EL NOMBRE DE LA ROSA

 

De la novela al celuloide

Parte I 

 

 El nombre de la rosa maestro y discipulo

 

 

LA NOVELA DE ECO

 

El prestigioso escritor, ensayista y semiólogo italiano Umberto Eco, catedrático de Semiótica de la Universidad de Bolonia y autor también de la interesante “El péndulo de Foucault”, escribió “El nombre de la rosa” en 1980.

La friolera de treinta millones de personas han leído desde entonces el texto de Eco, que al principio pretendió titularlo “Los crímenes de la Abadía”.

Según él mismo confiesa en sus “Apostillas al Nombre de la Rosa”, le disuadió el riesgo de dar una falsa idea a los potenciales lectores, que podían esperar una historia convencional de intriga cuando lo cierto es que su novela va mucho más allá.

Está comúnmente aceptada la existencia de varios niveles de lectura en esta novela, de modo que, al margen de la investigación de los crímenes, se nos despliega un abanico de opciones que la enmarcan, la envuelven y por momentos incluso la fagocitan.

De un lado, el agitado contexto en que se mueven los personajes, con la celebración de una cima eclesiástica en una zona deliberadamente apartada donde han de encontrarse dos legaciones antagónicas para dirimir las espinosas cuestiones que les separan.

Ello da excusa para que los distintos personajes den su opinión acerca de las sectas heréticas que están surgiendo por doquier, al amparo de la división que emana del mismo centro de la Iglesia.

La confusión que experimenta el joven Adso ante tal cúmulo de corrientes aparentemente idénticas (sólo aparentemente) es fácilmente compartido por el lector pese a los esfuerzos del protagonista, Fray Guillermo de Baskerville, por aportar algo de luz al asunto.

Por otra parte, la novela analiza la vida en los centros de saber que eran los monasterios medievales, cuya riqueza se cifraba en el número de volúmenes y en la exclusividad de los mismos.

Los más prestigiosos captaban a los mejores intelectuales, dibujantes y copistas, de forma permanente o provisional, intercambiando libros entre los centros, que procedían a su copia y devolución.

Eco no pierde la ocasión de realizar una crítica social en toda regla, analizando también la interacción de los monasterios con sus entornos.

El elemento descriptivo se explota tanto en los elementos inherentes al propio ámbito de la Abadía (su arquitectura pero también sus ricos objetos de orfebrería o sus valiosos libros) como en lo que concierne a las disquisiciones teológicas o hasta los propios sueños de los protagonistas.

Eso, unido al uso pertinaz del latín en muchos momentos de la novela (fragmentos que no son traducidos) podría alejar al lector medio de forma definitiva pero, por lo que demuestran las cifras, parece que la magia del relato está muy por encima de los hándicaps.

Precisamente el análisis semiológico de la novela constituye el nivel más elevado –y menos asequible- de todas sus lecturas posibles.

Como es fácil comprender, la transcripción cinematográfica prescinde en gran medida de todo lo que no sea la historia lineal de los misterios y su resolución, por lo que resulta admirable el brillante resultado final. 

 

 

PLANTEAMIENTO ARGUMENTAL

 

Hasta una abadía benedictina del norte de Italia, enclavada en lo alto de una roca y dominada por una majestuosa torre octogonal, llega en 1327 el monje franciscano: Fray Guillermo de Baskerville junto a su joven discípulo Adso, perteneciente a la orden benedictina e hijo menor del barón de Melk.

 

El nombre de la rosa abadia 2

 

Acuden para asistir a una reunión entre dominicos y franciscanos, presidida por el delegado papal, que ha de dilucidar si la Iglesia debe seguir el sendero de la pobreza o, por el contrario, acumular riquezas para mayor gloria de Dios.

Al poco de llegar, el abad solicita la ayuda de Guillermo –cuya capacidad deductiva goza de fama entre los monjes- para descubrir el terrible misterio que se cierne sobre la abadía; uno de sus mejores ilustradores ha muerto al caer desde una torre cuyas ventanas estaban cerradas.

