UNIVERSO HARRY POTTER

Parte IV

 

 Orden del Fenix Lucha en el ministerio

 

 

5 - HARRY POTTER Y LA ORDEN DEL FÉNIX (David Yates, 2007)

 

LINEA ARGUMENTAL

 

Harry permanece sentado, de muy mal humor, en un banco del parque próximo a la casa de los Dursley. Es un día tórrido de verano y las madres se aprestan a apartar a sus pequeños del sol.

Al poco hacen su aparición Doodley y sus amigotes, que vienen de pegar entre todos a un niño más pequeño que ellos, razón por la cual serán increpados por Harry.

A cambio, su ya enorme primo se burlará de sus pesadillas y gimoteos nocturnos. “No mates a Cedric, no le mates. ¿Quién es Cedric? ¿Tu novio?”.

Harry le aconseja que le deje en paz pero el imprudente Doodley continúa, envalentonado por la presencia de sus amigos, burlándose de la orfandad de su primo.

De pronto, éste se levanta como un resorte, le enfrenta y le apunta con su varita. En un momento, el cielo comienza a oscurecerse y la temperatura cae en picado. Cuando Doodley, asustado de veras, le pregunta qué está haciendo, Harry le responde sorprendido que nada.

Ambos echan a correr y se detienen en un túnel peatonal cuando son alcanzados por dos dementores que se ciernen sobre ellos y comienzan a absorberles la esencia vital. Por fortuna, Harry reacciona a tiempo y, con un Patronus, expulsa a los dementores aunque Doodley queda en estado de shock.

 

Orden del Fenix Dementores

 

 

Una vecina, Arabella Figg, aparecerá de repente, pidiendo a Harry que no esconda su varita cuando ve que el muchacho intenta ocultarla con disimulo; “Los dementores podrían volver”.

Para su sorpresa, la señora Figg le confesará que Dumbledore le ha encomendado echarle un vistazo de vez en cuando, tras lo ocurrido con Cedric al final del curso anterior.

 

Orden del Fenix Arabella Figg

 

 

De regreso en casa de sus tíos, estos se horrorizan al ver el estado casi catatónico de Doodley pero el grandullón señalará a su primo cuando le preguntan quién le ha puesto en esa situación.

Una carta llega en ese momento: se trata de una notificación del Ministerio de Magia en la que se comunica a Harry su expulsión fulminante de Hogwarts, al haber convocado un Patronus, vulnerando así la Ley de Restricción del Uso de la Magia en Menores.

Tío Vernon se alegra de lo que considera un acto de justicia y, entre él y su mujer, llevan a Doodley al hospital mientras la furia de Harry no conoce límites.

Sin embargo, apenas unos instantes después, un segundo mensaje le informa de que la sentencia de expulsión ha sido suspendida momentáneamente hasta que se celebre una vista en el Ministerio, para la cual se requiere su presencia.

Todavía perplejo, Harry recibe la visita de un variopinto grupo al mando del profesor Moody. Éste explica al muchacho que ha sido Dumbledore quien ha logrado congelar la orden de expulsión a la espera de lo que suceda en la anunciada vista.

Mientras tanto, le conducen volando hasta el número 12 de Grimmauld Place en Londres, cuya fachada abrirá de pronto dos filas de ventanas donde no las había, franqueándoles el paso.

 

Orden del Fenix Moody y companyia

 

 

En el interior, Harry ve con alegría a Sirius y a Lupin junto a los Weasley. La señora Weasley sale a recibirle afectuosamente pero le pide que espere a que termine la reunión, cerrando la puerta de la sala en que ésta se celebra. Entre tanto, puede subir a ver a sus amigos. En efecto, allí están Ron y Hermione y poco después aparecen los gemelos George y Fred.

Entre todos le cuentan que el lugar constituye el cuartel general de la Orden del Fénix, una organización secreta creada por Dumbledore muchos años atrás, con el fin de oponerse al Señor Oscuro. Harry se enfurece por haber sido excluido de la misma pero ello no le impedirá espiar junto a los otros lo que se está tratando en la reunión, con ayuda de una oreja mágica ideada por los gemelos.

 

Orden del Fenix Harry se cabrea

 

 

Así, descubre que Snape integra sorprendentemente la Orden junto a Moody, Sirius, Lupin, Nimphadora Tonks o los Weasley. Del tema que se discute parece desprenderse un cierto antagonismo entre la señora Weasley, partidaria de ocultarle a Harry alguna información escabrosa, y Sirius, que no quiere escamotear nada a su ahijado.

