BEN-HUR

 

Una de las películas más laureadas de la Historia

 

Ben Hur cuadriga blanca vs negra

 

 

LA VERSIÓN DEFINITIVA PERO NO LA PRIMERA

 

            Para el gran público, la primera adaptación conocida de la novela de Lewis Wallace es la que dirigió Fred Niblo en 1925, con el galán de la época Ramon Novarro interpretando el papel de Ben-Hur.

            El director estadounidense resultó ser un auténtico pionero en llevar clásicos de la novela al cine: “Los tres mosqueteros”, “Sangre y arena” y “La máscara del Zorro” se contaron entre ellos. Claro que casi todos conocieron adaptaciones posteriores, cuando ya el cine había dejado de ser mudo y se contaba con medios tecnológicos inimaginables en la época de Niblo.

            Sin embargo, en honor a la verdad, la protagonizada por Novarro no fue la primera adaptación de la novela, ya que en 1907 vio la luz un cortometraje inspirado en ella que fue dirigido por un quinteto de directores. De ellos, sólo Sidney Olcott contó realmente con una carrera cinematográfica y llegó a dirigir a la mítica Pola Negri.

            Para los cuatro realizadores restantes se trató de una experiencia esporádica, del mismo modo que para el protagonista de la cinta, el desconocido Herman Rottger, que no obstante tiene el honor de haber sido el primer Ben-Hur cinematográfico de la Historia.

            Después de la cinta de William Wyler de la que ahora nos ocuparemos, transcurrieron más de cuarenta años hasta que alguien se atrevió de nuevo con la novela de Wallace, lo que habida cuenta lo insaciables que suelen ser los estudios cinematográficos, da una idea bastante clara de hasta qué punto se considera definitiva e inmejorable la versión de 1959.

            A mayor abundamiento, las dos nuevas versiones resultaron ser:

- Un film de animación rodado en 2003 (que, por cierto, contó con la voz del propio Charlton Heston para el personaje de Ben-Hur).

- Una mini-serie de cuatro capítulos para televisión, coproducida por España, Alemania, Reino Unido y Canadá en la que, además de “nuestros” Lucía Jiménez y Miguel Ángel Muñoz, intervinieron entre otros muchos las televisivas Kristin Kreuk (Lana Lang en “Smallville”) y Emilie VanCamp (Amy en “Everwood”). El personaje de Ben-Hur corrió a cargo de Joseph Morgan, visto en “Master and Commander” y “Alejandro Magno”.

            En cuanto al autor de la novela, el general Lew Wallace, tuvo una vida francamente interesante: tras defender Washington de las tropas confederadas durante la Guerra de Secesión, sirvió en la corte marcial que juzgó a los asesinos del presidente Lincoln y más tarde fue gobernador de Nuevo México, teniendo que habérselas con el mismísimo Billy el Niño.

 

 

LÍNEA ARGUMENTAL DEL FILM DE WYLER

 

Ben Hur brindis con Mesala

 

            Son los primeros años del Imperio Romano bajo el reinado de Augusto, a quien luego sucederá Tiberio.

            En un pequeño pueblo de Judea llamado Belén nace un niño llamado a cambiar la Historia del mundo. Y lo hace en un modesto pesebre aunque su nacimiento es anunciado por una estrella que arrastra tras de sí a tres poderosos Reyes Magos.

            Veintiséis años más tarde, Jerusalén asiste al reencuentro de Judá Ben-Hur, primogénito de una familia principesca de Jerusalén con Mesala, un militar romano. Los dos jóvenes habían sido amigos (casi hermanos) durante su infancia pero ahora Mesala regresa a Jerusalén como tribuno para comandar los Ejércitos de ocupación.

            Tras las efusiones de una calurosa bienvenida, Ben-Hur observa descorazonado que Mesala ha cambiado. Su antiguo amigo no sólo le pide que rinda pleitesía a Roma, dando ejemplo así al resto de los judíos, sino que también le exige los nombres de los descontentos para tomar represalias contra ellos. Como Judá se niega, un abismo se abre entre los dos hombres.

