KING KONG

El remake más sensual

 
 King Kong bella y bestia
 
A VUELTAS CON LOS REMAKES

 

Aunque a veces no lo parezca, soy tan enemigo de los remakes como cualquier cinéfilo y, por lo general, abomino de las repeticiones innecesarias y oportunistas.

No entiendo, por ejemplo, qué necesidad (fuera de la crematística) puede haber de llevar a la gran pantalla nuevas versiones de films como “Ben Hur”, “Crimen perfecto”, “Psicosis”, “Nueve reinas” o “El planeta de los simios”.

Sin embargo, en estas mismas páginas habréis encontrado críticas positivas a los remakes de “39 escalones”, “La muerte de vacaciones” o esta “King Kong”.

¿Cómo se explica este aparente doble rasero?

No sin dificultad, debo reconocer. Al final, la cuestión resulta meramente personal pero, puestos a intentar justificarlo, supongo que parto de la base de que una película perfecta y redonda no precisa de retoque alguno.

Repetir algo a sabiendas de que no sólo no se puede mejorar sino que necesariamente se va a empeorar, me parece no sólo una pérdida de tiempo sino también una afrenta al original.

Sin embargo, hay más lecturas del asunto. Dando por sentado que no son tantas las películas que pueden tildarse de perfectas, otro elemento a considerar es su susceptibilidad de admitir nuevos o distintos enfoques.

Sería apelando a este último apartado que podríamos considerar útil al primero de los remakes relevantes de “King Kong”, por las razones que más tarde detallaremos.

 

LÍNEA ARGUMENTAL

 

El “Petrox Explorer” aguarda su partida, atracado en el puerto indonesio de Surabaya.

 

King Kong barco

 

Un joven melenudo, Jack Prescott, llegará hasta el barco a bordo de un taxi, simulando estar borracho.

Un fajo de billetes dejado caer al suelo con mal disimulado descuido le permitirá sobornar al guardia de la verja, tras lo cual Jack trepará hábilmente por una de las gruesas amarras que sujetan el barco a la orilla.

Pese a las predicciones metereológicas negativas, que llevan al capitán Ross a aconsejar 48 horas más en Surabaya, el jefe de la expedición financiada por la Petrox Company, Fred Wilson, insistirá en zarpar sin demora pues sospecha que su principal competidora petrolífera anda detrás del mismo descubrimiento que él.

De hecho, la expedición de Wilson pretende encontrar petróleo en una desconocida isla de la Micronesia.

La aparición de Prescott en la reunión informativa que la tripulación celebra durante la travesía acarreará su detención, ya que Jack viaja como polizón.

 

King Kong Jack irrumpe en reunion

 

Sin embargo, antes de ser confinado en un camarote, el profesor Prescott –que lo es del Departamento de Paleontología en la Universidad de Princeton- acertará a divisar algo en medio del mar: resultará ser una barca hinchable con una bonita chica a bordo.

Una vez comprobadas por radio las credenciales de Jack, Wilson decide que el profesor se gane el pasaje haciendo de fotógrafo de la expedición pero también como médico, siendo su primer cometido reanimar a la muchacha rescatada.

Dwan parece ser la única superviviente de un yate hundido, cuyo S.O.S. recibiera horas antes el Petrox Explorer.

 

King Kong Dwan despertando

 

La chica viajaba invitada por un tal Harry, quien le había ofrecido un papel en una película suya que había de rodarse en Hong Kong.

Paradójicamente, sería la negativa de Dwan a compartir con Harry una película en el camarote de éste, lo que provocó que ella se encontrara sola en cubierta cuando se produjo la explosión del yate.

Un bote salvavidas de los que se inflan automáticamente y la buena vista de Jack completan un milagro que Dwan atribuirá, no obstante, a la película.

La lancha de reconocimiento del barco se aventurará a atravesar el banco de niebla cuando el Petrox Explorer alcanza al fin sus inmediaciones.

Cruzando la densa niebla, el grupo de expedicionarios alcanzará una playa, en la que Jack inmortaliza con la cámara a la bella náufraga pero también a Wilson descendiendo de forma envarada (“¡qué naturalidad!”, afirmará Prescott con disimulado sarcasmo) para tomar posesión de la isla teóricamente desierta.

