CIUDAD DEL SILENCIO

 

La vergüenza de Ciudad Juárez

 

 

Ciudad del silencio hablando con mujeres

 

 

 

EL CUARTO ESCALÓN

 

De forma no del todo consciente, suelo agrupar las películas dramáticas que incluyen la violencia en su menú en tres grandes bloques, en función de sus características.

En un primer escalón se encontrarían aquéllas que, no obstante su grado de violencia o el nivel de explicitud de sus imágenes, obedecen única y exclusivamente a la imaginación de sus guionistas. Pueden ser crudas, desagradables o muy duras pero no dejan de constituir un relato de ficción del que uno puede distanciarse.

En el segundo irían aquellas otras que, aun basándose en contextos reales, cuentan historias que vienen a ser especulaciones sobre lo que pudo pasar o bien fantasean con personajes imaginarios que se mueven en escenarios reales pero que no recrean necesariamente las vidas de nadie. Sería aquello que podría haber ocurrido o que quizás ocurrió pero de lo que no existe una absoluta constancia. El distanciamiento sigue siendo posible pero resulta más difícil.

En el tercer escalón, en fin, ubico aquellas historias que inequívocamente muestran acontecimientos probados (aunque en ocasiones se disfracen los nombres de los lugares o de los personajes si bien nunca lo suficiente como para alejarse de su verdadero objetivo identificativo). Algunas de ellas ni siquiera hacen ningún esfuerzo (ni tienen por qué hacerlo) por ocultar o maquillar nombres, fechas y lugares.

Sin embargo, “Ciudad del silencio” pertenece a un cuarto escalón. Va más allá de los tres grupos citados y ello en base a una peculiaridad que la hace más dramática y más aterradora: los acontecimientos que narra no son una historia del pasado, reciente o remoto: están teniendo lugar en este mismo instante, mientras escribo esta reseña y también seguirán ocurriendo cuando el lector la tenga ante sus ojos. Peor todavía: no se le ve el final a esta lista de incontables crímenes y de espeluznantes sucesos.

 

CIUDAD DEL SILENCIO, EL FILM

 

Lauren Adrian es una periodista estadounidense que trabaja para el Chicago Sentinel.

Su jefe, George, se vale de la considerable ambición de ella para lograr que acepte un trabajo para el cual deberá desplazarse hasta la ciudad mexicana de Juárez, en la frontera con Estados Unidos.

Allí, 375 mujeres mexicanas han sido violadas y asesinadas y otras 700 permanecen desaparecidas para desesperación de sus familias y ante la aparente indiferencia de las autoridades.

En Juárez, Lauren se reencuentra con Alfonso Díaz, el que fuera su inseparable compañero en un tándem profesional que se saldó con diversos premios periodísticos.

Ahora, Díaz dirige “El Sol”, un periódico marginal que lucha por destapar la connivencia de las autoridades mexicanas con la ola de crímenes que está asolando la zona.

La detención de un sospechoso de origen egipcio parece ser una cortina de humo pues los crímenes no se detienen y las chicas siguen desapareciendo.

Puesta en contacto con Alfonso, éste se muestra más que sorprendido de volver a verla, evidenciando que entre ellos hubo algo más que camaradería profesional.

En cualquier caso, él ahora es un luchador idealista y comprometido mientras que ella se ha convertido en una periodista tópicamente yankee, eternamente a la espera de una exclusiva que relance su carrera.

La aparición de una joven indígena que ha logrado escapar con vida de una brutal agresión, en la que fue violada y apaleada por dos hombres, embarcará sin embargo a Lauren en una cruzada en la que su siempre latente ambición habrá de convivir con la compasión y la más elemental decencia humana.

Todo ello mientras sufre los recuerdos de un pasado doloroso que le arrebató la infancia y que ha contribuido a convertirla en quien es.

Sin embargo, la muerte acecha en Juárez tanto para las lugareñas como para quien pretenda inmiscuirse en los asuntos “locales”.

