THE JACKET

 

La máquina del tiempo más tétrica

 

The Jacket En la camilla 2

 

 

APOSTANDO A GANADOR

 

Siempre he pensado que hay actores con cierta pericia a la hora de escoger guiones, de modo que su presencia se convierte casi en garantía de una cierta calidad.

Aunque no siempre se trate de proyectos de mucha envergadura ni demasiado difundidos, acostumbran a ofrecer un nivel mínimo por encima de la media, lo cual siempre es de agradecer y proporciona, al mismo tiempo, la posibilidad de conocer producciones que de otro modo nos hubieran pasado inadvertidas.

Así pues, y aun teniendo en cuenta que incluso ellos cometen algún que otro error con sus elecciones, es lo que me ocurre con gente como Tom Berenger, John Cusack o, sobre todo, Adrien Brody.

Siguiendo este elemental instinto, me enfrenté, sin tener ni la más remota idea de la temática de la película, con “The Jacket”, una cinta que Brody coprotagonizó, en 2005, junto a la mediática Keira Knightley.

Se trata de una curiosa coproducción germano-estadounidense que cuenta con un guión de Massi Tadjedin, basado en una historia original de Tom Bleecker y Marc Rocco.

 

LÍNEA ARGUMENTAL

 

En 1991, Jack Starks forma parte de las tropas estadounidenses destacadas en Irak durante la primera Guerra del Golfo.

En mitad de la locura desatada en la zona, un niño árabe le dispara en la cabeza, provocándole la muerte… por primera vez.

Poco después y cuando su cadáver va a ser etiquetado, Starks abre los ojos y regresa a la vida, causando una auténtica conmoción en el hospital de campaña.

 

 

The Jacket Primera muerte

 

Con un cuadro severo de amnesia, Jack es licenciado y regresa a los Estados Unidos.

Justo un año después, mientras vaga por carreteras nevadas, encuentra un coche detenido en la cuneta. Una simpática niña, Jackie, le explica que su coche se ha estropeado. A pocos metros de allí, su alcoholizada madre Jean vomita al borde de la inconsciencia.

Jack logra arreglar la avería y regala sus placas de identificación a Jackie cuando ella se las pide pero Jean sale en ese momento de su aturdimiento y, viendo a un desconocido que acaricia la cabeza de su hija, lo echa a gritos sin atender a razones.

 

The Jacket Madre borracha

 

Horas más tarde, Starks es recogido por un joven que viaja solo y que le ofrece la posibilidad de turnarse con él al volante. Sin embargo, poco después un coche policial les conmina a detenerse.

El agente aparece muerto y junto a él es encontrado Jack inconsciente. La pistola con la que el policía recibió hasta tres disparos es encontrada en el suelo.

Starks es juzgado por asesinato, ya que no recuerda lo que pudo haber ocurrido durante su inconsciencia ni es capaz de demostrar que hubiese alguien junto a él cuando se cruzó con el policía. De hecho, ni siquiera su encuentro con Jackie y Jean es constatable.

En cualquier caso, gracias al testimonio de varios soldados presentes junto a él en la contienda bélica del Golfo, es declarado “no culpable por enajenación mental”. Así, en lugar de ir a la cárcel se le envía a un hospital psiquiátrico, donde es puesto a cargo del doctor Becker.

 

 

The Jacket Conducido al psiquiatrico

 

Por desgracia para Jack, los métodos utilizados por el psiquiatra resultan realmente espeluznantes, mostrando predilección por un tratamiento que consiste en atiborrar de fármacos a sus pacientes y luego, inmovilizados con una camisa de fuerza, introducirlos en una cámara frigorífica para cadáveres.

 

The Jacket Camilla entrando

 

Jack permanece allí dentro durante varias angustiosas horas sin que sus gimoteos y alaridos le sirvan de nada. Después de que sus confusos recuerdos le bombardeen mentalmente durante su encierro en la cámara, Jack sale traumatizado pero su consciencia sorprende a Becker.

