TODOS LOS HOMBRES DEL REY

 

Sean Penn encarna al último demagogo sureño

 

 

Todos los hombres del rey Portada

 

UNA GRAN NOVELA

 

En 1946, Robert Penn Warren escribió “Todos los hombres del Rey”, una de las mejores novelas políticas de todo el siglo XX.

Estaba inspirada en la vida de Huey Long, un populista gobernador de Luisiana que cambió la historia de su Estado, encarnando lo mejor y lo peor que puede esperarse de una figura política.

Aunque en su novela el protagonista recibe el nombre de Willie Stark, nadie tuvo que hacer el más mínimo esfuerzo para identificarlo con el hombre que, saliendo de la nada, estuvo cerca de convertirse en candidato a la mismísima Casa Blanca.

En cuanto a Warren, sigue siendo la única persona que ha ganado un Premio Pulitzer en los géneros de ficción y de poesía.

El de ficción lo alcanzó, precisamente por esta novela, un año después de publicarla.

Una década más tarde, en 1957, ganaría su primer Pulitzer de Poesía, al que seguiría un segundo en 1979.

Todos los hombres del Rey” ha dado lugar a dos películas hasta el momento:

- “El político” (1949) logró el Oscar a la mejor película de ese año así como los correspondientes a mejor actor (Broderick Crawford) y mejor actriz de reparto (Mercedes McCambridge). También cosechó una doble nominación para Robert Rossen en su doble faceta de director y adaptador del guión, así como sendas nominaciones para el montaje del film y para John Ireland como mejor actor de reparto.

- “Todos los hombres del Rey” (2006) fue dirigida y guionizada más de medio siglo después por el californiano Steven Zaillian, más conocido por su faceta de guionista (“La lista de Schindler”, “Gangs of New York”, “La intérprete”) que por la de realizador, con apenas tres largometrajes (“En busca de Bobby Fischer” y “Acción civil” son los otros dos), todos ellos con guiones adaptados también por él mismo.

 

LÍNEA ARGUMENTAL DEL FILM

 

El gobernador Willie Stark se dirige en plena noche a la casa del juez Irwin, en compañía de su chófer y guardaespaldas Sugar Boy y de su mano derecha Jack Burden.

Éste intuye que el juez no se asustará fácilmente por su visita -cosa con la que cuenta Stark- y reconocerá que hubiese preferido reunirse con Irwin a plena luz del día.

Sin embargo, la serie de acontecimientos que han desembocado en esta dudosa visita nocturna comenzó a gestarse cinco años antes en Nueva Orleans.

Es entonces cuando tiene lugar el primer encuentro entre el inspector de finanzas Willie Stark y el periodista de “The Chronicle” Jack Burden, ante la atenta mirada de Tiny Duffy, un pez gordo de la política estatal.

 

Todos los hombres del rey Gandolfini

 

Poco después, Jack será enviado por su diario a Mason City para averiguar más acerca de un controvertido personaje que está poniendo nerviosos a los caciques locales; obviamente, se tratará de Stark.

El problema lo ha suscitado la primera escuela construida con ladrillos en todo el Estado de Luisiana pues existen dos ofertas para acometerla: una de 142.000 a cargo de un honesto contratista llamado Jeffers y otra de 175.000 presentada por un turbio personaje apellidado Moore.

Manipulando a los “paletos” del lugar con propaganda racista, los comisionados se decantarán por la oferta más cara pese a que Willie Stark lucha denodadamente por condenar sus sucios manejos, que no tienen otro objeto que repartirse entre los seis los 33.000 dólares de diferencia respecto a la oferta más baja, a razón de 5.500 cada uno.

Lo único que logrará Stark con sus denuncias es ser cesado como inspector de finanzas del condado y que su mujer sea despedida del colegio en el que trabaja como maestra.

Sin embargo, cuando unos meses más tarde tres niños mueren en el colegio, víctimas de la negligencia de los constructores, Jack regresa a Mason City para fotografiar al que considera será el próximo alcalde de la localidad.

También regresa allí Tiny Duffy, quien convencerá a Stark para presentarse no a la alcaldía sino directamente a las elecciones para gobernador del Estado, con lo que logra tentar al activista.

Tras una serie de tibios discursos en otros tantos poblachos, Willie abrirá al fin los ojos, comprendiendo lo que Jack ha sabido desde el principio: que el único objetivo de Duffy es que venza el hombre para el que trabaja: Harrison, el candidato de los ciudadanos.

