DE "JURASSIC PARK" A "JURASSIC

WORLD"

Parte I

 

 Parque Jurasico el gran braquiosaurio

 

 

MICHAEL CRICHTON, UN VISIONARIO

 

En 1990, el escritor estadounidense Michael Crichton publicó una novela que estaba llamada a revolucionar el mundo cinematográfico más que el literario.

Haciendo uso de las últimas teorías científicas y poniendo en juego también su proverbial imaginación, Crichton proponía una idea atractiva y quizás descabellada: el regreso a la vida, a través de la clonación, de los dinosaurios extinguidos millones de años antes de la aparición del hombre en la Tierra.

La condición de médico de Crichton (que, por cierto, murió en 2008) condicionó siempre su forma de abordar las cuestiones relacionadas con la investigación genética pues no consideraba la comercialización como un objetivo éticamente aceptable para según qué prácticas.

Eso es tan patente en sus novelas como que Ian Malcolm parece en ocasiones hablar en su nombre, si bien Crichton manifestó, en más de una ocasión, que él nunca hubiera sido tan radical en sus afirmaciones.

En cualquier caso, las dudas morales del escritor afloran también en algunos otros de sus trabajos como las novelas “Congo” (cuando el protagonista enseña a hablar por señas a una gorila o el villano de la función no duda en exponer a su propio hijo a la muerte a cambio de unos valiosos diamantes), “Rescate en el tiempo” (“Timeline” en el cine, en la que se pone en duda la ética de modificar el pasado) y, sobre todo, “La amenaza de Andrómeda”, que especula acerca de la llegada de vida extraterrestre a nuestro planeta en forma de mortales bacterias.

En cuanto a su estilo, no demasiado apreciado por un servidor, suele ser más bien ramplón y poco elaborado, en la peor tradición del “best seller” clásico, de modo que por lo general sus tramas suelen estar muy por encima de su tratamiento temático y literario.

Crichton, a quien como mínimo cabe agradecerle la creación del subgénero denominado “techno-thriller”, que luego cultivarían muchos otros autores como Douglas Preston o Lincoln Child, dejó tras de sí casi una treintena de obras. La inmensa mayoría de ellas, de género fantástico o ciencia ficción y muchas de ellas llevadas al cine (además de las citadas y de la secuela de Parque Jurásico llamada “El mundo perdido” podría añadirse “Esfera” o “Devoradores de cadáveres”, retitulada como “El guerrero número 13”) pero también aportó materiales de otra índole como “Sol naciente” o “Acoso”, ambas también adaptadas a la gran pantalla.

Cineasta además de escritor, llegó a dirigir varias películas: “Coma”, “El primer gran asalto al tren” pero, por encima de todas, “Almas de metal” (1973), con la que siempre se ha relacionado a “Parque Jurásico”.

La peculiaridad de dicho film reside en el hecho de que su acción transcurre en un sofisticado parque temático para gente adinerada.

El parque está dividido en tres grandes zonas: la Roma Imperial, el Oeste americano y la Europa Medieval, magníficamente recreadas todas ellas y atendidas en su mayor parte por robots de aspecto humano, que tan pronto son pistoleros que le retan a uno en un saloon como cortesanas capaces de satisfacer los apetitos sexuales del visitante.

Como en cualquier de los grandes parques que en la literatura o el cine han sido, la situación se descontrolará y con ello llegará la tragedia.

 

PARQUE JURÁSICO, LA NOVELA

 

 Parque jurasico

 

 

Incidente 1

 

La doctora Roberta “Bobbie” Carter trabaja en la clínica sorprendentemente bien dotada de Bahía Añasco, en la costa oeste de Costa Rica, uno de los veinte países con mejores servicios sanitarios del mundo.

Su auxiliar, Manuel Aragón, es un modelo de competencia profesional y las condiciones de trabajo resultan idóneas salvo por el hecho de que en esa parte del planeta llueve prácticamente a diario.

Las cavilaciones de la doctora se interrumpen con la sorprendente llegada, en medio de una lluvia particularmente fuerte, de un helicóptero con insignias de InGen Construction, una compañía constructora que está erigiendo un centro de recreo en una de las islas de mar adentro, a casi doscientos kilómetros de Bahía Añasco.

