PRESUNTO INOCENTE

 

Harrison Ford bajo sospecha

 

Presunto inocente En el taxi

 

 

LA NOVELA DE SCOTT TUROW

 

            Algunos aspectos de la biografía y la obra de Turow revelan que no nos hayamos ante un escritor más sino ante toda una personalidad cuya influencia trasciende la propia Literatura:

            - Nacido en Chicago, Ilinois, como Raymond Chandler o Edgar Rice Burroughs (de quienes también he escrito alguna que otra reseña), estudió en la Universidad de Stanford, de cuyo profesorado pasó luego a formar parte, y se licenció en Derecho en la Harvard Law School.

            - Autor de ocho novelas hasta el momento (además de una novela breve), la primera de ellas fue este “Presunto inocente” que comenzó simultaneando con su trabajo de fiscal pero que terminó en exclusividad tomándose un par de años de excedencia.

            - Siguió trabajando más tarde como abogado y, de hecho, es socio de la sede de Chicago del prestigioso bufete Sonnenschein, Nath & Rosenthal, donde se concentra en la defensa criminal de profesionales.

            - Dedica parte de su tiempo libre a participar en programas de ayuda legal para desfavorecidos.

            - Ha sido miembro del Senado, de la Comisión de Illinois sobre la pena capital y, en otro orden de cosas, presidente de la Asociación de Autores.

            Sus otras novelas son “El peso de la prueba”, “Presunto culpable”, “Las leyes de nuestros padres”, “Demanda infalible”, “Errores reversibles”, “Héroes corrientes”, “Punto débil” (novela corta publicada por entregas en el suplemento del New York Times) y la más reciente “Inocente”. Todas ellas inscritas en el mismo género de ficción legal.

            Aunque “Presunto inocente” es la única adaptación para la gran pantalla de una novela de Turow, otras tres han visto adaptaciones televisivas: “El peso de la prueba” (protagonizada por Hector Elizondo), “Errores reversibles” (que, en España, se tituló “El camafeo” y cuenta con Tom Selleck y William H. Macy) y “Presunto culpable (con la bella Madchen Amick a la que algunos recordaréis de “Twin Peaks” y el divertido John Larroquette, el inolvidable fiscal Dan Fieldign de la cómica serie “Juzgado de guardia”).

            “Inocente” constituye una secuela, veintitrés años después, de “Presunto inocente”, en la que se nos muestra a un Rusty Savich convertido en Juez aspirante a formar parte del Tribunal Supremo. Sin embargo, el hecho de haber tardado más de 24 horas en comunicar la muerte de su esposa le enfrentará de nuevo con Tommy Molto.

            Turow también ha escrito dos libros de ensayo: “One L”, sobre su experiencia como estudiante de derecho, y “Ultimate Punishment”, una reflexión sobre la pena capital.

 

PRESUNTO INOCENTE – EL FILM

 

            Rusty Savich es el jefe de los ayudantes del fiscal general Raymond Horgan.

         

Presunto inocente Con Raymond

 

           Su jefe está inmerso en la campaña de reelección, que se presume difícil por la dureza del grupo opositor que encabeza Nico Della Guardia.

            En el primer debate público entre ambos, Della Guardia acusa a Horgan de no haber hecho otra cosa que claudicar progresivamente ante los malhechores, los gamberros y los liberales seniles en sus doce años al frente de la fiscalía.

            Después de leer la noticia en el periódico con cierto malestar, Rusty se dirige a su despacho, donde le entregan una nota anónima que alguien ha deslizado bajo su puerta.

            La hoja, que lleva el membrete de la también fiscal Carolyn Polhemus, reza simplemente: “Basta ya, sé quién eres”.

            Sin tiempo a recuperarse, es llamado con urgencia al despacho de Raymond, quien le deja atónito al informarle de que la noche anterior asesinaron precisamente a Carolyn, la sensual y ambiciosa abogada que llevaba los casos de violaciones en la fiscalía: según parece, la violaron, la ataron y luego la golpearon con algún instrumento y la estrangularon.