El objetivo de éste es pues dividir el voto de los pueblerinos entre el candidato principal MacMurfee y los votos que pueda arrancarle Stark, dejando así en bandeja el triunfo a Harrison.

Al día siguiente de su revelación, todo cambiará pues Wilie se saltará el discurso escrito y acusará con vehemencia a los funcionarios de la ciudad de haberle engañado para dividir el “voto paleto”, del mismo modo que a ellos, pueblerinos, les engañan una y mil veces.

Sacará entonces a relucir la muerte de los tres niños en el colegio de su ciudad, construido con ladrillos sucios de corrupción y su mensaje comenzará a prender entre los más humildes, a quienes hará ofertas cada vez más concretas –carreteras, puentes, escuelas-, a la vez que sus amenazas a los poderosos también se hacen más tangibles.

Su estrategia desembocará en la victoria más aplastante de la historia del Estado pero Willie se convertirá en una persona distinta al asumir el poder.

Rodeado por Tiny Duffy y la periodista Sadie Burke, a quienes gana para su causa, también acabará por contratar a Jack Burden.

 

Todos los hombres del rey Jack escribiendo

 

El nuevo gobernador cumplirá escrupulosamente las promesas realizadas a los paletos de Luisiana, a fuerza de enfrentarse a las fuerzas vivas del Estado, que serán quienes tengan que sufragar los enormes gastos de su política social.

Pero la dictadura de Willie Stark acabará siendo como la de cualquier otro cacique, favoreciendo a los amigos y boicoteando a los enemigos, lo que hará planear sobre su cabeza la sombra de una moción de censura que podría acabar con su mandato.

Las declaraciones públicas del juez Irwin, apoyando la investigación de las presuntas prácticas corruptas del gobernador, determinarán la visita nocturna con que da inicio el film.

 

WILLIE STARK VERSIÓN 1 (la ORIGINAL)

 

Cuando Willie Stark es cesado de su modesto cargo al servicio del condado, se ve obligado a ganarse la vida vendiendo productos de limpieza a domicilio.

Así, llamando de puerta en puerta, lo encontrará Jack cuando su jefe en “The Chronicle” lo envíe a averiguar quién es “ese tipo que se cree Jesucristo, bajándose de la Cruz para azotar los mercachifles y expulsarlos de ese garito”.

Stark contará al periodista cómo los comisionados han contrarrestado sus denuncias, dejando caer que Jeffers, el contratista que hizo la oferta más baja, usa mano de obra negra capacitada.

No cuesta nada, una vez puestos los cimientos, sembrar la idea de que los negros ganarán más que los lugareños blancos empujando carretillas y descargando escombros.

La conclusión final es sencilla: “llévese su oferta y haga su colegio negro donde diablos le quepa”. Una forma limpia y elegante de decantarse por la oferta más cara y repartirse los beneficios.

Pese a su despido y al de su esposa, Stark todavía se considerará un tipo con suerte al poder dedicarse a algo en Mason City aunque se trate de la venta a domicilio.

No obstante, será su convicción la que admire al escéptico Jack: “Voy a seguir teniendo fe en el pueblo y ¿sabe por qué? El tiempo pone todas las cosas en su sitio. Mi alma me lo dice”.

Como si de un vaticinio se tratara, no mucho después la portada de “The Chronicle” reflejará con gran tipología: “3 niños mueren en la tragedia del colegio”. La negligencia en la construcción de la escalera de incendios será la causa de dichas muertes.

Jack, que asiste desde lejos al entierro de los pequeños, pedirá a su fotógrafo que le haga una foto a Stark, quien por supuesto asiste al sepelio.

- ¿A quién? –preguntará el reportero sin saber de quién se trata.

- Al futuro alcalde de esta ciudad.

Sin embargo, en la ciudad han maquinado algo más llamativo y Tiny Duffy también se dejará caer por Mason City para calentarle la cabeza a un Willie Stark al que hasta entonces sólo habían considerado alguien insignificante.

Si se presentara a alcalde –razona Duffy-, podría ganar sin tener que levantarse de la cama, con sólo correr la voz de que Stark se enfrentó él solo a los sinvergüenzas que construyeron la escuela, que intentó avisar al pueblo y que hubiese podido salvar a sus hijos de haberle escuchado ellos.

Será entonces cuando Duffy le tiente con la idea de presentarse a gobernador de Luisiana, enfrentándose a Harrison y MacMurfee, los otros candidatos.

