BLADE RUNNER

El cazador de replicantes

 

 Blade Runner portada

 

SUEÑAN LOS ANDROIDES CON OVEJAS ELÉCTRICAS?

 

En 1968, Philip K. Dick escribió un relato corto que había de convertirse en una de las cimas de la ciencia ficción literaria, y, por ende, en el embrión de una de las mejores películas de la Historia del Cine.

En él, Rick Deckard es un “cazador de bonificaciones” en un San Francisco devastado por el polvo radiactivo tras la Guerra Mundial Terminal.

Su trabajo consiste en localizar andrillos (androides llegados ilegalmente a la Tierra desde Marte) y “retirarlos”.

 

Blade Runner Novela original

 

La abulia creciente de su esposa Irán y su insatisfacción por la oveja eléctrica que tienen en el terrado, ya que no pueden costearse un animal de verdad, empuja a Deckard a buscar con ansia las bonificaciones que suponen dichos retiros.

Su ocasión llegará cuando el decano de los cazadores es herido por el líder de un grupo de andrillos y Rick debe ocupar su lugar para acabar con el resto.

Tras una entrevista en la que identifica como androide a Rachael Rosen, la sobrina del dueño de la Rosen Asociation que fabrica los androides, ella se ofrecerá no obstante a ayudarle.

Aunque en principio Deckard se niega, después de abatir a los tres primeros andrillos, acabará por mantener relaciones sexuales con Rachael, sintiéndose incapaz de proseguir con su trabajo de eliminación.

Deberá hacerlo para sobrevivir y, de hecho, se sobrepondrá para abatir a los tres restantes aunque Rachael se vengará matando a la cabra verdadera que él acababa de regalar a Irán.

Aunque breve, el relato resulta extrañamente desasosegante e intenso, lo cual explica sobradamente los diversos intentos de llevarlo a la pantalla que desembocaron con el estreno en 1982 de la película de Ridley Scott “Blade Runner”, en una decisión inesperada tras la negativa inicial del director de “Alien”.

 

PHILIP K. DICK

 

Escritor y periodista nacido en Chicago (como lo haría catorce años después el propio Harrison Ford), Dick está considerado uno de los más grandes escritores de ciencia ficción.

 

Blade Runner Philip K Dick

 

Treinta y seis novelas y ciento veintiún relatos cortos jalonan una brillante trayectoria literaria, aclamada por algunos de sus coetáneos como Robert A. Heinlein o Stanisław Lem pero que no le sirvió para salir de la pobreza, siendo tardíamente reconocido tras su muerte como ha acontecido con otros muchos artistas.

La filosofía, la política y la sociología tenían siempre un hueco en sus obras, que han influido notablemente en la ciencia ficción posterior y han dado como fruto algunos brillantes seguidores como Tim Powers, muy popular en este blog.

Así por ejemplo, seis años antes de publicar “Blade Runner”, había visto la luz “El hombre en el castillo”, una distopía ubicada años después de la II Guerra Mundial, en la que los Estados Unidos han sido derrotados por Japón y Alemania, que ahora se dividen su territorio.

Los americanos de la novela viven pendientes de oráculos en forma de hexagramas mientras un tal Abendsen, de quien se rumorea que vive protegido en un castillo, especula con un mundo en el que nazis y japoneses fueron los derrotados de la guerra.

Apenas un año más tarde se editaría “Ubik”, la que particularmente considero su mejor novela.

Se trata de un psicodélico y morboso relato futurista –en un 1992 que Dick imaginaba muy distinto al que fue- en el que el magnate Greg Runciter dirige en Nueva York una compañía dedicada a contrarrestar la acción de telépatas y precognitores.

Cuando varios de sus colaboradores (inerciales) desaparecen, Runciter viaja al “Moratorio de los Amadísimos Hermanos” en Zurich, donde reposa en semivida (fue criogenizada a tiempo) su esposa Ellen, a quien pedirá consejo mientras otro semivivo intenta boicotear su diálogo.

Un año después, en 1970, se publicará “Laberinto de muerte”, un curioso relato breve cuya acción se sitúa en una extraña colonia llamada Delmak-O.

Hasta ella llegará una serie de colonos especialmente seleccionados que quedarán desconcertados cuando se malogra el mensaje del satélite en que debía comunicárseles su misión.

