PLENILUNIO

De la novela al celuloide

 

Plenilunio Portada

 

UNA NOVELA INUSUAL

 

Antonio Muñoz Molina, jienense tanto de nacimiento como de vocación, sitúa en una ciudad andaluza que bien podría ser su Úbeda natal una historia claustrofóbica y obsesiva.

En ella se miden dos voluntades: la perturbación de un brutal psicópata que asesina a niñas de corta edad y la determinación de un policía que intenta redimirse y hallar sentido a su destrozada vida, acabando a la vez con la pesadilla que asola la ciudad.

Se trata de una novela inusual en la trayectoria de su autor en lo que concierne a la temática aunque no tanto por el tratamiento literario recibido. De hecho, el estilo de Muñoz Molina resulta inconfundible y tanto sus interminables frases como su trazo firme se adivina detrás de cada minucioso párrafo, tras el pensamiento de cada personaje.

Con una omnisciencia no demasiado descarnada, el autor va ocupando el punto de vista de sus principales protagonistas, logrando un retrato magistral de sus complejidades psicológicas.

 

LÍNEA ARGUMENTAL DE LA NOVELA

 

Un nuevo inspector de policía llega a la ciudad andaluza en que nació, procedente de Bilbao y en compañía de su esposa, desequilibrada por el miedo y la soledad, tras largos años de vivir entre amenazas etarras y distanciamiento conyugal.

Poco después de su llegada, la pequeña Fátima es salvajemente asesinada y el inspector, cuya esposa ha sido finalmente ingresada en un sanatorio, se impone el deber obsesivo de capturar al criminal.

Durante su investigación, el policía conocerá a Susana, la profesora de la víctima y entre ambos comenzará una tierna relación.

Un mes después, Paula, una segunda niña, se convierte en el nuevo objetivo del asesino.

 

PERSONAJES PRINCIPALES

 

De un lado tenemos al inspector de policía, que mientras busca obsesivamente unos ojos que delaten al cruel asesino, se debate entre el remordimiento de la vida que ha dado a su esposa, el miedo que todavía arrastra de su dura experiencia policial en Euskadi y la impotencia que le produce pensar que el psicópata sigue suelto, acechando a las demás niñas con las que pueda cruzarse.

Contrapuesto a él, el asesino, un joven alienado que detesta la fracasada vida que lleva; trabaja como pescadero, subyugado por la voluntad de sus padres, a los que odia tanto como al trabajo que realiza, los clientes a los que atiende –en su mayoría mujeres- y el penetrante olor a pescado que no logra eliminar de sus manos.

El joven se libera de sus profundos complejos y frustraciones imaginando, de forma obsesiva, los crímenes que pretende seguir perpetrando.

Sus víctimas son invariablemente niñas de cota edad, lo que provoca en el lector un malestar perfectamente comprensible por más que Muñoz Molina no profundice en la morbosidad del asunto, cosa que es muy de agradecer.

Susana, la amable profesora de la niña asesinada, cuenta también con una notable relevancia en la historia pues será su apoyo el que permita al policía no desmoronarse cuando toda su vida amenace con aplastarle.

 

PLENILUNIO, EL FILM

 

En 1999, el director vasco Imanol Uribe afrontó el reto de convertir en imágenes la dura novela de Muñoz Molina, con la dificultad añadida de que se trata de un texto en el que predomina el monólogo interior sobre el diálogo.

 

Plenilunio Imanol Uribe

 

La crudeza del tema tampoco facilitaba su puesta en escena, a la vez que acotaba notablemente su posible audiencia y es que la historia de un violador y asesino de niñas no puede dejar de resultar desasosegante e incómodo para cualquiera que se aproxime a ella.

Por fortuna, el realizador mostró la misma sensibilidad que el novelista a la hora de contar su historia, sin que ello supusiera menoscabo alguno ni en la precisión del relato ni en su realismo pero ahorrándonos, eso sí, cualquier tipo de morbosidad.

Sí se tomó Uribe alguna que otra licencia artística, entre las cuales cabe destacar el traslado de la acción desde Úbeda hasta Palencia, algo que tiene una repercusión inmediata en la atmósfera de la novela pues nada tienen que ver la idiosincrasia andaluza con la castellano-leonesa y tampoco sus climas guardan relación alguna.

