EL ÚLTIMO MAGNATE

Un gran tributo al Hollywood dorado

 

El ultilmo magnate De Niro y Nicholson

 

 

LA EDAD DE ORO DE HOLLYWOOD

 

             Hubo un tiempo en el que los grandes Estudios cinematográficos constituían, además de empresas colosales, lugares mágicos en los que casi todo era posible y en los que, junto a la lujuria, se desbordaban también la ambición y la codicia.

            El glamour rodeaba a sus estrellas, algunas de las cuales les “pertenecían” literalmente y los estudios se prestaban entre sus derechos o negociaban millonarias colaboraciones.

            Los guionistas eran parte marginal del negocio (como algunos denuncian seguir siendo y sólo hay que recordar la no muy lejana huelga que paralizó al cine y a la televisión en Norteamérica); mal vistos, peor tratados y aún peor pagados.

            En cambio, los actores eran casi deidades, el soporte vital del “star system”. Las grandes estrellas vendían entradas sólo con anteponer su nombre en la pantalla al del film en el que intervenían y, a cambio, recibían un tratamiento que rozaba la adoración en el caso del público y entraba de lleno en el terreno de la adulación en lo concerniente a los directivos de los estudios. Algo que tal vez sigue sucediendo aunque en menor medida.

            En un peldaño algo inferior se situaban los directores, salvo aquellos que gozaban de un gran status y podían permitirse imponer sus condiciones y los galones ganados.

            En cualquier caso, la labor cuya concepción sí ha experimentado un cambio radical desde esa época es precisamente la del productor..

            El tiempo al que me refería al principio es concretamente la década de los años treinta, cuando el cine aún no conocía el color, las producciones tenían mucho de artesano todavía y no hacía demasiado tiempo que se había introducido el cine sonoro.

 

EL PRODUCTOR (ÉSE POR EL CLAMABA MARTIRIO)

 

            Excepto en casos concretos como los grandes directores que, una vez alcanzado un notable prestigio, se toman la molestia puntual de producir (casos de Steven Spielberg o, con anterioridad, Robert Redford o Sydney Pollack), la labor del productor resulta bastante oscura de cara al gran público.

 

El ultimo magnate De Niro

 

            De forma un tanto reduccionista, se suele resumir su labor en esta doble función: la de conseguir financiación y la de administrar los fondos disponibles para que los directores no se excedan ni en los plazos del rodaje ni en su coste.

            En algunos films como El juego de Hollywoodde Robert Altmanincluso se les satririza un tanto, poniendo el acento en su obsesión por ganar dinero a toda costa, manipular a los guionistas y ligarse a las actrices en un ejercicio que desprecia olímpicamente la concepción artística del cine y, en el caso del protagonista del film de Altman (a quien daba vida un genial Tim Robbins) ignora la menor sombra de escrúpulo.

            En La condesa descalza, por poner otro ejemplo, un multimillonario metido a productor por un simple deseo de aparentar, se dedicaba a humillar de forma despótica a un director prestigioso pero venido a menos a causa de su adicción a la bebida (Humphrey Bogart).

            En cualquier caso, dentro del colectivo destacan aquellos productores convertidos en Directores de Estudio por los Consejos de Administración de los mismos, que les dotaban de poderes casi ilimitados.

            Figuras tan gigantescas como las de CECIL B. DE MILLE, HOWARD HUGHES o DAVID O. SELZNICK hacían posibles las películas y dirigían con mano de hierro todo su desarrollo: ellos compraban los libros en los que se basarían los guiones, contrataban a los escritores que los adaptarían, negociaban los sueldos de las estrellas que los interpretarían, nombraban y destituían a los directores que las dirigirían y supervisaban los montajes definitivos una vez finalizaran las filmaciones.

            Precisamente contra esta concepción del cine, basado en la figura omnipotente del productor, nacieron en Europa tanto el neorrealismo italiano como la nouvelle vague francesa.

 

EL ÚLTIMO MAGNATE, LÍNEA ARGUMENTAL

 

            En los estudios de International World Films, mientras un viejo guía muestra las instalaciones a un grupo de jovencitas, tienen lugar varios rodajes de forma simultánea.

            En uno de ellos, la veterana Didi obliga a repetir una toma por puro divismo, con la consiguiente irritación tanto de su compañero de reparto, el célebre Rodriguez, como del propio director del film, Red Ridingwood.