            Pocos días más tarde y con motivo de la llegada de Grato, el nuevo gobernador romano, se organiza un desfile y la gente se lanza a la calle para contemplarlo. Judá y su familia –su madre y su hermana- observan la escena desde su terraza cuando, de pronto, una teja accidentalmente rozada se desprende y cae a la calle, asustando al caballo del gobernador, que se encabrita y hace caer a éste. Grato se golpea violentamente en la cabeza, perdiendo el sentido.

            Mesala ordena entonces detener a la familia Ben-Hur al completo aunque Judá reclama para sí la responsabilidad del accidente. A sabiendas de que no ha sido un ataque intencionado, el tribuno envía al que fuera su amigo a galeras y hace encerrar a las dos mujeres en una lóbrega mazmorra.

            Camino de las galeras, un joven llamado Jesús de Nazaret se apiada de Judá y le da de beber, contraviniendo las órdenes terminantes de los soldados romanos y sin que nadie ose interponerse en el camino de ese hombre ungido de un poder sobrenatural e inexplicable.

            Más de tres años después de servir como galeote, Judá continúa sobreviviendo de forma milagrosa, lo que sorprende al cónsul Quinto Arrio, el comandante de la flota romana. Más tarde y cuando las galeras se aprestan a librar una cruenta batalla naval, el cónsul ordena que desencadenen a Ben-Hur.

            La embarcación acaba siendo hundida y Judá logra a duras penas escapar y salvar la vida de Arrio mientras el resto de remeros, encadenados a sus remos, perece.

            El comandante romano intenta quitarse la vida pues no puede soportar la humillación de la derrota pero Judá se niega a permitírselo. Finalmente, son recogidos por una galera romana e informados de la gran victoria de su flota. Quinto Arrio es aclamado y también Judá, como salvador de aquél.

            El cónsul decide entonces adoptarlo y lo lleva consigo a Roma, donde lo colma de atenciones. A pesar de lo extraño de la situación, Judá es aceptado pero muy pronto siente la necesidad de regresar a Jerusalén en busca de su madre Miriam y de su hermana Tirzah.

            Antes de su viaje, Arrio le da su anillo, lo que le confirma como su heredero y le sirve de salvoconducto.

 

 

EL BIEN Y EL MAL

 

La caracterización de Judá como servidor del bien y de Mesala como esclavo del mal llega en algunos momentos a la exageración.

Podría afirmarse incluso que en pocas ocasiones se ha visto en la gran pantalla un maniqueísmo tan radical y desprovisto de matices.

Y es que mientras el heredero de la Casa de Ur hace ostentación de una bondad casi infinita –concede la libertad para casarse a una esclava por la que se siente atraído, no atraviesa a Mesala con su lanza después de que éste haya dado muestras de inclemencia hacia su madre y su hermana ni tampoco estrangula al cónsul que le tiene encadenado a un remo-, el tribuno romano es presentado como un auténtico demonio.

No sólo paga con mezquina ingratitud la hospitalidad que la familia de Ben-Hur le dispensó cuando era niño sino que se ceba en ellos sin que le tiemble el pulso.

Y lo hace además con maquiavélica intención política: “Te pedí ayuda y ahora me la has prestado. Mediante el ejemplo que doy contigo evitaré las traiciones. El ver que condeno sin vacilaciones a un viejo amigo, a todos les infundirá temor”.

 

Ben Hur Juda detenido

 

La maldad intrínseca del romano es tan intensa que incluso quedará demostrada en una escena tremendamente dramática que acontece tras el fin de la carrera de cuadrigas. Una escena que desvanece cualquier posibilidad de redención para Mesala, cuyo aspecto físico en ese momento corre parejo con el de su alma henchida de odio.

En cambio, la identificación de Judá con Cristo va más allá del simple cruce de sus caminos o de su coetaneidad, ya que Baltasar llegará a confundir al primero con el Hijo de Dios.

