ASESINATO EN EL ORIENT EXPRES

Mítico reparto en un mítico tren

 

 Asesinato en el Orient Express

 

ANTECEDENTES LITERARIOS

 

En 1974, Sidney Lumet dirigió una adaptación de la célebre novela escrita cuarenta años antes por Agatha Christie -“Asesinato en el Orient Express”-, con producción británica y guión de Paul Dehn.

Se trata de la decimonovena novela de la autora inglesa; la décima de las protagonizadas por el detective Hercules Poirot, que nació como una parodia del mismísimo Sherlock Holmes.

La historia nació de la experiencia real de la escritora mientras viajaba en el Orient Express y el tren hubo de deternerse por efecto de la nieve, proporcionando a los pasajeros una terrorífica y gélida noche.

El reparto de la película es, por su espectacularidad, una rareza casi irrepetible. Sobre todo teniendo en cuenta que, aunque nos hallamos ante una obra coral, se trata de papeles significativos en todos los casos y no de simples “cameos” al estilo de “El día más largo” o de algunas producciones de Robert Altman como “El juego de Hollywood”.

En los últimos meses se ha sabido que Kenneth Branagh está preproduciendo un ambicioso remake del film, que pretende contar con un reparto a la altura del de su predecesor.

Difícil le será conseguirlo, por mucho que ya se asocien al proyecto nombres como los de Johnny Depp, Michell Pfeiffer, Judi Dench, Derek Jacobi, Penélope Cruz o el propio Branagh.

 

LÍNEA ARGUMENTAL

 

En 1930, una niña británica llamada Daisy Armstrong es secuestrada en su propia casa en mitad de la noche. Algún tiempo después y pese a que su familia paga el rescate exigido, la niña aparece asesinada.

 

Asesinato en el Orient Express Titulares periodicos 2

 

Como consecuencia de este abominable crimen, la embarazada señora Armstrong sufre un parto prematuro en el que fallecen tanto ella como el niño que esperaba.

Desesperado por la brutal tragedia que le ha arrebatado, uno tras otro, a todos sus seres queridos, el coronel Armstrong se quita la vida, como también se suicida la doncella, erróneamente acusada del secuestro de la pequeña Daisy.

Cinco años después de estos espeluznantes sucesos, un transbordador atraviesa el Bósforo desde la zona asiática de Estambul hacia la Estación Central de la ciudad para enlazar con el Orient Express.

Uno de los miembros del pasaje es el célebre detective belga Hércules Poirot, quien en esos momentos soporta estoicamente la vana verborrea de su ocasional compañero; un militar británico que intenta inútilmente captar su atención mientras le agradece haber salvado el honor de la guarnición inglesa en Jordania.

Durante la breve travesía, Poirot sorprende un fragmento de la conversación que mantiene una pareja mientras ella frena las efusiones de él; “No, ahora no –protesta la dama mientras el caballero intenta besarla;- Cuando acabe todo. Cuando todo haya terminado. Entonces”.

Ya en el hotel, el detective se dirige al comedor, donde tiene la agradable sorpresa de encontrarse con su viejo amigo Bianchi, quien además es uno de los directivos de la Compagnie Internationale des Wagons-Lits.

Más tarde y en la propia estación, Pierre, el conductor de coches-cama, anuncia a Poirot que no ha sido posible conseguirle un compartimento en el tren. Aunque se excusa en el hecho de que todo el mundo parece haberse decidido a viajar esa noche, Bianchi le exige, en su calidad de directivo, que encuentre acomodo para su amigo.

 

Asesinato en el Orient Express Bianchi

 

Mientras discuten, Pierre va saludando a los viajeros que llegan hasta el vagón. Son, entre otros, la altiva princesa Dragomiroff y su servil y poco agraciada doncella Hildegarde, el conde Andrenyi y su bellísima esposa, el coronel Arbuthnot y la señorita Mary Debenham -pareja cuya conversación sorprendiera Poirot en el transbordador-, la timorata Greta, la charlatana e insolente señora Hubbard o el siniestro Ratchett, que viaja acompañado del impasible mayordomo Beddoes y de un apocado secretario apellidado McQueen.