El primer discurso de Stark tendrá el candor propio de la inocencia, de la virginidad política y moral: “Me llamo Willie Stark, oriundo de Mason City y estoy encantado de poder hablar con vosotros hoy…

 

Todos los hombres del rey Willile electoral

 

Mientras él habla a los pocos lugareños que se toman la molestia de escucharle, Jack Burden se toma una cerveza en el bar, en el que acabará entrando una afamada colega: la señora Burke.

Jack calificará entonces de “farsa” todo el asunto de Stark, de modo que la periodista le pedirá que la ilustre.

- Harrison es un hombre de ciudad. MacMurfee, un paleto. No del todo pero lo suficiente para que Harrison tema que los paletos no se den cuenta, así que Harrison decide buscar a alguien que divida el voto paleto y se entera de que hay un tipo honesto en Paletolandia donde unos paletillos han muerto en una escalera de incendios que debería haber estado unida al colegio con algo más que saliva, así que envía a su ayudante Tiny Duffy, para que se lo camele. Luego a Sadie Burke para que también se lo camele. Los dos le decís lo bueno que es, cuántas posibilidades tiene de cambiar las cosas en este Estado donde nada cambiará jamás porque a ti, a Tiny y a los demás os importa un bledo que haga el ridículo un hombre.

No es que a Jack le importe mucho pues no piensa hacer nada al respecto salvo quedarse mirando como el que contempla un accidente de tráfico.

 

WILLIE STARK VERSIÓN 2 (la ELECTORAL)

 

Stark se sobrepondrá a su propia inocencia, uniendo las pistas que le da Jack con las que él mismo ha venido advirtiendo.

A estas alturas ya tiene asumido que, por mucho que desee ser gobernador, no va a serlo.

Como consecuencia, acabará concluyendo que no ha sido más que un instrumento para la candidatura de Harrison.

Esa noche se emborrachará hasta la inconsciencia en su compartimento del tren y será Sadie quien lo cuide mientras lamenta, sin que él pueda escucharla, que Willie sea tan estúpido como para haberles hecho el trabajo –y gratis, además- y que ella, que siente cierta ternura hacia el advenedizo, lo haya permitido.

Sin embargo, cuando el tren se detenga a la mañana siguiente en el siguiente pueblo de su itinerario, los asistentes a su discurso se toparán con un Stark muy diferente.

Saltándose el texto escrito, hará entrega del mismo a un intimidado Duffy que, una vez desenmascarado, acabará cayendo con su impoluto traje en el cieno de los cerdos.

A continuación, tirando de labia, Willie llamará la atención de los lugareños sobre los harapos que visten y las penurias que padecen.

Algo, según él, atribuible a quienes viven en la ciudad y se aprovechan de su condición de ignorantes paletos.

Poco a poco, el grupo irá creciendo en tamaño y las gentes se sentirán fascinadas, sucumbiendo al vehemente discurso de Stark, en lugar de sentirse ofendidos por él.

Recordará el candidato la tragedia de los tres niños en su pueblo natal, confesará haber sido utilizado por los mismos que les quitan el dinero de los bolsillos a ellos, tan paletos como él mismo y, en definitiva, anunciará que el resto de su campaña la hará solo, sin ayuda, pues va a ir “a por ellos y con muchas ganas de sangre”.

Sus promesas se irán haciendo más concretas a medida que la campaña avanza: una carretera sobre una ciénaga, un puente sobre el Mississippi “que llevará mi nombre porque yo lo construiré”, colegios en los que los niños paletos tendrán cuadernos, lápices y libros gratis, universidades a las que no sólo vayan los ricos…

- Si no votáis, no importáis y entonces seréis tan ignorantes como dicen los de la ciudad, que os quitan los centavos del bolsillo con un simple “gracias, amigo paleto”.

También sus amenazas se harán más agresivas y la proclama “¡Al garrote!” se convertirá en su grito de guerra.

Allí, al garrote (o “al paredón”) pretenderá conducir a Harrison, a MacMurfee y “a todos los cabrones que pretendan robaros las carreteras, los puentes, las escuelas o la comida que os merecéis”.

Él mismo se ofrecerá personalmente para clavar a esa gente a la puerta de su granero con un gancho.

 

WILLIE STARK VERSIÓN 3 (la DICTATORIAL)

 

Tras arrasar en las elecciones más desiguales de la historia de Luisiana, Willie se enfrentará de forma frontal con la prensa (The Chronicle), las petroleras (la Standard Oil), la vieja guardia del Senado, las clases acomodadas y hasta la judicatura.

Cuando un senador le recrimina que no haya dinero para hacer cuanto ha prometido a los pobres, Stark refuta su afirmación diciendo que hay dinero de sobra: “cada kilovatio sale del río; cada barril de petróleo, de la tierra”.

