LOST IN TRANSLATION

Scarlett Johansson y Bill Murray extraviados en Japón

 

Lost in Translation Portada

 

SOFIA COPPOLA DA LA SORPRESA

 

Un singular primer plano del trasero de Scarlett Johansson, enfundado en unas bragas rosas semitransparentes, preside la primera secuencia del film mientras aparecen los créditos iniciales.

La joven (32 años) realizadora Sofia Coppola marcaba así territorio desde el inicio, sin concesiones, dejando claro que el esteticismo es una de sus marcas de fábrica irrenunciables.

 

Lost in Translation Culo de Scarlett

 

Hija del mítico Francis Ford Coppola, la carrera interpretativa de Sofia se vio cercenada tras su primera intervención relevante en “El Padrino III”, donde hubo de sustituir a una enferma Winona Ryder en el papel de Mary Corleone.

Dejando al margen nepotismos y otras cuestiones, lo cierto es que las furibundas críticas recibidas por la chica resultaron bastante desproporcionadas pero bastaron para que Sofia no volviera a osar ponerse ante una cámara salvo algún ocasional y fugaz cameo (“Star Wars Episodio I: La amenaza fantasma”).

Su dulce venganza llegaría emulando a su padre tras las cámaras en lugar de delante de ellas.

 

Lost in Translation Sofia Coppola

 

En primer lugar con su inesperada “Las vírgenes suicidas” (1999), en la que la plácida vida de una acomodada familia americana explota en pedazos cuando la menor de sus cinco bellas hijas se suicida, contando apenas con doce años.

El film contó con un reparto muy destacado, en el que descollaban James Woods y Kathleen Turner como el matrimonio Lisbon y con la participación también de Kirsten Dunst, Josh Hartnett, Danny DeVito o Hayden Christensen.

Cuatro años más tarde de esta opera prima vería la luz “Lost in Translation” (2003), que sorprendió a propios y extraños otorgando a Sofia el Oscar al Mejor Guión Original, además de obtener para su film las nominaciones a Mejor Película, Mejor Director (tercera mujer en conseguirlo en toda la Historia de la Academia) y Mejor Actor para Bill Murray.

Tres años después llegaría “María Antonieta” (2006), un atípico drama en el que la Coppola encaja el compromiso matrimonial del futuro Luis XVI de Francia con María Antonieta en un envoltorio deslumbrante de ambientación pop y música electrónica.

Presentada en el Festival de Cannes, dividió completamente a la crítica: snob y vacía para algunos, fascinante y original para otros. Algo similar, salvando las distancias, a lo que acontece con el cine de Paolo Sorrentino.

Su cuarto largometraje, “Somewhere” (2010), provocaría una controversia parecida, algo que Sofia está condenada a arrastrar posiblemente hasta el final de su carrera. En cualquier caso, la cinta se alzó con el León de Oro en el Festival de Cine de Venecia.

En el film, Stephen Dorff interpreta el papel de una estrella de cine que vive en el famoso hotel “Chateau Marmont” de Los Ángeles, conduce un Ferrari y tiene tantas mujeres como el Vincent Chase de “El Séquito”. Sin embargo, el nacimiento de una niña, fruto de su fracasado matrimonio, le cambiará diametralmente la vida.

The Bling Ring” (2013) sí supone un cierto paso atrás en la filmografía de su directora, al retratar con pulso poco firme la historia de una banda de adolescentes que roban en las mansiones de las estrellas de Hollywood, todo bajo un evidente culto al esteticismo y la moda.

El reparto, muy joven, se cuenta entre lo más destacado de la cinta, con presencias tan interesantes como las de Katie Chang, Emma Watson (la Hermione de “Harry Potter”) o Taissa Farmiga.

Recientemente, Sofia se ha reencontrado con Bill Murray en la realización de un telefilm llamado “A very Murray Christmas” (2015), que homenajea a la Navidad clásica.

 

LOST IN TRANSLATION; LÍNEA ARGUMENTAL

 

Bob Harris, una madura estrella de cine estadounidense, llega a Japón para promocionar una marca de whisky nipona: “Suntory”.

A cambio de rodar una serie de spots en Tokio durante un par de días, Bob va a cobrar la friolera de dos millones de dólares, además de ser alojado en un exclusivo hotel.

En el establecimiento, en cuyo bar pasa, aburrido, la mayor parte del tiempo que no dedica a rodar, conocerá a Charlotte, una chica muy joven que casi siempre está sola pues su marido es un fotógrafo de éxito que también realiza un trabajo en la capital nipona.