 

Asesinato en el Orient Express Llegada sra Hubbard

 

Bianchi decide que sea este último quien comparta la habitación con Poirot, dado que la suya es la única en el vagón de Calais en la que sobra una litera.

Por fin, el Orient Express se pone en marcha y el detective deja pasar tranquilamente las horas en el vagón-restaurante, dedicándose a charlar con su viejo amigo e intentando esquivar a la señora Hubbard, de cuyo parloteo huyen todos sus compañeros de viaje.

Sin embargo, en un momento dado, el señor Ratchett abordará a Poirot para ofrecerle una gran suma de dinero a cambio de que éste vele por su seguridad, dado que cree que su vida está amenazada.

 

Asesinato en el Orient Express Richard Widmark 2

 

El detective rechaza la propuesta, en parte porque no le interesa ese tipo de trabajo, en parte porque tampoco le agrada el señor Ratchett, cuyo aspecto de gángster le produce cierta desconfianza.

Por otra parte y para mayor comodidad de Poirot, Bianchi le cederá finalmente su propia habitación al llegar a Belgrado, de modo que el detective se libra de la molesta compañía de McQueen aunque el convoy quedará detenido durante la noche a causa de una ventisca.

Mientras Poirot intenta conciliar el sueño, un extraño ruido llega desde el compartimento contiguo, que ocupa el señor Ratchett. Al entreabrir su puerta para indagar, el detective acierta a escuchar cómo su siniestro vecino se dirige a Pierre para indicarle que no le ocurre nada, salvo que ha tenido una pesadilla.

Otro ruido posterior desvela de nuevo a Poirot quien, al asomarse al pasillo, ve desaparecer por él a una dama envuelta en una llamativa bata blanca.

A la mañana siguiente, Beddoes –el mayordomo- llama con los nudillos a la puerta de Ratchett pero éste no responde. Poirot sale de su habitación y requiere a Pierre que abra con su llave maestra. De este modo descubren el cadáver de Ratchett sobre la cama.

 

Asesinato en el Orient Express Victima

 

El siniestro americano parece haber sido envenenado y también apuñalado de forma reiterada.

 

MAGNÍFICA ADAPTACIÓN

 

Efectivamente nos encontramos ante una de las mejores adaptaciones que se han hecho de la obra de Agatha Christie. Posiblemente junto a “Muerte en el Nilo” y la superlativa “Testigo de cargo”, que es de largo la mejor de todas ellas.

El film fue planteado por Lumet como una gran obra coral cuyo elemento de cohesión fuese la figura del detective Hércules Poirot, protagonista de un gran número de las novelas de la escritora británica.

Mantiene, por tanto, su atmósfera y también hace lo posible por reproducir la típica estructura de sus historias, que siempre giran en torno a la clásica pregunta: “¿Quién lo hizo?”.

A saber, una cuidadosa presentación de cada uno de los personajes, a la que sucede el asesinato de uno de ellos. Y, a partir de ahí, las pistas que aparecen, las teorías que éstas suscitan, los interrogatorios que descartan a los sospechosos y, finalmente, la reunión de todos los personajes que servirá para que Poirot se luzca desentrañando el misterio con su superior intelecto.

En este sentido, el desenlace de la trama puede parecer hoy en día muy obvio pero no lo era en absoluto cuando se estrenó el film y mucho menos cuando Agatha Christie publicó la novela. Antes al contrario, la resolución sorprendió enormemente al público por su originalidad.

En cambio, son muchas las historias que han tomado como inspiración dicho final para reproducirlo de forma más o menos literal o bien para transformarlo en una suerte de asumido homenaje: casos de “El golpe” o “Nueve reinas”, sin ir más lejos.

Para los más escépticos aclararé que la película coprotagonizada por Paul Newman y Robert Redford es, en efecto, un año anterior a la dirigida por Lumet pero la inspiración a la que aludo es más bien el final de la novela de Christie.

Puede que la Christie no fuese un portento literario –tampoco escribía precisamente mal- pero lo que en ningún caso puede negársele es su extraordinaria habilidad para urdir tramas ingeniosas.

Aquí planteaba una historia claustrofóbica a bordo del tren más lujoso del mundo, con una docena de potenciales culpables encerrados en un mismo vagón cuando el convoy queda aislado por la nieve.

