EL FINAL DE LA CUENTA ATRÁS

Un clásico de los viajes en el tiempo

 

El final de la cuenta portada

 

LÍNEA ARGUMENTAL

 

En el mes de diciembre de 1980, el poderoso portaaviones norteamericano “Nimitz”, de 400 metros de largo y 38 pisos de altura, se hace a la mar desde Pearl Harbor junto con una poderosa escolta naval.

La travesía ha sufrido una demora de dos días debido a la petición que, en ese sentido, ha realizado el misterioso señor Tideman, uno de los arquitectos que ayudaron a diseñar el Nimitz.

Dicha petición viene motivada por la llegada al portaaviones de Warren Lasky, un analista de sistemas que trabaja para Industrias Tideman, empresa que asesora y trabaja para el Departamento de Defensa.

 

Antes de subir al helicóptero que va a trasladarle al portaaviones, Lasky es informado de que el propio Tideman se halla presente en la pista del aeropuerto para cerciorarse de su marcha.

Sin embargo, cuando el analista hace ademán de acercarse a saludarle, se le indica que ello no es necesario, por lo que no logra atisbar el aspecto de su jefe tras los cristales ahumados del vehículo.

Tras sobrevolar el Monumento al Arizona y también a un rastreador ruso, Lasky llega al Nimitz, donde, pese al retraso ocasionado por su causa, es recibido de forma cordial tanto por el comandante Dan Thurman en cubierta como por el capitán Matthew Yelland en el puente. De ese modo, el viaje se inicia sin mayores contratiempos.

 

El final de la cuenta recibimiento

 

Poco después, sin embargo, el analista tendrá un ligero altercado con el comandante Richard Owens, quien está escribiendo en esos días un estudio sobre el ataque de los japoneses a Pearl Harbor en 1941. Owens se muestra irritado al sorprender a Lasky en su camarote curioseando entre sus papeles pero éste le asegura que no volverá a ocurrir.

El portaaviones navega en ese momento a unas doscientas millas de Honolulu y el tiempo está encalmado, no previéndose ningún temporal. Sin embargo, sin previo aviso, un fuerte viento comienza a soplar, a la vez que el cielo se oscurece de forma espectacular.

El capitán ordena a los aviones en vuelo que regresen al barco pero poco después, y mientras una de las naves permanece todavía en el aire, el ambiente se torna verdoso y una luz intensa lo ilumina todo.

El Nimitz entra entonces en una especie de torbellino y un ruido ensordecedor hace gritar de dolor a todos sus tripulantes. Cuando todo vuelve a la normalidad, los oficiales constatan con alivio que la nave extraviada se aproxima y, aunque con problemas, logra aterrizar.

 

El final de la cuenta remolino y dolor

 

Muy pronto comienzan a advertirse síntomas extraños: no hay rastro de la flota ni posibilidades de contactar con ella y, además, todos los programas radiofónicos parecen emitir programas retrospectivos, todo lo cual hace pensar al capitán y a sus oficiales que la Tercera Guerra Mundial puede haberse desencadenado.

Las cosas empeoran cuando las emisiones de radio hablan de la primera derrota de los alemanes en el frente de Rusia y de la resistencia de los aliados al ataque alemán en Tobruk. Lasky se ve obligado a insistir en que su departamento no tiene nada que ver, ya que no se trata de una broma ni tampoco de un simulacro organizado.

Poco después, uno de los aviones de reconocimiento regresa tras haber fotografiado la costa y Lasky se queda estupefacto al comprobar que las fotografías de Pearl Harbor son idénticas a las que él ha visto en el camarote de Owens. Éste muestra al capitán las imágenes y efectivamente la coincidencia resulta ser absoluta.

Así, sumando todos los datos de que disponen y pese a que la conclusión repugna cualquier argumento racional, han de asumir que han sido trasladados por la tormenta cuarenta años atrás y se hallan pues a unas pocas horas de que se produzca el ataque japonés a Pearl Harbor.