En los tranquilos días siguientes, el nuevo paciente traba amistad en la sala común con Rudy Mackenzie, un lunático bastante dicharachero que afirma haber protagonizado una treintena de intentos de asesinato contra su mujer. Su nuevo amigo le aconseja que se relaje cuando vuelvan a encerrarlo.

Cuando Jack es conducido de nuevo al sótano para repetir su encierro, se muestra aparentemente tranquilo y colaborador pero, al acercarle la camisa de fuerza para ponérsela, Starks agrede al doctor y es reducido violentamente, siendo introducido de nuevo en la cámara sin que sus lloros surtan el menor efecto.

En esta ocasión, tras la mareante sucesión de recuerdos confusos, Jack resulta proyectado hacia lo que parece ser un sueño concreto, que le sitúa en el exterior de una aislada cafetería.

Mientras espera allí de pie, sin saber a qué atenerse, una bonita camarera sale del local y se le queda mirando.

 

UN INICIO CONSIDERABLEMENTE TÉTRICO

 

Debo confesar que a los diez minutos de iniciar el visionado de esta película estuve a punto de quitarla y dejar así de sentirme incómodo sin necesidad. Y es que carece de sentido pasarlo mal viendo algo que debería proporcionarte algún tipo de placer o moverte al menos a algún tipo de reflexión.

Creo que, si no detuve entonces la proyección, fue más por pereza que por fe. Sin embargo, no puedo estar más satisfecho de haber permanecido ante la pantalla porque lo que en un principio era un relato claustrofóbico y tremendamente perturbador acabó derivando hacia un enfoque de tipo fantástico que no cabía predecir.

El film comienza con los distorsionados títulos de crédito, en los que bajo un filtro verde se nos ofrecen, cada vez con más nitidez, imágenes de bombardeos, combates terrestres, prisioneros árabes y alguna aparición televisiva de George Bush “padre” hasta que se abandona al fin el filtro verde mientras escuchamos decir a Jack:

- Hay un niño ahí.

- No es asunto nuestro, le responde otro soldado.

- Nada de esto lo es, masculla Jack.

Éste se aproxima lentamente al niño, sonriéndole para tranquilizarle –“¿estás bien, hombrecito?”- cuando el muchacho saca una pistola y le dispara a bocajarro en la cabeza.

Es entonces cuando escuchamos las enigmáticas palabras de Starks:

- Tenía 27 años cuando morí por primera vez. Recuerdo que todo estaba muy blanco. Había una guerra y yo me sentía vivo pero en realidad estaba muerto.

Un sanitario lee sin demasiado interés: “Starks, Jack. Nacido en Vermont. No consta que tenga familia” mientras la enfermera le cierra los ojos y se dispone a etiquetar su cadáver. Sin embargo, cuando vuelve a fijar los ojos sobre el cuerpo, comprueba que el hombre pestañea.

 

The Jacket Primera muerte 2

 

Tras diagnosticársele amnesia retrógrada, alguien comenta que Jack podría ser propuesto para la estrella de bronce pero lo único cierto es que es licenciado y regresa a su Vermont natal.

Tras el encuentro, en las nevadas carreteras de Vermont, con la simpática Jackie y su alcoholizada madre, tendrá lugar el incidente que dará con los huesos de Jack en el Alpine Grove Psychiatric Hospital.

 

The Jacket Con la niña Jackie

 

El joven desconocido que le recoge mientras Jack hace autostop parece amable y le propone llevarle hasta la frontera de Canadá, turnándose entretanto al volante.

Pero también es un bicho raro que no se quita la gorra ni para dormir y que pregunta a Jack si ha estado en la cárcel. Cuando éste le responde que no, el desconocido afirma con convicción: Pues te diré algo, colega. Es mucho peor que la guerra. Es peor que cualquier guerra.

A dicha afirmación, Jack responde entre dientes: Eso lo dudo.

