EL CIUDADANO ILUSTRE

Un Premio Nobel en la Argentina profunda

 
El ciudadano ilustre Premio Nobel
 

 

DE RIGUROSO ESTRENO

 

No suelo ocuparme de las películas que todavía están en cartelera debido a la lógica necesidad de un tiempo de procesamiento pero es evidente que voy a hacer una excepción en este caso ya que, además, el film se encuentra todavía en su primera semana de exhibición en nuestro país.

Las razones para ello estriban tanto en la magnífica impresión que me ha dejado este cuarto trabajo de la dupla formada por Mariano Cohn y Gastón Duprat como por su feliz coincidencia con la inminente publicación, en este mismo blog, de un doble artículo dedicado al cine argentino, para el cual “El ciudadano ilustre” constituirá un perfecto broche final.

 

PLANTEAMIENTO ARGUMENTAL

 

Daniel Mantovani es un escritor argentino que reside en Europa desde hace más de tres décadas.

Convertido en celebridad tras la obtención del Premio Nobel de Literatura, el intelectual vive recluido en Barcelona, desde donde rechaza de forma sistemática la mayor parte de las muchas propuestas que recibe para presidir actos u honrar con su presencia todo tipo de acontecimientos.

Reunido con su secretaria Nuria y después de declinar otros tantos ofrecimientos, una invitación suscitará su curiosidad; se trata de una misiva que llega desde Salas, su pueblo natal, en la que le informan de que ha sido nombrado “ciudadano ilustre” de la localidad y la intendencia le ruega su asistencia al entrañable acto.

 

El ciudadano ilustre Secretaria

 

Aunque en principio la invitación le resulta sencillamente simpática, sin que ello le suponga la menor intención de aceptarla, lo cierto es que una suerte de añoranza –sentimiento que no le ha asaltado durante años- se irá abriendo paso hasta convencer a Daniel de anular toda su agenda de la semana siguiente y acceder a la petición de sus paisanos.

 

DANIEL MANTOVANI

 

- Dos sensaciones encontradas me invaden al recibir el Premio Nobel de Literatura. Por un lado me siento halagado. Muy halagado. Pero por otro lado –y ésta es la amarga sensación que prevalece en mí- tengo la convicción de que éste tipo de reconocimiento unánime tiene que ver directa e inequívocamente con el ocaso de un artista. Este galardón revela que mi obra coincide con los gustos y las necesidades de jurados, especialistas, académicos y reyes. Evidentemente, yo soy el artista más cómodo para ustedes. Y esa comodidad tiene muy poco que ver con el espíritu que debe tener todo hecho artístico. El artista debe interpelar, debe sacudir. Por eso, mi pesar por mi canonización terminal como artista. La más persistente de las pasiones, sin embargo, el mero orgullo, me impulsa hipócritamente a agradecerles por haber dictaminado el fin de mi aventura creativa. Pero, por favor, no quiero que por esto interpreten que los estoy responsabilizando a ustedes. Nada más lejos. Aquí hay un único responsable y ese soy yo. Muchas gracias.

 

El ciudadano ilustre Entrega del Nobel

 

Con este inclasificable discurso aceptará Daniel Mantovani el Nobel de Literatura ante los monarcas suecos y ante una concurrencia que quedará muda con sus palabras.

Los aplausos tardarán en llegar tras un tenso silencio pero serán atronadores y, mientras la gente se levanta de sus asientos para aplaudirle, el escritor logrará incluso sonreír.

El protagonista absoluto de esta historia es un hombre elegante, educado, erudito y dotado de una cierta integridad.

Celoso de su intimidad y poco amante de las efusiones sentimentales, Daniel es una persona solitaria que atraviesa una crisis existencial, se ve incapaz de volver a escribir y, en realidad, reniega de sus raíces. Tanto como para afirmar que lo único que ha hecho en su vida es “marcharse de Salas” aunque su obra no sea capaz de separarse de los años que vivió allí.