            En este momento de gran nerviosismo por la mala marcha de la campaña electoral y por el asesinato de una de sus colaboradoras, Ray descubre que Tommy Molto -el Jefe de Homicidios a quien él puso en el puesto tras destituir precisamente a Della Guardia- ha desaparecido y probablemente para unirse a éste en su campaña.

            Aunque Rusty intenta librarse del encargo, Ray insiste en que sea él quien lleve personalmente la investigación del asesinato de Carolyn, lo cual le obliga moralmente a aceptar, no sin antes requerir la ayuda del detective Lipranzer, con quien le une una verdadera amistad.

            La mujer de Rusty, Barbara, acoge con amargura la noticia de que sea precisamente él quien vaya a hacerse cargo de la investigación.

            - Allí hay ciento cincuenta abogados, ¿no podrían habérselo encargado a uno que no se la hubiera tirado?

            Sin embargo, la aventura entre ambos es algo que se desconoce en su entorno laboral, por lo cual, dado que el teléfono de Savich aparece entre las llamadas recibidas por Carolyn en los últimos días antes de su muerte, éste pide a Lipranzer como favor personal que le elimine de dicha plantilla.

            En cuanto a él, lo primero que descubre es la existencia, entre los casos que llevaba Carolyn en el momento de su muerte, de uno en concreto que, por su naturaleza, debería haber sido competencia suya y no de la joven.

            Por el código asignado comprueba que se trata de un caso de soborno a cargos oficiales y las sospechas de Rusty aumentan cuando no logra encontrar el archivo correspondiente a dicho caso.

            Poco después tiene lugar el funeral de la fiscal asesinada y, en los prolegómenos del mismo, Della Guardia insinúa a Rusty que él sería un rival mucho más duro si hubiese decidido concurrir a las elecciones en lugar de su jefe. “¡Qué cosas tienes!”, le responde Savich.

            Tras recibir una reprimenda por parte de Ray, que le recrimina que no avance en la investigación, éste accede a facilitarle el archivo desaparecido, el cual reposa en el fondo de uno de los cajones de su escritorio.

            En dicho expediente, Rusty y Lipranzer encuentran una carta anónima dirigida al propio Fiscal General:

            «Apreciado señor Horgan: este verano hará cinco años que fue detenida una persona a la que llamaremos Noel. Yo recibí quinientos dólares para sobornar a alguien. Fuimos a la Comisaría Norte. Una secretaria que parecía conocer a Noel le acompañó a la oficina del ayudante del fiscal, en la que habló con un hombre al que yo no pude ver.

            Diez días más tarde, Noel fue a juicio y allí el fiscal le dijo al juez que el caso no procedía. No recuerdo el nombre de dicho fiscal »

            Rusty indaga en la Comisaría Norte donde no encuentra gran cosa aunque sí le comentan que Carolyn se interesó por el expediente seis años atrás, cuando su popularidad estaba en el punto más álgido tras haber conseguido condenar a los llamados “Santos de la Noche”.

            Más tarde, Savich se entrevista con el ex marido de la víctima y con el forense encargado de la autopsia, al que descubre (encuentra el número de teléfono de Molto anotado en el informe de la misma) en tratos con el desaparecido Jefe de Homicidios, por lo que le amenaza con abrirle un caso de falsificación.

            Sin embargo, Della Guardia gana al fin las elecciones y Tommy Molto no tarda en reaparecer a su lado. Más aún, ambos instan a Savich a una reunión en el despacho de Raymond en la cual acusan a Rusty del asesinato de Carolyn.

 

Presunto inocente Con Tommy Molto

 

            Molto le informa, de un modo bastante agresivo, de que han encontrado sus huellas en un vaso de la casa de Carolyn y de que también han conseguido la plantilla de llamadas que él no quiso pedir y que incluye las suyas.

