ADIÓS MUÑECA

 

Un Philip Marlowe crepuscular

 

 

Adios muñeca Marlowe y la Rampling

 

 

PHILIP MARLOWE, ARQUETIPO DEL DETECTIVE “NEGRO”

 

Raymond Chandler es uno de los mayores autores de novela negra americana de la Historia. Sólo Dashiell Hammett le discute la supremacía en dicho campo. Con él comparte la feroz crítica hacia la sociedad estadounidense de la época, caracterizada por la corrupción, la discriminación racial, los crímenes impunes y la búsqueda indiscriminada del éxito y el dinero sin reparar en medios.

Sin embargo, a la sequedad de Hammett, Chandler opone una ironía que raya a menudo el sarcasmo, lo cual lo hace mucho más atractivo para un servidor.

Una de las mayores creaciones de Chandler es, cómo no, su saga dedicada al detective Philip Marlowe, un tipo duro, incorruptible, inteligente y seductor como cualquier detective privado que se precie de serlo.

Estas son las novelas que componen la singular saga y dejo al margen los relatos cortos y también los “homenajes” a cargo de otros escritores que hicieron suyo, por una vez, el personaje de Marlowe:

- El sueño eterno (1939).- En esta novela, Marlowe es contratado por el millonario general Sternwood a fin de que le ayude a sacar de un monumental lío a su conflictiva hija menor. Mientras se ocupa de ello, se enamorará de la hija mayor.

- Adiós, muñeca (1940).- El detective acepta el encargo de un ex convicto para encontrar a “su chica”, lo que dará inicio a un goteo incesante de crímenes.

- La ventana alta (1942).- En esta ocasión, Philip Marlow es contratado por una dama que pretende dar con un antiguo doblón de gran valor que le ha sido robado. Al parecer, la autora de dicho robo es la nuera de la cliente, quien también aspira a lograr el divorcio de su hijo “sin negociaciones”.

- La dama del lago (1943).- Un empleado de la industria del perfume contrata a Marlowe para que investigue la desaparición de su esposa, comenzando una vertiginosa aventura que incluye crímenes, relaciones extramatrimoniales, cambio de identidades y corrupción policial.

- La hermana pequeña (1949).- Una vez más, el detective es contratado para encontrar a alguien: en este caso a un fotógrafo que ha desaparecido en Los Angeles.

- El largo adiós (1954).- Marlowe investiga el presunto suicidio de Terry Lennox mientras éste estaba prófugo, acusado de asesinar a su esposa.

- Playback (1958).- Sorprendentemente, un Marlowe derrotado e incapaz de seguir escondiéndose tras su ingenio verbal, claudica casándose con una rica heredera.

- Poodle Springs (1959).- Incapaz de aceptar el final ofrecido a su héroe, Chandler intentó hacer marcha atrás con una nueva novela pero apenas pudo escribir un par de capítulos antes de que la muerte le sobreviniera. La novela fue completada por Robert B. Parker treinta años más tarde.

El propio Parker se animaría con una novela completa sobre las andanzas del simpar detective pero eso queda, en mi opinión, dentro del terreno de los homenajes.

 

RAYMOND CHANDLER, UNA VIDA DIGNA DE UNA NOVELA

 

Buceando en la vida de este escritor estadounidense, uno no tarda en apercibirse de lo singular que fue, de los vaivenes y sobresaltos que la jalonaron hasta el punto de hacerle acreedor a una novela que minimizaría a muchas otras basadas en personajes imaginarios.

 

Raymond Chandler

 

Sin ánimo de profundizar demasiado, destacaría las siguientes circunstancias:

- Nacido en Chicago en 1888, la separación de sus padres le llevó, junto con su madre, a Inglaterra, donde se crió.

- Su educación tuvo lugar a caballo entre la propia Inglaterra, Alemania y Francia.

- Trabajó como funcionario del gobierno británico y, más tarde, como periodista del London Daily Express y la Bristol Western Gazette.

- Tuvo otros trabajos como empleado de banca o ejecutivo de una empresa petrolífera aunque su experiencia en este último fue muy negativa: acusado de acoso sexual, fue despedido e intentó suicidarse por primera vez (en su vejez protagonizaría otros dos intentos).