 

King Kong desembarco

 

Un único camino se abre en la pared rocosa de la isla, el cual les conducirá frente a una cascada y mucho más tarde, cruzando un terreno difícil por el que avanzan con dificultad, hasta lo que parece ser una empalizada gigantesca.

 

King Kong empalizada

 

Wilson opinará en voz alta que se trata de una construcción prehistórica pero Jack le desmiente pues advierte reparaciones recientes en la madera.

El otro intenta entonces imponer su punto de vista, según el cual la isla está deshabitada pero unos tam-tams le dejarán en evidencia.

 

King Kong grupo frente a empalizada

 

Poco después, el grupo asiste a una singular ceremonia en la que una joven novia es agasajada por el resto de mujeres y cortejada por un guerrero disfrazado de mono pero el profesor Prescott sospecha que el novio espera del otro lado de la empalizada.

Son descubiertos antes de finalizar la ceremonia y el hombre disfrazado de mono reclama a la joven rubia.

 

King Kong nativos

 

Ante la negativa de sus blancos acompañantes a prescindir de la compañía de Dwan, el nativo les ofrece media docena de sus mujeres pero tampoco su oferta tendrá éxito, de modo que intentará tomar a la mujer rubia por la fuerza aunque una salva de disparos efectuados al aire acabará por disuadirle, sembrando el terror entre los indígenas.

Esa noche, en el barco, Jack intenta convencer al jefe de la expedición de que las leyendas sobre un simio gigantesco que acompañan a la isla son ciertas pues los nativos no dejaban de invocar el nombre de “Kong”.

Ante la amenaza de Wilson de disparar “contra cualquier mono mayor de dos metros” que vea, Prescott le reprochará su actitud antiecológica que además podría granjearle el veto de los consumidores de la gasolina de Petrox.

El paleontólogo se prepara para una incursión en solitario en la isla pero Dwan le ofrece un plan alternativo en su camarote, por lo que Jack aplaza su aventura unas horas.

Sin embargo, mientras Prescott se ausenta unos minutos en busca de ciertas vituallas que precisa para su misión, la chica es raptada por un grupo de nativos que se ha deslizado en silencio a través del banco de niebla con su canoa.

Cuando Jack descubre junto a su barca uno de los collares de huesos de los indígenas, organiza rápidamente una expedición de rescate.

Pero para entonces ya Dwan ha sido ataviada con el vistoso traje ceremonial, agasajada por las mujeres y el guerrero disfrazado de mono y aguarda amarrada fuera de la empalizada, bajo el efecto de las drogas que le han administrado.

 

King Kong Dwan a merced de Kong

 

Su efecto no será suficiente para evitar los gritos de la chica cuando vea abalanzarse sobre ella a una gigantesca bestia de casi 18 metros de altura; el rey Kong.

 

EL ENFOQUE CIENTÍFICO VS. EL ECOLOGISTA

 

Al principio del film, al gigantesco capataz de la expedición le sorprenderá contar únicamente con 1.800 pies (unos 550 metros) de tubo para hacer la prospección petrolífera que es el objeto del viaje. Máxime cuando uno de sus operarios le recuerda que en algunos lugares no encontraron nada hasta los 26.000 pies (casi 8 kilómetros).

Sin embargo, el señor Bagley, científico de a bordo, sostendrá que en este caso concreto serán más que suficientes.

- Navegamos hacia un tesoro fabuloso –comenzará Wilson, entusiasmado, la reunión una vez el Petrox Explorer navega hacia su destino-. Presiento que vamos a encontrar el mayor yacimiento de petróleo del mundo.

Mostrará entonces una fotografía de 1943, sacada del Archivo de la Marina. Otra de apenas dos semanas de antigüedad reproducirá esa misma imagen de un manto de niebla perenne.

- Un banco de niebla que no sufre el menor cambio en 35 años –proseguirá Wilson-. Tampoco nosotros lo hubiéramos explorado de no ser por una razón: un satélite-espía de la NASA se desvió de su rumbo y sacó estas fotografías por error.

Bagley, “la voz de la Ciencia”, explicará entonces que el satélite tenía como misión analizar los gases de la prueba de un misil pero que sus fotografías con infrarrojos arrojan un espectógrafo que muestra la composición del misterioso banco de niebla que cubre lo que inequívocamente es una isla.