 

ESLABONES DE UNA MISMA CADENA

 

            Por debajo del argumento ya comentado, subyace una serie de cuestiones que me gustaría abordar.

            En primer lugar, el hecho de que tanto en la película como en la novela se diseminan bastantes pistas que, de forma un tanto tramposa, acabarán confluyendo en el inesperado final.

            La equívoca actuación de algunos personajes y el evidente doble juego de alguno de ellos –entre los cuales descollan el rastrero Jefe de Homicidios Tommy Molto o el forense- hace las veces de cortina de humo, atrayendo las sospechas sobre uno u otro personaje según avanza la acción.

            En cualquier caso, mi impresión personal es que, a partir de las pruebas que se nos ofrecen, resulta un tanto complejo llegar a la verdad, lo que es la finalidad última de la historia, como advierte el propio Rusty desde el arranque del film.

            Así, su voz en off nos inquieta levemente mientras la cámara se pasea por una sala judicial totalmente vacía:

            Soy fiscal. Formo parte de la maquinaria que acusa, juzga y castiga. Yo analizo las pruebas de un delito y determino quién debe ser acusado, quién debe ser traído a esta sala para ser juzgado ante sus semejantes. Presento mis pruebas ante el jurado y son ellos los que deben determinar lo ocurrido.

            Si no lo consiguen, no sabremos si el acusado merece ser puesto en libertad o castigado. Si ellos no pueden encontrar la verdad, ¿qué esperanza podemos tener de que se haga justicia?

            Poco después y una vez nos muestran al jefe de ayudantes del fiscal en su entorno familiar comportándose de modo un tanto condescendiente con su hijo, Savich leerá la nota anónima con el membrete de Carolyn cuya autoría nunca se revelará.

            A la luz de acontecimientos posteriores podríamos concluir que es el mismo Molto quien le hace llegar el anónimo aunque más bien me inclino a pensar que es la propia Carolyn quien está dando a entender que sabe que es él quien le llama por las noches y luego cuelga sin hablar. Todavía habría una tercera posibilidad pero mejor no la desarrollo por no revelar datos que no deben ser revelados.

            De cualquier manera, la nota en cuestión actúa como un McGuffin en toda regla  aunque de dimensiones menos espectaculares que los urdidos por Hitchcock (especialmente en “Con la muerte en los talones”).

            La pista del archivo que contiene una acusación de soborno contra un cargo público tendrá, en cambio, más relevancia durante el juicio posterior aunque no en la dirección que parecía apuntar en un principio.

            Del mismo modo que la agitada vida sentimental/sexual de la víctima originará un cambio radical de planteamientos entre los afectados y entre las relaciones que les unen.

 

CAROLYN O LA PRESUNTA JUSTICIA DE SU MUERTE

 

            El personaje de Carolyn es, de lejos, el más interesante del film. Aunque se nos muestra con cuentagotas a través de una serie de flashbacks, es evidente el considerable poso que ella ha dejado en cuantos hombres (porque en su ámbito laboral está rodeada de ellos) se han cruzado en su ambicioso camino.

 

Presunto inocente Carolyn

 

            La veremos en su primer día en la Fiscalía, ante un arrobado Raymond Horgan que acaba de contratarla (sin haber consultado antes a Rusty) y no hace nada por ocultar lo atractiva que le resulta.

            En una escena informal, Ray les presenta mutuamente y comenta maliciosamente a su mano derecha:

            - Rusty, ¿por qué no le buscamos un buen sitio?

            - Me gustaría la División Índice –replica ella sin esperar la respuesta.

            - Dios mío –exclama Ray-, eso no es un trabajo, es una condena. Violaciones, delitos sexuales, abuso de menores

            - Cuesta conseguir una condena por violación –tercia Rusty, poniendo fin a su significativa mudez-: es un mal distrito para una persona ambiciosa.

            - Y, ¿qué hay que hacer? ¿Que los peores fiscales lleven los casos más difíciles? insiste ella, mirándole con intención.