- Se alistó en las Fuerzas Expedicionarias Canadienses para luchar en la Primera Guerra Mundial en suelo francés.

- Después de casarse con una mujer casi veinte años mayor que él y de regreso en Estados Unidos, se dedicó a escribir relatos pulp cuyo estilo guardaba escasa relación con los de sus coetáneos, a causa de ese cinismo del que siempre hizo gala.

- Aunque autor de muchos poemas y relatos, no escribió su primera novela (“El sueño eterno”) hasta 1939 cuando ya contaba 51 años.

- La excelsa calidad de la misma le impulsó a continuar con la saga de Marlowe y a convertirse en guionista pero básicamente de series para televisión.

- Falleció alcoholizado y víctima de una cruel depresión a los 71 años de edad. Cinco años antes había fallecido su esposa, con la que no tuvo hijos y, aunque las amantes menudearon, nunca llegaron a llenar ese vacío.

 

ADIÓS MUÑECA, EL FILM

 

Adios muñeca Marlowe al telefono

 

El detective privado Philip Marlowe se esconde de la policía en un cochambroso hotel, ya que le buscan en relación con una serie de violentos asesinatos que están convulsionando la ciudad de Los Angeles.

Será el propio Marlowe quien telefonee al teniente Nulty para citarse con él, a lo que el policía accederá pese a las recomendaciones que recibe en sentido contrario.

Reunidos en la habitación del hotel, el detective procede a participar a Nulty de la concatenación de circunstancias que le han llevado a la situación actual.

«Todo comienza cuando Marlowe se encuentra en una sala de baile, de la cual saca a una quinceañera que se ha escapado de casa.

Los padres de la muchacha esperan en un coche y no dudan en reprocharle a su hija el haber tenido que perderse “una cena maravillosa” para ir a buscarla.

Una vez los padres agradecen al detective su gestión y le pagan por su trabajo, la cría le hace partícipe de su propio agradecimiento, propinándole una patada en sus partes más sensibles.

Mientras el coche se aleja, un individuo enorme y malcarado, que ha contemplado toda la escena, se acerca al dolorido detective.

Tras asegurarse de que Marlowe no es policía sino detective privado, se presenta a él como Moose Malloy.

Apenas tienen tiempo de hablar cuando unos hombres disparan sobre ellos desde un coche. Sólo la resuelta acción del detective, que empuja a Moose al suelo, le salva a éste la vida aunque el hombretón no se inmuta siquiera.

De hecho, su interés por contratar los servicios del detective nada tiene que ver con el atentado que acaba de sufrir.

En realidad, lo que desea es que Marlowe encuentre a “su Velma”, a la que no ha visto desde hace siete años –los que él ha pasado en chirona- y de la que no sabe nada desde que ella dejó de escribirle hace seis.

Dado que el tipo no parece ser de los que encajan bien una negativa, Marlowe desoye su natural instinto y accede a acompañarle hasta el otro lado de la ciudad. Allí entran en el local de Florian, donde Velma trabajaba.

Sin embargo, esa zona de Los Angeles pertenece ahora a los negros, quienes no ven con agrado la incursión de los blancos en su territorio.

Moose comienza zarandeando al barman y ello empeora las cosas, por lo que uno de los matones del local golpea a Malloy. Éste no parece acusar el golpe y, en cambio, lanza a su agresor contra una pared como si se tratara de un pelele.

A continuación, el gigantón intenta interrogar a Montgomery, el orondo dueño del local, pero éste tiene la pésima idea de intentar sacar un revólver y ello le cuesta la vida.

Tras aconsejar a su cliente que desaparezca (“La policía podría pensar que ha abusado usted de su libertad condicional”), Marlowe se queda para esperar a los agentes y explicarles que la muerte se debe a un sencillo y diáfano caso de defensa propia.

Una vez aclarado el tema con el teniente Nulty, aunque éste le pide que Moose pase por la comisaría a declarar, el detective se deja caer por el hotelucho que se erige frente al local.

Allí interroga al anciano recepcionista, quien a cambio de unos dólares le informa de que en el inmueble vive Tommy Ray, un trompetista que tocaba en la orquesta del local de Florian cuando éste era todavía frecuentado por los blancos.