Poco después, los viajeros son saludados efusivamente por Ubertino da Casale, un franciscano de avanzada edad que parece algo trastornado y que les advierte de forma un tanto enigmática de la presencia del Diablo en el lugar.

Fray Guillermo acepta el reto pero, en el transcurso de su investigación, para la cual sólo recibe el apoyo del hermano herbolario, tiene lugar una nueva muerte y el cadáver es encontrado dentro de una tinaja donde se guardaba la sangre de los cerdos sacrificados. Para mayor extrañeza, manchas negras de tinta aparecen en varios de los dedos del cadáver y también en su lengua.

Guillermo cree que la clave puede hallarse en la biblioteca de la abadía –la más famosa de la Cristiandad- pero el acceso a la misma está rigurosamente prohibido, por lo que no obtiene el preceptivo permiso.

Tras esta negativa se oculta la oposición del bibliotecario y la del “venerable Jorge”, fraile extraordinariamente anciano que detesta la risa y que, con motivo de la visita de Guillermo al scriptorium, mantiene un duelo dialéctico con él acerca de la existencia o no de cierto libro de Poética presuntamente escrito por Aristóteles.

 

El nombre de la rosa scriptorium

 

En cualquier caso, en la mesa que ocupaba el traductor asesinado, el franciscano descubre un mito griego escrito con zumo de limón, que hace invisible el texto mientras no se le aplique el calor de una llama.

Cuando se dispone a observar el libro que estaba traduciendo el fraile el día en que murió, Berengario, el orondo ayudante del bibliotecario, se abalanza sobre el pupitre y esconde el volumen de forma brusca.

Esa noche, Guillermo y Adso penetran de nuevo en el scriptorium y se dirigen a la misma mesa, en la que encuentran un libro de satíricas miniaturas.

Berengario, escondido en las sombras, se vale de una artimaña para alejarles del pupitre y, tras apagar la luz, cierra el voluminoso texto, aplastando las lentes de Guillermo, que reposaban sobre él. A continuación, huye al exterior del edificio sin que ni Adso ni su maestro lleguen a identificarle. Ambos se separan para perseguirle pero no tienen éxito.

Sin embargo, el novicio va a dar a una oscura habitación donde tiene la primera y última relación sexual de su vida, al ser seducido por una muchacha.

 

El nombre de la rosa Valentina 3

 

Ésta es simplemente una joven y pobre prostituta que realiza comercio carnal con algunos monjes corruptos para poder comer. Adso cae perdidamente enamorado de la muchacha, que desaparece tan sigilosamente como apareció.

Más tarde, cuando el novicio pide a su maestro que le escuche en confesión pues le ha ocurrido algo que trastorna su conciencia, Guillermo le responde que prefiere que antes se lo cuente como amigo.

Se ve entonces en la obligación de advertirle de los peligros de confundir amor con lujuria, amén de recordarle que, como frailes, ambos les son vetados: “¡Qué pacífica sería la vida sin amor, Adso! ¡Qué tranquila, qué segura… y qué insulsa!”.

Algunas horas después, Berengario aparece, también muerto, dentro de una bañera de madera. En el cadáver se observan las mismas manchas negras que en la víctima anterior.

 

DIEZ DIFERENCIAS SIGNIFICATIVAS ENTRE LA NOVELA Y EL GUIÓN

 

El nombre de la rosa

 

De las principales diferencias argumentales que pueden observarse entre la novela y la película destacaría las siguientes, haciendo previamente la advertencia de que pueden desvelar cuestiones relevantes de la trama, incluyendo su desenlace (constituyendo lo que se denomina SPOILERS):

-          En la novela, Fray Guillermo ya da muestras de su sagacidad antes incluso de penetrar en la Abadía puesto que descubre que el cillerero está buscando al caballo del Abad e incluso le indica dónde puede encontrarlo. En cambio, en la película, Guillermo y Adso llegan discretamente a lomos de sus cabalgaduras.

