GREYSTOKE

 

Una aproximación al mito de TARZÁN

 

 

Greystoke con los monos

 

 

 

ANTECEDENTES

 

            La novela “Tarzán de los monos”, de Edgar Rice Burroughs, fue la primera de una larga saga a la que seguirían “El regreso de Tarzán”, “Las fieras de Tarzán”, “El hijo de Tarzán” y un largo etcétera de entregas posteriores.

             Existe un enorme desnivel entre la calidad literaria de la primera de ellas (mucho más estimable de lo que se pueda creer) y la de todas sus secuelas.

              De éstas, sólo se atisba algún interés en las tres ya citadas y prácticamente ninguno en las posteriores, donde Tarzán tan pronto aparece enfrentándose a los alemanes entre trincheras africanas como descubriendo civilizaciones prehistóricas en lejanos rincones de la selva.

            Sin embargo, ese “Tarzán de los monos” que tantas alegrías acabarían deparando al señor Burroughs (autor también de dos sagas de ciencia-ficción: Barsoom -ambientadas en Marte- y Pellucidar -que tienen lugar en el centro de la Tierra-), aunque siempre ha contado con el interés del cine, ha visto sistemáticamente traicionada su filosofía con pastiches que poco o nada tenían que ver con su contenido literario.

            El ejemplo más evidente lo constituyen las películas protagonizadas por Johnny Weissmuller, un nadador estadounidense de origen alemán (ganador de cinco medallas de oro olímpicas, para más señas) con escasas dotes interpretativas, por muy románticas que puedan resultar para el gran público sus correrías selváticas en compañía de Jane (púdicamente ataviada con un bikini casero por exigencias de la censura) y de la simpar mona Chita.

            Curioso lo de este último personaje, que no aparece en ninguna de las novelas de la larga saga de Burroughs y que constituye una “aportación” puramente cinematográfica.

            La cuestión es que, dejando de lado algunos experimentos que dejan todavía peor parada la creación literaria –como las cinco películas protagonizadas por Lex Barker (el primer marido de Tita Cervera) o “Tarzán, el hombre mono”, la pseudoerótica protagonizada por Bo Derek y Richard Harris-, la novela nunca ha tenido un tratamiento digno en la gran pantalla.

            Y quizás el primer intento serio de hacerle justicia es este “Greystoke”, dirigido por el estadounidense Hugh Hudson en 1984 y que a continuación pasamos a ver más detalladamente.

 

LÍNEA ARGUMENTAL

 

            El joven matrimonio compuesto por Lord Clayton, un aristócrata escocés, y su esposa Lady Alice, que se halla en avanzado estado de gestación, parte a África, donde él ha de cumplir una misión especial.

            Sin embargo, el barco en el que viajan naufraga en una zona inhóspita del África Occidental, sobreviviendo únicamente el matrimonio.

            Pronto construyen una rústica choza para protegerse de los animales y la vida se convierte en un infierno de miedos y privaciones.

            Lady Alice enloquece tras un parto muy complicado, lo que le hace más llevadera su mísera existencia, y muere pocas semanas después.

            El mismo día en que esto sucede, un enorme mono entra en la cabaña y acaba con la vida de su esposo.

            Kala, una mona que acaba de perder a su hijito al caérsele desde lo alto de un árbol en medio de una batalla ritual, oye llorar al niño en su cuna. Se produce entonces un encuentro mágico, un imponderable flechazo entre la mona antropoide y el niño escocés. Kala recoge al niño y lo amamanta, arrojando el cadáver de su propio hijo.

            Desde entonces, el niño vivirá y crecerá como un simio más, a pesar de las enormes diferencias físicas e intelectuales.

 

Greystoke Tarzan bebe

 

            Aprende así a expresarse con gruñidos y gestos simiescos, a asear a sus hermanos quitándoles piojos y garrapatas y a hurgar en las cortezas podridas y húmedas de los árboles en pos de hormigas y gusanos.

            El muchacho conoce por primera vez el dolor que produce la muerte cuando su madre adoptiva es asesinada por un indígena, que la atraviesa con sus flechas mortíferas.