Finalizada la reunión, Snape se marcha y el resto se dispone a comer. Sirius explica algunas cosas a Harry sobre la situación actual, en la que Voldemort parece estar reclutando un ejército, además de estar buscando algo que no tenía antes. Black parece ansioso por concretar de qué se trata pero la señora Weasley se lo impedirá.

Al día siguiente, el señor Weasley acompaña a Harry al Ministerio, al que acceden a través de una cabina telefónica que esconde un ascensor. Casi de milagro se enteran de que la vista se ha adelantado, por lo que Harry está a punto de no llegar a tiempo.

Ya en la sala, el chico se queda solo ante el ministro Fudge y un gran número de magos y brujas encargados de juzgarlo. El ministro parece no tener la menor intención de escuchar a Harry ni de considerar otra cosa que la mera acusación pero la afortunada llegada de Dumbledore, a quien no habían avisado del cambio de horario de la vista, dota a Harry de un inmejorable defensor.

 

Orden del Fenix Juicio 2

 

 

Desautorizando al ministro, Albus presenta a la señora Figg como testigo presencial del ataque de los dementores y, tras la votación -en la que sólo el ministro Fudge, su secuaz Dolores Umbridge y un puñado de adeptos se atreven a votar en contra-, logra la completa absolución de Harry. Sin embargo, cuando éste intenta hablar con él, Dumbledore se marcha a toda prisa sin mirarle siquiera.

 

Orden del Fenix Juicio con testigo

 

 

Antes de que parta hacia Hogwarts, Sirius regala a Harry una fotografía de la Orden del Fénix original, en la que se encontraban los Potter, los Longbottom y Peter Pettigrew.

También le cuenta que la sede de la Orden actual es, en realidad, su casa familiar. Una casa en la que nunca fue feliz, dominada por su madre, una bruja obsesionada por la limpieza de sangre y que nunca le perdonó que se marchara a los dieciséis años para vivir con los Potter, tachando incluso su fotografía del árbol genealógico que cubre una de las paredes.

 

Orden del Fenix Arbol genalogico

 

 

Como recuerdo de aquellos tiempos, todavía permanece en la casa el elfo Kreacher, siempre refunfuñando y criticando a Sirius por sus amistades con sangre sucia, hombres-lobo y otros “despojos de la sociedad”.

Al día siguiente, el tren de Hogwarts parte una vez más con Harry y sus amigos a bordo. A su llegada a la estación, tras el obligado encontronazo con Malfoy, llegan hasta las carretas que han de transportarles al castillo pero, en esta ocasión, Harry ve a unos extraños seres tirando de ellas. Nadie más parece verlos excepto Luna Lovegood, quien le dice que el nombre de los extraños seres es thestrals.

 

Orden del Fenix Thestrals

 

 

Ya en el castillo y durante el tradicional discurso inaugural de Dumbledore, éste informa al alumnado de la incorporación de Dolores Umbridge como nueva profesora de Defensa contra las Artes Oscuras. Dada la actitud de Umbridge durante el juicio de Harry, éste no presagia nada bueno de semejante adquisición.

De hecho, ya en su primera clase quedará clara la intención del Ministerio no sólo de impedir que los alumnos aprendan a defenderse por sí mismos sino también de negar la evidencia del regreso de Voldemort.

Indignado por la campaña de desprestigio que El Profeta y el Ministerio dirigen conjuntamente contra él y contra Dumbledore, Harry se enfrenta a Umbridge como horas antes hiciera con su compañero de Gryffindor Seamos Finnigan.

Umbridge castigará “su impertinencia”, emplazándole a reunirse con ella en su despacho tras las clases.

Cuando el muchacho se presenta, la siniestra profesora le ordena que copie la frase “No debo decir mentiras”, sin especificar el número de veces que ha de repetirlo.

 

Orden del Fenix Umbridge castiga

 

Para ello le proporciona una pluma especial que no precisa de tinta y que provocará la dolorosa aparición de las palabras, escritas sobre la propia piel de quien la empuña.

Hermione insta a Harry a denunciar el maltrato físico ante Dumbledore pero el muchacho se niega, tanto por no cargar con un nuevo problema al director como por la distante actitud que el mismo parece mantener hacia él en los últimos tiempos.

Mientras, Dolores se constituye en Suma Inquisidora de Hogwarts y las paredes del castillo se llenan de prohibiciones que el atareado Argus Filch debe colgar cada vez más altas: ni relaciones amorosas, ni grupos, ni magia, ni música durante el estudio ni libertad de ninguna índole.