La razón de dicho cambio, que afecta a la médula misma de la historia –no es lo mismo trasladarse desde Bilbao a Andalucía que hacerlo al norte de Castilla-, estriba en el tamaño de ambas localidades pues, al parecer, el realizador consideró demasiado pequeña a la renacentista (y bellísima) Úbeda para aquello que pretendía contar.

En cualquier caso, la geografía física de Palencia se nos mostrará con cuentagotas intuyo que para no desvirtuar la trama ni desviar la atención de lo que importa. Eso sí, el río Carrión y sus alrededores gozarán de una importancia capital en diversas escenas nocturnas.

 

Plenilunio el rio

 

 

LÍNEA ARGUMENTAL DE LA CINTA DE URIBE

 

El forense, Ferreras, informa al inspector Manuel Cervera de sus impresiones iniciales antes de proceder a la autopsia del cuerpo de Fátima, una niña de corta edad que ha sido asesinada.

La niña ha sido encontrada desnuda y la causa de su muerte parece ser la asfixia, al ahogarse con sus propias bragas, que el asesino le introdujo hasta la garganta.

La niña –indicará Ferreras al responsable de la investigación- no fue penetrada aunque el sádico asesino probablemente le desgarró el himen con los dedos. Sin embargo, quiere pensar que apenas sufrió y que todo debió ser muy rápido.

Reponiéndose de su comprensible malestar, el policía declina la invitación del forense a abandonar la sala de autopsias pues siente que debe estar allí, junto a la víctima a quien ha de hacer justicia.

Cuando regresa a la comisaría, una multitud de periodistas se abalanzan sobre el policía, que no quiere hacer ninguna declaración y acaba protagonizando un incidente con la prensa.

En el interior del edificio le espera una señora mayor que afirma haber visto a la niña la tarde en que desapareció, en compañía de un hombre joven que parecía ser su tío o su hermano. Únicamente se fijó en ellos –le contará- porque llevaba una mano sobre el hombro de la niña y la otra llena de sangre, que se iba chupando.

Puesto en contacto con Susana Grey, la profesora de Fátima, ésta dirá al policía que se trataba de una niña especial, de las que llevan la responsabilidad dentro desde muy pequeñas.

Poco después, la madre de Fátima confiesa a Susana que alguien, probablemente el asesino, se está dedicando a martirizarles, llamando cada tarde a la hora en que desapareció la niña para colgar justo después de susurrar el nombre de Fátima.

 

Plenilunio la madre y la maestra

 

Será la maestra quien conduzca al inspector hasta la casa de los padres para estar presente durante una de esas llamadas.

Después de aleccionar al padre, pidiéndole que retenga al teléfono al desconocido a fin de localizar la llamada, Manuel espera en tenso silencio junto a ellos hasta que el teléfono suena a la misma hora de siempre.

Sin embargo, el padre se verá incapaz de seguir el consejo y cuelga tan pronto la voz susurra el nombre de su hija asesinada.

Ya en la calle, el inspector agradecerá a Susana que le haya acompañado y no le haya dejado a solas con ellos, lo que hará sonreír a la maestra.

Ella le propone tomar algo juntos pero, dado que los bares de la zona son “algo deprimentes”, le invita a cenar fuera de la población. En esa cena comenzará a fraguarse algo entre ellos.

Mientras, el asesino sigue viviendo como si nada en la casa de sus padres, a los que detesta pero ante los cuales se muestra como un chico tímido y educado, sin osar nunca levantarles la voz.

 

Plenilunio el asesino

 

Escucha la radio de madrugada, insulta a la locutora de voz sensual que acompaña a los noctámbulos desde las ondas y se levanta a las cuatro de la mañana para acudir al mercado.

 

CONSIDERACIONES VARIAS

 

Lo primero que llama la atención en un análisis rápido de la trama es que en la película se omite toda introducción –la llegada del policía a la ciudad, la comisión del crimen, el hallazgo del cuerpo de la niña- para introducirnos de golpe y sin anestesia en el horror de una sala de autopsias.