            Con los años, la fuerza y la fama de Tarzán crecen en la selva y se convierte en un gran cazador sin más ayuda que la de un triste cuchillo.

 

Greystoke mata a una pantera

 

            Mucho tiempo después, una expedición geográfica inglesa es atacada por una horda de caníbales que los masacra y Tarzán logra salvar a uno de los expedicionarios, un oficial belga llamado D’Arnot.

            Con sus pobres conocimientos pero con una gran tenacidad, consigue que supere las feroces fiebres y, cuando se recupera, el belga le enseña a hablar en francés.

 

Greystoke aprendiendo a afeitarse

 

            Un día, D’Arnot descubre que las fotografías que guarda el medallón de Tarzán corresponden al desaparecido John Clayton, Lord Greystoke, y su esposa, con lo que se desvela el origen aristócrata del extraño mono blanco.

            Decide entonces llevar a Tarzán al mundo al que pertenece y juntos emprenden una larguísima y accidentada marcha, que les lleva hasta una colonia de hombres blancos, en la que Tarzán descubre que la maldad no conoce colores de piel.

            Por fin, llegan a la mansión de los Clayton en Escocia y el abuelo de Tarzán lo recibe con grandes muestras de cariño. También la ahijada de éste, la bellísima Jane Porter, siente una inmediata simpatía por el joven.

 

Greystoke con el abuelo

 

Greystoke elegantes

 

            No obstante, la vida de Tarzán entre los seres humanos no será plácida.

 

DE LA NOVELA AL GUIÓN

 

            Con sólo echar un vistazo al resumen argumental ya se puede concluir fácilmente que existen notables diferencias entre la novela de Burroughs y el guión de Robert Town.

            Para empezar, se elude toda mención al motín acaecido a bordo de la embarcación que transporta a los Porter, que aquí sencillamente son víctimas de un naufragio.

            Tampoco se hace referencia al Tarzán autodidacta que logra, con ayuda de los cuentos que encuentra en la cabaña de sus malogrados padres, aprender a leer y a escribir. Es decir, a reconocer los dibujos y relacionarlos con las letras –u hormigas- que los representan y también a exponer conceptos básicos mediante caracteres igualmente escritos.

            Quizás esta ausencia se deba al hecho de que no se trata de una secuencia demasiado visual o tal vez sea achacable a su falta de verosimilitud.

            Otra diferencia más: cuando, en la novela, Kala es abatida, Tarzán toma cumplida venganza mientras que en la película se limita a llorarla.

 

Greystoke aullando en un arbol

 

            Sin embargo, la diferencia esencial y que más deploro es la completa supresión de la expedición que llevaba a Jane y a su padre a la selva de Tarzán. Esa fascinación mutua del muchacho que ve por primera vez a una mujer (y a una mujer hermosa además) y de la joven que se ve repetidamente salvada por un salvaje cuya nobleza, valor y belleza física la sumen en una completa confusión, sólo tienen un reflejo muy pálido en el encuentro entre ambos en la Escocia de la película.

            Aparte del hecho de que las secuencias más atractivas e intensas de toda la novela (y, por añadidura, de toda la saga) tienen lugar durante la estancia de los Porter en tierras africanas.

            En cualquier caso, desde que D’Arnot decide llevar consigo a Tarzán a la civilización, la película se separa de forma total y definitiva de su fuente literaria.

            No se le puede negar, en todo caso, un intento consciente de recuperar la atmósfera de la historia e incluso se podría apelar a la mayor verosimilitud de la visión que ofrece pero, con eso y con todo, la gran cantidad de licencias argumentales que se toma dan como resultado una historia totalmente distinta aunque similar en el planteamiento inicial.

            Por cierto, que una parte significativa de las diferencias cabe atribuírselas al equipo que “retocó” a posteriori el guión de Town.

Tan descontento quedó el guionista con esas “diferencias creativas” con el estudio que, pese a ser nominado al Oscar al Mejor guión adaptado (que no ganó), firmó su trabajo con el nombre de su perro, P. H. Vazak, que es el que aparece en los créditos.

