EL PLANETA DE LOS SIMIOS

 

El origen nunca superado

 

Parte I

 

 

El planeta de los simios con los chimpances

 

 

LA FUENTE LITERARIA

 

            En 1962, el novelista francés Pierre Boulle escribió “El planeta de los simios”, una novela más bien breve que, contra todo pronóstico, daría pie al nacimiento de toda una saga.

            El propio autor la consideró en su momento una obra menor. En especial si la comparaba con su exitosa “El puente sobre el río Kwai”, que ya había sido llevada al cine con rotundo éxito por David Lean en 1957.

            Sin embargo, cabe señalar que tanto las dos versiones cinematográficas (Franklin J. Schaffner, 1968 y Tim Burton, 2001) como la serie de televisión realizadas hasta el momento con el título de “El planeta de los simios”, se basan muy vagamente en la novela del autor francés.

            Aunque, por supuesto, en la novela reside el germen de la historia: esa sociedad formada por simios donde los seres humanos se ven reducidos al papel de animales, de seres inferiores, esclavizados y explotados por sus dueños simios.

            Veamos un somero resumen de la obra literaria:

            «La joven pareja que forman Jinn y Phyllis pasa sus vacaciones en el espacio, a bordo de la pequeña nave que comparten, cuando avistan una botella flotando en el exterior. Una vez recogida, encuentran en su interior un manuscrito.

            En él leen la historia de Ulises Mérou, quien según parece embarcó en una nave cósmica junto a dos compañeros en 2500 hasta alcanzar el planeta Sóror, iluminado por la estrella supergigante Betelgeuse.

            El viaje, que se prolongó durante dos años, supuso el paso de tres siglos y medio en la Tierra, planeta del cual procedían.

            En Sóror descubrieron una civilización similar a la terrestre (con oficinas, hospitales, coches y aviones) pero en la que la inteligencia la ostentaban los simios, en tanto que los seres humanos eran meros animales sin habla ni raciocinio.

            Tras ser atrapado, Ulises fue confinado en un instituto científico donde su inteligencia le granjeó la amistad de la doctora chimpancé Zira y el rechazo de Zaíus, un influyente científico orangután.

            Los descubrimientos de Cornelius, el prometido de Zira, que apuntaban a la humanidad como origen de su propia civilización, amenazaron seriamente las vidas de Ulises, su hembra Nova y el hijo recién nacido de ambos, obligando a sus amigos simios a habilitarles una solución».

            Todavía quedan unas cuantas sorpresas, incluyendo el final de la novela que no desvelaré por respeto a quienes deseéis leerla.

 

GESTACIÓN DEL FILM

 

            En 1963 y antes incluso de la edición definitiva del libro de Boulle, Arthur P. Jacobs, con una enorme clarividencia por su parte, había adquirido ya sus derechos para el cine.

            Jacobs, un publicista reconvertido en productor cinematográfico, contactó entonces con Rod Serling, un afamado guionista responsable de la serie televisiva En los límites de la realidady éste confeccionó una treintena de borradores en un solo año.

            Dos años después, harto de recibir negativas, Jacobs se reunió con una estrella de Hollywood que podía franquearle la entrada a algún gran estudio: Charlton Heston. Éste, complacido con el proyecto, propuso como director a Franklyn Schaffer, a cuyas órdenes acababa de rodar El señor de la guerra.

            Era el momento de contactar con Richard Zanuck, quien acababa de relevar a su padre al frente de la 20th Century Fox.

            A Zanuck le gustó mucho el proyecto pero le asustaba una cuestión lógica: hasta ese momento, las películas que incluían a actores disfrazados de simios habían sido siempre material de serie B, flirteando siempre con la posibilidad de caer en el más absoluto de los ridículos.

            Para diluir sus dudas, en 1966 se filmó una prueba en un decorado improvisado contando con Charlton Heston y Edward G. Robinson. Este último interpretó al líder de los orangutanes, el Doctor Zaius, con un maquillaje realizado sin demasiada antelación por Ben Nye, el jefe de maquillaje de la Fox James Brolin intervino también en la prueba, dando vida a Cornelius, un joven chimpancé.

            Aquello convenció definitivamente a Zanuck, que dio el OK para que se iniciara la producción.