- Radicales de hidrocarbono libres; nitrógeno en exceso; dióxido de carbono por encima de lo normal pero no venenoso aunque resulte incomprensible... En consecuencia deben ser vapores emanados del suelo. Mi opinión es que dichos vapores provienen de pozos petrolíferos.

En la sala a oscuras en la que se proyectan las diapositivas, una voz desconocida será la encargada de enfriar los ánimos:

- Infinidad de cosas pueden justificar un exceso de CO2.

- Sin ir más lejos, la respiración animal. Nadie puede asegurar que el hombre no haya pisado esa isla.

- En 1605 –enumerará Prescott-, Pedro Fernández de Quirós fue empujado hacia el sur desde Tuamotu. Escribió en su cuaderno de bitácora: «Penetrando en el velo blanco. Anclamos en la Playa del Cráneo, donde se oyó el rugido de una enorme bestia». El resto del diario, desgraciadamente, fue suprimido por el Santo Oficio de Roma.

- En 1749 se encontró un bote salvavidas en la misma zona. Estaba vacío pero en él habían dibujado con sangre una especie de enorme figura. Una figura humana. Y esta extraña advertencia: «De la unión con el que tienta al cielo, señora, que te libre Dios».

Su referencia a la nota de un submarinista japonés que la lanzó en 1944 dentro de una botella será interrumpida a voces por un Wilson que, en un primer momento, le tomará por un espía de la compañía petrolífera rival:

 

King Kong reunion interrumpida

 

El jefe de la expedición se llevará más adelante una amarga sorpresa cuando se desvele la naturaleza del combustible que alberga la misteriosa isla pero, para entonces, el profesor Jack Prescott ya habrá hecho su alegato a favor de la naturaleza y en contra de las prácticas empresariales de las petroleras.

Aunque Jack habrá de luchar con las ambiciones artísticas de su nueva novia, algo en él se agitará cuando, en la parte final de la película, la expedición estadounidense altere el statu quo de la isla, llevándose a su habitante más singular.

- Pregunte a los nativos lo que piensan de haberse librado de él –sostendrá un Wilson convencido.

- Está equivocado –le rectificará, una vez más, Jack-. Le echarán mucho de menos. Él era el temor, la magia, el misterio de sus vidas..

 

KONG EN COLOR

 

Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack habían dirigido ex aequo en 1933 un film fantástico que revolucionaría la historia del cine y que era la consecuencia lógica de “The Lost World” (1925).

En un blanco y negro esplendoroso y con las lógicas limitaciones de los efectos visuales de la época, Fay Wray se convertía en Ann, la rubia protagonista que robaba el corazón de la bestia gigante.

 

King Kong 1933

 

La película mostraba a un equipo de rodaje dirigiéndose a la misteriosa isla de Teschio (“calavera” en italiano), al este de Sumatra.

Allí los recién llegados descubrían la existencia de una civilización prehistórica, en forma de una tribu ancestral que secuestraba a la atractiva Ann para ofrecerla en sacrificio ritual a King, un gigantesco gorila.

El guión era obra de James Ashmore Creelman y Ruth Rose, según una idea de Edgar Wallace y del propio Merian C. Cooper y la magia de la película trascendía sus limitados medios, afianzando el mito de la Bella y la Bestia pues ésta quedará prendada hasta el punto de arriesgar (y perder) su vida por defenderla.

Vista más de ochenta años después, el film conserva su poesía pero las imágenes de los muñecos (de apenas medio metro de altura) interactuando entre sí resultan un tanto desalentadoras.

No es que los efectos visuales que muestra Guillermin en su película sean para tirar cohetes –los movimientos de Kong son más que torpes y su inexpresividad manifiesta- pero hay que reconocer que la ambientación en la isla –la playa, la cascada, la empalizada- resulta tan sobresaliente como el decidido tono de aventura que adopta.

Eso, la incorporación del color y la evidente intención de romper la taquilla son algunos de los reproches que siempre ha recibido la película. Probablemente la peor de las tres versiones principales de “King Kong” pero no por ello, ni mucho menos, despreciable.