 

Orden del Fenix Filch decretos

 

 

Hermione logra convencer a Harry, no sin esfuerzo, de que sea él mismo quien adiestre a los chicos, ya que de otro modo todos quedarán indefensos contra Voldemort y sus secuaces.

Tras una reunión previa en una taberna apartada de Hogsmeade, en la que la bonita Cho no quita los ojos de Harry ni por un instante, las clases empiezan a celebrarse clandestinamente en la Sala de los Menesteres, una habitación secreta descubierta casualmente por Neville en el castillo de Hogwarts.

Todos van aprendiendo los distintos hechizos, cada uno a su propio ritmo mientras Harry y Cho inician una aproximación amorosa que les llevará a besarse bajo el muérdago en vísperas del paréntesis navideño.

 

Orden del Fenix Beso

 

 

Sin embargo, el chico experimentará un sueño en el que él es una serpiente que ataca al señor Weasley. Cuando Dumbledore tiene conocimiento de ello, no sólo no parece extrañarse sino que envía a sus emisarios para encontrar a Weasley, constatando que el ataque ha sido real aunque, por fortuna, no mortal.

El director ordena a Snape que dé clases de Oclumancia a Harry, ya que es evidente que el Señor Oscuro está accediendo a sus pensamientos, sea o no de forma consciente.

 

Orden del Fenix Oclumancia

 

 

La Navidad la pasará Harry en casa de su padrino junto a los Weasley, cuyo recuperado padre agradece a Potter que avisara a Dumbledore justo a tiempo.

De regreso a Hogwarts, Snape insiste con sus clases de Oclumancia y, durante una de las incómodas sesiones entre ambos, el enfadado Harry se cuela entre los recuerdos de Snape, constatando algunos aspectos poco agradables de James Potter, más altanero y bravucón de lo que él pudiera haber pensado.

También Harry prosigue con las lecciones a sus compañeros en lo que habían quedado en llamar de forma espontánea “El ejército de Dumbledore” pero son finalmente sorprendidos por Umbridge con la sorprendente ayuda de Cho, lo que decepciona sobremanera a Harry.

Como consecuencia de ello, Dumbledore es injustamente acusado de estar formando un ejército, tal como el ministro Fudge le achacaba.

Viendo el cariz que toma el asunto, el director de Hogwarts asume toda la responsabilidad, exculpando a Harry y dándose luego a la fuga antes de que le conduzcan a Azkaban, donde ha tenido lugar una fuga masiva de mortífagos, encabezados por la terrible prima de Sirius, Bellatrix Lestrange.

 

LA TRAMA SE VUELVE MÁS COMPLEJA

 

El cuarto director en incorporarse a la saga después de sus cinco primeros films, David Yates, sería el encargado de firmar los cuatro últimos y también el spin-off posterior sobre Newt Skamander y sus “Animales fantásticos y dónde encontrarlos”, por cierto.

 

Orden del Fenix David Yates

 

Totalmente desconocido en nuestro país, este director inglés fogueado en el mundo del cortometraje y de la televisión sería, sorprendentemente, el escogido para dar continuidad a una serie que salía casi a realizador por película.

En cuanto a esta “Harry Potter y la Orden del Fénix”, se trata de una digna continuación de sus predecesoras, en la que el ritmo y la tensión no decaen, incidiendo la historia en la inestabilidad emocional de Harry y en la progresiva oscuridad que se va apoderando del mundo mágico, lo cual hace presagiar un conflicto a escala total en las últimas entregas de la saga.

En realidad, cada nueva entrega del universo mágico de Harry Potter supone una nueva perspectiva, gracias a la capacidad de la saga para reinventarse, siempre dentro de los parámetros establecidos por JK Rowling.

Más claustrofóbica que los cuatro títulos anteriores, esta “Orden del Fénix” encierra, por un lado, al perseguido Sirius Black en su vieja y odiada casa familiar y, por otro, a Harry y sus amigos en un Hogwarts “ocupado” por el Ministerio, siendo su cabeza visible la de la repelente Dolores Umbridge.

Extremadamente cursi y siempre vestida de rosa, su falsa sonrisa tonta y su voz gritona enmascaran su latente maldad, que se manifestará a través de decretos a cual más restrictivo (no en vano se constituirá en Inquisidora del colegio) y de castigos corporales que escandalizarán a la mismísima Hermione.

 

Orden del Fenix Dolores Umbridge

 

Es imposible condensar las 896 páginas del quinto libro en los 138 minutos de que consta su respectiva película y ello se hace más evidente si pensamos que “Harry Potter y la cámara secreta” adaptaba en 154 minutos (dieciséis más) un libro de apenas 286 páginas.