 

BORDERTOWN

 

El elocuente título original del film, “Bordertown”, parece jugar con el doble significado de ciudad “fronteriza con otro país” o también de ciudad “al borde de”. En este caso sería al borde del infierno, si no en su mismísimo epicentro.

 

Ciudad del silencio J Lo y Banderas desierto

 

Desde la introducción, un texto inusualmente largo nos otorga la siguiente carta de presentación de la historia:

A raíz del NAFTA, el acuerdo de libre comercio de Norteamérica, empresas de todo el mundo han construido fábricas en México a lo largo de la frontera con los Estados Unidos. Aprovechándose de la mano de obra barata y de la falta de aranceles, dichas empresas fabrican mercancías a bajo coste para luego venderlas en los vecinos Estados Unidos.

En Juárez, donde existen más de 1.000 de esas fábricas llamadas “maquilladoras”, cada tres segundos se ensambla un televisor y cada siete un ordenador.

Las maquilladoras contratan principalmente a mujeres jóvenes porque cobran sueldos más bajos y se quejan menos de las largas jornadas y las duras condiciones laborales.

La mayoría de las maquilladoras operan las 24 horas del día. Muchas mujeres son agredidas mientras van y vuelven del trabajo a última hora de la noche y a primera hora de la mañana. Las empresas no proporcionan seguridad a las trabajadoras.

Lo que verán a continuación está inspirado en hechos reales.”

Con semejante premisa se abre el film, cuyas primeras y profundamente desasosegantes imágenes nos muestran lo que parece ser un vertedero y es en realidad un núcleo de población, una “colonia”.

Los niños buscan entre la basura envueltos en el humo amarillo que sale de las altas chimeneas cercanas mientras los megáfonos de un coche anuncian: «Se han encontrado tres cadáveres de mujeres. Más asesinatos en Juárez. Estén al tanto. Encuentren la verdad en “El Sol”».

Precisamente eso –que encuentren la verdad- es lo que pretende evitar la policía, que aparta violentamente a los ciudadanos que intentan acceder al periódico en plena Ciudad Juárez.

Esa misma noche –o cualquier otra– acaba en una gigantesca fábrica otra larguísima jornada laboral que se salda con 5 miserables dólares para cada trabajadora.

Éstas, chicas jóvenes y abnegadas, muchas de ellas bonitas, todas ellas supervivientes en un mundo extremadamente hostil, suben a los autobuses que han de conducirlas a la ciudad.

Dos de esas muchachas conversan con cierta ingenua animación a pesar del tremendo cansancio que las domina. Una de ellas se dirigirá directamente a su casa; la otra, Eva, ha de pasar antes por el centro para comprarle un regalo a su hermana menor.

Una modesta muñeca, comprada en un tenderete callejero, se convierte en el obsequio previsto pero, cuando la joven toma el callejón por el que suele atravesar en dirección a su casa, la silueta de un hombre se dibuja en la neblina.

Eva corre para escapar y detiene agitadamente a un autobús repleto de ciudadanos de aspecto tan cansado como el suyo. El conductor le franquea el paso y comienza a repartir a sus viajeros por sus destinos hasta que sólo queda la muchacha en el vehículo.

- ¿Le importa si me paro a echar gasolina?, pregunta él animadamente.

Y Eva, pese a sus reservas, accede. Para cuando quiere darse cuenta, el autobús se halla en un lugar apartado y oscuro, en el que el conductor y otro hombre aparecido de la nada la violan salvajemente y la golpean hasta aparentemente matarla.

Por fortuna, la muchacha sobrevive y logra salir de su propia tumba, apartándose de aquel horror en busca de su familia…

Hasta ahí lo que podríamos considerar el prólogo de un film que, como muchos otros en la Historia del celuloide, bucea en el ambiente mísero e inquietante que impregna esas ciudades fronterizas en las que se difumina la diferencia entre lo yankee y lo hispano.

Muchas son las historias ubicadas en ese terreno de intersección de países, de etnias, de culturas y, sobre todo de economías.