Por otra parte, la simbología presente en toda la película no deja lugar a dudas: los caballos que tiran de la cuadriga de Ben-Hur en la decisiva carrera son blancos (el bien) y los que tiran de la de Mesala son negros (el "lado oscuro").

 

DAD DE BEBER AL SEDIENTO

 

Son muchos los momentos memorables del film. Y muchos también los pequeños gestos que hacen innecesario recurrir a sus escenas más espectaculares –la caída de la teja, la boga de los galeotes, las apariciones de Jesús, la batalla naval o la carrera de cuadrigas- pero que, como éstas, permanecen en la memoria del espectador mucho después de que se hayan encendido las luces.

Y, curiosamente, muchos de dichos gestos tienen que ver con el hecho de dar de beber a quien sufre sed y penalidades.

Entre dichos momentos recuerdo especialmente los siguientes:

- Mientras es conducido a Tiro por caminos pedregosos y bajo un sol inmisericorde, Judá se siente desfallecer. Al llegar al pequeño Nazaret, los romanos se abalanzan sobre el agua del pozo y sólo una vez saciados consienten en que beban los prisioneros pero excluyendo de tal privilegio a Judá, que murmura desesperado: “Señor, socórreme”. Unas manos (las de Jesús) le acarician entonces, incorporándole y dándole de beber. Cuando el oficial al mando se acerca para reconvenir al desconocido, algo le detiene y no es capaz de hacer otra cosa que apartarse confuso.

 

Ben Hur Jesus ve partir a los galeotes

 

- Tras ser rescatado y felicitado por su gran victoria, Quinto Arrio recibe un cazo de agua pero, aunque la sed le acucia, él invita a beber antes al galeote que le ha salvado la vida, lo que suscita todo tipo de miradas de incredulidad entre los romanos.

 

Ben Hur adoptado

 

- Años más tarde, será el propio Judá quien intente dar agua a Jesús cuando éste arrastra su dolor bajo el brutal peso de la Cruz pero, en esta ocasión, los soldados romanos lo impiden y nada logra apartar “el cáliz” del sufrimiento de Cristo.

 

UN INQUIETANTE PONCIO PILATOS

 

 

En la fiesta en la que Arrio hace oficial la adopción de Judá -un hombre que no sólo le salvó la vida sino que ha ocupado el lugar del hijo que nunca tuvo-, su padre adoptivo le presenta a un viejo amigo: Poncio Pilatos.

- Antes de llegar tú a la ciudad –le dirá éste-, mis caballos vencían siempre.

Y es que el “joven Arrio” ha triunfado por cinco ocasiones en el Circo Máximo con los caballos de su padre adoptivo.

- Son magníficos caballos, le responde educadamente Judá. Extremadamente veloces.

- Sí, pero no lo suficiente para derrotarte. Dime, ¿eres natural de Judea?

- Sí, lo soy.

- Dicen que resulta difícil vivir en aquel clima.

- Para los judíos no, responde sencillamente Judá.

Los tres ríen y al marchar Judá, Pilatos confiesa a Arrio sus pesares:

- ¡Qué terrible perspectiva. Me mandan allá de gobernador.

- ¿A Judea?, pregunta Arrio extrañado.

- Sí. Solicité Alejandría pero, al parecer, el desierto necesita mis especiales talentos. Los escorpiones y los profetas no pueden vivir sin mí, según creo.

En realidad, Pilatos debe sustituir a Valerio Grato, el hombre contra el que oficialmente atentó Judá. De hecho, Arrio intentará utilizar ese pretexto para retener más tiempo a su hijo adoptivo en Roma, ya que el cambio de gobernador favorece sus intereses. Sin embargo, la impaciencia de Judá por saber de su madre y hermana hará que pise Jerusalén antes incluso que el nuevo gobernador.

Por lo que respecta a Pilatos, no se le retrata en el film como a un sádico sino como a un hombre de Estado con una misión que cumplir.