 

EQUIPO TÉCNICO E INTÉRPRETES

 

            Sobre el director, Hugh Hudson, debo señalar que únicamente salvaría de su breve trayectoria la película de la que ahora hablamos y quizás “Carros de fuego” aunque me enerve el uso excesivo que hace en ella de la cámara lenta.

En cualquier caso, al realizador londinense se debe el dudoso honor de haber perpetrado la espantosa y deprimente “Soñé con África”, uno de los peores engendros jamás gestados en el que Kim Basinger se hunde con todo el equipo y cuya mera comparación con el mítico film de Sydney Pollack resultaría un insulto.

Casualidad o no, fue el último largometraje de Hudson, a quien probablemente se le quitaron las ganas de seguir a la vista de los resultados.

            Volviendo a su aproximación al mito de Tarzán, cabe destacar que, lejos del escenario de cartón-piedra en los que se movía el ya citado Johnny Weissmuller, “Greystoke” muestra, con una fotografía simplemente soberbia –a cargo del británico John Alcott-, los paisajes exuberantes y malsanamente húmedos de la selva (rodados en Camerún) y, por contraposición, lo bucólico de la campiña escocesa en la que se ubica la mansión de los Greystoke.

 

Greystoke paisaje

 

            John Scott firma la magnífica partitura del film, que curiosamente sólo cuenta con una edición “no oficial” en cd aunque –eso sí- de considerable calidad.

            Aunque argumento y diálogos no resulten excesivamente brillantes (lo que puede resultar chocante habida cuenta la candidatura al Oscar del guión) sí cabe destacar la arriesgada interpretación de un CHRISTOPHER LAMBERT en uno de los escasos papeles relevantes de su deficiente filmografía (que, además, suele resultar “veneno para la taquilla”).

 

Greystoke Tarzan

 

 

            Lo curioso es que el de Tarzán era su primer papel significativo en la gran pantalla y su buen hacer auguraba quizás una trayectoria más exitosa. Sin embargo, pese a que tan sólo dos años más tarde protagonizó “Los inmortales”, junto a Sean Connery, Lambert presenta una hoja de servicios francamente devastadora.

            Junto a películas de acción que, en el mejor de los casos, pueden calificarse de olvidables -como “Subway: en busca de Freddy”, El siciliano”, “Fortaleza infernal”, “Con el arma a punto”, “Gunmen”, “Presa de la secta”, “Mortal Kombat” o “Absolon”- ha alternado thrillers endebles como “Jaque al asesino” (con el ajedrez como leitmotiv) o literalmente inverosímiles como “I love you” (donde resulta fascinado por… un llavero) y hasta un alucinante engendro de aventuras seudohistóricas titulado “Druidas”.

            Eso sí, el bueno de Lambert no ha perdido la ocasión de meterse nada menos que en tres (innecesarias) secuelas de “Los inmortales”.

            Volviendo al film de Hudson, éste significaría también la primera aparición en el cine de una bellísima actriz, ANDIE MacDOWELL en la bonita piel de Jane Porter.

 

Greystoke pasion 3

 

            Precisamente una de las anécdotas más conocidas de “Greystoke” es el hecho de que, una vez montada la película, el equipo técnico de la misma decidió sustituir la voz “demasiado sureña” de Andie MacDowell y “doblarla” con la de Glenn Close, lo que provocó un airado y comprensible enfado por parte de la incipiente actriz.

            Cinco años después, la espléndida “Sexo, mentiras y cintas de video” de Soderbergh la catapultaría a un nuevo status en el que comenzaría a recibir ofrecimientos para proyectos más interesantes.

            Luego vendría la simpática aunque inverosímil “Matrimonio de conveniencia”, en torno a una boda urdida entre dos desconocidos, enlace del cual ella obtendrá el alquiler de un apartamento de ensueño en tanto que él (Gerard Depardieu) evita la deportación a su Francia natal. Por desgracia para ambos, la desconfianza del Departamento de Inmigración (la siniestra “Migra”) provocará que tengan que conocerse a toda prisa para evitar funestas consecuencias.