 

“HACIENDO AMIGOS”

 

Al recién llegado se le asigna el camarote contiguo al del comandante Richard “Dick” Owens, el primer oficial de la fuerza aérea en el Nimitz.

Se trata de una estancia muy austera con cama plegable empotrada en la pared y un lavabo metálico que recuerda al de los baños de un avión.

Pronto Lasky descubre que la puerta que la separa del camarote de Owens no está cerrada con llave.

- ¿Le interesa lo que lee? –pregunta Owens irritado al ver a un desconocido sentado en su camarote y leyendo sus manuscritos.

- Le ruego me perdone –se disculpa Lasky, presentándose.

- Señor Lasky, hay algo que importa en un barco y es la intimidad. Quizá porque disfrutamos muy poco de ella.

- Comprendo, espero que me disculpe.

 

El final de la cuenta Haciendo amigos

 

Lasky elogia entonces el manuscrito de Owens pero éste le pregunta con cierto escepticismo si es historiador:

- Soy un poco de todo –le responde el analista-; trabajo para las Industrias Tideman.

- Y, ¿qué hace exactamente a bordo de este barco?, inquiere Owens.

- Es muy sencillo; observo la forma en que trabajan y, si se me ocurre alguna otra alternativa, informo al Departamento de Defensa.

- ¿Cree que las encontrará a bordo? –le pregunta Owens, ya más distendido.

- Siempre hay otras alternativas, comandante.

- Por favor –insiste éste-, no las busque en este camarote.

 

UN EXTRAÑO FENÓMENO METEREOLÓGICO

 

El tiempo parece estar cambiando bruscamente, ya que no estaba prevista tormenta alguna.

Sol y cielo despejado”, se ríe el capitán al recordar la predicción de “Nube Negra”, el metereólogo indio de a bordo.

Arrecia la tormenta, el aparato eléctrico va en aumento y sólo unos aviones del Nimitz sigue en el aire pero su piloto es un novato llamado Stanton y su radio se ha bloqueado.

“Nube Negra” se reúne con el capitán, que bromea acerca de la tormenta, insinuando que ha sido el indio quien la ha convocado con danzas rituales pero el metereólogo no está para chanzas: la temperatura del agua ha descendido 5 grados en pocos minutos y hasta el barómetro señala mal pues debería estar abajo y está arriba del todo.

- Ordene volver a los destructores y diríjalos a Pearl Harbor. No hay necesidad de que pasen por esto –decide el capitán.

En cubierta se preparan para un aterrizaje de emergencia; el del Corsair pilotado por el inexperto Stanton.

Alzan pues una barrera de goma pero entonces una especie de remolino verde que llega del cielo se cierne sobre el portaaviones y un ruido muy intenso derriba de dolor a todos sus tripulantes, que se estremecen gritando durante un par de terribles minutos.

 

El final de la cuenta remolino 2

 

Luego, sencillamente, el fenómeno se disipa en un instante y no queda en el cielo siquiera una nube.

El capitán ordena zafarrancho de combate puesto que no hay ni rastro del Corsair y todo el mundo corre a sus puestos.

Por fortuna, el avión acaba apareciendo y, aunque de forma un tanto violenta, logra aterrizar, si bien el inconsciente piloto ha de ser sacado de la cabina.

 

CREER LO INCREÍBLE

 

Por alguna razón, el portaaviones ha perdido todas sus comunicaciones y no consiguen averiguar la posición de los destructores que enviaron de regreso a Pearl Harbor ni tampoco hablar con el almirante de la flota.

 

El final de la cuenta Kirk en puente

 

La situación es tan extraña que el radar se ha quedado en blanco y ni siquiera señala la posición del falso barco de pesca ruso. Al menos conocen su propia posición: 280 millas al este de Pearl Harbor.

El encargado de las radiotransmisiones capta un mensaje en clave pero se ríe al comprobar que alguien les está gastando una broma pues se trata de claves muy infantiles y anticuadas.

