GUADALEST

Entre los pueblos más bonitos de España

 

 Portada

 

Remontando posiciones en las listas de “Los pueblos más bonitos de España”, esta cada vez más conocida población alicantina cuenta con grandes atractivos que ofrecer al visitante.

Comenzando por su emplazamiento, en lo alto de un peñón que domina el valle de Guadalest, el término municipal es cruzado por el río del mismo nombre, cuyas aguas se recogen en un embalse a los pies del pueblo.

 

 Embalse

 

La villa se encuentra en la ruta que une Altea y Callosa d’En Sarrià con Alcoy, siendo por tanto la CV-70 la vía principal de acceso.

La ruta desde Altea es de poco más de 20 kilómetros aunque he de hacer la advertencia de que se trata de una carretera con muchas curvas que pondrá en aprieto a quienes se marean con facilidad. El tiempo estimado para cubrir tan exigua distancia supera fácilmente la media hora.

Otro tanto acontece por el otro lado, distando Guadalest únicamente 34 kilómetros de Alcoy en un trayecto que prácticamente dura una hora a causa de las dificultades de la carretera.

Rodeado por algunas de las sierras más elevadas de la provincia de Alicante como las de Aitana o La Serrella, la villa también presenta una escarpada orografía que la hace todavía más pintoresca.

Se hace imprescindible dejar el coche en el gran aparcamiento descubierto que encontramos en las afueras del pueblo, junto a la parte baja del mismo (el Raval). Cuesta apenas 2 euros dejarlo allí todo el día.

Declarado el pueblo en su conjunto como Conjunto Histórico-Artístico y como Bien de Interés Cultural, destaca en él su Castillo de San José.

 

Castillo de San José

 

Fortaleza erigida en el siglo XI, gozó de gran importancia durante el Medievo y la época posterior debido a su situación estratégica.

Dos terremotos y la voladura sufrida durante la Guerra de Secesión destruyeron en su mayor parte este vistoso castillo, a cuyos restos se accede a través de un túnel natural: el Portal de Sant Josep (puerta de San José).

Un segundo castillo –el de la Alcozaina-, también del siglo XI, deja constancia de su existencia merced a una solitaria torre que sobrevive junto al campanario, en lo que es también una de las imágenes más reconocibles de la villa.

 

Castillo Alcozaina

 

Campanario

 

Dentro de la localidad y en el Barrio alto –el del Castillo- destaca la iglesia parroquial de Ntra. Sra. de la Asunción.

 

Iglesia desde arriba

 

Edificada en el siglo XVIII sobre los cimientos de un templo anterior, es de estilo barroco y, por desgracia, fue incendiada y saqueada durante la Guerra Civil, lo que ha obligado a realizar en ella diversas restauraciones.

También la Prisión del s. XII, levantado sobre un aljibe en los bajos del Ayuntamiento y que fue juzgado además de cárcel.

 

Prision

 

Mucho más interesante, en mi opinión, es la visita a la Casa Orduña, una casa solariega que alberga el Museo Municipal y que fue edificada por los Orduña, una familia de origen vasco cuyos miembros ostentaron durante tres siglos los cargos de alcaides de la fortaleza y gobernadores del marquesado.

 

Casa Orduña interior

 

En la casa, que cuenta con cuatro niveles y una bodega interconectados por escaleras, pueden contemplarse muestras de pintura y escultura en su Sala de Exposiciones temporales, además de un millar largo de volúmenes editados entre los siglos XVI y XIX que se guardan en su Biblioteca.

 

Casa Orduña pintura

 

Casa Orduña libros

 

Aunque no resulta nada desdeñable tampoco la colección de cerámica que alberga el Comedor, personalmente siento debilidad por la minúscula Sala de los Mapas, en la que pueden admirar tres mapas murales impresos en París en 1706.

Pese a las modestas dimensiones de Guadalest, el municipio cuenta con un buen número de museos, a cual más peculiar.

Así, el Museo de Belenes y Casitas de Muñecas (Museo de Antonio Marco) se puede visitar un edificio de dos plantas en cuyo piso superior encontraremos un belén de grandes dimensiones y 12 toneladas de peso total.

Algunas de las figuras de los artesanos se mueven mientras realizan sus labores y también las chimeneas humean mientras el agua corre realmente por un supuesto río.

Bastante más tétrico, el Museo Histórico de Tortura Medieval ofrece una inquietante colección de instrumentos de humillación pública, interrogatorio, castigo y Pena Capital.

El Museo Etnológico, enclavado en una casa del siglo XVIII adosada a la roca, presenta varios niveles escalonados en los que puede verse la forma de vida de una familia campesina de la época a través de sus enseres y aperos de labranza. La entrada es gratuita aunque se acepta “la voluntad” y, curiosamente, se prohíbe hacer fotos.

Los Museos de Microminiaturas y Microgigante, por último, forman parte, en realidad, de uno solo aunque estén ubicados en distintas zonas del pueblo, siendo obra del artista murciano Manuel Ussa.

En ellos pueden verse algunas de las esculturas y pinturas más minúsculas jamás realizadas por el hombre (pintadas sobre un grano de arroz o en el ojo de una aguja, esculpidas con un pelo humano), lo que obliga a utilizar lupas y hasta telescopios para admirarlos.

Personalmente me llamaron mucho la atención “Las tres gracias” de Rubens talladas en la punta de un lápiz.

Por último, no puede uno marcharse de Guadalest sin echar antes un vistazo al embalse desde el mirador de la Penya de l’Alcalà, en la misma plaza del Ayuntamiento.

 

Embalse 2

 

Vistas

 

Curiosamente en el apartado gastronómico resulta más interesante, tanto por la calidad de la comida como por sus precios, acercarse a la vecina BENIMANTELL, a menos de 2 kilómetros, donde pueden encontrarse establecimientos tan recomendables como “Casa Paco” o “Ca Rafel”.

 

Benimantell

 

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