A través del trompetista, Marlowe llegará hasta la alcoholizada esposa del propio Florian, lo cual complicará más la trama.»

 

CREPUSCULAR, TÓPICO, SOMBRÍO… Y MAGNÍFICO

 

David Zelag Goodman fue el guionista encargado de adaptar la novela de Chandler a la gran pantalla. Un guionista poco prolijo pero no exento de brillantez, como demostrara en algunos de sus mejores trabajos:“Perros de paja” o “La fuga de Logan”.

La introducción a “Adiós, muñeca” nos marca, con pulso firme, el tenor del mismo; un Marlowe maduro mira a través de la ventana de un hotelucho mientras reflexiona. Sus pensamientos, que nos llegan a través de una voz en off, nos ponen rápidamente en situación.

La primavera pasada –dice la voz- fue la primera en que me sentí cansado, dándome cuenta de que empezaba a envejecer. Quizás tuvo la culpa el asqueroso tiempo que habíamos padecido en Los Angeles o los no menos asquerosos casos que había tenido; dar caza a maridos huidos y, una vez hallados, dar caza a sus mujeres para que me pagaran.

Los pensamientos del detective seguirán llegándonos a lo largo de toda la película en esa misma forma artificiosa y no siempre acertada (en La edad de la inocencia, por poner un ejemplo, el uso de la voz en off constituía una absoluta catástrofe) pero que en este caso nos ofrece el cínico retrato del Marlowe crepuscular al que aludía en el título de este artículo.

El detective ya no es tan joven, sus casos han pasado a ser mediocres y sórdidos, sus reflejos ya no son los de antaño y, aunque todavía le queden vestigios del seductor que fue, acaba siendo él el seducido en esta ocasión.

El propio Marlowe se sorprende a sí mismo pensando lo siguiente mientras avanza por un oscuro y desvencijado pasillo en un inmundo hotelucho:

El sitio era de esos que me horroriza pensar que pudiera acabar en ellos, solo y arruinado.

Paralelamente asistimos a un fresco del Los Angeles de los años cuarenta (así como L.A. Confidential, de James Ellroy, lo era de los cincuenta): una ciudad en la que el crimen organizado (y también sin organizar) campa a sus anchas y en la cual resulta tan fácil ser abatido por los delincuentes como por las presuntas fuerzas del orden.

Así, por ejemplo, los negros viven en su propio ghetto, en la zona más deprimida de la ciudad y los crímenes de que son objeto rara vez son resueltos.

En ese sentido resulta de lo más reveladora la réplica que los policías dan a Marlowe cuando éste les afea el hecho de haber llegado más de media hora después de que él les llamara dándoles cuenta de un asesinato:

No se preocupe, Marlowe. Otro homicidio de negros. No habrá ni una línea en los periódicos ni fotos ni nada.

La acción también nos mostrará algunos prostíbulos en los que el glamour brilla por su ausencia y una sucesión de hoteles a cuál más destartalado y sórdido.

 

Adios muñeca Marlowe y una testigo

 

Todo lo cual contribuye a ubicarnos, de modo un tanto tópico, en una ciudad donde impera el hampa y en la cual las autoridades apenas hacen algo para revertir la situación, dedicados a sus propias intrigas en busca del poder y del dinero fácil.

Por extraño que pueda parecer, los lugares comunes de los que usa y abusa el film, los ambientes sombríos, los crímenes que se acumulan, la femme fatale de la historia (a la que en esta ocasión no interpreta Lauren Bacall pero sí una espléndida Charlotte Rampling), los tiroteos desde los coches, el compadreo entre el detective privado y el policía veterano y un cierto sabor a serie B otorgan a “Adiós, muñeca” una pátina especial, un encanto del que sin duda carecería de haber sido otros sus postulados.

Ocurre, por tanto, algo similar a lo que acontecía con “El sueño eterno”. En aquella ocasión, la trama se volvía inextricable, con una sucesión ininterrumpida de personajes que entraban y salían de la historia contribuyendo no a esclarecer sino a emborronar más todavía los hechos.