En cuanto a la tripulación, cunde el nerviosismo pues ni el capitán ni los oficiales tienen la menor idea de lo que puede estar pasando.

 

El final de la cuenta Tripulacion nerviosa

 

- No excluyo la posibilidad de que estemos en guerra –confiesa Yelland a su Estado Mayor.

- ¿Un ataque nuclear? –pregunta Thurman.

- Es una posibilidad.

A la extrañeza que les produce que todas las emisoras de radio que logran captar están emitiendo programas antiguos se une la incomprensión cuando el avión de reconocimiento que han enviado a Pearl Harbor les envía fotografías que son idénticas a las que Owens está utilizando en su estudio sobre el ataque del año 41.

 

El final de la cuenta reunion en puente

 

Yelland se pregunta quién puede estar interesado en hacerles creer que han regresado a los años cuarenta pero Lasky le pide que no descarte la posibilidad de que esté ocurriendo realmente pues la evidencia es muy grande y ninguno de los presentes había visto antes una tormenta de las características de la que acaban de atravesar.

 

EL PASADO SALE AL ENCUENTRO

 

No muy lejos de allí, el senador Samuel S. Chapman navega con su atractiva secretaria Laurel Scott a bordo del “Gatsby”, un yate civil con una tripulación de cinco personas, cuando el perro de la chica comienza a ladrar compulsivamente.

Al poco, dos F-14 con insignias norteamericanas les sobrevuelan a gran velocidad. Tanta que al senador no le queda ninguna duda de que debe tratarse de un modelo secreto de avión.

 

El final de la cuenta Senador alucina

 

Los Tomcats detectan la presencia a 125 millas de dos aviones japoneses Mitsubishi del modelo A6 que, además, “parecen totalmente nuevos”. Dado que ellos no se aperciben de su presencia, Yelland pide a sus pilotos que simplemente sigan vigilando a los cazas nipones sin tomar ninguna iniciativa.

Sin embargo, los dos Zeros acaban por divisar al yate de Chapman y lo atacan, matando a dos de los miembros de la tripulación, circunstancia de la que los Tomcats alertan de inmediato al Nimitz.

 

El final de la cuenta Zero y yate

 

- ¿Por qué habrían de atacar a un yate? –pregunta extrañado Lasky.

- Atacarían cualquier cosa que llevase una radio que pudiera alertar a Pearl Harbor –responde Owens.

- Eso si Einstein y usted no se equivocan… –señala Yelland al analista.

Mientras el capitán ordena que se compruebe si la flota japonesa se encuentra donde se supone que estaría a esa hora el día 6 de diciembre de 1941, los cazas japoneses se disponen a dar otra pasada sobre el yate, por lo que los pilotos de los F-14 piden a Yelland permiso para atacarles. Un permiso que el capitán no les concede.

El yate es pues destruido aunque los pilotos estadounidenses divisan a tres supervivientes en el agua, contra los que los Zeros se disponen a disparar de nuevo.

 

El final de la cuenta Yate destruido

 

Ante la nueva tesitura, Yelland les autoriza para cargar las armas aunque no para disparar.

Impotentes, los cazabombarderos norteamericanos ven a los japoneses disparar a los supervivientes; el senador y su secretaria se zambullen tras librarse de sus chalecos salvavidas pero su acompañante, que no osa hacerlo porque no sabe nadar, es abatido.

Los F-14 dan entonces una espectacular pasada a los arcaicos cazas japoneses y los acosan mostrando su extraordinario poderío militar y su extrema velocidad, que deja atónitos a los pilotos nipones.

 

El final de la cuenta 2 y 2

 

Sin embargo, estos abren fuego contra ellos y, aunque no alcanzan a los Tomcats, su insolencia enerva a los americanos, que finalmente obtienen permiso para disparar.

El primer caza cae abatido por una simple ráfaga pero el segundo será fulminado por un misil. Sólo el primero de los pilotos sobrevivirá.