Él será el primero en sorprenderse ante su propia reacción cuando es invitado a regresar al pueblo para recibir un homenaje. No será, sin embargo, la única contradicción de que hará gala.

Tal como veíamos que es capaz de acusar a los patrocinadores del Premio Nobel de estar utilizándole para finalmente aceptar el galardón e incluso asumir su culpabilidad, le veremos más tarde negarse a ser una deidad que decide el destino de los menos favorecidos para acabar retractándose y ayudar a quienes había negado dicha ayuda.

Por otra parte y pese a ser argentino, de sus labios nunca saldrá un símil futbolístico y, además de ello, es manifiestamente anti-religioso aunque profese la misma nacionalidad que el mismísimo Papa.

Las únicas concesiones que hará a su argentinidad serán la alabanza del asado y una breve degustación del mate que le ofrece un viejo paisano.

Sin embargo, como han apuntado algunos detractores, incluso el asado resulta heterodoxo en el film por la elección que hará su amigo Antonio de unas cabezas de cordero.

 

El ciudadano ilustre Cabezas de cordero

 

Firme en sus convicciones y poco proclive a mantenerlas de forma agresiva, Mantovani tampoco se arredrará cuando se vea obligado a defenderse en tales términos.

En ese sentido no cabe tacharlo de cobarde cuando se agache frente a una lluvia de huevos pues, si bien no responde físicamente a la violencia, tampoco se achantará ante ella ni dejará de decir lo que piensa aunque ello suponga tachar de hipócrita o ignorante a un auditorio hostil.

En su natural comedimiento, que tan sólo abandona por mor de las circunstancias –afeando la extorsión emocional que le hace el padre que le pide una cara silla de ruedas para su hijo o rechazando airadamente las quejas del paisano que pretende obligarle a comer en su casa-, únicamente sorprenderá el tono rijoso que adopta con Antonio después de que éste haya hecho una demostración de dudoso gusto dando un morreo a su mujer en plena cena.

En un aparte entre los dos hombres, Daniel parecerá sentirse obligado a reafirmar su masculinidad, describiendo entonces con cierta crudeza a la joven que se le metió en la cama la noche anterior.

- Le abro la puerta y la veo. Una chica hermosa, era casi una nena pero con una actitud muy de puta, muy decidida. Se metió en la habitación, una “lumi” profesional, desinhibida, guarra, dispuesta a todo. La pendeja estaba decidida.

 
LA LLEGADA

 

La primera sorpresa vendrá determinada por el modesto vehículo que la intendencia de Salas ha puesto a disposición del escritor y con el que tendrá que cubrir los más de 700 kilómetros que separan el pueblo del aeropuerto de Buenos Aires.

La rudimentaria simpleza del conductor y su absoluta falta de modales constituirán también un motivo de asombro para el artista, acostumbrado al oropel de las recepciones multitudinarias y de la adulación generalizada.

Para más inri, la elección de un improvisado atajo y un inoportuno reventón que revelará la carencia de una rueda de recambio dejará al escritor y a su chófer tirados en medio de ninguna parte.

Ello permitirá que, a la luz de una precaria hoguera, el hombre pida a su ilustre interlocutor que le cuente un cuento. Así lo hará el recién llegado aunque, para frustración suya, sus evidentes dotes de narrador caerán en suelo yermo.

Por fortuna la pareja será prontamente rescatada y el Premio Nobel instalado en un modesto hotel que le traerá reminiscencias de la Rumanía más atrasada.

 
UN PUEBLO EXPECTANTE

 

Aunque la sensación inicial es de cierta indiferencia, Daniel no tardará en comprobar que, bajo esa aparente quietud, todo el mundo es muy consciente de su llegada y, de hecho, siguen hasta el menor de sus movimientos.

Algunos vecinos de Salas se limitarán a seguirle discretamente con la mirada pero otros formarán espontáneamente una informal comitiva que le persigue en silencio por la calle, algo muy habitual en las poblaciones minúsculas cuando hay algún acontecimiento que concita la presencia de forasteros.

