55 DÍAS EN PEKÍN

Épica en China sin salir de España

 

55 dias en Pekin exhibicion boxer

 

DIRIGIDO POR…

 

Puede que muchos ignoren que Nicholas Ray, director en 1963 de la superproducción "55 días en Pekín", lo fue también de obras tan inolvidables en la Historia del Cine como:

- “Llamad a cualquier puerta”, magnífica muestra de cine negro con toques melodramáticos en la que Humphrey Bogart encarna a un abogado de extracción humilde que asume la defensa de un joven acusado de asesinar a un policía.

- “En un lugar solitario”; más cine negro y de nuevo con Bogart como protagonista de una historia en la que un guionista con fama de violento es acusado de asesinar a la chica del guardarropa del club que frecuenta.

- El célebre western “Johnny Guitar” (quién no recuerda la voz grave de Joan Crawford, en las últimas secuencias de la película, diciendo aquello de “no debí llamarte, Johnny”).

- El film de culto “Rebelde sin causa” (una de las tres únicas –y estelares- apariciones de James Dean en la pantalla grande antes de su prematura muerte).

- La obra épica religiosa “Rey de Reyes” sobre la vida y muerte de Jesucristo en la que, por cierto, aparece Carmen Sevilla en el papel de María Magdalena.

Desgraciadamente, Ray se derrumbaría físicamente durante el rodaje de “55 días en Pekín”, a causa de su reiterado abuso del alcohol y de las drogas, teniendo que ser sustituido por los directores Guy Green y Andrew Marton. Incluso Charlton Heston terminó dirigiendo alguna secuencia.

Nicholas Ray sólo dirigiría otro largometraje después de “55 días en Pekín”: el experimental “Nunca volveremos a casa”, en el que también se pone ante la cámara.

Su desconcertante epílogo como director se completa con la realización de uno de los episodios del drama erótico holandés “Sueños húmedos” y de un documental –“Relámpago sobre el agua”, al alimón con el alemán Wim Wenders, que versa sobre su propia vida y hace las veces de epitafio.

 

LÍNEA ARGUMENTAL

 

55 dias en Pekin ejecucion sacerdote

 

A principios del siglo XX, China empieza a salir de su letargo y, cansada de las potencias extranjeras que la dominan, alienta a los bóxers en su lucha contra los occidentales.

Matt Lewis (Charlton Heston), un comandante de la Infantería de Marina estadounidense, llega a Pekín cuando las cosas empiezan a ponerse mal.

A su llegada observa que los bóxers están ejecutando a un sacerdote británico, al cual han atado a una noria para ahogarlo. El americano ofrece dinero para detener la ejecución y su oferta es aceptada pero el anciano ya está muerto.

Como Lewis se niega a pagar por un cadáver, un bóxer le apunta con su arma aunque cae abatido por el disparo efectuado por uno de los marines. El comandante compra entonces el cadáver del bóxer abatido.

Ya en el hotel, Lewis descubre que la única habitación disponible es la que acaba de serle arrebatada a una aristócrata rusa caída en desgracia, la baronesa Natalia Ivanoff (Ava Gardner). Ésta goza de una pésima reputación por culpa de su cuñado, el resentido embajador de Rusia que, en realidad, la ama apasionadamente. Finalmente, el comandante y la aristócrata deciden compartir la habitación.

Poco después, Sir Arthur Robertson (David Niven), el embajador británico, hace llamar a Lewis y, después de agradecerle su intercesión por el sacerdote inglés, le reprende severamente pues la situación ya es lo suficientemente tensa como para precisar de su intervención o de la de sus hombres.

A pesar de la reprimenda, que el americano encaja con estupefacción, Lewis es invitado por el embajador a participar de la fiesta que va a celebrarse esa noche con motivo del cumpleaños de la Reina de Inglaterra.

El comandante causa un gran revuelo cuando se presenta a la misma del brazo de la baronesa Ivanoff, quien luce un extraordinario collar que el gobierno ruso pretende recuperar.

El príncipe Tuan, mano derecha de la Emperatriz china, es uno de los invitados y, para consternación de Sir Arthur, tiene la pésima ocurrencia de llevar consigo a un grupo de bóxers que pretende hacer una exhibición de lucha, noticia que es recibida con evidentes muestras de desagrado por parte de la concurrencia.

En el transcurso de su actuación, uno de los bóxers reta a Lewis a que intente herirle con una espada y éste, rápidamente y sin darle tiempo a prepararse, coloca el arma en el cuello de su fornido contrincante, obligándole a retroceder hasta que se desploma grotescamente sobre una mesa.