Me vienen a la memoria desde Sed de mal, en la que Charlton Heston interpretaba a un fiscal mexicano de absoluta integridad y Orson Wells a un policía estadounidense corrupto y vengativo hasta, por poner un ejemplo totalmente dispar, Abierto hasta el amanecer, con los cambalaches que debían realizar los integrantes de la familia secuestrada por Tarantino y Clooney para poder pasar esa misma línea fronteriza.

Sin embargo, la nómina de títulos sería interminable.

 

PERIODISMO COMPROMETIDO VS PERIODISMO PRAGMÁTICO

 

Alfonso Díaz encarna a un periodismo real, circunscrito a la zona de México y que subsiste de forma milagrosa, actuando más como una ONG que como un medio informativo; los lugareños no disponen de dinero para comprarlo y no se les exige que lo hagan.

Un periodismo cuya subsistencia se ve amenazada tanto por su ausencia total de financiación como por la hostilidad manifiesta de las autoridades, de las cuales se constituyen prácticamente en única amenaza una vez que la voz de los ciudadanos ha sido silenciada mediante el terror.

En esos lugares en los que el narcotráfico y el crimen organizado campa a sus anchas, muchas veces con la connivencia o incluso la participación activa de quienes deberían acabar con ellos, el periodista se convierte en guerrillero sin armas, en único referente para una ciudadanía hundida en la miseria y la desesperanza.

Las recompensas de dichos periodistas nunca son crematísticas ni tampoco reciben reconocimientos públicos. En ellos no suelen recaer los Pulitzer ni tampoco los premios dotados en metálico.

Su único reconocimiento, su mayor victoria, es la honestidad de que hacen gala y que les granjea la admiración y el respeto de las personas sencillas, de los pobres, de los humildes, de aquéllos que sólo pueden corresponderles afectivamente pues carecen de otros medios para recompensar su labor.

Donde las autoridades fallan, donde la policía se corrompe, ahí están los periodistas valientes y comprometidos, adoptando el papel de confesor, de amigo insobornable, muchas veces por desgracia también de mártir.

La confianza que en ellos depositan los lugareños es la misma que se les niega a los políticos y a los cuerpos de seguridad. Una desconfianza, por el contrario, que estos se han ganado a pulso, extendiendo por el planeta una imagen de corrupción impenetrable que convierte al norte de México en una zona tan terrorífica como el propio Afganistán.

En ese contexto, la pregunta que uno de los magnates locales, el primogénito de la acaudalada familia Salamanca, realiza a Lauren durante el transcurso de la fastuosa fiesta en honor a la hermana de aquél:

- ¿Le gusta a usted Juárez?

adquiere tintes de sarcasmo aunque no sea esa la intención del personaje (interpretado, por cierto, por un barbado Juan Diego Botto).

 

Ciudad del silencio ligando a J Lo

 

La propia Lauren asume, en principio, el rol contrario al de Díaz: unidos por un pasado común, su vida profesional la ha llevado al otro extremo del periodismo.

Sus únicas metas son su carrera y su realización personal aunque, en un momento de debilidad, confesará a Eva que éstas no son tan importantes como para haberles sacrificado toda su vida. El mensaje, en todo caso, tiene también sus connotaciones tradicionalistas pues la vida que ella ha sacrificado es aquella que la habría llevado a casarse y a tener hijos.

En cualquier caso, la conversación de Lauren con su jefe en la prehistoria del film retrata con bastante precisión su postura vital inicial:

- En los últimos años, trescientas setenta y cinco mexicanas fueron violadas y asesinadas –le informa George-. Otras setecientas siguen desaparecidas. Nadie sabe quién ha sido. Nadie sabe por qué. ¿Quieres averiguarlo?

- A los lectores no les importa nada México, replica ella.

- Si a ti te importa, a ellos les importa. Esa es la cuestión.

- ¿Ah, sí?

- Tú llega al fondo del asunto. Trabajabas para el periódico de El Paso, ¿no?

- Y eso, ¿qué tiene que ver?

- Tú entiendes a los mexicanos.

- No demasiado. Sé muy poca cosa de México.

Compromiso cero, ambición desmesurada… Sólo a cambio de ver cumplidos sus deseos de obtener una corresponsalía extranjera acepta Lauren el encargo.