Lumet añadía la guinda de contar con uno de los mejores repartos de toda la historia del cine, lo que acrecentó el interés, ya de por sí considerable, que había despertado la película desde el momento mismo de ser concebido su rodaje. Y a fe que la escritora, que asistió al estreno del film, no quedaría decepcionada.

En cualquier caso, el hecho de que gran parte del elenco estuviera en el ocaso de sus carreras –John Gielgud tenía por entonces 70 año; Richard Widmark 60; Ingrid Bergman 59; Martin Balsam 55; Lauren Bacall 50- y la contextualización de la historia en un tren que conoció su mayor esplendor en el período de entreguerras del primer tercio de siglo XX acentúa el tono nostálgico y decadente de un film que parece añorar tiempos pasados.

 

Asesinato en el Orient Express 3

 

La peculiar fotografía de Geoffrey Unsworth (nominado al Oscar por su trabajo), el impecable vestuario creado por Tony Walton (también nominado), la banda sonora orquestada por el también candidato al Oscar Richard Rodney Bennetty el diseño de producción que corrió a cargo de Tony Watomn (a quien se olvidó en las nominaciones) reman todos en esa misma dirección.

El guionista Paul Dehn vio reconocida su labor con otra nominación más, en el apartado de mejor guión adaptado pero no Sidney Lumet en el de director.

De las seis nominaciones totales con las que contó la película, sólo obtendría el de Mejor Actriz de Reparto para Ingrid Bergman.

En cuanto al rodaje, contó con localizaciones en Francia, Suiza y Turquía. Así, la estación del Orient Express fue recreada en un taller cercano a París, en tanto que las secuencias que muestran al tren durante su trayecto se llevaron a cabo en los Alpes suizos, aprovechando una línea ferroviaria recientemente cerrada entre Pontarlier y Gilley.

En cambio, las escenas que muestran al tren bloqueado por la nieve fueron rodadas en la pequeña comuna francesa de Maisons-du-Bois-Lièvremont.

La anécdota se produjo cuando el temor de Lumet a que no hubiera nieve suficiente le llevó a contratar un grupo de camiones con nieve artificial y estos quedaron atrapados… a consecuencia de una nevada.

El prólogo –luego recreado en algún momento del film-, que transcurre en la neoyorkina Long Island, fue rodado realmente en la inglesa Herfordshire mientras que Estambul también ofreció su bello perfil en las primeras escenas de la película.

 

UNA INTRODUCCIÓN SINGULAR

 

El prólogo al que aludía puede desconcertar al más pintado pues muestra, con una nebulosa fotografía azulada, poco más que las siluetas de los personajes que protagonizan el secuestro de la pequeña Daisy.

Veremos a un hombre raptarla aunque nunca se nos mostrará su rostro. Veremos igualmente a la criatura debatirse entre sus brazos y también a la servidumbre que intenta interponerse pero es brutalmente golpeada o burdamente atada.

Un segundo malhechor aparecerá de la nada para ayudar a su compañero cuando las cosas parecen ponérsele más difíciles.

Finalmente, en su huida, el vehículo de los secuestradores obligará al chófer de los Armstrong a desviar el suyo a la cuneta para evitar una colisión frontal.

Y, mientras vemos todas estas imágenes, se van superponiendo las portadas de los periódicos de los días posteriores al rapto.

La hija de los Armstrong, secuestrada”.

Los Armstrong consternados”.

Daisy Armstrong, ¿dónde estás? Horror por el secuestro de la niña”.

Armstrong paga el rescate”.

Y, finalmente,

Daisy aparece muerta”.

 

Asesinato en el Orient Express Titulares periodicos

 

En realidad, todo el prólogo constituye un cierto spoiler que, involuntariamente, desvela parte de la trama posterior pero es tal su brillantez cinematográfica que el espectador se ve obligado a disculpar el desliz.

 

UNA ESCENA ESPECTACULAR

 

Una secuencia en particular queda para el recuerdo: la de la partida del Orient Express desde su atestada estación, en la que asistiremos a la fusión entre el glamour de los pasajeros y el exotismo oriental.

