ENVIADO ESPECIAL

 

El Hitchcock más propagandístico

 

Enviado especial El prota 2

 

 

UNA EXCEPCIÓN EN TODA REGLA

 

No se puede decir que Alfred Hitchcock haya servido a otros intereses que los suyos durante la práctica totalidad de su carrera pero bien sea porque “de bien nacidos es ser agradecidos” y se sintiera en deuda con su país natal, bien a causa de una preocupación propia y legítima puesto que su madre y su hermano seguían residiendo en Gran Bretaña o bien fuese porque recibiera presiones políticas (cosa nada descartable), lo cierto es que “Enviado especial” supone una excepción en muchos sentidos.

 

Enviado especial Cameo de Hitch

 

Corría el año 1940, tan sólo se trataba de su segunda película “americana” tras su exitoso debut con “Rebeca” e Inglaterra se hallaba inmersa en la Segunda Guerra Mundial (al menos en el último tramo de la producción del film) mientras Estados Unidos no se decidía a implicarse en la contienda.

De hecho, existía un estricto código cinematográfico encaminado a evitar a toda costa “provocar” a Alemania en aras de la supuesta neutralidad yankee. De ahí que no exista un solo fotograma en la película en la que se exhiba una esvástica, del mismo modo que tampoco se hace referencia explícita a los nazis.

Todo ello desembocó en un film con evidente intención política que subyace bajo una trama clásica que incluye intriga y persecuciones tanto como el inevitable romance.

Sería la inclusión del sorprendente inserto final la que despeja las pocas dudas que pudieran existir acerca de la intencionalidad del film.

En cualquier caso, como ya veremos, la concesión propagandística supuso una mínima mácula en una película que ya muestra muchas de las virtudes que convertiría a Hitchcock en el más genial director de thrillers de la Historia del Cine.

 

LÍNEA ARGUMENTAL

 

En 1939 Johnny Jones es un periodista americano que trabaja en el “Globe” aunque su empleo peligra a causa de un incidente que ha tenido con la policía durante la investigación de un asunto.

La suerte de Jones cambia de signo cuando el director del periódico, el señor Powers, lo llama a su despacho. En lugar de ser despedido, recibe la insólita proposición de desplazarse a Europa para analizar la delicada situación política del Viejo Continente.

Cansado de las insulsas crónicas de sus corresponsales, Powers ve en la absoluta falta de prejuicios de Jones la posibilidad de crear un nuevo estilo de crónica.

La primera misión del periodista será entrevistar a Van Meer, un destacado político holandés. Éste es una de las dos únicas personas que conocen la cláusula más importante del Tratado que Holanda acaba de firmar con Bélgica; huelga decir que se trata de una cláusula no escrita.

Mientras Powers alecciona a Jones, un nuevo caballero se une a la reunión. Se trata de Stephen Fisher, cabeza del Partido para la Paz Universal que, con la ayuda de Van Meer, intenta evitar la guerra.

Tras las presentaciones de rigor, el director del “Globe” decide que el nombre de su periodista no es lo suficientemente atractivo, por lo cual lo rebautiza como Huntley Haverstock.

El nuevo enviado especial parte en barco hacia Londres y en la capital británica es recibido por su colega Stebbins, quien le proporciona una invitación para la fiesta que esa misma tarde organiza Van Meer.

Cuando se dirige al “Lido”, donde va a tener lugar la recepción, Johnny –o Huntley- escucha cómo alguien se dirige a un anciano llamándole “señor Van Meer”. El periodista aprovecha la ocasión para presentarse y el holandés le invita cortésmente a compartir su coche, puesto que ambos se dirigen al mismo lugar.

 

Enviado especial con el profesor 2

 

Durante el trayecto, Jones intenta sonsacarle mas no lo consigue. Mientras el americano deja su gabardina en el vestíbulo del Lido, Van Meer desaparece.

Johnny coincide entonces con Fisher y éste le presenta a una dama que está en apuros, ya que no consigue entenderse con un simpático extranjero.

