EL ESCRITOR

 

Con Tony Blair en la mente de todos

 

 

El escritor con el manuscrito

 

 

EL CONTROVERTIDO ROMAN POLANSKI

 

La vida de este realizador daría sobradamente para un biopic que, sin duda, será rodado antes o después.

Nacido en París en el seno de una familia polaca judía que poco después regresaría a Cracovia, Roman perdería a su madre (católica pero étnicamente judía) en el campo de concentración de Auschwitz y, privado también de su padre (aunque éste sobreviviría al campo de Mathausen), tuvo que mendigar en el gueto judío de Cracovia e ingeniárselas para eludir a los nazis hasta el final de la II Guerra Mundial,

Actor de teatro y realizador de algunos cortometrajes, Polanski contraería matrimonio con una joven actriz también polaca antes de recibir su espaldarazo con “El cuchillo en el agua”, su primer largometraje, que sería sorprendentemente nominado al Oscar a la Mejor Película Extranjera.

Eso le abrió las puertas del cine británico, rodando entre otras el thriller “Repulsión” con nada menos que Catherine Deneuve como protagonista. El film se alzaría con el Oso de Oro en la Berlinale. Otro paso adelante en su carrera.

Inevitablemente, el director acabaría desembarcando en América. Su sexy parodia “El baile de los vampiros” le granjeó ya sus primeros problemas con la censura, a la vez que le permitió conocer a la bella actriz Sharon Tate, que acabaría convirtiéndose en su segunda esposa.

Luego vendría el éxito rotundo con “La semilla del diablo”, en la que Mia Farrow engendraba efectivamente un hijo del maligno.

Imposible no relacionar el argumento de este film con los “abracadabrantes” (tomo prestado el término de Carorpar, un erudito y genial crítico habitual de Filmaffinity) acontecimientos que vinieron a continuación. Y es que, estando embarazada de ocho meses mientras Roman trabajaba en Londres, Sharon fue víctima, junto a otras personas, de un espeluznante asesinato ritual a manos del diabólico Charles Manson y sus satánicos secuaces en la propia mansión de los Polanski en Los Angeles.

Era el año 1969 y ello marcó un tremendo punto de inflexión en la vida y obra de Roman, como no podía ser de otro modo.

Después de tres años de “silencio”, regresó progresivamente al cine, alternando éxitos (“Chinatown”) con fracasos (“El quimérico inquilino”) hasta que en 1977 tuvo lugar otro acontecimiento capital en la vida del realizador aunque en esta ocasión él sería el verdugo y no la víctima.

Ayudado de alcohol y drogas, violó a una niña de trece años tras una sesión de fotos que se le fue de las manos. Polanski eludió a la justicia estadounidense abandonando a toda prisa el país mientras estaba en libertad condicional y evitando durante décadas regresar al mismo bajo ningún pretexto.

Finalmente acabaría siendo juzgado y condenado. Reconoció el delito y se ofreció a compensar económicamente a la víctima pero tampoco cumplió con sus compromisos y el caso fue reabierto, siendo sometido a arresto domiciliario en su casa de Suiza.

En esos años lejos de los Estados Unidos, su exilio europeo dio como fruto dramas de época como “Tess”, thrillers como “Frenético” (con Harrison Ford y Emmanuelle Seigner, que se convertiría en pareja del director) o incluso films de marcado carácter erótico como “Lunas de hiel” (también con Seigner y, en esta ocasión, Peter Coyote y Hugh Grant).

La oscuridad siempre presente en la obra del director polaco se hace más patente en algunos títulos posteriores como “La muerte y la doncella” (en la que, en un país imaginario que acaba de salir de una dictadura, un antiguo torturador cae por casualidad en las manos de una de sus víctimas) o “El pianista” (en la que rememora sus sufrimientos a manos de los nazis, recreando las miserias del ghetto de Varsovia), por la que obtuvo un Oscar que no pudo recoger por los motivos legales ya aludidos.

También realizó otra obra menor pero a mi entender injustamente vilipendiada: “La novena puerta”, en la que el protagonista es un detective de libros que se ve envuelto en ciertos manejos literalmente diabólicos. Basado en la novela “El Club Dumas” de nuestro Arturo Pérez-Reverte, el film tiene más tintes aventureros que terroríficos.

 

Roman Polansky

 

Y por fin llegamos a este “El escritor” para nada exento de polémicas como luego veremos.