 

Lost in Translation Charlotte y marido

 

El hecho de que ambos, Bob y Charlotte, padezcan de insomnio y estén sumidos en una cierta abulia les empujará a conocerse, compartiendo al principio inocentes divertimentos –un baile, un karaoke, un cigarrillo a medias- y llevándoles más tarde a confidencias más personales.

 

Lost in Translation En brazos

 

A pesar de la notoria diferencia de edad, los dos norteamericanos a quienes su desconocimiento del idioma japonés les dificulta relacionarse demasiado con la población local, descubrirán que tienen algo en común: un vacío existencial que quizás les arroje al uno en los brazos del otro.

 

HISTORIA DE UN EXTRAVÍO

 

El extravío de los protagonistas va mucho más allá del aislamiento que provoca hablar un idioma distinto en un lugar donde casi nadie es capaz de entenderles.

Las abismales diferencias culturales –A Bob le cuesta horrores no partirse de risa mientras sus anfitriones se deshacen en reverencias cada dos por tres- se unen a las idiomáticas para acrecentar la sensación de estar completamente solo en mitad de una muchedumbre.

Sin embargo, tanto Bob como Charlotte están totalmente perdidos en su propia existencia y su circunstancial presencia en Extremo Oriente no hace sino acrecentar esa sensación.

 

Lost in Translation coche

 

Bob lleva veinticinco años casado con una mujer con la que antaño se divertía pero con la que ahora sólo comparte a sus hijos y alguna que otra nimia ocupación estética.

La indiferencia de ella en sus escasas y breves conversaciones telefónicas resulta glacial, llegando al punto de pasar por alto la velada advertencia que él le hace en un momento dado acerca de las complejas direcciones que está atravesando su psique.

Lejos de preocuparse por los evidentes cambios que está experimentando su marido, su respuesta cuando Bob le manifiesta un repentino interés por empezar a cuidarse y comer más comida japonesa consistirá en decirle que, si se queda a vivir en el país nipón, tendrá ocasión de hacerlo a diario.

No tendrá más fortuna Charlotte con su joven y superficial marido, con quien en apenas dos años de matrimonio parece haber agotado todas las opciones de entendimiento y hasta los temas de conversación.

Sin embargo, cuando la chica intenta romper su aislamiento hablando por teléfono con su madre, la frialdad de ésta correrá pareja con la de la esposa de Bob. Su interés por Charlotte será meramente formal y, en realidad, demostrará estar deseando librarse de ella lo antes posible.

Bob y Charlotte son pues dos personas extremadamente solitarias, en busca de un objetivo en la vida o de alguien con quien poder compartirla.

 

Lost in Translation Cenando

 

Al viejo actor le cuesta motivarse con el trabajo pues lo mejor de su carrera queda obviamente tras de sí y tendrá que hacer ímprobos esfuerzos para implicarse en el rodaje de los spots.

Aparte del hecho de que la traductora da la impresión de ser bastante incompetente y reduce las larguísimas instrucciones del director en inocuas y exiguas indicaciones.

En cuanto a Charlotte, está graduada en Filosofía –algo que, jocosamente, Bob diría que “da mucha pasta”- pero no tiene ni la más remota idea de lo que quiere hacer en la vida, una vez ha constatado su falta de talento para la literatura y la fotografía.

Uno de los mayores aciertos del guión consiste en lograr que la vacuidad de sus protagonistas alcance al espectador, transmitiéndole un profundo desasosiego.

 

Lost in Translation Ventana

 

Por debajo de las imágenes bellísimas e impactantes, de la hipnótica luz nocturna de Tokio y de la impoluta perfección de las líneas en el lujosísimo hotel “Park Hyatt”, la atmósfera íntima y claustrofóbica que rodean al actor maduro y a la joven filósofa acabarán contagiando a quienes los contemplan.

 

TOKIO LA NUIT

 

Con la excepción de una breve escapada de Charlotte a Kyoto en tren bala, toda la acción tiene lugar en Tokio, una ciudad de 20 millones de habitantes en la que todo está masificado.

Las escenas de exteriores, que el equipo rodó sin los pertinentes permisos, arriesgándose a ser detenidos o a que se les incautara el material rodado, cuentan pues con un número abrumador de involuntarios extras.

 

 Lost in Translation Scarlett rodeada

 

Destaca, en ese sentido, la importante escena rodada en el célebre y concurridísimo Cruce de Shebuya, que logró completarse sin mayores complicaciones pese a la considerable ansiedad que provocaba el reto de antemano.

A continuación se puede contemplar un par de fotografías del cruce, tomadas por un servidor en su reciente visita a la capital nipona (Abril 2016).