Un coche patrulla se les acerca por detrás y les obliga a detenerse. Lo siguiente que oímos es una voz severa que interroga a Jack en una sala de juicios:

- A Jackie y a Jean. ¿Eso es lo único que recuerda con certeza de ese día?

- , responde un atribulado Starks.

- Y ¿es consciente de que no tenemos ni apellidos ni lugar de residencia ni registro alguno de la presencia física de esas “amigas suyas”?

- Había otra persona…

El acusado permanece casi ajeno mientras el psiquiatra de la acusación apunta que Jack podría estar bloqueando el incidente, lo que explicaría su calculado plan sobre la niña y su madre.

Un militar, por su parte, habla del horror de la “Operación Tormenta del Desierto” que, en su opinión, no puede describirse en el titular de un informativo, por lo que “si Starks en efecto mató a ese agente, no se le puede responsabilizar de tener la mente dañada”.

Dado que no hay constancia de la presencia de más personas en el lugar del crimen, el jurado determina que fue Starks quien disparó hasta tres veces contra el policía pero también lo consideran “no culpable” por enajenación mental, razón por la cual el juez le condena a ser ingresado en una institución para criminales dementes.

 

EL DOCTOR THOMAS BECKER

 

Si las perspectivas de Starks ya eran poco halagüeñas, su llegada al psiquiátrico no las hace mejorar precisamente.

Y es que el paciente es tratado con rudeza desde el primer momento, en el que el enfermero Damon le tira a la cara la ropa con la que ha de vestirse y la enfermera Harding permanece impasible esperando a que él se desnude para cambiar de indumentaria.

 

The Jacket Los enfermeros

 

Le dan pastillas cada cierto tiempo y permanece amodorrado sobre su camastro pero lo peor llega cuando, en mitad de la noche, le despiertan con brusquedad y, tras inyectarle una sustancia desconocida, le conducen con un esparadrapo en la boca a la presencia del doctor Becker.

Éste deja traslucir ya de inicio su escepticismo hacia Jack y, cuando éste pide que le crean pues “no debería estar aquí”, el doctor le responde, con una intención muy diferente:

- Yo pienso lo mismo que usted pero ninguno de los dos puede hacer nada ya.

A renglón seguido, su camilla es introducida en una cámara frigorífica de lo que parece ser un depósito de cadáveres.

Totalmente a oscuras en un lugar tan sumamente estrecho y claustrofóbico, además de sujeto por las férreas correas de la camisa de fuerza, Jack se siente desfallecer pero todos ignoran sus gritos y sollozos.

Tres horas más tarde lo sacan de allí en un estado casi catatónico que hasta le impide responder cuando el doctor Becker le pregunta si puede oírle. Sí parpadea, en cambio, cuando le piden que lo haga.

 

The Jacket En la camilla

 

Aunque el psiquiatra se sorprende de que el paciente no haya perdido la consciencia durante el proceso, declina la posibilidad de volverlo a introducir allí, lo que provoca una lágrima de gratitud en los ojos de Jack.

Sin embargo, lo que sólo más adelante llegará a comprender Starks es que el doctor le considera un criminal, no un paciente. Y lo que pretende es eliminar de él cualquier rasgo de agresividad aunque sea recurriendo a procedimientos extremos.

 

RUDY MACKENZIE

 

Mientras Jack, sentado en la sala común, observa sin demasiado interés un documental de televisión sobre la situación en Oriente Medio, se le acerca un hombre y se sienta en una silla a su lado.

- Eres el asesino de polis, ¿no?, le pregunta a bocajarro.

- ¿Tanto se me nota?, responde Jack casi divertido.

- Te vi en la tele, ya sabes, ayuda a calmar la mente activa.

Cuando el desconocido insiste en entablar conversación con Starks, éste, pese a su renuencia, le pregunta por los motivos de su encierro.

 

The Jacket En la sala comun con amigo

 

- Estoy aquí porque intenté matar a mi mujer.

- ¿No vas a la cárcel por eso?, le pregunta Jack.