 

El final de la cuenta acosando a los cazas

 

Para entonces, el avión de reconocimiento ha confirmado la posición de la flota japonesa acercándose a Pearl Harbor. Ante la evidencia, Yelland ordena a Owens que se ocupe de un equipo de rescate y aisle a todos los supervivientes.

Un helicóptero rescata al senador Chapman y a su secretaria además de a Charlie, el perro de ella, de quien se ocupa Owens. También el piloto japonés es capturado por un segundo helicóptero.

Mientras Yelland se plantea si sería ético que el Nimitz “le declare la guerra al Imperio Japonés”, dado que ellos aún no han atacado Pearl Harbor y la única evidencia de que lo harán “se halla en los libros de texto”, Lasky se pregunta si la potencia destructora del Nimitz en 1941 puede alterar la Historia del próximo medio siglo.

- Sospecho que la Historia es menos moldeable de lo que usted imagina –le dirá enigmáticamente Owens.

De hecho, el comandante duda incluso que sea posible intentar cambiar el pasado pero Yelland resumirá el asunto con mayor sencillez.

- Si los Estados Unidos de América se encuentran en peligro, nuestro deber es defender la nación. En el pasado, en el presente o en el futuro.

- Y, ¿qué más? –pregunta Lasky.

- Obedecemos órdenes del comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos –responde académicamente el capitán.

- ¿Franklin Delano Roosevelt? –pregunta Lasky con cierto retintín, haciéndole fruncir el ceño.

 

POLÍTICOS DEL AYER

 

Chapman, que preside el Comité de Defensa del Senado, exige hablar con el capitán y echa al médico que les atiende tanto a él como a Laurel.

El senador se lamentará ante su secretaria de la absurda situación en la que se encuentra, prisionero de una sección de la Armada de la que nunca ha oído hablar a pesar del puesto que ocupa.

- Yo jamás oí hablar de misiles ni de esa cosa con la que nos sacaron del mar. Y llamar a este barco Chester Nimitz, que es un almirante en activo. ¿Qué diablos pasa aquí?

La precipitada huida del perro cuando Owens y Lasky abren la puerta del camarote en el que están confinados Chapman y Laurel permite al prisionero japonés abatir a dos infantes de marina antes de tomarles a los cuatro como rehenes.

 

El final de la cuenta Japo armado

 

Por gestos, Owens consigue que el agresivo nipón, que les amenaza con un arma, permita que él se ponga en contacto telefónico con el intérprete de a bordo.

Las demandas del japonés se concretan en su acceso a la radio. Obviamente para alertar a sus superiores de la presencia del portaaviones ultraavanzado en el que se encuentra.

Aun así, Yelland decide acceder aunque la situación se torna insostenible cuando el japonés agarra a Laurel y la usa como escudo humano. Dos soldados están a punto de desencadenar una nueva tragedia intentando entrar por la fuerza en el camarote.

 

El final de la cuenta japo y rehen

 

A Lasky se le ocurre entonces que sería buena idea que Owens contara al japonés lo que va a ocurrir en las próximas horas, ya que el comandante conoce los detalles a la perfección.

Con el visto bueno del capitán y traducido por el intérprete, Owens comienza a describir la operación japonesa desde la salida de sus cuatro portaaviones –de los que él mismo pronuncia sus nombres- de las islas Kuriles.

Desconcertado, el japonés baja la guardia y es abatido aunque no antes de que él se cobre una tercera víctima entre los soldados del barco.

El senador insiste entonces en saber qué está ocurriendo pero el capitán prefiere no compartir con él la desconcertante verdad aunque sí le permite ponerse en contacto por radio con Pearl Harbor aunque la conversación subsiguiente supondrá una amarga decepción para Chapman:

- Habla el senador Samuel S. Chapman del Senado de los Estados Unidos a bordo del portaaviones Nimitz. El capitán Yelland está aquí conmigo.

- Sea quien sea –le responden-, debe saber que la utilización de las frecuencias militares por personal no autorizado constituye un delito.

- ¡Un minuto! –protesta Chapman.