Así, mientras los altavoces anuncian en inglés y francés las sucesivas paradas que observará el tren –Sofía, Belgrado, Brod, Zagreb, Trieste, Venecia, Milán, Lausana, París, Calais y su conexión con Londres-, un jeque árabe embarca junto a sus veladas esposas, rodeados de limpiabotas y vendedores de rosquillas.

Poco después harán su aparición la princesa Dragomiroff y su doncella alemana Hildegarde Smitt.

Entre tanto, los productos más selectos son subidos al tren tras ser supervisados por el encargado: naranjas, botellas de vino, coles de Bruselas, ostras, gigantescos jamones…

El conde y la condesa Andreyi llegarán poco después, sorteando con estoicismo a los vendedores y mendigos que les acosan de forma inmisericorde.

 

Asesinato en el Orient Express Llegada condes

 

Igual suerte correrá la señora Hubbard, más desdeñosa que los condes a la hora de rechazar las alfombras, collares y servicios de té que le ofrecerán de forma atropellada.

Pierre, el conductor de coches-cama, mostrará su satisfacción al ver a la dama pero, paradójicamente, ello no arrancará ni una palabra a una dama que, si por algo se caracterizará durante el viaje, será por su incontenible verborrea.

Tanto uno como otra quedarán atónitos cuando el recién llegado Bianchi presente a su amigo como el mundialmente famoso detective Hércules Poirot.

Pierre intentará disuadir a Bianchi de encontrar un hueco en el tren para el detective pero la orden del directivo será taxativa y, finalmente, Poirot será instalado en la cama de arriba de una litera ocupada por McQueen, el secretario de un grosero millonario americano llamado Ratchett, cuando ambos suben también al tren.

Instantes antes lo habrá hecho igualmente la maniática y asustadiza señorita Ohlsson, empeñada en buscar una medalla de San Cristóbal que lleva puesta al cuello.

Esta magistral escena nos servirá para ir trabando un primer contacto con los protagonistas de la trama que más tarde se desarrollará a bordo del tren.

La partida de éste, con la luz de la locomotora encendiéndose mientras el convoy echa a andar, constituye también una de las imágenes más recordadas del film.

 

EL TOQUE JUSTO DE HUMOR

 

No todo es intriga, asesinato y sospechas a bordo del Orient Express pues el guión también nos reserva algún momento para la sonrisa, aparte de la sobreactuación del inmodesto Poirot, con sus risotadas y su extraña apariencia, con esos bigotes fijados hacia arriba con cera y esa figura que parece encogida la mayor parte del tiempo.

Tras abrazar a su amigo Bianchi en el restaurante de su hotel en Estambul, el detective romperá la carta en pedazos.

- Los cubiertos son mucho mejores que la comida; la botella es muchísimo mejor que el vino. En cuanto al café, es un brebaje –se quejará Poirot.

- Bueno, que sea lo que Dios quiera –afirmará jocosamente su amigo.

Ya a bordo del tren, mientras el detective disfruta en el restaurante como no pudo hacerlo en Turquía, Bianchi echará una significativa mirada a la condesa Andrenyi cuando ésta abandona el coche comedor junto a su esposo.

- Los dos envidiamos al marido, ¿eh? –le guiñará el ojo a Poirot.

- ¿Y es tan inglés como su atuendo? –inquerirá éste después de asentir.

- No. Es un húngaro de sangre ardiente. Contemplando a su esposa, deja uno de ser diplomático, ¿verdad? –insistirá el directivo.

- Gracias a Dios que no somos jóvenes –será la conclusión del detective.

Con todo, la escena más divertida del film tendrá lugar poco después de conocerse el asesinato de Ratchett, con el consiguiente alboroto por parte de sus compañeros de vagón.

- Yo estuve cerca de su asesino –comentará la charlatana señora Hubbard, sembrando la inquietud de todos.

- ¿Quiere decir que vio usted al hombre? –se apresurará Bianchi a preguntar-; ¿Que puede identificar al asesino?

- No quiero decir nada de eso –responderá ella con aplomo.- Quiero decir que anoche había un hombre en mi departamento. Estaba muy oscuro y yo tenía los ojos cerrados por el miedo.

- Entonces, ¿cómo sabe que era un hombre? –se extrañará el directivo.