            - Mira por dónde, –finaliza Ray la conversación, aludiendo a Rusty-, ya tenemos otra idealista en la oficina.

            La fiscal pronto se revelará como una profesional competente y entregada pero también como una devoradora de hombres que utiliza su explosiva sexualidad para conseguir sus fines.

            Lo suficientemente dulce y persuasiva como para ganarse la confianza de un niño aterrorizado -al que su madre (que le mira fijamente desde la primera fila de la sala del juicio) ha torturado poniendo su cabecita en una prensa- y lograr que la criatura hable, venciendo su temor y haciendo inevitable la condena de su progenitora.

            Pero también lo bastante fría y calculadora como para seducir a un hombre casado, al que ve como el próximo Fiscal General que se perfila como sustituto natural del ya maduro Horgan.

            - Si la gente del partido y la gente de Raymond se unieran apoyando a alguien, esa persona ocuparía la oficina del fiscal. Nada más fácil.

            - Veo que has pensado mucho en eso –replicará él, algo molesto, sin dejar de acariciar su piel desnuda.

            - Sólo hace falta un pequeño empujoncito.

            - Bien pues empújale tú.

            El gesto de contrariedad que afea el hermoso rostro de Carolyn en ese momento nos muestra la cara despiadada de una mujer nacida para triunfar pese a quien pese.

            La siguiente ocasión en que ambos coinciden Rusty atisba a ver lo que nosotros ya sabíamos, de modo que cuando él, ingenuamente, le propone pasar por su casa esa noche, ella le responde con gelidez:

            - Me gustas, Rusty, pero creo que ya hemos terminado. Ahora ya no me convienes.

            - Eso no lo acepto –responde él, tan sorprendido como aturullado.

            - ¿Que no lo aceptas? ¿Es que mi opinión no cuenta? Vamos, no quiero que nos separemos como enemigos, responde ella con una sonrisa.

           

Presunto inocente Harrison no quiere romper

 

             En la forma en que ella le esquivará en adelante, evitando las reuniones a las que él asiste o reduciendo su comunicación profesional al intercambio de notas acertará Rusty a comprender las palabras del ex marido de la hermosa (y peligrosa) fiscal:

            - La última mirada que me dirigió fue de desprecio total. Le decepcionaba que alguien a quien había admirado fuese tan débil. Recuerdo que en ese momento quise verla muerta. Quizás hizo sentir lo mismo al hombre que acabó con ella.

            La inevitable pregunta que a todo espectador/lector se le planteará es: ¿pretende el autor decirnos, de forma más o menos encubierta, que una mujer que se vale de su belleza y de su sensualidad para seducir y luego despreciar -sin importarle lo que destruya por el camino- personas o matrimonios, merece la muerte?

            ¿Es una suerte de justificación que convierte a la víctima en culpable y al asesino en impartidor de justicia poética (la destructora destruida)?

            Por mi parte prefiero pensar que la complejidad mental de Carolyn, su amoralidad o su falta de escrúpulos son tan sólo argumentos en favor de una trama menos convencional, ya que el tema no tiene nada de original.

            Tampoco puedo abundar mucho en mis conclusiones sin revelar el final, de manera que tendremos que dejarlo ahí y vosotros habréis de aplicaros en obtener vuestra propia respuesta.

            Sí me gustaría apuntar dos cuestiones:

            a) En el panegírico que Raymond Horgan le dedica durante el funeral, destaca la presencia en el acto de "los jueces a los que desafió y los defensores a los que derrotó. ¿Por qué están aquí? Porque Carolyn simbolizaba algo, simbolizaba a la justicia". Curiosamente, la opinión de Horgan sobre Carolyn es, con mucha diferencia, la más favorable de cuantas aparecen en la película: “Era una chica guapa y sexy, una gran abogada y termina así, vaya despedida” (aunque a continuación añada: “Y en plenas elecciones”. En fin, los políticos no pueden evitar serlo, supongo).

            b) Sólo en dos ocasiones hace alusión directa el detective Lipranzer a la fiscal desaparecida y en ambas lo hace con la misma frase: “Carolyn era mal asunto”.