- No tenemos ningún portaaviones Nimitz ni conocemos a ningún capitán Yelland. Le sugiero, gamberro, que deje de hacerse pasar por cualquier otro imbécil y abandone la comunicación. Nos está haciendo perder el tiempo.

- ¿Cómo se atreve a hablarme de ese modo? –rugirá el senador mientras Lasky intenta disimular su risa.

Así las cosas yo más confuso que antes, Chapman exigirá que se le permita desembarcar junto a su secretaria en Pearl Harbor.

Después de pensarlo un momento, Yelland accede a dicha petición aunque ordenará a Owens, que ha quedado prendado de la chica, que deposite a la pareja sana y salva en una pequeña isla algo alejada de donde va a tener lugar el ataque japonés.

Lasky advierte entonces al capitán de la importancia histórica del senador y de que dejarlo por ahí podría provocar algún cambio tan imprevisible como decisivo pero Yelland sólo quiere tener a los civiles lejos de allí cuando comience la acción. Como civil que también es –le dirá al analista-, también el propio Lasky es libre de marcharse si lo desea.

 

UN APASIONANTE VIAJE EN EL TIEMPO

 

Como tantas veces antes y otras tantas después, lo que plantea el film es la posibilidad de manipular el futuro desde el pasado y la conveniencia no sólo moral sino también real de llevar a cabo dicha manipulación.

Y es que el portaaviones atravesará, sin que sus tripulantes lo sepan, un “agujero de gusano”. Es decir, un atajo a través del cual la materia podría volver atrás en el tiempo si tanto éste como el espacio tuvieran la morfología adecuada para permitirlo. Algo que, por supuesto, nunca ha superado la fase teórica.

El film, por otra parte, aludirá a la clásica “Paradoja del Abuelo”, acuñada por el escritor francés René Barjavel en su novela “El viajero imprudente” y que Lasky enuncia del modo siguiente:

- Imagine que vuelvo atrás en el tiempo y conozco a mi abuelo antes de que se haya casado, antes de que tenga hijos. Discutimos y le mato. Si esto ocurre, ¿cómo iba a nacer yo? Y, si puedo no haber nacido, ¿cómo voy a volver atrás en la Historia y conocer a mi abuelo?

Muy superior a otros films que también juegan con la idea de los viajes en el tiempo –caso de “El experimento Filadelfia”, que se estrenaría cuatro años más tarde-, la película de Don Taylor constituye un estupendo entretenimiento no desprovisto de espectacularidad.

En especial hará las delicias de los amantes de la aeronáutica, con sus múltiples secuencias de despegues y aterrizajes sobre el portaaviones además de una escena que incluye un repostaje en vuelo y de la referida secuencia de combate con los cazas japoneses.

 

El final de la cuenta aterrizaje

 

El productor fue uno de los hijos de Kirk, Peter Vincent Douglas, quien pese a no contar con un gran presupuesto logró interesar a la Armada en su proyecto, consiguiendo de paso la colaboración del Ministerio de Defensa.

Ello posibilitó que el film fuese rodado efectivamente a bordo del USS Nimitz y también cuenta con localizaciones en las Estaciones Navales de Pearl Harbor (Hawai), Key West (Florida) y Norfolk (Virginia).

Las secuencias del Nimitz se rodaron tanto en el mar como en el dique seco para los interiores.

 

El final de la cuenta despegue

 

Las réplicas de los Zeros japonés, por cierto, habían sido construidas diez años antes para la película “Tora! Tora! Tora!”, que precisamente narraba el ataque japonés a Pearl Harbor.

Una anécdota a tener en cuenta es que el aterrizaje de emergencia del Corsair que aparece en el film fue rigurosamente real aunque afortunadamente terminó de forma positiva, tal como recoge la película.

Sobre el director del film, Don Taylor, cabe decir que fue un discreto realizador televisivo entre cuyas modestas incursiones en la gran pantalla podríamos destacar títulos como “Huida del planeta de los simios”, “Las aventuras de Tom Sawyer”, “La isla del Dr. Moreau” (con Burt Lancaster, Michael York y Barbara Carrera) o “La maldición de Damien” (secuela de “La profecía” protagonizada por William Holden).

