EN EL CALOR DE LA NOCHE

 

Un astronauta en la Corte del Rey Arturo

 

En el calor de la noche Steiger y Poitier 4

  

JEWISON, STEIGER Y POITIER

 

El director estadounidense Norman Jewison dirigió en 1967 esta más que interesante cinta policíaca en la que tiene lugar un duelo interpretativo de primer nivel entre sus dos protagonistas: Rod Steiger y Sydney Poitier.

Poitier precedió a Steiger en los títulos de crédito, buena muestra de su elevada posición en el “star system” de la época. De hecho, ese mismo año dos películas co-interpretadas por él concurrieron al Oscar a la Mejor Película: la de Jewison, que finalmente se alzaría con el galardón y “Adivina quién viene esta noche”, junto a los míticos Katherine Hepburn y Spencer Tracy.

 

En el calor de la noche Poitier con palo 2

 

En cuanto al prolijo Steiger, por aquel entonces ya había dejado su impronta en títulos como “La ley del silencio”, la musical “¡Oklahoma!”, la mítica “Más dura será la caída”, la coral “El día más largo” o la inolvidable cinta de David Lean “Doctor Zhivago” (interpretando al pérfido abogado Komarovsky).

Por su parte, Jewison (que tuvo que conformarse con la candidatura a mejor director) experimentó un notable avance en su carrera a partir de este film, el primero de cierta relevancia en su filmografía aparte de “El rey del juego”.

Luego vendrían títulos tan dispares como “El caso Thomas Crown” (obviamente, la versión original protagonizada por Steve McQueen), “El violinista en el tejado”, “Jesucristo Superstar”, “Rollerball”, “Historia de un soldado” o “Hechizo de luna”.

Ambientada en la América más profunda –en el mismo Estado sudista en que se ubicaba el candente “Arde Mississippi” de Alan Parker-, la presencia de Virgil Tibbs vendrá a remover el denso poso de racismo que preside una de las principales zonas algodoneras –e históricamente racistas- de los Estados Unidos.

 

LÍNEA ARGUMENTAL

 

Un tren llega en plena noche a la destartalada Sparta, en el estado de Mississippi y sólo un hombre –vestido con un elegante traje- desciende del tren.

Poco después, el agente Sam Wood patrulla por las oscuras calles del pueblo, deteniéndose a tomar un trozo de tarta en el pequeño establecimiento del sinuoso Ralph.

Siguiendo con su anodina ronda a bordo del coche policial, Sam se detiene algo más tarde frente a la ventana de Dolores, una casquivana joven que se exhibe desnuda cada noche con todas las luces de su casa encendidas.

Tras deleitarse un rato con la contemplación de la exuberante muchacha, Sam prosigue a regañadientes su camino y, al poco, se detiene ante lo que parece ser el cuerpo de un borracho.

Sin embargo, al aproximarse más descubre que se trata de un cadáver. El de Philip Colbert, un acaudalado industrial llegado a Sparta, al mando de un buen número de ingenieros, con la finalidad de instalar una fábrica que diera empleo a un millar de trabajadores.

Tras haber dado cuenta al sheriff Gillepie del suceso y una vez el cadáver es convenientemente fotografiado, se inician las pesquisas aunque con escasa pericia, dada la escasa formación criminológica de los agentes.

El propio Sam cree dar con la solución cuando encuentra en la estación a un hombre negro elegantemente vestido y con doscientos dólares en su abultada cartera.

Sin molestarse en interrogarle, le cachea y lo conduce a la comisaría en el coche-patrulla pero, cuando el jefe Gillespie intenta obtener del desconocido una confesión, éste se identifica como inspector de policía de Philadelphia.

- ¿Philadelphia, Tennessee? –pregunta el sheriff con suspicacia.

- Philadelphia, Pennsylvania –responde el aludido mientras le lanza su placa.

Puesto en contacto con el superior de Tibbs, aquél le confirma que efectivamente el inspector trabaja a sus órdenes, amén de ser el mejor especialista en homicidios con el que cuenta su Departamento.

La ocasión parece propicia para solicitar su colaboración salvo por una circunstancia: Tibbs –cuyo nombre de pila provoca la hilaridad entre los policías de Sparta- es de raza negra y se encuentran en Mississippi.

Con eso y con todo, mientras Tibbs obedece las órdenes de su superior y se dispone a practicar la autopsia al cuerpo de Colbert, Gillespie recibe el aviso de que sus hombres están persiguiendo a un sospechoso, por lo que se une a la persecución.

Ésta finaliza con el arresto de un ladronzuelo de poca monta que únicamente es culpable de haberse llevado la cartera del asesinado al verla junto al cuerpo exánime de la víctima.

 

En el calor de la noche 1 detenido

 

Sin embargo, Gillespie cree haber encontrado en él al asesino y se niega a aceptar la versión de Virgil, quien le hace ver la imposibilidad de su culpabilidad, dado que el detenido es zurdo y la autopsia demuestra que el golpe mortal fue asestado con la mano derecha.

