LA CONDESA DESCALZA

Eterna Ava

 

La condesa descalza Posando

 

 

MANKIEWICZ

 

            Joseph L. Mankiewicz es uno de los directores más grandes que ha dado el cine americano. Pero es, además, una debilidad personal.

            Entre sus trabajos más admirables destacan con luz propia “Eva al desnudo” (la esencia cinematográfica de Bette Davis), “De repente, el último verano” (una de las películas más desasosegantes y fascinantes que he visto), “Cleopatra” (a pesar de su mastodoncia, válgame el neologismo), su último y genial trabajo “La huella” (que vio recientemente un remake) o esta película que hoy nos ocupa.

            Pero el señor Mankiewicz no era menos brillante como guionista, habiendo logrado hasta dos estatuillas por otros tantos guiones originales –los de “Carta a tres esposas” y “Eva a desnudo”- y estando nominado por el guión adaptado de “Skippy” y los también originales de “No way out” y, precisamente, “La condesa descalza”.

            En este último film descollan, por encima de todo, las presencias de un actor y de una actriz de un magnetismo arrebatador pero que nunca hicieron alarde –ni él ni ella- de unas dotes interpretativas especialmente virtuosas.

            Pues bien, sería difícil encontrar otro film en el que ambos –Ava Gardner y Humphrey Bogart- se luzcan como en éste. Dirigidos por la férrea mano de Mankiewicz, los dos dan lo mejor de sí mismos, ayudando a conformar un clásico imprescindible en cualquier videoteca que se precie.

 

LÍNEA ARGUMENTAL

 

            En un cementerio de la Riviera italiana, un pequeño grupo asiste al entierro de la condesa Torlato-Favrini.

            Mientras la lluvia cae persistentemente, una estatua domina la escena. Es la estatua de la condesa, cuya historia recuerda Harry; probablemente, el único amigo verdadero que ella tuvo.

 

La condesa descalza Entierro

 

            Muchos años atrás, una artista baila en un local madrileño en medio de una gran expectación. Cuando su actuación finaliza, la gente irrumpe en estruendosos aplausos y las palabras y gestos de los hombres sólo indican adoración hacia la bailarina. Ella es María Vargas.

            Cuatro americanos se acomodan en esos momentos en una de las mesas. El centro del grupo es Kirk Edwards, un multimillonario que ejerce de productor cinematográfico. Le acompañan a la mesa Harry Dawes –un prestigioso director de cine venido a menos a causa de su alcoholismo-, Oscar Muldoon –ayudante de Kirk que hace las veces de criado rastrero- y una actriz ya no muy joven que empieza a estar ligeramente ebria.

            El productor exige ver bailar a María pero ésta jamás repite una actuación. Oscar intenta convencerla entonces para que se siente a la mesa con ellos pero tampoco la bailarina acostumbra a sentarse con los clientes.

            Indignado, Kirk obliga a Harry a ir en busca de la señorita Vargas. Cuando el director entra en el camerino de la artista, la encuentra con un hombre y ella se disculpa afirmando que se trata de su primo, excusa que el americano acepta con buen humor.

 

La condesa descalza Maria y Harry en Madrid 2

 

            Harry se identifica, descubriendo con agrado que María siente una gran admiración por él, puesto que ha visto la mayor parte de sus películas.

            Por ese motivo la joven accede, de forma excepcional, a conocer al resto del grupo.

            Kirk, por boca de Oscar, le propone hacer una prueba de fotogenia –sin compromisos ni publicidad- en Roma pero María se muestra remisa a aceptar. Cuando la bailarina se marcha, Kirk amenaza a Harry: “O apareces con ella en el aeropuerto o no hace falta que vuelvas”.

            María aceptará por fin, dejando su casa sin despedirse de nadie.

            La prueba de imagen resulta un rotundo éxito pero Dawes, escarmentado por alguna mala experiencia anterior, se ha asegurado de que varios productores cinematográficos asistan a la misma, a fin de evitar que Kirk pueda destruirla si por alguna razón no llega a un acuerdo con la bailarina.