- Porque he tenido relaciones muy íntimas con mis dos maridos.

- ¿Con los ojos cerrados? –preguntará él con malicia.

- Eso ayudaba.

 

Asesinato en el Orient Express Humor

 

La princesa Dragomiroff, por lo general circunspecta y silenciosa, pondrá el broche de oro a la secuencia cuando la señora Hubbard insista una vez más:

- ¿No cree que ese hombre entró en mi departamento para tener acceso al del señor Ratchett?

- Yo no encuentro ninguna otra razón, madame –sentenciará la princesa.

 

LLUVIA DE ESTRELLAS

 

Comienza el repaso al espectacular reparto del film, repleto de Oscars y nominaciones a los mismos, con ALBERT FINNEY, quizás no la mayor de las estrellas de la película pero, sin duda, quien soporta el peso de la historia.

 

Asesinato en el Orient Express Poirot

 

Acostumbrados a ver a Peter Ustinov (“Muerte en el Nilo”, “Muerte bajo el sol”) en el papel de Hércules Poirot, a muchos no acabó de convencerles la interpretación de un Finney a quien el maquillaje hubo de añadir treinta años pues apenas contaba con 38 cuando apareció en la película.

Aunque se tratara de una minoría –todos los demás alabaron su trabajo hasta el punto de verle nominado al Oscar al mejor actor, que no lograría finalmente-, no faltó quien le achacó cierta sobreactuación y le acusó de ridiculizar al más popular personaje creado por Agatha Christie.

Pero aparte de que Poirot es, no obstante su gran sagacidad, un personaje caricaturesco en sí mismo, nunca he acabado de entender dichas críticas, teniendo en cuenta que, además, Finney tuvo que moverse, en “Asesinato en el Orient Express”, entre algunos de los más grandes intérpretes de su época.

En mi opinión, por tanto, el actor de Manchester no sólo sale airoso del envite sino que supera incluso a Peter Ustinov, que le sucedería en posteriores films protagonizados por el detective belga de los finos bigotes (los dos ya citados y también varios telefilms como “El templete de Nasse House”).

Nada tenía que ver, en todo caso, su papel con los de “Tom Jones” (que le valió su primera nominación al Oscar, un galardón que nunca obtendría pese a sus cinco nominaciones), “Dos en la carretera” (en su mano a mano con Audrey Hepburn) o “Muchas gracias, Mr. Scrooge” que había protagonizado hasta entonces.

Por otro lado, tampoco guardaría demasiada relación con los papeles que interpretaría en las posteriores “Los duelistas”, “Annie”, “Bajo el volcán”, “Muerte entre las flores”, “Erin Brockovich”, “Traffic”, “Big fish”, “Un buen año”, “El ultimátum de Bourne” o “Skyfall”.

Más arriba en el star system, la incombustible LAUREN BACALL hace alarde, en uno de sus papeles de madurez, del enorme atractivo que siempre la caracterizó.

 

Asesinato en el Orient Express Lauren Bacall 2

 

Ni siquiera bajo el disfraz de la charlatana y hosca señora Hubbard se desprende la eterna pareja de Humphrey Bogart de su enorme magnetismo, haciendo alarde una vez más la neoyorkina de su eterno idilio con la cámara.

La Bacall nunca ganaría un Oscar pero le sería otorgado uno Honorífico en 2009, cinco años antes de morir.

Nacido, como la Bacall, en el Bronx, MARTIN BALSAM es el encargado de interpretar al afable Bianchi, un papel que le va como anillo al dedo. Directivo de la línea ferroviaria, será su leal amistad la que permitirá a Poirot viajar a bordo del Orient Expres y, de paso, resolver el misterioso crimen.

 

Asesinato en el Orient Express Martin Balsam

 

Doce hombres sin piedad”, “Psicosis”, “Desayuno con diamantes”, “El cabo del terror”, “Siete días de mayo” o “Tora! Tora! Tora!” eran tan sólo algunos de los títulos memorables que jalonaban la carrera de Balsam para cuando pasó a formar parte de este irrepetible elenco, habiendo conseguido el Oscar al Mejor Actor de Reparto por “El payaso de la ciudad”.