El proyecto lleva dos años en marcha pero está rodeado de secretismo y poco o nada se sabe acerca del centro de recreo aunque se filtran rumores sobre su alto nivel de complicación y sofisticación.

La doctora, por su parte, sospecha que se tratará de otro resort más, con playas privadas y daiquiris a todas horas en el que sus compatriotas estadounidenses se solacen todo el día en una exhibición de holgazanería y de nulo interés por la vida autóctona de Costa Rica.

En cualquier caso, el helicóptero lleva hasta ella a un muchacho herido. Y, aunque las personas que lo transportan intentan hacerle creer que sus heridas se deben a un accidente con una excavadora, Bobbie no tarda ni un minuto en darse cuenta de que más bien obedecen al ataque de un animal desconocido.

A pesar de haber sido producidas apenas una hora antes, dichas heridas despiden un hedor desconocido y turbador pero el chico, costarricense como la mayor parte de la mano de obra empleada en el proyecto, apenas es capaz de susurrar la palabra “Raptor” antes de morir.

Sin embargo, cuando la doctora intenta averiguar por la partera local el significado de la palabra, ésta le dice que hace referencia a los hombres que roban niños por la noche.

Aquello no tiene sentido para ella, como tampoco lo que su auxiliar Manuel le indica acerca del vocablo pues, en opinión de él, no se trata de una palabra española. No obstante, el término sí tiene traducción en inglés y hace referencia a algo muy distinto.

En cuanto a la partera, pronto tendrá ocasión de comprobar con horror que tres pequeños “lagartos” acaban con la vida de un bebé recién nacido. Esa muerte, que incrementa la tasa inusualmente alta de mortandad infantil en la zona, será mantenida en secreto por la mujer. Al menos durante un tiempo…

 

Incidente 2

 

Un joven matrimonio estadounidense y su hija de corta edad pasan un fin de semana en la Reserva Biológica de Cabo Blanco, en la costa occidental de Costa Rica, cuando la niña es atacada por un lagarto del tamaño de una gallina, que camina erguido y deja marcas en la arena como las de las patas de un ave.

La presencia de una extraña espuma alrededor de las múltiples heridas que los mordiscos del animal han dejado en el brazo de la niña no parece, sin embargo, alertar al doctor Marty Gutiérrez, que es quien se ocupa de ella hasta su rápido restablecimiento.

Pero, a pesar de que el médico tranquiliza a los padres afirmando que únicamente se ha tratado de una reacción alérgica a la mordedura de un inofensivo basilisco, el galeno recela del hecho de que ese animal mordiera con tanta reiteración a una niña que había permanecido quieta durante el ataque y tampoco le cuadra la forma de sus huellas ni el modo en que, según la niña, se movía: “a saltitos, como un pájaro”.

Será el propio Gutiérrez quien encuentre uno de esos “lagartos” medio devorado en la boca de un mono, al que abate para salvar al menos una muestra que pueda ser analizada.

 

InGen y la Fundación Hammond

 

El prestigioso paleontólogo Alan Grant trabaja junto a su colega la paleobotánica Ellie Sattler en una excavación en Montana cuando reciben la visita de un abogado del EPA (Ente de Protección Ambiental).

Al EPA, les contará Bob Morris, le preocupan las actividades de la Fundación Hammond, que financia todo tipo de investigaciones relacionadas con los dinosaurios, incluyendo las excavaciones del dúo Grant/Sattler.

Morris les habla entonces de ciertos comportamientos extraños de la Fundación que dirige el anciano multimillonario John Hammond. Así, están comprando enormes cantidades de ámbar en todo el mundo sin que haya trascendido el motivo y tampoco se sabe nada acerca de la isla Nubla (Nublar en el nombre americanizado del posterior film), alquilada por Hammond al gobierno de Costa Rica una década atrás, teóricamente para crear una reserva biológica.

Lo que interesa a Morris y sorprende a Grant es que este último aparece en los archivos como perceptor de ciertos honorarios como asesor en relación con dicha isla.

