EGIPTO 1

El Cairo, luces y sombras

 

El Cairo 1

 

No deja de resultar un extraño anacronismo aterrizar en el aeropuerto de El Cairo. En apariencia estamos en un lugar tan moderno y aséptico como cualquier otro y, sin embargo, esta tierra es cuna de una de las civilizaciones más antiguas y poderosas que jamás haya conocido el mundo.

No obstante, el traslado por carretera hasta El Cairo comienza a ponernos en situación desde el principio. Los enormes carteles publicitarios, el tremendo caos circulatorio de un parque móvil vetusto y la aparición de los primeros edificios desmoronados aquí y allá (visibles incluso en mitad de la noche) confirman lo que ya sospechábamos antes de venir: que la grandeza y opulencia de antaño se han trocado en decadencia y miseria.

El hotel Conrad (que comento en el artículo correspondiente) supone un brutal contraste que desconcierta por su lujo y su elegancia aunque resulta chocante tener que atravesar un detector de metales para franquear su entrada.

Minutos después de nuestra llegada y como para intensificar la antítesis que es todo cuanto nos circunda, un jeque del petróleo se dejará diez mil dólares en una sola jugada sobre el tapete verde del casino del hotel.

A la luz del día, el paisaje urbano resulta más desolador. En el aire flota un olor desagradable y denso que alguien compara en voz alta con el azufre. Aunque estamos literalmente junto al Nilo, la atmósfera es opresiva y pesada.

El minibús que viene a recogernos –con retraso, a causa de un percance que nos dejará sin entradas para la Gran Pirámide de Giza (aunque en ese apartado os contaré un “truco” que nos permitió visitarlas finalmente)- es una buena muestra del estado de los vehículos que inundan la ciudad. En un alarde de sofisticación, nuestros equipajes son cargados a hombros por un par de hombres que los hacen pasar a través de las ventanas traseras y los depositan sobre la última fila de asientos.

Una vez en marcha, observamos una multitud ingente de personas de todas las edades –las mujeres, prácticamente sin excepción, portando el preceptivo velo- que se juegan la vida mientras se dirigen al trabajo o a sus lugares de estudio entre la estampida de coches y camionetas que ignoran preferencias, señales e incluso a los indolentes guardias que pululan por la zona.

Continuamente vemos coches averiados y exhaustos pero resulta curioso que no nos encontremos con ningún accidente pese a que nadie parece respetar ningún atisbo de norma y los bocinazos suenan de forma constante, “retribuyendo” incorporaciones suicidas o maniobras indescifrables.

A medida que avanzamos se hace más patente el hundimiento de bloques enteros de edificios. Parece que los cascotes resultantes sencillamente se dejan allí donde caen.

Nos alejamos del centro de la ciudad en dirección a las pirámides y entramos en una autovía que circula paralela a los barrios suburbiales que se extienden a lo largo de un buen número de kilómetros, mostrando sus tejados sin terminar y sus paredes sin lucir. Cientos –o más bien miles- de edificios de ladrillo no visto sino desnudo, sobre los cuales cuelga la argamasa.

La sensación es peor, sin embargo, en la zona de Giza. Tras las primeras exclamaciones de asombro, al divisar las pirámides desde la autovía, nos internamos por una calle cochambrosa que circula junto a un río sucísimo en cuyas riberas se acumulan los desperdicios.

 

El Cairo   piramides

 

Los niños juegan con inocente alegría –un par de ellos se cruzan con el autobús a lomos de sus camellos, a los que azuzan sin golpearlos- mientras las basuras humean en un montón y las mujeres, ataviadas de negro riguroso, van a la compra.

En esos momentos no puedo evitar pensar en Iraq pues así era como imaginaba al castigado país después del conflicto bélico pero nunca hubiese atribuido estos niveles de miseria al orgulloso Egipto. La ignorancia es lo que tiene… y me refiero, obviamente, a la mía.

La visita a las pirámides de Giza y a su imponente Gran Esfinge supone un paréntesis que nos abstrae de la triste realidad y nos retrotrae a un pasado de glorioso esplendor, pese al acoso agresivo de los vendedores de baratijas y de los camelleros.