Incomunicados y sin posibilidad de abandonar la colonia pues sus naves era de un solo viaje, los recién llegados asistirán al comienzo de una serie de asesinatos que amenaza con suprimir por completo al pequeño grupo.

Dick haría también una inquietante incursión en la llamada literatura “seria” con “Confesiones de un artista de mierda” (1975), en la que un chiflado es rescatado de la miseria por su ególatra hermana, que le lleva a su mansión del campo, la cual comparte con el próspero empresario sin cultura que es su marido.

Cuando éste sufre un ataque de corazón y es ingresado en un hospital, su esposa seduce a un recién casado, que será abandonado a su vez por su mujer.

Ello establecerá una curiosa relación entre el chiflado y su cuñado, cuya única obsesión pasará a ser el asesinato de su adúltera esposa.

 

LÍNEA ARGUMENTAL DEL FILM

 

Es el año 2019 en la ciudad de Los Angeles y un trabajador de la Tyrel Corporation está siendo sometido a un test de empatía en la empresa en la que trabaja.

Como parte del mismo se le plantea un supuesto según el cual el trabajador está caminando por un desierto cuando se topa con un galápago.

El animal ha caído de espaldas y se está cociendo literalmente al sol pero el hombre no hace nada para ayudarle.

Ponerse en dicha situación alterará considerablemente al entrevistado pero su agitación se tornará en violencia incontrolada cuando se le pregunte acerca de su madre; en ese momento comenzará a disparar sobre el entrevistador.

Poco después, mientras deambula entre los tenderetes callejeros de sushi, Rick Deckard será abordado por un policía llamado Gaff, quien le obliga a reunirse con Bryant. Éste es su jefe y también lo fue de Deckard en un pasado no demasiado lejano.

 

Blade Runner Gaff viene a por Rick

 

Su antiguo superior no se andará por las ramas: cuatro “pellejudos” (nombre despectivo que Bryant utiliza para referirse a los robots de aspecto humano que todos conocen como replicantes) andan sueltos por la ciudad y su intención es que “Deck” los encuentre y los retire sin que la población llegue siquiera a saberlo.

Esa era la antigua labor de Deckard (era un “blade runner”) pero la cuestión es que el ex policía está retirado y no tiene demasiada intención de regresar a sus antiguas ocupaciones. En todo caso, Bryant le dará a entender que carece de alternativa.

Metido pues en el asunto, Deckard será informado acerca de los antecedentes de sus nuevos objetivos.

El jefe le contará que hubo una fuga de las colonias del mundo exterior apenas dos semanas atrás.

 

Blade Runner Bryant

 

Seis replicantes –“tres varones y tres hembras”- asesinaron a 23 personas y asaltaron una lanzadera, que más tarde sería divisada por una patrulla aérea lejos de la costa y sin ningún tripulante a bordo.

Hace ahora tres noches el grupo intentó entrar en la Tyrell Corporation. Dos de ellos “se quedaron fritos” al intentar atravesar un campo eléctrico, en tanto que se ha perdido todo rastro de los cuatro restantes.

Por las posibilidades de que hubieran podido infiltrarse como empleados –proseguirá Bryant-, la policía envió a un blade runner llamado Holden para que efectuara un test Voight-Kampff a los nuevos. “Y parece que descubrió a uno”.

El policía re-contratado comenzará sus pesquisas precisamente por el edificio piramidal de la Tyrel Corporation, donde se le encomienda observar “con la máquina” al Nexus 6 que posee la compañía.

A su llegada, Deckard se quedará sorprendido por el vuelo de un búho que es, lógicamente, artificial, antes de ser recibido por una preciosa joven llamada Rachael.

 

Blade Runner Sean Young

 

Poco después se les unirá el mismísimo doctor Eldon Tyrell, quien pedirá al blade runner que, a fin de complacerle, le haga la prueba a una persona normal antes de proceder con el replicante que tienen allí, para lo cual propondrá a Rachael como sujeto.

El resultado será tan sorprendente como concluyente: aunque ella lo ignora, la chica es una replicante.

Mientras ella no se encuentra presente, Tyrell confirmará a Deckard que Rachael es un experimento y es que, a fin de controlar mejor las respuestas emocionales de los robots y de dotarlas de un mayor soporte, han optado por implantar falsos recuerdos en su memoria.

