EN BUSCA DEL ARCA PERDIDA

 

Aventura en estado puro con Indiana Jones

 

En busca del arca perdida Idolo

 

 

 

EL INICIO DE UNA TRILOGÍA MÁGICA

 

            A las dos previsibles preguntas a que puede dar pie el encabezado de este apartado debo responder sin titubeos que NO.

            Ni este artículo fue escrito antes de que se estrenara “Indiana Jones y la calavera de cristal” ni se trata de un error al escribirlo.

            Sencillamente, la magnífica trilogía que entre 1981 y 1989 pergeñaron Spielberg, Lucas y demás artífices de la misma, no merecía el tremendo borrón que supone ese añadido innecesario, vergonzante y pueril con que 19 años después se despacharon todos ellos.

            Imagino que la aventura habrá resultado lucrativa (para mi intenso horror, se habla de una futura secuela) pero artísticamente no sólo es un fiasco abominable sino que supone una traición sin apenas precedentes en la Historia de la Cinematografía.

            No es infrecuente que magníficas sagas acaben cerrándose de forma ignominiosa con films menores cuando no directamente horripilantes. Puede verse con “Alien” y también con “Terminator” e incluso habrá quien añada entusiastamente “Star Wars”, aludiendo a la trilogía que se iniciaba con “La amenaza fantasma” o hasta “El hobbit” si se toma como continuación de “El Señor de los Anillos”

            La comparación no anda desencaminada, al menos por lo que respecta a las dos primeras, pues en ambas se asiste a una desnaturalización de los signos de identidad que caracterizaban a cada saga.

Se empieza convirtiendo a un personaje carismático en una mera caricatura de sí mismo y se acaba combinando con manifiesto desatino un sinfín de tópicos propios de la franquicia o incluso prestados de otros subproductos de lo más infumable.

Por suerte uno puede obviar aquello que no merece ser recordado y centrarse en disfrutar, una y otra vez, de lo que es, sin duda, una obra maestra del cine de aventuras.

 

ANTECEDENTES

 

Parece bastante claro que, cuando afrontaron la producción de esta magnífica película, la mayor parte de sus responsables técnicos y artísticos eran conscientes de estar iniciando una nueva era. Dudo que no lo fueran, además, del hecho de que este film marcaría para siempre sus trayectorias profesionales.

Y no porque estuvieran creando algo nuevo de la nada sino porque, tomando de la tradición cinematográfica muchos de los lugares comunes del género de aventuras, iban a modernizarlo de tal modo que se convertiría en un referente para el cine del futuro.

Detrás de la historia que cuenta “En busca del arca perdida” y, por tanto, de su mítico protagonista Indiana Jones, está nada menos que George Lucas. Y no hace falta resaltar a estas alturas el hecho de que, cuando Lucas tiene una idea, suele ser aconsejable tenerla en cuenta (ahí está su ya citada “Star Wars”, sin ir más lejos).

En cualquier caso, en esta ocasión Lucas contó con la colaboración de Philip Kaufman (guionista de las no demasiado brillantes “Sol naciente” o “La insoportable levedad del ser”) y con el competente trabajo de Lawrence Kasdan (“El turista accidental”, “Fuego en el cuerpo”), que convirtió la idea de los dos primeros en un excelente guión.

Todo ello sin olvidar que la mano del mejor Spielberg (ese que desapareció sin dejar huella tras su primer “Parque Jurásico”) se deja notar en todo momento, con una briosa dirección de la que se benefician el atractivo argumento y los no menos atractivos personajes que lo protagonizan.

 

En busca del arca perdida Spielberg

 

 

LÍNEA ARGUMENTAL

 

Corre el año 1936 en una jungla sudamericana cuando un grupo de hombres avanza trabajosamente, intentando mantener el mayor sigilo. Al llegar junto a un ídolo tallado en piedra, los indígenas se asustan enormemente y huyen atemorizados.

Quedan entonces allí solamente tres hombres: uno, tocado con un sombrero, parece ser el jefe de los otros dos. Cuando uno de estos últimos intenta rebelarse y saca una pistola, el hombre del sombrero –que pronto se rebelará como el famoso arqueólogo estadounidense Indiana Jones- le arrebata el arma con su látigo, haciéndole huir.