- Sí, bueno, lo intenté unas treinta veces. Yo nunca planeé hacerlo, ¿sabes?

Jack se inquieta visiblemente e incluso utiliza la palabra “loco” para definir a alguien capaz de atentar una treintena de veces contra otra persona, lo que no gusta a su nuevo amigo aunque, en realidad, como la doctora Lorenson contará a Starks mucho después, Rudy está efectivamente perturbado pero nunca atentó contra su mujer sino que sencillamente fue incapaz de asumir que ella le abandonara.

Por lo demás, Rudy es un hombre inofensivo y amigable que busca la aprobación de Jack desde su llegada e incluso le dará un consejo útil: el de intentar tranquilizarse mientras esté encerrado pues eso puede ofrecerle las respuestas que necesita. Algo que Rudy expresa de forma más bien poco académica:

- Si necesitas averiguar algo cuando estés allí dentro, tienes que calmarte. Cuanto menos se te vaya la olla mucho menos fliparás.

 

 

LA SECUENCIA CLAVE

 

El momento que marca la inflexión del film -donde al fin comienza a ceder lo lúgubre y truculento en favor de una apasionante trama de ciencia-ficción- tiene lugar durante el segundo encierro del protagonista en la cámara frigorífica.

De algún modo, dicho encierro en combinación con las sustancias farmacológicas experimentales que administran a Jack, convierten a dicha cámara en una máquina del tiempo y al enfermo-recluso en un viajero involuntario que acaba encontrándose ante la disyuntiva clásica: ¿puede cambiarse el pasado desde el futuro?

Y el cambio resulta tan brusco e inesperado como pueda serlo el de “Abierto hasta el amanecer” de Robert Rodríguez, en el sentido de que una porción significativa de la historia parece ser una cosa pero acaba siendo otra diametralmente distinta aunque sin traicionar el planteamiento.

Así, tras padecer el intenso bombardeo de imágenes del pasado que ya sufriera en el primer encierro, Jack es proyectado hasta una noche fría en la que él está sencillamente de pie frente a un poste de gasolina erigido frente a la cafetería de un motel.

De éste sale una muchacha muy guapa pero de gesto adusto que, después de mirarle con cierto interés, se mete en un coche.

Aunque él no hace gesto alguno salvo sonreír, la muchacha se le acerca y baja su ventanilla para comentarle:

- Por si no te has enterado, es Nochebuena. Aquí no encontrarás taxi.

- Gracias, se limita a responder Jack con una sonrisa insegura.

- ¿Quieres que te lleve a algún sitio?, insiste ella.

- No estoy seguro.

- Pues te lo volveré a preguntar. Mira a tu alrededor y analiza tus opciones. ¿Quieres ir a algún sitio?

- Sí, quiero.

- Pues genial. Sube.

Ella toma un buen trago de una petaca metálica antes de iniciar la marcha.

- Y ¿adónde te llevo?

- No lo sé.

La muchacha no tarda en llegar a la conclusión de que Jack es un vagabundo y posiblemente con algún trastorno mental, de manera que, ante la absoluta pasividad de él, solicita que lo acojan en algún refugio pero es Navidad y en ninguno disponen de espacio, por lo que todas sus llamadas telefónicas resultan infructuosas.

 

The Jacket Telefoneando sin exito

 

Resignada a tener que acogerle por esa noche, su anfitriona le exhorta a “no ser capullo” y no robarle nada. También le invita a prepararse algo para cenar si tiene hambre mientras ella se da un baño.

El baño en cuestión consiste en una mezcla de marihuana y alcohol en la bañera pero Starks, tras constatar que hay poco aprovechable en la nevera, consigue hacer un remedo de cena para los dos.

 

The Jacket Jackie fumando

 

Este gesto gusta a la muchacha, que se abre un poco al desconocido aunque se enfurecerá cuando él la despierte frenético porque ha encontrado sus placas militares colgando de la pared y también una fotografía en la que aparecen Jackie y Jean.