-          Del mismo modo, el Abad habla abiertamente de la muerte de Adelmo con el recién llegado mientras que en el film es Guillermo quien adivina lo que su anfitrión, previa consulta con el bibliotecario Malaquías, no se atreve a plantearle.

-          En el libro, la primera vez que Adso ve a la muchacha que será el único amor terrenal de su vida es cuando ella le seduce. En cambio, en la película sus miradas se cruzan por primera vez cuando ella pelea por los desperdicios de la Abadía con otros aldeanos.

-          Para Eco la torpeza del novicio, que está a punto de quemar la nota encontrada en el libro en el que trabajaba el fallecido Adelmo, es la que provoca la aparición de unos símbolos grabados con zumo de limón. En el guión, sin embargo, es el olor de la fruta lo que incita a Guillermo a exponer la nota a la llama de una vela para provocar la aparición de los signos.

-          En la obra literaria, Fray Guillermo no pone condiciones para no difundir el pasado dulcinista de Salvatore y del cillerero pero, en la película, el intento del jorobado de matarle arrojándole una enorme piedra (una secuencia que no procede de la novela), provoca que el franciscano saque provecho de la situación, obligando a Remigio a introducirle en la biblioteca.

-          Mientras que en la obra de Eco, es el centenario Alinardo de Grottaferrata quien relaciona las muertes con las trompetas del Apocalipsis, en el film es Ubertino quien lo hace a voz en grito.

-          La huida de este último se produce en la novela tras fracasar las conversaciones con los enviados papales mientras que en la película de Annaud tiene lugar tan pronto tienen noticia de la llegada de Bernardo, antes incluso de que dé inicio el debate.

-          En el texto original, Guillermo de Baskerville y Bernardo Gui no se conocen personalmente aunque hay una evidente enemistad entre ellos, fruto de las referencias que cada uno tiene del otro. Por el contrario, en la película no sólo se conocen sino que se hace mención expresa a un juicio presidido por Guillermo en el que éste absolvió a un hombre acusado por Bernardo de traducir del griego un libro que pugnaba con las Sagradas Escrituras. Ello conllevó la encarcelación y tortura de Guillermo, que finalmente fue obligado a retractarse, lo que supuso la ejecución del traductor.

-          Hasta tres incendios tienen lugar en la película: uno, provocado involuntariamente por Guillermo al pisar una trampilla en su primera visita al laberinto de la biblioteca, otro que se produce cuando Salvatore intenta lamer la pierna de la muchacha y ésta le rechaza violentamente y la tercera y definitiva que provoca el asesino. En la novela únicamente figuraba esta última.

-          La historia original muestra la marcha a Aviñón de Bernardo con sus prisioneros antes de que Guillermo y Adso descubran al fin al autor de los crímenes de la Abadía. Mientras que, en la película, Gui hace quemar a los prisioneros pero la muchacha logra escapar con vida y todavía tiene ocasión de pedir a Adso que se quede con ella mientras que Bernardo pierde la vida a manos de la plebe enfurecida.

 

LA ATMÓSFERA DEL FILM

 

La película recrea magníficamente la oscura época en que transcurre la acción, beneficiándose de una pulcra escenografía que no escatima detalles sórdidos (los desperdicios que se expulsan de la abadía, el crudo sacrificio de un cerdo, las imperfecciones físicas) y de una labor de casting que no se redujo a la elección de los protagonistas sino que buceó hasta encontrar los tipos físicos más adecuados para interpretar a los singulares monjes que pueblan la abadía. El estudio de sus nada anodinos rostros daría para un análisis en sí mismo.

Por otra parte, si en algo es fiel la película de Annaud a la novela de Eco es en el espíritu de ésta; algo que trasciende al mero respeto de la estructura narrativa o a la (por otra parte magnífica) caracterización de los personajes.