Grant recuerda entonces que en 1984 fue contratado por Donald Gennaro, asesor jurídico de la compañía InGen, para que redactara un informe acerca de los hábitos alimenticios de los dinosaurios.

A cambio de una generosa retribución que le permitiría seguir realizando excavaciones durante otros dos veranos completos, el paleontólogo redactó un trabajo que incluía pautas de conducta de anidamiento, extensión del territorio, hábitos alimentarios y conducta social.

Gennaro siguió llamándole y haciendo todo tipo de consultas para lo que en principio iba a ser un museo para niños centrado en los dinosaurios bebés aunque nunca se habló de ninguna isla.

Harto de Gennaro, Grant decidió interrumpir su relación contractual con InGen a cambio de una drástica rebaja de sus emolumentos pero “casualmente” fue entonces cuando la Fundación Hammond comenzó a financiar sus investigaciones.

En una rápida sucesión de acontecimientos tras la entrevista con Morris:

- Alan recibe la solicitud de identificar unos restos encontrados por el doctor Marty Gutiérrez en la costarricense playa de Cabo Blanco.

- Los mismos resultan corresponder a un procompsognátido teóricamente extinguido millones de años atrás.

- Hammond en persona telefonea para interesarse por la visita del abogado del EPA y a renglón seguido convence a Grant y a Sattler para que le presten labores de asesoramiento de cara a la inminente apertura de un parque biológico en la Isla Nubla.

Así es como se gesta la visita a “Jurassic Park”, en la que unos pocos expertos (Grant, Sattler y el matemático Ian Malcolm) se unen al abogado Gennaro y a los dos nietos del propio Hammond (Alexis y Tim) para evaluar el parque, cada uno desde su perspectiva.

Durante su estancia en la isla, los visitantes son informados concienzudamente del proceso mediante el cual se ha logrado clonar dinosaurios vivos a partir del ADN recuperado de los mosquitos que les picaron antes de ser atrapados a su vez en ámbar.

La visita al parque se ejecuta como está previsto hacerlo cuando sea abierto al público, es decir, a bordo de unos vehículos llamados “cruceros de tierra” (un error de traducción de la edición castellana, ya que hace referencia a los Toyota Land Cruiser), que son en realidad coches que se deslizan sobre raíles y son dirigidos desde el centro de control del parque.

Sin embargo, un corrupto técnico informático llamado Dennys Nedry manipulará los sistemas de seguridad a fin de sustraer diversos embriones que va a vender ilegalmente a una empresa rival de InGen.

Su sabotaje deja la isla a merced de los animales, de modo que los depredadores prehistóricos (con especial protagonismo para el tiranosaurio y los velociraptores) escapan de su confinamiento, sembrando la muerte y la destrucción.

 

EL MUNDO PERDIDO, LA NOVELA

 

 El mundo perdido

 

Crichton utilizó para la secuela de su novela el mismo título que el de la publicada por el escocés Sir Arthur Conan Doyle (el creador de Sherlock Holmes) en 1912. Quién sabe si como homenaje al autor o porque se consideraba deudor de parte de su inspiración.

Versaba la novela de Conan Doyle sobre una expedición a una meseta sudamericana en la que todavía sobreviven animales prehistóricos e introducía por vez primera al conocido personaje del profesor Challenger pero lo cierto es que el episodio dedicado a los dinosaurios era sorprendentemente breve.

La acción de la secuela de Crichton, por su parte, transcurre años después de la tragedia acontecida en el “Parque Jurásico” de la costarricense Isla Nubla.

Aunque quedaba esa impresión al final de la primera novela, el doctor Ian Malcolm no murió finalmente aunque, malherido, tuvo que permanecer en Costa Rica durante todo un año y ser sometido a una interminable serie de operaciones quirúrgicas antes de poder regresar a Santa Fe y observar una vida normal.

En mitad de una de las conferencias que ofrece años más tarde en la universidad y que por supuesto evitan cualquier referencia a los dinosaurios, Richard Levine, un petulante aunque brillante estudiante de Paleobiología, le interrumpe para plantear alguna duda sobre sus hipótesis.