Inteligente y diplomático, su preocupación por el descontento popular y por la hostilidad cada vez mayor de los judíos hacia César y el Imperio dificultarán desde su llegada su labor pacificadora.

Así, antes del inicio de la carrera de cuadrigas, tras su discurso integrador y de bienvenida, el gobernador sufrirá el desplante de todo un circo atestado, al no ver secundado su “¡Ave César!” salvo por el puñado de romanos que le rodean.

Tras la crucial carrera, Pilatos advierte que Ben-Hur se ha convertido en un ídolo para sus compatriotas y también en un símbolo peligroso. Su mera existencia induce a pensar que los romanos pueden ser derrotados, por lo que se hace imperativa su desaparición de ese escenario.

 

Ben Hur Pilatos laurel

 

El gobernador insta entonces a Judá a abandonar Judea y regresar a Roma junto a Arrio una vez que éste ha logrado la ciudadanía romana para su hijo adoptivo. Negarse –insistirá el político- significa quedar fuera de su protección y le convertirá en enemigo de Roma.

En cualquier caso, la película no muestra la relación que se establece entre Pilatos y Jesús y únicamente veremos al gobernador lavándose literalmente las manos ante el populacho justo antes de que Jesús comience su Vía Crucis.

Tal como está concebida, la película se enmarca en el Nuevo Testamento bíblico aunque utiliza el nacimiento del Cristianismo para algo más que dotar de contexto la  historia.

Algunos de los momentos más relevantes de la vida de Jesús –su nacimiento, el Sermón de la Montaña, su Pasión y Muerte- son reflejados con gran majestuosidad aunque siempre sin mostrar su rostro. Y además su presencia cambiará de forma decisiva la existencia de muchos de los protagonistas por breve que sea la intersección de sus vidas con la de Él.

 

QUINTO ARRIO

 

Un personaje particularmente interesante es el del comandante de la flota romana: el cónsul Quinto Arrio.

A su llegada en falúa a la galera que ha de comandar el ataque contra los macedonios, Arrio manifiesta un interés profesional poco común en el “material humano” con que cuenta la nave.

De modo que pasea entre los galeotes, haciendo observaciones y dictando órdenes que son cumplidas de inmediato.

Tras ser informado de que la galera cuenta con 200 remeros que se relevan en grupos de 30 a cada hora, el cónsul repara en que uno de los remeros no parece en buena condición:

- Ese hombre está enfermo, reemplázalo.

También observa la espalda, duramente castigada por el látigo, de otro de los galeotes:

- ¿Se porta mal este hombre?, pregunta y, una vez se le informa de que se trata de un insubordinado, Arrio afirma con dureza: Eso se va a acabar.

Será justo entonces cuando detecte la mirada de Judá fija sobre él:

- ¿Sirves desde hace tiempo?

- Un mes menos un día en esta nave. Tres años en otras naves.

Teniendo en cuenta que la esperanza de vida para un galeote difícilmente superaba el año, la respuesta del judío sorprende enormemente al romano.

 

Ben Hur Juda en galeras 2

 

Después de someter a prueba a los esclavos haciéndoles pasar de la boga de combate a la de ataque y más tarde a la de ariete, Arrio pide que “el 41” (los galeotes perdían su nombre en cuanto ingresaban en la nave a la que habían de servir) le visite en su camarote tan pronto termine su turno.

Allí le confiesa su interés por la lucha y le propone escapar a los grilletes del remo a cambio de luchar para él en el circo. Sin embargo, Judá no está dispuesto a cambiar una esclavitud por otra. Además de que, como afirmará a continuación, no cree que Dios le haya permitido vivir tanto tiempo para acabar muriendo encadenado a su remo.

- Es una fe muy extraña y obstinada la que tú profesas, le dirá Arrio, disgustado: creer que la existencia tiene una finalidad.

No obstante, antes de la batalla decide ordenar que el judío sea desencadenado, con las consecuencias que ello tendrá para ambos.