Los más insolentes se dedicarán incluso a tomar a Mantovani una fotografía tras otra con ayuda de sus móviles, insistiendo con grosera persistencia y sin pedirle permiso alguno.

La expectación existente se hará patente en el lleno a rebosar que contempla la sala en la que el alcalde presenta por primera vez a la celebridad local y se apunta la primera medalla por el éxito de su ambiciosa gestión.

 

El ciudadano ilustre Premio Ilustre

 

No faltarán, sin embargo, quienes hagan caso omiso a la presencia del escritor entre ellos. Como el barbero que sorprende a Daniel contemplando la que antaño fue la casa de sus padres y, por tanto, su hogar.

El intento del “forastero” por explicar su interés hacia la barbería será cortado con un seco “está cerrado” que no admitirá interpretaciones.

Lo que definitivamente se echa en falta es el cariño en la recepción de que se hace objeto a la ilustre visita. Se hace alarde de cierta humildad pero, en ningún caso, se le ofrece ningún tipo de calor.

 

NADIE ES PROFETA EN SU TIERRA

 

Resulta curioso escuchar de labios del intendente que Argentina siente orgullo por sus grandes hombres y grandes nombres: ”Diego (Maradona), el Papa, la Reina de Holanda, Messi… y ahora vos, querido Daniel”.

Porque lo cierto es que desde que Jesucristo fue crucificado por los mismos que antes le veneraran, el fenómeno se ha repetido hasta la saciedad en todos los rincones del mundo conocido y, desde luego, dista mucho de ser un problema exclusivamente argentino.

Sin ir más lejos, España es un buen ejemplo de lo que significa elevar a alguien a los altares para vilipendiarlo a renglón seguido y poco menos que sepultarlo vivo.

El caso particular de Argentina, un país en el que el fútbol alcanza rango de religión, podría acuñarse, en todo caso, como el “efecto Messi”.

La cuestión es que en el país sudamericano no sólo se minimizan los éxitos obtenidos por su compatriota en Europa sino que la falta de brillantez que suele acompañar a las actuaciones de Leo cuando representa a Argentina es interpretado por muchos como desarraigo, ingratitud o simple europeización (tomado el término de forma obviamente peyorativa).

Es exactamente lo que achacará Florencio Romero al escritor, residente para más inri en la misma Barcelona que Messi.

Según el punto de vista de Romero –un punto de vista un tanto extremado aunque pueda tener su dosis de razón-, debería ser la propia Europa quien premiase a Mantovani y no aquéllos a quienes supuestamente vilipendia en sus novelas.

De todos modos, lo que se hace más que evidente desde la llegada del escritor a su pueblo natal es que su visita va a tener poco de bucólica o placentera pues, bajo la aparente cordialidad con que es acogido en primera instancia, subyace todo un mundo de pasiones soterradas y de supuestos agravios infligidos.

Ello se hará especialmente patente durante la última de las clases programadas por la intendencia de Salas para el ilustre ciudadano, ya que a ella apenas acudirán cinco personas, en contraste con la aglomeración de la primera convocatoria.

La razón más ostensible es que para entonces ya ha calado el mensaje de desprestigio urdido por Romero, de modo que quien más quien menos ha empezado a ver a su flamante paisano como a un intruso, un extraño desnaturalizado que paga con desprecio el honor de haber nacido entre ellos.

De todos modos, por aquello de que no todo es blanco o negro, también podría alegarse cierto desprecio del intelectual hacia una realidad a la que generalmente examina desde lo alto de su torre de marfil, sin descender nunca al barro en que se mueve el pueblo llano.

 

EL INTENDENTE

 

Fiel reflejo de la política que se practica en cualquier lugar del mundo, el intendente de Salas, que será el encargado de recibir al escritor y de pedirle disculpas por su accidentada llegada, no tardará en intentar sacar rédito de la presencia del Nobel.