La discusión es presenciada por la señora Colbert, quien insiste ante el alcalde en su deseo de que “el policía negro” -que a esas alturas ha sido despachado a la estación a la espera de que un tren se lo lleve para siempre- permanezca en la investigación pues le considera el único realmente interesado en esclarecer la muerte de su esposo y también el único capacitado para lograrlo.

 

En el calor de la noche Mrs Colbert

 

A regañadientes, el sheriff va a buscar a Tibbs a la estación y allí le pide que se quede para ayudarle, invitación que él declina. Así las cosas, sólo cabe la amenaza. La de volver a telefonear al superior del inspector para recordarle su oferta de colaboración.

- Aunque no será necesario, ¿verdad, Virgil? Usted es más listo que cualquier blanco y tiene que demostrarlo y dejarnos en ridículo. No creo que una oportunidad como ésta pueda dejarla pasar.

Sin mucho entusiasmo, Tibbs sigue al jefe de nuevo hacia el pueblo.

 

BLANCOS Y NEGROS

 

Con la magnífica banda sonora de Quincy Jones presidiendo el film, éste se abre y se cierra con el tema que da título a la película: “In the heat of the night”, de Ray Charles.

Desde las primera imágenes de la misma –un tren llegando a una estación desierta, un cartel con el nombre del pueblo oscilando al vaivén del viento, la imagen de una virgen sobre el salpicadero de un vetusto coche-patrulla- nos formamos una idea del villorrio en que va a transcurrir la acción.

Luego observaremos otros indicios como alguna que otra matrícula con la bandera confederada o la desconsiderada forma en que todos, blancos y negros, observarán al recién llegado. Con manifiesta hostilidad los blancos y con sorpresa y escepticismo los negros (“¿por qué viste como un blanco?”).

Pronto veremos que Sparta es una polvorienta población de pequeño tamaño, dominada desde su colina por Endicott, el cacique local cuyas plantaciones de algodón ofrecen un precario empleo a decenas de personas de raza negra, en lo que supone una mejora poco significativa desde los tiempos de la esclavitud.

Las viviendas y los modestos comercios del pueblo recuerdan poderosamente el aspecto de los pequeños asentamientos del lejano oeste aunque el saloon ha sido sustituido en este caso por el bar y menudean las tiendas de licores y los colmados.

En cuanto a la población, los puestos relevantes los ocupan exclusivamente los blancos –no sólo el alcalde lo es sino también Endicott y toda la plantilla policial- mientras que los negros desempeñan aquellos trabajos que suponen tener que mancharse las manos. Son mecánicos o recogedores de algodón.

Precisamente un mecánico será quien ofrezca alojamiento a Virgil en su casa después de carcajearse en su cara cuando el inspector insinúa querer hospedarse en un motel. Como comprobará poco después en el bar, en el Mississippi de la época no hay lugar para los negros en un establecimiento de blancos.

 

En el calor de la noche camarero

 

Una escena crucial, no tanto por el desenlace de la trama como para ilustrar la situación racial de la zona, tiene lugar cuando Endicott recibe al sheriff acompañado de Tibbs.

En principio, el cacique trata con afabilidad y cortesía al inspector, de quien le admira que se interese por sus orquídeas (aunque, en realidad, Tibbs anda buscando un helecho del cual ha encontrado muestras en el coche de la víctima) pero pronto desliza un comentario zahiriente: “esta clase de orquídeas son como los negros: hay que cuidarlos, alimentarlos y educarlos y eso lleva mucho tiempo”.

 

En el calor de la noche invernadero

 

La tensión subirá de nivel cuando Tibbs le comenta que quieren interrogarle en relación con la muerte de Colbert pues las desavenencias entre ambos eran públicas y notorias.

El cacique le da una bofetada por la osadía de que un negro pretenda interrogarle. Sin tiempo a la reacción, el inspector se la devuelve, haciendo aflorar verdaderas lágrimas de impotencia en Endicott, tanto por la ofensa sufrida como por la inhibición del sheriff: “Hubo un tiempo en que le hubiera hecho matar”, musita el cacique.

 

TIBBS, UN ASTRONAUTA EN LA CORTE DEL REY ARTURO

 

Tal se diría que resulta el aterrizaje de VIRGIL TIBBS en la retrógrada Sparta. Por lo que los habitantes de dicho lugar saben, los negros no visten así, no hablan así, no se comportan de ese modo ni desempeñan los roles que encarna el recién llegado.

Es en ese contexto donde se sitúa la primera conversación entre Virgil y el jefe Gillespie; cuando aquél afirma proceder de Philadelphia, el “sheriff” lo toma a risa pues las cosas no son muy diferentes en el también sureño Tennessee, por lo que resulta imposible imaginar a un hombre de raza negra elevado al rango de inspector de policía. En realidad, la Philadelphia de la que procede está bastante más al norte.

En cualquier caso, el recibimiento que Tibbs recibe en Mississippi es más hostil que gélido por su doble condición de forastero y de negro. De hecho, sólo la mujer del potentado asesinado se comporta con él desde un inicio como si no advirtiera la diferencia racial.

No es extraño si se tiene en cuenta que su esposo, la víctima, tenía la intención de repartir mil puestos de trabajo a partes iguales entre blancos y negros, lo que por sí solo muy bien podría constituir un móvil para su asesinato.

