EL SECRETO

David Duchovny entre el dolor y el deseo

 

El secreto ante la tumba de Hannah

 

 

UN ATÍPICO FILM FRANCÉS

 

Nadie que no hubiese oído hablar antes de ella podría nunca adivinar que una película coprotagonizada por los estadounidenses David Duchovny (el agente Mulder de la serie "Expediente X" o el libertino Hank Moody de la también televisiva "Californication") y Lili Taylor ("The haunting-La guarida", "Alta fidelidad") pudiera ser una producción francesa rodada en Canadá y dirigida por el actor suizo Vincent Perez pero lo cierto es que así es. Y se trata de una cinta peculiar además.

Para empezar, "Si j'étais toi" (título original de la película) es el remake de una película japonesa (“Himitsu”) rodada ocho años atrás, circunstancia que se anuncia en los propios créditos del film.

Sin embargo, lo que en la cinta de Yôjirô Takita se enfocaba con bastante comicidad –aunque, desde luego, sin llegar al extremo de “Ponte en mi lugar”, la tontísima comedia coprotagonizada por Jamie Lee Curtis y Lindsay Lohan en la que unas galletas chinas propiciaban el cambio de cuerpo entre madre e hija-, está teñido, en la película de Perez, de una cierta tristeza no exenta de interesantísimo análisis familiar, generacional y emocional.

Esta incursión en la realización por parte del actor de Lausana, muy popular tras sus interpretaciones del guapo pero anodino Christian en “Cyrano de Bergerac”, del oficial francés Jean Baptiste en “Indochina” o del Cuervo en la innecesaria secuela “El cuervo: ciudad de ángeles”, es toda una rareza en sí misma pues Perez apenas si ha dirigido un par de cortos y otro largometraje además de esta curiosa y densa cinta que me dispongo a comentar.

 

Vincent Perez director

 

Otra curiosidad más: el actor-director suizo, cuyo padre es originario de una localidad valenciana llamada Pobla Llarga (Puebla Larga), de la que también procede el ex futbolista David Albelda, aparece en el “Detrás de las cámaras” incluido en el dvd de la película con una gorra del Valencia CF en la cabeza.

Huelga decir que “El secreto” no guarda relación alguna con la novela homónima de Donna Tartt que reseñé en estas mismas páginas hace unos meses.

 

LÍNEA ARGUMENTAL

 

El doctor Benjamin Marris (Duchovny) y su esposa Hannah (Taylor) están casados desde hace dos décadas. A pesar del tiempo transcurrido, la pareja no sólo sigue amándose sino que entre ellos persiste el deseo.

Esto parece molestar -como casi todo, por otra parte- a la hija de ambos, Samantha, una adolescente atractiva e inteligente en plena crisis hormonal, lo que la convierte en un ser irascible y agresivo.

 

El secreto Sam y su madre

 

Un fin de semana en que madre e hija viajan para visitar a la abuela mientras Benjamin permanece en la ciudad, las dos mujeres sufren un brutal accidente a consecuencia del cual ambas entran en coma.

Sam fallece mientras su madre ruega por ella, anteponiendo la preocupación por su hija a su propia supervivencia. Y entonces, en un giro milagroso de los acontecimientos, ocurre precisamente eso: que la hija regresa a la vida después de haber sido declarada oficialmente muerta mientras que Hannah, que en principio parecía estar recuperándose, fallece finalmente.

Eso es al menos lo que parece porque, en realidad, cuando el cuerpo de Sam despierta al fin, resulta ser Hannah quien lo ocupa.

Horrorizada, la mujer intenta hacer partícipe a su esposo de lo ocurrido pero éste, que se halla destrozado por el dolor, no sólo no la cree sino que deduce que su hija ha sufrido algún tipo de daño cerebral.

Hannah tardará en convencerle de la realidad y, cuando al fin lo logra, ambos deciden que lo mejor será guardar el secreto (el que da título al film) y que Hannah siga viviendo la vida que presuntamente llevaba su hija aunque pronto descubrirán que ésta no era exactamente como ambos imaginaban.

Por otra parte, habitar un cuerpo ajeno supone algunos problemas adicionales de considerable magnitud como ser deseada por la mayor parte de los hombres de su entorno pero no por su esposo, que considera incestuosa y horrible la idea de tocarla por mucho que siga queriendo a su esposa.

 

PROBLEMAS GENERACIONALES

 

Ben es oftalmólogo y, según dirá a su mujer al final de la jornada: “hoy he examinado quince pares de ojos pero mi día no empieza hasta que veo los tuyos”.

