LA (amnésica) NOCHE DE LOS CRISTALES ROTOS

 

La noche de los cristales Con Gus 2

 

 

VOCACIÓN DE TELEFILM

 

            Lo cierto es que, por sus características, “La noche de los cristales rotos” (“Shattered” en el original, que podría traducirse como “Trastornado”) bien podría haber sido un telefilm: una trama aparentemente no muy compleja ni original, un número muy reducido de personajes y también pocas localizaciones.

            Sin embargo, hay algunos elementos que desmienten su aparente vocación, haciéndola acreedora en su día a la proyección en salas cinematográficas y, con posterioridad, a su edición (aunque carente de extras salvo una serie de trailers propios y ajenos) en formato DVD.

            Dichos elementos pueden concretarse en los siguientes extremos:

            - Cuenta con un reparto de cierta alcurnia en el que, junto a estrellas del caché de Tom Berenger y Greta Scacchi, destacan también secundarios de postín como Joanne Vhalley o Bob Hoskins.

            - Su guión está repleto de diálogos inspirados e ingeniosos, muy por encima del nivel que suelen presentar los productos dirigidos a la emisión por televisión. Por si fuera poco, su aparente simplicidad se va complicando hasta ofrecer un desenlace sorprendente, bastante alejado de los previsibles finales al uso.

            - La producción fue lo suficientemente solvente como para delegar la dirección de fotografía en un profesional de la talla de Laszlo Kovacs o la dirección musical en Alan Silvestri (nominado al Oscar por su partitura de “Forrest Gump”).

 

“LA NOCHE DE LOS CRISTALES ROTOS”, EL FILM

 

            Un coche se despeña por un precipicio en plena noche, al romper el pretil de la virada carretera californiana por la que circulaba.

            Al instante, una mujer sale despedida del vehículo mientras el hombre que la acompañaba queda atrapado dentro, sufriendo un buen número de vueltas de campana antes de estrellarse contra un árbol.

            Milagrosamente, ella resulta casi ilesa en tanto que él, que no tiene tanta suerte, queda en estado de coma.

            Desafiando a la lógica, también el hombre logra recuperarse de sus múltiples lesiones aunque debe ser sometido a una interminable sucesión de intervenciones quirúrgicas, incluyendo las de estética, ya que su cara ha quedado destrozada.

 

La noche de los cristales En el hospital

 

            La pericia de los médicos y la fortaleza física de Dan Merrick, que es entusiastamente apoyado por su esposa Judith en todo momento, logran su sorprendente recuperación aunque no pueden evitar la severa amnesia que le impide recordar su propia identidad y la de quienes le rodean.

            Dispuestos a vencer también ese obstáculo, la pareja regresa a San Francisco, viviendo un segundo noviazgo durante el cual Dan se muestra considerablemente más romántico de lo que al parecer solía ser.

 

La noche de los cristales Convenciendo

 

            Sin embargo, una amarga decepción le espera cuando, ya en la casa de ambos, se dispone a fumar una pipa y encuentra, escondidos en la caja del tabaco, una serie de negativos fotográficos.

            Al examinar dichos negativos con una lupa, descubre con estupor que se trata de una serie de instantáneas que muestran los cuerpos desnudos de su esposa y de un hombre que no es él.

            Confundido y frustrado, Dan decide aceptar la invitación que les han hecho los Scott para cenar esa misma noche.

            Aunque él no les recuerda, Jeb es el socio de Dan en la poderosa corporación Merrick & Scott y Jenny es su más bien esotérica esposa.

            Cuando intenta sonsacarles por separado, Merrick obtiene dos versiones muy distintas acerca de su vida anterior al accidente.

            Según Jeb, si Judith le engañaba tenía motivos sobrados para hacerlo debido al mal trato que Dan le dispensaba.

           En cambio, en opinión de Jenny, es Judith la culpable de sus problemas matrimoniales, llegando al extremo de considerarla una mentirosa compulsiva.

 

La noche de los cristales La amiga 2

 

            Para demostrar sus acusaciones, Jenny le cuenta que Judith solía verse en cierto hotel llamado “La Hacienda” con Jack Stanton, un presunto arquitecto al que todos habían conocido en México.

            Personado en el hotel, el encargado reconoce a Merrick de inmediato y, cuando él le muestra la fotografía de Judith, el hombre le confirma que en efecto la mujer de la foto se veía allí de forma regular con Stanton aunque ambos dejaron de aparecer por el lugar hace algún tiempo.

            Cuando se despide de él, el encargado le comenta sin ninguna maldad: “No se olvide de saludar a su esposa de mi parte”.