Destacan también en la película la fotografía del estadounidense Victor J. Kemper y la banda sonora del compositor británico John Scott.

La película muestra, por otra parte, una excelente interpretación a cargo del elenco protagonista.

Kirk Douglas, que encarna al equilibrado capitán del Nimitz, contaba por aquel entonces 64 bien llevados años y tenía a sus espaldas un impresionante bagaje repleto de títulos memorables como “Retorno al pasado”, “Carta a tres esposas”, “El gran carnaval”, “Cautivos del mal”, “20.000 leguas de viaje submarino”, “El loco del pelo rojo”, “Duelo de titanes”, “Senderos de gloria”, “Los vikingos”, “El último tren de Gun Hill”, “Un extraño en mi vida”, “Espartaco”, “Siete días de mayo” o “El día de los tramposos”.

 

El final de la cuenta Kirk

 

El de Mat Yelland sería el último papel relevante de su descomunal carrera cinematográfica aunque hasta 2008 continuó trabajando en el cine.

Por lo que respecta a Martin Sheen, el padre de los también actores Charlie Sheen y Emilio Estévez contaba por aquel entonces con una sólida filmografía en la que descollaban títulos como “El incidente”, “Malas tierras” o “Apocalypse Now” pero en las décadas posteriores intervendría también en “Gandhi”, “La zona muerta”, “Wall Street” o la serie televisiva “El ala oeste de la Casa Blanca”.

 

El final de la cuenta Lasky

 

Su papel del analista Warren Lasky constituye una interesante mezcla de arrogancia propia de la juventud y de aplomo. Algo esto último de lo que precisará sobre todo en la parte final del film.

Katharine Ross es otra de las principales presencias del film aunque en un papel bastante secundario; el de la secretaria de Chapman. La actriz californiana comenzó a destacar tras “El graduado” y gozó de gran relevancia en “Dos hombres y un destino” pero en los últimos tiempos no ha hecho nada significativo salvo participar con poco protagonismo en la sobrevalorada “Donnie Darko”.

 

El final de la cuenta Secre

 

El personaje del senador Samuel S. Chapman, interpretado por el veterano actor neoyorkino Charles Durning, (“El golpe”, “Tarde de perros”, “La furia”, “Tootsie”) fue inventado para la película.

 

El final de la cuenta Senador y secre

 

En cuanto a los miembros de la tripulación del portaaviones, muchos de ellos actuaron como extras en el film, por lo que sus nombres aparecen en los títulos de crédito finales junto al resto del elenco.

La película ganó el premio Golden Screen alemán y fue nominada en los Premios Saturn (galardones entregados anualmente, desde 1972, por la Academia de Cine de Ciencia Ficción, Fantasía y Terror) a la mejor película de ciencia ficción del año y al mejor actor (Kirk Douglas).

En definitiva, “El final de la cuenta atrás” es una cinta que sigue manteniendo un considerable atractivo a pesar de las décadas transcurridas desde su rodaje y de la espectacular evolución de los efectos digitales desde entonces.

El único pero que cabría ponerle es que la calidad de imagen de las copias que se han comercializado deja bastante que desear, con mucho grano y unos colores demasiado desvaídos para un film de los ochenta.

 

EL USS NIMITZ

 

Este barco que da nombre a su clase, compuesta oficialmente por diez portaaviones nucleares, cuenta con una tripulación de casi 6.000 hombres; 3.200 correspondientes a su dotación y otros 2.480 del grupo aéreo.

Alcanza una velocidad de 30 nudos (unos 56 km/h) nada despreciables para su tremendo peso y tamaño.

Está propulsado por dos reactores nucleares que accionan cuatro enormes turbinas y cuenta con cuatro hélices.

