NADIE CONOCE A NADIE

 

De la novela al celuloide

 

 

Nadie conoce a nadie Portada

 

 

 

LA NOVELA

 

El jerezano Juan Bonilla es un autor bastante versátil en cuya producción literaria se alternan los libros de relatos (“El que apaga la luz”, “La compañía de los solitarios”, “La noche del Skylab” o “Basado en hechos reales”), los libros de poemas (“Partes de guerra”, “El Belvedere” o “Buzón vacío”) y las novelas.

Entre estas últimas destacan “Cansados de estar muertos”, la galardonada “Los príncipes nubios” o esta “Nadie conoce a nadie” a la que debe gran parte de su relativa popularidad.

Quizás no sea la mejor de sus obras, como veremos, pero sin duda sí es la que le ha valido un mayor reconocimiento. Lo cierto es que el argumento que Bonilla planteaba es lo suficientemente atractivo como para hacerse acreedor al mismo aunque siempre me quede la sensación de que se podría haber hecho algo más con ese material de partida.

Y no me refiero tanto a la forma –el gaditano es un excelente escritor que domina la técnica con destreza- sino al fondo, ya que la historia podía haber dado más de sí, como demostró años después Mateo Gil en su película, cuyo guión adaptó él propio director.

 

LÍNEA ARGUMENAL DE LA OBRA LITERARIA

 

Nadie conoce a nadie libro y dvd

 

Simón Cárdenas confecciona crucigramas para un diario sevillano y comparte piso con Sapo, un individuo sinuoso con una afección laríngea que origina su mote.

Una noche, un mensaje anónimo en el contestador de Simón le amenaza con atentar contra su madre o sus hermanas si se niega a incluir la palabra “Arlequines” en la línea 6 de su próximo crucigrama.

El joven accede pero comienza a sospechar de Sapo y comparte sus sospechas con la atractiva María, documentalista del periódico.

Un par de atentados con gas sarín convulsionan entonces Sevilla, en vísperas de la Semana Santa, fechas aparentemente escogidas para algo peor.

Simón contrata entonces a un detective cuyas pesquisas corroboran sus sospechas pero poco después Sapo le confiesa ser el líder de un grupo de anarquistas –los Arlequines- inmersos en un juego de rol que precisa de Simón como cronista.

 

MÁS INTROSPECCIÓN QUE ACCIÓN

 

Partiendo de un planteamiento considerablemente atractivo que dio origen a un guión cinematográfico más audaz y brillante, la novela de Bonilla se pierde en una excesiva introspección que, sin aportar trascendencia, frena la trama.

La ubicación de la historia en una Sevilla que vive los prolegómenos de una de sus fiestas grandes (huelga decir que la Feria de Abril sería la otra) constituye un enorme acierto argumental, como también lo es la caracterización del personaje de Sapo.

Los antecedentes de dicho personaje se narran de forma algo premiosa en la novela (es uno de sus lastres), a la vez que se le otorga una preponderancia evidente respecto del otro protagonista, un tanto deslucido emocionalmente y con una tendencia excesiva (a mi modo de entender) a la divagación.

El personaje de María, por su parte, no carece de interés pese a su obsesión de sublimar sus carencias a través del sexo. O quizás debido a ello.

En cualquier caso, la novela no acaba de arrancar debido a que la acción, demasiado dosificada, se pierde entre un exceso de reflexión.

Resulta paradójico que la aventura y el misterio que promete la historia desde el principio acabe defraudando a causa de una excesiva morosidad a la hora de afrontarlas.

Por otro lado, no acaba de convencerme la sequedad omnisciente con que Bonilla trata a sus propios personajes, los cuales acaban siendo poco menos que arquetipos pese al considerable esfuerzo que su autor realiza por caracterizarlos.

Con todo, el autor logra algún pasaje ciertamente lúcido como alguna de las elucubraciones de Simón: “Una idea que me perseguía desde hacía mucho emergió de repente: la confección de un crucigrama imposible. Un crucigrama en el que cada definición remitiera a un vocablo inexistente en nuestro idioma y cuyo resultado definitivo no fuera otro que el casillero completo en blanco”.

Por fortuna, el cine sí iba a sacar partido de tan interesantes premisas, redondeando una obra sensiblemente superior.

 

LA PELÍCULA DE MATEO GIL

 

La adaptación cinematográfica corrió a cargo de Mateo Gil, amigo y colaborador habitual de Alejandro Amenábar, con quien firmara los guiones de “Tesis”, “Abre los ojos”, “Mar adentro” y “Ágora”.