 

ARGUMENTO DEL FILM

 

            “Éste será mi último informe antes de que lleguemos a nuestro destino –monologa el coronel George Taylor-. Hemos colocado los dispositivos automáticos y estamos a merced de los computadores. Mis compañeros duermen profundamente dentro de las cámaras y yo me acostaré enseguida. Dentro de una hora hará seis meses que partimos de Cabo Kennedy. Seis meses en el profundo espacio. Es decir, según el sistema solar. Según la teoría del doctor Hansley sobre el tiempo en un vehículo que viaja casi a la velocidad de la luz, la Tierra ha envejecido cerca de setecientos años”.

          

El planeta de los simios nave interior

 

              Taylor es pues el último en ocupar su lugar en la cabina. Varios años más tarde será despertado abruptamente cuando la nave que capitanea, al mando de otros dos tripulantes masculinos y de uno femenino, se estrella en las aguas de un lago perteneciente a un planeta desconocido.

            Un Taylor con barba y bigote (estaba perfectamente afeitado al encerrarse en su cámara) comprueba, junto a sus compañeros, que la mujer que completaba la tripulación murió al menos un año atrás, al abrirse una grieta en su cabina.

            Al punto, el agua comienza a penetrar a borbotones en la nave, por lo que han de volar la escotilla a fin de poder abandonarla, no sin antes advertir que la consola de a bordo señala el año 3978 según el tiempo de la Tierra, con la cual no logran conectar por carecer de la energía suficiente.

            Logran arriar una balsa de plástico y con ella alcanzan la escarpada orilla mientras la nave se hunde por completo en medio del lago.

 

El planeta de los simios nave hundida

 

            Ignoran dónde se encuentran –“a 320 años-luz de la Tierra, en un planeta desconocido en órbita alrededor de una estrella en la constelación de Orión”- y sólo cuentan con un densitómetro, un contador Geiger, una pistola, veinte cargas de munición, botiquín, una cámara y víveres y agua para tres días aunque tampoco conocen la duración de una jornada en ese planeta.

            Bajo un calor sofocante descienden montañas de roca negra, asisten a extraños fenómenos atmosféricos, cruzan paisajes desérticos y han de sortear varias piedras de gran tamaño que llegan rodando hasta ellos.

 

El planeta de los simios astronautas 3

 

            El descubrimiento de una pequeña planta les confirma la existencia de vida en el planeta mientras son vigilados por algunas figuras antropomórficas que se mueven muy por encima de ellos.

            Al llegar a una zona con vegetación, encuentran unos extraños espantapájaros en forma de equis. Suben hasta ellos entre desfiladeros rocosos y al fin ven una cascada que desemboca en un arroyo.

            Se desnudan y se lanzan al agua alborozados pero, mientras investigan las huellas de unas pisadas que parecen humanas, alguien les roba sus ropas. Siguiendo el rastro de sus propias prendas hechas jirones, llegan hasta un numeroso grupo de seres humanos que comen tranquilamente junto a lo que parece ser un maizal.

            De pronto, se oye un extraño sonido y todos huyen mientras hace su aparición un grupo armado que dispone de caballos. Sin embargo, no se trata de otros seres humanos sino de simios aunque visten de uniforme.

            Uno de los acompañantes de Taylor es abatido y él es alcanzado en el cuello por un disparo.

            El astronauta despierta poco después de que le sea realizada una transfusión de sangre y escucha atónito a dos chimpancés que hablan de él y del resto de humanos como si se tratara de animales.

            Son la doctora Zira y uno de sus colegas. Ella le bautizará como “ojos claros”, admirada de las singularidades que presenta el recién llegado, quien cubre su cuerpo con una manta y gesticula como si pretendiera hablar, llevándose las manos repetidamente a la herida garganta.

 

El planeta de los simios barrotes

 

           El influyente Doctor Zaius resta importancia a este hecho, considerándolo simplemente un acto de imitación.

            Poco después, se le “regala” la compañía de una bonita “hembra” a la que Taylor bautizará como Nova.

            Precisamente será su nueva compañera quien borre con la mano la frase que el astronauta escribe en el suelo con objeto de llamar la atención de los simios.