Hannah, que abandonó los estudios para que su marido pudiera terminar los suyos, acepta de buen grado el rol que la vida le ha deparado y no deja de agradecer los muchos gestos amorosos que él le dirige.

 

El secreto Hannah

 

Sam, por su parte, realiza estudios avanzados en la universidad y está pasando una etapa bastante compleja de la adolescencia, que se traduce en continuos choques con su madre y la hace acreedora a recibir un guantazo cada diez minutos aproximadamente. Terapia, por cierto, de la que, con buen criterio, se abstienen sus padres.

En cualquier caso, existe una clara diferencia en la forma en que la joven se dirige a uno u otro de sus progenitores. Así, cuando Ben le pregunta qué tal le ha ido el día, ella se limita a contestar con desgana: “Ha sido igual que todos”.

En cambio, cuando es su madre quien le pregunta si le ayuda con la cena, Sam saca a relucir su mala leche acumulada: “¿soy la chacha o qué?”.

Esa misma noche, la díscola Samantha pide permiso a sus padres para dormir en casa de su amiga Taylor y, aunque Hannah no parece demasiado por la labor, Ben intercede porque eso ofrece al matrimonio la posibilidad de pasar la noche solos antes de que al día siguiente Hannah y Sam salgan de viaje hacia Boston para visitar a la abuela.

Ambos están lejos de saber que será la última vez que hagan el amor aunque, paradójicamente, no sea la última vez que están juntos.

Resulta sumamente curiosa la afirmación de Benjamin cuando su hija sale de escena

- Es igual que tú.

- ¡Anda ya!, replica extrañada Hannah, cuya dulzura contrasta en efecto con la irritabilidad de su adolescente hija.

- Es igual que tú hace veinte años.

- No me digas eso.

Como también resultarán enigmáticas y en cierto modo proféticas las palabras que dedicará a Hannah después de bailar con ella y mientras la contempla con ayuda de la luz de un candelabro:

- Estoy mirando a la primera y última mujer que querré en mi vida.

 

EL ACCIDENTE

 

Será precisamente en mitad de una discusión entre Hannah y Sam cuando sobrevenga la tragedia.

 

El secreto madre e hija en el coche

 

Hannah se lamenta de ser ella siempre la mala –“a tu padre no lo tratas así”- pero Sam reclama su suficiencia para cuidar de sí misma.

- No puedes enfadarte conmigo porque me preocupe por ti –insiste su madre-. Te quiero.

Y justo cuando Sam le responde molesta que “a lo mejor me quieres demasiado”, ese segundo en que Hannah aparta la mirada de la carretera para mirar a su hija se convierte en el definitivo y un camión las golpea brutalmente, sacándolas de la carretera.

Ya en el hospital, Ben llega angustiado para encontrar entubadas a su esposa y a su hija en sendas camas gemelas.

Sin embargo, cuando Hannah abre los ojos y le quitan la entubación para que intente respirar por sí misma, lo primero que hace es preguntar por Sam. Y una vez constata que ella está en la cama de al lado, insiste en que Ben le acerque la mano de su hija.

Algo sucede en ese preciso instante y las dos mujeres entran simultáneamente en parada cardio-respiratoria, sin que los esfuerzos de los médicos por reanimarlas con los desfibriladores obtengan ningún resultado aparente.

Ante la desesperación de Benjamin, se establece la hora de la muerte de sus dos seres más queridos pero, de forma milagrosa, una enfermera advierte pulso en una de las muñecas de Sam, que es rápidamente trasladada a la UCI con respiración asistida mientras Ben se queda allí solo, abrazado al cuerpo sin vida de su esposa.

 

EL DESPERTAR

 

Después de pasar la noche junto a la cama de su hija, Ben puede por fin verla abrir los ojos. Sin embargo, lo primero que ella hará es preguntar:

- ¿Cómo está Sam?

- Tú eres Sam, le responde él, extrañado.

- Qué voz más rara tengo, dice ella entonces, como si no hubiese oído su respuesta.

- No. Es la de siempre.

Será no obstante la conversación que se inicia entonces entre los dos la que erizará el cabello al oftalmólogo:

- Tengo que contarte algo. Mamá ha muerto.

Ella empieza a llorar; ¿Mi madre ha muerto?

- Sí, en el accidente.

- Pero -prosigue ella, sin comprender- si vive en Boston...

- No, no, tu abuela vive en Boston, Sam.

- ¿Por qué me llamas Sam?, le pregunta ella mientras le acaricia la cara.

- Porque es tu nombre.

- ¿Qué?, se angustia ella mientras la luz de la comprensión la deslumbra.