 

LOS OTROS PERSONAJES

 

            Vamos con los más representativos en un guión que prescinde de algunos de los que conformaban la novela:

            - Rusty Savich.- Reputado fiscal y mano derecha de su jefe, recibe el encargo de éste de investigar el asesinato de la bella Carolyn, de quien ambos fueron amantes (aunque ninguno tenga conocimiento cabal de la aventura del otro). Su excesiva contemporización al investigar el crimen pero también la existencia de pruebas físicas que le inculpan en él provocarán su procesamiento. Al mismo tiempo, tendrá que lidiar con un matrimonio que se desmorona cuando tanto él como su esposa intentaban rehacerse tras el golpe que supuso la infidelidad de él con su compañera ahora asesinada.

 

Presunto inocente Harrison y esposa

 

            - Raymond Horgan.- El Fiscal General tiene tanto o más de político que de jurista. Acostumbrado a hacer equilibrios en la cuerda floja a fin de mantener su puesto, nos recuerda lo ya comentado en la reseña de “Vencedores o vencidos”: que en Estados Unidos jueces y fiscales son elegidos y no puestos a dedo como ocurre en Europa. Ello obliga no sólo a ofrecer una imagen pública intachable sino a hacer campaña como si se fuese candidato a la Presidencia del país. Por lo demás, Horgan es un fiscal duro y efectivo aunque la sensación de sentirse traicionado por Rusty, de quien había sido mentor, le volverá, más que ingrato, tremendamente vengativo. Desde su punto de vista, su ayudante no sólo se acostaba con Carolyn a sus espaldas sino que su falta de celo en la investigación del crimen ha acabado salpicándole, propiciando su derrota en las urnas e hipotecando su futuro.

 

Presunto inocente Raymond

 

            - “Sandy” Stern.- Acostumbrado a enfrentarse duramente a Rusty ante los tribunales en defensa de sus clientes, este abogado elegante y discreto se ve ahora en la tesitura de defender al propio fiscal. Lógicamente, sus opuestas trayectorias provocan que no siempre sus puntos de vista ni su forma de enfocar el juicio que se avecina coincidan completamente. Sin embargo, se verán obligados a unir sus fuerzas y sus intelectos para conseguir salir airosos del reto. A propósito, este personaje –el del abogado Stern- también aparece en otra de las novelas de Turow: “El peso de la prueba”.

 

Presunto inocente Raul Julia

 

            - Juez Larren Lyttle.- Como dirá de él el propio Sandy, “un orgullo para la judicatura”. Competente, poco permeable a las presiones del Ministerio Fiscal y con una personalidad a prueba de bomba, dirigirá como nadie la marcha del juicio desde su estrado, hablando al jurado de forma que todos sean capaces de entender aquello a lo que están asistiendo y no permitiendo en ningún momento que los abogados le coman terreno.

 

Presunto inocente Juez

 

            - Barbara Savich.- La esposa del protagonista es una mujer abnegada (¿o tal vez sumisa?) que se ha rehecho de la infidelidad de su marido mientras lucha “a su edad” por terminar su tesis doctoral. Brillante matemática y madre competente, resulta encomiable (o criticable, según los casos) su apoyo al esposo infiel que estuvo a punto de dejarla por otra.

 

Presunto inocente La esposa

 

            "¿Sigues enamorado de ella?", le preguntará en un momento dado, viéndole destrozado. “Nunca fue amor”, responderá éste sin dejar de llorar.

            Y más tarde, cuando el juicio está próximo a finalizar y él le da las gracias;

            - ¿Por qué?

            - Por apoyarme.

            - ¿Qué esperabas?