            Indignado, Taylor la aparta y ello provoca un violento enfrentamiento con otro de los “machos” de la tribu.

            “Ojos claros” es devuelto con brusquedad a su jaula mientras Zaius borra disimuladamente los restos de la frase que escribiera el astronauta.

 

CAMBIANDO LA NOVELA

 

            La primera y significativa diferencia del guión cinematográfico con respecto a la novela reside en la sustitución del mundo tecnológicamente avanzado que nos presentaba Boulle por una sociedad marcadamente primitiva.

            La razón de dicho cambio no obedeció a otro motivo que el financiero. De hecho, filmar edificios o vehículos futuristas hubiese supuesto un desembolso que la producción no estaba dispuesta a sufragar, razón por la cual se contrató a Michael Wilson (que también había colaborado en la adaptación al cine de “El puente sobre el río Kwai”) para que reescribiera el guión de Serling, adaptándolo a las nuevas necesidades.

            En cuanto al escenógrafo William Creber, se inspiró en una ciudad troglodita de la Capadocia turca para dar con la imagen del poblado de los simios en el que se desarrollaría la mayor parte de la acción.

 

El planeta de los simios poblado

 

            La película recrea pues una civilización simia rural carente de tecnología mientras que la novela nos presentaba un planeta Sóror en todo idéntico a la Tierra, salvo por el hecho de que quienes visten trajes, conducen coches, comen en restaurantes y trabajan en despachos profesionales son los simios en lugar de los seres humanos.

                En la novela, Ulises siempre es consciente de hallarse en un planeta extraño y lejano y anhela el regreso al que siempre fue su hogar. En el guión, por el contrario, Taylor desconoce por completo su situación en el cosmos hasta el espectacular desenlace de la película.

            La atmósfera de ambos relatos, excepción hecha del acoso al que son sometidos los seres humanos, guarda pocos puntos en común.

            Sí existen, como no podía ser de otro modo, puntos explícitos de conexión entre ambos textos.

            Por ejemplo, tanto en uno como en otro, los simios se dividen en castas:

            - Los gorilas integran los cuerpos de seguridad.

 

El planeta de los simios gorilas posando

 

            - Los chimpancés son los científicos.

 

el planeta de los simios chimpances

 

            - Los orangutanes, los jueces y políticos.

 

El planeta de los simios orangutanes

 

            En cuanto a los seres humanos, en ambos casos carecen de la capacidad de hablar y aparentemente de responder a lo que no sea mero estímulo animal.

            La especial relación que se establece entre el astronauta y la doctora Zira es otro de los elementos que se mantienen en todas las adaptaciones que se han hecho de la obra de Boulle.

 

POLÍTICA, CRÍTICA SOCIAL Y RELIGIÓN

 

            El planeta que Taylor encuentra presenta una sociedad que no sólo está articulada política y militarmente sino que ha incorporado el componente religioso, creando de forma literal un sistema de deidades (lógicamente, simias) que instaura la ortodoxia ideológica (castigando severamente a los herejes) e incluye el culto a los muertos (Taylor interrumpirá un funeral durante uno de sus intentos de fuga).

            Dicho sistema no duda en atribuir derechos de forma exclusiva a los simios, negándoselos de forma taxativa a quienes resultan ser “diferentes”, en lo que resulta una obvia metáfora del racismo imperante en la sociedad estadounidense y del pasado esclavista del país.

            Del mismo modo, hay quienes han querido ver en el juicio sumarísimo a Taylor, disfrazado de interrogatorio, la mano de Michael Wilson, quien de este modo recrearía su propia experiencia durante la “caza de brujas” llevada a cabo por el senador McCarthy, a principios de los años cincuenta, contra todo sospechoso de comunismo.

            En cuanto a la escena final, en la que prefiero no entrar por no desvelárselo a los pocos que todavía lo desconozcan, tiene para muchos un simbolismo en forma de desencanto hacia la política exterior norteamericana y las falsas expectativas depositadas en su capacidad de “pacificación”.

            Lo que resulta indudable es que los puntos de vista defendidos por los simios dirigentes, en especial por el doctor Zaius, resultan ciertamente fanáticos. Así, en respuesta al interés de la doctora Zira por los seres humanos, no tiene el menor empacho en afirmar:

            “El hombre come lo que encuentra en los bosques. Luego emigra hacia nuestras zonas verdes y destruye las cosechas. Cuanto antes sea exterminado, tanto mejor. Está en juego la supervivencia de los simios”.