Su carrera siempre está por encima de las cosas que cuenta. Sus sentimientos, incluyendo una desdichada y trágica infancia, quedan salvaguardados tras las apariencias.

Hasta que su llegada al infierno, la figura heroica de Díaz y el calvario de Eva, la joven que escapó “del diablo”, dejarán al descubierto sus debilidades, recordándole quién es y por qué es así.

La caja de Pandora es abierta y su terrible pasado interferirá en su presente, condicionando sus decisiones y acercando su postura a la de Díaz, aparentemente antagónica.

 

EL DIABLO

 

En un momento dado, el personaje de Díaz informa a la recién llegada de los “informes” con que la población indígena (“los indios”) empapelan la redacción de su modesto periódico.

Unos indios, por cierto, a los que el gobierno mexicano habría empujado a la ciudad al arrebatarles sus tierras por no poder pagar los impuestos: “Id a la frontera –cuenta Eva que les dijeron-, trabajad en las maquilladoras, ganaréis dinero y conservaréis vuestras tierras”.

Ese dinero que nunca llegará porque los sueldos son míseros mientras las ganancias de los patronos y de las autoridades que los protegen aumentan de forma exponencial.

Esos mismos indios desarraigados que ahora malviven en aglomeraciones de chabolas sin agua corriente ni electricidad (la ausencia de la primera impide que se apaguen los incendios que frecuentemente se producen a causa del robo de la segunda) son los que propagan los rumores acerca de la naturaleza diabólica del asesino.

Los indios creen que el diablo está cometiendo esos crímenes. Cambia de forma cada día: unas veces es un joven elegante y otras veces un anciano. Para mujeres y se las lleva al infierno”.

Los rumores acerca de la finalidad de los asesinatos difieren: unos dicen que utilizan a las mujeres para películas snuff (es aconsejable ver la excelente “Tesis” de Amenábar para obtener más información acerca de ese tipo de filmaciones) y otros que las matan para extraerles los órganos.

La conclusión de Díaz resulta sobrecogedora: “Los asesinos en serie están aquí. Si quieres matar mujeres, no pasa nada: te vienes a Juárez”.

 

Ciudad del silencio superviviente

 

En cualquier caso, en el film, que no contemporiza en absoluto, queda acreditada la naturaleza diabólica tanto de quienes perpetran las matanzas como de quienes las alientan o las permiten, intentando además ocultarlo.

Si alguna tentación tuvo el guionista de aventurarse por el terreno de lo esotérico, con ciertas frases mágicas susurradas sobre el cuerpo de la maltrecha Eva o los crecientes rumores acerca de la presencia del Maligno, Nava la abandonó pronto pues la crítica social y el drama personal dejan atrás toda sombra de fantasía para adentrarse en la tremenda realidad que retrata.

 

CIUDAD DEL SILENCIO VS. TRAFFIC

 

No puedo negar el hecho de que Ciudad del silenciono es una gran película.

Sin embargo, considero excesivas las críticas que la denuestan, cebándose especialmente en un presunto cariz “comercial” del mismo y en la escasa calidad de sus interpretaciones.

No puedo estar de acuerdo.

Cierto es que, si la comparamos con la magistral Trafficde Soderbergh, sale perdiendo por goleada. Pero tampoco parece justo compararla con uno de los títulos más emblemáticos entre aquellos films estadounidenses que abordan el “problema mexicano”.

Aunque ambas comparten el filtro amarillo que acompaña permanentemente a sus imágenes (en “Traffic”, circunscrito de forma exclusiva a aquellas secuencias que transcurren en terreno mexicano), cada una de ellas incide en un aspecto distinto.

Si en la cinta de Soderbergh el centro de todo lo constituye el narcotráfico, los cárteles que se enriquecen con él y que imponen su particular Ley del Terror con la aquiescencia de las autoridades tanto mexicanas como estadounidenses, la película de Gregory Nava se centra única y exclusivamente en la brutal e ininterrumpida ola de violencia de género que azota a la ciudad de Juárez.