Su sentido del honor –que le lleva a intentar el suicidio antes que asumir la humillación de la derrota- está al mismo nivel que su generosidad, ya que una vez es salvado por Judá, le entregará no sólo sus posesiones sino también el afecto de un verdadero padre.

Pero para definir la clase de hombre que es Arrio, nada mejor que recurrir a la escena en la que el mismo César, ante una Roma rendida a sus pies, le hace objeto de su reconocimiento. Allí el comandante, sin faltarle el respeto en lo más mínimo al “divino César”, deja claro que no se humilla ni se siente intimidado por nadie.

La escena resulta muy significativa también por la extrañeza que suscita en César el hecho de que el mismo hombre que intentó matar a su gobernador en Judea haya salvado luego la vida de su cónsul. Eso le hace compartir la conclusión de Arrio en lo que a la inocencia de Judá se refiere.

 

CHARLTON HESTON

 

            El peso del film recae en un Charlton Heston que, al amparo del estruendoso éxito de la película, acabaría siendo habitual en papeles de corte épico-heroico. Alto, fibroso, con mirada dura y ciertas dosis de altanería y desdén, Heston no fue nunca un actor ortodoxo pero forma parte de ese grupo de intérpretes míticos capaces de llenar una pantalla y dotar de sentido a una historia con su mera presencia.

 

Ben Hur Juda

 

            Entre la prolija y brillante filmografía del actor (tristemente célebre en sus últimos tiempos por presidir el nefasto “Club del Rifle” estadounidense) destacan títulos como:

- “El mayor espectáculo del mundo”, de Cecil B. DeMille, en la que Heston interpreta al director de un grandioso circo que empieza a evidenciar signos de declive. El film obtuvo sorprendentemente el Oscar a la Mejor Película en un año en el que se estrenaron títulos como “El hombre tranquilo”, “Solo ante el peligro” o “Cautivos del mal”.

- “El triunfo de Buffalo Bill”, un western en el que el actor encarna al legendario protagonista.

- “Cuando ruge la marabunta”, film de aventuras y catástrofes en el que da vida a un hacendado machista y amargado que se casa por poderes y, una vez constatado el hecho de que su flamante esposa no es la mujercita servil y discreta que él esperaba, pretende “devolverla”.

- “Los diez mandamientos”, de nuevo a las órdenes de DeMille y prestando su sólida imagen al más recordado Moisés de la Historia del cine.

- “Sed de mal”, obra mítica a cargo de Orson Wells –que deja para la historia también la interpretación que éste hace del repulsivo capitán de policía Hank Quinlan- en la que Heston es un policía mexicano que investiga una explosión en la frontera estadounidense.

- “Horizontes de grandeza”, otro western -éste a cargo de William Wyler- en el que Charlton comparte cartel nada menos que con Gregory Peck, Jean Simmons y Carroll Baker. Sería su último gran éxito antes de “Ben-Hur” y bajo la misma dirección.

- “El Cid”.- Otro papel épico –el de Rodrigo Díaz de Vivar- que añadir a su larga galería, a las órdenes de Anthony Mann y con Sofía Loren como partenaire, interpretando a Jimena.

- “55 días en Pekín”, un más que estimable film de aventuras –rodado, como el anterior, en España- en el que las potencias occidentales se unen contra la rebelión de los terribles “bóxers” chinos. El actor da vida aquí a un militar estadounidense con aires de cowboy que hará causa común con el elegante embajador británico interpretado por David Niven.

- “La historia más grande jamás contada”, una superproducción bíblica en la que da vida a Juan el Bautista en tanto que Max Von Sydow interpreta a Jesús.

- “El tormento y el éxtasis”, en el que añade un nuevo personaje mítico a su currículum -el de Miguel Ángel- en un film en el que Rex Harrison da vida al  Papa Julio II:

- “El planeta de los simios”, un film emblemático dentro del género de la ciencia-ficción, en el que Heston asumía el papel protagonista: un astronauta que encabeza una misión cuyo destino final desconoce. Muchos años después, en el penoso remake dirigido por Tim Burton, Charlton fue homenajeado al ofrecérsele el papel del general de las huestes simias.