            Más confuso y desorientado todavía, Merrick vuelve a su trabajo y toma posesión de su despacho, intentando recordar algo mientras revisa su propia agenda. En ella encuentra una anotación referente a alguien llamado Klein.

            Interroga entonces a su secretaria, la atractiva y elegante Nancy Mercer, y ella le confirma que efectivamente el señor Klein se presentó en dos ocasiones para cobrar una factura pero que ella no satisfizo el pago porque él se negó en redondo a decirle de qué se trataba.

 

La noche de los cristales Pillada en la ofi

 

            Nancy logra encontrar la factura y Dan se queda estupefacto al comprobar que la misma asciende a siete mil dólares. Puesto en contacto con el teléfono del tal Klein, le responden de una tienda de animales, por lo que decide personarse allí para averiguar qué fue lo que compró.

            En realidad, Klein resulta ser un detective privado que regenta, además, la susodicha tienda. Él fue quien tomó las fotografías de Judith con Stanton y también es él quien le anima a abandonar toda investigación ahora que los Merrickparecen haberse reconciliado.

            Pero Dan no está tan seguro…

 

LA VERDAD ESTÁ AHÍ FUERA

 

            La angustia de Dan Merrick, un brillante arquitecto al que la amnesia le impide recordar quién es ni cómo era su vida con anterioridad al accidente, centra la trama del film.

            Merrick no recuerda su nombre ni a su familia ni sus datos personales aunque recuerda lo demás: el año y quién es el Presidente. Y también puede conducir y en teoría funcionar profesionalmente.

            Como acontece en estos casos, los médicos advierten a su esposa de que el paciente podría tardar una semana en recordar pero también podría no hacerlo nunca.

            Los fogonazos en forma de recuerdos bombardearán al protagonista con cada estímulo no previsto: su propio reflejo en un espejo le hace recordar la lluvia de cristales que le destrozó el rostro durante el accidente (una de las escenas recurrentes del film y que dan nombre al mismo) y él reacciona destrozándolo a bastonazos mientras que contemplar la fotografía de Stanton le trae imágenes inquietantes de una fiesta pero también de su esposa haciendo el amor fogosamente entre las olas del mar.

            Lo que intuye por sí mismo, lo que averigua en colaboración con Gus y lo que escucha tanto a Judith como a sus presuntos amigos Jeb y Jenny moldean su endeble imagen de la realidad, impidiéndole no sólo recordar quién fue sino también proyectar sus pasos futuros.

       Su vida misma es un conjunto de cristales rotos cuyos cambiantes reflejos, desenfocados y desordenados, se ve incapaz de interpretar.

            Si los miedos de Dan se centran en un primer momento en la posibilidad de quedar convertido en un monstruo (su desfiguración es ciertamente terrible), a continuación pasan a estar protagonizados por su esposa, de la que vuelve a estar enamorado pero en la que no se ve capaz de confiar después de descubrir sus eróticas fotos con “el otro”.

            Y, más adelante, su imaginación y la del detective llegarán a proyectar la sospecha de que su accidente pudiera no haber sido fortuito. De ser ese el caso, se pregunta Klein, “¿qué podría impedir que los implicados lo intentaran de nuevo?”.

            En cualquier caso, la intriga se administra con maestría por parte de un Wolfgang Petersen que no sólo dirige sino que es también el autor del guión, adaptando la novela “The Plastic Nightmare” de Richard Neely.

            Así, las imágenes iniciales del film nos muestran el coche de los protagonistas desplazándose velozmente sobre una carretera en la que los jirones de niebla blanquean la oscuridad de la noche hasta que la secuencia termina, de forma abrupta, con el despeñamiento del vehículo.

            Más tarde, cuando los Merrick abandonan al fin el hospital en un luminoso día y se desplazan por esa misma carretera que bordea la costa, Dan besa románticamente a Judith en los labios mientras ella conduce, arrancándole un bandazo al vehículo y una sonrisa a ella. “Cuidado”, musitará Judith, recordando lo sucedido en otro momento levemente inquietante.

            Una inquietud que seguirá latente con los secretos desvelados a medias por Jeb y Jenny, quienes parecen callar más de lo que manifiestan.

            La entrada en escena del detective privado Gus Klein y del siempre nebuloso Jack Stanton, que podría estar de vuelta en San Francisco, contribuyen a dar una vuelta más de tuerca a la trama.

 

La noche de los cristales Con Gus

 

            Sin embargo, será una crucial escena que tiene lugar a bordo de un barco abandonado con residuos tóxicos en su interior la que constituya el auténtico clímax del film hasta el punto de que la película será recordada por ella.