No es, por supuesto, la única diferencia entre ambas pero es importante señalarlo. Se trata de temáticas convergentes pero no se centran en el mismo objetivo.

Nava propone una historia que parte de la tragedia personal de una de las muchas víctimas de Ciudad Juárez para extrapolar, a través de ella y de los ojos teóricamente objetivos de una estadounidense (pese a su origen presumiblemente mexicano), la situación de extrema indefensión a la que se hallan expuestas las mujeres jóvenes de la región y sus familias.

Ciudad del silencio”, incide más en la complicidad del gobierno estadounidense de lo que lo hacía “Traffic” y por eso me sorprende un tanto que haya sido acusada de propagandística, superficial o panfletaria.

Por supuesto, el rodaje no obtuvo la autorización para ser realizado en Juárez (a pesar de lo cual la ambientación destaca entre lo mejor de la película, con esos lúgubres locales de striptease o los denigrantes reservados, a modo de cabinas individuales, donde las prostitutas prestan sus servicios a la vista de todo el mundo) y lo cierto es que, aun admitiendo que el guión del propio Nava no acaba de funcionar, su intención reivindicativa me parece sincera y honesta.

Tanto como digno me parece el intento de abrir los ojos de los espectadores de todo el mundo y ponerlos sobre este punto del mapamundi en el que las mujeres son sistemática e impunemente asesinadas sin que nadie se tome la molestia de averiguar quiénes son los autores (no parece cosa de cuatro o cinco) ni de hacerles pagar por ello.

Convengo en que los valores cinematográficos de la cinta son mejorables, en que la integración del personaje de Lauren chirría en muchos momentos (y ojo porque creo que es más culpa del guionista que de la actriz), en que no se le da al personaje de Díaz la relevancia que debería tener y en que a veces se abusa de ciertos recursos como el flash-back o la recreación un tanto morbosa.

Pero en lo que no puedo estar de acuerdo es en discutirle a la película una intención sincera de criticar abiertamente la irresponsabilidad, la incapacidad, la negligencia o quién sabe si la responsabilidad directa de las autoridades de México (y del Estado de Chihuahua en concreto) en la resolución de esta herida abierta que avergüenza (o debería) a toda la Humanidad y ante la cual la habitualmente intervencionista administración estadounidense hace oídos sordos, presuntamente por motivos puramente económicos.

Aquí es donde cobra un especial sentido la introducción del film: no es el NAFTA (Tratado de Libre Comercio de América del Norte, según las siglas de su traducción al inglés, North American Free Trade Agreement) el causante de los asesinatos pero, en la preservación de este acuerdo, sí parece residir la razón última de que Estados Unidos no se inmiscuya en la resolución de esta orgía de barbarie y crímenes sin fin, a los que prefiere etiquetar como una problemática local.

Del mismo modo que el jefe de policía, a la vista del enésimo cadáver descubierto por las madres (las únicas que los buscan y que los encuentran), califica de “crimen doméstico” la muerte de la joven en cuestión.

El asesino, afirmará con petulancia, está ya entre rejas. Y los crímenes que han tenido lugar con posterioridad a su arresto y que parecen llevar su sello se deben, sin duda, a que los está ordenando él mismo desde su encierro.

Cuando Lauren se muestra interesada en entrevistar al egipcio acusado de los crímenes, el policía le responde que se haya en un estado de completo aislamiento.

Con una lógica aplastante, ella le pregunta entonces cómo es posible pues que pueda estar ordenando los asesinatos. La respuesta del desconcertado funcionario todavía conserva una dosis considerable de aplomo al declarar que “aún lo estamos investigando”.

 

EL DIRECTOR

 

Gregory Nava es un director y guionista californiano de escasa carrera, casi siempre ligada a la presencia de Jennifer Lopez.

Así, J-Lo protagonizó también su biopic musical Selena, en el que interpretaba el papel de la texana Selena Quintanilla-Pérez, célebre cantante de música latina a quien se llamó la “reina del tex-mex” y que fue asesinada, a los 23 años de edad, por la presidenta de su propio club de fans.