            Con el nombre artístico de María Damata, la nueva actriz inicia entonces una carrera meteórica.

            Sin embargo, algún tiempo después, un patético suceso amenazará con truncar esa carrera en su raíz: el asesinato de la déspota madre de María por parte de su esclavizado marido.

            Contra los deseos expresos de Kirk, María declara en el juicio en defensa de su progenitor, pintando un amargo cuadro del que había sido su hogar. Toda la miseria y la sordidez de su vida es confesada ante los ojos del mundo pero, al contrario de lo que se suponía, la desgracia de María y su humildad le dan para siempre la admiración y el cariño de todos.

 

La condesa descalza Tras el juicio

 

            Tras la absolución de su padre, ella regresa a los Estados Unidos, donde su estrella brilla más que nunca. Algo impide, no obstante, su felicidad: la imposibilidad de hallar el amor de su vida. María consume su vida entre amantes ocasionales de cuya mezquindad es siempre consciente, lo que la hace aún más infeliz.

            Una noche tiene lugar una fiesta en la que Kirk mantiene una agria discusión con un magnate argentino sin escrúpulos llamado Bravano. A resultas de la disputa –y para contrariar al productor, que se había permitido prohibírselo en público-, María acepta la invitación del sudamericano para realizar un crucero por el Mediterráneo.

 

La condesa descalza En el yate

 

            Meses después, ella coincide casualmente con un elegante caballero en un campamento de gitanos situado en el norte de Italia. La actriz danza con los zíngaros cuando aparece el enigmático personaje, solicitando agua para el radiador de su coche.

 

La condesa descalza Con los gitanos 3

 

            Esa misma noche, en un salón de juego de Niza, Bravano se insolenta con María, furioso por haber perdido una gran suma en el juego y harto de la escasa atención que ella le presta. Tras acusarla de ser insensible –“no veo en ti más que el cuerpo de un animal muerto”-, el argentino la obliga bruscamente a sentarse. En ese instante, vuelve a aparecer en escena el misterioso caballero y, tras abofetear a Bravano, ofrece su brazo a María. Ella lo acepta y ambos abandonan dignamente el lugar.

 

MUJER VS. ACTRIZ

 

            La lluvia que cae sobre el barroco cementerio italiano al inicio y al final de la película enmarca la historia de María.

            Historia que se presenta mediante un larguísimo flash-back de dos horas en el que se resume la infeliz existencia de la artista, desde su modesto éxito local como bailarina madrileña hasta su estrellato cinematográfico mundial interrumpido por su unión con un noble italiano.

            Imposible no acordarse de Grace Kelly y su “retiro” a manos del príncipe Raniero de Mónaco.

            En cualquier caso, todo ello dota a la película, ya de inicio, de una pátina de considerable y peculiar sentimentalismo.

            No asistimos aquí a la típica historia de amor al uso sino, más bien, al desarrollo de una historia desgarrada de insatisfacción, de vacuidad que nada parece poder llenar. Una mujer hermosa, criada en un ambiente sórdido, de pobreza sin cuento y de miserias más allá de lo material, que es incapaz de encontrar lo único que no puede tener: un amor como el de las películas que interpretará con asombroso éxito.

            La mujer fracasará donde triunfa la actriz. La realidad, donde lo hace la ficción cinematográfica.

            La protagonista es una mujer cuya proverbial hermosura le granjea el éxito profesional y la admiración incondicional de un interminable coro de admiradores masculinos (bastante al estilo de Escarlata O’Hara en “Lo que el viento se llevó”). Sus romances y sus aventuras sexuales se suceden pero no hay en ellos nada de lo que ella cree anhelar.

