BRUBAKER

 

Junto a "Cadena perpetua", la cima del drama carcelario

 

 

Brubaker Redford

 

 

 

EL DRAMA CARCELARIO, UN SUBGÉNERO EN ALZA

 

            El ámbito carcelario ha sido una fuente interminable de inspiración para novelistas y guionistas por cuanto constituye un contexto muy peculiar, abonado sobre todo al drama.

            Asistir a la diaria existencia de unas personas enclaustradas contra su voluntad, permanentemente añorantes de la libertad y expuestas al abuso tanto de quienes supervisan su encierro como de quienes lo comparten, es un ejercicio que tiene algo de voyeurismo.

            Bien mirado, el drama carcelario entendido como subgénero hasta constituye un notorio antecedente de los realities que se basan en la convivencia forzosa de un grupo de seres que apenas tienen nada en común, lo cual origina un número interminable de conflictos. Al menos, los sujetos que se prestan a participar en inventos del tipo “Gran Hermano” lo hacen de forma voluntaria y son retribuidos monetariamente por ello (y también de otras formas que nunca alcanzaré a comprender).

            En cualquier caso, dejando al margen el hecho de que los reclusos suelen serlo por alguna razón (exceptuando los errores judiciales, que haberlos haylos) y que algunos de los participantes en los realities televisivos son tan acreedores o más al encierro forzoso que muchos de quienes conforman la población reclusa, lo cierto es que ver a un grupo de seres humanos condenados a estar encerrados juntos suele despertar un gran interés.

            Por otra parte, en las cárceles asistimos a un cambio total y absoluto de códigos. Lo que en la calle puede resultar inadmisible, en las prisiones son el pan nuestro de cada día. Pero más allá de los conflictos específicos que se originan entre los presos o entre estos y los guardias que los vigilan o los funcionarios y alcaides que regulan las condiciones de su encarcelamiento, en este ámbito también se dan otro tipo de condicionamientos.

            Si hemos de hacer caso a lo que estos novelistas y guionistas nos cuentan, la cárcel convierte en amigos a personas que difícilmente se hubieran conocido en el “mundo exterior” mientras que también origina enemistades irreconciliables que pueden acabar con la vida de una persona incluso antes de haber finalizado su condena penal.

            Lealtades inquebrantables, traiciones rastreras, heroísmos altruistas y atrocidades espeluznantes se dan la mano en las historias que nos ofrecen la literatura y el cine. Y también, sin tener que llegar a lo más truculento, se dan pequeños dramas cotidianos; historias de personas que rehacen su vida gracias a los libros o a la religión, hombres que pierden a sus mujeres o que, por el contrario, las conocen a través de correspondencias epistolares iniciadas en la propia prisión, presos que traman evasiones, otros que intentan que alguien crea en su inocencia, otros más que se embrutecen irremisiblemente….

            Desde "El hombre de Alcatraz(con un impresionante Burt Lancaster) hasta La milla verde (el cuento sobrenatural pergeñado por Stephen King) pasando por la testosterónica La roca(con Sean Connery convertido en el primer hombre capaz de escapar –y volver a entrar- en Alcatraz), American History X(con un espectacular Edwad Norton en medio de una trama que analiza el fenómeno neonazi), Celda 211(magnífica película española que arrasó en la edición de los Goya de 2010) o la exitosa serie televisiva Prison Break, son infinidad los títulos que bucean en el ambiente penitenciario con mayor o menor fortuna.

            “Cadena perpetua(para muchos, el mejor drama carcelario de la Historia), Pena de muerte(con Sean Penny y Susan Sarandon), Cámara sellada(con Chris O’Donnell y Gene Hackman), En el nombre del padre(sobre la vergonzosa encarcelación en Gran Bretaña de unos norirlandeses que no formaban parte del IRA) o Cautivos(con Tim Roth y una todavía desconocida Julia Ormond) son algunos otros títulos relacionados con el tema aunque no acabaríamos nunca si tuviéramos que efectuar un listado exhaustivo.