- “Kartum”, otro gran film de aventuras en las que interpreta al general Gordon, enviado por Inglaterra al Sudán para sofocar la rebelión que encabeza el peligroso líder local llamado “El Esperado”.

 

EL RESTO DEL ELENCO

 

En 1964, un lustro después de encarnar a Mesala, Stephen Boyd repitió papel como romano (aunque más agradecido) como el Livio de “La caída del imperio romano”.

No gozó de demasiadas glorias, en cualquier caso, este norirlandés de nacimiento precozmente desaparecido a la edad de cuarenta y seis años.

Por lo que respecta al galés Hugh Griffith, galardonado por su interpretación del jeque árabe Ilderim, tampoco es que gozara de una brillante carrera pese a su gran éxito puntual. Participó de forma significativa en la no menos épica “Éxodo” pero sobre todo trabajó como secundario a la sombra de grandes estrellas como:

 

Ben Hur jeque

 

- Marlon Brando, Trevor Howard y Richard Harris (“Rebelión a bordo”)

- Albert Finney (“Tom Jones”)

- Kim Novak y Angela Lansbury (“Moll Flanders”)

- Mark Lester y Oliver Reed (“Oliver”)

- Timothy Dalton (“Cumbres borrascosas”)

Mención especial merece el trabajo del actor londinense Jack Hawkins (Quinto Arrio en el film), habitual de un buen número de películas épicas entre las que destacan “Tierra de faraones”, “El puente sobre el río Kwai“, “Lawrence de Arabia” o “Zulú”.

Mucho más discreta es la carrera de la israelí afincada en Inglaterra Haya Harareet, con menos de una decena de títulos en su filmografía, en la que brilla con luz propia su interpretación de Esther en la película de Wyler.

 

 

EL EQUIPO TÉCNICO

 

            Esta magnífica película es una de las más laureadas de la Historia, galardonada con 11 Óscars de la Academia de Hollywood; incluyendo los de Mejor Película, Mejor Director para William Wyler, Mejor Actor protagonista para un magistral Charlton Heston y Mejor Actor de Reparto para Hugh Griffith en su papel ya comentado del Sheik Ilderim.

            Sólo “Titanic” en 1997 y “El Señor de los Anillos: el retorno del Rey” en 2003 han conseguido igualar, que no superar, el número de premios.

            La adaptación del guión, por su parte, se debió a Karl Tunberg, un guionista prolijo pero no excesivamente brillante que, entre sus muchos trabajos, firmó los libretos de las también épicas “Taras Bulba” o “El valle de los reyes”.

            El metraje del film, de 205 minutos, contrasta con los 151 de la versión completa y restaurada de Niblo pero ello no resulta un obstáculo para disfrutar de una película que no envejece con el paso de los años sino que crece cada vez más como leyenda del cine.

            Sobre William Wyler, sólo apuntaré que se trata de uno de los grandes realizadores estadounidenses de todos los tiempos y entre sus mayores éxitos, que fueron muchos, cabe destacar “Jezabel”, “La loba” (ambas con Bette Davis), “La heredera” (protagonizada por Olivia de Havilland), “Cumbres borrascosas” (con Laurence Olivier y David Niven), el western “Horizonte de grandeza” o la deliciosa “Vacaciones en Roma”.

            La fotografía, maravillosa, se debe a Robert Surtees, quien ya nos dejó auténticas joyas en “El golpe”, “Dos mulas y una mujer”, “Ha nacido una estrella”, “Verano del 42” (uno de sus trabajos que más admiro, para la película de Robert Mulligan), “Rebelión a bordo”, “Cimarrón”, “Quo Vadis” o “Mogambo” (con una más que correcta –para la época- inserción de las escenas documentales de los animales salvajes que pululan por el film).