Más que molesto, Malcolm se limita a refutar la teoría de Levine acerca de la posible existencia de dinosaurios vivos en áreas recónditas del planeta, quitando importancia a los rumores que en ese sentido han llegado de lugares como Costa Rica o el Congo.

Pero, no contento con las explicaciones de Malcolm, Levine visitará Costa Rica personalmente, en compañía de su colega Marty Gutiérrez, que dado que vive en dicho país prefiere no comprometerse con las autoridades locales. Ni siquiera cuando ambos asisten a la incineración en una playa de una “forma aberrante” sospechosamente parecida a un dinosaurio.

Mientras, el corrupto doctor Dodgson -que años atrás vio volatilizarse su futuro con la muerte de Dennis Nedry, el informático del “Parque Jurásico” al cual había logrado sobornar-, sigue tras la pista de las apariciones de criaturas “extrañas” y también investiga a cuantos tuvieron algo que ver con el antiguo proyecto de Hammond.

Éste también falleció y, según consta en el informe oficial, ello aconteció durante una visita a sus instalaciones costarricenses. E igualmente desapareció el abogado Gennaro, oficialmente víctima de disentería durante un viaje.

El paleontólogo Alan Grant, por su parte, se encuentra en la actualidad dando conferencias en París mientras que la paleobióloga Ellen Sattler se casó con un físico de Berkeley, tiene dos hijos y trabaja a tiempo parcial en la universidad.

A Dodgson le preocupan especialmente las relaciones entre Malcolm y Levine, quien lleva un año preparando una gran expedición para la cual ha encargado costosísimos vehículos especiales.

Cuando al fin Levin desaparece sin dejar rastro de su paradero, Malcolm deduce que debe estar en una de las cinco islas deshabitadas que conforman “Las cinco muertes”: Muerte, Matanceros, Pena, Tacaño y Sorna. Dichas islas, que forman un arco, se encuentran todas a unos 15 kilómetros mar adentro de la bahía de Puerto Cortés.

Tampoco Dodgson y sus turbios amigos permanecen ociosos pues necesitan un golpe de efecto que reflote su compañía (más abundante en abogados que en investigadores) después de tanto revés: “Nos obligarán a cerrar. A menos que dispongamos de un animal genuinamente creado. Piensa, por ejemplo, en un animal extinto que devolvemos a la vida; a efectos prácticos no sería un animal. No podría tener derechos. Ya se ha extinguido. Por lo tanto, si existe es porque nosotros lo creamos. Lo creamos, lo patentamos y es de nuestra propiedad”.

Al fin Ian Malcolm y su equipo, del que forma parte la bióloga Sarah Harding con quien en el pasado tuvo un amago de affaire amoroso, se reunirán en la isla Sorna con Levine, descubriendo que dos de los alumnos de éste les han acompañado como polizones.

También descubren que “Jurassic Park” era sólo el lugar en el que se exhibían algunos de los animales creados precisamente en la isla Sorna, en la que los dinosaurios han logrado sobrevivir por sus medios.

Si “Parque Jurásico” no es una gran novela desde el punto de vista literario, más allá de las brillantes hipótesis que propone, su secuela es sencillamente espantosa. Un relato anodino que carece del menor interés literario y que está tratado de forma escandalosamente rutinaria.

 

 

  

1 – PARQUE JURÁSICO (Steven Spielberg, 1993)

 

Parque Jurasico el T Rex y los coches

 

LINEA ARGUMENTAL

 

En la isla Nublar, a 200 kilómetros al oeste de Costa Rica, un grupo de operarios intenta, en medio de rigurosas medidas de seguridad, trasvasar algo desde un gran contenedor hasta un recinto mucho mayor y más sólido.

Sin embargo, una violenta sacudida provocada por el ser que alberga el contenedor provoca la caída ante el mismo de uno de los trabajadores.

De inmediato, el desconocido depredador saca sus garras y atrae al infortunado hacia sus fauces.

El resto de los hombres dispara sus fusiles eléctricos sobre la bestia pero no logran salvar la vida de su compañero.