Siniestra y elegantemente sórdida –si es posible semejante combinación-, la película resulta ser un thriller nada convencional, en el que predomina una atmósfera opresiva (la bruma que rodea al monasterio contribuye de forma activa a ello) en la que algunos intuyen la presencia del Diablo.

Fieles guardianes de una de las mayores fuentes del saber, los monjes trabajan incansablemente en el scriptorium de la abadía, copiando textos clásicos, dibujando exquisitas miniaturas y centrándose en el elitista mundo intelectual del que forman parte.

 

El nombre de la rosa scritptorium 2

 

Sin embargo, aunque se trata de excelentes artistas reclutados uno a uno a causa de su talento, entre ellos anidan la envidia, la ambición y las bajas pasiones (incluyendo los apetitos carnales y no sólo los “ortodoxos”) y entre estos innobles sentimientos tendrá que indagar el sagaz Fray Guillermo para encontrar la causa de tanta extraña muerte.

La falta de colaboración por parte de los mismos monjes que solicitan su ayuda (aunque alguno de ellos intente en vano mortificarle con su escepticismo) no será un obstáculo insalvable para Guillermo que, como un Sherlock Holmes con hábito, tendrá en el prosaico Adso a su doctor Watson particular.

La aventura y la intriga se conjugan en detrimento de la filosofía y la política eclesiástica que, por razones cinematográficas, deben pasar a un segundo plano. No se elude dichos temas pero ambos son abordados de forma tangencial y casi episódica.

Así, por ejemplo, cuando aparece el subtema de la herejía dulcinista. Fray Guillermo explica a Adso, con su habitual paciencia, que los dulcinistas defendían enérgicamente la teoría de que la Iglesia debía conducirse con humildad y renunciando a los bienes terrenales.

Cuando el discípulo le replica que eso es lo que también predican los franciscanos, su maestro le aclara que los dulcinistas no se conformaban con mantener sus ideas en un plano teórico sino que asesinaban a los ricos, incluyendo a los obispos de la propia Iglesia, confundiendo así “el amor a la pobreza con la ciega destrucción de la riqueza y la propiedad”.

 

FRAY GUILLERMO DE BASKERVILLE

 

Fray Guillermo se muestra más como un librepensador de nuestro tiempo que como un servidor de la Iglesia en esa convulsa y tenebrosa época.

 

El nombre de la rosa Fray Guillermo

 

Presentado como discípulo de Roger Bacon, la referencia que antes apuntaba respecto a su similitud con Sherlock Holmes se refuerza con la alusión a Baskerville, cuyo “sabueso” era uno de los misterios que abordaba el famoso detective creado por Sir Arthur Conan Doyle.

La película incluso realiza un guiño en toda regla en cierta escena en la que Fray Guillermo, tras disertar acerca de su teoría sobre el suicidio de Adelmo, espeta a su joven discípulo un elocuente: “elemental, Adso”.

Debo señalar que la apariencia física del personaje, tal como lo describe Eco en su novela, no guarda demasiadas similitudes con la fisionomía de Sean Connery, el actor que inmortalizaría el personaje en la gran pantalla.

Su altura era superior a la de un hombre normal y, como era muy enjuto, parecía aún más alto. Su mirada era aguda y penetrante; la nariz afilada y un poco aguileña infundía a su rostro una impresión vigilante, salvo en los momentos de letargo a los que luego me referiré. También la barbilla delataba una firme voluntad, aunque la cara alargada y cubierta de pecas –como a menudo observé en la gente nacida entre Hibernia y Northumbria- parecía expresar a veces incertidumbre y perplejidad”.

Excepción hecha de la alta estatura del actor escocés -1,89 m.-, no parece que haya coincidencia ninguna aunque lo cierto es que, en lo sucesivo, será harto difícil separar los rasgos de Connery del alma de su personaje.