La película acusa, eso sí, el “efecto Godzilla” en los movimientos de su peludo protagonista y también se postula como un canto al ecologismo imperante en los años setenta pero, a cambio, proporciona entretenimiento a raudales y algunas secuencias inolvidables dentro del cine de aventuras.

 

King Kong el gorila 2

 

Por otro lado, la estructura del film resulta impecable, con una trama que arranca de los personajes –aunque en ningún momento se pretenda una gran profundidad en los mismos- hasta llegar a la atmósfera misteriosa y el sugestivo marco donde se concretará la aventura.

Baste con decir que King Kong no aparece en pantalla por primera vez hasta transcurridos 50 de los 134 minutos de que consta el film, sin que en ningún momento se aprecie descenso alguno ni de interés ni de ritmo.

 

EL EROTISMO ENTRA EN ESCENA

  

Una de las principales aportaciones que el remake de Guilermin hace al original es precisamente la inclusión del erotismo como elemento narrativo.

Y no se trata de algo meramente sugerido o insinuado sino que la corriente de sensualidad que se establece entre el gorila gigante y la hermosa rubia –y de la que carece por completo la relación entre la chica y el profesor- se muestra de forma explícita y excitante sin resultar procaz, lo cual no es precisamente poco.

Dwan (una Jessica Lange infinitamente más sensual que cualquier otra partenaire que se haya adjudicado al gorila gigante) se excitará visiblemente cuando Kong, después de situarla con su propia manaza bajo el agua de la cascada y dejarla caer para que nade libremente, la recoge de nuevo y la seca soplando con sus enormes carrillos hinchados.

 

King Kong ducha

 

King Kong soplando

 

King Kong ducha 3

 

King Kong ducha 2

 

Pero más lascivo parecerá el enorme simio cuando, en una escena posterior, la acaricie con uno de sus enormes dedos y suelte los tirantes del vestido de la chica para desnudarle los pechos, cosa que conseguirá finalmente aunque la cámara sólo lo muestre de forma parcial.

 

King Kong erotismo 1

 

King Kong Pechos

 

Resulta más que curioso que la inexpresividad de que hace gala “el mono” durante la mayor parte de la película se vea alterada en estas dos escenas, en las que la lujuria asoma realmente a la mirada de la bestia encelada.

No se hará más hincapié en la carga sexual de su relación con la bella cuando ésta visite a Kong en el interior del superpetrolero que conduce al gorila a Nueva York.

Aquí, paradójicamente, la aparición de Dwan sólo servirá para apaciguar al gran simio, que amenazaba con destrozar el barco.

Una vez calmado, Kong no necesitará que ella le pida que la deje en el suelo sino que él lo hará de forma voluntaria, limitándose a quedar adormecido mientras Dwan asciende parsimoniosamente la escalera que la conduce al exterior del enorme tanque en que han confinado al “monstruo”.

También resulta harto significativo, como apuntaba unas líneas atrás, la absoluta ausencia de feeling o de chispa entre la propia muchacha y el profesor Prescott, cuyas escenas resultan tan faltas de sensualidad como el más tibio de los melodramas hollywoodienses de principios de siglo.

 

 King Kong protas sin feeling

 

De modo que parece evitarse de forma deliberada la sensualidad entre los humanos en tanto que no hay empacho alguno en mostrar toda una invitación a la zoofilia. Cosas del cine, supongo.

 

CAMBIO DE ESCENARIO Y DE “SECUNDARIOS”

 

Algunos de los cambios más llamativos que el guión de este film experimenta respecto al de 1933 son el lugar del desenlace y las bestias que ejercen de “secundarias” en la Isla Calavera.

También otros aspectos como el hecho de que el profesor Prescott conozca de antemano la leyenda de King Kong y se cuele en el barco precisamente para probar su veracidad.

Los dinosaurios -que en la versión de 1933 eran muñecos articulados al igual que el propio Kong y que en la versión de 2005 fueron creados por una infografía un tanto defectuosa- son sustituidos aquí por una solitaria serpiente gigante, tan mal diseñada como insuficiente para dar fe de la fauna prehistórica de la isla.

 

King Kong serpiente

 

En cuanto al lugar del dramático desenlace, sigue siendo Nueva York pero, mientras en las dos versiones citadas el clímax tiene lugar en lo alto del Empire State Building (en cuyo edificio, por cierto, se exhibe un gran cartel del film de 1933), en la película de John Guillermin el rascacielos es sustituido nada menos que ¡¡¡por las Torres Gemelas!!!