 

El ciudadano ilustre El intendente

 

Amparado en su propio éxito personal, al haber convencido a la celebridad de regresar al pueblo que le vio nacer, no sólo se dedicará a agasajarlo sino que se mostrará dispuesto a acatar todas las exigencias del escritor que le ha hecho llegar la secretaria de éste.

No han conseguido el colchón de látex –confesará el intendente- pero sí la fruta y la verdura frescas que Nuria considera innegociables.

Más flexible se mostrará Daniel en lo que concierne a su filosofía habitual de no conceder entrevistas ni permitir fotografías.

En cualquier caso, no habrá de pasar mucho tiempo para que se evidencie la instrumentalización que el político local pretende hacer de la visita del genio.

Nombrado presidente del jurado que debe fallar el premio de un certamen pictórico, Mantovani comprobará con estupor que sus decisiones de excluir las obras a concurso presentadas por algunos “notables” del pueblo son desatendidas y su “cómplice” en las conclusiones destituido de forma fulminante no ya del jurado sino de la propia intendencia.

La aparente bonhomía del intendente y su pretendida llaneza, al atribuir modestamente el logro de la ilustre visita no a sus gestiones personales sino a un triunfo de la gente normal y trabajadora, quedarán en entredicho con sus sucios manejos al servicio de los poderes fácticos del pueblo.

De todos modos, cabe reconocerle al intendente su buen “saber perder” pues, una vez Mantovani le desnuda metafóricamente ante todo el pueblo, no osará hacer réplica alguna en su propia defensa, limitándose a guardar silencio con cara de circunstancias.

 

EL AMIGO

 

Antonio, un hombretón que todavía le recuerda como el “Tití” que corría en bicicleta por las calles de Salas, se fundirá con él en un abrazo pese a la poca inclinación de Mantovani hacia este tipo de efusiones.

 

El ciudadano ilustre Antonio y Daniel

 

Su amigo sobresale entre la gente del pueblo porque vive en una mansión, conduce un flamante 4x4 y está casado con Irene, la que fue novia de Daniel hasta que él abandonó el pueblo para escapar a Europa.

Tras recordar brevemente aquellos años de la infancia, Antonio se apresurará a decirle lo que verdaderamente desea que asuma el escritor; es decir, que tras su marcha él fue quien conquistó a Irene, su amor de juventud.

A lo largo de los días que Daniel permanece en Salas, su amigo no dejará de jactarse de tal circunstancia y de lo orgulloso que se siente de “su posesión”.

Su ominosa actitud hacia su esposa, sobre todo en presencia del escritor, cobrará tintes aún más reprobables cuando el individuo no tenga ningún empacho en confesar que se acuesta desde hace años con las prostitutas del sórdido club del pueblo.

Eso y los tintes psicopáticos que el personaje va mostrando a medida que avanza la historia desmentirá con contundencia cualquier impresión inicial de afabilidad que hubiese podido proyectar al inicio.

 

LA EX-NOVIA

 

Mujer inteligente y comprometida con la enseñanza de los niños más desfavorecidos –“los hijos de los peones”-, Irene personaliza a la perfección el resentimiento y la envidia que, en realidad, todo el pueblo alberga hacia quien prosperó y logró salir de allí.

 

El ciudadano ilustre Irene y Daniel

 

Probablemente ella con más razón que los demás habitantes del pueblo pues quedó atrás, rehén de una forma de vida propia de la Argentina más profunda, que sería igual de insondable de estar ubicado el lugar en Estados Unidos, en Italia o en la mismísima España, donde no cuesta esfuerzo alguno imaginar una situación similar.

Aunque ha seguido desde la distancia la fulgurante carrera literaria de Daniel, se advierte desde su reencuentro con él una acusación nada velada: la de haber sido abandonada y arrojada en los brazos de ese hombre brutal, putero y pueblerino que es en realidad Antonio, por quien ella está claramente sometida.