La humillación molesta ostensiblemente al príncipe Tuan pero es celebrada jubilosamente por las delegaciones occidentales presentes. Sobre todo por el embajador alemán, que exclama un inoportuno “¡bravo!” antes de constatar su desliz diplomático.

Pocos días después, el embajador será asesinado en plena calle por un grupo de bóxers a los que dirige el propio príncipe Tuan.

Cuando, con el mayor respeto, Sir Arthur denuncia los hechos ante la Emperatriz Tzu Hsi, ésta rechaza de plano su protesta y conmina a los extranjeros a abandonar el país, afirmando no poder garantizar su seguridad.

Reunidos los embajadores, Sir Arthur les comunica que la legación británica tiene la intención de permanecer en Pekín aunque sea en solitario puesto que esperan un contingente de tropas de refuerzo en el plazo de una semana.

Tal decisión obliga moralmente al resto de potencias a seguir su ejemplo. Sin embargo, muy pronto tiene lugar el primero de los ataques contra la fortaleza donde se hallan los occidentales y los chinos cristianos.

 

LA ÚLTIMA EMPERATRIZ DE LA DINASTÍA MANCHÚ

 

55 dias en Pekin emperatriz en el cine

 

En el verano de 1900, el retraso de las lluvias y la consiguiente pérdida de las cosechas provocan el hambre de cien millones de chinos, lo que siembra la inquietud en el país.

Dentro del recinto internacional vive un millar de extranjeros, ciudadanos de una docena de países. La coexistencia pacífica de éstos permite que los himnos nacionales se solapen unos con otros mientras son izadas las banderas de Rusia, Estados Unidos, Francia, Japón, España o Gran Bretaña.

Separada del recinto extranjero solamente por una muralla y una puerta se encuentra la Ciudad Prohibida, en la que reside la Emperatriz Viuda, la última de los Manchúes.

Dos son los principales consejeros de la Emperatriz: el prudente general Jung-Lu y el sanguíneo príncipe Tuan.

Jung-Lu recela de la actitud de los bóxers, que queman las misiones cristianas y asesinan a los extranjeros, por lo que da órdenes de disparar sobre aquéllos. Sin embargo, será uno de sus coroneles el elegido por la corte como cabeza de turco para ser ejecutado.

Cuando el general ordena suspender la ejecución, Tuan se queja ante la Emperatriz, que declina el ofrecimiento de Jung-Lu de cambiarse por el coronel. De modo que este último es finalmente ejecutado.

- Si no cesan los desmanes bóxer, los ejércitos extranjeros caerán sobre China, argumenta el general.

- Somos muchos millones –replica el príncipe- ¡que vengan!

- ¿Cree la Emperatriz que lo que no han conseguido los ejércitos imperiales lo conseguirán las espadas del pueblo?

- Nuestros dioses protegen a los bóxers, argumenta Tuan.

- No debeís preocuparos, general –le tranquiliza la Emperatriz cuando su otro consejero ya ha salido-: Si los bóxers fracasan, ofreceré a los extranjeros la cabeza del príncipe Tuan.

Cuando, tras el asesinato del embajador alemán, Sir Arthur expone a la Emperatriz la verdad –que el príncipe Tuan lideraba a los asesinos-, la respuesta de la soberana consiste en ajusticiar a un grupo de bóxers, según ella autores del crimen.

En cuanto a la acusación sobre el príncipe, que atestigua el comandante Lewis como testigo presencial, no sólo no la tiene en cuenta –“rechazo vuestra verdad y vuestra protesta”- sino que en ese mismo instante nombra a Tuan ministro de Asuntos Exteriores.

La declaración de guerra es pues un hecho, lo que se refrendará con la orden posterior de Tzu Hsi, según la cual las tropas regulares chinas han de apoyar a los bóxers en su ataque a la columna de socorro que dirige el almirante británico Sidney.

 

FLEMA BRITÁNICA

 

Desde el principio del film se establece un curioso vínculo entre sus dos protagonistas masculinos, el comandante de marines estadounidense Matt Lewis y el embajador británico y cabeza de las legaciones extranjeras en Pekín Sir Arthur Robertson.

 

55 dias en Pekin Niven y Heston

 

A pesar de que los caracteres de ambos son tópicamente opuestos, entre los dos enraizará una corriente de simpatía que va más allá del simple respeto mutuo.

El personaje de Sir Arthur da pleno sentido a la “flema británica” con su impasibilidad y su frialdad ante los acontecimientos por dramáticos que estos sean.