            Mientras, Pat Brady, uno de los dueños del estudio, conversa con Fleishecker, un abogado recién llegado de Nueva York, despotricando ambos abiertamente acerca de los guionistas, tema que no interrumpe ni la llegada de Cecilia, la hija de Brady.

            Un terremoto se desencadena en ese momento y la muchacha sale despavorida en busca de su admirado Monroe Stahr, el gran productor de los estudios, quien duerme en un sofá en otra ala de la mansión.

            Por fortuna, cuando dan con él sólo advierten algún trozo de cal caído del techo sobre su elegante traje.

            Sin embargo, Stahr es requerido a renglón seguido porque el pequeño seísmo ha provocado una inundación que amenaza con destruir los decorados de varias de sus películas.

            Así, un poblado francés ha sido poco menos que arrasado mientras la enorme cabeza de un ídolo navega como una barca a la deriva.

 

El ultimo magnate con decorados

 

            Sobre la cabeza flotante, Monroe divisa a dos mujeres y queda de inmediato prendado de una de ellas.

            Al día siguiente, el productor trata por todos los medios de dar con la joven, facilitando su descripción a sus colaboradores e interrumpiendo de forma reiterada su trabajo para ser informado de los progresos de la “investigación”.

            Entre tanto, la consentida Cecilia redobla sus esfuerzos por seducirle pero es inútil, ya que Monroe sigue viéndola como a una niña.

 

El ultimo magnate De Niro y la hija del jefe

 

        Entre reuniones con actores, comidas con la dirección de los estudios y reconocimientos médicos, el productor espera la llegada de un hombre de Nueva York que representa los intereses del gremio de escritores y con el que ha de reunirse.

            Sin embargo, su verdadera ansiedad es catalizada por el intento de localización de la muchacha desconocida.

            Al fin, sus hombres dan con ella y él la telefonea para concertar una cita pero, cuando la recoge en el lugar convenido, se da cuenta de que no se trata de la misma joven.

            Ésta, una aspirante a actriz llamada Edna, comprende pronto el malentendido y lo conduce a la casa de su amiga Kathleen Moore, verdadero objeto del deseo de Stahr, que una vez más queda fascinado por la belleza y la elegancia de Kathleen.

            Sin embargo, dicha fascinación resulta no ser mutua y el rutilante productor es poco menos que despachado, eso sí con impecables maneras, de la casa de Kathleen, a la que ésta no le franquea el paso.

            Ello sólo alimentará la pasión de Monroe, que volverá a encontrarla en el “Baile de los Escritores”.

 

El ultimo magnate De Niro retiene a la chica

 

 

HOMBRE PARA TODO

 

            Ese magnate que da título al film y que constituye la figura del productor omnipresente y todopoderoso, aunque proceda del anonimato y de la insignificancia más absolutos, se encarna en el personaje de Monroe Stahr (Robert De Niro).

            En un momento de la película, una de las estrellas del estudio, a quien por cierto se denomina escuetamente Rodriguez (Tony Curtis), le pide consejo pues está angustiado a causa de la impotencia que le impide mantener relaciones con su esposa;

            - Los dos venimos de la nada, ¿no? –le pregunta Rodriguez sin recato. ¿Qué eras tú? Un chico de los recados.

            - Cierto, admite Monroe.

            - Y yo repartía comestibles. Esto es América. Mira dónde estamos ahora. Los dos venimos de la nada –vuelve a repetir-, por eso yo puedo hablar contigo.

            En ésta, como en otras ocasiones, el productor se limitará a guardar un ambiguo silencio, realizando gestos conducentes a simular una reflexión que no se produce y evidenciando también que no se trata de un gran orador.

Sus méritos residen en la capacidad de organización, en el poder de decisión y en la voluntad de ejecución.

            Cuando, en una comida a la que asisten los pesos pesados del estudio, uno de los miembros del Consejo le pregunta si va a seguir adelante con el rodaje de cierta película sudamericana y si lo va a hacer con el mismo presupuesto inicialmente previsto, él se muestra partidario de seguir adelante.

            Y, cuando el mismo interlocutor insiste en que dicho presupuesto está desfasado, Starh se limita a preguntarle su opinión al anciano señor Marcus, alma mater del estudio:

            - Monroe es nuestro genio de la producción. Yo confío plenamente en él. Nuestro balance del año arrojó veintisiete millones de dólares de beneficio y todo se le debe a él.

            En un guiño del guión, Stahr se manifiesta entonces dispuesto a asumir la producción de este film que no sólo no otorgará beneficios sino que muy probablemente resultará deficitario.

            Y ello en base al presunto compromiso de los estudios con los espectadores al que aluden los miembros de la Academia cinematográfica. Se tratará pues de una película de prestigio.

            - Es buena cosa para la compañía intercalar alguna película en la que se pierda dinero. Una inversión de buena voluntad.

            No se pensaba así en Europa cuando precisamente se pasó a reivindicar un cine “de autor”, de prestigio, de calidad artística, como alternativa al cine “de productor” preconizado por Hollywood.

            En cualquier caso, como el gran personaje que en realidad es, a Monroe se le otorga un cierto rango que va más allá del oportunismo, como se desprende de su respuesta a la pregunta de otro de los miembros del Consejo:

            - Dígame, Monroe, ¿qué piensa usted de la idea de hacer “Manon” con un final feliz?

            - Ha dado dinero durante un siglo y medio sin necesidad de un final feliz.

            Si a aquellos de los que depende su status (millonarios, financieros, propietarios) les habla Monroe en su mismo idioma, adoptando un cierto tono de camaradería casi indulgente, en cambio hacia los escritores manifiesta el mismo desdén y condescendencia que aquéllos observan hacia la parte débil del negocio: los guionistas.

 

EN LAS DISTANCIAS CORTAS

 

            Resulta del máximo interés asistir a la relación de Monroe con las diferentes mujeres que se cruzan en su “mundo de hombres”.

            Así, en un momento en que intenta desembarazarse de “la hija del jefe”, la pizpireta y jovencita Cecilia, insiste en preguntarle cuándo ha de regresar a la universidad aunque la muchacha acaba de llegar de ella y sólo lamenta tener que regresar más adelante para graduarse.

            - ¿Es que no te gusta?, le pregunta él, menos intrigado que agarrado al clavo ardiendo de una conversación aparentemente intrascendente.

            - Pues no lo sé. Creo que ya estoy bastante educadita. Tal vez debiera casarme.

            - Yo me casaría contigo –afirma él, para añadir de inmediato-. Estoy solo pero ya estoy viejo y cansado para emprender nada.

            - Empréndeme a mí –propone ella, con bastante más ingenio.

            - ¿Qué? Te conozco hace tanto tiempo que nunca pensé en ti así.

            - ¿Es ese el argumento que empleas este año?, le desarma ella.

            Su falta de elocuencia será patente de nuevo cuando intenta seducir a la bonita Kathleen Moore, quien no parece en absoluto impresionada ni por él ni por su rutilante entorno.

            Ante la falsa alarma que supone su conversación inicial con Edna, la que resultó  ser la “chica equivocada”, la falta de prejuicios de ésta -que se reúne con Monroe dispuesta a compartir su cama a cambio de una oportunidad profesional- contrasta fuertemente con la manifiesta indiferencia de Kathleen.

 

El ultimo magnate La chica

 

            Incapaz de hilvanar un diálogo coherente con ella ni de desmentir el hecho de que la ha buscado únicamente porque le atrae su hermosura, la falta de inspiración le granjeará una rápida despedida:

            - Lo siento, no puedo decirle que pase, afirma ella con convicción mientras anda hacia la entrada del jardín, invitándole así, de forma sutil, a marcharse.

            - Bien, ¿esto es todo?, pregunta él, un tanto azorado.

            - Bueno –insinúa ella, evasiva, mientras estrecha formalmente su mano- espero que volvamos a vernos.

            - Sentiría que no fuera así.

            Ella no es menos evasiva cuando vuelven a coincidir en el Baile de los Escritores y Monroe se planta ante ella sin que ninguno de los dos pronuncie una sola palabra.

            Kathleen entiende que le está ofreciendo un baile pero la frustración de él aumenta cuando comprueba que apenas hace mella en la joven.

            - Tengo que volver. Había prometido este baile, miente ella sin disimulo.

            - ¿Podemos almorzar o cenar juntos?

            - No. Es imposible. Tengo que volver. Gracias por el baile.

            Y, apenas unos minutos más tarde, sin haber hecho otra cosa que permanecer sola en una mesa, ella se dispone a marcharse cuando el productor, inasequible al desaliento, la aborda de nuevo:

- ¿Adónde va? Es temprano.

- Es muy tarde

            Y, para justificar los cuchicheos mantenidos al pasar frente a otra de las mesas:

            - Todos hablan como si hubiera bailado con el Príncipe de Gales.

            - Venga a verme mañana, rechaza él su elogio indirecto.

            - Ya le he dicho que no puedo.

            - Escuche, mañana es domingo. ¿Por qué no viene? Le enseñaré los estudios.

            - No me interesa ver los estudios.

 

ABUNDANDO EN LA PROBLEMÁTICA DE LOS ESCRITORES

 

            Durante una parte significativa del film, los escritores son maltratados de todas las formas posibles.

            Ya en la conversación inicial entre Pat Brady (Robert Mitchum)y el abogado Fleishacker (Ray Milland), éste comenta de forma desdeñosa que ha estado un cuarto de hora en el Departamento de Guionistas y que dos de ellos no habían escrito ni una sola línea “en todo ese tiempo”.

 

El ultimo magnate Robert Mitchum

 

            Los ecos de las protestas de Cecilia, que intenta escapar al abrazo de un joven, sirven como excusa para que el propio Brady comente con su interlocutor:

            - ¿Ha visto a ese cerdo tocando a mi hija?

            - ¿Quién es?, pregunta Fleishacker.

            - Algún maldito escritor, responde el ofendido padre.

            Claro que, instantes más tarde, en un dudoso ejercicio de ecuanimidad, calificará a su hija de “demasiado inteligente para ser actriz”.

            En cuanto a Monroe, en un momento en que es interceptado por un escritor que le pregunta su opinión acerca del guión que ha escrito, el productor intenta ser inicialmente cordial;

- Creo que es un guión muy interesante.

            Sin embargo, obligado a justificar la razón de sus decisiones –en este caso, el hecho de que haya puesto a otros dos escritores a trabajar en el guión, cosa que él ha descubierto por tratarse de amigos suyos-, Stahr pasa pronto al ataque:

            - Usted ha falseado a la chica y, al falsear a la chica, ha falseado la historia.

            - ¿Cómo he falseado a la chica?

            - No me interesan sus fantasías. Usted le ha dado una vida secreta y ella no tiene ninguna vida secreta. Usted le ha hecho melancólica y ella no es melancólica.

            - ¿Cómo lo sabe usted?, pregunta el escritor.

            - Porque pagué 50.000 $ por ese libro y porque así es como lo veo. Cuando quiera filmar una historia de O’Neal, ya la compraré. Esa chica está llena de vitalidad, de amor y usted ha hecho de ella una ramera. Así que siga trabajando con Bet y Charly en ese guión o le quitaré de él. Elija usted.

            - Entonces –susurra, resignado el escritor-, ¿cómo quiere a la chica?

            - Perfecta.

 

EL TRASFONDO POLÍTICO

 

            Poniendo las bases de lo que sería la caza de bruja del “Macarthismo” en los años 50, en el film se respira una cierta atmósfera ultraconservadora, que algunos se toman con cierto humor pero que otros exteriorizan con total acritud.

            Dado que en el estudio están esperando que Monroe se reúna con Brimmer (Jack Nicholson), un sindicalista que llega de la Costa Este para aglutinar los esfuerzos de los escritores que trabajan en el cine, todos en el estudio desconfían del personaje en cuestión.

            - ¿Es un auténtico comunista?

            - Sí, un comunista convencido.

            - Alguno de esos tipos, más que ser auténticos comunistas juegan a comunistas. Eso sí, muchos de ellos son maricas.

            - Ese es otro aspecto a tener en cuenta

            Una escena muy significativa, aunque por lo surrealista parezca extraída de una película de los hermanos Marx, es la que tiene lugar durante el Baile de los Escritores.

 

El ultimo magnate cena

 

En ella, Popolos, uno de los miembros del Consejo de Administración de los estudios, de ascendencia griega, hace constante gala de su notoria ignorancia.

            - Este es el país más grande de la Tierra. Aquí todo el mundo tiene su oportunidad. Y no habrá revolución. Eso sólo lo quieren los comunistas.

            - Y los homosexuales, ¿no?, le pregunta Brady con retintín.

            - Y, ¿qué revolución quieren los homosexuales?, pregunta a su vez, con cierta candidez, el abogado Fleishacker.

            - Una revolución comunista, sentencia Popolos con notorio aplomo.

            - ¿Qué otra si no?, sigue ironizando Brady.

            - ¿Cree que a Stalin le gustan los homosexuales?, insiste entonces Fleishacker.

            - ¿Los homosexuales? Permítame que le diga que homo es una palabra griega y yo procedo de Europa, soy griego.

            - Por eso sabe tanto de Stalin, comenta Pat al cariacontecido Monroe, que asiste mudo a la conversación.

            - Pero Stalin no es griego, insiste Fleishacker con desconcierto.

            - Tiene usted razón –concede, magnánimo, Popolos-, no lo es.

            - Es marica, apunta Brady con mala intención.

            - ¡Es un maldito comunista maricón, eso es lo que es!, afima el griego pegando un puñetazo en la mesa y alzando la voz más de lo necesario, todo lo cual escandaliza a su esposa.

 

ELIA KAZAN, UN GRANDÍSIMO CINEASTA

 

            Éste sería el último film dirigido por el gran Elia Kazan, que también hace las veces (oh, sorpresa) de productor, en compañía de Sam Spiegel.

 

Elia Kazan director

 

            El guión, escrito por el actor y escritor londinense Harold Pinter, está basado en la inacabada novela The Love of the Last Tycoon” de Francis Scott Fitzgerald, portavoz de la llamada “Generación perdida” (junto a Hemingway, Faulkner, Steinbeck o Dos Passos) y autor, entre otras, de “El gran Gatsby”.

            La banda sonora corre a cargo del gran Maurice Jarre (de quien hablé al hacerlo de Doctor Zhivago) y la fotografía quedó en las manos de Victor J. Kemper (responsable también de este apartado en El final de la cuenta atrás).

            En cuanto a Elia Kazan, es un claro ejemplo de “hombre de cine”; en su larga vida (vivió más de noventa años) fue director, productor, actor y hasta guionista, siendo notoria su contribución al mundo del celuloide. Ello quedó acreditado con la concesión de un Oscar Honorífico que sumar a los otros dos que lograra con anterioridad.

            Como realizador apenas firmó una veintena de títulos y, sin embargo, entre ellos destaca un buen puñado de títulos magistrales como:

            - La barrera invisible”, un magnífico drama en el que Gregory Peck da vida a un escritor que, para escribir sobre el antisemitismo, decide hacerse pasar por judío, valió a Kazan su primer Oscar como mejor Director.

            - “Pánico en las calles”, espléndida cinta de cine-negro protagonizada por Richard Widmark y con el célebre “villano” Jack Palance.

            - “Un tranvía llamado deseo”, del que todos recordamos el duelo interpretativo entre Marlon Brando y Vivien Leigh (la inolvidable Scarlett O’Hara de “Lo que el viento se llevó”) pero por la cual los galardonados fueron Karl Malden y Kim Hunter, quienes lograron sendas estatuillas como mejores actor y actriz secundarios.

            - “¡Viva Zapata!”, crepuscular western en el que el propio Brando interpretaba a Emiliano Zapata y que le valió un Oscar como mejor secundario a Anthonny Quinn.

            - “La ley del silencio”, un drama ambientado en el mundo del hampa en el que de nuevo brillaba Marlon Brando con luz propia y en el que también intervienen Karl Malden y Rod Steiger (a quien siempre recordaremos por su papel de Sheriff Gillepie junto a Sidney Potier en “En el calor de la noche” o en el del pérfido abogado Komarovsky de “Doctor Zhivago”). La cinta supondría el segundo y último Oscar como director para Kazan que, como queda dicho, obtuvo un tercero Honorífico.

            - “Al este del Edén”, una de las tres únicas películas que interpretó James Dean antes de morir prematuramente y perpetuar así su leyenda.

            - “Río salvaje”, un drama de los que dejan huella y en el que se lucían Montgomery Clift y Lee Remick.

            - “Esplendor en la hierba”, otro drama legendario que contribuyó a aumentar el considerable prestigio de Natalie Wood, a quien daba la réplica Warren Beatty.

            “El último magnate” sería el último trabajo significativo de un Elia Kazan que todavía viviría casi treinta años más, en los que apenas si intervino de forma testimonial como figurante en “Le brouillard” del director turco Zülfü Livaneli. Quizás como homenaje a sus propios orígenes, ya que Elia nació en la actual Capadocia.

 

UN ELENCO DE FÁBULA

 

            El repato de “El último magnate” es impresionante, irrepetible y al alcance de muy pocos. Comparable tan sólo al de producciones como “Asesinato en el Orient Express”, “El día más largo” o algunos trabajos de Robert Altman como la ya citada “El juego de Hollywood”.