Un horror magnificado por el hecho de que la víctima es una niña de corta edad. Como afirmará más tarde Ferreras, el forense, mientras toma algo con el inspector: “Cuando uno mira dentro de un muerto adulto y les abre la caja torácica, ve los efectos de la edad, de la enfermedad o de los vicios. Uno acepta que el destino de nuestra materia es la decadencia o la muerte pero, cuando se trata de un niño, sencillamente no se puede aceptar. Nunca te acostumbras por muchas autopsias que hayas hecho”.

El título, “Plenilunio”, hace referencia a la fase lunar en la que el satélite muestra completamente su cara iluminada. Con un clasicismo que remite a las antiguas películas de licántropos, dicha fase marcará los ataques del asesino: éste es una bestia, un depredador, que siente la llamada de sus más bajos instintos cada vez que aparece la luna llena.

En cuanto al lugar donde transcurre la historia, el realizador nunca ha ocultado que se trata de Palencia, si bien la ciudad no es mencionada en ningún momento aunque los vehículos que circulan por ella –incluyendo el de Susana- portan el distintivo “P” en sus antiguas matrículas.

 

EL INSPECTOR

 

En la novela de Muñoz Molina, al inspector ni siquiera se le distinguía con un nombre pero en la película de Uribe sabremos que éste es Manuel Cervera, un hombre algo gris pero tenaz y cuya indumentaria denota que “viene del norte”.

Con el transcurso de la trama averiguaremos que estuvo interno desde muy niño en un colegio de la ciudad y que en aquel entonces era un niño callado y de apariencia débil.

Paradójicamente, regresará muchos años después convertido en un policía no menos callado pero indudablemente endurecido por la vida aunque no lo suficiente como para perder su sensibilidad.

Manuel ha pasado años muy duros en Bilbao, sometido a una tensión extrema, amenazado por ETA y con un miedo profundo a no regresar cada vez que cerraba tras de sí la puerta de su casa.

Allí quedaba su mujer, sola, a merced de las amenazas telefónicas de los terroristas. En ocasiones dichas amenazas eran explícitas; en otras, adoptaban la forma de llamadas que nadie respondía al descolgar ella el receptor, como si la escucharan respirar hasta que colgaba… y entonces volvían a llamar una y otra vez.

Quebrada finalmente, la mujer permanece ingresada en una clínica psiquiátrica cuando da inicio el film, alimentando la culpabilidad de un Manuel que quizás debió sacarla de aquel infierno cuando todavía estaba a tiempo.

 

Plenilunio psiquiatrico

 

Cuando en el trayecto hacia el restaurante en el que cenará por primera vez con Susana, ésta se pregunta, en relación con las llamadas anónimas que reciben los padres de Fátima “cómo puede haber alguien tan cruel, cómo puede uno marcar fríamente un teléfono, sabiendo que va a torturar a unas personas que ya están deshechas”, él le responderá con conocimiento de causa: “porque les gusta el teléfono, no corren peligro, pueden gozar del miedo que provocan”.

El asesinato de la niña, por otra parte, le pondrá en relación con una realidad casi desconocida para él, de tan ajena: la infancia.

Y es que Manuel no ha tenido hijos. Su mujer sí los deseaba al principio y él creía quererlos también pero, cuando se enteraron de que ella no podía –confesará el policía-, lo que en realidad sintió fue una especie de alivio secreto.

En otro orden de cosas, la concepción que el inspector tiene del crimen constituye una tajante declaración de intenciones por la que sería interesante preguntar a Uribe:

- Matar a alguien es bastante fácil y no tiene mérito alguno. Lo que más asco me da del cine es eso: el modo en que hacen atractivo al crimen cuando no es más que crueldad y chapuza.

 

SUSANA GREY

 

La maestra es, con mucha diferencia, el personaje más luminoso de la historia. Como todos los demás, ella también tiene un pasado doloroso con el que lidiar pero, lejos de dejarse dejarse arrastrar por él, se mostrará como una mujer generosa, alegre y vital, mejorando con su sola presencia las vidas de cuantos les rodean.

Frisando los cuarenta, Susana sigue siendo una mujer atractiva que no ha olvidado lo que es amar, por lo que no se resigna a su vida solitaria.

En un entorno persistentemente gris, ella personifica la femineidad, la dulzura y la entrega. En su sonrisa, franca y abierta, encontrará Manuel su última esperanza de redención.