La mayor preocupación de Irene, de hecho, parece ser el menosprecio que cree advertir incluso en los comentarios más inocentes del por otra parte mordaz Daniel. Como si en cada una de las manifestaciones del escritor detectase una suerte de condescendencia hacia ella y hacia su entorno, que un día fue el de ambos.

 

LA JOVEN

 

Entre los numerosos asistentes a la primera de las clases públicas que la intendencia ha programado para Daniel destacará una joven muy guapa y de aire descarado que luce un piercing muy sexy en la nariz.

 

El ciudadano ilustre Julia

 

Lejos de contribuir a la adoración apesebrada que parece presidir la clase, la chica –de quien más tarde averiguaremos que se llama Julia- preguntará al Nobel sin la menor timidez “si es verdad que la infelicidad es el mejor estado para la creación artística”.

Dado que el escritor se mostrará disconforme con dicha tesis, citando una vez más a su admirado Jorge Luis Borges como ejemplo de gran artista con una vida apacible y no atormentada, Julia le acusará directamente de haber declarado justo lo contrario en un reportaje. Es decir, que los países con mayor bienestar tienen una producción artística menos interesante.

El artista negará haber hecho jamás semejante declaración, justo antes de dar por finalizada la clase.

Más tarde, sin embargo, la joven aparecerá en la puerta de la habitación de Daniel en el hotel, armada con un libro del propio Mantovani, en el que éste literalmente afirma: “La democracia y la felicidad producen una literatura mediocre y sin vuelo. La gran literatura aparece en comunidades injustas y violentas”.

Obligado a retractarse, su rendición supondrá que la chica le coma la boca en el mismo descansillo, lo que en principio molestará al maduro escritor.

- ¿Qué te pasa, nena? Me parece que estás un poco confundida. No hace falta que te explique que puedo ser tu padre, ¿no?

Ese malestar parecerá haberse disipado por completo mientras Daniel contempla el bello cuerpo desnudo de la chica mientras ella come una pizza sobre su cama, en tanto que él anula por teléfono la cita que tenía para cenar. Alegará para ello un inexistente dolor de cabeza que provocará las risas de ella.

Sin embargo, la filiación de la joven, con la que Mantovani pasará toda la noche, tendrá sus repercusiones. Y no sólo por el hecho de que Julia tenga novio aunque éste sea un patán incapaz de articular otro sonido que su particular imitación del bramido del cerdo salvaje.

 

EL ENEMIGO

 

El “doctor” Florencio Romero, pomposo título atribuido al presidente de la AAPS –o Asociación de Artistas Plásticos de Salas- reúne en sí mismo la llamativa dicotomía del energúmeno ilustrado.

Acostumbrado a salirse con la suya, sólo hará acto de presencia una vez que Mantovani excluye su cuadro del concurso.

Ahí sí hará gala el “doctor” de su profundo resentimiento y del candente odio que siente hacia un hombre que ha triunfado en la lejana Europa pues, en su opinión, lo ha hecho a base de denostar literariamente a su tierra.

Además de constituirse desde ese momento en una amenaza latente –amenaza que no mitiga demasiado su airada advertencia de que no piensa ponerle la mano encima-, su ya declarado enemigo llegará a interrumpir la segunda de las clases de Mantovani para leer unos pasajes de una de las novelas del Nobel, titulada “El gigante de arena”, tras lo cual sentenciará:

- No hace otra cosa que tratarnos como la peor basura. Por algo no volvió nunca a su pueblo. Toda la obra de este millonario está montada sobre la calumnia a su propia comunidad. Si eso no es ser una rata, la verdad es que yo no sé lo que es. Vos sois un sirviente de lujo de los europeos, un bufón de los europeos. No tenés conciencia de tu pertenencia. Sos un desclasado.

De nada servirá que Daniel insista en que lo que escribe es ficción pues Romero que aunque es una persona instruida también es obstinado como sólo puede serlo un ignorante, no acepta ninguna dialéctica.

Ha sido ofendido en su orgullo por un tipo al que no respeta ni como persona ni como creador, por lo que se empecinará en humillarlo ante un auditorio que, en realidad (y ahí sí está en lo cierto el vehemente doctor) no conoce a Mantovani ni ha leído su obra.