A solas con Satipo, el único servidor que le resta, Indiana se adentra en una gruta en la que tiempo atrás desapareció Forrester, uno de sus competidores más reputados.

Muy pronto dan con su cadáver, atravesado por multitud de pequeñas flechas procedentes de las numerosas trampas que protegen el tesoro de la cueva.

Hábilmente, Jones evita las diversas trampas, manteniendo el equilibrio entre las traicioneras losas. Al fin llega hasta un ídolo de oro que reposa sobre un pequeño altar.

Con suma precaución, el arqueólogo sustituye la figurilla por un saco de arena de parecidas dimensiones, lo que parece funcionar. Sin embargo, escasos segundos más tarde, el altar se hunde en la tierra, las paredes comienzan a desmoronarse y decenas de flechas minúsculas surcan el aire, provocando el pánico de Satipo mientras Jones hace lo imposible por sortear las flechas.

Una sima se abre bajo los pies de Indiana, que milagrosamente logra aferrarse al borde. Pide entonces a Satipo que le lance el látigo pero la codicia ciega a éste, que sólo accede a hacerlo a cambio de la figurilla. A regañadientes, el arqueólogo acepta pero igualmente ha de salvarse por sus medios, ya que el otro se da a la fuga con el botín.

Poco después, Indiana encuentra el cadáver del traidor, que apenas había logrado avanzar unos metros, y le arrebata el ídolo. Instantes más tarde, una gigantesca roca redonda se precipita en su dirección, obligándole a correr tanto como le permiten sus piernas y estando a punto de aplastarle.

 

En busca del arca perdida Piedra gigante

 

Finalmente, logra salir al exterior, sólo para comprobar que un grupo de hovitas le tienen rodeado y le amenazan con sus arcos y flechas. De entre ellos hace su aparición Belloq, un arqueólogo francés rival de Jones, que le arrebata el ídolo y ordena a los indígenas que maten al americano.

Éste escapa corriendo, con toda la tribu pisándole los talones, hasta llegar a un lago en el que esperan a Indy con un hidroavión.

Ya en su pequeña universidad de Connecticut, el Marshall College, el doctor Jones informa a su colega Marcus Brody, responsable de las adquisiciones del museo de la universidad, de lo cerca que estuvo de conseguir el ídolo.

 

En busca del arca perdida En la Uni

 

Brody, por su parte, le informa de que unos hombres desean verle. Estos resultan ser del Gobierno y piden su colaboración para adelantarse a los nazis en la consecución de un objeto maravilloso: el Arca de la Alianza.

Al parecer, los alemanes han iniciado una excavación en Egipto que ha de llevarles hasta el arca pero, para dar con su localización exacta, necesitan un medallón con inscripciones que pertenece a Abner Ravenwood, un arqueólogo estadounidense al que Indy estuvo muy unido en el pasado… hasta que sedujo a su hija Marion.

El último paradero conocido de Abner era Nepal, por lo que Jones se dirige hacia allí. En un tugurio en el que acaba de celebrarse un improvisado concurso de resistencia a la bebida, Indy encuentra a Marion, propietaria del local y vencedora del etílico desafío.

 

En busca del arca perdida Indi y Marion 2

 

 

LA PRODUCCIÓN

 

Esta más que brillante colaboración entre Steven Spielberg y George Lucas dio como resultado una película de aventuras a la vieja usanza, vibrante y espectacular, que se beneficia de un magnífico guión, un ritmo insuperable (cuando vi el estreno en el cine salí francamente fatigado, aunque encantado, de la sala) y de un estimable sentido del humor.

Todo ello coreografiado de forma magistral y sustentándose en la interpretación de un Harrison Ford que buscaba escapar al encasillamiento al que podía haberle llevado su rol como Hans Solo en la trilogía –también de Lucas- “Star Wars”.

La escenografía es sencillamente fastuosa y no se reparó en gastos a la hora de recrear desde el interior de una cueva en mitad de una selva sudamericana hasta el aula de una universidad americana, pasando por el impresionante pozo de almas repleto de áspides, un aeródromo, un café cairota o el tugurio nepalí.

Las serpientes que aparecen en las localizaciones egipcias eran reales en su totalidad, por cierto. Una “ocurrencia” de Spielberg, que sabía lo mucho que Ford las detesta.