            Después de una desafortunada racha en la que la actriz encadenaría una decisión errónea tras otra –el fallido drama “Objeto de seducción” junto a John Malkovic, una comedia sin ninguna gracia llamada “El gran Halcón” coprotagonizada por Bruce Willis o el thriller “Ruby Cairo” junto a unos Liam Neeson y Viggo Mortensen a años-luz de su status actual-, llegaría la divertida “Atrapado en el tiempo”, de Harold Ramis y con Bill Murray como partenaire en una comedia fantástica que muchos recordaréis por su título americano: “El día de la marmota”.

            Andie tendría que esperar a la brillante “Cuatro bodas y un funeral” para recibir el espaldarazo definitivo en su carrera. Curiosamente, vendría de la mano de una producción británica y rodeada de actores ingleses como Hugh Grant, que también alcanzaría el éxito con este film.

            Luego vendrían otros éxitos como la comedia “Mis dobles, mi mujer y yo” (de nuevo a las órdenes de Harold Ramis) o el drama bélico “Las flores de Harrison” que recrea la durísima Guerra de los Balcanes.

            Justo es reconocer que en los últimos años, Andie ha alternado algún que otro acierto (el drama canadiense “Daydream nation”) con bastantes fracasos más o menos sonados (el absurdo thriller “Cuatro mujeres y un destino”, la comedia “La Musa”, la coral “Enredos de sociedad” donde interpreta un papel particularmente desafortunado) pero ahí quedan, en cualquier caso, unos cuantos títulos magníficos para la posteridad.

            En el papel del capitán D’Arnot encontramos, por cierto, nada menos que a IAN HOLM, muchos años antes de convertirse en el inolvidable Bilbo Bolsón en la mítica trilogía de “El Señor de los Anillos”.

 

Greystoke DArnot 2

 

            Holm, veterano actor presente en más de un centenar de largometrajes, cuenta en su espectacular filmografía con títulos tan destacables como “María, reina de Escocia” (en la que Vanessa Redgrave interpreta a María Estuardo), “Robin y Marian” (junto a Sean Connery y Audrey Hepburn, dando vida al rey Juan “sin tierra”), “Alien, el octavo pasajero” (en el film de Ridley Scott da vida al androide que hace las veces de oficial científico), la ya citada “Carros de fuego”, la comedia de aventuras pergeñada por el “Monty Pyton” Terry Gilliam “Los héroes del tiempo” “La locura del rey Jorge”, “El quinto elemento”, “El dulce porvenir” (un destacable drama de Atom Egoyan) o “Desde el infierno” (junto a Johnny Depp en lo que es casi un remake de “Asesinato por Decreto”).

            Además de prestar su voz para el protagonista de la cinta de animación “Ratatouille”, el actor también ha participado a lo largo de su dilatada carrera en algunas de las más recordadas series para televisión como “Jesús de Nazaret” y “Holocausto”.

            RALPH RICHARDSON, que en el film interpreta al senil pero entrañable abuelo del protagonista, falleció poco después de finalizar el rodaje, por lo que la película lleva una dedicatoria expresa. Por otra parte, su magnífica labor como secundario le valió una nominación póstuma al Óscar aunque no se le otorgaría finalmente el galardón.

 

Greystoke El abuelo

 

            Entre la infinidad de papeles dedicados al cine por Richardson me decanto personalmente por los que compuso para “Las cuatro plumas” (la versión de 1939), “Ana Karenina” (nada menos que con Vivien Leigh), el magnífico thriller “El ídolo caído”, la obra maestra “La heredera” (con Olivia de Havilland y Montgomery Clift), la histórica “Ricardo III” dirigida y protagonizada por Lawrence Olivier, la épica “Éxodo” (de Otto Preminger y protagonizada por Paul Newman), su breve pero intenso papel en el prólogo de “El dragón del lago de fuego” y la ya citada “Los héroes del tiempo”, en la que coincidió con Ian Holm y Sean Connery.

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