 

UNOS DIÁLOGOS CHISPEANTES

 

            Los diálogos son realmente notables a lo largo de todo el metraje pero, para muestra, baste estos ejemplos:

A) Intrigado por el saludo del encargado de “La Hacienda” (en castellano en el original, incluyendo el cartel del hotel) para “su esposa”, Dan intenta averiguar quién pudo ser la mujer que estuvo allí con él, por lo que tantea a su propia secretaria;

            - Nancy, ¿has oído hablar de un sitio llamado “La Hacienda”?

            - Mmmmm... (y, después de un significativo titubeo) sí, lo he oído.

            - Oye, tú y yo, ¿hemos estado alguna vez allí solos?

- ¿Tú y yo? (pregunta ella, horrorizada, y dejando caer lo que lleva en las manos). No.

B) Merrick se persona en la tienda de animales para encontrar una explicación a los siete mil dólares que marcan la factura recibida y encuentra a Gus Klein discutiendo con una clienta nada satisfecha.

            - Usted me garantizó que, cuando este pajarraco empezara a conocerme, me hablaría.

            - Yo lo único que le dije es que Clementina “podía hablar”, no que fuese a hacerlo. Lo siento, señora y perdone las molestias.

Mientras la dama abandona el establecimiento, no sin antes asesinar con la mirada a Gus, el loro comienza a chillar:

            - ¡Zorrona!, ¡zorrona!

            - ¿Ve como podía hablar?, exclama Klein entre carcajadas.

C) Instantes más tarde, Klein informa a Merrick de su condición de detective privado, por lo que los siete mil dólares corresponden al tiempo empleado en la investigación que demostró el adulterio de Judith con Stanton.

            - ¿Quiere un consejo? Olvídelo. Sí, ya sé que ella tuvo una aventura. ¿Es que usted no ha tenido ninguna aventura, señor Merrick?

            - Sí… síCreo que tuve una… pero no recuerdo con quién.

            - ¡Pues vaya con cuidado, amigo!, le responde el detective, carcajeándose de nuevo.

D) Dan sorprende a su esposa cuando ésta recibe de la sirvienta un mensaje de Stanton y llama a toda prisa al detective.

            - ¿Puedo hablar con Gus Klein?

            - No. –responde la ayudante de éste en la tienda- Hay una perra que está pariendo.

            - ¿Cuándo volverá?

            - Está aquí mismo.

            - ¡Pues que se ponga!

            - Ya le he dicho que hay una perra pariendo.

            - ¡Maldita sea, esto es importante! Dígale que Jack Stanton está en la ciudad y que ha llamado a mi mujer. ¿Lo ha entendido?

            - Sí. ¡Vaya, lo que faltaba!

            - ¿Qué?

            - Que acaba de morderle la perra.

 

ACTORES Y PERSONAJES

 

            A las órdenes del director alemán Wolfgang Petersen, realizador entre otras de El submarino, La historia interminable, Enemigo mío, En la línea de fuego, Air Force One, Estallido, Troyao Poseidón, intervienen como principales protagonistas:

 

Tom Berenger como Dan Merrick

 

La noche de los cristales Tom 3

 

            Berenger, nacido en Chicago al igual que Harrison Ford, es un actor reputado y competente que no goza de una filmografía espectacular pero que, a cambio, constituye casi una garantía a la hora de afrontar el visionado de un film, ya que rara vez participa de proyectos anodinos.

            Existe, por supuesto, alguna excepción (se me ocurre así a bote pronto la nefasta “Acosada” junto a Sharon Stone y con guión del horripilante Joe Eszterhas) pero la mayoría de sus apariciones suelen tener lugar en producciones cuanto menos dignas y rara vez carentes de interés.

            Algunas de ellas son:

            - “Platoon”, la particular visión de la guerra de Vietnam a cargo de Oliver Stone.

        - “El sendero de la traición”, en el que interpreta a un hombre aparentemente campechano y afable que tal vez esté flirteando con el Ku Klux Klan, para desazón del personaje al que da vida una estupenda Debra Winger.

           - “La sombra del testigo”, un interesante thriller dirigido por Ridley Scott y en el que encarna a un policía que ha de proteger a una testigo capital en un caso de asesinato (Mimi Rogers) y cuya extracción social es muy superior a la suya.

           - “Los perros de la guerra”, en la que participa junto a Christopher Walken, siendo éste el líder de un grupo de mercenarios desplegado en un pequeño país africano dictatorial.

