JUMANJI

 

Cine fantástico para todos los públicos

 

 

Jumanji Elefante pisando coche

 

 

 

EL FANTÁSTICO, ¿COSA DE NIÑOS?

 

            Tener niños pequeños en la familia ofrece la oportunidad de revisitar, de cuando en cuando, algunas películas dirigidas en principio a un público mucho más joven que uno.

            Sin embargo, los hay que no necesitamos de tan socorrida excusa a la hora de ver este tipo de películas o incluso, como es el caso, de incorporarla a nuestra videoteca.

            Realmente me gusta el género fantástico por definición aunque éste abarque un buen número de subgéneros; desde el terror fantástico hasta la comedia fantástica, pasando por el thriller fantástico y un largo etcétera de variantes.

            Ello sin entrar a diferenciar (o a intentarlo) el fantástico de la ciencia-ficción, cuyas fronteras son a veces muy difusas como ya comenté en mi reseña del libro “Cena en el Palacio de la Discordia”, de Tim Powers.

            En cualquier caso, Jumanji” podría catalogarse de película de aventuras construida sobre la base de un juego tan maravilloso como aterrador.

            El film cuenta con algunos gags graciosos (a veces rozando la ingenuidad) y, en general, predomina el humor blanco.

            Sin duda es un producto dirigido al público infantil y juvenil pero lo considero perfectamente apto para el consumo adulto, no porque plantee cuestiones que requieran una especial madurez sino más bien porque el artificio al que recurre dista mucho de ser indigesto.

            Unos efectos especiales bastante aceptables y unos personajes considerablemente simpáticos envuelven la trama, presidida por altas dosis de acción, la cual se constituye en absoluta protagonista, dando pie a secuencias visualmente impactantes y alguna de ellas incluso memorable.

 

JUMANJI, LA PELÍCULA

 

            En 1869 y en mitad de la noche, dos niños se afanan en un bosque cercano a la localidad de Brantford, en el estado norteamericano de New Hampshire.

            Intentan enterrar una voluminosa caja que previamente han descargado de un carro tirado por caballos y del que llega un inequívoco sonido de tambores.

            Uno de los niños pregunta con cierto temor:

            - ¿Y si alguien lo descubre?

            A lo que el otro responde:

            - Que Dios se apiade de su alma.

            Justo cien años después, el pequeño Alan pasea tranquilamente con su bicicleta por Brantford cuando cinco muchachos de su misma edad comienzan a perseguirle, montados en las suyas, con intención de agredirle.

            El muchacho logra refugiarse en la fábrica de calzado de su padre, Sam Parrish pero, cuando Alan pide a su padre que le acompañe a casa, Sam le afea su cobardía y le exhorta a enfrentarse a sus temores.

            El niño sale pues de la fábrica y afronta estoicamente lo inevitable, recibiendo una paliza por parte de los cinco niños.

 

Jumanji Joven Alan sangrando

 

            Sin embargo, un redoble de tambores distrae al muchacho de sus preocupaciones, llevándole hasta una pared excavada por las obras de la fábrica. De ella logra arrancar una caja cuyo candado rompe con una pala.

            En su interior descubre un atractivo juego llamado “Jumanji”, que se lleva de inmediato a casa.

            Esa noche, el arrogante Sam elude su responsabilidad en la agresión sufrida por su hijo, ya que nadie le había informado de que éste se encontrara en inferioridad numérica. De haberlo sabido, afirma ahora, nunca le habría animado a enfrentarse a ellos.

            En todo caso, como “recompensa” por su valor, su padre le anuncia que ha decidido enviarle interno al Colegio Cliffside para muchachos, lo que Alan rechaza enérgicamente.

            Tras una agria discusión que termina abruptamente porque Sam debe pronunciar un discurso, el niño se dispone a escaparse de casa cuando suena el timbre de la puerta.

            Se trata de Sarah, la novia de Bill, el celoso cabecilla de los agresores. Cuando ella oye los sonidos de tambores que llegan desde el salón, Alan siente tanto alivio por el hecho de que alguien más sea capaz de oírlo que la invita a jugar con él, cosa que en principio ella desdeña pues ya no cree tener edad para juegos.