- Pero eso no le pertenece, señor –se escandalizará el senador.

- Es verdad. Ni tampoco a usted. Ni a ellos. Le pertenece al Estado. ¿Qué tal si el Estado no cobrara sólo el 5% para mis carreteras sino el 100%?

- Está hablando de quitarle el dinero a empresas muy poderosas. No se quedarán de brazos cruzados.

- No tienen el poder. El poder está en manos de los “sin poder” y ellos me lo han entregado a mí –concluirá Willie.

La admiración que Jack comienza a experimentar hacia Stark le supondrá una creciente presión en su periódico, enfrentado desde el principio al nuevo gobernador. Y, aunque no se atreverán a despedir a alguien como él, perteneciente a una de las familias más respetadas de Luisiana, sí acabarán logrando que sea él quien dimita.

Poco tardará Willie en hacerle llamar para ofrecerle un puesto a su lado y su aceptación del mismo causará consternación entre los allegados de Jack: su madre, el juez Irwin, que ha hecho las veces de padre en la vida del muchacho y hasta sus amigos Adam y Anna Stanton, hijos del último gran gobernador de Luisiana.

Todos ellos están escandalizados con la gestión de Stark pues opinan que éste está regalando el Estado y los desgraciados creen ahora que el mundo es gratis.

Ni el propio Burden es consciente de hasta qué punto ha cambiado Willie pero lo irá averiguando a través de las órdenes que recibirá de su nuevo patrón.

 

Todos los hombres del rey Con Jack

 

Una de ellas consistirá en averiguar dónde han encerrado al hijo de cierto senador y la fecha en que se va a celebrar el juicio. La misión de Jack será enviarle discretamente a un abogado que sea bueno pero no cabeza de cartel, a fin de que no puedan relacionar dicha gestión con el gobernador.

El detenido ha apuñalado al hijo de un médico pero a Stark no le importa el quién ni el porqué. Esa corrupción de sus antaño buenas intenciones convencerá a Jack de que ya no existe marcha atrás.

Algo que constatará cuando su jefe le presione para convencer a su viejo amigo Adam Stanton, ahora convertido en médico, de que dirija el nuevo hospital que va a hacer construir. De ese modo, el prestigio del padre del muchacho servirá de pátina para el suyo propio y legitimará sus dictatoriales decisiones.

 

JACK BURDEN

 

Precisamente una reflexión de Burden abrirá el film: «Para encontrar algo, lo que sea –una gran verdad o unas gafas perdidas-, primero debes creer que te servirá de algo encontrarlo. Yo encontré algo hace mucho tiempo y, desde entonces, me he aferrado a ello con uñas y dientes. Ha sido el secreto de mi éxito en la vida. La razón por la que he llegado donde he llegado. La máxima “ojos que no ven, corazón que no siente”. Lo llamaban idealismo en un libro que leí».

 

Todos los hombres del rey Jack Burden

 

Jack es el narrador de la historia. Ésta es vista a través de sus ojos, con su versión y con las connotaciones filosóficas que él le da.

Nacido en el seno de una familia adinerada, su madre se casará cuatro veces (o eso cree recordar él) mientras Jack crece sin otro padre que el juez Irwin, padrino suyo y también de la boda de sus padres. Será Irwin quien le enseñe lo fundamental para comportarse en sociedad, la forma de utilizar una escopeta o la de construir una catapulta.

Sin necesidad de trabajar para vivir, Jack asumirá su empleo en el periódico como un mero entretenimiento desprovisto de verdadera pasión.

Como él mismo admitirá, es amante de lo fácil, por lo que rehuirá los compromisos tanto con personas como con ideales.

Muy a su pesar, eso cambiará cuando entre a formar parte de la órbita del nuevo gobernador. Un hombre a quien conoció siendo insignificante pero íntegro y al que verá siendo devorado por la ambición, la codicia, el despotismo y hasta la lujuria.

Su lealtad será puesta a prueba cuando se le conmine a investigar el pasado del juez Irwin -que ahora lidera una cruzada contra Stark- y a reclutar para la causa del gobernador al sensible y puritano Adam Stanton.

Su segundo padre y su mejor amigo puestos conjuntamente en una balanza que sólo equilibra la figura de Willie.

 

SADIE BURKE

 

Madura pero atractiva, la periodista pasará a formar parte del séquito de Stark cuando éste alcance el puesto de gobernador pero, además de ello, se convertirá en su amante ante la miopía de Lucy, la esposa de Willie.