 

LÍNEA ARGUMENTAL

 

Tras finalizar la maniobra de atraque, los empleados del ferry de Martha’s Vineyard, una pequeña isla al este de Estados Unidos, dan la orden a los conductores para que pongan en marcha sus coches. Descubren entonces que uno de los vehículos ha sido abandonado por su dueño.

Poco después aparece el cadáver de éste en la orilla de una playa, resultando la víctima ser Mike McAra, el escritor que estaba haciendo las veces de “negro” para la autobiografía de Adam Lang, ex Primer Ministro británico.

Acuciados por los plazos, los responsables de la editorial que posee los derechos del libro buscan a un sustituto para que, en el plazo de un mes, logre dar forma definitiva al manuscrito de Lang.

Así, un joven y talentoso escritor prácticamente desconocido es seleccionado como “reemplazo” y enviado a toda prisa a la elitista isla en la que está refugiado Adam junto a su esposa Ruth, su ayudante Amelia Bly y un discreto equipo de guardaespaldas, secretarias y empleados varios.

Antes de llegar siquiera, estalla el escándalo: el ex Primer Ministro ha sido acusado de supuestos crímenes de guerra.

 

El escritor Adam Lang

 

La acusación alude al secuestro ilegal de sospechosos de terrorismo en Pakistán y a su entrega a la CIA para ser interrogados. Sometidos a tortura por la inteligencia estadounidense, al menos uno de ellos habría perdido la vida.

Para empeorar la situación, Richard Rycart, antiguo Secretario de Asuntos Exteriores del Gobierno británico, solicita poco después al Tribunal Penal de La Haya que investigue la relación de Lang con los vuelos secretos de la CIA en lo que parece ser una venganza personal, ya que fue Adam quien lo cesó.

Todo acabará de complicarse para el recién llegado escritor cuando la prensa desembarca masivamente en la costa y es conminado por los Lang a abandonar el hasta entonces desierto hotel para alojarse con ellos en la propia casa, que ha sido sitiada por un buen número de manifestantes. Entre ellos destaca la presencia de un británico, padre de un soldado abatido en “una de las guerras ilegales de Lang”, según proclama.

Mientras vacía los armarios de su desaparecido predecesor, el escritor encuentra un sobre pegado en la parte inferior de uno de los cajones de la ropa. En él, McAra había incluido fotografías y recortes de periódico alusivos a Lang además de una anotación sobre cierto Paul Emmett.

En el sobre figura también un número de teléfono. Al marcarlo, picado por la curiosidad, una voz responde “Richard Rycart” y con irritación, ante su asombrado silencio, añade “¿quién es?” antes de que el escritor cuelgue a toda prisa.

 

THE GHOST WRITER

 

El título original –“The ghost writer” (el escritor fantasma)- posee muchas más connotaciones que la escueta y aséptica traducción española y es que el término “escritor fantasma” o “negro” hace referencia a aquellos escritores que, en la sombra, realizan el trabajo que luego firmarán otros.

Lo gracioso del caso es que los autores “oficiales” no suelen hacer demasiado uso del vocablo, como si la acusación que lleva implícita les molestara o como si el hecho de no mencionarlo hiciera menos real su impostura.

Resulta interesante recordar la primera aparición de Lang en el film. Ésta tiene lugar cuando el ex Primer Ministro está descendiendo de un avión en Martha's Vineyard.

 

El escritor a pie de avion

 

Tras un momento de indecisión, el político que lleva dentro le incita a saludar de  forma más o menos protocolaria hasta que repara en el pequeño grupo que, con Ruth y Amelia, le espera a pie de pista, con el escritor en un segundo plano.

Reunido con ellos, los saluda uno a uno hasta que se topa con la desconocida cara del escritor y le pregunta “¿tú quién eres?”, a lo que él responde con cierta torpeza “soy su negro”. Mientras Lang tuerce mínimamente el gesto, Ruth le comenta: “tranquilo, no siempre es tan cretino”.

La relación que el escritor establece con el político no rompe en ningún momento la mera profesionalidad, permitiéndose el ex dirigente pocas digresiones, algunas de las cuales además le prohíbe expresamente incluir en el texto.

El manuscrito, por cierto, adquiere carácter de personaje en toda regla. Sobre todo porque a su alrededor se teje toda una red de secretismos que abarca desde la prohibición absoluta de sacarlo de la habitación en la que se encuentra hasta el contrato de confidencialidad que obligarán a firmar al escritor, pasando por las extraordinarias medidas de seguridad que lo protegen o algún que otro intento por sustraerlo.