El espejo confirma entonces sus peores sospechas, provocándole un violento ataque durante el cual revive algunas secuencias del accidente sin dejar de preguntar a gritos dónde se encuentra su hija.

 

El secreto en el hospital

 

Dado que el TAC no muestra daños cerebrales, la doctora que se hace cargo de la situación deduce que no se trata de ningún problema físico, por lo que cabe hablar de un caso extremo de trastorno por estrés post traumático.

Sin embargo, el regreso a casa será todavía peor y es que, lejos de salir de su aparente confusión, Sam recuerda a Ben su primera cita de pareja.

- ¿Tu madre te contó todo eso?, pregunta él enternecido.

- Ben, soy yo, Hannah, tu mujer. No sé dónde está nuestra hija.

 

LA VERDAD

 

Cuando ella despierta al día siguiente de su llegada a casa, Ben duerme plácidamente, por lo que decide darse una ducha y a continuación entra en la habitación de Sam. En el espejo del cuarto de baño se observa desnuda en el espejo de cuerpo entero y entonces ve un tatuaje en una de sus nalgas. Es el nombre de un chico: Justin.

- Pero ¿qué es esto?, exclama horrorizada.

 

El secreto sorpresa trasera

 

Algo más tarde, cuando Ben entra en la cocina, ella le conmina a sentarse para tomar el desayuno que ha preparado.

- No sabes cocinar, responde él extrañado.

Él le cuenta entonces que esa noche ella ha tenido una pesadilla en la que ha hablado en sueños.

- ¿De verdad?, pregunta ella muy interesada: ¿Qué he dicho?

- Llamabas a papá. A mí. Igual que cuando eras pequeña.

Ella insiste en saber si era su voz y, tras la respuesta positiva de Benjamin, concluye esperanzada que “Sam tiene que estar en algún sitio”.

- Cielo, escucha –se arma él de paciencia-: estás confundida por el accidente porque lo que dices es imposible.

No será hasta después del entierro de Hannah (de su cuerpo al menos), durante el cual Sam permanece apoyada en su padre, cuando éste asumirá la terrible verdad.

Padre e hija reciben a la familia en casa tras la ceremonia y alguien avisa a Sam de que sus amigos están fuera y han venido a verla. Se trata de dos chicos y dos chicas.

Uno de ellos intenta romper el hielo de forma altamente imprudente:

- Tu deseo se ha cumplido, le dice mientras el otro chico le asesta un codazo, escandalizado.

- ¿Qué?, pregunta ella estupefacta.

- Ya se ha ido. Para siempre. Se ha cumplido, repite él mientras Sam rompe a llorar.

- ¿Dónde tienes el tacto, gilipollas?, le increpa el otro chico, dándole un golpe.

Cuando después de ese horrible shock, Sam vuelve a entrar en la casa, las amigas de Hannah salen a su encuentro para darle su apoyo e invitarla a llamarlas si las necesita. Y ella, con verdadera alegría plenamente adulta les responde:

- Gracias. Sé que puedo contar con vosotras, chicas.

Viendo la estupefacción en los ojos de ambas, no tiene otro remedio que añadir: “bueno, gracias”. Sin embargo, la escena no ha pasado inadvertida para Ben, que sube tras ella a la habitación.

- No puedo hacerlo sola. Los amigos de Sam han venido a fumar hierba con ella en el porche. Si ella estuviera aquí, también fumaría con ellos.

- ¿Fumas hierba?

- No, yo no fumo hierba, prosigue ella atropelladamente. Y se ha hecho un tatuaje en el culo, ¿lo sabías? Pone “Justin”. ¿Quién es Justin? Les dijo a sus amigas que ojalá estuviese muerta. Es muy fuerte…

- Oye, los adolescentes suelen decir cosas así…

- Yo no hubiera dicho algo así a los dieciséis años.

- No, seguro que no.

- Tiene un tatuaje... –y en ese punto se queda helada, a mitad de frase: ¿ahora me crees?, pregunta con cierto miedo a ver truncadas sus esperanzas.

- Sí, te creo.

- ¿Dónde está?, pregunta Hannah, aliviada al fin.

- No lo sé pero vamos a descubrirlo.

 

EL SECRETO

 

El secreto al que alude el título es precisamente la constatación de que es Hannah quien ocupa el cuerpo de Sam. Algo que deben ocultar a todos los demás.

No saben cómo ni por qué ha sucedido pero la evidencia es tan grande que, llegada la comprensión, se hace necesario asumirlo.

Y mientras ambos esperan el “regreso” de su hija, un regreso que no saben si se producirá, deciden que lo mejor es que “la falsa Sam” regrese a la universidad y siga con su vida.