 

 Cruce de Shibuya

 

 Cruce de Shibuya serie 8

 

En cuanto a los diferentes locales nocturnos por los que Bob y Charlotte pulularán durante sus noches de insomnio, la mayor parte de ellos fueron recreados por los diseñadores del pequeño equipo que Sofia Coppola desplazó hasta Japón.

Así, una tienda se convierte en un club de striptease o la simple proyección de imágenes cinematográficas sobre unos globos gigantes otorga a una sala el aspecto de una vanguardista discoteca.

 

Lost in Translation Striptease

 

No faltaron las anécdotas en la rocambolesca producción del film ni durante la estancia en Japón de su equipo de rodaje, encabezado por Sofia y su entonces marido, el también director Spike Jonze (“Her”), del que se separaría meses más tarde.

Por ejemplo, el hecho de que Bill Murray no se separara ni un instante de cierto libro llamado “Cómo defenderse en japonés”, del que memorizó alguna que otra frase de discutible utilidad; la más celebrada, que al parecer puso en juego en diversas ocasiones, “no sabe usted con quién está hablando”.

La peculiar idiosincrasia de los japoneses, una cultura tan respetuosa como hermética, ocasionó también incidentes como la expulsión de un restaurante en Tokio cuando el equipo se puso a rodar sin más en mitad de la cena.

En cualquier caso, la excelsa fotografía de Lance Acord saca un inmenso partido de la fotogenia de la ciudad, en especial de su vida nocturna.

 

Lost in Translation Tokyo

 

 

BILL MURRAY VS. SCARLETT JOHANSSON

 

Antes incluso que actor, BILL MURRAY es un comediante, en la mejor acepción del término. Un tipo nacido para hacer reír, con una vis cómica muy agudizada y una sorprendente capacidad gestual que, sin llegar al histrionismo, le hace realmente expresivo.

 

Lost in Translation rodando spot

 

Tras probar suerte en la radio y el teatro, sería la televisión quien lo encumbraría, gracias al célebre programa cómico “Saturday Night Live”.

Uno de los episodios de dicho programa televisivo acabaría convirtiéndose en una película, “The Rutles: all you need is cash” que satiriza a los mismísimos Beatles pero, en rigor, el debut de Murray en la gran pantalla llegaría de la mano de Ivan Reitman en la más bien penosa “Los increíbles albóndigas”.

Las también disparatadas “El pelotón chiflado” y “El club de los chalados” prologarían el papel fundamental en la carrera de Bill: el del Doctor Peter Venkman en “Los cazafantasmas”, a las órdenes también de Ivan Reitman.

Su divertidísima interpretación, junto a Dan Aykroyd y Harold Ramis le catapultaría a la ola de una fama de la que ya no se bajaría nunca.

Más tarde vendrían títulos tan irregulares como “Los fantasmas atacan al jefe”; las fallidas “Los cazafantasmas 2” y “La chica del gangster”; la espléndida “Atrapado en el tiempo”, “Ed Wood”, “Space Jam” (junto al mismísimo Michael Jordan… y Bugs Bunny) o incluso una participación en la erótica “Juegos salvajes”.

Después de ser nominado por primera y única vez al Oscar al Mejor Actor por su trabajo en “Lost in Translation”, Murray también tomaría parte de la única película de Andy Garcia como director “La ciudad perdida”, así como de la interesante “Flores rotas” o la comedia dirigida por George Clooney y ambientada en la Segunda Guerra Mundial “Monuments Men”.

En cuanto a SCARLETT JOHANSSON, aunque había intervenido brevemente en algún film como “Causa justa” antes de ponerse a las órdenes de Robert Redford en “El hombre que susurraba a los caballos”, fue su interpretación de la adolescente lisiada en dicho film rodado en Montana el que le abrió las puertas de Hollywood de par en par.

 

Lost in Translation Scarlett en karaoke

 

Sólo 5 años después le llegaría el papel ofrecido por Sofia Coppola y, desde entonces, su carrera no ha hecho sino seguir ascendiendo: “La joven de la perla”, “La isla”, “Match Point”, “Scoop”, “Vicky Cristina Barcelona” (las tres últimas, a las órdenes de Woody Allen), “El truco final (El prestigio)”, “Las hermanas Bolena”, “Hichcock” o “Her” (a las órdenes de Spike Jonze).

Eso sin contar con que, en su papel de “Viuda negra”, Scarlett ha intervenido ya en una interminable sucesión de títulos Marvel: “Iron man 2”, “Los vengadores”, “Capitán América: el soldado de invierno”, “Los vengadores: la era de Ultrón” y las que seguirán.