Tras intentarlo inútilmente en inglés, francés y alemán, es una bonita joven quien soluciona la cuestión dirigiéndose al diplomático en el que resulta ser su idioma, el letón.

Admirado de que la muchacha conozca una lengua tan poco común, Jones –que la toma por una azafata de la reunión- entabla diálogo con ella.

Sin embargo, el americano se muestra algo prepotente y la muchacha se siente herida cuando él se refiere a los miembros del Partido para la Paz Universal como “amateurs de buena fe”. Poco después, ella desaparece de su lado mientras toman asiento.

Fisher se levanta entonces para comunicar que el señor Van Meer no ha podido acudir a la reunión, lo que sorprende enormemente a Johnny, con quien el político había llegado hasta allí.

A continuación, Fisher anuncia que su propia hija Carol va a tomar la palabra. La estupefacción del periodista no conoce límites cuando la oradora resulta ser la bonita joven con la que ha estado hablando momentos antes.

Ella comienza criticando a aquéllos que menosprecian al Partido acusando a sus miembros de no ser sino amateurs pero Johnny parece no darse por aludido, ya que la mira embelesado sin perderse una sílaba. Carol se apercibe de esta circunstancia y acaba perdiendo la concentración, sin saber qué decir.

Cuando intenta consultar sus apuntes, observa que todos los papeles que tiene ante sí son notas de Johnny citándola para comer y para cenar. Esto hace que pierda definitivamente el hilo de su discurso, creando un violento silencio.

Interpretando que su intervención ha finalizado, el americano prorrumpe en aplausos que no son secundados por nadie, con lo cual él se convierte en el centro de todas las miradas.

Horas después, Haverstock recibe la orden de su director de desplazarse a Copenhague, donde va a hablar Van Meer. Ya en la capital danesa, el reportero espera pacientemente en la entrada del edificio donde va a tener lugar la conferencia.

Cuando el holandés hace su aparición, Jones/Haverstock se apresura a saludarle pero aquél parece no reconocerle. Súbitamente, un desconocido se aproxima y dispara sobre Van Meer, causándole la muerte y acabando también con varios policías que intentan detenerle.

 

Enviado especial Atentado 2

 

El americano no se amedrenta y le persigue temerariamente aunque no logra alcanzarle, ya que el asesino huye en un automóvil que le espera. Jones obliga a otro coche a detenerse para proseguir la persecución y se da la casual circunstancia de que Carol viaje en el mismo junto con su amigo, el también periodista Scott ffolliott.

 

Enviado especial con chica y FF en coche

 

- ¿Con dos efes minúsculas?, pregunta Jones extrañado.

- En efecto -le explica ffolliott-, a uno de mis antepasados le cortaron la cabeza por orden de Enrique VIII y su mujer le omitió la mayúscula para conmemorar el acontecimiento.

La persecución de los criminales termina bruscamente al llegar a una zona de molinos donde el coche de aquéllos parece desaparecer como por arte de magia.

Los perseguidores se apean y, por un instante, Haverstock cree ver que las aspas de uno de los molinos giran contra la dirección del aire.

 

Enviado especial Molino

 

Pide entonces a sus nuevos amigos que vayan en busca de la policía –los agentes han pasado de largo sin prestarles mucha atención- pues está seguro de que los asesinos se ocultan en el molino.

Cuando el automóvil de Scott parte, las aspas del molino vuelven a moverse, dando una señal a una avioneta que evoluciona por las cercanías. Casi inmediatamente, la nave toma tierra.

 

TODA UNA DECLARACIÓN DE INTENCIONES

 

En “Enviado especial” se encuentra el germen de lo que luego se desarrollaría en varias de las películas del “mago del suspense” y en no pocas de las imitaciones que se han rodado de las mismas.

En la mejor línea de su tradición narrativa, de la que ya había dado muestras más que sobradas durante su no menos brillante “época inglesa”, Hitchcock ofrece una película que es claro exponente del género del que acabaría siendo su mejor representante: la intriga policíaca.