Al margen de sus trabajos para Amenábar, Gil también formó parte del equipo de guionistas responsable de la adaptación cinematográfica de la estupenda “El método (Grönholm)”.

Nadie conoce a nadie” fue la opera prima del grancanario como director de un “largo” tras algunos excelentes cortometrajes como el premiadísimo “Allanamiento de morada”. Una década ha tardado Gil en repetir la experiencia con el western “Blackthorn (Sin destino)”, su segundo largometraje.

 

Nadie conoce a nadie Sacerdote asesinado

 

Devolviéndole el favor tras tanta colaboración, Alejandro Amenábar firma la destacada banda sonora del film, quizás no muy sinfónica pero ciertamente descriptiva y con un punto perturbador y desasosegante.

La primera diferencia que advertimos entre la novela de Bonilla y el guión de Mateo Gil es la fisionomía del personaje de Sapo. La descripción del mismo como un individuo rechoncho y carente de atractivo contrasta con la elección de Jordi Mollà para encarnarlo.

 

Nadie conoce a nadie Sapo 2

 

En cualquier caso, el actor catalán se las ingenió para mostrar un acento sevillano más que creíble, en un ejercicio ejemplar de interpretación verbal.

Junto a otras diferencias que podríamos calificar de “menores” como el hecho de que la palabra clave que Simón ha de incluir en su crucigrama sea “Arlequines” en la novela y “Adversario” en el film, debemos destacar la supresión del prescindible personaje del detective o una mayor dosis de misterio aplicado al personaje de María.

 

Nadie conoce a nadie Perdiendo fuerza

 

No obstante, la diferencia más significativa es el desenlace de la película, sin relación alguna con la novela. Gil se decanta por una solución más abrupta y radical, a diferencia de Bonilla que opta por una resolución menos contundente.

 

Nadie conoce a nadie Gafas negras

 

Entre los grandes aciertos del film cabe destacar la maravillosa fotografía de Javier Salmones, responsable de algunos de los mejores contrastes que he visto en una producción española.

Con su maestría, Salmones convierte a la ciudad de Sevilla en un personaje más. Las escenas nocturnas con la Giralda y la Torre del Oro iluminadas, las vistas aéreas sobre la ciudad que inciden en el Puente de la Peineta o la plaza de toros de la Maestranza, constituyen todo un homenaje a una de las capitales más hermosas de este país.

 

Nadie conoce a nadie Paso de Semana Santa

 

También el barrio de Santa Cruz o los pabellones de la Expo tienen su porción de protagonismo.

Debo hacer notar que algunos de los exteriores se rodaron en la cercana Carmona (de la que tal vez algunos conozcáis su Parador) y otros se trasladaron hasta Madrid. En concreto, el bar en el que trabaja la novia de Simón y en el que el protagonista juega al ajedrez con el padre Andrés está realmente ubicado en la capital de España.

Los aciertos estéticos y escenográficos son muchos, destacando el diseño de la página web de Sapo (en la que domina cierto símbolo obtenido de un grabado demoníaco que puede encontrarse realmente en el Archivo de Indias sevillano), la gran maqueta de la ciudad de Sevilla sobre la cual diseñan sus estrategias los jugadores o incluso los efectos visuales que acompañan a las armas ficticias utilizadas durante el juego de rol.

 

Nadie conoce a nadie Reunidos

 

El tono, que en ocasiones pasa de lo irreverente casi a lo sacrílego, yendo más allá de lo que propugnaba la novela, generó algunas críticas que han menoscabado el prestigio de una producción española a la altura de lo mejor que se ha hecho en el género del thriller en nuestro país.

 

Nadie conoce a nadie Noriega 2

 

 

EL ELENCO

 

Sobre el reparto, destaca el duelo interpretativo entre Eduardo Noriega (Simón) y Jordi Mollà (Sapo), que se salda favorablemente al segundo, sin pretender enmendarle la plana al cántabro, del cual no tengo en absoluto un mal concepto.

Eduardo Noriega, consagrado con “Tesis”, la opera prima de Alejandro Amenábar y confirmado en la segunda película de éste, “Abre los ojos”, seguía afianzándose con notables éxitos como la divertida comedia “Cha-cha-cha” o el también thriller (un género en el que se mueve como pez en el agua) “La fuente amarilla” cuando le llegó la oportunidad de interpretar este papel, que no es al que más partido le ha sacado, esa es la pura verdad.