            Cuando, al poco de iniciar la partida, Alan es absorbido por el tablero y desaparece en su interior, la niña huirá aterrorizada sin que sus explicaciones sean creídas por nadie.

 

Jumanji Niña amiga de Alan

 

            La desaparición del niño, por el contrario, hará crecer la leyenda de que fue su propio padre quien lo asesinó.

            No obstante, veintiséis años más tarde, en1995, dos niños, Judy y Peter Shepherd, llegan a la casa para instalarse junto con su tía Nora, que los ha adoptado tras quedar ellos huérfanos.

            También Judy y Peter descubrirán la caja de “Jumanji” cuando ésta se haga presente con sus sempiternos tambores.

            La reanudación de la partida y el cinco obtenido con los dados por uno de los niños hará reaparecer a un Alan Parrish barbudo y desaliñado, ataviado con trapos y hojas de árbol.

 

Jumanji Robin barbado

 

            Al Alan adulto le cuesta comprender que ha pasado más de un cuarto de siglo y que sus padres ya no están allí para recibirle a su regreso.

 

NIÑOS VERSUS ADULTOS

 

            Entre aventuras y secuencias de acción, que van in crescendo a lo largo del film, se intercalan también en él algunas reflexiones indirectas acerca de la eterna dialéctica entre niños y adultos.

            Así, la relación de Alan Parrish con su acaudalado y frío padre es un ejemplo de cómo no deberían ser nunca dichas relaciones.

 

Jumanji El joven Alan

 

            Sam deposita en su hijo una vaga esperanza continuista tanto en lo que toca a su apellido como en lo relativo a la empresa familiar.

            No denota nunca ningún tipo de sentimiento hacia él salvo una cierta decepción que se hace especialmente patente cuando le empuja a enfrentarse a quienes le agreden sin tomarse la molestia de conocer los pormenores de dicho intento de agresión.

            En general parece molesto por la presencia del niño y su decisión de enviarle interno a un colegio parece obedecer tanto a la conservación de las tradiciones familiares como a su propio deseo de librarse de él.

            - ¿Qué es esto?, pregunta Alan con aprensión mientras hojea el folleto del Colegio Clifside para muchachos. ¿Edificio Parrish?

            - Es el dormitorio principal, responde el padre con orgullo.

            - Oh, es genial, se lamenta el niño. Aquí los chicos no me dejan tranquilo porque me llamo Parrish. Imagínate cuando viva en un edificio con mi nombre.

            Sam carece de la más básica inclinación pedagógica y además le tienen sin cuidado las necesidades o preferencias de su hijo, razón por la cual insiste en que en Clifside se han educado varias generaciones de Parrish, como si ello fuese un argumento que debiera convencer al niño.

            - Quizá yo no quiera ser como tú. Quizá yo no quiera ser un Parrish, afirma Alan elevando la voz

            - Y no lo serás hasta que te comportes como tal, responde su padre fríamente.

            - Entonces aún no estoy preparado para Cliffside.

            - El próximo domingo te llevaremos allí –explota el señor Parrish- y no quiero oír una palabra más sobre eso.

            - No la oirás, no volveré a hablarte en toda mi vida.

            Veintiséis años más tarde, Sarah expresará su estupefacción al ver vivo a Alan pues ella, como todos los demás, había acabado convenciéndose de que Sam le asesinó y descuartizó, escondiendo sus restos en la mansión. Frente a esa teoría, Alan sostendrá con calma:

            - Mi padre era incapaz de abrazarme. ¿Cómo quieres que me cortara en trocitos?

            Los problemas de la tía Nora con sus sobrinos, que pertenecen a una generación muy posterior a la de Alan, son de un tipo diferente.