Sin embargo, las omisiones seguirían cabreando a miles de fans de la saga, que a estas alturas todavía no habían aprendido a diferenciar entre novelas y películas, lo que me hace pensar que, en ocasiones, es preferible ver antes las películas y tomarse la posterior lectura de los libros como si de “versiones extendidas” se tratara.

Por supuesto ello no evitaría las licencias de guion (por ejemplo, la compasión que Sirius experimenta en el film hacia el elfo Kreacher es puro odio en la novela, tanto por él mismo como por su condición de símbolo de una herencia genética que desprecia: la de una familia de mortífagos) pero sí aportaría al lector la información que muchas veces se le escamotea en la pantalla.

 

Orden del Fenix Kreacher

 

Por ejemplo –y éste es el caso más flagrante en la quinta entrega-, la omisión de la verdadera Profecía, que corrió a cargo de Sybil Trelawney, una pésima profesora y una falsa adivina… salvo por esta trascendental profecía que será la razón por la que Dumbledore prefiera tenerla en Hogwarts y que desvela que el Elegido es Harry pero que bien podría haberlo sido Neville Longbottom.

 

Orden del Fenix Despido de Trelawney

 

Otras cuestiones, como el peculiar diario que dirige el padre de Luna Lovegood o la historia de los gigantes a los que encontrará Hagrid, quedan fuera del film por estrictas razones de metraje.

Y los elementos que resultan hasta cierto punto repetitivos, por muy apasionantes que resulten en los libros, son sistemáticamente eliminados por ese mismo motivo. Sería el caso de los partidos de quidditch de cada temporada.

La historia pierde matices actuando de este modo pero la narración gana en agilidad, lo cual tampoco es reprochable.

El protagonismo de Harry Potter en esta quinta parte es, por otra parte, absoluto, lo que necesariamente redunda en una menor cuota de pantalla de muchos de los coprotagonistas, cuya presencia se ve reducida en ocasiones a poco más que un cameo.

Así, Draco Malfoy es ninguneado sin contemplaciones y hasta el imprescindible Severus Snape limita extraordinariamente sus apariciones aunque peor suerte sufren todavía el resto de miembros de la Orden del Fénix.

Tampoco es que Ron y Hermione tengan tanta cancha como en los films anteriores pero, al menos, su inclusión en el “Ejército de Dumbledore” (ED) nos permite verles algo más aunque sea en calidad de ayudantes del jefe Potter y, en el caso de Hermione, también de alcahueta en las aspiraciones amorosas de Harry hacia Cho.

Este personaje será, no obstante, marginado de forma brusca tras el desmantelamiento del ED, que la Umbridge logra sometiendo a la chica a un interrogatorio con Veritaserum (un suero de la verdad particularmente potente). Algo que no queda suficientemente claro no sólo para los espectadores sino tampoco, al parecer, para el resto de personajes, que le darán la espalda de forma drástica.

 

Orden del Fenix Desmantelando ED

 

El tempo es uno de los puntos fuertes del film, en el que no sobra nada; desde la mejor introducción de la saga (en el parque infantil de Privet Drive), pasando por el juicio a Harry, la vida en el piso secreto de los Black, las clases clandestinas de Harry a sus compañeros, su primer beso de amor, Dolores Umbridge y sus odiosas maquinaciones y, por supuesto, cuanto acontece en la secuencia final del Ministerio de Magia.

No sobra nada, decía, pero sí es posible que quienes no están familiarizados con las novelas de Rowling echen algo en falta pues lo que muchos damos por sentado -al ver aparecer al hermanastro gigante de Hagrid o al asistir a la “mascletà” orquestada por los gemelos Weasley en pleno examen de los TIMOS- puede sumir en la confusión a los espectadores menos versados.

 

Orden del Fenix Huida gemelos Weasley

 

Lo que parece claro es que el quinto libro de la saga tiene un tamaño excesivo para lo que cuenta, de modo que había mucho material “cortable” a la hora de trasladarlo al guión. Que por una vez (única excepción en toda la serie) no corrió a cargo de Steve Kloves sino de Michael Goldenberg.

El mediocre autor de los libretos de “Contact”, “Peter Pan: la gran aventura” o “Linterna verde” firma aquí su mejor trabajo pero, con eso y con todo, comete un par de fallos importantes.

En primer lugar, la asombrosa falta de dramatismo con que narra el asesinato de Sirius Black, un personaje capital y muy querido tanto por su ahijado Harry como por el público.