            El resto de personajes –el avispado hijo de los Savich, la antipática “funcionaria” que se entromete en las conversaciones de Rusty sin llamar nunca a la puerta, el fiel detective Lipranzer que ayuda cuanto puede a su amigo caído en desgracia, el rastrero Tommy Molto siempre pegado a los talones de Della Guardia, el propio Nico “Aplazamientos” Della Guardia y su pomposa hipocresía, la mezquindad del sinuoso forense Kumagai– contribuyen a crear una atmósfera muy real que dota de solidez a la trama y de interés a la intriga.

 

EL JUICIO

 

            Debo insistir en el hecho de que el drama judicial es uno de los subgéneros que más y mejores producciones cinematográficas ha alumbrado.

            De hecho, es muy posible que “Presunto inocente” no sea una de las mejores pero sí considero que, dentro de su modestia, es lo suficientemente interesante como para formar parte de la videoteca de un buen aficionado al cine.

            El film de Pakula se inscribe entre aquellos cuyo metraje prepara durante su primera mitad lo que será el juicio central de la historia. Un poco al estilo de "Algunos hombres buenos" pero con un tono mucho más sombrío.

            Este filtro mortecino alcanza desde el rostro del protagonista hasta el entorno de la historia, el cual adolece de un escaso cromatismo que parece deliberado.

 

Presunto inocente Con su abogado

 

            Sólo al final se verá algo de luz (siempre sin excederse) en los objetos, en la atmósfera, o en las estancias por las que atraviesan los personajes… aunque en ningún momento en los rostros, salvo en los flashbacks que recogen la llegada de Carolyn a la fiscalía, la atracción que despierta desde el principio en Rusty y la forma en que ella desata su deseo.

            Va a ser increíble, susurra Carolyn cuando él la felicita tras haber ganado el juicio contra la madre del niño torturado. Se adelanta a Rusty, se sienta sobre la mesa del despacho y se quita lentamente los pendientes antes de proceder a desabrocharse la falda. Instantes más tarde, ambos consuman su mutuo deseo sobre esa misma mesa.

 

Presunto inocente Torrida escena

 

            En cuanto al juicio en sí, carece de la comicidad de los de “Testigo de cargo” o “Anatomía de un asesinato” o del desgarrador dramatismo del de “Philadelphia”, siguiendo siempre unos derroteros de contención y orden que acaban por lastrarlo un tanto.

            Y es que todo el film padece esa misma y acusada falta de dramatismo que le impide acercarse siquiera a la perfección.

            En unas circunstancias como las que concurren en el protagonista –la mujer a la que deseaba por encima de todas las cosas ha muerto brutalmente asesinada, su vida matrimonial languidece, su jefe ha perdido las elecciones y él no sólo se ha quedado sin empleo sino que se enfrenta a una dura pena de cárcel- uno esperaría mayores dosis dramáticas, ya que el suspense sí parece funcionar.

            En definitiva y pese a lo dicho, me gusta bastante el film de Pakula pero, como en el viejo chiste en el que dos cabras comen rollos de película en una sala de cine y una pregunta a la otra qué tal está la suya, debo decir que “me gustó más el libro”.

 

GUIÓN Y PRODUCCIÓN

 

            No puedo evitar, cada vez que veo esta película, relacionarla con algunas obras de trasfondo judicial como “La hoguera de las vanidades” (a la novela me refiero, ya que la adaptación cinematográfica perpetrada por Brian De Palma es una de las peores que he tenido ocasión de ver).

            Al igual que el protagonista de la novela de Tom Wolfe, Rusty padecerá un demoledor acoso por parte de su entorno sin que sirva de atenuante la “presunción de inocencia” aunque, por suerte para él, dicho hostigamiento se reducirá a su entorno profesional más inmediato y no llegará a los extremos del linchamiento moral generalizado que sí padece Sherman (el antihéroe de Wolfe).