Si en aquella ocasión la práctica imposibilidad de desentrañar el guión no redundaba en ningún momento en detrimento de la película, aquí acontece otro tanto. Incluso podría afirmarse que en el tono deliberadamente tópico y a la vez crepuscular de la historia reside uno de sus principales aciertos.

En no tomarse a sí misma demasiado en serio y en burlarse de modo explícito de sus propios planteamientos. La trama no es un dechado de originalidad (antes el contrario) y tampoco abundan los golpes de guión, sustentado siempre en la ironía de los diálogos, por lo que hemos de quedarnos con la atmósfera. Y ésta se consigue de forma magistral en el film.

En cualquier caso, es en la propia actitud de Marlowe, en su cansancio y su atisbo de vejez que no hacen otra cosa que estimular su cinismo, donde tenemos la clave del film: ni en sus momentos de mayor dolor físico o desorientación sensorial abandona ese tono marcadamente socarrón e irónico. La marca de fábrica.

 

UN PAR DE CURIOSIDADES

 

Entre las cuestiones que más me han llamado la atención se encuentran las siguientes.

- Como en cualquier otra época, el deporte se utiliza como cortina de humo ideal que encubra los problemas políticos, sociales y económicos y así, los éxitos del bateador de los New York Yankees Joe DiMaggio constituyen uno de los principales pensamientos del protagonista y uno de sus temas de conversación más recurrentes. Los progresos de DiMaggio en pos de un récord mítico incluso marcan el tempo durante buena parte del film.

- Cuando Marlowe telefonea a la comisaría, al principio del film, el teléfono con el que pide a la operadora que le pasen no comienza con el sempiterno 555 sino que la dirección con la que pide comunicarse es “Richmond 4421”. Evidentemente, esta convención concerniente a los números de teléfono que pueden aparecer en las películas estadounidenses data de una fecha posterior.

 

EL DIRECTOR

 

Dick Richards es un casi completo desconocido que sólo dirigió siete películas en toda su carrera, siendo ésta, de lejos, la más destacada de esa media docena larga.

Se retiró del cine –también había sido productor en un par de ocasiones-, cumplidos los cincuenta, en 1986, tras finalizar una anodina comedia protagonizada por Burt Reynolds.

Y, aunque todavía vive, no ha vuelto a tener contacto alguno con el mundo del celuloide, lo cual es ciertamente inhabitual.

Por aquel entonces apenas había dirigido un western poco destacado y una comedia con Alan Arkin.

Sus otros films relevantes, todos ellos posteriores a “Adiós, muñeca” fueron:

- “Marchar o morir”, un drama bélico con nada menos que Gene Hackman, Terence Hill, Max Von Sydow y la bellísima Catherine Deneuve.

- “Un hombre, una mujer, un hijo”, otro drama en este caso protagonizado por Martin Sheen.

 

ROBERT MITCHUM

 

Antepondría a todo el elenco por su protagonismo a un excelente Robert Mitchum que frisaba la cincuentena y que aporta al personaje de Marlowe no sólo su destacada fisionomía –Mitchum andaba por el metro noventa de estatura y casi noventa kilos de peso- sino también ese aire entre taciturno e irónico que tan bien le va en esta ocasión al personaje.

De su mano, Marlowe se nos muestra como un tipo tan ingenioso como inteligente. Consciente de su capacidad y de sus limitaciones pero también cansado de cuanto le rodea, de haberse convertido poco menos que en un “huelebraguetas” como diría nuestro Pepe Carvalho patrio.

La imagen que el autor ofrece de Marlowe -un hombre entrado en años y pese a su poderoso físico, ya algo “fondón”- contribuye a intensificar la sensación de “cuesta abajo” que en todo momento pretende dar la película acerca de su protagonista.

En cuanto a Mitchum, personalmente siempre le he incluido en el grupo de los Kirk Douglas, Burt Lancaster y compañía: actores con oficio, con presencia, de los que se comen la pantalla a pesar de su escaso academicismo.

 

Robert Mitchum

 

Todos ellos son antiguas reliquias de un star system que ya no existe pero que se nutría de su sólido y rocoso aspecto para amalgamar sueños y dar vida a muchas historias que no serían las mismas sin ellos.