Poco después en “Mano de Dios”, una mina de ámbar de la República Dominicana, el abogado Donald Gennaro se lamenta de que John Hammond se niegue a recibirle (se le informa de que se ha ausentado para acompañar a su hija durante su difícil divorcio). Sobre todo ahora que la familia del trabajador siniestrado les exige 20 millones de dólares como indemnización.

La compañía de seguros opina que el accidente plantea serias dudas acerca de la seguridad del parque, lo cual ha puesto muy nerviosos a los inversores, que piden una inspección antes de que el parque sea abierto al público.

La buena noticia es que ha aparecido otro mosquito más atrapado en el ámbar de la mina.

Mientras, en una excavación de la desértica Montana, el doctor Grant se lamenta de su escaso feeling con los ordenadores, que en unos años harán innecesarias incluso las excavaciones.

La pueril arrogancia de un niño que compara a un velociraptor con un inofensivo pavo le costará una vívida recreación, por parte del paleontólogo, de la forma en que los raptores atacaban a sus presas en grupo y empezaban a devorarlas mientras todavía estaban vivas.

Se demuestra así que el escaso apego de Grant por los ordenadores corre parejo con el que siente por los niños.

La inoportuna llegada de un helicóptero solivianta a Grant y a Sattler y ella pregunta por el cretino que está estropeando, con la polvareda, los últimos esqueletos encontrados.

Pero el cretino resulta ser nada menos que John Hammond, el hombre que financia sus excavaciones.

Lejos de molestarse por sus exabruptos, el millonario pretende que ambos le acompañen a cierta isla alquilada al Gobierno de Costa Rica en la que pretende crear una reserva biológica espectacular que convierta en un vulgar zoo a la que ya posee en Kenya.

Para ello necesita que ambos avalen al parque, tranquilizando de ese modo a abogados e inversores.

A cambio de su tiempo, Hammond se ofrece a financiarles durante tres años más, razón de peso para vencer la resistencia inicial de ambos científicos.

Mientras, en San José, Costa Rica, el doctor Dodgson cierra un sucio trato con Dennis Nedry, uno de los informáticos de Hammond.

El mediocre científico le entrega un tubo de crema de afeitar con doble fondo para ocultar en él los embriones de las quince especies de dinosaurio creadas por InGen.

- Tengo una ventana de 18 minutos para lograrlo y su compañía se ahorrará diez años de investigaciones.

Por la novela sabemos cuán trascendente será esta traición para el devenir de todos los protagonistas y también para el del propio parque.

Y es que la anulación de los sistemas de seguridad liberará a algunos de los depredadores más letales de la Historia del planeta.

 

Parque Jurasico puerta 2

 

 

UN INCREÍBLE VIAJE AL FUTURO EN BUSCA DEL PASADO

 

Aún no se había publicado la novela de Crichton y ya era del dominio público que Steven Spielberg iba a dirigir su adaptación cinematográfica en lo que parecía una alianza de lo más prometedora.

También había trascendido que el núcleo de la trama estribaba en la clonación de dinosaurios para un parque de atracciones futurista.

La identificación con la ya citada “Almas de metal” era inevitable y el propio Crichton buscó la forma de sortearla pero el planteamiento del parque temático resultaba irrenunciable, de modo que hubo de resignarse a la comparación.

De este modo, la novela –y también el film de Spielberg- comienza con el Parque Jurásico prácticamente terminado después de un lustro de duro trabajo y costosísimas inversiones.

El resultado de todo ello es la clonación de 15 especies distintas de dinosaurio –en total, unos 200 animales- empleando ADN obtenido de la sangre succionada por mosquitos que se han conservado en ámbar.

 

Parque Jurasico nace un dino

 

Tras la guerra de ofertas que se desencadenó una vez se conoció la existencia del texto de Crichton, éste decidió depositarlo en las manos de Spielberg, a quien se ofreció para hacerle un guión inicial aunque advirtiéndole que prefería que luego buscase a otro escritor para desarrollar los personajes.

Su principal interés fue siempre mostrar a los dinosaurios como animales y no como monstruos, por muy feroces y amenazadores que estos resultasen.