 

Orden del Fenix Muerte de Sirius

 

Y en segundo, la ausencia de una escena convincente en la que Dumbledore explique a Harry el porqué de su desapego a lo largo de todo ese año. Algo que el escritor despacha, de forma inaceptable, con apenas frase y media.

Aunque, si se tiene en cuenta que ni siquiera menciona el nombramiento de Ron y Hermione como prefectos (algo que, ya de inicio, cabreará bastante a Potter), se ahorran unas cuantas explicaciones.

Harry llegará a sentirse muy solo en algunos momentos de la historia. Como el huérfano que realmente es, el hecho de que sus compañeros opten por creer a la prensa antes que a él y le den la espalda en plena campaña de desprestigio o que su venerado Dumbledore le ignore categóricamente cuando él intenta acercársele será gasolina para el fuego de ira y resentimiento que arde en su interior.

El inepto y cobarde Ministro Fudge no tendrá otra alternativa que sacar la cabeza de debajo del ala cuando llegue al ministerio a tiempo de ver cómo huyen los mortífagos tras haber dado muerte a Sirius Black, liderados por un Voldemort que protagonizará una tremenda lucha con Dumbledore (fuego y agua), que recuerda, corregida y aumentada, a la que protagonizaban el Conde Duku y el Maestro Yoda en la saga “Star Wars”.

 

Orden del Fenix Dumbledore vs Voldemort

 

Las torpes disculpas del ministro llegarán demasiado tarde para compensar al vilipendiado Dumbledore y al vejado Harry, acusados una y otra vez de inventarse un regreso tan poco deseado por ellos como por los demás.

En el apartado interpretativo, destaca la incorporación de Helena Bonham-Carter (eterna musa de Tim Burton, con quien colaboró en “El planeta de los simios”, “Big Fish”, “Charlie y la fábrica de chocolate” o “Alicia en el País de las Maravillas”, entre otras, además de intervenir en “Una habitación con vistas”, “Regreso a Howards End”, “Frankenstein de Mary Shelley”, “Poderosa Afrodita” o “El Club de la Lucha”) en su papel de mortífaga desalmada.

 

Orden del Fenix Bellatrix

 

Pero sobre todo cabe hacerse eco de la magistral interpretación de Imelda Staunton (“Los amigos de Peter”, “Sentido y sensibilidad”, “Mucho ruido y pocas nueces”, “Shakespeare in love”) como la inquisidora Dolores Umbridge, así como de la irrupción de la desconocida e inspirada Evanna Lynch en su rol de Luna Lovegood, recuperándose en esta entrega algunos personajes como el de Lupin o la profesora Trelawny, ausentes en la cuarta entrega.

 

Orden del Fenix Dolores 2

 

Orden del Fenix Luna Lovegood

 

La más que digna banda sonora correrá, en esta ocasión, a cargo del desconocido Nicholas Hooper, un compositor dedicado casi exclusivamente a la televisión.

 

 

6 - HARRY POTTER Y EL MISTERIO DEL PRÍNCIPE (David Yates, 2009)

 

 Principe Dumbledore y Potter

 

LINEA ARGUMENTAL

 

La comunidad mágica ha tenido que rendirse a la evidencia del regreso de Voldemort, que “El Profeta” y el Ministerio intentaban ocultar.

Por otra parte, Sirius ha muerto y Harry siente su pérdida como nadie mientras Lucius Malfoy languidece en Azkabán.

Sin embargo, sus compañeros mortífagos son cada vez más osados y cometen todo tipo de actos de destrucción en Londres a la vista de los propios muggles. Así, desaparecerá el Puente Milennium, entre otros.

 

Principe Puente Millenium

 

En la cafetería de una estación de metro, Harry lee las preocupantes noticias en “El Profeta” cuando una atractiva camarera se le acerca para comentarle lo curioso que le resulta su diario, en el cual un par de noches atrás le pareció que alguna fotografía incluso cobraba movimiento.

- ¿Quién es Harry Potter? –le pregunta, leyendo un titular.

- No es nadie. Un idiota, en realidad.

Ella aceptará la cita con el muchacho antes incluso de que él se la proponga pero sus planes se desvanecen cuando Dumbledore hace acto de presencia en el exterior del establecimiento.

 

Principe Estacion de metro

 

El director le necesita para ayudarle a reclutar a Horace Slughorn, a quien hallarán camuflado como un sillón en la desierta casa de unos muggles que se encuentran de vacaciones “en las Canarias”.

Slughorn morderá el anzuelo al constatar que regresar a Hogwarts, donde ya fue profesor, le dará ocasión de añadir al mismísimo Potter a su “estantería” de celebridades, en la que se cuentan deportistas, músicos y políticos de éxito.