Su grupo aéreo está formado por 90 aeronaves, incluyendo aviones y helicópteros. Entre los que vemos en el film destacan los siguientes:

- Grumman F-14 Tomcat.- Caza supersónico biplaza con alas de geometría variable, de largo alcance y doble motor. Retirado en 2006 del ejército estadounidense, sigue en servicio en el iraní. Su velocidad máxima alcanza los 2.485 km/h y su radio de acción supera los 900 kilómetros. Fue popularizado también por la película “Top Gun”.

 

El final de la cuenta avion F14

 

- A7 Corsair II.- Avión monoplaza de ataque creado para portaaviones y basado en el caza naval F-8 Crusader. Más antiguo que el Tomcat, fue retirado en 1991 aunque siguen en activo en Grecia, Portugal y Tailandia. Su velocidad es más modesta -a nivel del mar alcanza los 1.123 km/h- pero en cambio su alcance en combate llega a los 1.127 kilómetros.

 

El final de la cuenta avion Corsair

 

- Grumman E-2 Hawkeye.- Avión de alerta temprana y control aerotransportado, se le conoce como "Hummer" (zumbador) por el distintivo sonido de sus motores turbohélice, muy diferente de los motores de reacción. Son los únicos aviones de hélices que operan desde portaaviones y se caracterizan por el enorme “paraguas” que preside su estructura y que utilizan para rastrear. Su velocidad máxima es de unos modestos 648 km/h y tiene un alcance de 6 horas sin reabastecimiento aéreo de combustible (el doble si cuenta con dicho reabastecimiento).

 

El final de la cuenta avion Hawkeye

 

- Grumman A6 Intruder.- Capaz de llevar gran cantidad de armamento, también se le conoce como “mini B-52”. Su radar de ataque le permite una magnífica precisión en las misiones de bombardeo y a menudo ha sido utilizado para dirigir a otros aviones menos capacitados en misiones de bombardeo a ciegas, suministrando información de navegación y de lanzamiento de bombas. En el film se utiliza como avión-cisterna para que reposten en vuelo dos F-14. Retirado en 1997, su velocidad máxima operativa era de 1 040 km/h, con un tremendo alcance de 5.222 kilómetros.

 

El final de la cuenta avion Intruder

 

- Sikorsky SH-60 Seahawk.- Helicóptero naval polivalente con dos motores turboeje y para múltiples misiones: guerra submarina y antisubmarina, guerra antisuperficie, guerra especial naval, búsqueda y rescate, reaprovisionamiento vertical y evacuación médica. Cuenta con una velocidad máxima operativa de 270 km/h y con un alcance a velocidad de crucero de 834 km. Tiene capacidad para 5 pasajeros aparte de la tripulación (3 ó 4 más).

 

El final de la cuenta helicoptero

 

Por contraste, los Mitshubishi A6M Zero japoneses con los que se toparán los Tomcat son cazas monoplaza de largo alcance. Aunque al principio de la II Guerra Mundial se le consideró el caza “embarcado” más capaz del mundo por su maniobrabilidad y su largo alcance (3.105 km), pronto quedo anticuado. Por supuesto, su velocidad máxima operativa de 533 km/h quedaba tremendamente lejos de la que alcanzaban los cazabombarderos estadounidenses cuatro décadas después.

 

El final de la cuenta Zero

 

Entre las misiones principales realizadas por el Nimitz destacan las siguientes:

- En la crisis de los rehenes de la embajada estadounidense de Teherán de 1979 (que refleja la película “Argo”), fue desplazado al Océano Índico.

- Dos años después, navegando por el Mediterráneo, dos de sus F-14 entablaron batalla con sendos Su-22 libios, a los que abatieron en lo que fue bautizado como “incidente del golfo de Sydra”.

- En 1985 dos pistoleros libaneses secuestraron un vuelo de la TWA con varios pasajeros estadounidenses a bordo y el Nimitz fue desplegado en la costa del Líbano, bombardeando diversas zonas de su capital Beirut, incluyendo las pistas del aeropuerto internacional.