 

Plenilunio Amor

 

Madrileña, separada y madre de un chico de 14 años, Susana dejó la capital quince años atrás como “pionera” junto a su marido, que en un gesto antiburgués pretendía recuperar sus orígenes.

Ella se quedó embarazada un año después –contará al inspector- y fue entonces cuando empezaron entonces a pasar por su casa una pareja de amigos: Ferreras -que no era forense todavía y andaba siempre fumando canutos- y la novia de éste, que se convirtió casi en la única amiga de la maestra… hasta que se fugó con su marido.

Como Manuel, Susana es una superviviente pero la diferencia entre ambos es que mientras el policía sigue adelante por pura inercia, la maestra lo hace con convicción y con pasión, sin renunciar al placer de vivir, disfrutando de la música, de la poesía, de una copa de vino o de un restaurante tanto por la comida que ofrece como por los sueños que promete… “La isla de Cuba”.

 

Plenilunio Amor 2

 

 

EL PADRE ORDUÑA

 

Un personaje hasta cierto punto marginal pero que nos da la dimensión real del inspector es el Padre Orduña, quien fuera su profesor en el internado en que Manuel ingresó siendo muy niño todavía.

Ahora entre ambos comenzará a fraguarse de nuevo una sobria amistad para la que no resultará un obstáculo el ateísmo confeso del policía.

 

Plenilunio el padre Orduña

 

- Alguien que ha hecho algo tan horrible –dirá el cura- tiene que llevarlo escrito en la cara. En los ojos.

Esa  idea atormentará al policía, ya de por sí propenso a las obsesiones aunque la historia demostrará que no sin motivo.

Una de dichas obsesiones es el hábito repetido de mirar bajo de su coche cada vez que va a subir a él para comprobar que no hay ningún artefacto explosivo. Esa costumbre, arraigada durante sus duros años en el País Vasco, no le abandonará ni siquiera cuando visite a su mujer en el psiquiátrico en el que ella está internada.

En todo caso, las conversaciones entre el Padre Orduña y el inspector son las que mejor les definen a ambos.

- Los que no tienen hijos pierden los recuerdos –dirá el párroco.

- Usted tampoco ha tenido, padre.

- He tenido cientos –le desmentirá él-; todos vosotros. Sobre todo los más queridos: los huérfanos de los que perdieron la guerra.

Yo había estado en la guerra. Del lado de los que ganaron. Luego me hice cura. Más tarde, cura rojo –sintetizará Orduña-; y tú, de hijo pobre de rojo, de hijo de los perdedores, te hiciste policía.

Manuel se verá obligado a justificarse –“de algún modo tenía que ganarme la vida”- pero responderá negativamente cuando el cura le pregunta si su padre llegó a saberlo.

- Bastante pena le causaba que quisiera ser abogado y fuese apolítico.

- Nadie es apolítico –le rectifica el padre.

- Sí, eso decía él. Pensaba igual que usted.

- ¿Qué sabes tú de lo que pienso yo?

- Que traicioné a los suyos.

- A mí también me llamaron traidor. Decían que en misa leía panfletos comunistas. Eso tenemos en común.

 

EL ASESINO

 

Un chico joven, aparentemente normal, que se muestra educado con todo el mundo y del que nadie sospecharía. Así es, en apariencia, el asesino y violador de la historia.

Sin embargo, su cara oculta y oscura le convierte en un monstruo que odia y aborrece a cuantos se cruzan en su vida, trocando la sonrisa solícita y hasta servil con que obsequia a sus clientes y vecinos por una terrorífica mueca de asco que le deforma las facciones.

El asesino sin nombre es un ser amargado, retorcido, alienado por un trabajo de pescadero que le embrutece y le obliga a llevar una vida distinta a la de los demás; levantándose a las cuatro y media de cada madrugada, atendiendo a un montón de bocas parlantes que no significan nada para él y sin poder quitarse en ningún momento el hedor a pescado de las manos.

Su incapacidad manifiesta para lograr el interés de las mujeres le han vuelto impotente y misógino y en las indefensas niñas (que no son sino embriones de las mujeres que podrían llegar a ser) encontrará este depravado la escapatoria a sus enfermizas frustraciones.