 

El secreto Sam estudia en el cesped

 

La primera preocupación de Hannah es precisamente el hecho de que hace veinte años que dejó de estudiar. De hecho, se encuentra precisamente en el límite académico que Hannah alcanzó dos décadas atrás.

- Sam va a clases avanzadas y yo no fui a la universidad.

- Pero no porque no tuvieras la capacidad. Decidiste no ir.

- No lo tengo tan claro.

- Yo sí –insiste él-. Lo recuerdo. No pongas excusas: el Notable alto es la nota más baja que quiero ver.

- ¡Vete a la mierda!, le espeta ella, esbozando por primera vez una leve sonrisa.

Esta escena y la siguiente, en la que Ben la acompaña por primera vez al instituto en el coche, constituyen la única concesión a la comedia de todo el film.

¡Sam!, la llama él cuando la muchacha se aleja del vehículo y, cuando ella se gira, añade: No tomes drogas.

La peineta que ella le dedica entonces hará exclamar a Benjamin: Ésa es mi niña.

 

EL DOLOR Y EL DESEO

 

Lo novedoso del argumento no es el tema –el regreso a la vida en el cuerpo de otro es un recurso repetido con cierta asiduidad en el cine- sino el enfoque dramático con que éste se aborda.

Y es que el hecho de que la protagonista usurpe el cuerpo de su propia hija provoca a lo largo del film algunos momentos incómodos y desasosegantes por cuanto la sombra del incesto (físico, que no emocional) planea de forma permanente sobre la trama.

De hecho, sus protagonistas se debaten en medio de su dolor por la doble pérdida: la de la hija que ya no está y la de su idílica relación que no parece poder ser reanudada.

 

El secreto padre e hija durmiendo

 

Una escena en especial marca los límites de dicha relación. Ambos cenan juntos en un restaurante y Hannah se pone cariñosa con Ben, apoyando su mejilla en la mano de él, que se incomoda notablemente, creyéndose el centro de todas las miradas. Al fin y al cabo, la gente cree que son padre e hija pero, incluso para quienes no les conocen y no son conscientes del teórico vínculo, ellos son un hombre maduro y una menor.

La situación entre los dos se ve agravada por el intento de vida adolescente que Hannah lleva a cabo en el cuerpo de Sam, con las "sorpresas" que ello le acarrea.

Sorpresas físicas ante sensaciones hormonales a las que ya no está acostumbrada  pero también otras de carácter social que la ponen en relación con la verdadera vida de su hija.

Ésta contaba con una faceta totalmente desconocida para sus padres en la que las drogas y la promiscuidad sexual cobran un gran protagonismo.

 

El secreto Sam bailando

 

Por otra parte, las relaciones de Sam con sus amigos, con el misterioso Justin y con los propios profesores del instituto suponen un conflicto permanente.

Además del esfuerzo de su nueva vida académica y de su reencuentro con los retos intelectuales de su juventud, Hannah experimenta una continua lucha interior entre lo que su cuerpo desea y lo que su mente adulta considera honesto, ya que por un lado su cuerpo no es realmente suyo y, por otro, ella es una mujer casada.

El hecho de habitar un cuerpo atractivo y joven es una tentación continua para los hombres que la rodean pero también para sí misma. La amargura que tan encontradas circunstancias desatan en su interior se pondrá de manifiesto cuando su marido se niega a tocarla.

- Tienes a tu esposa de 36 años en el cuerpo de una chica de 16. Soy la fantasía sexual de cualquier hombre.

 

HANNAH

 

La trama se estructura a partir de lo que el espectador conoce y el resto de personajes, salvo la pareja protagonista, ignora.

Esta situación en la que un hombre ha de seguir viviendo junto a la mujer de su vida cuando ella ha sido transferida de forma misteriosa al cuerpo de la hija de ambos lleva acarreada la lógica pregunta del por qué pero sobre todo y por encima de ello nos hace preguntarnos –y a los protagonistas con nosotros- si se trata de una situación permanente o si, por el contrario, es un proceso reversible.

Y, de serlo, dicha reversibilidad ¿se producirá de forma natural o necesita de algún estímulo?

A poco empático que se sea, es fácil imaginar lo que pasa por la mente de Hannah cuando se hace a sí misma estas preguntas. Si su hija regresa, ¿qué será de ella?

No obstante la crudeza de dicho planteamiento, Hannah es una madre abnegada cuyo objetivo no es otro que devolver la vida a su hija pero, mientras tanto, se ve abocada a vivir la vida de ella. Con sus muchos inconvenientes pero también con alguna que otra ventaja.