            Bien sea la propia experiencia carcelaria, bien otras cuestiones aledañas de la misma como los juicios que conducen a los reos a prisión, las apelaciones que estos efectúan, las condenas que arrastran o la forma en que son ejecutados en aquellos Estados que propugnan la pena de muerte, las propuestas se multiplican hasta el infinito y más allá.

            En concreto, la película que ahora analizaremos se propuso analizar con severidad el sistema carcelario estadounidense en lo que no fue en absoluto el primer intento ni, como queda demostrado, tampoco el último.

 

BRUBAKER

 

            La penitenciaría de Wakefield, en la que los presos cumplen condena a trabajos forzados, es una de las más duras de Estados Unidos y la que levanta mayores polémicas entre la opinión pública del país.

            A esta prisión llega un nuevo grupo de penados, entre los que figura Stan Collins, un convicto con un amplio historial delictivo.

 

Brubaker alcaide disfrazado

 

            Collins, como el resto de los nuevos, es sometido a las más humillantes vejaciones pero lo que nadie sabe es que, en realidad, se trata de Henry Brubaker, el nuevo alcaide de la prisión.

            Una vez analizada la situación de la cárcel a través de su falsa identidad, Brubaker se identifica y toma las riendas del penal.

            Sus planes, para los cuales cuenta con la colaboración de Lillian, la ayudante del fiscal del Estado, consisten en poner en marcha un plan de reforma que modifique íntegramente el sistema.

            Para empezar, el nuevo alcaide se rodea de los presos con los que convivió mientras se hizo pasar por convicto.

 

Brubaker en medio de los presos

 

            Les otorga cargos de responsabilidad y, con su ayuda, descubre algunos sucios negocios desarrollados en torno a la prisión, como la especulación con los alimentos que el Estado les destina o el pago de reparaciones defectuosas en el edificio.

            En esta labor, Brubaker pondrá al descubierto la corrupción existente, tanto por parte de los funcionarios como de algunos políticos del Estado.

            Las altas instancias se molestan y presionan sobre Lillian, quien recomienda al alcaide que sea prudente.

            Sin embargo, poco después un anciano recluso revela a Henry que, no muy lejos de allí, hay enterrados algunos presos que fueron maltratados hasta morir.

            Tras su conversación, Brubaker descubre que hace muchos años que su informador cumplió sobradamente la pena que le impusieron pero que nadie se ha dignado comunicárselo en todo ese tiempo.

            Al día siguiente, el pobre hombre es encontrado muerto, con signos evidentes de haber sido torturado antes de que acabaran con su vida.

            Su trágico final provoca la furia de Dickie Coombes, uno de los presos de confianza del alcaide, quien acusa a éste de ser como todos sus antecesores, que utilizan a los más débiles y luego les dejan en la estacada.

            Sin embargo, tanto él como los demás se equivocan al pensar que Brubaker no está dispuesto a llegar hasta el final.

 

POLÍTICAMENTE INCORRECTA

 

            La historia pone en solfa al sistema penitenciario yankee sin ningún tipo de atenuante, por lo que debió ser una patata caliente para la administración estadounidense de la época, con Ronald Reagan (paradojas de la vida: un actor) a la cabeza.

            Pese a tratarse de un film políticamente incorrecto, ya que no sólo su planteamiento cuestiona altamente el funcionamiento de las cárceles del país sino que sus conclusiones arrojan algo más que sombras sobre un sector -el penitenciario- ya de entrada asociado a las sospechas de corrupción, la cinta obtuvo un éxito atronador. O, como suele decirse, quizás fuese debido a ello.

            Y es que aunque los estadounidenses tienen una notoria fama de puritanos (incluso de hipócritamente puritanos pues animan a la tenencia y al uso de armas pero critican la violencia ajena o persiguen con ahínco la pornografía pero se erigen en principales productores mundiales de la misma), el público estadounidense no suele dar la espalda a aquellas producciones que critican el “american way of live”.

            Ahí están los ejemplos de American beauty, American History Xo la mismísima “Brubaker”.