Más tarde, Deck y Gaff se dirigirán al apartamento que ocupaba Leon Kowalski, el replicante que se dio a la fuga tras asesinar a Holden.

En su bañera encontrarán lo que parece ser una escama y en un cajón una serie de fotografías. Manipulando estas últimas, Deckard descubrirá en ellas a Zhora, otro de sus objetivos.

Leon no tardará en descubrir que su vivienda ha sido allanada pero, en compañía de Batty, que parece ser el líder del grupo, visitará a un anciano oriental que diseña ojos para los replicantes de la Tyrell.

 

Blade Runner anciano

 

Los dos intrusos destrozarán el traje protector del anciano, quien antes de morir congelado todavía tendrá tiempo de informarles de que un tal J.F. Sebastian es la única persona que puede llevarlos a presencia del doctor Tyrell.

Cuando Rick Deckard regresa a casa recibe una inesperada visita: una angustiada Rachael, a quien el test ha confirmado algunas de sus más terribles sospechas, le mostrará algunas fotografías de su infancia en las que aparece junto a su madre.

Sin embargo, Deck le demostrará que son recuerdos recurrentes que le han sido implantados, lo que provocará el más tierno desconsuelo en la joven.

 

UN NOIR EXISTENCIALISTA

 

«A principios del siglo XXI la Tyrell Corporation desarrolló un nuevo tipo de robots llamado Nexus. Un ser virtualmente idéntico al hombre y conocido como “replicante”.

Los replicantes Nexus 6 eran superiores en fuerza y agilidad y al menos iguales en inteligencia a los ingenieros de genética que los crearon.

En el espacio exterior, los replicantes fueron usados como trabajadores esclavos en la arriesgada exploración y colonización de otros planetas.

Después de la sangrienta rebelión de un equipo de combate de Nexus 6 en una colonia sideral, los replicantes fueron declarados proscritos en la Tierra bajo pena de muerte.

Brigadas de policía especiales con el nombre de “unidades de Blade Runners” tenían órdenes de tirar a matar al ver a cualquier replicante invasor.

A esto no se le llamó ejecución; se le llamó “retiro”».

Así comienza la película de Ridley Scott, cuya versión inicialmente proyectada en cines contaba con la voz en off del propio protagonista –Rick Deckard-, presentándose a sí mismo como un ex Blade Runner y calificándose también de ex asesino, lo que ya denotaba un cambio en su apreciación moral de la vida en general y de su trabajo en particular.

El escenario cambia radicalmente del relato de Dick al guión escrito por Hampton Fancher y David Peoples, pasando de un San Francisco desierto en 2021 a un Los Angeles superpoblado en 2019, que constituye una auténtica megalópolis destartalada, abigarrada y manifiestamente sórdida, sobre la que no deja de caer una pertinaz y sucia lluvia.

También se eliminan por completo algunas de las motivaciones esenciales que primaban en el texto original como la obsesión, suscitada por cuestiones de índole social, por poseer animales vivos.

Los pocos que quedan resultan inalcanzables para el común de los mortales pero en el film apenas asistiremos a una escena en la que un búho deslumbra a Deckard a su llegada a la Tyrell Corporation y, embelesado, pregunta a Rachael si es artificial.

 

Blade Runner Buho

 

- Debe ser muy caro –murmurará el blade runner.

- Mucho –será la sucinta respuesta de la chica.

Sí persiste, en cambio, una cierta sordidez y la vacuidad existencial que preside las vidas de los personajes. En especial la de su protagonista.

Lejos de albergar grandes esperanzas o alimentar grandes ambiciones, Deckard se conforma con contentar a su esposa, ansiosa por prosperar, por ascender socialmente.

En la película, sin embargo, el policía no está casado, si bien en la versión estrenada en los cines su voz en off nos informa de que lo estuvo («mi mujer me llamaba pescado frito”»).

Resulta importante señalar que, al margen de lo irritante que dicho recurso pueda resultar para algunos cinéfilos, la información que se escamotea al espectador con la supresión sin más de dicha voz en off –en la versión del director, por ejemplo- no carece de relevancia.

Como he venido apuntando, no sólo asistimos a un juicio moral por parte de Rick desde la primera escena del film –cuando se autocalifica de ex asesino- sino que se nos da una información acerca de su estado civil, que no vuelve a mencionarse en ningún otro momento.