 

SALAS, EL PUEBLO

 

Por supuesto, esta población no existe realmente aunque ello no importe demasiado pues no cuesta ningún esfuerzo identificarlo con cualquier población rural de pequeño tamaño y alejada de los usos urbanos.

Las casas, las calles, el árido entorno, no tienen nada de particular pero sí dan la sensación de aislamiento y de atemporalidad. No obstante, algunos han querido ver en su retrato el microclima pueblerino propio de la llamada “Pampa húmeda”.

En cuanto al retrato que se hace de la forma de vida de sus habitantes tiene una correspondencia tan exacta o inexacta como se pretenda pero en ningún caso se ha de olvidar –como reitera el propio Mantovani- que, aunque se nutra de la realidad, estamos hablando de ficción, de creación artística.

No parece, en todo caso, de que se hayan cagado las tintas en exceso pues, con frecuencia, los lugares aislados tienden a suscitar entre sus paisanos reacciones comunitarias extemporáneas y, en ocasiones, desproporcionadas y agresivas.

Entre ellas el recelo hacia lo que llega de fuera y la desconfianza generalizada hacia los recién llegados. Máxime si se trata de “descastados” que regresan tras haber abandonado el pueblo.

Y es que por mucho que internet o los medios de comunicación faciliten una imagen de uniformidad universal, cada ambiente tiene sus propios tics sociales, con independencia de que los personajes del film estén bastante estereotipados para dar forma a la acción.

 

DE LO CÓMICO A LO SINIESTRO

 

Uno de los aciertos principales del film estriba en la progresiva transformación de su atmósfera.

Comienza ésta siendo solmena, durante la ceremonia de entrega del Premio Nobel aunque el discurso de Mantovani resulte un tanto áspero, consecuencia de su escaso apego a la monarquía que preside el acto.

Más tarde, a la llegada del escritor a Argentina, se torna simpática y hasta cómica cuando asistimos a la exhibición de malos modales de que hace gala el conductor que ha de llevarle hasta Salas.

En su población natal, el protagonista –y el espectador con él- conocerá momentos de expectación (el reencuentro con la ex novia); de erotismo (la aparición de la joven en su habitación); de incomodidad (la invitación a comer del pesado que ha creído reconocer a su padre en uno de los personajes de Mantovani); de desasosiego (la desabrida reacción del “doctor” tras la exclusión de su cuadro); y hasta de tensión cuando el clima de violencia latente crezca hasta constituir una amenaza tangible.

En ese sentido, el procedimiento recordará al utilizado por Stephen King en sus novelas de terror, cuando la atmósfera cotidiana se ve asaltada de repente por la irrupción del horror en medio de la normalidad.

 

El ciudadano ilustre Sube al coche

 

La trama del film y su atmósfera refieren mucho más al clima de “Perros de paja” de Sam Peckinpah que al “Volver a empezar” de José Luis Garci, en la que precisamente un Premio Nobel afincado en Estados Unidos visitaba su Gijón natal en la última fase de su vida.

Llegados a cierto punto, el ambiente se enrarecerá de tal modo y la atmósfera se tornará tan crispada e irrespirable que no sólo Daniel estará deseando marcharse a toda prisa sino que su necesidad de huida será compartida por el espectador, ya que el protagonista habrá pasado de ser el héroe a ser el enemigo número 1.

La transformación de la historia amable que parecía ser al inicio –un relato apacible sobre el regreso de un artista a sus raíces- en el thriller de tensión insoportable en que acaba convirtiéndose es sólo una de las muchas cartas que juega el guión.

Las otras son la construcción de su sólido personaje protagonista, la notable labor de empatía a que se conduce al espectador y la acertada caracterización de los principales personajes de la historia por muy estereotipados que acaben siendo.