 

El planeta de los simios playa

 

            La negativa consideración de los humanos por parte de la población simia apenas conoce excepciones: los niños simios gritan de terror cuando ven a Taylor correr por el poblado, los gorilas le tratan con una mezcla de brutalidad y desdén e incluso los simpáticos e intelectuales chimpancés se dedican a tirarle desperdicios cuando el astronauta intenta huir. Y su único delito consiste precisamente en ser un hombre.

            En cualquier caso, si algo pretendieron dejar claro en todo momento los autores del film es su intención de entretener por encima de cualquier otra consideración o interpretación. Y a fe que lo consiguieron.

 

ESCENAS EMBLEMÁTICAS

 

            Habría muchas escenas que destacar, de modo que me decanto por aquellas que más me llamaron más la atención la primera vez que vi la película. En concreto:

            - La aparición fulgurante de los simios a caballo, que rompe la armonía de los seres humanos mientras estos comen pacíficamente y demuestra a los astronautas recién llegados que no va a ser tan fácil erigirse en los “reyes” del lugar (por un momento incluso planea la sombra de “El hombre que pudo reinar” mientras escuchamos los ingenuos planes de Taylor y de sus dos compañeros).

 

El planeta de los simios humanidad

 

            - El segundo intento de huída de Taylor, al tener conocimiento de que Zaius ha ordenado que sea esterilizado. Tras intentar ocultarse inútilmente es capturado con una red pero, cuando se disponen a abalanzarse sobre él, la voz de Taylor ruge por primera vez, al fin curado de las heridas que le impedían hablar: “¡Quita tus sucias patas de encima, mono asqueroso!”. Un instante de una tensión dramática superlativa, a la altura del mismísimo final del film.

            - La escena final, que insisto en no querer revelar, constituye uno de esos escasos finales que se recuerdan para siempre por su contundencia y espectacularidad. Al mismo nivel de maestría que el de “Vértigo”, de Hitchcock. Tal como había pronosticado Zaius, Taylor encontrará, al final de su camino, lo que anda buscando pero ese hallazgo le sumirá en la desesperación.

 

“PARADOJAS” DEL GUIÓN

 

            Dada la temática del film, muchas de esas paradojas son de índole temporal pero no todas son de esa naturaleza, como veremos.

            - Lo primero que llama la atención es la datación. Según las propias palabras de Taylor, su ausencia de la tierra se prolonga durante un total de dieciocho meses, lo que se traduce en 2.031 años. La curiosidad estriba en que, de ser ello cierto, la nave habría abandonado Cabo Kennedy en el mismo 1968 en que se realizó la película y es evidente lo inverosímil que supone construir en esa época una nave que casi alcance la velocidad de la luz (algo que casi medio siglo después está muy lejos de conseguirse). En producciones posteriores se optaría por ubicar las películas de ciencia-ficción en una fecha sensiblemente posterior a la de su realización.

            - La nave aterriza brutalmente en las aguas de un lago. Sin embargo, a los astronautas les lleva más de un día deducir que hay vida en el desconocido planeta. No se cercioran de ello hasta que dan con una planta. ¿Desconocimiento en la época de la ecuación agua = vida o simple metida de pata?

            - Con eso y con todo, la más llamativa de las paradojas, por incidir en la vida real, es el hecho de que Taylor, el personaje que interpreta Charlton Heston, descubre con horror lo que las armas pueden llegar a destruir en manos de los seres humanos pero, al parecer, el actor no aprendió la lección pues en los últimos años de su vida ostentó el dudoso honor de presidir el “Club del Rifle” estadounidense.

 

LOS PERSONAJES

 

            Entre todos los personajes que presenta la película descolla el del coronel GEORGE TAYLOR, un hombre cínico y asqueado de la condición humana. Las palabras que dirige a las futuras generaciones que puedan escuchar su grabación, en el prólogo del film, no dejan lugar a dudas:

 

El planeta de los simios heston

 

            “¿Acaso los hombres, esa maravilla del Universo, esa gloriosa paradoja que me ha mandado a las estrellas, sigue combatiendo contra sus hermanos, dejando morir de hambre a los hijos de sus vecinos?”.