 

El escritor frente a la ventana

 

Pero volviendo a la relación, discretamente cordial pero aséptica, que une a los dos hombres, pronto quedará claro que no hay nada de íntimo en ella pese a las apariencias. Algo, en cualquier caso, que también conviene a los intereses del “negro”, nada dado a confraternizar con los hombres para los que trabaja.

Tras las primeras horas de trabajo conjunto entre ambos, Amelia Bly aprovecha un descanso en que el escritor acude a tomar un bocado para preguntarle qué tal va la cosa.

- Bien. No deja de llamarme tío.

- Lo hace cuando no recuerda el nombre de alguien, le advierte ella.

 

SOBRE EXTRADICIONES E INMUNIDADES

 

No deja de resultar morboso que Polanski, que como queda dicho hubo de renunciar durante muchos años a pisar territorio estadounidense por temor a ser encarcelado, sitúe a uno de sus protagonistas en la tesitura contraria; la de depender de la benevolencia norteamericana para no caer en las garras de sus compatriotas.

En ese sentido, hay una escena que resulta reveladora al máximo. Se produce cuando el abogado de Lang en Nueva York, Sidney Kroll, se traslada con su equipo al refugio de su cliente a fin de informarle de cuál es la situación:

Así, una de las integrantes del equipo explica en qué se basa el Tribunal de La Haya para acusar al ex Primer Ministro:

- Una persona será culpable de crimen de guerra si facilita la comisión de dicho crimen o ayuda, incita o colabora de alguna forma en su comisión.

- Es un poco impreciso..., protesta Lang.

- Bueno -intenta tranquilizarle Sidney-, si te sirve de consuelo, no corres ningún peligro si sigues aquí, entre amigos.

- ¿Insinúas que no puedo salir de Estados Unidos?

- Como abogado tuyo te aconsejo encarecidamente que no viajes a ningún país que reconozca la jurisdicción del Tribunal Penal Internacional.

- Casi todos los países del mundo reconocen su jurisdicción, tercia Ruth.

- Estados Unidos no, insiste el abogado.

- ¿Cuál más?, pregunta entonces la esposa de Lang.

- Irak, China, Corea del Norte, Indonesia, Israel... enumera uno de los ayudantes de Sidney.

- ¿Y ya está?

- Y algunos países de África.

La duda que subyace entonces estriba en la disyuntiva entre afrontar lo que pueda venir, viajando a Londres y enfrentándose al problema, en la esperanza de que el Gobierno Británico apoye con firmeza al que fue su máximo dirigente o bien refugiarse en los brazos de la Administración estadounidense.

Ruth es partidaria de dar una imagen de integridad y de coraje volviendo a casa pero, tras la aparición pública de Rycart en la que éste deja claro que con quien va a colaborar el Gobierno es con el Tribunal Penal, Adam desoye por una vez los consejos de su esposa aunque ello le suponga ser acusado de cobardía.

- Si el Gobierno Británico quiere entregarme a ese tribunal de pacotilla, ¡que lo follen! Iré donde me quiera la gente.

 

El escritor crisis

 

Su decisión no hará mucho por mejorar la crisis conyugal aunque, con flema británica, Lang ironice:

- Al menos esto aumentará las ventas (del libro).

- Puede que lo haya organizado el Departamento de Relaciones Públicas, le sigue la broma el escritor.

- Pues dígales que ya está bien, concluye el político, esforzándose en componer una sonrisa que resulta más bien triste.

 

ADAM LANG VS TONY BLAIR

 

Como quiera que siempre intento ignorarlo absolutamente todo acerca de una película antes de verla, no fui consciente del revuelo levantado por ésta hasta después de haberme enfrentado con ella.

Así y todo, era más que evidente la intención de identificar el personaje de Adam Lang con el de Tony Blair, Primer Ministro del Reino Unido entre 1997 y 2007 (apenas tres años antes del estreno del film), lo que me dejó un tanto perplejo mientras asistía a la proyección por lo espinoso de las cuestiones planteadas en el film.

 

El escritor Tony Blair

 

Y es que, lejos de intentar distanciar ambos personajes (el real y el ficticio), Robert Harris -autor de la novela en la que se inspira el guión que él mismo firmaría conjuntamente con Polanski- presenta una larga lista de falsas coincidencias o paralelismos.