Horace también enseñó en la escuela de magia a la propia madre de Henry, Lily, de quien el profesor afirmará que fue una de sus alumnas predilectas.

En un rincón mucho más siniestro –la casa de Severus Snape-, éste aceptará a regañadientes el reto que le plantea Bellatrix: prestar el “juramento inquebrantable” que le obligue a ayudar a Draco Malfoy –sobrino de la propia Bellatrix e hijo de su hermana, la preocupada Narcissa- a completar la misión que el Señor Tenebroso ha encomendado al chico.

 

Principe Juramento inquebrantable

 

Días más tarde, mientras visitan la tienda de artículos de broma inaugurada por los gemelos Fred y George Weasley, Potter y sus amigos descubrirán a Draco y a Narcissa entrando a hurtadillas en “Borgin & Burkes”, una tienda de pésima reputación.

- “Borgin & Burkes” es un lugar asqueroso y Draco es un asqueroso –concluirá Ron, con aplastante lógica, cuando Harry se pregunta en voz alta qué buscan los Malfoy en un sitio como ese.

De camino a Hogwarts en el Expreso, Potter decidirá averiguar a toda costa qué se lleva entre manos su enemigo, para lo cual utiliza un “hechizo de oscuridad total” adquirido en la tienda de los Weasley.

 

Principe Expreso

 

Así escuchará a Draco afirmar con disgusto que no piensa completar los dos años que le restan en la escuela.

Sin embargo, Malfoy descubre a Harry y, después de que el tren se detenga y el vagón quede vacío, le inmoviliza y le parte la nariz de una fuerte patada en la cara, cubriéndole luego de nuevo con la capa de invisibilidad con la que Potter pretendía pasar inadvertido.

El plan de Draco de que el tren regrese a Londres con el inmovilizado y herido Harry a bordo se truncará gracias a la intervención de Luna Lovegood, que también arreglará la rota nariz de su amigo.

El tradicional discurso inaugural del curso a cargo de Dumbledore vendrá en esta ocasión acompañado de la presentación de Horace Slughorn como nuevo profesor de Pociones, lo que significa que finalmente Snape logrará cumplir su ambición de ocuparse de la Defensa contra las artes oscuras.

El director también hará una reflexión en voz alta: la mayor fuerza que Hogwarts opone a Voldemort y sus secuaces son precisamente los alumnos del colegio.

Cuando, a la mañana siguiente, dan comienzo las clases, la profesora McGonagall sorprende ociosos a Harry y a Ron, por lo que les invita a matricularse en la clase de Pociones ahora que Slughorn ha bajado la nota del TIMO (Título Indispensable de Magia Ordinaria) exigible para tomar parte en ella.

El profesor no disimulará su entusiasmo cuando Harry aparece por su clase, de modo que invitará a la celebridad y a su amigo Weasley a tomar prestados los libros de los armarios del aula.

Ron consigue un ejemplar nuevecito mientras Harry ha de conformarse con otro bastante deteriorado que, sin embargo, está lleno de anotaciones.

Éstas corren a cargo de un propietario anterior que firma como “El Príncipe Mestizo” y serán sus heterodoxas indicaciones las que permitan a Harry completar a la perfección la pócima de Muertos Vivientes, que ni siquiera Hermione logra igualar.

Potter se hace así acreedor a un premio notable: la posesión de un frasco de Félix Felicis, una sustancia que cumple los deseos de quien lo ingiere… “al menos mientras duran sus efectos”.

 

Principe Felix Felicis

 

Mientras Malfoy se inhibe bastante en las clases y se esconde frecuentemente para realizar oscuros experimentos con un enorme armario, Harry se dedica a brillar en la clase de Pociones y a cultivar la amistad de Slughorn, tal como Dumbledore le ha encomendado.

 

Principe Slughorn y Harry

 

Hermione no aceptará de buen grado las “trampas” de Harry que, ayudado por el misterioso libro, tiene fascinado a su elitista profesor aunque la chica tampoco se privará de ayudar a Ron con un hechizo confundidor dirigido al otro aspirante al puesto de guardián del equipo de quidditch de Gryffindor.

Claro que cuando Ron comience a morrease en público con la insufrible Lavender Brown se pondrán al fin de manifiesto los verdaderos sentimientos de Hermione hacia su amigo.

Algo parecido a lo que, con mucha más filosofía, soporta Harry mientras asiste al romance de Ginny Weasley con Seamus Finnigan.