- ¿Quiénes son? Las personas de esta foto.

- Somos mi madre y yo, responde ella molesta.

- ¿Cómo que tu madre y tú?

- Mi madre ha muerto. Perdió el conocimiento fumando un cigarrillo y murió quemada hace mucho tiempo.

- ¿En qué fecha estamos? Ya sé que parece una locura pero ¿en qué año estamos?

- En 2007.

 

LA DOCTORA BETH LORENSON

 

La progresiva importancia de este personaje en la historia acaba otorgándole un rol de absoluta relevancia en la misma.

Comienza siendo una presencia constante en la sala común donde Jack y Rudy comienzan su peculiar amistad y progresa convirtiéndose en una molestia para el doctor Becker.

Aunque su colega no conoce con exactitud los métodos de Becker, es consciente de su heterodoxia, lo que la lleva a alguna confrontación dialéctica con él.

 

The Jacket Los doctores

 

En el pasado de ambos personajes permanece el de un paciente al que “no pudieron ayudar” pero ambos están resueltos a que la historia no se repita con Jack.

Sin embargo, bajo esa determinación se ocultan dos planteamientos diametralmente opuestos: Lorenson quiere ser cuidadosa con el paciente, no forzarlo ni lastimarlo física o emocionalmente en tanto que Becker está dispuesto a saltarse todas las barreras, utilizando métodos contundentes e incluso prohibidos.

Uno de los subtemas de la trama, breve en metraje pero muy importante para el desenlace, incluye también a la doctora.

Y es que, de forma extraoficial, Beth trata a un niño iraquí, Babak, hijo de su amiga Jamille. El crío no es capaz de expresarse con palabras y únicamente logra comunicarse con ella utilizando los ojos.

Los denodados esfuerzos de la doctora por dar con una solución que saque a su paciente de su absoluto aislamiento recibirá un incentivo imprevisto cuando Jack obtenga del futuro una información decisiva.

 

 

JACKIE PRICE

 

Jackie es una niña cuando en 1992 conoce al protagonista en la carretera. La simpatía fluye espontáneamente entre ambos en ese primer encuentro, en el que la altruista ayuda del ex soldado es “retribuida” con gritos e insinuaciones malignas por parte de la alcoholizada Jean.

Quince años más tarde, la inopinada máquina del tiempo en que se convierte la cámara frigorífica de la morgue del hospital volverá a poner frente a frente a Jackie y a Jack aunque a ambos les costará creerlo.

Por entonces Jackie es una joven cercana a la treintena. Guapa pero un tanto desaliñada, trabaja como camarera en un motel de carretera y lleva una existencia tan gris como el utilitario que conduce.

Fuma y bebe sin aparente moderación y parece resentida con el mundo. En ella no se aprecian demasiados signos de la niña dulce que fue.

 

The Jacket Jackie bebiendo

 

Sin embargo, bajo esa capa de amargura y desencanto todavía existe la suficiente generosidad para acoger a un desconocido y llevarlo a su propia casa aunque la desconfianza que ha arraigado en ella no espere sino lo peor de la Humanidad en general y de su invitado en particular.

Cuando cree que él ha estado inmiscuyéndose en su vida, husmeando entre sus cosas y entrometiéndose en lo que no le importa, lo echa sin contemplaciones.

Y es que Jackie ha sufrido muchas decepciones, comenzando por la figura de una madre que nunca se ocupó realmente de ella mientras era niña y que la dejó sola muy pronto debido a lo anárquico y descuidado de su vida.

No obstante, la segunda aparición de Jack despertará en ella sentimientos dormidos y ya olvidados que la harán implicarse en la vida de él y en los sorprendentes acontecimientos que le han llevado hasta allí.

 

The Jacket Desayunando con Jackie

 

Los dos son personas desarraigadas, solitarias, que han tenido que salir adelante sin ayuda, por sus propios medios.