            En cuanto a la música, corrió a cargo de Miklos Rózsa, brillante compositor húngaro que lograría con “Ben-Hur” el tercer Oscar de su carrera tras los conseguidos por “Recuerda” (la cinta de Alfred Hitchcock coprotagonizada por Ingrid Bergman y Gregory Peck) y “Doble vida” (a las órdenes de George Cukor y con Ronald Colman y Shelley Winters en los papeles protagonistas).

 

UNA ESCENA LEGENDARIA

 

            La carrera de cuadrigas, que pasa por ser no sólo la escena más espectacular del film sino una de las más geniales de toda la historia del celuloide, constituye todavía hoy un ejemplo de montaje y de dirección escenográficas.

 

Ben Hur Juda con su cuadriga

 

            Según el protocolo, los aurigas debían completar 9 vueltas al óvalo del circo de Jerusalén. En una prueba que carecía de reglas, al romano Mesala se le permite incluso montar una cuadriga griega con concertinas metálicas capaces de perforar las ruedas de los otros carros. La carrera se iniciaba cuando el gobernador romano dejaba caer el pañuelo y finalizaba cuando el primero de los contendientes superaba por novena vez la línea de partida.

            La secuencia, que copiaba inicialmente la que ya rodara Niblo en 1925, va luego evolucionando hacia una profusión de planos más cercanos que permiten ver las evoluciones de los protagonistas. La brillantez del resultado final ha dado origen a un sinfín de remedos, imitaciones y homenajes, entre las que cabe destacar la realizada por George Lucas en “Star Wars Episodio 1: La amenaza fantasma”, sustituyendo las cuadrigas romanas por “vainas” voladoras.

            En cualquier caso su influencia es evidente en muchas películas con temática automovilística, destacando los planos en que los vehículos chocan lateralmente o aquellos en que salen despedidos de forma acrobática al menor contacto.

            El realismo de la secuencia responde fielmente a las dificultades que originó su rodaje, realizado a lo largo de tres meses y que incluso se cobró alguna vida. Así, al menos una de las muertes que se producen durante la carrera tuvo lugar realmente. En cuanto a Stephen Boyd, insistió en rodar personalmente todas sus secuencias a pesar del peligro.

            En cuanto al duelo particular entre Ben-Hur y Mesala que constituye el epicentro del film, éste se produce cuando el espectador ya se ha enfrentado a una buena parte del metraje, lo cual venía a ser un riesgo considerable, teniendo en cuenta además que se trata de una escena francamente larga dentro de una no menos larga película.

            Contradiciendo cualquier pronóstico fatalista, la escena no sólo funcionó espléndidamente sino que se convirtió en el icono del film y en su secuencia más representativa.

            En cualquier caso, aunque se hace especialmente patente en esta secuencia, lo cierto es que durante toda la película se evidencia una escenografía espectacular (sin ir más lejos, la batalla naval, aunque breve, resulta magnífica) que, unida a la grandiosidad del vestuario y al gran número de extras empleados (unos 15.000) convierten a este film en algo único y gloriosamente irrepetible.

 

EL BEN-HUR DE 1925

 

Una de las particularidades de la versión de 1925 es que, aunque lógicamente se trata de una película en blanco y negro, algunas de sus escenas tienen color. El prodigio se logró merced a un sistema bicromático de Technicolor.

 

Ben Hur 1925

 

También resulta interesante la banda sonora, sobre todo en los créditos iniciales, en los que la música recuerda poderosamente a una marcha nupcial.

Las diferencias argumentales y narrativas respecto al remake rodado por Wyler 34 años más tarde resultan mínimas pero aún así cabría resaltar algunas:

- Dado que la película de 1925 era muda, se recurre de forma reiterada al uso de carteles con los diálogos pero también se inserta uno larguísimo al inicio, explicando el contexto de la historia.

- Sorprende bastante la presencia de algunos desnudos en esta primera versión. En especial en la secuencia del mercado de Jerusalén, cuando una mujer es maltratada por los soldados romanos, que celebran jocosamente haber dejado sus pechos al descubierto pero también cuando, a bordo de la galera en la que rema Judá, uno de los esclavos aparece “castigado” y desnudo (aunque de espaldas) contra una de las paredes.