Para empezar, Blair y Lang comparten su origen escocés, lo que ya es toda una declaración de principios. Después sabremos que Lang, como Blair, conoció a su futura esposa (Ruth y Cherie, respectivamente) durante sus comienzos en la política y en cuanto a su formación académica, difieren, eso sí, en la Universidad escogida para cursar sus estudios superiores: si Blair estudió en Oxford, su sosias en la ficción lo hizo en... Cambridge.

La mención expresa durante la película a la guerra de Irak y las acusaciones nada veladas acerca de su obsesión por complacer a Estados Unidos incluso contra los intereses británicos, completan la total identificación entre ambos personajes.

Para más inri, Blair publicaría sus propias Memorias en 2010, en el mismo año en que vio la luz la película en la que “su doble” estaba escribiendo las suyas.

Pero la guinda llegaría en 2011, un año después del estreno de “The ghost writer”, cuando Tony Blair fue efectivamente condenado por crímenes de guerra aunque no por el Tribunal Penal de La Haya sino por un Tribunal de Malasia. La condena careció, por supuesto, de consecuencias prácticas pero ahí queda el dato.

 

HITCHCOCK EN EL RETROVISOR

 

Defendía el ya citado Carorpar que, si Brian de Palma era el heredero americano de Alfred Hitchcock, Roman Polanski podía ser considerado su legatario europeo. Y, al menos por lo que respecta a “El escritor”, la afirmación no resulta infundada.

Desde que la acción, muy lenta al principio, se instala en las desiertas dunas de la isla, barridas por el fuerte viento y por el oleaje, la película comienza a recordar cada vez con más intensidad al cine del “mago del suspense”.

 

El escritor Conspiracion

 

Una escena en particular parece estar sacada de un thriller cualquiera del director británico; el escritor, algo más que inquieto a esas alturas de la historia, discute con uno de los empleados de Lang, el cual intenta convencerle de que desista de salir en bicicleta, ya que está a punto de descargar una fuerte tormenta y, en su lugar, coja el coche de invitados “que gustaba mucho al señor McAra”.

Se impone la terquedad del escritor y éste toma la bicicleta, espera pacientemente a que la seguridad le franquee la barrera de salida y enfila la carretera.

El padre del combatiente muerto se abalanza sobre él para interceptarlo pero un coche casi les atropella a ambos, lo que aprovecha el escritor para “escapar”.

Los paisajes que recorre en los minutos siguientes, con una sonrisa en los labios que denota su sensación de libertad están acompañados de una música que recuerda poderosamente a las partituras de Bernard Hermann.

Pero aún hay más: el escritor acabará tomando más tarde el coche de invitados para dirigirse el hotel en que se alojara al llegar. Sin embargo, el GPS le obliga a girar en dirección contraria, lo que lleva al protagonista a pensar que quizás se debe a una dirección grabada con anterioridad, probablemente por el desaparecido McAra.

Siguiendo la ruta previamente trazada, llegará al ferry. El mismo que le trajo a la isla pero también el mismo desde el cual presuntamente cayó su predecesor antes de morir ahogado. Y, como cualquier héroe de Hitchcock que se precie, decidirá seguir la pista hasta el final.

La concatenación de sucesos que tendrán lugar a partir de entonces, incluyendo el inopinado final, lleva tanto el sello de Hitch como del propio Polanski. Del primero toma la elegancia y la intriga así como la progresiva inmersión del protagonista en una trama que se va complicando a su alrededor. Del segundo, el tono reposado, tranquilo, casi contemplativo y lo inquietante que acaba resultando lo que al principio era una atmósfera más bien intimista.

 

UN ELENCO DE POSTÍN

 

El escritor reparto

 

El nada encasillable Ewan McGregor encabeza el reparto de este magnífico thriller. Mucho ha llovido desde que su papel de Renton en la perturbadora “Trainspotting” le catapultara a la fama. Luego fue Obi-Wan Kenobi en la trilogía “Star Wars”, James Joyce en “Nora”, uno de los dos hermanos protagonistas de “El sueño de Cassandra” de Woody Allen  y hasta hizo de camarlengo en “Ángeles y demonios”, la secuela de “El Código Da Vinci”.

 

El escritor Ewan

 

También interpretó al marido de Naomi Watts en “Lo imposible” de J. Bayona e hizo dos papeles distintos en “La isla” junto a Scarlett Johansson, sin olvidar su participación en el musical “Moulin rouge” o en la superproducción bélica de Ridley Scott “Black Hawk derribado”. Todo un cóctel nada indigesto por el momento.