Pero volviendo a la mente abierta y adelantada a su tiempo de la que hace gala el perspicaz fraile británico, la misma resulta claramente perceptible en sus relaciones con sus semejantes: la solidaridad con el abad, la resignación (al menos aparente) cuando los monjes le impiden el acceso a la anhelada biblioteca, la humildad con que acepta las reprimendas de Jorge, la benevolencia con que juzga la aventura sexual de Adso. Así; Guillermo representa la Luz en mitad de la oscuridad.

Una oscuridad diabólica que adopta muchas formas: la del esquivo abad, la del más irascible que venerable Jorge (a quien se le atribuye en la novela origen burgalés), la del terrible inquisidor dominico Bernardo Gui y, sobre todo, la de la intransigencia fanática que preside la atmósfera del lugar, siempre presta a detectar la presencia del Maligno y a condenar a quien se aparte un solo milímetro de la ortodoxia oficial.

Todo ello otorga un aura de bondad y de placidez intelectual a la figura de Fray Guillermo, en la misma medida que mengua su verosimilitud pero no es algo que haya que reprocharles a los guionistas pues esa misma naturaleza –encomiable pero improbable- es la que otorgó Eco a su personaje.

A pesar de ello, Fray Guillermo cuenta con una vena rebelde que se hace especialmente patente en la novela y que, con frecuencia, escandaliza a su discípulo y también a sus compañeros de orden.

Siguiendo la máxima de que hay que decir a todo que sí pero luego obrar en el sentido que se considere oportuno, el franciscano huye de los enfrentamientos o de las discusiones enconadas (salvo cuando tienen un propósito, como la que mantiene con el venerable Jorge en el scriptorium y de la que obtiene cierta información que resultará relevante) pero, en cambio, rara vez acata las órdenes impuestas por la autoridad.

Dicha autoridad está ostentada en primera instancia por el Papa… aunque Fray Guillermo y su orden acuden a la reunión representando las tesis defendidas por el Emperador.

En el caso de la Abadía, las decisiones y las órdenes corren a cargo del propio Abad mientras que el bibliotecario impone su ley dentro de su jurisdicción aunque, curiosamente, ambos parecen estar supeditados a la jerarquía moral del venerable Jorge.

Por último, también el inquisidor Gui adopta una postura de poder cuando asume la investigación de los crímenes pero incluso entonces, a pesar de que de este enfrentamiento sí puede salir malparado, Guillermo se niega a doblegarse.

 

GALERÍA DE PERSONAJES

 

            Vamos con un somero análisis de los más relevantes, haciendo hincapié en los aspectos más fácilmente identificables.

- Adso de Melk.- Discípulo de Fray Guillermo, no pertenece como éste a la orden franciscana sino a la benedictina, como los monjes de la Abadía que ambos visitan. Muchacho germánico de buena familia, bien parecido y de carácter dócil, su sólida formación académica queda más patente en la novela, en la que hace alarde de un considerable ingenio pese a sus pocos años. Su falta de experiencia, no obstante, se evidencia en su actitud ante las controversias doctrinales y, sobre todo, ante el descubrimiento de la carnalidad.

 

El nombre de la rosa Adso

 

- Abbone da Fossanova.- El Abad es un hombre con un marcado carácter político. Anfitrión de una reunión controvertida que puede cambiar la Historia de la Iglesia, su mayor empeño es resolver el misterio de los crímenes que asolan la Abadía pero también mantener su liderazgo no sólo frente a sus hermanos sino también frente a los recién llegados. Su temor a ver comprometida su posición o la de la orden benedictina supeditará cualquier otra consideración, a pesar de las vidas que hay en juego. Físicamente se presenta como un hombre maduro, fuerte y robusto pero no demasiado alto.