 

Todos los hombres del rey Burke

 

Como Tiny, también Burke forma parte del complot original contra Willie pero será seducida por la energía oculta y la pasión del político, que la arrastrará junto a él.

Sin embargo, su furia no tendrá límites cuando el gobernador tiene una aventura con una hermosa patinadora.

- ¿Quién ha creado a ese hijo de puta? –preguntará a Burden-, ¿Quién lo ha hecho gobernador? Y va y me pone los dos cuernos. Le mataré.

- No. Los dos cuernos se los pone a Lucy. Hace falta la tabla de multiplicar cuernos para lo que te está haciendo a ti –se ensaña Jack con ella.

- Lucy es una estúpida, es… no sé qué es.

- Su mujer.

- Una cateta con un titulillo de algún antro baptista.

 

 

TINY DUFFY

 

Duffy es un hombre poderoso e influyente (el ayudante de Harrison) en la escena en la que conoce a Willie. Y, desde su altura, se permite el lujo de burlarse sin ambages del pobre miserable que es entonces Stark, un modesto inspector de finanzas del condado.

Cuando le informan de que Willie está casado con una maestra, Duffy bromeará estúpidamente acerca de que éstas “lo tienen todo en el mismo sitio que las otras”.

Stark no le reirá la gracia pero confirmará con gesto serio que así es aunque, cuando Duffy invite a todos a cerveza, él responderá:

- Para mí no, gracias.

- ¿Qué pasa?, se reirá el hombre importante; ¿A la maestrilla no le gusta que beba?

- Mucha gracia no le hace que digamos –reconocerá Willie.

El activista no se dejará pues pisotear por el tipo venido de la ciudad en un cochazo y ataviado con un traje elegante pero sabrá mantener las distancias con alguien que se halla por encima en la cadena alimenticia.

Sin embargo, años más tarde, cuando Duffy ha pasado de ser lacayo de Harrison a lacayo del propio Stark, éste le pisoteará siempre que tiene ocasión, cuestionando su inteligencia y haciéndole sentir como una alfombra bajo sus pies.

 

Todos los hombres del rey Con Tiny

 

Rara vez le dejará finalizar una frase y uno de sus latiguillos habituales consistirá en azuzarle –“cuéntale, Tiny, cuéntale lo que me has contado a mí”- para acabar haciéndolo siempre él mismo.

Tampoco hará el menor esfuerzo por disimular su desprecio cada vez que Duffy hace una sugerencia o expresa una opinión y, cuando se pliegue a sus deseos y reconozca que entiende lo que él pretende, lo más que conseguirá de su jefe será un comentario del tipo “te ha costado, ¿eh?”.

 

LOS STANTON

 

A pesar de la relevancia de sus personajes en la historia, los hermanos Stanton apenas gozan de unos minutos en el film y, en muchos de ellos, aparecen de jóvenes a lo largo de diversos flashbacks que se repiten.

 

Todos los hombres del rey Flashback

 

Hijos del gobernador más amado y respetado en toda la historia de Luisiana, se convertirán en obvio objetivo de Willie Stark pues una alianza tácita con ellos es la única llave que necesita para allanar sus obstáculos. Nadie osará oponérsele si a su fuerza bruta une la fuerza moral del recuerdo del gobernador Stanton.

Adam fue el mejor amigo de Jack pero es evidente que ya no lo es pues ni siquiera se ve con el ex periodista y existe cierta tirantez entre ambos que no acaba de explicarse en ningún momento.

 

Todos los hombres del rey Adam Stanton

 

Además, el chico se ha convertido en un médico de cierto prestigio y se parapeta tras una personalidad obsesiva e introvertida que ni siquiera su hermana es capaz de salvar.

Con Anna las cosas son más claras pues ella fue el primer y único amor de Burden pero, cuando Jack tuvo ocasión de consumarlo, sencillamente renunció a hacerlo, con la excusa de que ello cambiaría el mundo de los dos.

 

Todos los hombres del rey Anna Stanton

 

 

En su ignorancia, un Jack demasiado joven será incapaz de calibrar los cambios mucho mayores que supondrá tomar esa decisión, que pagará durante el resto de su vida.

La secuencia retrospectiva en la que una Anna desnuda y casi aburrida espera a que Jack tome algún tipo de iniciativa deja claro que algo no acaba de encajar en la personalidad del periodista.

Tenemos todo el tiempo del mundo, ¿no?”, le preguntará él sin tocarla, obteniendo el silencio por respuesta.

 

ALGO HUELE A PODRIDO EN LUISIANA

 

La Dinamarca de “Hamlet” o la España de los años 2000 no son los únicos contextos en los que la corrupción política se ha mostrado en toda su podredumbre.