            Temerosa de causar un mal todavía mayor a los niños, que han perdido a sus padres en un trágico accidente de coche en Canadá, Nora se muestra paciente ante las rarezas de que ambos hacen gala:

            - Judy miente como una bellaca, exagerando cada vez más el tono de sus mentiras, lo que provoca que no sea creída las pocas veces en que dice la verdad.

            - Peter guarda un obstinado silencio en presencia de su tía que sólo rompe cuando ésta no está presente, actitud que cabe atribuir al trauma sufrido por la pérdida de sus padres.

            Todo ello dará lugar a una conversación muy significativa entre los dos niños la primera noche que los Shepherd pasan en la que fuera la mansión de los Parrish:

            - ¿Echas de menos a papá y a mamá?, pregunta Peter.

            - No, responde Judy.

            - Embustera. Si sigues así, tía Nora te mandará a un psiquiatra.

            - ¿Adónde crees que te mandará a ti si no empiezas a hablar?

            La tercera versión de las relaciones entre niños y adultos viene dada por la que los propios Judy y Peter entablan con Alan, un niño grande que no ha crecido como debiera, obligado a preservar su vida en mitad de la jungla salvaje, valiéndose únicamente de sí mismo, lo que paradójicamente habría hecho sentir orgullo a su desaparecido padre.

            Alan cae, no obstante, en algunos de los errores que su progenitor observara respecto a él pero al menos tiene la suficiente claridad de ideas para darse cuenta de cuándo ha metido la pata, imitando el mal ejemplo de Sam.

 

Jumanji Tramposo

 

            Por suerte para ellos, también los niños son bastante más despiertos de lo que Alan fuera en su época, llegando al extremo de manejarle cuando se muestra poco dispuesto a colaborar.

            - Vámonos, Judy, él no va a ayudarnos. Tiene miedo.

          - ¿Miedo? Vosotros no sabéis lo que es el miedo, reacciona Alan, enumerando a renglón seguido los numerosos horrores a los que ha tenido que enfrentarse durante años en el corazón de la jungla. Después de hacerlo, se mostrará bastante más colaborador.

            - Peter, lo has hecho genial, reconocerá Judy a su hermano menor.

            - Es psicología invertida. Papá siempre la utilizaba conmigo.

 

ALGUNAS CURIOSIDADES TEMPORALES

 

El invento de Carl

 

            Cuando Alan se refugia, al principio del film, en la fábrica de calzado de su padre, uno de los operarios, el bondadoso Carl Bentley, le cuenta entusiasmado que ha inventado algo que revolucionará el mundo del calzado. Incluso ha concertado una cita con Sam para enseñárselo.

            - Es el futuro. Si consiguiera que la estrella del baloncesto Wilt Chamberlain las llevara seguro que habría un par en todos los armarios de América. Esto será la máxima moda.

            Angustiado por la persecución de la cual es objeto, Alan no sólo no le presta demasiada atención sino que acaba pulsando por accidente el botón de encendido de una cinta transportadora, con lo cual acaba destrozando el invento de Carl en el interior de una trituradora y acaba también con los sueños del joven.

            Sin embargo, la zapatilla en cuestión parece una réplica casi exacta de las célebres “Air Jordan” que Nike comercializaría ¡¡¡16 años después!! cuando el gran Michael Jordan estaba en la cresta de la ola con los Chicago Bulls.

            En ese momento, 1969, era en cambio Chamberlain, el gigantesco pívot de Los Angeles Lakers (con quienes jugó entre 1968 y 1973) quien dominaba la NBA con puño de hierro.

 

El progreso de la tecnología

 

            Cuando Alan comienza la partida con Sarah en 1969, ambos se sorprenden al comprobar que las fichas saltan automáticamente hasta la casilla de salida. En ese momento, el muchacho comenta:

            - Debe estar magnetizado o algo así.

            En cambio, cuando la partida se reanuda en 1995 y las fichas saltan de la mano de Peter para situarse en esa misma casilla, Judy insinúa azorada:

            - Deben ser los microchips o algo así.

 

JUMANJI, EL JUEGO

 

            La caja, de cartón duro, muestra en su portada cuatro figuras (un explorador, un rinoceronte, un mono y un elefante), unas montañas de fondo y una lanza que atraviesa el nombre del juego, todo lo cual evidencia la temática selvática del juego.

            En un lateral reza la leyenda: “Jumanji, un juego para los que buscan quizás el modo de dejar su mundo atrás”.

            Al abrirla descubrimos que el tablero central forma parte de la propia caja, desdoblándose con la simple apertura de la misma hasta quedar desplegado por completo.

            En un compartimento lateral se ubican los dados y las fichas de los jugadores, que tienen la misma forma que las cuatro figuras que anunciaba la tapa, esto es, un explorador, un rinoceronte, un mono y un elefante.

 

Jumanji Una ficha

 

            En el centro del citado tablero, una semiesfera de cristal permanece apagada hasta que se ilumina con las frases que describen aquello que las sucesivas tiradas de los jugadores van desencadenando. Como peculiaridad, los amenazantes textos (siempre lo son) se expresan invariablemente rimados.

            La mecánica del juego es tan sencilla como la de nuestro “juego de la Oca”, dado que sólo hay que avanzar por las casillas hasta alcanzar la meta, teniendo alguna particularidad como el hecho de que quien obtiene la misma puntuación en ambos dados es premiado con otra tirada.

            Sin embargo, la verdadera peculiaridad estriba en la naturaleza de los acontecimientos que tienen lugar cada vez que se cae en una casilla concreta. Así, por ejemplo, algunas puntuaciones determinan las siguientes consecuencias:

            - De noche vuelan. Es mejor huir. Estos seres con alas no hacen reír (lo que precipita a un buen número de murciélagos en la habitación).

            - En la jungla vas a esperar hasta un ocho o un cinco sacar (leyenda que acompaña a la desaparición del pequeño Alan en el interior del tablero).

            - No va a ser fácil la misión; los monos retrasan la expedición (con lo cual aparece un grupo de bulliciosos monos que sembrarán el caos en la hasta entonces tranquila localidad de Brantford).

 

Jumanji Monos gamberros

 

            - Sus mordeduras dan picores, estornudos o sudores (y una bandada de gigantescos mosquitos se lanza en picado contra ellos, siendo tal su tamaño que, cuando Judy se deshace de uno de ellos lanzándolo con una raqueta de tenis hacia la claraboya, el cristal de ésta se rompe, permitiendo que todos los insectos huyan por el agujero).

            Pero éstas son sólo algunas de las circunstancias que acarreará la disputa de la partida; progresivamente se irá incrementando la gravedad de las mismas hasta causar daños que alcanzan no sólo a los protagonistas sino a la totalidad de su entorno.

 

Jumanji Arañas

 

            Sin embargo, se verán obligados a continuar, aferrados a la esperanza de que sea cierta la advertencia que también aparece en la caja del juego:

- Advertencia a los aventureros: no empiecen si no piensan terminar. Las horribles consecuencias de este juego terminarán cuando un jugador llegue a Jumanji y repita su nombre luego.

            A finales de 2012 se exhibió el tablero -dentro de la “ExpoSyFy” dedicada al cine fantástico y de ciencia-ficción- en el complejo cultural “La Rambleta” de Valencia. Aquí podéis ver una fotografía del mismo.

 

Tablero real Jumanji

 

            Eso sí, lamentándolo mucho he de deciros que “Jumanji, el juego” no está disponible ni en grandes superficies ni siquiera en Teletienda. Al menos el juego real con poderes mágicos; tal vez sí haya alguna réplica.

Lástima.

 

ORÍGEN Y SECUELAS DE LA HISTORIA

 

            El relato homónimo del escritor e ilustrador estadounidense Chris Van Allsburg fue la base que dio origen a esta historia.

            Sin embargo, fueron las ilustraciones las que más reconocimiento obtuvieron en su día, pues la historia apenas si contaba con una treintena de páginas.

            Los guionistas Jonathan Hensleigh, Jim Strain y Greg Taylor fueron los encargados de realizar la adaptación cinematográfica a partir de tan escueto texto y cabe reconocerles un más que decoroso trabajo aunque fuera realizado en colaboración con el propio Van Allsburg.