Nava y Lopez coincidieron igualmente en My family, un estimable drama, cuyo reconocimiento corre parejo al del interesantísimo thriller “El Norte”, en el que no participaba la actriz y cantante.

Otro biopic musical dirigido pero no guionizado por Gregorio Nava es A tres bandas, que presenta a Halle Berry en el papel de Zola Taylor, la vocalista del célebre grupo musical los “Platters”.

En cambio, como co-guionista pero no como director, Nava participó de la escritura de Frida, el biopic sobre la pintora mexicana Frida Kahlo que reunió a Salma Hayek con Antonio Banderas (y también con estrellas del calibre de Edward Norton o Alfred Molina).

Nava depositó la responsabilidad de la fotografía en el californiano Reynaldo Villalobos y la de la música en el neozelandés Graeme Revell.

 

EL REPARTO: ACTORES Y PERSONAJES

 

La indiscutible protagonista de “Ciudad del silencio” es JENNIFER LOPEZ y ahí reside uno de sus principales problemas.

No en su interpretación, que considero bastante correcta, sino en el hecho de que su amplio número de detractores ha denostado el film basándose principalmente en su participación en el mismo. Algo injusto a todas luces.

 

Ciudad del silencio J Lo maltratada

 

Y es que, como ya apuntaba antes, J-Lo no hace un mal trabajo aunque esté mucho más creíble cuando su personaje hace muestras de cierto tono “pijo” y de una impostada sofisticación, propia de quien se cree a salvo como integrante de una comunidad que no participa de los problemas a los que momentáneamente asiste como espectadora.

En su condición de periodista de un notorio rotativo de Chicago, con ramificaciones editoriales a lo largo de varios Estados dentro de USA, Lauren (J-Lo) conocerá la miseria y el horror de primera mano, sintiendo en principio una inclinación natural a sacar provecho personal de la coyuntura.

Lograr la exclusiva de los atroces acontecimientos de Juárez pueden valerle si no el Pulitzer sí al menos un empujón en su carrera y su ansiado destino como corresponsal extranjera (aunque presumiblemente no en México, me atrevería a añadir).

Es sólo cuando su descenso a los infiernos y el regreso de sus fantasmas personales se alían en su contra que la periodista traspasa la frontera (una más en el film) de sus obligaciones profesionales y asume riesgos personales que amenazan no sólo su carrera sino su propia vida.

Sobre ANTONIO BANDERAS, su papel en el film parece un híbrido entre los que desarrollaba en El cuerpo(un sacerdote con escrúpulos ante el posible descubrimiento del cuerpo de Cristo) o De amor y de sombra(como revolucionario idealista en el Chile descrito por Isabel Allende).

Da la impresión de que Nava aplicó un cierto tijeretazo al papel de Alfonso Díaz, que queda disminuido y se convierte en insuficiente, fagocitado por el protagonismo innecesario de J-Lo y al mucho más lógico y bien aprovechado de MAYA ZAPATA, en su papel de Eva.

 

Ciudad del silencio J Lo con victima

 

Maya, quien tenía una presencia mínima y anecdótica en la interesante coproducción franco-estadounidense “”Los tres entierros de Melchor Melquiades, junto a Tommy Lee Jones, alterna la televisión con el cine, siendo su papel más relevante, junto al de Ciudad de silencio, el de Alicia en el drama mexicano-estadounidense La misma luna.

En el film de Nava interpreta con notable espontaneidad y credibilidad dramática el papel de Eva, una joven que sobrevive milagrosamente a la agresión sufrida por sus captores y busca en Alfonso Díaz la protección que sabe no le ofrecerán las autoridades.

Será, sin embargo, la periodista estadounidense Lauren quien se encargue personalmente de velar por su seguridad y reivindicar sus pisoteados derechos en una labor que no sólo será ardua sino ingrata, obligándolas a ambas a apoyarse la una a la otra ante la ausencia de apoyos externos.

Juan Diego Botto, Martin Sheeny Sonia Braga son otros nombres ilustres al servicio de personajes secundarios. Pese a la escasa relevancia de estos, sus fugaces presencias constituyen un plus a la hora de dotar de verosimilitud a la trama.