También hubo de reducirse en el guión el número de especies que aparecen en la novela, quedando fijado en 7: Tirannosaurus Rex, velociraptor, dilofosaurio, triceratops, braquiosaurio, gallimimus y parasourolophus.

 

Parque Jurasico triceratops enfermo

 

Para darles el mayor realismo posible –“nunca quise hacer una película de dinosaurios mejor que todas las demás pero lo que sí pretendía era que la mía fuese la más realista”, diría Spielberg-, se alternó de forma magistral la animatrónica a cargo de Stan Winston, con dinosaurios robotizados a tamaño natural y animación fotograma a fotograma de pequeños muñecos, con la infografía cada vez más sofisticada de Industrial Light and Magic, con Dennis Muren a la cabeza.

Unos y otros habían dejado impresionado al mundo del cine con sus resultados en la película de James Cameron “Terminator 2”.

En alguna ocasión hubo de reducirse las dimensiones de un dinosaurio por motivos prácticos –caso del dilofosaurio- pero, en general, se pretendió la mayor fidelidad posible.

 

Parque Jurasico dilofosaurio

 

Tan ingente fue el trabajo de preproducción que a Spielberg le dio tiempo a rodar mientras tanto su film “Hook”.

Ya metidos en harina, Costa Rica fue descartada como lugar de rodaje por coincidir las fechas del mismo con su estación lluviosa, de modo que fue sustituida por la isla de Kauai, en Hawai.

El rodaje en sí fue muy dificultoso debido a las altísimas exigencias técnicas y artísticas del proyecto pero el resultado de tanto esfuerzo es un film espectacular como pocos en el que el espectador se sumerge en una montaña rusa de sensaciones desconocidas hasta ese momento.

La experiencia de enfrentarse a “Parque Jurásico” se asemeja, de hecho, a la de disfrutar de un día en un parque temático real, con la adrenalina a tope y contagiados por el entusiasmo infantil de John Hammond ante la posibilidad única de ver dinosaurios vivos.

 

 Parque Jurasico estampida de galllimimus

 

Obviamente son ellos los grandes protagonistas de la función y por ello minimizan a sus compañeros humanos sin que estos desmerezcan en su correcto papel funcional aunque destaquen, en ese sentido, las ocurrencias ingeniosas de Ian Malcolm dentro de un tono general más bien comedido.

Curiosamente, algunos de los principales problemas que hubo que solventar correspondían a cuestiones aparentemente menores: el movimiento del agua en el vaso sobre el salpicadero cuando se aproxima el T-Rex y el propio sonido de las respiraciones y rugidos de los dinosaurios.

La primera contingencia se resolvió casi por casualidad recurriendo a una cuerda de guitarra y ejecutando un punteo.

En cuanto a los rugidos del tiranosaurio, son mezcla de los sonidos de un tigre, un cocodrilo y una cría de elefante mientras que su respiración es la de una ballena.

 

Parque Jurasico el T Rex persigue a Malcolm

 

La voz del velociraptor es mezcla de los sonidos de un delfín y de una morsa y los graznidos del venenoso dilofosaurio constituyen una combinación de canto de cisne, mono aullador, víbora de cascabel y halcón. Casi nada.

En cuanto a la música, quedó en las expertas manos del gran John Williams, como en tantas otras ocasiones tratándose de un film de Spielberg y el resultado es una partitura enérgica y vigorosa que funciona magistralmente en la película.

Y es que la acción de la misma se vuelve vertiginosa por momentos y la tensión se solapa con la emoción en determinadas secuencias sin que sobre ni falte nada desde la introducción preparatoria al agridulce final.

Con todo, se optó por suavizar este último, renunciando a “matar” a Hammond como Crichton sí hace en su novela, en la que el millonario es alcanzado y devorado por un grupo de voraces “compis”.

Tampoco sufre mayores males Ian Malcolm, que en el texto de Crichton desaparecía y al que se daba por muerto al no llegar la ayuda sanitaria a tiempo… si bien luego reaparecía en la segunda novela, del mismo modo que lo hace en la segunda entrega de la saga cinematográfica.