En cuanto a INGRID BERGMAN, la única actriz entre todo el elenco agraciada con un Oscar por su trabajo en el film de Lumet –el de Mejor Actriz de Reparto-, lo cierto es que le habían ofrecido el papel de Princesa Dragomiroff pero ella consideró, con buen criterio, que era más indicada para el de la pacata y monjil señorita Ohlssen que, de paso, evitaba a los productores buscar a otra actriz con acento sueco.

 

Asesinato en el Orient Express ingrid Bergman 2

 

La ex “rubia de Hitchcock”, de hecho, exagera su acento; algo que lógicamente se aprecia en la versión original. Otra de sus peculiaridades es que, presa de los nervios, nunca fija la vista en un punto concreto, contagiando su propia ansiedad a la platea.

 Su Oscar sería el tercero y último -los dos anteriores, como Actriz Protagonista, los consiguió con “Luz que agoniza” y “Anastasía”- en una brillantísima carrera cuajada de éxitos.

Su presencia en “Intermezzo” (tanto en el original sueco como en el remake estadounidense rodado tres años después), “Casablanca”, “¿Por quién doblan las campanas?”, “Recuerda”, “Encadenados”, “Juana de Arco” (también en dos versiones diferentes; la estadounidense y el remake italiano dirigido por su marido Roberto Rossellini) o “Stromboli”, así lo atestigua.

Mucho más joven y con una filmografía más discreta, la inglesa JACQUELINE BISSET sería la encargada de dar vida a la bella condesa Andrenyi, cuyo personaje goza de poco diálogo y luce palmito más que otra cosa.

 

Asesinato en el Orient Express Jacqueline Bisset

 

La Bisset ya había coincidido con Albert Finney en “Dos en la carretera”, tras su participación en la paródica “Casino Royale”, su primera aparición significativa en una pantalla.

Títulos como “Bullitt”, “Saltarina” o “Aeropuerto” contribuyeron a afianzar su creciente fama y, para cuando se puso a las órdenes de Lumet, sus éxitos más recientes eran “El juez de la horca” y “La noche americana”.

El rol de Pierre, el solícito conductor de coches-cama asignado al vagón Calais en el que viajan los protagonistas, correría a cargo de JEAN-PIERRE CASSEL, padre del también actor Vincent Cassel.

 

Asesinato en el Orient Express Pierre

 

El actor parisino, fallecido en 2007, dejó tras de sí una larguísima filmografía que comprende más de dos centenares de títulos, entre los cuales cabría destacar “No me digas adiós” (en la que coincidió con Ingrid Bergman), “Nunca pasa nada” (dirigida por Juan Antonio Bardem), “Aquellos chalados en sus locos cacharros”, “¿Arde París?”, “El ejército de las sombras” o “El discreto encanto de la burguesía”.

La ceremonia” y “Los ríos de color púrpura” (coincidiendo con su hijo Vincent) fueron algunos de sus últimos trabajos, siendo el último de todos la endeble “Astérix en los Juegos Olímpicos”. Sin duda, Cassel hubiese merecido una mejor despedida.

El gran SEAN CONNERY encarnaría a bordo del Orient Express el papel de coronel indio Arbuthnot. Un tipo con fuerte temperamento que intenta ocultar su amor por otra de las pasajeras –Mary Devenham- en tanto se resuelve de forma favorable su propio divorcio.

 

Asesinato en el Orient Express Sean Connery

 

 

Popularizado por su interpretación de James Bond en media docena de películas –entre ellas, alguna de las mejores como “Agente 007 contra el Doctor No”, “Desde Rusia con amor” o “James Bond contra Goldfinger”-, el actor escocés había tenido tiempo también para trabajar a las órdenes de Hitchcock (“Marnie la ladrona”), además de intervenir en otras tres películas del propio Sidney Lumet: “La colina”, “Supergolpe en Manhattan” y “La ofensa”.

En épocas posteriores también intervendría en films tan memorables como “El hombre que pudo reinar”, “Robin y Marian”, “Un puente lejano”, “Atmósfera cero”, “Los inmortales”, “El nombre de la rosa”, “Los intocables de Eliot Ness” (Oscar al Mejor Actor de Reparto), “Indiana Jones y la última cruzada”, “La caza del Octubre Rojo” o su recordado cameo final en “Robin Hood, príncipe de los ladrones”.