        - “Training day: día de entrenamiento”, donde actúa a la sombra de los protagonistas Denzel Washington y Ethan Hawke.

          - “Origen”, la cinta fantástica de Christopher Nolan que destaqué en mi Balance como una de las mejores películas de 2010.

            El personaje de Berenger en “La noche de los cristales rotos” es Dan Merrick, el brillante arquitecto que ve desmoronarse su vida tras un brutal accidente del que se recupera físicamente pero que le acarrea una terrible secuela: la amnesia.

            Con una apariencia de  integridad que parecen apoyar tanto su evidente malestar ante los manejos políticos de su socio Jeb (quien utiliza el chantaje como forma habitual de negociación) como su negativa ante los devaneos de Jenny, su pasado arroja tantas dudas como el de su esposa, a tenor de lo que desvelan parcialmente sus amigos, por lo que resulta difícil prever adónde le llevarán sus pesquisas.

            Algo que redunda en interés de la trama, por supuesto.

 

Greta Scacchi como Judith Merrick

 

La noche de los cristales Greta

 

            De esta actriz británica de origen italiano ya hablé en mi artículo sobre “Presunto inocente”, en la cual su papel resultaba más escueto aunque igualmente sensual. Algo de lo que rara vez están desprovistas sus apariciones en la gran pantalla.

            Y es que a su evidente atractivo físico une la señorita Scacchi una indudable dosis de morbo que ella misma, con el perfil de los papeles que ha ido interpretando, ha contribuido notablemente a incrementar.

            En esta ocasión, la Scacchi hace un alarde de sus evidentes encantos, a los que la fotografía de Kovacs saca un excelente partido. Sus sensuales labios y sus rotundos pechos salen, en particular, muy beneficiados de su enfrentamiento con la cámara.

            Por otra parte, todo este despliegue de erotismo (muy suave, todo hay que decirlo) está al servicio de un papel –el de la esposa de Merrick- que desborda sensualidad y misterio a partes iguales.

            Judith, una mujer en apariencia dulce y leal, resulta tan enigmática para su amnésico marido como para el espectador, que no sabe demasiado bien a qué carta quedarse con ella.

            Aunque desde el principio se intuye, tras su leal abnegación y su proverbial dulzura, una fuerza de voluntad considerable y un sólido carácter, las sospechas que se ciernen sobre el personaje nos vuelven cautelosos a la hora de considerarlo en su conjunto pues no sólo ignoramos sus propósitos sino también los antecedentes de su accidente, es decir, las causas que lo propiciaron y su posible participación en el mismo.

 

Bob Hoskins como Gus Klein

 

La noche de los cristales Gus

 

            Hoskins es de esa clase de actores que, sin hacer mucho ruido ni ser primeros espadas, dignifican la profesión por su excelente oficio y por el aplomo a prueba de bomba de que hacen siempre gala.

            Más que acostumbrado a robar escenas a los protagonistas de las películas en las que interviene, en su filmografía destacan títulos como la bélica “Amanecer zulú” (junto a Burt Lancaster), la fantástica “Brasil” de Terry Gilliam, la divertida “Dulce libertad” de Alan Alda, la romántica “Sirenas”, la cinta de Zemeckis “¿Quién engañó a Roger Rabbit?” (que combina imágenes animadas con personajes reales), la tragicómica “Mrs. Henderson presenta” (junto a la magnífica Judi Dench) o el thriller dramático “El viaje de Felicia” de mi admiradísimo Atom Egoyan.

            La verdad es que, a pesar de dominar prácticamente todos los registros, Hoskins está más que dotado para la comedia, con una gracia inherente a su discreta persona que nada tiene que ver con el histrionismo de otros como Danny De Vito o Jim Carrey.

            En “La noche de los cristales rotos”, Hoskins interpreta a un detective privado que ha ido abandonando progresivamente su profesión, deprimido ante la miseria y la podredumbre que encuentra en la observación de sus congéneres.

            Ello le lleva a refugiarse en los animales, en quienes confía bastante más que en los seres humanos y por cuyo sustento se ve en la obligación de aceptar algún que otro trabajillo, a fin de “darles de comer”.

            Como él mismo afirma a lo largo de la película, “las horas extraordinarias, la mala comida y el ambiente” han minado su salud, que incluso precisa del uso constante de un inhalador.

            Sin embargo, si su inofensivo aspecto lleva a alguien (incluyendo los protagonistas del film) a menospreciarlo, quien lo haga correrá un considerable peligro pues Gus une a una estimable capacidad deductiva una determinación que corre pareja con aquélla. Aunque quede por saber al servicio de quien están ambas.