 

En busca del arca perdida sierpes

 

La banda sonora, por otra parte, corre a cargo del fantástico John Williams, como en tantas otras producciones de Spielberg ("La lista de Schindler", "Parque Jurásico", "Hook", "Tiburón", “Salvar al soldado Ryan”, “El imperio del sol”) o Lucas ("Star Wars").

 

LOS ACTORES

 

Si alguno de los intervinientes en el film obtuvo un beneficio claro de su trabajo, ese fue precisamente Harrison Ford, ya que su carrera se catapultó de forma definitiva hacia un estrellato que ya no abandonaría.

 

En busca del arca perdida Harrison Ford

 

Lo curioso es que las cosas podrían haber sido muy distintas de haberle confiado el papel de Indiana a Tom Selleck, como era el deseo de Spielberg en un primer momento. Sólo la imposibilidad de escapar al compromiso contractual que le ligaba a la serie “Magnum” evitó que Selleck diera vida al famoso arqueólogo, con lo que ello podría haber cambiado su carrera interpretativa, bastante discreta en el cine y un tanto relegada al ámbito televisivo.

En el elenco, enteramente eclipsado por la figura estelar de Harrison-Indiana, destacan Paul Freeman (como el bellaco de la función, un francés al servicio del Tercer Reich), intérprete no demasiado conocido pese a su extensa filmografía (“Los perros de la guerra”, “El húsar en el tejado”, “Sin pistas”) y Karen Allen (como Marion, “la chica de Indiana”), una actriz de trayectoria no demasiado amplia entre cuyos mayores éxitos contamos con “Starman” o “La tormenta perfecta”.

 

En busca del arca perdida Marion con mono

 

En papeles menos relevantes cabe destacar al magnífico Albert Molina (en el fugaz papel de Satipo), a quien muchos recordaremos por su impecable papel de villano en “Spiderman 2” (a la que convierte en la mejor entrega de esa irregular saga) o John Rhys-Davies (como el fiel Sallah, papel que repetiría en “Indiana Jones y la última cruzada”).

 

En busca del arca perdida Traidor

 

EL PERSONAJE

 

El personaje de Indiana Jones, huelga comentarlo a estas alturas, encarna como pocos el espíritu aventurero. Y, abundando un poco más en el asunto, quizás habría que recurrir al tópico para hablar del “típico héroe americano”.

 

Indiana Jones 1

 

Tocado por un peculiar sombrero y armado de un látigo (aunque a veces haga uso de otras armas), no será hasta el prólogo de “Indiana Jones y la última cruzada” (ese que protagonizó el malogrado River Phoenix) cuando se nos explique el origen de dichos emblemas y su peso específico en la vida del personaje.

Culto aunque sin la exagerada erudición de su padre, en Indiana coexisten las múltiples facetas del estudioso, el docente y el aventurero.

Se le presupone una base académica más que importante (no en vano ostenta una cátedra aunque sea en una pequeña universidad) pero sus principales méritos consisten en dotar al Museo de la misma de algunos valiosos objetos que están desperdigados y ocultos por todo el mundo.

Bien considerado por sus estudiantes (en especial por LAS estudiantes, una de las cuales no duda en pintarse un “I love you” sobre los mismos párpados), así como por los responsables de la Universidad, aún es mayor su prestigio en el mundo de la Arqueología militante.

 

En busca del arca perdida Profesor

 

De ahí que el propio Gobierno estadounidense acuda a él en busca de ayuda aunque no se les escape la también merecida fama que tiene su heterodoxia a la hora de localizar los objetos que pretende y, en especial, la forma nada académica en que suele hacerse con ellos.

En cuanto a su carácter, Indiana evidencia un cierto engreimiento no exento de suficiencia y también un más que notorio machismo condescendiente que se le perdona a causa de su irónico sentido del humor y de su altruismo cuando ha de arriesgar el pellejo por los demás, incluyendo a las damas de la función.

Su animadversión hacia los insectos y los reptiles pero sobre todo hacia las ratas es sólo comparable a su odio por los nazis, con los que tendrá que vérselas en dos de los tres films.

