zorros.

 

Fushimi Inari 1

 

Kami, por cierto, es un término que alude a entidades que son adoradas en el sintoísmo, tales como deidades personificadas (Izanagi e Izanami), espíritus de los árboles, fuerzas de la naturaleza o fenómenos presentes en ésta como el crecimiento. Un concepto, por tanto, algo complicado de definir.

 

Fushimi Inari 2

 

Fushimi Inari 3

 

La atracción principal de Fushimi Inari no es sin embargo el propio santuario, cuyos principales edificios se encuentran en la base de una colina, sino los senderos ("túneles") que discurren hacia la cima bajo cientos de torii, cada uno de los cuales ha sido donado por alguien.

La identidad de cada donante se hace constar, de hecho, en la parte posterior de cada torii junto a la fecha de la donación, que suele realizarse como muestra de gratitud tras algún éxito económico. Sus precios van desde los 1.500 euros hasta unos 12.000.

Los torii son puertas o arcos sagrados que suelen encontrarse a las entradas de los santuarios sintoístas, marcando la frontera entre el espacio profano y el sagrado.

Consisten en dos columnas sobre las que se sustentan dos travesaños paralelos, generalmente de color bermellón. Solían ser de madera o piedra, pero en la actualidad es posible encontrarlos hechos de acero.

 

Fushmi Inari puerta Torii

 

Los templos dedicados a la diosa Inari poseen, además del torii de acceso, muchos otros, erigidos uno detrás de otro, formando pasadizos a veces muy largos. En Fushimi Inari, en concreto, dichas puertas Torii alcanzan las cinco mil, distribuidas a lo largo de cuatro kilómetros.

 

Fushimi Inari mapa

 

Fushimi Inari arranque de los Torii

 

Fushimi Inari Puertas Torii Vicente

 

Fushimi Inari torii figuras lejanas

 

Dado que fácilmente puede tardarse un par de horas en alcanzar la cima de la colina si uno pretende verlo todo con detenimiento y ascender con tranquilidad, bien puede dedicársele una mañana entera o incluso pasar todo el día en este lugar de inigualable belleza, al que no le falta siquiera un lago.

 

Fushimi Inari lago

 

El Yotsutsuji, una intersección formada por un camino circular que completa la ruta, viene a ser la mitad del trayecto y desde él se puede disfrutar de bonitas panorámicas sobre la ciudad.

Desde ese punto en adelante, el número de torii decrece y el camino acusa un mayor nivel de pendiente.

 

Fushimi Inari Torii y naturaleza

 

Fushimi Inari arcos en ascenso

 

Fushimi Inari puertas Torii

 

También se observa a lo largo del recorrido la presencia de pequeñas capillas o de torii en miniatura acompañados de los preceptivos zorros de piedra, mensajeros y sirvientes del dios Inari.

 

Fushimi Inari templo

 

Fushimi Inari templete

 

Fushimi Inari zorro

 

Casas de té, restaurantes, y pequeños edificios menudean igualmente a lo largo de los distintos senderos aunque debo decir que, entre las excepciones a la amabilidad de que suelen hacer gala los japoneses, se cuentan algunas de las personas que regentan estos pequeños establecimientos.

En cualquier caso, el lugar también resulta muy evocador para quienes hayan visto la deliciosa “Memorias de una geisha”, ya que alguna de sus escenas más emotivas fue rodada aquí.

http://rincondesinuhe.com/homepage-3/285-memorias-de-una-geisha

 

 

 

 

 

 

JAPÓN 2: Kioto – Parte II:

http://rincondesinuhe.com/homepage-2/293-japon-2-kioto-parte-ii

JAPÓN 3: Kioto – Parte III:

http://rincondesinuhe.com/homepage-2/295-japon-3-kioto-parte-iii

JAPÓN 4: Kioto – Parte IV:

http://rincondesinuhe.com/homepage-2/296-japon-4-kioto-parte-iv

JAPÓN 5: Castillos samuráis:

http://rincondesinuhe.com/homepage-2/301-japon-5-castillos-samurais

JAPÓN 6: Takayama:

http://rincondesinuhe.com/homepage-2/303-japon-6-takayama

JAPÓN 7: Shirakawago:

http://rincondesinuhe.com/homepage-2/304-japon-7-shirakawago

JAPÓN 8: Nikko:

http://rincondesinuhe.com/homepage-2/305-japon-8-nikko

JAPÓN 9: Tokio – Parte I:

http://rincondesinuhe.com/homepage-2/306-japon-9-tokio-parte-i

JAPÓN 10: Tokio – Parte II:

http://rincondesinuhe.com/homepage-2/307-japon-10-tokio-parte-ii

 

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