Por otro lado, el miedo a la muerte que se evidencia en cada fotograma del film comienza siendo patrimonio de los sentenciados androides pero acabará siendo compartido por los seres humanos que traban relación con ellos: J.F. Sebastian, con su “síndrome de Matusalén”, trastorno genético que acelera el envejecimiento o el mismo Deckard cuando Batty esté a punto de acabar con él.

 

Blade Runner JF Sebastian con juguetes

 

En realidad, al policía le intrigará la razón por la que los replicantes se exponen volviendo a la Tierra pues no comprende qué es lo que quieren de la Tyrell Corporation. La respuesta será sencilla: quieren “más tiempo” pues la breve vida que han diseñado para ellos se apaga.

Enfrentado a su creador, Batty escuchará de labios de aquél que los Nexus 6 han sido creados con el mayor grado de perfección que se pueda soñar… “pero no para durar”.

 

A VUELTAS CON EL GUIÓN

 

Phillip K. Dick, a quien se propuso escribir él mismo el guión, declinaría completamente esa idea, tanto por cuestiones creativas como por el hecho de no sentir simpatía alguna por Hollywood.

En su lugar, fue Hampton Fancher quien adaptaría la historia, provocando inicialmente un frontal rechazo por parte de su autor.

Entre las ideas que más tarde serían eliminadas del guión hay dos que llaman poderosamente la atención.

En una de dichas escenas, el personaje de Rachael, tras evolucionar afectivamente desde su frialdad profesional inicial hasta cierta calidez emocional, descubrirá que no siente placer sexual al acostarse con Rick.

La otra tenía lugar tras el asesinato de Eldon Tyrell a manos de Batty, cuando J.F. Sebastian confesaba al replicante que el verdadero doctor llevaba años muerto y criogenizado. Era la rabia que dicho descubrimiento provocaba a Roy lo que desencadenaba a su vez el asesinato de J.F., en una escena que en la película sencillamente se omite.

Sea como fuere, la reescritura del guión –y conoció varias- y los retoques finales añadidos por David Peoples apenas un año antes de comenzar el rodaje, mejorarían considerablemente los primeros textos, logrando incluso la bendición del propio Dick.

El resultado final es puro cine negro pero en un contexto futurista –asombrosos para la época resultan los fastuosos decorados tanto interiores como exteriores y hasta el diseño de los coches voladores que utiliza la policía- y con un sesgo marcadamente filosófico que trasciende la dosificada acción del film.

 

Blade Runner coche volador

 

Éste ofrece infinidad de imágenes bellísimas como las llamaradas que surgen por doquier en un skyline iluminado, las naves flotando suavemente entre los gigantescos anuncios en los que se exhibe la marca Coca Cola u otros en los que atractivas modelos orientales interpretan enigmáticas canciones.

 

Blade Runner anuncio gigante

 

Pero también escenas de gran lirismo como la de Rachael deshaciendo su complejo peinado para liberar sus hermosos rizos antes de unirse a Rick o la de Batty sintiendo que la muerte le alcanza y dejando para la posteridad uno de los monólogos más inolvidables y bellos de la Historia:

«Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad, cerca de la puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia».

En 2011 y homenajeando tanto a la cita como al propio film se publicaría una deliciosa rareza - “Lágrimas en la lluvia”, de Rosa Montero-, novela que la autora se autorregaló por su sexagésimo cumpleaños y que narra la historia de una replicante que es detective privado en el Madrid del siglo XXII.

 

LOS REPLICANTES

 

Cuatro serán los replicantes supervivientes cuando comienza la historia pero más tarde descubriremos que hay un quinto aunque no guarde relación con los otros.

El primero en aparecer será LEON KOWALSKI, un fornido empleado de la Tyrell Corporation que está siendo sometido a un test que los blade runner denominan Voight-Kampff y que en cierto momento posterior el doctor Tyrell calificará de “test de empatía”, encaminado a captar la dilatación capilar que origina la respuesta ruborizante, la fluctuación de la pupila o la dilatación involuntaria del iris, todos ellos efectos que delatan a un replicante.