La terrible agresión sufrida por una de las alumnas del colegio cuando regresa de Hogsmeade con un collar destinado a Dumbledore llevará a Potter a acusar a Draco aunque Snape desdeñará dicha acusación a causa de la falta de pruebas o testigos.

Un incidente posterior, cuando Slughorn pretende celebrar con Harry la recuperación de Ron -que ha sido víctima de un hechizo de amor dirigido al propio Harry-, estará a punto de causar la muerte del joven Weasley.

Afortunadamente, Potter salvará la vida de su amigo gracias a su mayor frialdad mientras el profesor se queda atónito y sin poder de reacción después de que Ron se envenene con el contenido de una botella de licor.

En cualquier caso, ello demostrará a Dumbledore –a quien también estaba destinada la botella- que ha llegado el improrrogable momento de que Harry arranque a Slughorn el recuerdo que éste oculta de una trascendente conversación mantenida muchos atrás con Tom Riddle, quien luego se convertiría en Lord Voldemort.

 

Principe Tom Riddle

 

Así las cosas, Potter decidirá usar el frasco de Félix Felicis en busca de una mayor fortuna de la que han tenido sus infructuosos intentos anteriores de lograr la colaboración del esquivo profesor.

 

DESVELANDO LA PERFIDIA DE VOLDEMORT

 

David Yates vuelve a dirigir con muy buen pulso esta película que constituye, junto a la anterior, una misma historia de transición, a la espera del desenlace de la trama.

Este enlace entre la introducción y el final, que se intuye apoteósico, ha de ser por fuerza un tanto funcional, realizando un esfuerzo de contención y dejando los verdaderos golpes de efecto para un momento posterior.

Ello convierte a ambos films en presa fácil de la crítica indiscriminada, en especial por parte de los resabiados seguidores de la saga literaria, que siempre exigen más escenas y más fidelidad a las mismas, en tanto que difícilmente aceptan cualquier tipo de cambio o innovación argumental.

Sin embargo, esta labor de andamiaje narrativo, con sus aciertos y sus imperfecciones, se hace imprescindible a la hora de de cimentar el inevitable final.

La película tiene más de comedia que en otras ocasiones, menudeando los romances, con algún que otro morreo incluido, incluso por los oscuros pasillos de Hogwarts. Y es que hay que recordar que los protagonistas siguen siendo adolescentes.

Aunque a estas alturas ya no queda apenas nada de la magia ingenua e infantil de los comienzos de la saga, todavía disfrutaremos de algún gag a cargo, sobre todo, de Ron, con su penoso romance con Lavender y sus estrambóticas paradas como guardián de quidditch.

 

Principe Ron y Lavender

 

Principe Ron guardian quidditch

 

No obstante, la parte final del film no dejará espacio para otra cosa que el suspense y la emoción contenida.

El impresionante ingenio de la Rowling se concreta, en esta ocasión, en la tenebrosa aparición de unos elementos altamente perturbadores: los horrocruxes.

Esa magia oscurísima, capaz de escindir el alma de un mago tenebroso mediante la comisión de un asesinato y guardar ese fragmento en cualquier objeto, no es descrito en el film con demasiado detalle pero, aún así, resulta más que inquietante.

Cabe añadir que esa forma de lograr la inmortalidad supone la disminución de la humanidad de quien desfigura su alma de ese modo criminal.

Además, tal desgarro del alma lleva consigo una cierta desfiguración física que llega al extremo en la figura frágil y el monstruoso cuerpo del propio Voldemort, aunque éste no aparezca en toda la sexta entrega.

Precisamente las escenas damnificadas del libro son, sobre todo, las que atañen a los recuerdos del joven Tom Riddle (que más tarde se convertiría en Voldemort), atrapadas en el pensadero de Dumbledore.

 

Principe Pensadero

 

Se conservan un par pero no resultan suficientes para que el espectador pueda intuir dónde podrían encontrarse los horrocruxes cuya destrucción deben abordar Dumbledore y Harry. De ese modo, dar con ellos parece ser una cuestión de mera fortuna, lo que no se corresponde con la historia.

Personalmente, lo que más echo en falta del libro es el inopinado beso que Harry le planta a Ginny en medio de la abarrotada sala común de Gryffindor tras una gran victoria del equipo de quidditch. Sustituirlo por un casto beso sin testigos en la Sala de los Menesteres, sencillamente me sabe a poco.

En cualquier caso, lo que sí parece poco acertado, en una película francamente correcta hasta ese momento, es la falta de épica en la muerte de todo un Dumbledore, la omisión de la cruenta batalla entre sus asesinos mortífagos y los estudiantes de Hogwarts apoyados por la Orden del Fénix e incluso el funeral del propio Dumbledore.