Por otra parte, ambos están peleados con su pasado; Jack no puede recordarlo y Jackie se niega a hacerlo.

 

EL REPARTO Y OTRAS CUESTIONES

 

 

Producida nada menos que por George Clooney y Steven Soderbergh, la película cuenta con un reparto espectacular que no se limita a los roles protagonistas, copados por nombres tan consagrados como Adrien Brody (Jack Starks), Keira Knightley (Jackie) o Kris Kristofferson (el doctor Becker) sino que incluso el “James Bond” Daniel Craig interviene en el papel de uno de los enfermos del psiquiátrico (Rudy Mackenzie).

Craig, amigo personal del director, ya había participado en el celebrado éxito del mismo “El amor es el demonio”, que recreaba la figura de Francis Bacon.

 

The Jacket El amigo

 

Por si ello no fuera suficiente, la doctora Lorenson está interpretada por Jennifer Jason Leigh y hasta Kelly Lynch tiene un pequeño papel: el de Jean, la madre de Jackie.

 

The Jacket La doctora

 

 

Aunque todo podría haber sido bien distinto de concretarse la primera opción para el rol protagonista, que apuntaba a Mark Wahlberg, lo que sin duda hubiese evitado la presencia de Kristofferson en el elenco.

 

The Jacket Kris Kristoferson

 

 

Tampoco al joven director londinense John Maybury le gustaba lo más mínimo Keira Knightley para el papel de Jackie y, de hecho, su presencia fue una imposición en toda regla de la productora Mandalay Pictures: si no se le adjudicaba el papel a la actriz, estaba dispuesta a retirar la financiación.

Como el propio Maybury declararía más tarde, para él la Knightley era sólo una “actriz de moda”. Una chica guapa y lista pero a la que no le veía nada más.

 

The Jacket Jackie

 

Una circunstancia teóricamente negativa –el malestar físico que sufría Keira el día en que ambos se encontraron por primera vez- acabaría jugando en su favor, al otorgar a la actriz un halo que nada tenía que ver con su imagen de éxito y glamour y la acercaba más al rol de drogadicta que le esperaba en “The Jacket”.

Curiosamente tampoco a la Knightley, tras sus rutilantes éxitos en “Quiero ser como Beckham” y “Piratas del Caribe; la maldición de la perla negra”, le atraía ni poco ni mucho el guión que sus representantes habían puesto en sus manos pero fue la clara oposición de Maybury a que ella tomara parte en el film lo que acicateó su orgullo para hacerle cambiar de opinión.

Hasta tal punto lo logró que, además de las loas recibidas tras la finalización del rodaje, Maybury le ofreció protagonizar su siguiente film: “En el límite del amor”.

La ambientación de “The Jacket” es un tanto peculiar y personalmente me recordó a la de “El maquinista” en algunas secuencias pero debo decir que la fotografía ofrece resultados ciertamente llamativos en algunas escenas en las que el blanco de la nieve contrasta con el tono general.

Otro elemento a tener en cuenta es la música del simpar Brian Eno para una banda sonora ciertamente sugestiva que se cierra de la mejor manera inimaginable, con dos temas fantásticos:

- “Quiet inside”, el tema compuesto por Keith Gattis y Andy Tubman que el propio Andy interpreta con su rasposa voz.

- “We have all the time in the world”, de John Barry y Hall David. El tema fue interpretado en “007 al servicio de Su Majestad” por el mismísimo Louis Armstrong pero, en esta ocasión, es nada menos que Iggy Pop el que, junto al compositor David Arnold, firma una espectacular versión.

OTROS VIAJES EN EL TIEMPO

La lista de películas que especulan con los viajes temporales y con la posibilidad de cambiar el pasado desde el futuro sería interminable pero he aquí algunos de los títulos que mejor recuerdo le han dejado a este servidor:

- “El tiempo en sus manos” (1960), la mítica película protagonizada por Rod Taylor que enfrentaba a los ingenuos e indolentes eloi con los sanguinarios morlocks en un futuro muy poco envidiable. Conocería un discreto remake llamado “La máquina del tiempo” (2002), protagonizado por el australiano Guy Pierce.