            Tras el éxito de la película vería la luz una novelización a cargo de George Spelvin que en España llegó a distribuir Círculo de Lectores en tapa dura y que se ceñía escrupulosamente al film.

            Existe una secuela del film llamada “Zathura: una aventura espacial”, estrenada justo diez años después (en 2005) y subtitulada de forma oportunista como “Jumanji 2”.

            Digo lo de oportunista porque lo único en común entre ambas es el protagonismo en las dos de un juego de mesa mágico.

            En cualquier caso, otro relato de Chris Van Allsburg es el punto de partida. En esta ocasión, presentando un nuevo juego de mesa llamado Zathura que catapultará a los jugadores al espacio exterior, desgajando la casa en la que juegan y haciéndola flotar en su ingravidez.

            Sin embargo, esta versión futurista del juego está bastante lejos de su predecesora tanto en gracia como en originalidad, convirtiéndose en un mero pastiche al que no salvan ni los efectos audiovisuales (lógicamente superiores, al tratarse de una producción mucho más reciente) ni la intervención de Tim Robbins.

            No es exactamente aburrida pero tampoco aporta nada significativo.

 

EFECTOS ESPECIALES MEJORABLES

 

            Los efectos especiales, a pesar de su espectacularidad, toparon con un problema que acabaría siendo irresoluble: el pelo.

            Aunque pueda resultar ostensible la inserción de las criaturas creadas por “Jumanji” en la realidad de los personajes que disputan la partida, el tema resulta suficientemente satisfactorio cuando dichas criaturas carecen de pelo (rinocerontes, elefantes) pero patina de forma escandalosa cuando sí están cubiertos de él.

 

Jumanji Rinos y cebras

 

            Así, leones o monos acaban pareciendo simples muñecos de peluche, lo que daña gravemente la verosimilitud de la historia y te saca de la película en momentos en los que resultaría especialmente importante estar “metidos” en ella.

            Estas limitaciones típicas del género (“El valle de Gwangi”, “La isla misteriosa”, la versión inicial de “La guerra de los mundos” o las primeras versiones de “King Kong”) cuestan más de entender si tenemos en cuenta que “Parque Jurásico”, que había revolucionado el mundo de los efectos visuales,se había estrenado dos años antes.

            Pese a ello, hay escenas como la de la estampida (recreada en la portada del dvd) que son ya un clásico del género y eso cabe reconocérselo.

 

EL ELENCO

 

            Precisamente el tejano JOE JOHNSTON, un colaborador habitual de Steven Spielberg, que dirige “Jumanji”, haría lo propio con la tercera entrega de la saga jurásica.

            También deja otros trabajos destacados del cine fantástico como “Cariño, he encogido a los niños”, “Rocketeer” o la fallida “El hombre lobo” protagonizada por Benicio del Toro.

            El hecho de que Johnston sea un reputado director artístico y responsable de los efectos visuales en ILM (Industrial Light & Magic) para producciones de la envergadura de “En busca del arca perdida” o “El retorno del Jedi” es algo que no deja de sorprenderme, habida cuenta las deficiencias de los efectos visuales ya comentadas.

            En cuanto a los actores, es evidente que ROBIN WILLIAMS se lleva la parte del león en este film merced a su caracterización como el Alan Parrish adulto que regresa al mundo “real” veintiséis años después de haberlo abandonado.

            Acostumbrado a papeles histriónicos como los de “Sra. Doubtfire”, “Popeye” (donde encarnaba al célebre personaje de cómic famoso por sus bíceps y su adicción a las espinacas), “Nueve meses” o “Noche en el museo”, a veces matizados por el dramatismo como en “El rey pescador” (por el que fue nominado al Oscar al Mejor Actor), “El mundo según Garp” o incluso “El indomable Will Hunting” (por el que obtuvo su único Oscar, como Mejor Actor Secundario), Williams también nos sorprende en ocasiones con papeles de otro tenor como en “Good morning Vietnam” o “El club de los poetas muertos”, que le valieron otras dos nominaciones al Oscar como Mejor Actor protagonista.