Tras inmortalizar el momento como mandan los cánones, desde un mirador ligeramente más elevado que permite encuadrar simultáneamente a las tres pirámides, nos sumimos de nuevo en el tráfico cairota rumbo a una tienda de papiros.

 En ella, todas las vendedoras parecen hablar el español con bastante corrección, por lo que las interrogamos al respecto y, por lo que nos cuentan, estudiaron el idioma en el instituto y lo practican con los muchos clientes de nuestro país que se dejan caer por su establecimiento.

También habla en español Jordi, cuya tienda en el famoso bazar cairota Khan El-Khalili (o Jan El Jalili) es la más popular entre nuestras compatriotas.

Jordi, un egipcio que vivió durante años en Barcelona, mantiene una política agresiva que le granjea la antipatía sistemática de sus compañeros de bazar y de la práctica totalidad de los guías que os encontraréis. Su política no es otra que abstenerse de regateos y poner precios tan bajos que constituyen una afrenta para la competencia.

Él acusa a los demás vendedores de pedir más de lo justo y ellos le acusan a él de vender artículos de baja calidad.

Esto puede tener algo de cierto en lo que a la plata se refiere pero lo cierto es que muchos de los souvenirs que allí compré eran idénticos a los que vi en todos los puntos cardinales de Egipto tanto en diseño como en materia prima sólo que Jordi los cobra a un precio sensiblemente inferior y sin regateos, como queda dicho.

Lo curioso es que, a pesar de su rivalidad, el resto de vendedores son lo suficientemente amables con los forasteros como para indicarte la dirección de la pequeña tienda de su rival sin pretender extraviarte. Algo que, obviamente, les honra.

A propósito, también los guías se refieren a Jordi en términos del tipo “él roba tanto como los demás” (ni pongo ni quito, me limito a reproducir acusaciones literales) en tanto que él les hace una acusación recíproca, al afirmar que la “tasa para propinas” que llevan aparejados las visitas a Egipto (y que alcanzan los 40 euros por visitante, lo que no te excluye de tener que dar unas cuantas durante el viaje) es un impuesto revolucionario que las propias agencias se quedan, distribuyendo sólo calderilla entre sus compatriotas.

Afortunadamente, una visita a la impresionante Ciudadela de Saladino, con su hermosa Mezquita y sus sensacionales vistas sobre la ciudad de El Cairo contribuyen a subir la moral del viajero si éste resulta ser de espíritu sensible o apocado. Éste es el único lugar en el que uno puede llegar a pensar en Estambul, ciudad fascinante con la que algún optimista de la vida me la había llegado a comparar. Si las comparaciones son odiosas en general, ésta en particular resulta casi de psiquiatra.

 

Gran Mezquita

 

Panoramica El Cairo

 

Lamentablemente, vuestro optimismo puede venirse abajo si afrontáis la visita de la "Ciudad de los Muertos", un barrio donde vive más de un millón de personas aunque en la actualidad está prohibida su visita por motivos de seguridad.

Comenzó siendo una medida provisional (aunque tétrica) que los egipcios que huían en 1967 del Sinaí durante la "Guerra de los Seis Días" contra Israel se asentaran momentáneamente entre las tumbas de un antiguo cementerio musulmán pero hoy en día el número de quienes habitan allí no deja de crecer y, según las fuentes, oscila entre el medio millón y el millón y medio de habitantes, de los cuales 50.000 personas viven dentro de las propias tumbas, lo que resulta estremecedor.

Sí me gustó, en cambio, el barrio copto, donde visitamos un par de iglesias cristianas y una sinagoga. Entre las primeras, aprecié especialmente la de Santa María (también llamada “Iglesia Colgada”) aunque la de San Sergio, que también vimos, tiene el encanto adicional de haber acogido supuestamente a la Sagrada Familia cuando ésta huyó del rey Herodes y sus infanticidios.

 

Barrio copto 1

 

La sinagoga era la famosa de Ben-Ezra, la más grande de El Cairo aunque no está abierta al culto en la actualidad.