            Su actitud hacia la raza humana en general y hacia sus compañeros de expedición en particular oscila entre el desprecio y la indiferencia.

            “¿Estás preparado para morir? –pregunta a uno de ellos entre ácidas carcajadas- No se le podría haber ocurrido otra imbecilidad mayor. Anota otra victoria más del espíritu humano”.

            Únicamente cuando se vea irremisiblemente solo en su condición de ser humano parlante y pensante, entenderá la necesidad de sentirse próximo a sus semejantes pero para entonces ya será tarde pues su única oyente humana, NOVA, es incapaz no sólo de responderle sino probablemente incluso de comprender sus palabras.

 

El planeta de los simios Nova 2

 

            La muchacha parece ser poco más que un animalillo inofensivo. Hermosa sí pero aparentemente hueca, a tenor de su incapacidad para mostrar emoción alguna. Su docilidad anda pareja con su inexpresividad.

            El único personaje femenino relevante será pues el de la doctora ZIRA. Aunque simia, su feminidad se manifiesta en forma de una mayor empatía hacia el visitante. Algo que incluso su propio prometido parece no entender.

 

El planeta de los simios Dra Zira

 

            Dotada de una considerable inteligencia, la bondad y la integridad de Zira la sitúan muy por encima de sus compañeros varones. Y también su grado de compromiso y el valor que demuestra oponiéndose a la doctrina oficial y propiciando la huida de Taylor.

            En el film se pierde por completo la ambigüedad que presidía su relación con el astronauta en la novela. Aquí sólo llega a concederle un casto beso de despedida, acompañado del reprobatorio comentario: “Eres tan feo…

            El doctor ZAIUS, máxima autoridad de los simios, es por el contrario un personaje ladino y esquivo como buen político y está al tanto de la realidad desde el principio. Consciente del verdadero origen del astronauta, lo es también del riesgo que su mera presencia supone. Un riesgo anunciado por las profecías de sus antepasados, escritas siglos atrás.

 

El planeta de los simios Dr Zaius

 

            Su exceso de celo lo mueve a lobotomizar al compañero superviviente de Taylor y a pretender el total exterminio de la raza humana como único modo de preservar la vida en el planeta. No anda desencaminado…

            Por último, CORNELIUS, el prometido de Zira, fluctúa siempre entre su mente científica y una cierta incredulidad ante lo que la presencia de Taylor parece sugerir. Temeroso de ser acusado de herejía y de arruinar con ello su carrera (las amenazas del doctor Zaius son inequívocas), se dejará arrastrar por su novia más por lealtad hacia ella que por verdadera fe.

 

El planeta de los simios novio chimpance

 

 

FRANKLYN J. SCHAFFNER

 

            La de Schaffner es una trayectoria curiosa. Durante los primeros quince años de su carrera apenas hizo otra cosa que televisión y su único bagaje cinematográfico al encargarse de El planeta de los simiosse limitaba a un par de películas de cierta relevancia.

            En concreto, El señor de la guerra, un drama medieval interpretado también por Charlton Heston y Mi doble en los Alpes, un thriller coprotagonizado por Yul Brynner y la sensual actriz sueca Britt Ekland.

            La competente labor de Schaffner no tuvo continuidad en la saga, tanto por la ausencia tras las cámaras del director nacido circunstancialmente en Tokyo como por la manifiesta mediocridad de sus sucesores.

Sin embargo, en lugar de contribuir a la decadencia de la saga, Schaffner consagró sus últimos años a la realización de algunas joyas como:

            - Patton, la magnífica película bélica en la que George C. Scott inmortaliza al temperamental general estadounidense.

            - Papillon, en la que Steve McQueen mide sus fuerzas interpretativas con Dustin Hoffman.

            - Los niños del Brasil, inquietante thriller basado en la novela homónima de Ira Levin que interpretaron Gregory Peck, James Mason y Laurence Olivier.

 

 

EL PLANETA DE LOS SIMIOS - Parte II:

 http://rincondesinuhe.com/homepage-3/106-el-planeta-de-los-simios-parte-ii

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