 

La condesa descalza Maria

 

            La escena en la que el ordinario multimillonario Alberto Bravano la acusa –“no eres capaz de amar y no permites que nadie te ame”-, apostillada por la ofensiva frase en que él afirma no ver otra cosa en ella que el hermoso cuerpo de un animal muerto (¿es necesario recordar el sobrenombre de Ava como “el animal más bello del mundo”?) resulta revelador al máximo.

            María seduce y aparentemente se deja seducir pero no hay nada detrás de tanta sensualidad. Sus relaciones son casuales, fruto del capricho cuando no deliberadamente furtivas. Ella no alimenta un interés real por ningún hombre aunque, simultáneamente, parece esperar eternamente la aparición de uno por encima de todos que la redima de su condición.

            Harry Dawes, su mejor amigo, su descubridor y mentor, es la única persona en la que ella puede confiar y el único en no sucumbir a sus encantos. Quizás porque a su lado está Jerry, una mujer extraordinaria –no sólo bonita sino inteligente, dulce y honestamente comprensiva- que le sostuvo cuando su ánimo flaqueaba y cuando el alcoholismo amenazaba con terminar no sólo con su carrera sino también con su vida.

            Entre María y Harry hay, desde el principio, una amistad incorruptible y casi tangible que desafía no sólo a la maledicencia popular sino al propio tópico de la imposibilidad de la amistad entre hombres y mujeres. Y esa amistad, además de constituirse en hilo conductor –será la voz de Harry la que nos guíe a lo largo y ancho de toda la historia de su amiga- es, en sí misma, parte fundamental de la propia trama.

 

La condesa descalza Maria y Harry

 

            Para acentuar lo asexuado de su amistad, se recurre precisamente al personaje de Jerry, al que es justo reconocer que no se le da el menor relieve, atendiendo a su pura funcionalidad de desempeñar el rol de compañera sentimental de Harry.

            Por otra parte, la naturaleza esencialmente romántica del personaje de María –pese a su sensualidad latente y a su promiscuidad manifiesta o, quizás, incluso debido a ellas-, encuentra en Ava Gardner el vehículo de expresión perfecto.

 

AVA GARDNER VS. MARÍA DAMATA

 

            Un año antes de “La condesa descalza”, Ava había obtenido la que sería la única nominación de su carrera al Oscar a la Mejor Actriz. Fue por “Mogambo” y la actriz sureña no se alzó con el galardón pero, aun así, se encontraba en un momento pletórico. Ello no impidió que el film constituyera un relativo fracaso aunque con los años ha recibido sobradamente el amplio reconocimiento que merece.

A la ya citada “Mogambo” la habían precedido los éxitos sucesivos de “Venus era mujer”, donde encarnaba a la hermosa deidad cobrando vida en unos grandes almacenes a partir de una de sus estatuas, “Mundos opuestos”, en la que encarnaba a una femme fatale que amenazaba la estabilidad de un matrimonio de la alta sociedad, “Pandora y el holandés errante”, una tragedia romántico-mitológica rodada en Tossa de Mar y con más de un elemento en común con el personaje de María en “La condesa descalza”, el musical de George Sidney “Magnolia” o “Las nieves del Kilimanjaro” junto a Gregory Peck.

            Pero un vistazo rápido a cualquier biografía de la actriz por somera que sea revela más coincidencias con la vida de la desdichada condesa Torlato-Favrini.

Resumiendo mucho la cuestión:

- Si María Vargas había tenido una infancia infeliz en el seno de una miserable familia de Madrid, Ava Gardner no disfrutó de mayor felicidad durante sus primeros años de vida en Carolina del Norte (“lo único que deseaba era estar muerta”), siendo sus padres un granjero irlandés alcohólico y una escocesa baptista también sumamente pobres.

- Mientras la prueba de fotogenia que María Vargas realiza en Roma le sirve de puerta para escapar de su familia y de su propia vida, unas fotografías tomadas por el cuñado de Ava para el escaparate de su propio estudio fotográfico y enviadas luego a la Metro Goldwyn Mayer lograrían lo mismo en la vida real de Ava.