En el papel de marido de Charlotte, también aparecerá en “Lost in Translation” el californiano GIOVANNI RIBISI, a quien algunos conocimos en la serie “Aquellos maravillosos años” bastante antes de que su rostro se hiciera más habitual en la gran pantalla con títulos como “Salvar al soldado Ryan”, “60 segundos”, “Premonición” o “Basic”.

 

Lost in Translation Giovanni Ribisi

 

 “Cold mountain”, “Sky Captain y el mundo del mañana”, “Seduciendo a un extraño”, “Avatar” o las dos entregas de “Ted” han sido algunos de sus últimos trabajos.

Ribisi también encarna a uno de los guionistas descubiertos por Eric Murphy en la serie “El Séquito”.

Serie, por cierto, en la que también tuvo un par de apariciones ANNA FARIS, que en la cinta de Sofia Coppola interpreta a Kelly, una estrella de cine estadounidense de gira promocional en Japón de su última cinta de acción. Su personaje, valga la advertencia, es bastante insufrible y pondrá de los nervios a los dos protagonistas aunque haga muy buenas migas con el fotógrafo marido de Charlotte.

 

Lost in Translation Anna Faris

 

Anna se hizo popular gracias a la paródica y bastante lamentable “Scary movie”, que por cierto fue promocionada con el slogan “No habrá clemencia. No habrá vergüenza. No habrá secuelas” pero acabó ofreciendo cinco entregas, a cuál más infame y todas ellas protagonizadas por la Faris.

Aparte de un papel episódico en “Brockeback mountain”, su carrera ha estado abonada a subproductos del tipo “Una conejita en el campus”, “Dime con cuántos” o “El dictador”.

Poco puedo comentar acerca de los intérpretes japoneses del film, ya que para la mayoría se trató de una experiencia aislada.

 

VISITA GUIADA AL PARK HYATT DE TOKIO

 

La mención de que un servidor era titular de un blog de cine y viajes que también se ocupa esporádicamente de los establecimientos hoteleros me abrió de par en par las puertas del “Park Hyatt” de Tokio para sorpresa propia y también de mis acompañantes.

Claro que el jefe de recepción –un caballero de mediana edad y una amabilidad tan sobria como digna de la mayor gratitud- no podía imaginar, viviendo como vive en una megalópolis como la capital de Japón, las humildes dimensiones del blog en cuestión ni su número todavía más modesto de visitantes.

El caso es que el buen hombre nos guió a través de las zonas comunes del hotel, completando la inolvidable experiencia con diversas anécdotas del rodaje que nos resultaron de lo más interesantes.

Para empezar, cabe decir que el Hyatt, un 5 estrellas ubicado en el barrio de Shinjuku, no ocupa la totalidad de un edificio sino que se ubica entre las plantas 39 y 52 de la enorme Shinjuku Park Tower.

 

 Cartel Shinjuku Park Tower

 

 

 Cartel Shinjuku Park Tower 2

 

 Park Hyatt exterior

 

 

El amplísimo hall de la planta baja no aparece, por tanto, en ningún momento del film.

 

 Park Hyatt hall planta baja

 

En cuanto a la sala del piano, donde canta sus canciones la intérprete americana que tendrá un anecdótico affaire con Bob, aparecía cubierto por una sábana a las tempranas horas en que visitamos el hotel.

 

 Park Hyatt sala del piano

 

 Park Hyatt piano

 

Del mismo modo, la barra en la que el actor tomaba sus whiskys por la noche se convierte en las horas diurnas en la mesa sobre la que reposa el bufé de los desayunos y almuerzos.

 

 Park Hyatt barra

 

En nuestra visita atravesamos incluso las cocinas, donde afamados chefs locales se afanaban en sus creativas tareas, lo que no les impidió hacernos las reverencias de rigor.

Resultó especialmente emocionante contemplar la mesa a la que se sentaron Scarlett Johansson y Bill Murray durante una significativa escena del film y poder reproducir las vistas de Tokio de las que ellos gozaron sentados en ella.

 

 Park Hyatt mesa de los protas

 

 Park Hyatt vista desde la mesa

 

Por último, no fue posible visitar la habitación que hacía las veces de morada de Bob –tampoco lo pretendíamos- porque se encontraba ocupada en esos momentos pero el jefe de recepción nos informó de que el mobiliario utilizado en el film no guarda relación alguna con el del hotel, siendo atribuible al departamento de atrezzo del equipo de filmación.

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