 

Principe Muerte de Dumbledore

 

Un emotivo episodio este último al que, en la novela, acudían un gran número de personajes vistos en todas las entregas anteriores pero que también resulta relevante de cara a la futura conclusión de la saga.

En este sentido, resulta un tanto incomprensible la inclusión de una escena inédita como es la destrucción de La Madriguera, que debía servir de sede para la boda que abre la siguiente película.

Ya puestos, ni siquiera se da explicación alguna a la condición de “Príncipe Mestizo” de Snape pese a que el título del film alude a su misterio.

Por otra parte, la película de Yates reincide en un problema que también se suscitaba no en la quinta sino en la cuarta entrega -“Harry Potter y el cáliz de fuego” de Mike Newell- y que no es otro que la brusquedad en el tránsito de las escenas, que carecen de nexos de unión, planos-secuencia o fundidos de ningún tipo.

Por lo demás, este más que entretenido film se justificaría aunque sólo fuera por la excepcional secuencia de la cueva.

 

Principe Cueva

 

Ya el escenario exterior de la misma resulta sobrecogedor, con las rocas escarpadas contra las cuales se estrellan las olas, cubriéndolas de espuma.

Luego vendrán el pago de la entrada con sangre y el doloroso proceso de beber el contenido de la pila mágica que contiene el horrocrux, oculto en un guardapelo que perteneció a Salazar Slytherin.

Al fin, un Dumbledore muy debilitado sacará fuerzas de flaqueza para crear un impresionante anillo de fuego que destruirá a los inferí (cadáveres que los magos tenebrosos usan como títeres) cuando estos intentan arrastrar a Harry al fondo del lago.

En el apartado actoral, Tom Felton firma su mejor actuación en toda la serie, consiguiendo hacer al fin de Draco una verdadera amenaza que, a la vez, no es inmune al miedo o a los remordimientos.

Del mismo modo, Michael Gambon se despide de la saga con todos los honores, asumiendo con seguridad y convicción un papel que acaba haciendo suyo.

Un personaje que ha quedado casi suprimido en el film es el de Romilda Vane, interpretada por la bellísima Anna Shaffer que, por cierto, no ha vuelto a tener otra incursión en la gran pantalla, circunscrita siempre a la televisión.

 

 Anna Shaffer 1

 

En la novela, Romilda se presentaba a Harry -“abandonado” por Ron y Hermione, que viajaban en el vagón de los prefectos- en el Expreso de Hogwarts, invitándolo a unirse a ella y a su popular grupo de amigas en otro compartimento para no tener que sentarse con Neville Longbottom o Luna Lovegood pero Potter se mostraba, como siempre, leal a sus amigos, por lo que rechazaba su invitación.

Más tarde, en su intento por llamar la atención de Harry, participaba también de las pruebas de quidditch, deporte para el cual no estaba dotada en absoluto e incluso proyectaba hacer ingerir al muchacho una poción de amor.

El aviso de Hermione evitaba tal circunstancia pero no a Ron, que acababa comiéndose los bombones dirigidos a su amigo, lo que acababa derivando en su enamoramiento y posterior intoxicación que casi acaba costándole la vida. Esto es casi lo único que ha quedado en el montaje final de la película.

No puedo dejar de comentar tampoco que, aunque se ignore completamente la descripción -tanto física como psicológica- que Rowling hace del personaje de Horace Slugthorn, adjudicando el rol a un actor que no guarda ninguna similitud con los mismos, lo cierto es que me gustó mucho la interpretación de Jim Broadbent, con su latente ambigüedad y su hedonismo a flor de piel.

 

Principe Slughorn

 

Por otra parte, es una lástima que no se muestre a Snape como profesor de Defensa contra las Artes Oscuras, objetivo que Severus perseguía desde su llegada a Hogwarts.

Con todo, las escasas intervenciones de Alan Rickman en la película –en la prestación del Juramento Inquebrantable, más tarde socorriendo a Draco después de que éste sea malherido por Potter y no digamos durante el asesinato de Dumbledore- son tan espléndidas como inolvidables.

Una última mención a la música: es una lástima que Nicholas Hooper decidiera afrontar tan pocos riesgos en la partitura del film, ya que repite prácticamente la partitura de la entrega anterior, haciéndonos añorar –esta vez sí- a John Williams y hasta a Patrick Doyle.

 

 

 

 

 

Universo HARRY POTTER - Parte I:

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Universo HARRY POTTER - Parte II:

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Universo HARRY POTTER - Parte III:

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Universo HARRY POTTER - Parte V:

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