            También comparte con dicha novela la inversión de roles que se produce cuando un “grande” (un poderoso broker o un fiscal, según los casos) se ve obligado a descender a la arena para batirse contra el sistema como si fuese un “don nadie”.

            De hecho, su situación en esos casos empeora la del más desfavorecido de los ciudadanos anónimos, ya que muchos aprovechan esos momentos de “caída del ídolo” para pasarle factura por sus antiguas desavenencias o enemistades.

            Algo de todo ello hay en la adaptación que, de la novela de Turow, hicieron en 1990 Frank Pierson (Tarde de perros, La leyenda del indomable) y el propio director Alan J. Pakula y que se plasmó en esta película.

            En cuanto a la producción, corrió a cargo de Mark Rosemberg junto a mi admirado y ya desaparecido Sydney Pollack, cuyo instinto iba más allá de lo que ya pudimos ver en su flamante filmografía (Memorias de África, La tapadera, Los seis días del Cóndor).

            No me acaba de convencer, en cambio, la discreta partitura de un John Williams, sorprendentemente falto de personalidad en esta ocasión. La banda sonora,  bastante anodina, podría intercambiarse, sin notar la diferencia, por la de una docena de telefilms de medio pelo.

 

EL DIRECTOR, ALAN J. PAKULA

 

            No es Pakula, debo decirlo ya desde el inicio, uno de mis directores más apreciados.

            No me interesa demasiado su obra en general pero es que, además, en su corta trayectoria figuran un par de films que suelo poner como ejemplo de lo que me disgusta ver en una pantalla:

            - “El informe Pelícano”, un improbabilísimo thriller con Julia Roberts y Denzel Washington formando una pareja interpretativa cuya combinación chirría por los cuatro costados.

            - “La sombra del diablo”, también con Harrison Ford y con Brad Pitt en otro ejemplo de química errónea.

            Sería injusto, por otra parte, no reconocer a Pakula otros trabajos más logrados como:

            - “Todos los hombres del presidente”, con Robert Redford y Dustin Hoffman en un duelo interpretativo (éste sí) de altísimo voltaje.

            - “La decisión de Sophie”, que otorgó a Meryl Streep su primer Oscar como actriz protagonista.

 

EL PROTAGONISTA, HARRISON FORD

 

            Siempre he considerado a este actor (nacido, por cierto, también en Chicago) como un hombre de buen gusto debido al alto porcentaje de aciertos que ha tenido en sus elecciones de papeles a lo largo de su carrera.

 

Presunto inocente Furioso

 

            Ello justifica la presencia en su espectacular filmografía de títulos del empaque de:

            - “American Graffiti” de George Lucas (su espaldarazo tras seis años de deambular por platós de televisión y producciones de cuarta fila).

            - La trilogía original (capítulos IV, V y VI) de “Star Wars”, también con George Lucas.

            - “Apocalypse Now”, la superproducción épica de Francis Ford Coppola sobre la Guerra de Vietnam.

            - La trilogía (para mí no cabe hablar de tetralogía) de Indiana Jones que se inició con “En busca del arca perdida” a las órdenes de Steven Spielberg.

            - “Blade Runner”, la espectacular adaptación que hizo Ridley Scott de la novela de Philip K. Dick “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”.

            - “Único testigo”, el film de Peter Weir del que también os facilito una extensa reseña y que valió a Ford su única nominación al Oscar.

            - “Juego de patriotas” y “Peligro inminente”, en las que, a las órdenes de Philip Noyce, encarnaba por dos veces a Jack Ryan, el héroe creado por Tom Clancy.

            - “El fugitivo”, la adaptación a la gran pantalla del clásico televisivo en el que el doctor Richard Kimble era perseguido implacablemente, a través de medio país, por el incansable Samuel Gerard (Tommy Lee Jones en el film) a causa de un crimen que no había cometido.