            Por desgracia, coincidiendo con mi estancia en Nueva York, en agosto de 2014, llegó la triste noticia del suicidio de Robin, que conmocionó a todo el mundo y de la que se hicieron eco la totalidad de medios informativos. Precisamente esa noche había hecho una fotografía de la estatua de cera del actor en el Museo Madame Tussauds.

 

Robin Williams

 

 

            La polifacética BONNIE HUNT, guionista y productora a tiempo parcial, interpreta el papel de la Sarah adulta. La misma que debe olvidar los miles de dólares gastados en los psiquiatras que debían ayudarle a asumir que sus recuerdos acerca de la desaparición de Alan eran falsos.

 

Jumanji Jugando sin Robin

 

            A Bonnie siempre la recuerdo por su papel de mejor amiga (y cuñada) de Marisa Tomei en la simpática “Sólo tú” pero también la hemos podido ver en “Rain man”, las dos entregas de “Beethoven” (aunque personalmente no soporte esta saga perruna), la nefasta “Caprichos del destino” (nunca entenderé qué hace semejante engendro en una filmografía como la de Sydney Pollack y eso que contaba con Harrison Ford y Kristin Scott Thomas) o “La milla verde”, además de en la serie televisiva “Doce en casa” junto a Steve Martin. No puede decirse realmente que su carrera haya sido excelsa, para qué nos vamos a engañar.

            En cuanto a la atractiva BEBE NEUWIRTH, que aquí da vida a Nora, la tía de los hermanos huérfanos, siempre viene a mi memoria en su caracterización como la amiga divertida pero entrometida de Andie MacDowell en “Matrimonio de conveniencia”.

            Bebe también cuenta con papeles en “Celebrity” (de Woody Allen), “The Faculty” o “Cómo perder a un chico en 10 días”, amén de contar con una larguísima participación en la exitosa serie “Cheers”.

            Una jovencísima KIRSTEN DUNST, mucho antes de hacerse popular encarnando a la novia de “Spiderman” en la trilogía protagonizada por Tobey Maguire o de sus recordados papeles en “Las vírgenes suicidas”, “Elizabethtown” o “María Antonieta”, daba vida aquí a la pequeña Judy.

 

Jumanji Kirsten Dunst 2

 

            La anécdota en lo que a la interpretación se refiere la protagoniza la doble actuación del australiano JONATHAN HYDE como San Parrish (el padre de Alan) y como Van Pelt, un temible y sanguinario cazador surgido también de la jungla de “Jumanji” cuyas apariciones vienen acompañadas, vaya usted a saber por qué, por los acordes del himno mexicano.

 

Jumanji El cazador

 

            En el apartado técnico cabe señalar que el autor de la banda sonora es nada menos que el gran James Horner ("Willow" o "El nombre de la rosa" entre un larguísimo etcétera de magníficas partituras) y que la fotografía corre a cargo de Thomas Ackerman.

 

MAGNÍFICA EDICIÓN EN DVD

 

Jumanji

 

            Exista una fastuosa “EDICIÓN DEL COLECCIONISTA” en dvd que incluye nada menos que tres documentales:

            - Destruyendo la casa

            - Cómo se hizo Jumanji

            - Efectos especiales

            Por si ello fuera poco, también cuenta con el siguiente material extra:

            - Comparación de storyboards

            - Trailer

            - Teaser trailer

            - Fotografías

            - Comentarios del equipo de efectos especiales

            La naturaleza de todos estos extras parece poner en entredicho mi afirmación anterior de que el film iba dirigido a un público muy joven pues no consiste en juegos como en las películas de Disney sino en contenidos que analizan detalladamente la concepción técnica y artística del film.

            Sin embargo, puede interpretarse como afirmaba también al principio: la película es perfectamente apta para el consumo adulto y las características del material extra lo corroboran plenamente.

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