También mereció mucho la pena visitar el Museo Egipcio, donde disfrutamos del descomunal tesoro de Tutankhamon, un faraón menor pero enterrado con un fasto merecedor de mayores glorias, del que todos conocéis su famosa máscara mortuaria.

El hallazgo, uno de los más importantes jamás realizados en suelo egipcio, sobre todo por contarse entre los pocos que no habían sido previamente saqueados, se debió al egiptólogo británico Howard Carter.

Aunque esta visita la hicimos un poco “a matacaballo”, no dejó de admirarnos la escasa seguridad del museo y lo rudimentario de las urnas que guardan las reliquias, poco menos que de madera claveteada.

Decidimos no visitar las momias faraónicas porque ello suponía pagar una segunda entrada ya dentro del Museo y, por suerte para mi pequeño grupo, apenas diez días después íbamos a visitar Londres. Dado que en la capital británica, el British Museum también aloja una considerable colección de momias y que su entrada es gratuita, optamos por aplazar nuestro encuentro con los restos de los faraones.

No me resisto a hablaros del Hard Rock Café de la ciudad que, como sus homólogos de otras grandes capitales, muestra reliquias del pop-rock pertenecientes a artistas que van desde Eric Clapton hasta Elton John. Supongo que en otras ocasiones su oferta culinaria será similar a la de otras franquicias  pero en nuestro caso la organización de nuestro viaje debió pactar un buffet de productos locales entre los cuales primaba el tema vegetariano, para disgusto de algunos de mis compañeros de aventura.

 

Hard Rock Cafe

 

Realizamos algunas visitas muy interesantes en los alrededores como las de la Pirámide Escalonada de Sakkara o la estatua gigante de Ramsés en la antigua Menfis pero, en realidad, como los propios guías cairotas reconocen, de no ser por las pirámides, el futuro de la capital egipcia sería más bien sombrío pese a los tesoros citados.

Sensación agridulce pues y comienzo titubeante si comienzas tu viaje a Egipto por su capital.

 

 

 

 

 

EGIPTO 2: Pirámides de Giza:

http://rincondesinuhe.com/homepage-2/100-egipto-2-piramides-de-giza

EGIPTO 3: El Valle de los Reyes y el Templo de Hatshepsut:

http://rincondesinuhe.com/homepage-2/101-egipto-3-el-valle-de-los-reyes-y-el-templo-de-hatshepsut

EGIPTO 4: Templo de Dendera:

http://rincondesinuhe.com/homepage-2/102-egipto-4-templo-de-dendera

EGIPTO 5: Templo de Luxor:

http://rincondesinuhe.com/homepage-2/270-egipto-5-templo-de-luxor

EGIPTO 6: Templo de Karnak:

http://rincondesinuhe.com/homepage-2/273-egipto-6-templo-de-karnak

EGIPTO 7: Templo de Medineth Habu y Colosos de Memnón:

http://rincondesinuhe.com/homepage-2/274-egipto-7-medinet-habu-y-colosos-de-memnon

EGIPTO 8: Cruceros por el Nilo: de Luxor a Asuán:

http://rincondesinuhe.com/homepage-2/275-egipto-8-cruceros-por-el-nilo-de-luxor-a-asuan

EGIPTO 9: Abu Simbel:

http://rincondesinuhe.com/homepage-2/277-egipto-9-abu-simbel

EGIPTO 10: Templo de Kom Ombo:

http://rincondesinuhe.com/homepage-2/278-egipto-10-templo-de-kom-ombo

EGIPTO 11: Templo de Edfú:

http://rincondesinuhe.com/homepage-2/283-egipto-11-templo-de-edfu

EGIPTO 12: Templo de Philae:

http://rincondesinuhe.com/homepage-2/284-egipto-12-templo-de-philae

EGIPTO 13. Visitando un poblado nubio:

http://rincondesinuhe.com/homepage-2/287-egipto-13-visitando-un-poblado-nubio

EGIPTO 14: Menfis y Saqqara:

http://rincondesinuhe.com/homepage-2/288-egipto-14-menfis-y-saqqara

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