Experto inspector de homicidios habituado a los más modernos métodos de investigación, la mente lógica y la preclara inteligencia de Virgil no evitan, sin embargo, que en ocasiones vaya más allá de lo que aconseja la prudencia.

Acostumbrado a un entorno carente de las tensiones raciales del sur (del que sin duda procede, ya que es en esa parte del país donde visita a su madre), hay momentos en los que dudamos si su valor es temeridad o simple torpeza. Sólo la resuelta intervención –y su implicación imprevista- del sheriff evitará que Tibbs acabe sus días bajo la tierra de Sparta.

 

En el calor de la noche 1 contra todos

 

 

UNOS PERSONAJES SINGULARES

 

Junto a Tibbs, el personaje que descolla sobre todos los demás es del SHERIFF GILLEPIE, un tipo que despierta nuestra animadversión desde el primer fotograma. Su aspecto de típico blanco sureño y racista recuerda de inmediato al repugnante personaje interpretado por Orson Wells en “Sed de mal” (el capitán Hank Quinlan).

 

En el calor de la noche Steiger

 

Más tarde comprobaremos que, aunque permeable a los prejuicios raciales de sus conciudadanos, el sheriff posee su propio criterio, razón por la cual y pese a sus continuas desavenencias, desarrollará un aprecio real por las aptitudes y por la persona de Virgil.

Hombre solitario y huérfano de relaciones con las mujeres, el policía esconde tras una coraza de apariencia dura y escéptica una mente más abierta de lo que aparenta. Ello quedará patente cuando arriesgue su posición en el pueblo –y quién sabe si su propia vida- al defender al inspector de varios intentos de agresión.

El “tour de force” entre ambos personajes llegará en la casa del sheriff, cuando éste invita al inspector a tomar una copa con él y se abre a las confidencias:

- ¿Está usted casado, Virgil?

- No.

- ¿No lo ha estado nunca?

- No.

- ¿Ni a punto de casarse?

- Sí, eso sí.

- ¿No se siente solo a veces?

- No menos que usted.

- Eh, oiga, no se pase de la raya. No la necesito.

- ¿El qué?

- Su compasión.

Otros personajes destacados con los que nos encontramos son:

- El agente Sam Wood.- Este sí, prototipo del racista sureño, capaz de arriesgarse (de forma literal) a una acusación de asesinato antes que permitir que un negro vea desnuda a una mujer blanca. Hipócrita y rastrero, ni siquiera gozará de la simpatía de su propio jefe.

- El alcalde.- Aparentemente amable y cordial como todo político “de carrera”, sólo permite la “intromisión” de un policía negro mientras ello no le pone en una situación difícil con quienes piensan como él y le han aupado al puesto que ocupa. Su insinuación al jefe de que su predecesor habría disparado contra Tibbs cuando éste abofeteó a Endicott y luego hubiese alegado legítima defensa, lo retratan mejor que cualquier otra circunstancia.

- Dolores.- Exhibicionista y voluptuosa a la vez que escasamente inteligente, no dudará en poner en peligro la vida de otros para salirse con la suya. El hecho de ser huérfana y depender de su fanático hermano condiciona su ya de por sí indolente naturaleza.

 

En el calor de la noche Dolores

 

- Endicott.- El dueño del “cotarro” hasta la llegada del industrial luego asesinado, se resiste a aceptar el cambio de los tiempos y tiene a su disposición a un grupo de energúmenos dispuestos a todo con tal de cumplir su voluntad.

- Señora Colbert.- Una auténtica señora en la mejor acepción de la palabra. Sentida en el dolor pero dueña de sí misma. Resuelta a resolver el crimen de su esposo o a llevarse la fábrica para siempre de ese lugar maldito, su absoluta falta de prejuicios raciales pondrá en un brete a alcalde y sheriff.

 

En el calor de la noche Mrs Colbert 2

 

- Ralph.- El dueño del bar es un tipo de aspecto poco fiable y los juegos que se trae con Sam (escondiéndole las tartas que aquél ambiciona u obviando la oposición del agente a que le trate por su nombre de pila) corren parejos con otros manejos de superior envergadura que iremos averiguando a lo largo del film. Su firme oposición a servir “a un negro” en su bar denotan, por otra parte, la catadura moral del sujeto.

 

En el calor de la noche Sam y el camarero

 

 

DATOS TÉCNICOS

 

La adaptación de la novela homónima de John Ball al film corrió a cargo del guionista Stirling Silliphant.

La película contó con dos secuelas oportunistas e innecesarias, ambas con Sidney Poitier como protagonista ("Ahora me llaman Señor Tibbs" y "El inspector Tibbs contra la organización") pero ni la calidad de estas producciones ni la respuesta del público tuvieron nada que ver con el original.

La fotografía corrió a cargo de Haskell Wexler, director de este apartado en algunos otros clásicos como "¿Quién teme a Virginia Wolf?", "Alguien voló sobre el nido del cuco" o "Colores de guerra", amén de grabar varias recopilaciones de videos musicales del mismísimo Bruce Springsteen.

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