 

Blade Runner Leon

 

En realidad, Leon es un cargador de munición para viajes intergalácticos, capaz de levantar cargas atómicas de 400 libras (casi 900 kilos) durante todo el día y toda la noche. Según se dirá de él, “la única forma de hacerle daño es matándole.

Poco hablador y con clara tendencia a la violencia, constituirá una herramienta de gran utilidad para el líder de su grupo.

Este no es otro que ROY BATTY, un modelo de combate de óptima eficacia, dotado también de una descomunal fuerza física pero con una inteligencia sutilmente superior que le otorga dotes de mando y persuasión y un notable carisma.

 

Blade Runner Batty

 

Los miembros femeninos del cuarteto son ZHORA y Pris.

La primera, entrenada para la patrulla especial de detención de criminales, viene a ser una mezcla imposible entre la bella y la bestia y se oculta como bailarina en un club.

 

Blade Runner Zhora

 

Las escamas de la serpiente artificial con la que actúa la delatarán pues son idénticas a la que Deckard encontró en el apartamento de Leon, de modo que el policía se dirigirá a ella tras una actuación, haciéndose pasar por un improbable enviado del “Comité de Abusos Morales” que busca agujeros en las paredes de los camerinos, efectuados por supuestos voyeurs.

Por último, PRIS constituye una modelo básico de placer de los que abundan en los clubs militares de las colonias del exterior y, por tanto, resultará la más atractiva de los cuatro desde un punto de vista sexual.

 

Blade Runner Batty y Pris

 

De todos ellos sabremos que, pese a haber sido diseñados sin emociones, el paso del tiempo les ha permitido llegar a crear sus propias respuestas emocionales, lo cual resulta inquietante para los humanos.

Odio, amor, envidia, cólera… son algunas de dichas respuestas aunque, al principio del film Bryant informará a Deckard de que, para prevenir problemas duraderos, se les ha dotado con un dispositivo de seguridad.

- ¿Cuál es? –preguntará Rick, intrigado.

- Cuatro años de vida.

 

RACHAEL

 

La alta ejecutiva de Tyrell Corporation supone un paso más en la evolución de los replicantes.

Hermosa y sofisticada, su escultural figura y sus magnéticos ojos van acompañados de una voz sensual y de una sensibilidad que Deckard irá descubriendo de forma progresiva.

Nada más conocerse, ella le preguntará de forma indirecta si piensa que el trabajo de la Tyrell Corporation no es un beneficio para la gente pero, como se ha apuntado en diversas ocasiones, la pragmática respuesta del policía podría haberla firmado el mismísimo Philip Marlow:

- Los replicantes son como cualquier otra máquina. Pueden ser un beneficio o un peligro. Si son un beneficio, no es asunto mío.

- ¿Puedo hacerle una pregunta personal? –inquirirá ella entonces.

- Claro –concederá Rick después de pensarlo un instante.

- ¿Nunca ha retirado a un hombre por error?

- No.

- En su posición, eso es un riesgo.

Poco después, él la someterá a un test por sugerencia del doctor Eldon Tyrell, sin sospechar que Rachael es, en realidad, un androide.

 

Blade Runner Test

 

Necesitará no obstante más de 100 preguntas para disipar del todo sus propias dudas pese a que el procedimiento normal no abarca más de 20 ó 30.

El test planteará diversos supuestos en los que a Rachael le regalan una cartera de piel -“no la aceptaría y denunciaría a esa persona a la policía”-; su hijo le enseña una colección de mariposas y un frasco de arsénico –“lo llevaría al médico”-; o una avispa le sube por el brazo mientras ve la televisión –“la mataría”-.

Cuando Deckard le plantee otro supuesto en el que ella encuentra en una revista la fotografía de una mujer desnuda, Rachael le interrumpirá:

- ¿Este test es para saber si soy una replicante o una lesbiana?

- Conteste a las preguntas por favor –insistirá Rick.- Se la enseña usted a su marido y a éste le gusta tanto que la pone en la pared de su dormitorio. ¿Se enfadaría?

- No le dejaría. Debo ser suficiente para él.

En cualquier caso, el personaje de Rachael mostrará desde el principio una angustia y un candor muy humanos que desmienten la imagen fría y algo mecánica con la que nos es presentada: su forma de andar a pasitos cortos como los de un juguete animado, su inverosímil peinado, su sensual forma de fumar o la aparente indolencia con que comienza respondiendo al test.