 

Nadie conoce a nadie Noriega

 

Las posteriores “Plata quemada”, “El espinazo del diablo”, “El método (Grönholm)” y, sobre todo, “El lobo”, donde firma posiblemente su interpretación más brillante dando vida a un personaje real –un joven vasco que es infiltrado por la policía española dentro de ETA- no exento de riesgo, han consolidado de forma definitiva su carrera, en la que tampoco falta algún tropiezo menor como “Cuestión de suerte”, “Novo” o “Agnosia”.

Lo que queda claro es que los puntos álgidos de su trayectoria, con la excepción de la citada película de Miguel Courtois, orbitan alrededor del dúo Amenábar-Gil, no en vano también interpreta un papel más que relevante en las ya citadas “Allanamiento de morada” y “Blackthorn (Sin destino)”.

En cuanto a Jordi Mollà, que ya coincidió con Noriega en “Historias del Kronen” (aunque el papel del catalán era fundamental y el del cántabro episódico), fue encumbrado por “Jamón Jamón”, la película de Bigas Luna que también lanzó las carreras de Penélope Cruz y Javier Bardem.

 

Nadie conoce a nadie Sobre Isla Magica

 

Aparte del Kronen, Mollá había intervenido con acierto en algunas producciones como “La Celestina” o “Los años bárbaros” cuando le llegó esta oportunidad que él sí supo aprovechar a la perfección.

Curiosamente intervino en “GAL”, la fallida teórica secuela de “El lobo” y, tras demostrar sus dotes interpretativas en España, dio el salto a las Américas para interpretar a un narcotraficante en “Blow”, de Ted Demme, (el genial y efímero director de “Beautiful girls”) junto a Johnny Depp, Franka Potente y de nuevo Penélope Cruz.

Lo más significativo de su carrera internacional, por desgracia estancada y encasillada quién sabe si por su origen o por su aspecto físico, lo constituyen la producción británica “Elizabeth: la Edad de Oro”, donde interpretaba a Felipe II y las hollywoodienses “Che: Guerrilla” a las órdenes de Soderbergh, “Encontrarás dragones”, dirigido por Roland Joffé, la película de acción “Noche y día” que coprotagonizaban Tom Cruise y Cameron Diaz (y que fue parcialmente rodada en Cádiz y Sevilla) y la reciente “Riddick”, bajo la batuta del inevitable David Twohy y a mayor gloria de Vin Diesel.

La cinta también sirvió para lanzar a la hispano-argentina Natalia Verbeke, cuyo papel tiene un alto voltaje erótico en el film y que sólo había intervenido en otra película con anterioridad, la endeble comedia española “Un buen novio”.

 

Nadie conoce a nadie Natalia

 

Con posterioridad, Natalia participó del enorme éxito internacional de la cinta argentina “El hijo de la novia” que protagonizaban Héctor Alterio y Ricardo Darín y se afianzaría, alternando comedias como “El otro lado de la cama”, “Días de fútbol” o la serie “Doctor Mateo” con dramas como “El método (Grönholm)” y “GAL”, en las que volvería a coincidir con Noriega y Mollà respectivamente.

También cuenta con un papel modesto pero atractivo en el film la actriz sevillana Paz Vega (una musa personal, si se me permite el comentario), cuya carrera hasta ese momento había estado orientada sobre todo hacia la televisión y que luego conocería éxitos como los dramas “Sólo mía”, “Lucía y el sexo” y “Hable con ella” o la comedia musical “El otro lado de la cama”, en el que coincidiría de nuevo con la Verbeke,

 

Nadie conoce a nadie Paz Vega

 

 

La carrera posterior de la bella sevillana por desgracia ha seguido una trayectoria descendente y más bien errática,  trufada de mediocridades como “Novo” (de nuevo con Eduardo Noriega), la endeble “Carmen” de Vicente Aranda o las estadounidenses “Spanglish”, “Fundido a negro”, “Dame 10 razones”, “Bajo la piel” o “No way out”.

Tampoco su paso por otras cinematografías como la mexicana o la peruana han hecho gran cosa por enderezar su trayectoria, como tampoco la francesa “Grace Kelly”, en la que Nicole Kidman encarnaba a la princesa monegasca y nuestra Paz nada menos que a la diva Maria Callas.

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar