CON EL AGUA AL CUELLO

 

Nueve años después, Paul Newman vuelve a ser Harper

 

Con el agua al cuello literalmente 0

 

 

LEW HARPER, NUEVE AÑOS ANTES

 

           En 1966, Paul Newman interpretó por primera vez el papel del detective privado californiano Lew Harper, personaje creado casi dos décadas antes por el novelista Ross MacDonald (que lo bautizó como Lew Archer) en su magnífica “The moving target”.

            El film se llamó explícitamente “Harper, investigador privado” y fue dirigido por Jack Smight, con un estupendo guión de William Goldman y un elenco más que considerable: Lauren Bacall en el papel de la acaudalada dama que contrata al detective para encontrar a su marido desaparecido, Robert Wagner como el objeto de deseo de la hija del millonario, Janet Leigh como la esposa del propio Harper o Shelley Winter en el de una ex estrella de Hollywood alcoholizada y degradada hasta el extremo.

           Respondiendo a las amplias expectativas generadas, la película constituyó un enorme éxito y dio inicio a lo que se llamó el “neocine-negro de los 60, que resucitaba un género –el negro- bastante depauperado desde hacía más de una década.

            El guión de Goldman presentaba a Harper como un joven y atractivo detective a quien encargan investigar la desaparición de un millonario mujeriego, a quien no parecen echar demasiado de menos ni su fría e impedida esposa ni su coqueta hija.

            Lo que en principio parece una desaparición voluntaria debido a las numerosas aventuras amorosas del millonario pronto aparece bajo una luz distinta: la del secuestro.

            Enemigos indeterminados amenazarán la vida de Harper, que además lucha en ese momento por un matrimonio roto, encontrando siempre una excusa para no presentarse en los sucesivos trámites judiciales que guardan relación con su divorcio.

            Mientras el tema se resuelve, Lew vive solo y encarna a la perfección el estereotipo del hombre desordenado y poco amante de la higiene, en especial en lo tocante a las labores propias del hogar.

            Eso sí, la imagen del actor era tan rutilante en ese momento y su afeitado tan ejemplar que poco importaba la ropa que se plantara encima pues siempre parecía impoluto (suerte que tienen algunos).

            Nueve años después de este film, tendría lugar una segunda y última entrega de las aventuras del detective Harper aunque no puede hablarse de segunda parte pues sus argumentos no guardan relación alguna entre sí.

            Sin embargo, el hecho de que el personaje sea notablemente más “viejo” convierte a la película, de forma inevitable, en una secuela.

 

CON EL AGUA AL CUELLO

 

            Harper llega a Nueva Orléans, en el muy sureño estado de Louisiana, a petición de una antigua amante, la distinguida Iris Devereaux.

            La dama, que vive atrapada en una jaula de oro entre James, un marido al que no ama, Olivia, una suegra a la que no soporta y Schuyler, una hija que no la soporta a ella, ha interceptado una carta dirigida a su esposo en la que un anónimo informante la acusa a ella de adúltera.

            El reencuentro entre Harper e Iris resulta menos cálido de lo que el detective esperaba, ya que ambos mantuvieron una tórrida relación seis años atrás, la cual se interrumpió abruptamente con la desaparición, sin mediar explicación alguna, de la dama.

            Sin tiempo a recibir la información necesaria para ponerse en marcha, Lew se dirige a su hotel y encuentra a una jovencita en su cama.

            Ella se le insinúa sin ambages pero él la despacha sin sutilezas ni contemplaciones, pese a la cual es detenido poco después, acusado de corrupción de menores.

            El agente que le detiene hace gala de una notable agresividad, como si alimentara un odio personal hacia Harper pese a no conocerle, pero su superior, el jefe de policía Broussard, mostrará una mayor sutileza.

            Después de permitir al detective que se explique, da por buenas sus explicaciones acerca de lo sucedido con la jovencita en cuestión aunque se muestra muy sorprendido cuando Harper le informa de que ha sido contratado por los Devereaux, ya que Broussard siente un sincero aprecio tanto por Iris como por su hija Schuyler.

            Esta última, como el detective descubrirá poco después, resulta ser la jovencita que se le metió en la cama, pese a lo cual decide guardar silencio, lo que le vale el agradecimiento de la muchacha.

 

Con el agua al cuello Newman y Griffith

 

            Una vez informado por Iris de los pormenores del intento de chantaje de que está siendo objeto, las sospechas parecen recaer sobre el chófer de la familia, despedido por ella misma apenas un día antes de que llegase la carta.

            Sin embargo, al poco de iniciar su investigación, Harper es de nuevo interceptado. En este caso, por los rudos hombres de un petrolero local llamado Kilbourne, que ansía los terrenos de la anciana Olivia Devereaux y no parece dispuesto a aceptar una negativa.

            Pronto las muertes comenzarán a sucederse.

 

MEJOR O PEOR QUE SU ANTECESORA, THAT’S THE QUESTION

 

            No es cierto aquello de que “nunca segundas partes fueron buenas”. Podríamos conceder que eso es lo más habitual pero, en ocasiones, las secuelas están perfectamente a la altura de sus primeras partes e incluso hay veces en que las superan.

            No podría afirmar de forma categórica en cuál de los dos últimos casos se encuentra Con el agua al cuellopero sí diré que a mí me dejó mejor sabor de boca que la primera parte aunque ello puede deberse a muchos factores, no siempre cinematográficos.

            Vaya por delante que ninguna de las dos películas están ni mucho menos a la altura de las grandes obras maestras del género negro como El sueño eternoo El halcón maltéspor poner tan sólo un par de ejemplos.

            Las dos cintas protagonizadas por Newman son películas correctas, de género, que se benefician de una atractiva puesta en escena y del evidente sex appeal de su protagonista, uno de los mayores galanes de la Historia del Cine.

            Quizás cabría, por tanto, ponerlas a un segundo nivel, a la altura de Adiós,muñeca, La senda tenebrosao Cayo Largoaunque particularmente prefiera, de todo este grupo, la cinta protagonizada por Robert Mitchum.

            ¿Qué es, en cualquier caso, lo que diferencia a “Con el agua al cuello” de “Harper, investigador privado” y que me hace preferirla a su predecesora, en contra de la opinión mayoritariamente extendida y de la crítica especializada? Apuntaré tan sólo unas pocas cuestiones:

- Indudablemente, Stuart Rosemberg (con quien Newman ya había trabajado en La leyenda del indomabley Los indeseables) es un director muy superior y con más recursos que Jack Smigt, lo que redunda en una puesta en escena más briosa y menos susceptible al severo paso del tiempo.

- La presencia en la cinta de Joanne Woodward, esposa de Paul Newman durante más de treinta años, constituye por sí solo un aliciente adicional, si bien debo advertir que las escenas que ambos coprotagonizan adolecen de una cierta frialdad que difícilmente alentaría ningún tipo de morbo.

- La “Lolita” de la función resulta mucho más convincente en esta ocasión. O, lo que es lo mismo, una Melanie Griffith absolutamente desconocida (con dieciocho años recién cumplidos y una lozanía que perdería más tarde) aporta a la cinta ciertas dosis de verdadera y perturbadora malicia que, en el caso de Pamela Tiffin en la primera parte, se quedaban en simple candor disfrazado de relativa y coqueta osadía.

- Se le da mucho más relieve al malo de la función en esta segunda parte, construyendo un personaje cuanto menos curioso y que responde a algo más que un par de pinceladas efectuadas al azar (otro defecto de la primera entrega).

- El clímax del film que además inspira el título de la película, está más logrado que en “Harper” y en el mismo Newman hace alarde de su considerable buena forma física, luciendo palmito a sus cincuenta añazos.

 

Con el agua al cuello literalmente

 

- La ambientación de la película resulta más lucida en esta ocasión, en la que se cambia la aséptica California por una mucho más bulliciosa Louisiana.

 

UNA ESTÉTICA DIFERENTE Y UN TEMPO DISTINTO

 

            Lo cierto es que, salvo el hecho de compartir un protagonista que sigue manteniendo las constantes de su personalidad cinematográfica y la circunstancia de constituir dos films adscritos a un mismo género, no es demasiado lo que ambas cintas tienen en común.

            La luminosidad de la cinta primigenia, fotografiada por el magnífico Conrad Hall, contrasta con la pátina que le otorga en ese mismo apartado (el fotográfico) el no menos genial Gordon Willis, a quien aquél bautizó como “el príncipe de las tinieblas” por su notable uso de las sombras y la oscuridad.

            Willis fue galardonado con un Oscar Honorífico de la Academia como compensación a la vergonzosa (por parte de los académicos, claro) ausencia de estatuillas en una carrera en las que despuntan trabajos impresionantes como los de “Manhattan”, la trilogía de “El Padrino” o “Todos los hombres del presidente”.

            Asistimos pues a un drástico cambio de paisaje: de la soleada California se pasa aquí a la pantanosa Louisiana y a la siempre enigmática Nueva Orléans aunque la ciudad está desprovista de ese plus de esoterismo, magia negra y vudú de que han hecho gala producciones posteriores como “El beso de la pantera” o “El corazón del ángel”.

            La música, por cierto, corrió a cargo del compositor neoyorkino Michael Small.

            También el ritmo es más sosegado y la acción más dosificada, tal vez a causa de la mayor edad del actor aunque cabe decir que Newman siempre aparentó tener una edad inferior a la que realmente tenía. En cualquier caso, la escena principal del film, a la que aludía con anterioridad, se destaca perfectamente del resto, en lo que es una escena clásica del cine de acción o de aventuras de la Historia del Cine.

            Lo que queda claro es que Harper ya no es el fogoso y despreocupado detective de la primera parte. Ha perdido algo de la seguridad en sí mismo que le permitía volver a meterse en la cama de su mujer en pleno trámite de divorcio o cantarle las verdades del barquero al malvado de la función en su misma cara.

 

Con el agua al cuello Newman

 

            Ahora opta más por la diplomacia y no se dedica a dar negativas contundentes a sus interlocutores más indeseables cuando no está seguro de salir bien librado del asunto. Tampoco pone sus puños a trabajar sin una razón convincente para ello y, aunque mantiene casi intacta su capacidad de atraer a las mujeres, ha atesorado las suficientes malas experiencias como para no fiarse del todo de ellas y rechazar sin ambages a las que le dan “mal feeling”.

            En lo que Harper sigue siendo exactamente igual es en su obstinación por llegar hasta el final en los asuntos en que se embarca, en su simpatía más gestual que verbal (sus sonrisas, cuando son francas, hacen innecesario diálogo alguno) y en su destacada capacidad para atar cabos y sumar cifras mucho más complejas que dos más dos.

 

ACTORES Y PERSONAJES

 

            En una película en la que abundan los personajes de reparto bien caracterizados y con un peso específico considerable (la déspota Olivia Devereaux, el violento policía Franks, la ambigua femme fatale Mavis), me veo obligado a no describir al villano de la función a fin de no descubrir partes significativas de la trama. Me limitaré por tanto a hacer hincapié en los cuatro personajes de referencia, que son los siguientes:

            PAUL NEWMAN es Lew Harper, un detective de origen californiano y del que apenas se nos da a entender que disfruta de cierto prestigio profesional incluso más allá de las fronteras de su estado. Hablando de estados, por lo que hace al civil, no se realiza alusión alguna al suyo, con lo que tenemos que entender que finalmente su matrimonio acabó en divorcio. Por otra parte, lo extraño hubiera sido lo contrario, dadas las circunstancias que advertiréis si veis “Harper, investigador privado”. Guapo, ya maduro, con presencia de canas sobre sus orejas (como le hace ver su antigua amante) pero todavía sólido, sagaz y descarado, Lew es un detective de los que pone nerviosos a los villanos pues parece oler una pista a kilómetros de distancia. Acostumbrado a despertar atracción en las mujeres, sólo puntualmente hace uso de sus encantos para obtener información pero se muestra políticamente correcto con la edad de sus conquistas.

            JOAN WOODWARD es Iris Devereaux, una dama atractiva y distinguida aunque un tanto fría y a la vez insegura. La dama no dudará en hurgar en los rescoldos de la pasión que despertó en el protagonista para lograr que trabaje para él mientras juega al gato y al ratón con su antiguo amante a espaldas de su marido y de su sorprendida hija.

 

Con el agua al cuello espaldas

 

          MELANIE GRIFFITH es Schuyler, una lolita de armas tomar que, contrariamente a lo que sucedía con la Miranda de “Harper”, no se asusta cuando la tensión sexual amenaza con pasar a mayores. No será lo único que no intimide a una criatura perturbadora y peligrosa que mantendrá en jaque no sólo a su propia familia sino también al detective, a quien meterá en problemas desde su misma llegada.

 

Con el agua al cuello Melanie Griffith

 

            ANTHONY FRANCIOSA es Broussard, el jefe de policía. Educado pero con carácter, no duda en utilizar al agresivo Franks cuando ello sirve a sus propósitos mientras él hace alarde de un carácter mucho más conciliador. A pesar de su aparente despreocupación, nadie en Nueva Orléans discute su supremacía al frente de las fuerzas del orden y si acaso cabe achacársele cierta dejadez en lo que concierne a los sucios manejos de las gentes acaudaladas de la zona.

 

PAUL NEWMAN, UNO DE LOS GRANDES

 

            Newman era de esa escasísima y afortunada clase de hombres que despierta la admiración casi unánime de las mujeres sin resultar odioso a los hombres.

            Su pelo rubio, sus ojos azules y su atractivo mentón destacaban sobre un físico atlético que no evidenciaba haber sido forjado en un gimnasio sino más bien ser fruto de una naturaleza generosa.

 

Paul Newman

 

            La vida privada del actor fue sin duda singular pues así cabe calificar el hecho de haber estado casado durante más de tres décadas con la misma mujer (Joanne Woodward) en un entorno -el de Hollywood- en el que las relaciones rara vez gozaban de estabilidad.

            Tampoco era amigo de fiestas y jaranas, caracterizándose más bien por su amor hacia las cosas sencillas y la vida familiar con la única excepción de su pasión por las carreras de automóviles, en las que de forma reiterada demostró ser un excepcional piloto. De hecho en 1979 se hizo con el segundo puesto en las 24 Horas de Le Mans al mando de un Porsche y junto al alemán Rolf Stommelen.

            Comprometido con asociaciones altruistas y colaborador tanto de la ONU como de UNICEF, también colaboró, junto a su buen amigo Robert Redford (aunque sólo coincidieran como actores en “Dos hombres y un destino” y “El golpe”) en la producción y promoción de algunas películas y directores talentosos que no gozaban del aprecio del star system.

            Dotado de un talento natural para la interpretación, Paul hizo uso de un físico privilegiado y de una expresividad manifiesta antes que de un refinado método o de una sólida formación.

            Y el resultado fueron varios puñados de magníficos trabajos en otras tantas películas, al margen de nueve nominaciones para el Oscar, de los que sólo obtuvo uno (“El color del dinero”) apenas un año después de haber obtenido otro Honorífico por el conjunto de su carrera que parecía certificar que nunca obtendría uno por su trabajo en una película concreta.

            Haciendo un repaso más o menos somero de las películas de Newman que  me han gustado especialmente, me quedaría con:

            - “Marcado por el odio”.- Apenas cuatro años después de iniciar su carrera en la televisión, ya encontramos un título emblemático en su filmografía. Se trata de un drama ambientado en el mundo del boxeo y basado en la autobiografía del gran Rocky Graziano, en el que también aparecían Steve McQueen, Sal Mineo y Pier Angeli.

            - “El largo y cálido verano”.- A las órdenes de Martin Ritt, en compañía de la que luego sería su esposa Joanne Woodward y adaptando una obra de Faulkner, Paul da vida a Ben Quick, un atractivo desconocido que, huyendo de una acusación de piromanía, se instala en una pequeña ciudad sureña y se granjea la simpatía del cacique local, el cual pretende que se convierta en lo que su hijo nunca ha sido y, por el camino, seduzca también a su hija.

            - “La gata sobre el tejado de zinc”.- Basado en la obra teatral de Tennesee Williams, el melodrama saca partido de la tremenda química existente entre el propio Newman y una Elizabeth Taylor en su punto álgido. Él es un atleta que guarda reposo por una lesión y aborrece a su bella y solícita esposa, por creerla culpable de la muerte de su mejor amigo.

            - “Éxodo”, superproducción épica sobre la creación del estado de Israel, el nombre de la película es tomado del barco que conduce hacia Haifa a seiscientos judíos supervivientes del holocausto.

            - “El buscavidas”, otro clásico inmortal en el que Paul da vida a un jugador de billar mujeriego y arrogante, dispuesto a arriesgar cuanto tiene y cuanto podría tener a cambio de derrotar al campeón.

            - “Dulce pájaro de juventud”.- Obra maestra dirigida por Richard Brooks, está basado de nuevo en una obra de Tennesee Williams y nos muestra a Newman convertido en un aspirante a actor que regresa a su ciudad natal convertido en el gigoló de una estrella en declive que promete introducirle en el mundo del cine.

            - “El premio”.- Aquí, el actor interpreta a un escritor estadounidense que, desplazado a Estocolmo para recibir el Nobel de Literatura, descubre un complot comunista para secuestrar a un científico.

            - “Cortina rasgada”.- Tras “Harper, investigador privado”, Newman participaría en este thriller que muchos confunden con “El premio” por el asombrosamente parecido perfil del personaje que interpreta Paul Newman y por el hecho de que en ambos tiene que luchar para sobrevivir al otro lado del telón de acero pero ésta fue la única película que Paul realizó a las órdenes del gran Alfred Hitchcock, teniendo como insólita partenaire a Julie Andrews. En ella, el actor interpreta a un científico estadounidense que se hace pasar por desertor para obtener una fórmula que los comunistas han logrado completar.

            - “La leyenda del indomable”.- Mítico título dentro del subgénero carcelario que nos muestra a un Newman magnífico en su papel de hombre inasequible al desaliento y nada proclive a ser doblegado por nada ni por nadie.

            - “Dos hombres y un destino”.- Su primera colaboración junto a Robert Redford es un film crepuscular de aventuras en clave de western que destaca a la vez por su épica y por su desenfado y narra los últimos años de Butch Cassidy y Sundance Kid.

            - “El hombre de McKintosh”.- Un thriller por el que siento predilección y que, amén de contar con el gran James Mason, nos muestra una hábil trama puesta al descubierto por el personaje al que da vida Newman.

            - “El golpe”.- Para trama hábil y sorprendente la segunda y última película de Newman junto a Redford. A este auténtico peliculón se le ha homenajeado en muchos thrillers a ambos lados del Atlántico pero a mí me lo recordó especialmente la argentina “Nueve reinas”.

            - “El coloso en llamas”.- Una de las cimas (valga el juego de palabras) del cine de catástrofes, en torno al incendio en un altísimo edificio.

            - “El color del dinero”.- Aunque siguió haciendo películas después de ésta y a pesar también de que no es una de sus mejores películas, este homenaje a “El buscavidas” le valió a Paul, que interpreta a un viejo jugador de billar empeñado en que su pupilo sea el mejor, el único Oscar interpretativo de su carrera, por lo que merece una mención especial. Junto a él encontramos a unos jóvenes Tom Cruise y Mary Elizabeth Mastrantonio.

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