- Ambas, María y Ava, disfrutarían de grandes éxitos de taquilla, sus rostros y figuras acabarían siendo mundialmente conocidos y los hombres las desearían y adorarían como a diosas aunque a veces estuvieran más preocupados por su posesión que por su amor.

- Si en el film, María es española, en la vida real la Gardner vivió más de una década en nuestro país.

- Aunque María contrajera un solo matrimonio y Ava, en cambio, pasara tres veces por el altar, las vidas de las dos están jalonadas de amores fugaces y de numerosas aventuras sexuales de escaso calado. La escena de María con “su primo” en el armario de su camerino de Madrid es fácilmente extrapolable al “polvo de una noche” con el torero español Mario Cabré que Ava confesaba como uno de los grandes errores de su vida.

- Al igual que Bravano o Edwards fracasan en el film en su intento de poseer realmente a María, los actores George C. Scott o Frank Sinatra vivirían idéntica frustración en la vida real intentando poseer a la salvaje Ava Gardner.

- Las vidas de las dos divas suponen una sucesión de éxitos profesionales, como ya apuntaba, pero también una lista interminable de decepciones personales y amorosas.

- También como en el caso de María, que sufriría en sus carnes la actualmente llamada violencia de género, la Gardner sufrió agresiones físicas por parte de algunos de sus partenaires masculinos como el mismísimo Howard Hughes o el ya citado George C. Scott.

            En cualquier caso y más allá de similitudes puntuales con la vida de María Vargas/Damata, la de Ava fue turbulenta, intensa y con momentos de absoluto desenfreno.

            A tenor de sus propias confesiones parece probado que tuvo una agitada vida amorosa y una promiscuidad sexual en la que no faltaron músicos (Artie Shaw), toreros (Luis Miguel Dominguín), directores de cine (Howard Hughes) pero sobre todo actores: desde el menudo Mickey Rooney -con quien se casó por amor aunque luego acabaran poniéndose finos el uno al otro- hasta el inestable y depresivo Frank Sinatra con sus turbias amistades mafiosas, pasando por el maltratador George C. Scott o un Robert Mitchum que renunció a sus “revolcones” con la actriz por miedo precisamente a las amistades de Frank.

            Sin embargo, lo más curioso de todo es que, en realidad, Mankiewicz no se inspiró en Ava Gardner para escribir el guión de “La condesa descalza” sino en otra actriz no menos bella: la neoyorkina de origen español Rita Hayworth, de quien hablaremos en otra ocasión.

 

Rita Hayworth 2

 

            A ella le ofreció el  papel y la actriz lo rechazó viéndose reflejada en el mismo.

 

DESAVENENCIAS CON HUMPHREY

 

            A pesar de que la amistad entre su personaje y el de María constituye el hilo conductor del film, Humphrey Bogart mantuvo una pésima relación con Ava Gardner desde el principio del rodaje.  

            Acusaba a la actriz de ser incapaz de transmitir nada y obligaba, con deliberados olvidos del diálogo, a repetir una y otra vez cada una de las tomas en las escenas que ambos compartían.

            Al parecer, el hecho de que Ava estuviese enamorada y acompañada en el rodaje de Luis Miguel Dominguín en una época en la que seguía casada con Frank Sinatra, gran amigo del propio Bogart, le hacía manifestar una gran animadversión hacia ella, que no se molestaba en ocultar.

            Lo paradójico del caso es que apenas dos años más tarde, mientras Humphrey agonizaba víctima de un cáncer terminal, su “amigo” Frankie no tenía el menor empacho en consolar a Lauren Bacall de forma más bien poco altruista.

            La relación de Bogart con el director tampoco es que fuese mucho mejor y aunque “Bogie” apreció esta película como uno de sus mejores trabajos, Mankiewicz diría de él que era “imprevisible, grosero y maleducado”.