Ello aunque en algunos momentos se roce lo grotesco como en la escena del conductor defecando a pocos metros de donde el escritor se tapa los ojos horrorizado o de la secuencia en la que Antonio baila de forma estrambótica en el puticlub local.

 

El ciudadano ilustre Baile de Antonio

 

El guión, por cierto, corre a cargo de Andrés Duprat, hermano de uno de los directores y actual director del Museo de Bellas Artes de Buenos Aires.

 

LA INSTRUMENTALIZACIÓN DEL SÍMBOLO

 

Algo con lo que presumiblemente ya cuenta Mantovani pero que quizás pille un tanto desprevenido al espectador es la forma en que todo el mundo pretenderá utilizarle o sacar algo de él:

- El padre del chico minusválido le pedirá, chantaje emocional mediante, 9.800  dólares para comprarle una silla de ruedas al hijo.

- El insistente vecino que identifica a su fallecido padre con el personaje de una de las novelas de Mantovani pretende darse lustre a su costa y satisfacer su vanidad logrando que coma en su casa.

- El intendente lo utilizará para autopromocionarse, poniendo el acento en su propia capacidad de gestión y dotando de mayor empaque a los eventos culturales de su intendencia aunque tampoco le temblará el pulso al desautorizarle como presidente de un jurado cuando sus decisiones no le gusten.

- Julia, que se acuesta con él, lo hará porque está desesperada por marcharse del pueblo y ve en el escritor una posibilidad de fuga.

- Irene lo toma como chivo expiatorio para la frustración que le supone vivir en un poblacho provinciano, renunciando a sus sueños para languidecer junto al bestia y putero de su marido.

- Antonio y Romero, por su parte, lo utilizarán para exorcizar sus propios fantasmas; el primero, incapaz de sobreponerse al hecho de que sólo consiguió a su mujer porque Daniel renunció a ella y el segundo porque, no obstante su peso específico en el pueblo, envidia enfermizamente el éxito del artista.

- Hasta el amable recepcionista del hotel en el que se hospeda pedirá al escritor que lea los cuentos que ha escrito.

 

EL PUNTO DE VISTA DE MANTOVANI SOBRE:

 

- El Premio Nobel y la Monarquía

- El Nobel se lo negaron a escritores geniales como Borges y, entre nosotros, los de la Academia Sueca querían que, al recibirlo, yo me pusiera un traje de etiqueta bastante ridículo y que les rindiera pleitesía a un rey y a una reina en pleno siglo XXI. Por supuesto que me negué; no tengo el menor respeto por las monarquías.

- El compromiso

- Yo lamento lo que está padeciendo su hijo (en respuesta al hombre que le pide casi diez mil dólares) pero no lo puedo ayudar. No se trata de si es mucho o poco (dinero). Yo no soy una ONG. Para ayudarle están los organismos del Estado y no es que su caso me resulte indiferente porque yo soy una persona muy comprometida pero mi compromiso como escritor pasa por otro lado. Es verdad lo que usted dice; a mí no me costaría nada pero sería una actitud perversa y contraria a mis principios. ¿Qué pasa con el resto de personas que tienen la misma necesidad que su hijo? Sería sumamente injusto. Ayudarle sería como si yo fuera una deidad, un salvador que decide de manera milagrosa sobre los que providencialmente se cruzan en su camino. El problema es que yo no soy una persona religiosa ni quiero tener esa posición.

- La creación literaria

- La creación artística es independiente de la ética y de la moral. Los grandes pintores del Renacimiento como Rafael y Miguel Ángel crearon obras geniales al servicio de la propaganda de la Iglesia. O buena parte de la magnífica obra cinematográfica de Leni Riefenstahl fue realizada como publicidad del nazismo.

- Vamos a suponer que es verdad lo que dicen, que es cierto que yo soy ese monstruo que ellos describen (refiriéndose a Romero). Eso, ¿me invalidaría como artista? Yo escribo literatura, escrito novelas, escribo ficciones. No escribo panfletos sobre comportamiento ético. Y muchas de las conductas deleznables de algunos de mis personajes lamentablemente forman parte del mundo en el que vivimos. Y que mis personajes hagan lo que hacen no quiere decir que yo apruebe o desapruebe esas acciones. ¿Aprueban los asesinatos los autores de novelas policiales?