Jack Prescott se referirá a ellas como “el World Trade Center” y no sólo King Kong acabará cayendo de una de las Torres, mortalmente herido por los lanzallamas de los soldados y por la metralla con que lo rocían los helicópteros, sino que en un momento dado saltará de la una a la otra.

 

King Kong subiendo a las Torres Gemelas

 

A propósito, estos helicópteros que cometerán “el asesinato” del gran simio eran avionetas en las otras dos versiones con las que estamos comparando el film desde un principio.

Por otra parte, hay que resaltar la curiosidad de que sea Honopu Beach, en la isla hawaiana de Kaua'i, la localización escogida para ser la playa a la que llegará la expedición tras superar la barrera de niebla.

 

King Kong camino en la playa

 

Su peculiar cueva escavada en la propia playa volvería a verse en una gran pantalla treinta y cinco años después; concretamente, en “Piratas del Caribe: en mareas misteriosas”.

 

EL REMAKE DE JACKSON

 

La versión de Peter Jackson –“King Kong” (2005)- es la más mastodóntica de todas, con un diseño de producción jamás visto con anterioridad, un metraje claramente excesivo (187 minutos), un enfoque más dramático que ninguno de sus precedentes y unos efectos visuales desigualmente logrados.

Si bien el mono gigante está magníficamente recreado, siendo de lejos el más convincente de cuantos se hayan mostrado en una pantalla, algunas secuencias, en cambio, sonrojan al más pintado por su deficiente infografía.

 

King Kong 2005

 

Sobre todo aquellas en las que aparecen los dinosaurios de la Isla Calavera y que no sólo son netamente inferiores a los de la primera “Parque Jurásico” (1993), una película doce años más antigua, sino que también evidencian unos efectos bastante más pobres que los de la trilogía de “El Señor de los Anillos” (2001-03) firmada por el propio Jackson.

Naomi Watts sería la rubia protagonista de esta versión, componiendo el papel más triste de todas las acompañantes del mono gigante. Recibiría la réplica interpretativa de Adrien Brody y Jack Black.

 

King Kong 2005 Naomi Watts

 

Por otra parte, el argumento es más fiel al del original que la versión de Guillermin pues el realizador y guionista neozelandés nos muestra de nuevo a un equipo cinematográfico que se dirige a la isla para rodar una película de aventuras en un entorno exótico.

También Ann Darrow, una actriz que se muere de hambre, será la protagonista y la “novia del monstruo”.

 

BUEN REPARTO PERO SIN FEELING

 

Jessica Lange es la sensual y algo alocada Dwan, una joven aspirante a actriz que derrocha simpatía e inmadurez a partes iguales. La chica no será capaz de seducir convincentemente al profesor Prescott aunque tendrá prendidos de sus diminutos shorts los ojos del resto de la tripulación y, desde luego, volverá loco al gigantesco Kong.

 

King Kong Jessica 2

 

Veintisiete esplendorosos años contaba Lange cuando intervino en el film, siendo éste su debut cinematográfico.

Ni que decir tiene que la película la convirtió en un icono sexual de primera magnitud, lo que propició que apenas cinco años después protagonizara la tórrida “El cartero siempre llama dos veces”.

Empieza el espectáculo”; Tootsie”; “Frances”; “La caja de música”; “El cabo de miedo”; “Rob Roy, la pasión de un rebelde”; o “Big fish” son sólo algunos de los trabajos de esta poco prolífica pero inolvidable actriz que todavía permanece en activo a sus 68 años.

El californiano Jeff Bridges encarna al profesor Jack Prescott, un paleontólogo bastante más puesto en asuntos científicos que en mujeres. Sólo así se explica su atolondramiento cuando la chica le tira el anzuelo (con toda la caña detrás) y él apenas se da por aludido. Cogerla de la mano será casi lo más osado que le veamos hacer.

Quizás se debiera a una escasa química entre los dos actores pero lo cierto es que su relación no funciona en ningún momento de la película, lo que explica la para algunos sorprendente escena final que sucede a la muerte del gorila.