            Sólo al final de su carrera han empezado a emborronar su hoja de servicios con algunas decisiones poco afortunadas, entre las cuales sus participaciones en “Seis días y siete noches”, “La sombra del diablo”, “Hollywood: Departamento de Homicidios”, “Indiana Jones y la calavera de cristal” (la secuela que jamás debió ver la luz) o “Caprichos del destino” (sin duda el peor trabajo tanto del propio Ford como de Sydney Pollack”) son los ejemplos más significativos.

            Debo decir que la composición que Ford hace del personaje de Rusty Savich en ”Presunto inocente” no convence a todos por igual. Es más; hay quien ve en su relativo hieratismo la evidencia de la escasa expresividad de Ford.

 

Presunto inocente Detenido

 

            Personalmente no soy de esa opinión. Tal vez no considere a Harrison un grandísimo actor pero sí me parece un tipo competente y sobrio. Y lo que el personaje de Savich demanda es precisamente sobriedad, dentro del tono taciturno y retraído que en todo momento le caracteriza.

            Por otra parte, no creo que nadie pueda dejar de creerse el dolor que traslucen sus lágrimas cuando su sentimiento de pérdida por la mujer que le hizo enloquecer, amenaza toda su existencia.

            Y es que la hermosa y perturbadora fiscal no sólo dejó a la deriva la vida emocional y familiar de Rusty sino que ahora puede terminar con su vida profesional e incluso con su libertad.

            De este modo, la pérdida de Carolyn, lejos de proporcionarle alivio, parece multiplicar por mil su sufrimiento y yo sí veo eso en la máscara de Rusty que compone Ford y tras la cual se ocultan sus verdaderos sentimientos.

 

EL RESTO DEL REPARTO

 

            Hagamos, por último, un somero repaso del elenco principal del film:

            - Greta Scacchi.- La sensual actriz británica (aunque nacida en Milán y de origen italiano como delata su apellido), fogosa protagonista de “Pasiones en Kenia” que también seducía a Tim Robbins en “El juego de Hollywood” o a Tom Berenger en “La noche de los cristales rotos”, borda el papel de mujer inteligente, hermosa, fríamente calculadora y vocacional depredadora. A las dificultades que entraña la interpretación de su complejo papel se une el hecho de que el mismo fuese absolutamente fragmentario pero ello no le resta un ápice de efectividad, lo cual es un tanto indudable para la actriz.

 

Presunto inocente Carolyn 2

 

      - Raul Julia.- Siempre recordaremos a este elegante actor portorriqueño, prematuramente desaparecido, por sus papeles como el Gómez de “La familia Addams”, el protagonista de “Presidente por accidente” o el aristócrata cubano secuestrado en “Havana”. En el film de Pakula compone un impecable retrato del abogado defensor que tiene la misión de librar a Rusty de los cargos que le imputan. Raul salía una vez más airoso del empeño con su presencia rutilante y sosegada, bordando el papel de “dandy” sin amaneramientos ni concesiones a la galería. Sutil pero contundente a la vez.

 

Presunto inocente Raul Julia en accion

 

            - John Spencer.- Más popular por sus largas permanencias en las series televisivas “La ley de Los Ángeles" o “El ala oeste de la Casa Blanca” que por sus papeles en “La Roca”, “Copland” o “Ravenous”, este neoyorkino da vida en el film al más fiel amigo de Rusty, un papel que no carece de interés pese a su poca presencia en pantalla.

 

Presunto inocente John Spencer

 

            - Brian Dennehy.- Secundario de lujo en multitud de producciones desde “10 La mujer perfecta” (junto a Bo Derek) hasta “Asalto al Distrito 13” (con Ethan Hawke, Laurence Fishburne y Gabriel Byrne), pasando por “Gorky Park”, “Acorralado” (la primera “Rambo”), “El vientre del arquitecto”, “FX Efectos mortales”, “Cocoon” o “Silverado”, Dennehy resulta perfecto para encarnar al jefe de Rusty, un fiscal que ha llegado a serlo por su dureza e inflexibilidad.

 

Presunto inocente Con Raymond 2

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