Otro grande de la interpretación, el inglés JOHN GIELGUD, encarnaría de forma impecable al impasible mayordomo Beddoes.

 

Asesinato en el Orient Express Beddoes

 

Hace casi veinte años que desapareció pero el enorme talento actoral de Gielgud, ganador de dos Oscar a Mejor Actor de Reparto por “Becket” y “Arthur, el soltero de oro”, todavía permanece entre nosotros gracias al imborrable recuerdo de, entre otras, “El agente secreto”, “Julio César”, “Ricardo III”, “La vuelta al mundo en 80 días”, “Campanadas a medianoche”, “Las sandalias del pescador”, “Asesinato por Decreto”, “El director de orquesta”, “El hombre elefante”, “Carros de fuego”, “Gandhi” o “Shine, el resplandor de un genio“ o las televisivas “Marco Polo” y “Retorno a Brideshead”.

Menos conocida es la veterana actriz WENDY HILLER, que interpretaría a la casi momificada Princesa Dragomiroff, una aristócrata zarista de cuyas tendencias políticas dejará claras evidencias la decoración de su compartimento. Su look apergaminado, por otra parte, recuerda poderosamente al lucido por Gary Oldman en la “Bram Stoker’s Dracula” de Coppola.

 

Asesinato en el Orient Express Princesa 2

 

La actriz inglesa coprotagonizó junto a Leslie Howard la “Pygmalion” de 1938 y también cuenta en su haber con participaciones en “Mesas separadas” (que le otorgó el Oscar a la Mejor Actriz de Reparto), “Un hombre para la eternidad” (coincidió con Vanessa Redgrave), “El viaje de los malditos” o “El hombre elefante” (con John Gielgud).

En cuanto a ANTHONY PERKINS, un actor al que personalmente aprecio poco a causa de sus enervantes tics y su visible encasillamiento, haría en el film las veces de McQueen, el timorato y apocado secretario de la víctima.

 

 Asesinato en el Orient Expres Anthony Perkins

 

Por supuesto, Perkins debe toda su fama a su intervención en “Psicosis” aunque en su filmografía no faltan buenos films como “La gran prueba” (donde fue nominado a los Oscar por única vez, en la categoría de actor de reparto), “Cazador de forajidos”, “La hora final”, “No me digas adiós” (junto a Ingrid Bergman y Jean-Pierre Cassel), “El proceso”, “¿Arde París?” (de nuevo con Jean-Pierre Cassel) o “El juez de la horca” (junto a Jacqueline Bisset).

Todavía en activo, la veterana VANESSA REDGRAVE lucía juventud y talento en el film, encarnando a Mary Devenham, la desenfadada y paciente prometida del ya casado coronel Arbuthnot.

 

Asesinato en el Orient Express Vanessa Redgrave 2

 

Un hombre para la eternidad”, “Blow-up (Deseo de una mañana de verano)”, “Camelot”, “María, reina de Escocia”, “Julia” (que le reportaría su único Oscar; concretamente como Mejor Actriz de Reparto), “Las bostonianas”, “Regreso a Howard’s End”, “La casa de los espíritus”, “Misión imposible”, “Smila, misterio en la nieve”, “Inocencia interrumpida”, “Expiación, más allá de la pasión” o “Anonymous” son sólo algunos de los títulos que brillan en la hoja de servicios de la actriz inglesa.

Al actor estadounidense RICHARD WIDMARK le correspondería el dudoso honor de convertirse en Ratchette, la víctima de la función.

 

 Asesinato en el Orient Express Richard Widmark

 

Reputado intérprete de intachable carrera y habitual de los westerns, a Widmark es fácil recordarle por su trabajo en “El beso de la muerte” (que le valió su única nominación al Oscar gracias a su labor como actor de reparto), “Cielo amarillo”, “El demonio del mar”, “Pánico en las calles”, “Noche en la ciudad”, “Manos peligrosas”, “Lanza rota”, “La ley del Talión”, “El hombre de las pistolas de oro” (no confundir con el film de James Bond protagonizado por Roger Moore), “Dos cabalgan juntos”, “Vencedores o vencidos? (El juicio de Nuremberg)”, “La conquista del Oeste” o “El gran combate”.