La espectacularidad, los crímenes, el humor más inglés (sólo al final de su carrera, en títulos como “Frenesí” o “La trama” se observa un cambio a peor cuando Hitch parece perder su sutileza británica, sustituida por un sentido más burdo, prosaico y “americano” del humor), la acción, el romance, las persecuciones y el desenfreno presiden así hasta el último de sus fotogramas.

 

Enviado especial con la chica 2

 

Le veremos utilizar esos mismos recursos en infinidad de ocasiones y siempre con maestría: “La cortina rasgada” es uno de los ejemplos más evidentes pero también resulta patente en producciones como “Los 39 escalones”, “Con la muerte en los talones” o “El hombre que sabía demasiado”.

Un ritmo muy alto y una alternancia de situaciones cómicas y escenas de gran tensión caracterizan a todas estas producciones, herederas directas de la cinta que ahora comentamos.

Entre las obras ajenas pero claramente inspiradas en Hitchcock, cabe destacar “El premio” (protagonizada por Paul Newman), en el que se llega al extremo de plagiar el resorte principal de la trama de “Enviado especial”, que no desvelaré.

 

Enviado especial con el profesor

 

Abundando en el carácter precursor de la película -y aunque no se hablará de ello hasta el remake americano de “Los 39 escalones”-, ya en “Enviado especial” encontramos un perfecto ejemplo de McGuffin. En este caso, se tratará de la famosa cláusula del acuerdo belga-holandés, una mera excusa para hacer avanzar la acción, ya que no se nos dará la menor explicación acerca de su contenido, sin que a nadie parezca importarle lo más mínimo. Incluyendo los espectadores, por cierto.

En lo que a la interpretación se refiere, en Joel McCrea recae la mayor parte de la acción, lo cual asume con admirable competencia y naturalidad, constituyendo su trabajo una interesante mezcla de lo que luego harían Cary Grant y James Stewart en algunas de las cintas más relevantes de Hitch. Curiosamente, la carrera de McCrea aparece circunscrita casi exclusivamente al western.

 

Enviado especial El prota

 

La atractiva Largine Day y los sólidos Herbert Marshall y George Sanders completan el elenco.

 

Enviado especial con chica y FF

 

 

HACIENDO CAMPAÑA

 

En cuanto al inequívoco mensaje propagandístico que contiene la película, éste se evidencia en el epílogo de la misma, adoptando la forma de una secuencia que nada aporta a la trama y en la que las alarmas suenan en Londres a la espera de los bombardeos alemanes mientras una voz se dirige, a través de la radio, a los estadounidenses:

Parece como si hubieran apagado las luces en todas partes menos en América; manténganlas encendidas”.

Lógicamente, la escena –que constituye un manifiesto añadido- contribuyó notablemente a acentuar la polémica que ya acusaba a la película de ser un instrumento propagandístico incluso antes de haber sido estrenada.

 

Enviado especial en la radio

 

Por otra parte, todo el rodaje fue una continua pesadilla debido a la obsesión del productor –Walter Wanger- por actualizar la trama a medida que los acontecimientos se precipitaban en Europa.

En una actitud muy típica de Hitchcock, éste asentía ante cada cambio sugerido por Wanger para acabar ignorando todas sus propuestas y rodar lo que en realidad le apetecía contar, que era simple y llanamente una película de intriga y acción.

Sin embargo, con el inserto final incorporado ya en la fase de montaje, al director no le fue posible desmarcarse de las exigencias del productor, habida cuenta la circunstancia de que las bombas nazis comenzaban a caer realmente sobre Londres.

Ello no fue óbice –más bien, al contrario, constituyó un acicate- para que la película obtuviera un éxito inmediato a ambos lados del Atlántico.

Paradójicamente, y lo que son las cosas, se dice que “Enviado especial” era una de las películas favoritas del ministro de propaganda nazi Joseph Goebbels.

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