En la Luisiana eminentemente rural de principios del siglo XX, un grupo relativamente reducido de personajes influyentes mantenían en un puño a una población afectada de una aguda ignorancia.

No sólo la escolarización se mantenía en cotas alarmantemente bajas sino que el acceso a la universidad estaba virtualmente vetado a la gente sin ingresos, lo cual redundaba en beneficio de las familias influyentes, destinadas a perpetuarse en todos los niveles del poder.

Las infraestructuras eran muy deficitarias y el aislamiento de quienes vivían en zonas pantanosas o alejadas de la única metrópolis de la época resultaban casi absolutas debido a la ausencia de carreteras asfaltadas o de puentes que salvaran los obstáculos acuáticos.

En ese contexto, las “mordidas” por realizar cualquier tipo de actividad al teórico servicio de la comunidad están a la orden del día.

Es imposible ganar un concurso para la adjudicación de cualquier tipo de obra si no se es amigo de quienes han de adjudicarla, de modo que entre los cargos públicos y sus amigos se reparten los beneficios, inflando los presupuestos. Algo que nos resulta dolorosamente familiar a los españoles actuales.

 

Todos los hombres del rey Discurso duro

 

El símil que utilizará el gobernador Willie Stark en sus cada vez más encendidos discursos, mientras se cierne sobre él la alargada sombra de una moción de censura, no puede ser más significativo pues negará que quiera participar de la mesa de los poderosos, a quienes invita a comer hasta hartarse pero, eso sí,

Lo que quede en la mesa cuando ya no podáis comer más ni queriendo, dejadlo ahí porque es para nosotros. Y por eso quieren acabar conmigo: por coger las migajas que sobran de la mesa y usarlas para entregaros algo a vosotros. Por construir 3.000 millas de carreteras asfaltadas, 111 puentes, 208 colegios y 60.000 puestos de trabajo”.

Pero el gobernador –Willie o Huey, según queramos- va más lejos: no basta con dar de comer a los necesitados y disfrazarlo de un “es bueno para todos y, casualmente, también lo es para mí” sino que su deseo de perpetuarse tanto en el poder como en la memoria colectiva se ve en lo pequeño y en lo grande.

Sus órdenes han de ser cumplidas a rajatabla, su perspectiva es indefectiblemente la correcta, sus decisiones son siempre las mejores posibles y nadie tiene derecho a interponerse entre él y sus objetivos.

Por otra parte, no todas las grandes obras serán realizadas para el pueblo; algunas llevan el sello personal de un megalómano, como el Capitolio que hará erigir en Baton Rouge para constituir la sede de un Gobierno que se resumen en su persona.

Dicho Capitolio, desde cuya escalinata pronunciará sus discursos más encendidos, sería uno de los escenarios escogidos por el equipo para rodar.

No sólo su espectacular exterior sino también sus grandes salas interiores de paredes de mármol e incluso el despacho de la gobernadora, que colaboró generosamente prestándolo durante un par de semanas.

De hecho, la totalidad del rodaje tuvo lugar en Luisiana, reproduciendo con mimo los ambientes y escenarios que vieron discurrir la historia verdadera: plantaciones, pantanos, haciendas y también casas y tierras humildes cuando no directamente pobres.

 

UN REPARTO A LA ALTURA

 

Si siempre resulta complicado afrontar el rodaje de un remake, la dificultad se multiplica cuando la película original ha sido objeto de un gran reconocimiento, como es el caso.

Tres Oscars para un total de seis nominaciones constituyen un reto considerable incluso cuando uno se rodea de un reparto tan espectacular como el de “Todos los hombres del rey”, un excelente film que sin embargo no ha hecho olvidar a su predecesor y sólo puede alardear de una buena acogida entre el público pero no, en cambio, de reconocimiento alguno por parte de la Academia.

SEAN PENN interpreta al gobernador Willie Stark con un genio interpretativo al alcance de muy pocos. A través de sus miradas, de sus gestos, de la forma de expresarse tanto en sus discursos como en sus conversaciones íntimas veremos transformarse al hombre íntegro en corrupto, al idealista en déspota, al marido enamorado en adúltero rijoso, al hombre honesto en desalmado…

 

Todos los hombres del rey Sean Penn

 

El californiano ya era un actor veterano y maduro a sus 46 años y atesoraba una amplia experiencia repleta de papeles de todos los tenores, repartidos en producciones de lo más diverso. También acumulaba cuatro nominaciones y un Oscar al Mejor Actor, al que se uniría una segunda estatuilla apenas tres años después de trabajar a las órdenes de Zaillian.