Cuando se suelte literalmente el pelo, en la escena ya comentada anteriormente, la replicante se humanizará del todo, humanizando a su vez al endurecido policía.

 

Blade Runner Deckard y Rachael

 

Blade Runner Beso 2

 

 

RICK DECKARD

 

La tan comentada voz en off alertaba al espectador desde el principio de que estábamos ante un hombre arrepentido de su pasado.

 

Blade Runner Deckard

 

No será tan evidente en la versión definitiva montada por Ridley Scott pero, de todos modos, el personaje insistirá ante su antiguo jefe en que ese es un camino que ya ha abandonado.

La falta de perspectivas profesionales cuando no el propio hastío que domina la vacua existencia de Deckard le llevarán a rendirse sin oponer realmente mucha resistencia.

Una vez metido de nuevo en las botas de un blade runner, a Rick no le costará un gran esfuerzo volver a mostrar su aséptica eficacia, enfrentándose a los replicantes que le han ordenado matar.

 

Blade Runner disparando

 

Pero algo sí ha cambiado en él pues, lejos de insensibilizarse, lamentará la muerte de Zhora como si de una mujer se tratara.

 

Blade Runner Zhora abatida

 

Esa compasión que va creciendo dentro de Rick, ese rechazo hacia lo que constituye la esencia de su trabajo creará una rendija emocional que le debilitará como policía pero le hará más humano, facilitando la entrada en su vida de Rachael, para él más real que cualquier mujer.

El proceso incluirá también un creciente temor ante el peligro a perder la vida ahora que hay algo (alguien) por quien merece la pena conservarla.

El sensitivo Batty verá esa verdad en los ojos de Deckard incluso después de que éste haya matado a la hembra a quien él amaba a su modo; un modo al parecer mucho más humano de lo que Tyrell y los diseñadores genéticos habían previsto.

Y la humanidad, como una enfermedad contagiosa, pasará del blade runner a sus enemigos naturales los replicantes. Primero de Rick a Rachael y después del propio Rick a un Batty que tiene la vida del policía en sus manos.

Después de haber matado a su creador, Batty es plenamente consciente de que ha firmado su propia sentencia de muerte y no tardará en sentirla llegar.

 

Blade Runner Batty con su creador

 

Intentará prolongar unos minutos su existencia, intensificándola a través del dolor (atravesando su mano con un enorme clavo) y sublimándola a través de todo lo vivo que percibe a su alrededor: las palomas, la lluvia que se mezcla con sus lágrimas, su enemigo que se arrastra intentando evitar su propio final… y, finalmente, Roy claudicará, se entregará en cuerpo y alma a la muerte que le reclama, redimiéndose con otra vida –la de Rick- que no se decidirá a arrebatar.

 

Blade Runner Batty muriendo

 

 

EL ELENCO

 

HARRISON FORD interpreta al policía protagonista que da título a la película; un Rick Deckard que se enamorará de una de los replicantes a los que ha de suprimir.

 

Blade Runner Deckard 2

 

Cinco años después de encarnar por primera vez a Hans Solo en “Star Wars Episodio 4: Una nueva esperanza” (que en España conocimos sencillamente como “La Guerra de las Galaxias”), Ford ya había repetido papel en el Episodio V de la saga galáctica -“El imperio contraataca”- y su estrellato era absoluto tras convertirse en Indiana Jones en la primera parte de una nueva trilogía: “En busca del arca perdida”.

Faltaban apenas tres años para que al actor de Chicago le llegara la única nominación al Oscar de su carrera;  una nominación que no se vería recompensada con la estatuilla y que se debería a la película de Peter Weir “Único testigo”.

Décadas después sería, eso sí, galardonado con el premio Cecil B. DeMille en reconocimiento a su trayectoria cinematográfica en la gala de los Globos de Oro de 2002 y con el César honorífico al conjunto de su carrera en 2010.

Su partenaire femenina en el film sería la también estadounidense SEAN YOUNG, diecisiete años más joven (contaba con apenas 23 cuando se estrenó el film por los 40 de Harrison) y con la belleza más esplendorosa con la que jamás se la vería delante o detrás de una cámara.