Por aquel entonces, Mitchum era ya una leyenda viva (en la mencionada “L.A. Confidential” aparece como uno de los ilustres de Hollywood arrestados por Jack Vincennes) que había intervenido en casi un centenar de producciones.

Sus éxitos eran ya decenas, destacando títulos como:

- “Retorno al pasado”.- Otro film negro, en realidad muy superior a éste que hoy nos ocupa, dirigido por Jacques Tourneur y con Kirk Douglas como compañero de reparto. La “chica de la película” era Jane Greer. En esta ocasión Mitchum interpretaba a otro detective ya retirado al cual la aparición de un viejo conocido obligaba a rememorar su turbio pasado.

- “El gran robo”.- De nuevo un film “noir” y otra vez junto a Jane Greer, en esta ocasión bajo la dirección de Don Siegle. La curiosidad de este film reside en la presencia, interpretando a un inspector de policía, del galán Ramon Novarro. Aquí Mitchum da vida a un hombre acusado injustamente de robo, que se ve obligado a huir mientras persigue a su vez al verdadero ladrón en compañía de la abandona novia de éste.

- “Una aventura en Macao”, otra más de cine negro, no especialmente destacado pero por la que siento un cierto e inexplicable cariño. Jane Russell y Gloria Graham constituían la destacada compañía femenina de Mitchum en un film en el que él llegaba como un aventurero a la turbulenta Macao y era tomado por el cacique del lugar como el policía que habrían enviado a detenerle.

- “Cara de ángel”.- ¿Lo adivináis? En efecto, sigue siendo cine negro. Con Jean Simmons de partenaire en esta ocasión. Un enfermero (el propio Robert) atiende a una dama que al parecer ha intentado suicidarse. Sin embargo, la impresión que extrae es que más bien se trata de un intento de asesinato.

- “Río sin retorno”.- Uno de los muchos westerns en que intervino el bueno de Robert y en el que coincidió nada menos que con Marilyn Monroe. Él es un ex pistolero que vive tranquilamente junto a su hijo en una llanura desierta hasta que dos fugitivos de los indios vendrán a turbar esa paz.

- “La noche del cazador”.- Una obra maestra con la que volvemos al “noir” y que en este caso dirigió magníficamente el también actor Charles Laughton (inolvidable abogado defensor en “Testigo de cargo”). Bob da vida a un convicto que recibe una importante confidencia de su compañero de celda antes de que éste sea ajusticiado.

- “Sólo Dios lo sabe”, la mítica película de John Huston que reúne al propio Mitchum junto a Deborah Kerr como únicos supervivientes de un naufragio en una isla desierta en plena Segunda Guerra Mundial; él es un infante de marina y ella una novicia.

- “Con él llegó el escándalo”.- Un melodrama dirigido por Vincente Minnelli en el que también intervenían Eleanor Parker, George Peppard y George Hamilton y en el que el actor interpreta el papel de un poderoso hombre de negocios de pésima reputación en una ciudad sureña.

- “Tres vidas errantes”.- Film de aventuras dirigido por Fred Zinnemann en el que coincidió de nuevo con Deborah Kerr y en el que también intervenía Peter Ustinov. Mitchum interpreta aquí el papel de un padre de familia que, a instancias de su esposa, decide plantar raíces en Australia y abandonar su vida errante y sin complicaciones. A partir de entonces sí las tendrá.

- “El cabo del terror”, thriller en el que Bob interpretaba el papel de un ex convicto que va en busca del abogado que “le falló” (Gregory Peck). La cinta vio años después un remake –“El cabo del miedo”- en el que Robert De Niro retomaba el papel de Mitchum.

Éste volvería a interpretar el personaje de Philip Marlowe en “Detective privado”, dirigida por Michael Winner apenas tres años después y que era en realidad un remake de “El sueño eterno” que popularizara Bogart, ocupando Sarah Miles el lugar de Lauren Bacall.

 

EL RESTO DEL ELENCO Y SUS PERSONAJES

 

En una película en la que todo el protagonismo es acaparado avariciosamente por el personaje del detective, no dejan de tener su importancia algunos otros:

- Moose Malloy.- El gigantesco actor Jack O’Halloran, famoso por encarnar a uno de los tres villanos de “Superman II”, debutaba en el cine dando vida a este gangster de muy limitada inteligencia pero con una determinación a prueba de bomba a la hora de dar con “su chica” a pesar de la evidencia. Y es que, como bien le indica Marlowe al principio del film, “seis años son muchos años” para olvidarse de escribir a alguien.