En cambio sí pierde la vida en el film el jefe de seguridad Robert Muldoon, que salía ileso de la novela original.

 

 

PERSONAJES Y REPARTO

 

- El Doctor Alan Grant es el paleontólogo de Montana sobre el que recae la responsabilidad de evaluar el parque. Mantiene una relación sentimental con su colega Ellie Sattler que provocará sus celos hacia Ian Malcolm cuando éste manifieste cierto interés por la chica. Poco amante de la informática y de los niños, es un hombre de nervios templados que al final mostrará su corazoncito aunque la vida no le haya llamado por el camino del humor. Fue interpretado por Sam Neill (“Calma total”, “El piano”, “Horizonte final”, “El hombre que susurraba a los caballos”, “El hombre bicentenario”).

 

Parque Jurasico llegando a la isla

 

- La Doctora Ellie Sattler es la paleobióloga que comparte el trabajo y la vida de Grant. Apasionada y con mucho sentido del humor, su inteligencia corre pareja con su sutil coquetería. El papel corrió a cargo de Laura Dern (“Máscara”, “Terciopelo azul”, “Corazón salvaje”, “Un mundo perfecto”, “Yo soy Sam”).

- El Doctor Ian Malcolm es un matemático especializado en la Teoría del Caos y, como bien le describe Hammond, parece más una estrella del rock que un científico. Hace gala en todo momento de una gran espontaneidad, le gusta flirtear con las mujeres y nunca deja de decir lo que piensa. Su ingenio produce las mejores frases del film. Estuvo interpretado por Jeff Goldblum (“La mosca”, “El sueño del mono loco”, “El juego de Hollywood”, “Independence day”, “Como perros y gatos”).

- John Hammond es el megalómano multimillonario que logra su sueño de crear el parque temático más asombroso del planeta aunque su falta de modestia le hará pagar un alto precio. Contrariamente al personaje de la novela, mucho más ruin, en el film es un anciano entrañable al que sólo puede achacársele un afán excesivo por salirse con la suya. Su papel está interpretado por el ya fallecido Sir Richard Attemborough (“La gran evasión”, “El vuelo del Fénix”, “El Yangtsé en llamas”, “Brannigan”, Elizabeth”).

- El pequeño Tim es una piedra en el zapato de Grant desde el principio. Un sabelotodo pedante, quejica y con dicción más bien pija. Aún así el niño acaba despertando cierta simpatía por lo mucho que le toca encajar. El personaje corrió a cargo de Joseph Mazzello (“Tierras de penumbra”, “La red social”).

 

LAS ESCENAS MÁS ESPECTACULARES

 

- El impacto de ver por primera vez un dinosaurio vivo cuando los doctores Alan Grant y Ellie Sattler casi se caen de espaldas al contemplar un enorme braquiosaurio que busca las hojas altas de un gigantesco árbol.

- El T-Rex haciendo temblar el agua en el vaso del salpicadero antes de derribar la alambrada y atacar salvajemente los coches.

- La desconectada alambrada electrificada volviendo a funcionar justo cuando el pequeño Tim está a punto de rebasarla.

- El aparentemente inofensivo dilofosaurio atacando a Nedry después de cegarlo con su veneno.

- Los raptores persiguiendo a los niños en una inmensa cocina.

 

Parque Jurasico en la cocina

 

 

FRASES PARA EL RECUERDO

 

- ¿Que tienen ahí? ¿A King Kong? (Ian Malcolm ante las enormes puertas de acceso al recinto del parque).

 

- Sus científicos estaban tan preocupados de si podían hacerlo o no que ni siquiera pensaron en si debían (Malcolm a Hammond).

 

- ¿Está usted casado? (Grant a Malcolm).

- En ocasiones.

 

- ¿Cree que con el tiempo podrán verse dinosaurios en su parque de dinosaurios? (Malcolm, a través del videoteléfono del “crucero de tierra”, a Hammond tras un par de fiascos).

- ¡Cómo odio a ese hombre! (Hammond)

 

- ¿Incluirán esto en la visita? (de nuevo Malcolm mientras escapan milagrosamente, en el jeep a gasolina, del ataque del T-Rex).

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