Su estoicismo se pondrá de manifiesto tanto en la escena de la humillación del bóxer frente al príncipe Tuan como, sobre todo, tras ciertos acontecimientos de índole personal que acaecerán poco después.

En cualquier caso, su ascendente moral sobre el resto del cuerpo diplomático queda evidenciado cuando los embajadores votan sobre la conveniencia o no de permanecer en China tras las amenazas nada veladas de la Emperatriz.

 

55 dias en Pekin embajadores

 

En dicha votación, de la que Estados Unidos se abstiene pues, en palabras de su propio embajador, “los Estados Unidos no gozan de concesiones territoriales en China ni las desean”, los 9 embajadores aprueban la marcha por unanimidad. Sin embargo, Sir Arthur anuncia que Gran Bretaña ha decidido quedarse y que está dispuesta a hacerlo en solitario si es necesario.

- ¡Eso no es posible! –exclama escandalizado el embajador francés-. Quedaríamos en ridículo si huyéramos de Pekín abandonando a los ingleses.

- Quizás Sir Arthur tiene informes secretos, insinúa el veleidoso embajador ruso.

- Me he expresado con absoluta claridad –comenta sin inmutarse Sir Arthur- El almirante Sidney está camino de Pekín con unos cuantos miles de hombres. Llegará dentro de nueve o diez días.

Aunque por el título del film sabemos que serán algunos más, el británico prosigue:

- Entre tanto, señores, me niego a dejarme atemorizar por los bóxers, ofreciendo una victoria al príncipe Tuan.

- Si los ingleses se quedan, los alemanes también –afirma, rotundo, el sucesor del diplomático asesinado.

- Sir Arthur –media entonces el embajador español-, los españoles sabemos cumplir con nuestras obligaciones y en nuestro diccionario no existe la palabra “huir” pero tenemos también el deber de cuidar de esa población civil que depende de nosotros.

- No ignoro esa obligación, señor Guzmán –responde el británico- pero creo que, si seguimos unidos, los chinos no se atreverán a atacar en serio a los representantes de once grandes potencias. Si nos mantenemos firmes, mantendremos la paz en China y en el mundo entero.

- España está con usted, Sir Arthur, acabará diciendo el embajador español dejando en inmejorable lugar al país anfitrión del rodaje.

Sin embargo, en la intimidad conyugal, Mr. Robertson confesará a su mujer su opinión, según la cual si las grandes potencias siguen sujetando a China con mano fuerte, el país se convertirá en un campo de batalla donde las naciones lucharán entre sí encarnizadamente.

Será mejor aguantar la “humillación temporal” que les infligen los bóxers con la esperanza de que la cosa no vaya a peor aunque, a título personal, ello equivalga con casi total seguridad al “retiro con una mísera pensión”.

 

INDOLENCIA YANKEE

 

55 dias en Pekin Ava y Charlton

 

Una de las razones por las que la historia de amor no prospera y se queda en mero apunte sin el menor matiz es el carácter indolente y apático de Matt Lewis, el comandante americano que hace las veces de embajador de su país ante la enfermedad del titular.

Ya en la primera escena en la que coincide con Natacha (diminutivo, por cierto, de Natalia), su actitud resulta más bien grosera. Con dos copas en las manos se dirige a la mesa desde la que la baronesa le observa y, lejos de ofrecerle una, se bebe ambas.

La frialdad será la nota característica en sus conversaciones salvo cuando la intrusión del cuñado de la baronesa encienda algún rescoldo en el alma del americano. Probablemente debido a los celos.

Como reacción a la evidente falta de compromiso del yankee, la aristócrata acabará también anteponiendo otras circunstancias al sentimiento indeterminado que suscita en ella el militar, lo que dará pie a una escena de pasmosa gelidez en un momento en el que ambos se están separando sin saber si será para siempre.

Lewis es un tipo práctico, al que resbalan bastante los convencionalismos o la opinión ajena. La etiqueta no es lo suyo ni tampoco lo es la diplomacia.

Así, su incapacidad para hablar a las mujeres y a los niños o, en general, a cuantos sufren resulta singular.

Haciendo buenos los tópicos sobre la vida castrense, sólo metido en campaña y rodeado de militares se sentirá cómodo y en su elemento.

Por otra parte, resulta notoria su falta de empatía a la hora de confortar a quienes sufren. Será el caso de la joven hija china del sargento Harry, la cual le sigue como un animalillo abandonado mientras Lewis se muestra incapaz de ofrecerle consuelo y reacio a adquirir compromiso alguno con ella, como también le ocurriera con la baronesa.