            Como protagonista, dando vida al magnate que da título al film, un jovencísimo y delgadísimo ROBERT DE NIRO, que un año antes había logrado el Oscar como mejor actor secundario por su intervención en El Padrino(allí era Vito Corleone) y que cuatro años más tarde ganaría su única estatuilla como mejor actor protagonista por su dramático papel como boxeador en Toro salvaje.

 

El ultimo magnate De Niro 2

 

            En el film de Kazan, De Niro interpreta con singular acierto a Monroe Starh, un hombre poderoso dentro de los entresijos del star-system, acostumbrado a deslumbrar con su presencia y sus recursos. Admirado por los hombres y deseado por las mujeres, irá a toparse precisamente con la única a la que no puede tener.

            Monroe arrastra un pasado trágico, tras haber perdido a su esposa víctima de una enfermedad. Salido de la nada, como le recuerda Rodriguez, se trata de un tipo duro y aparentemente inconmovible... hasta que algo removerá las cenizas que todavía quedan en su interior.

            ROBERT MITCHUM, de quien hablé largamente al referirme a su papel como Philip Marlowe en Adiós muñeca, da vida aquí a Pat Brady, uno de los dueños del próspero estudio cinematográfico que Starh maneja casi a su antojo.

 

El ultimo magnate Robert Mitchum 2

 

            Cínico y socarrón, a Brady no le tiembla tampoco el pulso cuando ha de tomar decisiones drásticas. Por otra parte, su aparente liberalidad no le exime de quedar mal ante su protegida hija cuando hace involuntario alarde de sus aventuras sexuales.

            JACK NICHOLSON, que hará su aparición más tarde como el sindicalista Brimmer, había ganado un año antes su primer Oscar como mejor actor por su participación en Alguien voló sobre el nido del cucoy todavía ganaría otro veinte años después por Mejor imposible.

 

El ultimo magnate Nicholson

 

            En esta ocasión interpreta a un hombre duro pero recto, fiel a sus creencias y coherente con sus principios. Pese a un cierto desdén hacia las clases privilegiadas, de las que no forma parte, tiene la suficiente presencia de ánimo como para aguantar el tipo ante la exhibición de malos modales que Monroe hará ante él. El papel de Nicholson es, por su contención, uno de los más interesantes que le recuerdo, pese a su relativa brevedad.

            RAY MILLAND, otro ganador de un Oscar como mejor actor (Días sin huella, 1945), presta su físico y sus excelentes dotes interpretativas al abogado neoyorkino Fleishaker, a veces irónico y otras veces directamente cándido, robando algún que otro plano a sus ilustres compañeros de reparto.

            TONY CURTIS, por su parte, da vida a Rodriguez, un actor de gran éxito que atraviesa una crisis personal a causa de sus problemas de impotencia.

 

El ultimo magnate Tony Curtis

 

            ANJELICA HUSTON, que décadas después lograría un Oscar como mejor actriz secundaria (El honor de los Prizzi, 1985) tiene un papel más episódico en este film como Edna, si bien su breve aparición no pasa inadvertida y su diálogo con el decepcionado Monroe, que esperaba a su amiga en lugar de a ella, goza de un considerable voltaje.

            La prolija y veterana actriz francesa JEANNE MOREAU es quien encarna a la diva Didi, dotando al personaje de una pátina trágica y casi excesiva que recuerda a la mismísima Bette Davis de “Eva al desnudo” o, mucho más recientemente, a la Dianne Wiest de Balas sobre Broadway.

            En cuanto a DANA ANDREWS, su papel como Red Ridingwood, el director martirizado por los caprichos de la diva y sacrificado por Monroe por no ser capaz de sacar partido a “su enorme potencial”, es breve pero no carente de matices, dando el tono perfecto a una interpretación coral que raya a una enorme altura.

            Por último, la desconocida actriz sudafricana INGRID BOULTING pone su magnética belleza, su halo de misterio y la sensualidad de su atlético cuerpo (el cual muestra con rara generosidad para la época) al servicio del papel de Kathleen Moore, una dama enigmática que esconde tras sus largas pestañas, sus largos y elocuentes silencios y la seriedad de sus bonitos labios más de un misterio cuyo conocimiento causará no pocos quebrantos al protagonista.

 

El ultimo magnate La chica 2

 

            La presencia testimonial de THERESA RUSSELL, que debutaba en el cine con su papel de Cecilia, la consentida hija de Pat Brady, o de PETER STRAUSS, el inolvidable protagonista de la célebre serie televisiva Hombre rico, hombre pobre(o del reivindicativo western Soldado azul) redondean este magistral reparto.

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