Volver a ser adolescente cuando uno ve de cerca los cuarenta es un regalo inesperado. Un tanto envenenado en este caso pero regalo al fin y al cabo. Un tiempo prestado, del que se desconoce su duración y consecuencias pero en el que de nuevo se abre un abanico de posibilidades vitales que ya se habían olvidado.

Hannah se encuentra ante el reto de demostrarse a sí misma –y, dadas las circunstancias, a nadie más que a sí misma- que tiene la capacidad para asumir el nivel de los estudios de su hija y de conseguir para ella los mejores resultados académicos posibles para garantizarle el acceso a una buena universidad. Una universidad a la que ella nunca accedió por mor de sus circunstancias familiares.

Por otra parte, ese cóctel explosivo de la adolescencia, esa mezcla indescriptible de euforia, depresión, deseo exacerbado, malhumor casi permanente, subidones y bajones, pondrá a prueba su equilibrio emocional y psicológico.

 

El secreto Sam y sus amigas

 

Si su vida marital se ha interrumpido para siempre, si el amor de su vida ha de ser relegado a la categoría de recuerdo, ¿qué le queda sino vivir la vida de otra persona y aceptar el hecho de ser una joven hermosa e inteligente, deseada por todos y susceptible de conseguir casi cualquier cosa?

Preguntas inquietantes que darán pie a situaciones altamente imprevisibles pero que a la vez permitirán a Hannah comprender al fin a su hija a través de sus propias emociones y vivencias. Una oportunidad única.

 

BENJAMIN

 

La transformación del personaje de Ben resulta distinta pero, como la de Hannah, también muy dolorosa.

De marido enamorado pasa a convertirse en padre celoso y absolutamente descolocado.

 

El secreto Ben

 

En su mente dolorida, la revelación de la hija a la que en realidad no conocía se une a la nueva Hannah, a quien tampoco entiende ni conoce.

La mezcla entre las dos mujeres de su vida acabará resultando un enigma demasiado complejo para él. Un problema sin solución.

Su intransigencia, su impaciencia y su renuncia a volver a tocar a su mujer -cuyo cuerpo yace bajo tierra, como él mismo le recordará a Hannah de forma un tanto cruda durante una de sus cada vez más frecuentes discusiones-, tendrán como contraprestación una mayor voluntad de control sobre una mujer que no es su hija pero ya no es tampoco su esposa.

Con el agravante añadido de carecer del ascendente moral y real de un padre sobre una hija, ya que Hannah, por mucho que se encuentre zarandeada por el bombardeo de hormonas y la inestable atmósfera del instituto, no deja de ser una mujer adulta que toma sus propias decisiones.

La dolorosa y traumática transformación de las relaciones entre Hannah y Ben constituirá pues otro más de los subtemas de un film que no carece precisamente de planteamientos conducentes a la reflexión.

 

OLIVIA THIRLBY, EL DESCUBRIMIENTO DE UNA ACTRIZ

 

A propósito, el trabajo del trío protagonista es francamente destacable, como cabía esperar en dos actores de la experiencia y el carisma de David Duchovny y Lili Taylor.

El papel de esta última resulta bastante corto aunque paradójicamente no ocurre lo mismo con su personaje, que es asumido por la joven Olivia Thirlby, una debutante en la gran pantalla por aquel entonces y que meses más tarde interpretaría a la mejor amiga de la protagonista en "Juno". 

Con apenas dieciocho años cuando comenzó el y un físico entre Anne Hathaway y Selma Blair, la actriz neoyorkina se enfrentaba aquí a un reto de enorme magnitud pues es su personaje –más que el de Duchovny- el que sostiene el peso de la trama.

Su capacidad para disociar los dos personajes que interpreta –la agresiva Sam y la atribulada Hannah- resulta impropio de una actriz tan joven y con tan poca experiencia pero Olivia sale más que airosa de la situación.

Su interpretación es convincente y resulta contenida cuando ha de serlo y más desatada cuando la secuencia lo requiere.

 

El secreto Sam

 

Paradójicamente, “El secreto” no pareció abrirle demasiadas puertas pues en su carrera posterior apenas destacan algunos papeles secundarios como los que interpreta en “The Wackness” (junto a Josh Peck y Ben Kingsley), “La vida de Flynn” (con Paul Dano, Robert de Niro, Julianne Moore y de nuevo Lili Taylor) o “Sin compromiso” (a la sombra de Natalie Portman y Ashton Kutcher).

Cinco años después de su papel en el film de Vincent Perez, Olivia coprotagonizaría, eso sí, el remake de “Dredd” junto al neozelandés Karl Urban.

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