Ahora cuesta creer que las primeras apariciones de Penn frente a una pantalla –en este caso, pequeña- fuesen en la televisiva y lacrimógena “La casa de la pradera” pero así fue.

Taps: más allá del honor”, “Bad boys”, “Colors: Colores de guerra”, “Corazones de hierro”, “El clan de los irlandeses”, “Pena de muerte”, “Giro al infierno”, “The Game”, “La delgada línea roja”, “Acordes y desacuerdos”, “Antes que anochezca”, “21 gramos”, “Mystic Rivers”, “La intérprete”…

Penn ha rodado con algunos de los más grandes –Clint Eastwood, Woody Allen, Brian de Palma, Oliver Stone, Kathryn Bigelow, Sydney Pollak, Barry Levinson, Paolo Sorrentino, Terrence Malick, Gus Van Sant o el mismísimo Alejandro González Iñárritu- y, en ese tiempo, además de verse envuelto en acusaciones por presuntos maltratos no probados o amistades peligrosas con narcos mexicanos, también ha tenido ocasión de pasarse al otro lado de la cámara.

Como director, no obstante, su bagaje es mucho más modesto, con apenas cinco largometrajes: “Extraño vínculo de sangre”, “Cruzando la oscuridad”, “El juramento”, “Hacia rutas salvajes” y “The last face”.

JUDE LAW, por su parte encarna con considerable encanto el personaje de Jack Burden, al que aporta las necesarias dosis de cinismo y ambigüedad que precisa.

 

Todos los hombres del rey Jack 2

 

El camaleónico estilo del actor londinense le permite interpretar con la misma soltura a un hombre de clase alta que a un golfillo, lo que le ha sido de mucha utilidad en su variopinta carrera aunque en ella predominan los roles elegantes con un toque canalla. Algo que evidencia en los remakes de “Alfie” o “La huella”, sin ir más lejos.

Gattaca”, “Medianoche en el jardín del bien y del mal”, “El talento de Mr. Ripley”, “A.I. Inteligencia artificial”, “Enemigo a las puertas”, “Camino a la perdición”, “Cold Mountain”, “Closer”, “The Holiday”, “My blueberry nights” o las dos entregas del “Sherlock Holmes” protagonizado por Robert Downey Jr. son algunos de los títulos que jalonan dicha carrera.

Otro británico, el galés ANTHONY HOPKINS, otorgará su prestancia al Juez Irwin, un personaje con más peso específico del que se deduce de su modesta presencia en pantalla.

 

Todos los hombres del rey Anthony Hopkins

 

Hopkins, uno de los mejores actores británicos del último medio siglo, cuenta con una deslumbrante nómina de éxitos: “El león en invierno”, “Casa de muñecas”, “Un puente lejano”, “El silencio de los corderos”, “Chaplin”, “Regreso a Howards End”, “Drácula de Bram Stoker”, “Tierras de penumbra”, “Lo que queda del día”, “Leyendas de pasión”, “La máscara del Zorro”, “¿Conoces a Joe Black?”, “Conocerás al hombre de tus sueños”, “Hitchcock” o las dos entregas de “Thor”.

Sus mayores logros, sin embargo, se circunscriben a la década de los noventa, con cuatro nominaciones a los Oscar, de los que se alzó con uno.

Siguiendo con la nómina de ilustres, KATE WINSLET hará las veces de Anna Stanton, el amor platónico de Jack, con una mezcla de dura sofisticación y distante indolencia que le van muy bien al personaje.

 

Todos los hombres del rey Willie y Anna

 

La Winslet, poco menos que descubierta por Peter Jackson en “Criaturas celestiales”, acumula ya siete nominaciones a los Oscar y posee una estatuilla.

Algunos de sus trabajos más destacados los realizó para “Sentido y sensibilidad”, “Jude”, “Hamlet” (de Keneth Branagh), “Titanic”, “Quills”, “La vida de David Gale”, “Descubriendo nunca jamás”, “¡Olvídate de mí!”, “Juegos secretos”, “The Holiday” o “El lector” y actualmente participa de la discreta saga “Divergente”.

Su hermano en la ficción, Adam Stanton, está interpretado por MARK RUFFALO, el “increíble Hulk” de la saga de Marvel “Los vengadores”.