Por último, el inglés MICHAEL YORK encarnaría al conde Andrenyi, un elegante aristócrata húngaro.

 

Asesinato en el Orient Express Michael York

 

La mujer indomable”, “Romeo y Julieta”, “Cabaret” u “Horizontes perdidos” se contaban ya entre los grandes éxitos del actor, al que luego sucederían otros como “La fuga de Logan” o “La isla del doctor Moreau”.

 

EL ORIENT EXPRESS, UN TREN MÍTICO

 

En 1883, el empresario belga Georges Nagelmacken -que once años antes había creado la francesa Compagnie Internationale des Wagons-Lits, la primera en introducir coches cama y vagones restaurantes en trenes europeos a semejanza de los estadounidenses- inauguró esta ruta ferroviaria.

Originalmente salía de París un par de veces por semana y llegaba hasta la ciudad rumana de Giurgiu, pasando por Estrasburgo, Munich, Viena, Budapest y Bucarest.

Seis años después se amplió el trayecto hasta Estambul, a la que hasta entonces sólo se llegaba haciendo un transbordo en ferry por el Danubio y otro en tren hasta el transbordador que llegaba a la ciudad turca. Belgrado y Sofía se incorporarían también entonces al nuevo trazado.

Tras la inauguración en 1919 del túnel Simplon, que une Suiza con Italia, nace una ruta alternativa hasta Estambul que, desde París, pasará por Lausanne, Milán, Venecia y Trieste antes de unirse a la antigua ruta en Belgrado. Ésta será la ruta que siga el Orient Express en la película de Lumet.

Para llegar de Londres a París, los pasajeros salían en tren desde la londinense Estación Victoria hasta Dover, donde tomaban un ferry hasta Calais. Desde allí, otro tren les conducía hasta la Gare de Lyon en la capital francesa.

En todo caso, la historia del tren está rodeada de intriga, romanticismo y misterio y la escritora Agatha Christie contribuyó notablemente a acrecentarlos.

Luego, Graham Greene (“El tren de Estambul”) y John Dos Passos (“Orient Express”) pusieron también su granito de arena.

Hasta el agente 007 James Bond viajaría a bordo de este emblemático tren en “Desde Rusia con amor”.

A pesar de haber sufrido varios períodos de interrupción, el “Venice Simplon Orient Express” (nombre actual del tren) sigue operativo en nuestros días.

Se le define como un hotel de 5 estrellas de Art Déco sobre raíles, en el que la gastronomía, el lujo, la elegancia y el trato exquisito son su carta de identidad.

 

Asesinato en el Orient Express Tren actual

 

La versión actual del Orient Express consta de hasta 17 vagones, decorados efectivamente en estilo Art Déco.

Tres de ellos albergan sendos restaurantes –“Côte d’Azur”, “Étoile” y “L’Oriental”- ambientados en los años veinte.

El resto son coches-cama o están destinados al personal y al equipaje, siendo la capacidad total del tren de 252 pasajeros.

En realidad, los vagones son los originales aunque han sido minuciosamente restaurados.

 

Asesinato en el Orient Express tren actual 2

 

Eso tiene sus pros y sus contras, por otra parte, Así, por ejemplo, los servicios están situados al principio y al final de cada coche cama, ya que las habitaciones sólo cuentan con lavabo.

En línea con este anacronismo, junto a los interruptores de la luz hay un botón para llamar al mayordomo.

El desayuno se sirve en el propio compartimento; la comida, en los tres restaurantes citados, que cuentan con cuatro prestigiosos chefs. En cuanto a la cena, se ofrece en dos turnos y está amenizada por un pianista.

Está prohibido llevar vaqueros en el tren y, aunque durante el día se permite la indumentaria “informal pero elegante”, por la noche es imprescindible el esmoquin o traje en los caballeros y el traje de noche en las damas.

El precio de un inolvidable viaje a bordo del “Venice Simplon Orient Express” va desde los “discretos” 2.400 euros que cuesta el trayecto Londres-París-Venecia o viceversa (sólo la ida) y que dura dos días hasta los 7.000 euros del trayecto París-Estambul, que dura 6 días y 5 noches.

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