 

Adios muñeca Marlowe y el maton

 

- Detective Nulty.- El veterano John Ireland (casi dos centenares de trabajos a sus espaldas, con una carrera especialmente enfocada hacia la televisión) interpreta a este policía que no sucumbe al clima de corrupción generalizado y que en el fondo encuentra más puntos en común con Marlowe que con sus propios compañeros de departamento.

- Helen Grayle.- La indudablemente atractiva Charlotte Rampling, que nunca acabó de librarse del todo de su imagen en “Portero de noche”, es la femme fatale de la función con un aire que, como queda dicho, recuerda poderosamente al de la felina Lauren Bacall. Muy probablemente más guapa y femenina que ella pero también con un menor magnetismo. Aun así, la Rampling sale airosa de un papel con ciertas aristas y resulta indudablemente atractiva aunque también manifiestamente tópica debido a lo arquetípico de su papel.

 

Adios muñeca Charlotte Rampling

 

 

UNOS DIÁLOGOS MEMORABLES

 

A modo de simple ejemplo de lo que es el tono sarcástico que preside la atmósfera del film y dejando al margen aquellos diálogos que guardan relación con el desenlace de la historia, destacaría los siguientes fragmentos de la primera mitad de la misma:

A) El teniente Nulty llama a la puerta de la habitación de Marlowe:

- ¿Quién es?–pregunta el detective.

- Blancanieves –responde el agente, con voz ligeramente atiplada.

- ¿Con o sin los enanitos?

- So-li-ta

B) Marlowe rechaza la propina con que los padres de la quinceañera “recuperada” pretendían acompañar a los “28 dólares más otros 5 de gastos” que les reclama el detective:

- No acepto propinas por encontrar críos. Por animales sí: 5 dólares por perros y gatos y 10 dólares por elefantes.

C) La voz en off del propio Marlowe nos describe gráficamente su primer encuentro con Moose Malloy, una vez recibida la patada en los genitales por parte de la chiquilla “recuperada”:

- Estaba intentando restablecer el orden por debajo de la cintura cuando se me acercó un sujeto del tamaño de la Estatua de la Libertad.

D) Tras el “incidente” en el local de Florian, Marlowe espera al teniente Nulty y sus hombres y, cuando estos llegan al fin, les espeta:

- Ahí lo tienen, muchachos: grande, gordo y fiambre.

Y, dirigiéndose, al teniente: Treinta y cinco minutos, no está mal para un asesinato. Suerte que no fue algo serio.

 

MARLOWE EN EL CINE

 

Para cerrar este análisis, me parece interesante destacar a los actores que han dado vida, con mayor o menor acierto, al personaje de Philip Marlowe a lo largo de la Historia del Cine, prescindiendo de las interpretaciones para la pequeña pantalla.

En síntesis pues:

- Dick Powell fue el primero en interpretarlo, en “Historia de un detective”.

- Humphrey Bogart. en la inolvidable “El sueño eterno”.

- Robert Montgomery en “La dama del lago”.

- George Montgomery en “The Brasher Doubloon” (nombre de la moneda que Marlowe buscaba en “La ventana alta”).

- James Garner en “Marlowe, detective muy privado”.

- Elliott Gould en “Un largo adiós”.

- Robert Mitchum en “Adiós, muñeca” y “Detective privado”.

 

LA EDICIÓN DE LLAMENTOL

 

 

Adiós muñeca

 

 

En una edición desprovista por completo de extras, cabe al menos reconocerle una imagen intachable en 4:3 Fullscreen (la película se filmó en color, ya que es de 1975) y un correcto sonido en Dolby Digital 2.0 (tanto en español como en inglés) que permite apreciar los magníficos diálogos.

Además de la elegante presentación que preside este artículo.

Una curiosidad final: la edición del dvd no está adscrita a Zona 2 sino a la 0, lo que en la práctica significa que puede reproducirse en cualquier lector de dvds aquí o en cualquier otro país aunque se halle en otro continente.

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