            El caso es que para no ser un actor demasiado ortodoxo, su carrera está jalonada de rutilantes éxitos, lo que demuestra como mínimo que su personalidad producía un efecto ciertamente magnético sobre las audiencias.

            En el mismo año en que rodó este film, sin ir más lejos, había trabajado con anterioridad en “Sabrina” (junto a Audrey Hepburn) y “El motín del Caine” pero es que apenas tres años antes había protagonizado, al lado de “la otra” Hepburn, “La reina de África”, que le valió el único Oscar de su vida.

            Atrás quedaban títulos como “El tesoro de Sierra Madre” o “Casablanca” en una trayectoria casi siempre unida al mejor cine negro americano: “El halcón maltés”, “Tener y no tener”, “El sueño eterno”, “La senda tenebrosa”, “Cayo Largo” o “Llamad a cualquier puerta”.

 

UN OSCAR DE DOS POSIBLES

 

            Aunque Mankiewicz no pudo conseguir el Oscar al Mejor Guión Original que acabaría en las manos de Budd Schulberg por “La ley del silencio”, en cambio sí lo obtuvo como Mejor Actor Secundario Edmond O’Brien por su impagable papel de Oscar (¿un presagio?), el servil y sudoroso ayudante de Edwards, el millonario productor que descubre a la protagonista.

 

La condesa descalza Edmund

 

            O'Brien borda un personaje más bien rastrero y mezquino que no se priva de cebarse en los que son más débiles que él en la misma medida en que se arrastra frente a los que son más fuertes.

            El actor, que intervino en títulos como “El hombre que mató a Liberty Valance”, “Viaje alucinante” o “Grupo salvaje”, lograría una segunda nominación –también en la categoría de Mejor Secundario- una década más tarde por “Siete días de mayo”.

 

LAS CURIOSIDADES

 

            Si tenéis ocasión de hacerlo, os recomiendo ver en versión original la escena en la que Harry sorprende, en el camerino de María, a la todavía bailarina con uno de sus flirteos.

            El castellano que “luce” Ava Gardner en la escenita de marras –se supone que el personaje es tan español como su falso primo- os hará abrir los ojos como platos o, sencillamente, os arrancará una carcajada.

 

La condesa descalza Con un falso primo

 

            Por otra parte, la película toma su nombre de la escena en la que María, justo antes de abandonar su casa para siempre, se quita los zapatos para liberarse mientras diserta -más para ella que para Harry, que la escucha fumando un cigarrillo- acerca de la suciedad en la que siempre se ha sentido cómoda por constituir todo su hogar.

            Este guiño se repetirá cuando la ya condesa pose para el artista que la inmortalizará -sin zapatos- en la estatua que preside el cementerio familiar de los Torlato-Favrini.

 

La condesa descalza Posando 3

 

            No deja de resultar curiosa la emblemática presencia de esta estatua con los hermosos rasgos de Ava pues la actriz ya apareció de esa guisa en uno de sus primeros trabajos, el ya citado “Venus era mujer”.

 

EL SPOILER

 

            Una de las curiosidades más interesantes de la historia de “La condesa descalza” es la que tiene que ver con el personaje del conde pero hacer referencia a ella significa desvelar casi por completo la trama del film, por lo que me he decidido a contarlo pero en este apartado final y haciendo la advertencia previa a quienes no hayan visto la película.

 

La condesa descalza Con el conde

 

            De hecho, el conde Torlato-Favrini era homosexual en el guión original de Mankiewicz; un guión que pretendía una audaz y algo retorcida actualización de “La Cenicienta” en la que la protagonista abandonaba la miseria de su vida de la mano de un príncipe azul… que resultaba no ser tal.

Sin embargo, la censura de la época obligó a rectificar al cineasta, de modo que sustituyó la homosexualidad por la impotencia –de la que tampoco se podía hablar abiertamente-, atribuyendo la misma a una herida de guerra.

            El propio director lamentaría más tarde no haber esperado unos años para poder rodar la historia tal como él la concibió.

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