 

Todos los hombres del rey Mark Ruffalo

 

Anteriormente se le había visto también en films como “Puedes contar conmigo”, “Mi vida sin mí” (de Isabel Coixet), “Collateral”, “¡Olvídate de mí!” (donde coincidía con Kate Winslet), “Zodiac”, “Shutter Island”, “Ahora me ves” o la recientemente oscarizada “Spotlight”.

Por último, el papel de Tiny Duffy está interpretado por “Tony Soprano”, es decir, el recientemente fallecido (en 2013) JAMES GANDOLFINI.

 

Todos los hombres del rey Gandolfini 2

 

El actor italoamericano de New Jersey comenzó a hacerse popular con títulos como “Amor a quemarropa” o “Angie” pero luego su carrera escapó con cierta habilidad del encasillamiento al que podía haberle conducido su peculiar físico y se implicó en proyectos tan diversos e interesantes como “Marea roja”, “Cómo conquistar Hollywood”, “La noche cae sobre Manhattan”, “Fallen”, “El hombre que nunca estuvo allí” o “La noche más oscura”, donde encarna al director de la mismísima CIA.

 

HUEY P. LONG, EL HOMBRE

 

La novela de Robert Penn Warren que sirve de base a sus dos adaptaciones cinematográficas está más que inspirada en la figura de Huey Pierce Long, nacido en 1893 y fallecido prematuramente y de forma violenta en 1935.

Gran orador y hábil estratega, el gobernador de Luisiana fue también controvertido y extremista.

 

Todos los hombres del rey Huey Long

 

Llegó a Senador de los Estados Unidos y estuvo a punto de convertirse en candidato a la presidencia del país de no mediar su asesinato.

Sigue siendo una figura muy recordada pese a haber transcurrido casi un siglo desde su desaparición pero las dos preguntas que subyacen en el subconsciente colectivo son: ¿resultó bueno para Luisiana? y ¿era corrupto y sobrepasó sus límites? A ambas preguntas habría que responder con un rotundo “sí”.

Antes de su llegada, el Estado no era dirigido por los políticos sino por los banqueros y los empresarios de la ciudad (Nueva Orleans), en armoniosa unión con los ricos plantadores del Delta del Mississippi.

Paso a paso, Long fue escalando posiciones dentro del sistema: de comisario de ferrocarriles pasó a gobernador y de ahí a senador.

Es cierto que construyó los puentes, carreteras, escuelas, hospitales y universidades que prometió y también proporcionó una educación pública y material escolar gratuito a los menos favorecidos.

Incluso contrató para la Universidad Estatal de Luisiana (la LSU), con sede en Baton Rouge, a los mejores profesores. Curiosamente, entre los contratados para el Departamento de Inglés se encontraba el mismísimo Robert Penn Warren, que luego escribiría “Todos los hombres del rey”, inspirándose en su contratador.

Huey Long fue un líder político extremadamente poderoso y tuvo muchos enemigos.

La Cámara quiso destituirlo y fue acusado de malversación de fondos, de adquisiciones ilegales y de dar trato preferente a sus amigos, por lo que fue llevado a juicio.

Dándoles la razón a sus acusadores, hizo tratos con casi una veintena de senadores a los que sobornó, logrando ser declarado inocente por un solo voto de diferencia, lo que le permitió conservar el cargo.

Una de las razones por las que se presentó a senador fue que en Luisiana no se permitía la renovación de mandato a los gobernadores, de modo que dejó a un lacayo suyo al marcharse para poder seguir dirigiendo el Estado.

Usando medios legales y constitucionales, Huey ejerció una auténtica dictadura en Luisiana, boicoteando las votaciones adversas hasta lograr sus objetivos.

Por lo que se dice, llegaba al extremo de cortar la luz cuando el panel de votos le era desfavorable y mandaba entonces a sus hombres a hacer cambiar de opinión a quienes habían votado en contra suya.

Quería sustituir a Roosevelt como Presidente de Estados Unidos, para lo cual propuso su plan Share Our Wealth, que disparó su popularidad en el país tras la crisis del 29.

En 1935, sin embargo, una corriente de honrados ciudadanos comenzó a hablar abiertamente de la necesidad de matar a Huey Long. Él era consciente de ello y se rodeaba de casi una decena de guardaespaldas.

El día que sería asesinado salió de la sala tras haber estado discutiendo asuntos legislativos con el Presidente del Senado. Uno de sus guardaespaldas fue a por el coche y, mientras él salía, el doctor Carl Weiss se acercó a Long.

Parecía que iba a estrecharle la mano pero, finalmente, farfulló unas palabras y comenzó a dispararle.

Los guardaespaldas del senador destrozaron al médico a tiros pero ya era demasiado tarde para Huey P. Long.

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