En “El escritor”, el actor escocés compone un personaje contenido, inteligente, no demasiado escrupuloso y con un agudo sentido del humor. Un personaje del que en ningún momento se nos dirá el nombre pues tan sólo se trata de un escritor fantasma, un negro literario, un don-nadie. Alguien que no cuenta pero que acabará colándose en una fiesta a la que no estaba invitado.

Algo más encorsetado por los papeles que ha interpretado hasta la fecha, el irlandés Pierce Brosnan encarna a un Adam Lang algo envarado pero que en el fondo no acaba de caer mal a causa de una combinación de encanto y de ingenio no demasiado sutil.

 

El escritor Lang 2

 

Brosnan, que por cierto comparte con McGregor su condición honorífica de “Oficial de la Orden del Imperio Británico”, parece haber interpretado a lo largo de su vida dos prototipos de personaje: los héroes glamurosos (con nada menos que cuatro “Bonds” a sus espaldas: “GoldenEye”, “El mañana nunca muere”, “El mundo nunca es suficiente” y “Muere otro día” e incluso con su remake de “El secreto de Thomas Crown”) y los villanos retorcidos (“El cuarto protocolo”, “El sastre de Panamá” o “Matador”) y, cuando ha pretendido escapar de esa dicotomía, ha acabado normalmente naufragando y no sólo con “Robinson Crusoe” (que, obviamente, sí) sino también con otros títulos como “Búho Gris” o  “El juego del matrimonio”.

Otra británica, aunque en este caso inglesa, Olivia Williams, da vida a la esposa del ex Primer Ministro, una mujer dura y obstinada, acostumbrada a imponer su voluntad incluso sobre su todopoderoso marido. A la inquietud de haber perdido su estatus social, Ruth Lang unirá la frustración de su humillación pública con las acusaciones criminales y los celos –fundados o no, es algo que se deja a la imaginación del espectador- hacia la ayudante de su marido, sobre el que parece estar perdiendo influencia.

 

El escritor la mujer de Lang

 

Williams no constituye un rostro demasiado conocido, al menos para el público español aunque la sensación de haberla visto antes queda confirmada cuando uno recuerda que la actriz londinense interpretaba allá por 1999 a la esposa de Bruce Willis en “El sexto sentido”. Antes había participado en ese engendro dirigido e interpretado por Kevin Costner que respondía al nombre de “Mensajero del futuro (The Postman)” y más tarde  intervino en la discreta “Peter Pan: la gran aventura” o en la más interesante “An education”.

Como ayudante de Lang –y tal vez amante- aparece la simpar Kim Cattrall, lejos ya sus tiempos de “Porky’s” o “Loca academia de policía” pero vista hace bien poco en “Sexo en Nueva York”, tanto en la serie como en la adaptación cinematográfica. Eso sí, la filmografía de la actriz está llena de películas mediocres cuando no directamente innecesarias, caso de “La hoguera de las vanidades”, ”Escondido en la memoria”, “Golpe en la pequeña China”, “Revenant (Vampiros modernos)” o “Unos peques geniales”.

 

El escritor con la secretaria

 

La Cattrall compone en el film un personaje elegante y sosegado, que pone el contrapunto perfecto a la agresiva histeria de Ruth, con la que presuntamente se disputa los favores del “jefe”.

Pero la película también cuenta con secundarios de auténtico lujo como Timothy Hutton (“Beautiful girls”, “Hecho en el cielo”, “La caja Kovak”) en el papel de abogado neoyorkino de Lang; James Belushi (“Entre pillos anda el juego”, “Danko: calor rojo”, “El último gran héroe”) como el máximo responsable de la editorial que debe publicar las Memorias del ex Primer Ministro; el excelente Tom Wilkinson (“Sentido y sensibilidad”, “Los demonios de la noche”, “Full Monty”, “Shakespeare in love”, ”En la habitación”, “Batman begins”) en el del enigmático profesor Paul Emmett o el veteranísimo Eli Wallach (“El Padrino III”, “Mystic River, “La gran estafa”, “The Holiday”), que murió pocos días después de la inauguración de este blog, en el del astuto vecino que pondrá al escritor en la pista para dar con las claves de la muerte de su predecesor.

 

El escritor con el anciano vecino

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