 

Blade Runner Rick besa a Rachael

 

Iniciada en la interpretación con las olvidables “Jane Austen en Manhattan” y “El pelotón chiflado”, la de Ridley Scott era tan sólo su tercera película y su impacto sobre la platea fue inmediato.

Sin embargo, aunque luego vendrían títulos como “Dune” o “No hay salida”, la más que prometedora carrera de Sean no cristalizaría, en parte por algunas malas decisiones al rechazar ciertos papeles (como el que acabaría interpretando Robin Wright en “La princesa prometida”), en parte debido a cierta fama de problemática o incluso de desequilibrada.

 

Blade Runner Sean Young posterior

 

Si durante el rodaje de “Blade Runner” su relación con Harrison Ford fue más que tormentosa (básicamente, no se soportaban), fue mucho peor lo acontecido tras el estreno de “Impulso sensual” apenas seis años después.

Al parecer, la actriz vivió un breve pero tórrido affaire con James Woods durante el rodaje pero el actor decidió volver a los brazos de su por aquel entonces prometida, Sarah Owen.

Incapaz de asumir la ruptura, Young empezó a acudir a la casa de la pareja para destrozar las flores de su jardín y dejarles regalos macabros en la puerta, como muñecas de vudú ensangrentadas o fotos de cadáveres y animales mutilados.

Woods le puso una demanda en la que especificaba el comportamiento enajenado de la actriz, con la que acabó llegando a un acuerdo para no ir a juicio. Años más tarde, Young seguía negando la historia de Woods, asegurando que todo se trataba de un plan de venganza de la pareja con el objetivo de hacer que pareciese que estaba loca cuando en realidad el desequilibrado mental era Woods.

Su comportamiento en los rodajes, en cualquier caso, la convirtió en una de las actrices más difíciles de la industria. Un año antes del affaire con Woods y durante el rodaje de “Wall Street”, Charlie Sheen le había puesto una pegatina en el bolso con la leyenda “Soy la mayor zorra del mundo”.

Por unas razones o por otras, lo cierto es que títulos como “Bésame antes de morir”, “Ace Ventura, un detective diferente” o “Bone Tomahawk” son un pobre bagaje para una actriz con un magnetismo difícil de encontrar.

Tan malas fueron sus relaciones con el director Ridley Scott que éste prescindió de ella para la secuela recientemente estrenada “Blade Runner 2049” (2017), en la que sí aparece una impresionante recreación de la Sean Young de 1982, al igual que aparecen imágenes de Elvis Presley o Frank Sinatra.

El monumental enfado de la actriz la llevó a hacer un llamamiento al boicot contra la película aunque éste no tuvo demasiados efectos.

Interpretando al líder de los replicantes fugados, en el papel de Roy Batty, encontramos también al holandés RUTGER HAUER.

 

Blade Runner Rutger Hauer

 

Dado a conocer con “Delicias turcas” y “Katty Tippel”, ambas dirigidas por su compatriota Paul Verhoeven, la película de Scott catapultaría su carrera, trabajando a continuación para Sam Peckinpah (“Clave: Omega”), Richard Donner (“Lady Halcón”) y, de nuevo, Verhoeven (“Los señores del acero”).

Tras varios años de altibajos, a principios de los años dos mil volvió a repuntar, participando, si bien como secundario, en films tan celebrados como “Batman begins” o “Sin City”.

Paisana de Harrison Ford, la rubia DARYL HANNAH interpreta en el film a Pris, la más atractiva de los replicantes a los que persigue Deckard.

 

Blade Runner Daryl Hannah

 

Un año menor que Sean Young, con quien también mantendría una pésima relación, Daryl era una completa desconocida cuando su rostro apareció en “Blade Runner” pese a su episódica aparición en “La furia”.

Luego, claro está, aprovecharía el tirón de su recién adquirida popularidad para intervenir sucesivamente en “1, 2, 3… Splash!” (inolvidable sirena desnuda bajo la mismísima Estatua de la Libertad), “El clan del oso cavernario” o “Peligrosamente juntos”, “Wall Street”, “Magnolias de acero” o “Delitos y faltas”, antes de que su estrella se fuera apagando paulatinamente.

Muchos años después tendría una breve resurrección, con títulos como “Northfork” o las dos entregas de “Kill Bill” pero de 2003 en adelante su filmografía sólo puede ser calificada de calamitosa.

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