La presencia del cantante colombiano JUANES en una de las secuencias del film, en la que interpreta sobre un escenario "La camisa negra", ha sido ampliamente contestada también por un buen número de detractores, queriendo ver en el gesto una actitud oportunista cuya finalidad sería lucrarse a base de publicitar las miserias humanitarias de la región.

No puedo estar más en desacuerdo. Sin ser un admirador del cantante (como tampoco lo soy de la amiga Jennifer), considero que un trabajo profesional se realiza a cambio de una remuneración, con independencia de la temática o finalidad que persiga dicho trabajo.

Otra cosa sería si se tratara de un documental con fines humanitarios o de alguna iniciativa encaminada a promocionar a alguna ONG de forma desinteresada.

Por mucho que la película se constituya en vehículo publicitario de una realidad sangrante y monstruosa, no deja de ser eso: una película. Esto es, un producto de consumo (comercial, por tanto) que, en este caso, puede servir para que la gente dirija sus ojos hacia Ciudad Juárez mucho más de lo que lo haría si simplemente contemplaran un documental, los cuales gozan de una menor difusión y de un público más minoritario.

Por otra parte, me resultó interesante como ejemplo de lo que una familia poderosa y adinerada de esa franja fronteriza puede llegar a conseguir por el mero hecho de aunar dinero e influencias: contratar, para la fiesta privada que ofreces a tu hija en el jardín de tu propia mansión, a un cantante de primera línea mundial como Juanes.

 

JUÁREZ, LA CIUDAD

 

Ciudad Juárez es una ciudad mexicana de la frontera norte, la que comparte el país con los Estados Unidos.

Está ubicada a orillas del río Bravo, frente a la texana El Paso.

Siendo la capital más poblada de dicha frontera, lo es también del estado de Chihuahua, con una población cercana al millón y medio de personas sólo en el área metropolitana, a lo que hay que añadir el resto de la región o “Municipio”.

Su nombre, por cierto, constituye un homenaje al abogado y político mexicano Benito Juárez. De origen indígena zapoteca, Juárez fue Presidente de México en varias ocasiones.

Desde principios de los noventa (algunos datan el inicio de este aterrador fenómeno en 1993), se ha venido repitiendo una misma y sangrienta secuencia una y otra vez: secuestro, tortura, violencia sexual, mutilación, estrangulamiento.

Las víctimas -mujeres, adolescentes y niñas de apenas una decena de años- se cuentan por centenares (versión oficial) o por miles (versión oficiosa y, por desgracia, con muchos más visos de realidad).

El hecho de que no siempre aparezcan los cuerpos hace que muchas de las víctimas no sean contabilizadas y se las agrupe bajo la indefinida y estremecedora etiqueta de “desaparecidas”, aunque su destino final sea fácil y a la vez terrible de imaginar.

En 1995 fue detenido un químico de origen egipcio, Abdel Latif Sharif Sharif (al que en el film se otorga otro nombre aunque manteniendo su origen), acusado de los crímenes.

A esta detención siguió la de un grupo denominado “Los Rebeldes”, supuestamente colaboradores de aquél.

Sin embargo, nunca ha podido probarse ni la culpabilidad del primero, condenado en un proceso repleto de irregularidades y todavía hoy (dieciséis años después) pendiente de revisión, ni su relación con los “Rebeldes”.

En cualquier caso, lo que queda demostrado es que los crímenes no han cesado con este simulacro de aplicación de la justicia.

Junto a los móviles que apunta el film de Nava (snuff movies, tráfico de órganos) existen otros que las autoridades han desechado deliberadamente. Sobre todo cuanto alude al narcotráfico, cuya posible conexión con la violación y matanza masiva de mujeres no descartan algunos expertos.

La complicidad entre los diferentes grupos políticos que se han sucedido en el poder en el estado mexicano de Chihuahua han contribuido al mantenimiento en la penumbra y en la impunidad del que es probablemente el mayor asesinato en serie de mujeres de toda la historia de la Humanidad.

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