 

UNA REALIZACIÓN LIGERA

 

55 dias en Pekin baile

 

Que Nicholas Ray, director competente donde los haya, no es ni David Lean (“El puente sobre el río Kwai”, “Lawrence de Arabia”, “Doctor Zhivago”) ni Joseph L. Mankiewicz (menos acostumbrado a lidiar con decorados gigantescos y centenares de extras pero autor de la interminable -tres años de rodaje- “Cleopatra”) es algo que queda de manifiesto desde el primer fotograma de la película.

Pero esto, que podría haber supuesto un lastre, no lo es en absoluto, al menos por lo que a mí respecta. Antes al contrario, la película está desprovista de esa atmósfera de pesadez de la que en muchos casos aparecen revestidas las películas de época cuando van acompañadas de un gran presupuesto. Quizás por el hecho de no estar acostumbrado a rodarlas, Ray no cae en los lugares comunes de dichas producciones y la cinta se beneficia de una cierta frescura, de un ritmo narrativo considerablemente alto y de un tono más aventurero incluso que bélico.

La elección de un trío protagonista con el magnetismo de Charlton Heston, Ava Gardner y David Niven ya supone un acierto de entrada que franquea el interés de buena parte de la audiencia (al menos así fue en la época del estreno), en una suerte de “captatio benevolentis” por si la dirección no fuese lo férrea que cabría esperar de un veterano del cine pero novato, al fin y al cabo, en estas lides.

 

55 dias en Pekin trio prota

 

Con eso y con todo, la película resulta un tanto crepuscular, tanto por el hecho de que sus estrellas ya habían dejado atrás su “primera juventud” (43 años para la dama y 40 y 53 para los caballeros) como por el argumento, que recrea los años del declive colonialista en Asia.

Contrariamente a lo que pudiera esperarse y como ya apuntaba, el romance no tiene un gran protagonismo en el film pese a que en principio la historia apunte a que así podría ser, lo que refuerza la sensación crepuscular a la que me refería. Del enfoque parece desprenderse que, "en los tiempos que corren" ya es tarde para todo, incluso para el amor.

Muy espectaculares, en cambio, resultan las escenas bélicas, más que correctamente coreografiadas y que combinan los grandes planos que muestran a las masas atacantes con los planos cortos que retratan la angustia de los sitiados.

 

55 dias en Pekin guerra

 

Incluso queda espacio para alguna que otra escaramuza, saldadas en la historia con suerte dispar pero magníficamente inscritas en el curso de la guerra que mantienen los dos centenares de occidentales contra seis mil bóxers ávidos de venganza.

El rodaje, aderezado por una auténtica legión de extras tanto españoles como asiáticos (en aquellos tiempos no existía la infografía que ahorra mucho en sueldos), tuvo lugar en Las Rozas de Madrid, en un caso similar al de “Doctor Zhivago” de David Lean.

Ello repercute en un protagonismo español en el film muy superior al que tuvo históricamente. Por esa misma razón, la bandera y el himno nacionales aparecen izados al principio del film junto con los de Francia, Inglaterra, Italia, Japón y Estados Unidos.

 

LA VERDADERA REBELIÓN DE LOS BÓXERS

 

55 dias en Pekin rebelion boxer

 

Los sucesos que se reflejan en el film tuvieron lugar realmente en la turbulenta China de principios de siglo.

Sin embargo, para entender las razones que soliviantaron a los bóxers y propiciaron su levantamiento hay que remontarse a medio siglo antes.

Las Guerras del Opio, por ejemplo, enfrentaron a Gran Bretaña con China en dos cruentos conflictos pues la comercialización del opio indio por parte de los británicos chocaba de forma reiterada con la oposición de la corte imperial china a permitir semejante tráfico.

La fácil victoria militar de los británicos en dichas contiendas y la creciente influencia de Francia (que colaboró con Gran Bretaña en la Segunda Guerra del Opio), Rusia y Japón en China dieron lugar a la firma de los sucesivos “Tratados Desiguales”, así denominados porque los chinos tuvieron que afrontar su firma desde una situación de manifiesta debilidad.

Debilidad que se acrecentaría en 1895 con la dura derrota ante Japón que supondría la pérdida de las Islas Pescadores y Formosa además de con el pago de fuertes indemnizaciones y concesiones comerciales.

Las humillaciones sufridas y el desencanto de un pueblo que veía algo más que cuestionada su presunta superioridad sobre los “bárbaros” extranjeros potenció enormemente tanto el odio hacia los foráneos como la deslealtad hacia la corte imperial.