 

El nombre de la rosa Abad

 

- Venerable Jorge.- Hombre de extraordinaria longevidad y erudición, lleva cuarenta años privado de la vista cuando se inicia la historia pero esa aparente desventaja no es tal, debido a lo desarrollado de sus otros sentidos y a su ascendiente sobre todos los habitantes de la Abadía, a los que maneja con mano de hierro, anteponiéndose incluso al Abad, en cuyo nombramiento parece que tuvo algo que ver. Representa a la Iglesia oficial de la época, intolerante, rígida y nada proclive a la dialéctica. Su apariencia física, con el pelo muy blanco, su considerable estatura pese a estar encorvado y la blancura de sus ojos inútiles provocan una explicable inquietud en sus interlocutores a la que sólo Fray Guillermo parece inmune.

 

El nombre de la rosa Jorge

 

- Malaquías.- El bibliotecario aparece como un hombre alto, fuerte y tosco, no especialmente docto y de origen germánico (como Adso). Esta última circunstancia le granjea la antipatía de una facción significativa de los monjes de la Abadía, que consideran que el máximo responsable de la biblioteca debería ser italiano. Con eso y con todo y aunque es evidente su supeditación tanto al Abad como a Jorge, Malaquías actúa como un sólido cancerbero que impide la entrada a sus dominios.

 

El nombre de la rosa bibliotecario

 

- Severino.- El maestro herbolario es uno de los pocos apoyos con los que cuenta Guillermo a lo largo de su investigación. Hombre de carácter afable y optimista, de rasgos quizás no muy armoniosos pero sí amigables, simpatiza de inmediato con el visitante a causa de los conocimientos científicos de éste.

 

El nombre de la rosa con hermano herbolario

 

- Salvatore.- Contrahecho y mentalmente trastornado, este fraile es presentado como poco menos que un animal que habla una lengua babélica. “¿Qué idioma habla?”, pregunta Adso, a lo que su maestro responderá: “Todas… y ninguna”. A pesar de ello, cuenta con una significativa dosis de malicia y una capacidad de observación superior a la esperable aunque ello se deba en gran parte a su mala costumbre de espiar.

 

el nombre de la rosa Salvatore

 

- Berengario.- El ayudante del bibliotecario es un hombre orondo de ademanes femeninos y taimada conducta que, desde el primer momento, ocupará un lugar preponderante en las sospechas de Guillermo por su conexión con las víctimas. Su lugar de privilegio junto a Malaquías le sitúa, además, siempre cerca de los escenarios en que tienen lugar los “incidentes”.

 

El nombre de la rosa cara de luna

 

- Remigio da Varagine.- El cillerero es un hombre maduro y regordete, de mal genio y apetitos mal disimulados y sólo parece tener una estrecha relación con Salvatore, aunque ambos se traten básicamente mediante gritos e insultos.

 

El nombre de la rosa cillerero

 

- Bernardo Gui.- El inquisidor dominico fue un personaje real, que ejerció su labor en la zona de Toulouse y fue recompensado por la Iglesia, entre otras cosas, con un obispado en la gallega Tuy. En el film, Bernardo es un individuo retorcido, cruel, sádico y manipulador cuyo único objetivo consiste en boicotear la reunión, manchar a los franciscanos con acusaciones de herejía y aprovechar en su beneficio los crímenes cometidos en la Abadía.

 

El nombre de la rosa Bernardo

 

También aparecen en la obra otros personajes “reales” como los franciscanos Ubertino da Casale (que atemoriza a Adso a su llegada a la Abadía con los rumores de la presencia del Maligno en la misma) o Michele da Cesena.

 

El nombre de la rosa franciscanos 2

 

La incidencia de este último en la novela es mínima pero el propio Umberto Eco, en sus citadas “Apostillas”, confiesa que le ayudó a ubicarla temporalmente pues está constatado que, en diciembre de 1327, Michele se encontraba en Aviñón frente al Papa, razón por la cual la acción se sitúa a finales de diciembre de ese mismo año.

No defino a la “Rosa”, el único personaje femenino de toda la obra, por motivos obvios para cualquiera que haya leído la novela o haya visto la película.

 

 

 

EL NOMBRE DE LA ROSA - Parte II:

http://rincondesinuhe.com/homepage-3/43-el-nombre-de-la-rosa-parte-ii

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