- La cultura

- La mejor política cultural es no tener ninguna. “Defender a nuestra cultura” (repite la frase utilizada por el intendente)… Siempre se considera a la cultura como algo débil, como algo frágil, como algo raquítico que necesita ser custodiado, protegido, promovido y subvencionado. La cultura es indestructible. Es capaz de sobrevivir a las peores hecatombes. Hubo una tribu salvaje en África en cuyo lenguaje no existía la palabra “libertad”. ¿Saben por qué? Porque eran libres. Creo que  la palabra “cultura” sale siempre de la boca de la gente más ignorante, más estúpida y más peligrosa. Yo personalmente no la uso nunca.

 

EL ELENCO

 

La parte del león en el apartado interpretativo se la lleva ÓSCAR MARTÍNEZ, recientemente distinguido como el primer actor latinoamericano en obtener la Copa Volpi en el Festival de Venecia.

 

El ciudadano ilustre Copa Volpi

 

Antes de inmortalizar el papel del ficticio escritor Daniel Mantovani, a Martínez le habíamos visto (aunque poco) en “La tregua” o “No te mueras sin decirme adónde vas” y, sobre todo, en “Relatos salvajes”, “Inseparables” y “Capitán Koblic”.

A MANUEL VICENTE, el Intendente de Salas, le había visto actuar previamente en un par de ocasiones. Concretamente, en “El fondo del mar” y en “El corredor nocturno”. En esta última, junto a Leonardo Sbaraglia y Miguel Ángel Solá.

El belicoso Florencio Romero está interpretado por MARCELO D’ANDREA, a quien recuerdo especialmente por su participación en “El custodio” aunque también participó del reparto de “El recuento de los daños” y “Sin retorno”.

 

El ciudadano ilustre Marcelo dAndrea

 

Menos conocidos son DADY BRIEVA y ANDREA FRIGERIO, que encarnan al matrimonio formado por Antonio e Irene, ya que sus carreras se circunscriben casi exclusivamente al ámbito televisivo.

 

El ciudadano ilustre Dady Brieva

 

Otro tanto acontece con BELÉN CHAVANNE (Julia), que a su corta edad une la circunstancia de haber aparecido poco en la gran pantalla.

 

El ciudadano ilustre Belen Chavanne

 

UNAS BREVES NOTAS SOBRE EL PREMIO NOBEL

 

El Nobel es un galardón internacional que se otorga anualmente para reconocer a personas o instituciones que se hayan distinguido por sus investigaciones, descubrimientos u obras que contribuyan de forma notable a la Humanidad.

Se instituyeron en 1895 como última voluntad del industrial sueco Alfred Nobel. Químico, ingeniero e inventor, fue fabricante de armamento y se le recuerda especialmente por la invención de la dinamita.

Precisamente su sentimiento de culpa fue el que inspiró la creación de estos premios, que se otorgan cada 10 de noviembre en Estocolmo, conmemorando la fecha de la muerte de Nobel.

La entrega de los premios comenzó en 1901, en las disciplinas de Física, Química, Medicina y Literatura, además del Premio Nobel de la Paz, que es designado por el Comité Noruego del Nobel y se entrega en Oslo.

En 1968 se añadió una nueva categoría: el “Premio en Ciencias Económicas en memoria de Alfred Nobel” aunque expresamente se evitó denominarlo Premio Nobel de Economía.

El Premio Nobel de Literatura, del que estos días se ha hablado mucho a propósito de la indolente actitud de su último ganador -el cantante Bob Dylan-, nunca ha sido obtenido por un escritor argentino y su designación corre a cargo de la Academia Sueca.

En cuanto al premio en sí, consiste en una medalla de oro, un diploma y una dotación económica determinada por la Fundación Nobel.

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