            La trama parte de un supuesto no del todo novedoso pero indudablemente atractivo: el nuevo alcaide logra arreglar las cosas para llegar a la prisión como un reo más. De este modo, consigue conocer de primera mano –sin sucedáneos ni intermediarios- cómo son las cosas en la que será “su” prisión.

            Las relaciones que establecerá en su breve período como falso recluso se constituirán en la columna vertebral de una estructura con la que Brubaker pretende revolucionar no sólo el área que se encuentra bajo su responsabilidad sino el sistema completo y desde la base, una loable (¿e imposible?) ambición.

            Haber conocido a muchos de los presos bajo el disfraz de uno de ellos le permite, con escaso margen de error, saber en quiénes puede confiar y a quiénes es más sensato mantener alejado y/o vigilado.

            Por otra parte, el apoyo institucional con el que llega avalado hasta su nuevo cargo se verá sometido a una brutal presión cuando su mano empiece a notarse en un correccional cuya mala praxis parece exceder los niveles habituales en las cárceles americanas, ya de por sí dignos de tenerse en cuenta.

 

Brubaker con los burocratas

 

            Las preguntas que se plantean –y que se irán resolviendo sobre la marcha- son básicamente dos:

            - ¿Hasta qué punto el aparentemente íntegro alcaide está dispuesto a jugarse su carrera por aquello en lo que supuestamente cree?

            - Y, sobre todo, ¿tendrá Brubaker la suficiente capacidad de decisión como para lograr cambiar las cosas de forma significativa y/o perdurable o, por el contrario, su paso será efímero y su figura quedará olvidada como la de sus grises predecesores?

            A ambas cuestiones dará cumplida respuesta la última y memorable escena del film.

 

UN EQUIPO ARTÍSTICO DE GRAN ALTURA

 

            Considerado unánimemente como uno de los mejores dramas carcelarios jamás filmados, la cinta constituye un modélico ejemplo de ritmo narrativo y de dosificación de la intriga, méritos atribuibles tanto a quien escribe como a quien dirige.

            Firmado al alimón por W.D. Richter y Arthur A. Ross, el impecable guión del film (que fue nominado al Óscar) está basado en la obra literaria creada, con el mismo nombre, por Joe Hyams y Thomas O. Murton.

            El director estadounidense Stuart Rosenberg (neoyorkino de Brooklyn aunque californiano de adopción), que se situó tras la cámara en 1980 para realizar este espléndido film, volvía de este modo a un género con el que ya cosechara un enorme éxito de la mano de Paul Newman en “La leyenda del indomable”.

            El trabajo interpretativo de todo el elenco resulta magnífico, destacando su protagonista, un Robert Redford muy cómodo en su papel de hombre honesto y con una integridad sin fisuras. Un perfil, en suma, que respondía muy bien a la irreprochable imagen del actor.

            Una curiosidad: Morgan Freeman, que años después co-protagonizaría junto a Tim Robbins “Cadena perpetua”, otro magnífico drama carcelario, tiene en Brubaker un papel muy secundario también como recluso.

 

Brubaker Morgan Freeman

 

            Más destacado es el papel desempeñado en la película por Yaphet Kotto, quien da vida a Dickie Coombes, uno de los presos de confianza del alcaide Brubaker.

            Kotto es un actor cuya carrera apenas ha abandonado el ámbito televisivo, siendo habitual colaborador (aunque, paradójicamente, siempre episódico) en multitud de series, desde “Bonanza” a “Las aventuras de Tarzán” pasando por “Hawai 5.0”, “Raíces”,”Canción triste de Hill Street”, “Se ha escrito un crimen”, “SeaQuest” o “El equipo A”.

 

Brubaker con Yaphet Kotto

 

            Sin embargo, el actor debe la mayor parte de su popularidad a su aparición en la obra de culto de Ridley Scott “Alien el octavo pasajero” (es uno de los mecánicos cascarrabias de la nave Nostromo) aunque no se puede decir que amortizara mucho dicho papel pues su trayectoria apenas se vio alterada después del éxito del film.

Comentarios  

0 #1 Therese 01-06-2017 08:45
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