- En cambio, como cabía esperar, es más explícita en otros sentidos la versión moderna, incluyéndose planos ciertamente perturbadores como el de los galeotes que intentan librarse de los grilletes, algunos de los cuales resultan mutilados en el intento.

- Mientras que en la versión de 1959 el personaje de la Virgen María se muestra de forma neutra, cumpliendo únicamente su misión funcional, en la de 1925 protagoniza una curiosa escena en la que, sin bajar del borrico que la transporta, ahuyenta a una mosca del rostro de un bebé, obteniendo una respuesta más bien grosera por parte de la madre del niño.

- Los tres Reyes Magos aparecen en los dos films pero, mientras que en el primero se hace mención al origen de todos ellos –Melchor el hindú, Gaspar el griego y Baltasar el egipcio-, sólo a este último se le dota de relieve –y de un papel en toda regla- en el remake de Wyler.

- Contrasta enormemente la actitud del Mesala original, que se avergüenza visiblemente cuando Judá le saluda ante los suyos, de la del “segundo” Mesala, que incluso exige más respeto al centurión que le avisa de la presencia de un hombre “que dice ser príncipe”. “Este país era suyo antes de que llegáramos nosotros”, le amonestará entonces.

- Por lo que respecta a la autoría del “atentado”, es Judá quien provoca, de forma involuntaria, la caída de la teja en la primera versión pero en la versión definitiva el accidente se debe a Tirzah aunque sea su hermano quien se declare culpable.

- En el film de Niblo son los piratas de Golthar el Terrible quienes atacan a las galeras de Quinto Arrio. En cambio, en el remake el cónsul pretende cumplir la orden del César de destruir la flota de galeras macedonias que está interceptando el comercio romano.

- En ambas películas el mayordomo Simónides queda maltrecho tras las torturas a las que es sometido por los romanos pero en la más antigua, el esclavo logra cierta sombría reputación bajo el sobrenombre de “Avaro de Antioquía”. En cambio, en la segunda versión el hombre queda recluido (e inválido) en la casa de los Ben-Hur en Jerusalén.

- La condición de esclavo de Simónides, por cierto, es un secreto desconocido para su propia hija Esther en la película de 1925. De hecho, cuando Judá reaparece tras su ausencia de varios años, el mayordomo finge no reconocerlo pues hacerlo pondrá a Esther en la tesitura de pasar de heredera de un rico comerciante a odalisca de un príncipe. Como queda dicho, en la versión de 1959 ella es quien solicita a “su amo” permiso para poder casarse.

- Los caballos a los que Judá conduce a la victoria en el Circo Máximo pertenecen al César en la primera versión y a Quinto Arrio en el remake.

- Cuando Judá llega al campamento del jeque Ilderim, un auriga francamente desastroso está exasperando a éste con su torpeza. Su falta de destreza le cuesta la vida en la primera versión pero en la más moderna sólo sale herido su orgullo, al ser despedido con cartas destempladas (“cerdos debería conducir este hombre”, dirá el jeque).

- Un aspecto que desaparece en la versión de Wyler es el reclutamiento, por parte de Judá, de dos legiones que han de servir al “Rey” (Jesús). De hecho, en la segunda versión Ben-Hur se limita a manifestar su disposición a ponerse bajo las órdenes de cualquiera que pueda abanderar un alzamiento contra los romanos.

- En la versión de Niblo aparece una escena de la Última Cena que parece sacada del mismísimo cuadro de Leonardo da Vinci. En cambio, en la de Wyler, que obvia dicha escena, tanto la “obertura” como el “intermedio” están decorados con los frescos que Miguel Ángel pintó en la Capilla Sixtina.

- La excarcelación de Miriam y Tirzah se debe, en la primera película, a la amnistía decretada por Pilatos para los autores de delitos no registrados pero en la segunda obedece al ultimátum que el “joven Arrio” dará a Mesala.

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