- En 1988 proporcionó seguridad en la costa surcoreana durante los Juegos Olímpicos de Seúl y participó en la operación Earnest Will para custodiar los petroleros kuwaitíes durante la guerra entre Irán e Irak.

- En 1991 fue desplegado en el Golfo Pérsico dentro de la Operación Tormenta del Desierto.

- Ya en 2003 participó en las invasiones de Irak y Afganistán, lanzando a sus aviones en apoyo de la Operación Libertad Duradera.

- Entre 2007 y 2008 sería desplegado en varias ocasiones en apoyo de ambos frentes.

El buque también aparece en la miniserie de 10 capítulos “Carrier”, además de ser protagonista en el tecno-thriller “Red Storm Rising” escrito por Tom Clancy y Larry Bond.

 

PEARL HARBOR, 7 DE DICIEMBRE DE 1941

 

En la mañana del domingo 7 de diciembre de 1941, la Armada Imperial Japonesa llevó a cabo una ofensiva militar sorpresa contra la base naval de los Estados Unidos en Pearl Harbor (Hawai).

El ataque pretendía ser una acción preventiva destinada a evitar la intervención de la Flota del Pacífico de los Estados Unidos en las acciones militares que el Imperio Japonés estaba planeando llevar a cabo en el Sudeste Asiático contra las posesiones de ultramar del Reino Unido, Francia, Holanda y los propios Estados Unidos.

La base naval hawaiana fue atacada por 353 aeronaves japonesas que incluían cazas de combate, bombarderos y torpederos que despegaron de 6 portaaviones.

Resultaron dañados los 8 acorazados atracados en el puerto, de los cuales 4 se hundieron sin remisión.

También resultaron hundidos o significativamente dañados 3 cruceros, 3 destructores, un buque escuela y un minador, perdiéndose en total 188 aeronaves norteamericanas. Las pérdidas humanas de los estadounidenses se elevaron a 2.403, a los que había que añadir 1.178 heridos de diversa consideración.

Las pérdidas japonesas fueron mucho menores, ya que únicamente perdieron 29 aeronaves y 5 submarinos además de sufrir 65 bajas militares entre muertos y heridos.

El ataque conmocionó profundamente al pueblo norteamericano y al día siguiente, 8 de diciembre de 1941, los Estados Unidos de América le declararon oficialmente la guerra al Imperio del Japón, entrando a participar de manera inmediata en la Segunda Guerra Mundial, tanto en el escenario europeo como en frente del Pacífico.

El apoyo interno en Norteamérica a la no intervención en el conflicto mundial, que había sido considerable, desapareció por completo mientras que la asistencia clandestina al Reino Unido fue reemplazada por una alianza plena. La Alemania nazi y la Italia fascista declararon a su vez la guerra a los Estados Unidos el 11 de diciembre en respuesta a las operaciones puestas en marcha en contra de la potencia asiática del eje.

La inexistencia de una declaración de guerra previa por parte nipona llevó al presidente estadounidense Franklin Delano Roosevelt a calificar al 7 de diciembre de 1941 como “una fecha que vivirá en la infamia”. La ofensiva fue juzgada en los Juicios de Tokio de 1946 como un crimen de guerra.

El ataque a la base naval de Pearl Harbor ha sido llevada al cine en un sinfín de oportunidades, siendo las más significativas:

- “El bombardero heroico” (Howard Hawks, 1943), con John Garfield,John Ridgely y Arthur Kennedy.

- “De aquí a la eternidad” (Fred Zinnemann, 1953), con Burt Lancaster, Montgomery Clift, Deborah Kerr, Frank Sinatra, Donna Reed, Ernest Borgnine y Jack Warden.

- “Tora! Tora! Tora!” (Richard Fleischer, Kinji Fukasaku y Toshio Masuda, 1970), con Martin Balsam y Joseph Cotten.

- “El final de la cuenta atrás” (Don Taylor, 1980), con Kirk Douglas y Martin Sheen.

- “Pearl Harbor” (Randall Wallace, 2001), con Ben Affleck, Kate Beckinsale y Josh Hartnett.

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