 

ESCENAS MÍTICAS

 

Escenas como la del inicio, cuando Indiana Jones huye de una enorme y redonda piedra que amenaza con aplastarle tiene una gran tradición en el género de aventuras (por poner tan sólo un ejemplo, podemos verlo en el “Viaje al centro de la tierra” protagonizado por James Mason) y constituye una muestra muy significativa de las pretensiones del film. Refrescar el género, sí. Actualizarlo. Pero sin renunciar a lo mucho bueno que se había hecho hasta ese momento.

La película aporta también algunos gags memorables como la escena en la que Indiana Jones está rodeado por un enorme gentío en mitad de un zoco. Todos comienzan a apartarse para dejar paso a la figura formidable de un enorme árabe vestido de negro que porta un gran alfanje, el cual maneja con evidente soltura, cambiándolo de una mano a la otra y realizando con él amenazadores arabescos mientras los muchos espectadores se aprestan a asistir a un duelo de titanes. Indiana saca entonces su revólver, le descerraja un tiro sin contemplaciones y sigue mirando alrededor en busca de Marion sin darle más importancia al asunto.

 

En busca del arca perdida Alfanje 2

 

También cuenta con escenas visualmente impactantes como la imagen del rayo que indica la posición del pozo de almas sobre una maqueta, la sangrienta muerte del musculoso alemán bajo las hélices de una avioneta, la espectacular y memorable secuencia que tiene lugar cuando se abre la arca o el sugerente epílogo (que luego se recreó –o, más bien, se estropeó- en la cuarta y nefasta entrega).

 

En busca del arca perdida Maqueta

 

 

LAS SECUELAS

 

El enorme éxito comercial de la cinta daría origen a dos secuelas en los siguientes años y a una cuarta entrega, casi veinte años después.

La segunda de ellas, Indiana Jones y el templo malditoes, curiosamente, una precuela (es decir, la acción se produce antes de los hechos que cuenta la primera de las películas de la saga) y se rodó en una época en la que tales fenómenos no eran nada habituales.

 

Indiana Jones y el templo maldito

 

La historia comienza pues en 1935, tan sólo un año antes de la acción de “En busca del arca perdida” e Indiana Jones escapa milagrosamente ileso de un local nocturno de Shanghai en el que tiene lugar un accidentado intercambio.

Obligado a tomar un avión en compañía de una de las bailarinas del local, el arqueólogo se verá obligado a tomar los mandos cuando el piloto salte en pleno vuelo, abandonándoles a su suerte.

Acabarán en la India, en uno de cuyos poblados descubren que ha desaparecido la piedra sagrada que adoran los lugareños y que además todos los niños de la región han sido secuestrados.

 

Indiana Jones y el templo maldito 2

 

Durante el rodaje del film se conocerían Spielberg y Kate Capshaw (que asume el rol de la bailarina), quienes no se han vuelto a separar desde entonces.

La tercera entrega, Indiana Jones y la última cruzada, pretendía ser el enlace para que el pujante River Phoenix (hermano de Joaquim) tomase el relevo de Harrison Ford en el futuro de la saga pero las drogas malograron ese proyecto, abocando al joven actor a una muerte prematura.

También destacaba en esa tercera entrega la magnética presencia de un excelente Sean Connery, antiguo agente 007 pero también Fray Guillermo de Baskerville en “El nombre de la rosa” y actor del que se valieron el mismísimo Hitchcock en “Marnie la ladrona” o Kevin Reynolds para realzar, en una sola escena, el final de su “Robin Hood, príncipe de los ladrones”.

 

Indiana Jones y la ultima cruzada 2

 

En esta ocasión, Jones es reclutado para salvar a su padre, un erudito profesor que toda su vida ha perseguido el Santo Grial y que ahora, cerca al parecer de lograr su propósito, ha sido secuestrado por los nazis, que también ansían la reliquia.

Por último, dos décadas más tarde, se perpetró ese Indiana Jones y la calavera de cristalde la que me niego a hablar por la sencilla razón de que no la considero parte de la saga.

Tan sólo se trata de un producto comercial de ínfima calidad, que vive a la sombra de la trilogía mágica, para lo cual no se sonroja en utilizar a Karen Allen, la primera actriz que compartió las andanzas del héroe. Más que el relato crepuscular de un héroe (y de su primera heroína) se trata de una película que jamás debió ser filmada.

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