 

King Kong Jeff Bridges

 

El actor angelino, nacido el mismo año que la Lange, estaba sin embargo bastante más avezado en las lides interpretativas cuando ambos coincidieron en la cinta de Guillermin aunque sus primeros años estuviesen dedicados casi por entero a la televisión.

En cualquier caso, por aquel entonces Bridges ya había trabajado a las órdenes de Peter Bogdanovich (“La última película”); Robert Benton (“Pistoleros en el infierno);” o John Huston (“Fat City, ciudad dorada”).

Más tarde llegarían “La puerta del cielo”; “TRON”; “Starman”; “Al filo de la sospecha”; “Tucker, un hombre y su sueño”; “Los fabulosos Baker Boys”; “Texasville”; “El rey pescador”; “El gran Lebowski”; “K-Pax: un universo aparte”; “Iron man”; o “Valor de ley”. Como su pareja en la película, también Jeff continúa en activo.

Charles Grodin es el desaprensivo Fred Wilson, un alto ejecutivo bastante más preocupado por los ceros de su contrato y los beneficios de su empresa que por el medio ambiente o la seguridad de quienes trabajan para él. Al menos habrá que reconocerle el hecho de no sucumbir a los evidentes encantos de la chica rescatada, lo cual atribuirá a su condición de hombre casado.

 

King Kong Wilson 2

 

Habitual secundario y por ello poco conocido, tiene un aire entre Burt Reynolds y el chileno Pedro Pascal, destacando entre los títulos de su filmografía “La semilla del diablo”; “La casa número 11”; “El cielo puede esperar”; “La mujer de rojo”; o la saga perruna “Beethoven”.

Por último, el veterano actor californiano John Randolph (murió en 2004, a los 88 años de edad) interpreta al capitán Ross, un tipo curtido en mil batallas que todo se lo toma con humor, sin aparentar nunca estar excesivamente preocupado por adversas que sean las circunstancias.

 

King Kong capitan

 

A lo largo de la prolija carrera de Randolph, se le pudo ver, entre otras, en “Plan diabólico”; “Huida del planeta de los simios”; “Serpico”; “El cielo puede esperar” (donde coincidió con Charles Grodin en un film protagonizado por Warren Beatty); “Frances” (aquí lo haría de nuevo con Jessica Lange); “El honor de los Prizzi”; o “Tienes un email”.

 

MÁS REMAKES

 

Aparte de varias series televisivas de animación, de los subproductos japoneses dirigidos por Ishirô Honda –“King Kong contra Godzilla” (1962) y “King Kong escapa” (1967)- o de la surcoreana “El gorila ataca” (1976), el propio Guillermin dirigiría en 1986 un remake más bien patético de su propia película, cuyo argumento no es que no tenga desperdicio sino que lo es en toda la extensión del término.

Al parecer, el bueno de Kong no murió al caer de las Torres Gemelas y los mismos científicos que han logrado mantenerle en coma durante una década conseguirán al fin revivirlo, gracias a la aprehensión de una hembra de gorila gigante (¡¡¡Lady Kong!!!).

 

King Kong 2

 

Lo curioso de “King Kong 2” no es tanto que Guillermin accediera a ponerse tras las cámaras para rodar este bodrio sino que la mismísima Linda Hamilton, que acababa de tocar el cielo con “Terminator”, se prestara a ponerse delante de ellas.

En 2017 ha llegado a nuestras pantallas “Kong: la isla calavera”, dirigida por Jordan Vogt-Roberts y con Tom Hiddleston, Samuel L. Jackson, Brie Larson y John Goodman en el reparto.

La trama muestra a un King Kong desmesuradamente grande -30 metros por los 18 de la versión de Guillermin- que, en realidad, es el único elemento de equilibrio en el prehistórico ecosistema que rige en la isla Calavera.

 

Kong isla Calavera 3

 

La película se deja ver (tampoco mucho más) y forma parte de un proyecto compartido por Warner Bros y Legendary Pictures, responsables también del “Godzilla” de 2014 (dirigido por Gareth Edwards e interpretada por Aaron Taylor-Johnson, Ken Watanabe, Elizabeth Olsen y David Strathairn), para enfrentar a Kong con Godzilla, tal como el citado Honda lo hiciera en su película de 1962, dentro de su cutre saga sobre el gigantesco saurio nipón.

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