 

Plenilunio viendo porno

 

Cuando, temerariamente, se acerca en plena noche a la comisaría para preguntar a la pareja que monta guardia ante la puerta si “se sabe algo de la niña”, la mujer le responderá con acritud “no estamos aquí para dar ruedas de prensa” en tanto que el hombre le ordena que “circule”.

Eso sólo acrecentará el odio del muchacho, que elucubra con la posibilidad de ser él quien haga una rueda de prensa que los noquee. Fantaseará también con la idea de contárselo todo al inspector “como en las películas”.

- ¿No estás ahí para dar ruedas de prensa? Estás ahí para que te follen –susurrará, llamándola puta, el epíteto que invariablemente dedica a todas las mujeres, excepto a su madre, a quien también desprecia pero a la que únicamente tacha de ignorante y de no enterarse de nada.

- ¡Qué precios, joder! se escandalizará en otro momento, viendo un escaparate de lencería en plena noche; las cochinas bragas de una tía más caras que un kilo de merluza. Claro, los cabrones de los dueños, a vivir. A llevarse el dinero con las manos limpias, sin tener que marearse con la peste del pescado –se olerá la mano instintivamente, la misma que se cortó con la navaja al matar a la primera niña, haciendo gala de una notable impericia.

 

ELENCO PROTAGONISTA

 

En un ejercicio de notable riesgo para ambos, Uribe contó con Juan Diego Botto en un papel algo atípico como asesino obsesivo.

 

Plenilunio el asesino primer plano

 

El actor hispanoargentino completa un trabajo interpretativo muy alejado de los registros a los que nos tenía acostumbrados: graciosillo en “Pasos de baile”, seductor en “Sobreviviré” o joven descarriado en “Historias del Cronen” o “Martín (Hache)”.

Menos conocido por aquel entonces (antes de sus significativas participaciones en “Sé quién eres” y “El alquimista impaciente” o de su protagonismo como teniente Sierra en la serie de televisión “Desaparecida”) era el también hispanoargentino Miguel Ángel Solá, que interpreta en el film al inspector, adecuándose magníficamente al registro preciso que demandaba el papel.

 

Plenilunio el inspector

 

La siempre espléndida Adriana Ozores sale más que airosa interpretando el contenido papel de Susana Gray. Con 42 años en ese momento, la actriz respondió perfectamente a lo que se esperaba de ella, poniendo su dulzura y su inteligencia al servicio de un personaje clave.

 

Plenilunio Adriana Ozores

 

Siempre he admirado su capacidad para interpretar a mujeres de una pieza, de las que se quedan en la memoria después de terminar el film, incluso cuando no goza de tanto protagonismo como en la cinta de Uribe.

Sus trabajos en “Manolito Gafotas”, “En la ciudad sin límites”, “El alquimista impaciente” -donde enamoraba al mismísimo Bevilacqua-, “La vida de nadie” o “El método (Gronholm)” son buena prueba de ello.

Por otra parte, “Plenilunio” cuenta con el gran Fernando Fernán Gómez dando lustre al “cura rojo” que es el padre Orduña en uno de sus últimos trabajos ante las cámaras pues sólo intervendría en una docena más de películas.

 

Plenilunio el padre Orduña 2

 

Magnífico resulta también el trabajo de Chete Lera -a quien uno había “descubierto” apenas un par de años antes como el psiquiatra que trata al protagonista en “Abre los ojos”-, que aquí interpreta al forense Ferreras.

A pesar de su brevedad merece la pena fijarse en las excelentes interpretaciones de Manuel Morón, que encarna al padre de Paula, la segunda niña que será atacada por el asesino; Charo López, como la desequilibrada esposa del policía y la veterana María Galiana, que interpreta a la única testigo del asesinato.

La voz de la locutora cuyo programa nocturno escucha el asesino pertenece, por cierto, a la también actriz Elvira Lindo.

En cuanto a Noelia Ortega, que encarna a Paula, la segunda víctima del asesino, tenía únicamente 9 años cuando intervino en el film pero toda su trayectoria posterior, que finalizó prematuramente en 2009, se circunscribió a la televisión: “Ana y los 7”, “18” y “Hospital Central”. No se ha vuelto a saber interpretativamente de ella.

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