 

Joanne Vhalley como Jenny Scott

 

La noche de los cristales La amiga

 

         Casada en su día con Val Kilmer a raíz de un noviazgo que se inició tras la participación de ambos en el rodaje de la cinta fantástica “Willow”, la carrera de Joanne no ha sido todo lo brillante que se preveía.

          O bien no gestionó correctamente los réditos que podría haber obtenido de su relación con una estrella del fulgor de Val o bien su talento no era tanto como se aventuraba en sus comienzos.

            En cualquier caso, en los créditos del film su nombre aparece todavía como Joanne Vhalley-Kilmer y, por aquel entonces ya había participado de producciones como el drama “Escándalo” de Michael Caton-Jones o el thriller de John Dahl “La muerte golpea dos veces”.

            Más refugiada en la televisión durante los últimos tiempos, intervino también en algunos olvidables trabajos posteriores a la cinta de Petersen como “Un hombre bueno en África” o “Traición al jurado” pero nada especialmente relevante, al menos en opinión de un servidor.

            En “La noche de los cristales rotos” se nos muestra como una mujer ambigua, cuyo latente cinismo pone en tela de juicio sus temerarias afirmaciones. Derrochadora por naturaleza y aficionada a echar las cartas, su desinterés por su marido es tan evidente como su atracción por Dan, a quien intenta convencer de que ambos mantenían un idilio cuando él sufrió el accidente.

            Dispuesta a jugarse el todo por el todo, su intervención en la trama resultará peligrosamente decisiva.

            El papel de su esposo Jeb, un tipo que ríe a solas sus propias y chabacanas gracias y que no duda en utilizar los más sucios subterfugios a fin de lograr sus propósitos profesionales, corre a cargo de Corbin Bernsen, un prolijo californiano que, pese a tener menos de sesenta años, acumula casi dos centenares de interpretaciones en su haber entre películas, telefilms y series.

            Entre las primeras destacaría sus papeles en “Una mujer en la liga” o “Muerte en las ondas” aunque personalmente le recuerdo más por su papel de Arnie Becker en la serie televisiva “La Ley de Los Angeles”.

 

LA AMNESIA EN EL CINE

 

            La amnesia es un recurso que el cine ha utilizado hasta la saciedad por razones obvias. Y es que no hay nada tan sencillo para confundir al espectador que hacer que el protagonista de la historia contada sea el primero en ignorar quién es, de dónde viene o adónde se dirige.

            El suspense queda asegurado si se nos incapacita para juzgar las acciones de un personaje que es el primero en desconocer sus motivaciones últimas.

            Por otra parte, cada nueva pieza del rompecabezas asegura una nueva dosis de interés para quienes seguimos la trama, los cuales inevitablemente aspiraremos a obtener más y más indicios y porciones de información que acaben por desvelarnos el misterio.

            Es el caso de “Recuerda”, la cinta de Hitchcock protagonizada por Gregory Peck y por Ingrid Bergman que aparece como referente obligado y que dejó para la posteridad la singular escena del sueño diseñada por nuestro Salvador Dalí.

            En este thriller psicológico por antonomasia, el personaje de Bergman trabaja como psiquiatra en un sanatorio al que se incorpora Peck en calidad de director.

Hitchcock insistiría en el tema de la amnesia parcial con “Marnie la ladrona”, última de sus colaboraciones con Tipi Hedren, que actuaba como partenaire de Sean Connery en un film en el que ella arrastraba, sin ser consciente de ello, una fobia cuyo origen estaba en su infancia.

            Por mencionar sólo unos pocos de entre la infinidad de films que bucean en el tema de la amnesia nombraremos estos:

- “A propósito de Henry”, con Harrison Ford convirtiéndose literalmente en otra persona tras recibir un disparo en la cabeza).

- “Morir todavía”, de Kenneth Branagh, que mezcla otros temas como la reencarnación.

- “The Majestic”, con mi odiado Jim Carrey).

- “The Jacket”, una interesante cinta fantástica protagonizada por Adrien Brody).

- “Desafío total”, donde el mismísimo Arnold Schwarzenegger es despojado de sus recuerdos.

- “Paycheck”, otro film de género fantástico con Ben Affleck como protagonista.

- la saga “X-Men”, con Lobezno como víctima de la dolencia amnésica.

- “Dark City”, que muestra a toda una ciudad bajo sus efectos).

- "Memento" (inolvidable Guy Pierce lleno de tatuajes y rodeado de fotografías Polaroid).

- las españolas y magníficas “La ardilla roja” de Julio Medem y “Sé quién eres” de Patricia Ferreira.

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