- “El planeta de los simios” (1968), de la que disponéis en este mismo blog de una larga reseña, es una de las mejores cintas de aventuras que juegan con el tema del tiempo aunque la mera inclusión en esta lista del film protagonizado por Charlton Heston ya supone de por sí un spoiler difícil de evitar. Por otra parte, el remake perpetrado por Tim Burton en 2001 arruinaba incluso la sorpresa final del original.

- “El final de la cuenta atrás” (1980), con Kirk Douglas encabezando el elenco, muestra a un moderno portaaviones estadounidense siendo transportado por una enorme tormenta electromagnética hasta el Pearl Harbor de 1941 en la víspera del ataque japonés a la base hawaiana.

- La saga “Terminator” (1984, 1991 y 2003), por su parte, presenta a un soldado (Michael Biehn) llegado desde el futuro para evitar que el líder de los humanos en la guerra contra las máquinas sea asesinado antes de nacer. Comoquiera que el cyborg (Arnold Schwarzenegger) enviado para matar al futuro héroe no tiene éxito en su misión, las máquinas seguirían intentándolo en futuras entregas – “Terminator 2” y “Terminator 3”- aunque en estas ocasiones el amigo Arnold se pasara al lado de los “buenos”.

- La trilogía “Regreso al futuro” (1985, 1989 y 1990) constituyó todo un fenómeno generacional en el que un jovencísimo Michael J. Fox retrocedía a bordo de un glamuroso DeLorean (nada que ver con la siniestra máquina del tiempo de “The Jacket”) a la época en la que sus propios padres se conocieron. El hecho de que su madre se encapriche de él no pone nada fácil que llegue a nacer algún día.

- “Atrapado en el tiempo” (1993), el más ligero de los títulos que propongo, muestra a Bill Murray condenado cómicamente (aunque a él le haga maldita la gracia) a repetir una y otra vez –quién sabe si para siempre- un mismo día de su vida: el de “la Marmota”.

- “12 monos” (1995) ofrece una versión post-apocalíptica de la Tierra en la que un virus ha matado a millones de personas, confinando al resto a las cloacas del planeta. Un prisionero (Bruce Willis) se ofrece voluntariamente a regresar al pasado para dar con las claves del desastre e intentar conseguir un antídoto para el virus.

- “Nivel 13” (1999) propone una realidad alternativa que, con la ayuda de una poderosa red de ordenadores, transporta a sus protagonistas más de sesenta años al pasado, permitiéndoles allí una doble vida.

- “Paycheck” (2003) es un thriller a cargo de John Woo en el que su protagonista (Ben Affleck), un brillante ingeniero, se somete a sucesivos borrados de memoria tras cada uno de sus confidenciales y millonariamente retribuidos trabajos. Pero como lo bueno no puede durar…

- “Harry Potter y el prisionero de Azkabán” (2004), si bien no versa específicamente sobre viajes en el tiempo, sí recurrirá a la manipulación del mismo, cuando el profesor Dumbledore preste a Hermione un giratiempo (en forma de collar con colgante) a fin de resolver una dramática situación.

- “Midnight in Paris” (2011); la deliciosa película de Woody Allen ofrecerá a su protagonista, encarnado por Owen Wilson, la posibilidad de regresar a un París pretérito que lo pone en relación con la mismísima “The Moderns” de Alan Rudolph.

- “Al filo del mañana” (2014) es por el momento la última gran película de viajes en el tiempo que he tenido ocasión de ver aunque se trata de un género en continuo reciclaje. En el film, un cobarde oficial (Tom Cruise) se ve atrapado en un bucle que repite reiteradamente un mismo día. Pero contrariamente al inofensivo día de la marmota, aquí el protagonista muere una y otra vez luchando contra una horda de terribles extraterrestres mientras intenta dar con una solución.

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