Tampoco la cuestión religiosa contribuyó a rebajar el tono de hostilidad dado que la masiva llegada de sacerdotes cristianos occidentales (católicos y protestantes) supuso el menosprecio de las creencias locales, dividiendo a la población entre los que se convertían al cristianismo y los que lo combatían de forma agresiva. Entre estos últimos se destacaron los bóxers.

Los Yihetuan (“puños rectos y armoniosos”) recibieron el nombre de bóxers (boxeadores) por parte de los británicos debido a las artes marciales que practicaban y que creían les hacía inmunes a las armas.

Inicialmente opuestos a la dinastía manchú, se reconciliaron con ella tras ser derrotados por el ejército chino y, después de proclamar su lealtad a la emperatriz Cixi (que queda bastante malparada en el film), ésta decidió usarlos como instrumento para destruir toda influencia extranjera en China y asegurar su propio poder político frente a los funcionarios reformistas.

 

55 dias en Pekin emperatriz manchu

 

De este modo, tal como recoge la película, el gobierno chino, fuertemente controlado por la emperatriz, dictó varias leyes en favor de los bóxers a partir de enero de 1900, mientras que éstos concentraron sus ataques contra los misioneros y conversos al cristianismo. Las crecientes protestas de los gobiernos occidentales fueron desoídas.

En junio de ese mismo año, los bóxers (a los que se habían sumado soldados imperiales) atacaron destacamentos de ejércitos extranjeros y más tarde fijaron sus objetivos en las embajadas de Pekín, a las que habían huido los ciudadanos de dichas nacionalidades así como los chinos cristianos.

La mayor parte de dichas embajadas se agrupaba en el Barrio de las Legaciones de Pekín (que, por cierto, en la actualidad se denomina Dōng jiāomín xiàng y se encuentra muy próximo a la tristemente famosa Plaza de Tiananmen) y se encontraban bien protegidas por sus propias murallas y por la cercanía a la Ciudad Prohibida donde, paradójicamente, habían sido construidas por orden del emperador con el fin de tenerlas bajo vigilancia permanente.

Las delegaciones del Reino Unido, Francia, Países Bajos, Estados Unidos, Italia, Rusia y Japón compartían el mismo complejo defensivo y a sólo unas calles de distancia se encontraban las de Bélgica y España, desde donde llegaron sus representantes para ponerse a salvo.

La delegación alemana, por su parte, estaba situada en el otro extremo de la ciudad, lo que propició que fuera asaltada por los bóxers, quienes capturaron y ejecutaron al embajador alemán, Barón Klemens von Ketteler, suceso que también reproduce el film.

A resultas de la agresión, las potencias extranjeras declararon la guerra a China, respondiendo la emperatriz Cixi con la adhesión de las tropas regulares a la causa bóxer.

Y, siguiendo con la fidelidad histórica del film, tal como éste refleja, hasta la llegada de las fuerzas militares enviadas en su ayuda, el propio personal diplomático debió defenderse del asedio de los bóxers solamente con armas ligeras y un viejo cañón al que se apodó como el «Cañón Internacional» debido a que su caña era británica, la cureña italiana, los proyectiles rusos y los artilleros a cargo de su manejo estadounidenses.

Dirigieron la defensa el ministro británico para China Claude Maxwell MacDonald y el coronel japonés Shiba Gorō.

A pesar de sus esfuerzos, los bóxers no lograron superar las defensas del recinto y en agosto -55 días después- el asedio de las embajadas era levantado por las tropas enviadas por la Alianza de las ocho naciones suscrita por los gobiernos de: Alemania, Austria-Hungría, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón, Reino Unido y Rusia al mando del mariscal de campo alemán Waldersee.

Dichas tropas comprendían destacamentos de potencias que poseían guarniciones dentro de territorio chino, como Gran Bretaña (en su concesión del puerto de Weihai), Francia (en la región sureña de Hunan, limítrofe con la Indochina Francesa) y Alemania (en el puerto de Qingdao) o en países que poseían territorio limítrofe con China (como Rusia y Japón) pero fueron reforzados con contingentes procedentes de las propias metrópolis.

En cuanto a los contingentes de Italia y Austria-Hungría (que carecían de colonias en Asia) salieron de las pequeñas concesiones que ambos países poseían en China y estaban formadas exclusivamente por tropas navales, mientras que las tropas estadounidenses fueron remitidas desde Filipinas.

Doce años después del estreno del film de Nicholas Ray, en 1975, el director hongkonés Chang Cheh haría lo propio con “Pa kuo lien chun”, ofreciendo la versión china de esos mismos acontecimientos y tomando a los propios bóxers como protagonistas.

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