BRAM STOKER’ S DRACULA

De la novela al celuloide

 

Dracula armadura

 

 

ANTECEDENTES

 

A pesar de la evidente ambición de su “Drácula”, Abraham Stoker estaba muy lejos de imaginar la enorme repercusión que acabaría teniendo su obra.

En realidad no fue el primero en escribir sobre vampiros pero está claro que la aparición de su gótica novela sobredimensionó la temática para siempre.

Por supuesto, han menudeado las imitaciones y homenajes en materia literaria (a la que no se han sustraído ni sus propios descendientes) pero también ha sido objeto de culto por parte de la cinematografía, conociendo un sinfín de versiones (desde el “Nosferatu” de Murnau hasta “Drácula 2000), imitaciones, remedos o trabajos inspirados libremente en el mito vampírico, que nunca pasa de moda (ahí están las sagas “Blade”, “Underworld” o “Crepúsculo” para dar fe de ello).

Apartándonos un tanto del tema recurrente del vampirismo y centrando la cuestión en el personaje concreto de Drácula, hemos de regresar una vez más al ya citado “Nosferatu”, la primera versión de cierto relieve alusiva al personaje creado por Stoker. En blanco y negro, sin diálogos y con una imagen del vampiro que ahora nos resulta más risible que inquietante.

Desde entonces, y dejando al margen un interminable batiburrillo de producciones de todo tipo (muchas de ellas de escasa calidad técnica y artística y de escasa fidelidad al texto original), dos actores se discuten la supremacía en la interpretación del famoso conde.

Protagonizando otras tantas sagas en dos épocas distintas destacan, por mérito propio, Bela Lugosi, un actor rumano tan marcado por el personaje que acabó enloqueciendo y creyendo ser el propio Drácula, y el elegante Christopher Lee.

Mucha popularidad alcanzó la saga creada por la Hammer con Lee de protagonista y Peter Cushing como habitual adversario en el papel de Van Helsing pero, sin restarle ni un ápice de mérito a las películas del sello británico –con especial acento en la celebrada “Drácula”, dirigida por Terence Fisher en 1958 y con estos dos actores interpretando los papeles citados-, lo cierto es que su fidelidad a la novela de Bram Stoker no es excesiva.

Sin ir más lejos, en el “Drácula” del 58 asistimos a un baile de parentescos poco menos que singular y que pueden llevar a confusión al más pintado: en ella, Jonathan Harker es el prometido de Lucy (y no de Mina), la propia Mina está casada con Lord Arthur Holmwood (que en la novela es el prometido de Lucy) y este último es hermano de Lucy. Aparte del hecho de que Harker es asesinado por el vampiro al inicio de la película y ésta acaba teniendo poco que ver con la historia “oficial”.

Con eso y con todo y dando por buenos los aciertos estéticos y dramáticos logrados hasta la fecha, no es hasta 1992, con la adaptación que James V. Hart hizo para Coppola de la novela de Stoker, cuando la línea argumental de la novela aparece más o menos respetada. En realidad, no tanto como pretenden sus autores pero no cabe la menor duda de que es la que más se aproxima al texto.

 

PLANTEAMIENTO ARGUMENTAL DEL FILM

 

            “En el año 1462, tras la caída de Constantinopla, los turcos musulmanes se extendían por Europa con un ejército vasto y superior, atacando en Rumanía y amenazando a toda la Cristiandad. De Transilvania surgió un caballero rumano de la Sagrada Orden del Dragón: el príncipe Vlad, más conocido como Dráculia. La víspera de la batalla, su prometida Elisabeta –a la que él estimaba por encima de todas las cosas de la tierra- sabía que él debía enfrentarse a un ejército insuperable y que quizás no regresaría”. Así comienza la historia, en la voz de su propio narrador.

 

Dracula mapa de Transilvania

 

               A pesar de las súplicas de su dama, el caballero marchó a la batalla liderando las huestes cristianas. Dando muestras de un inmenso valor y también de una extrema crueldad, Vlad llevó a sus hombres a una heroica victoria. Sin embargo, los vengativos turcos lanzaron una flecha al castillo llevando falsas noticias de la muerte de Dráculia. Desesperada por la pérdida de su príncipe, Elisabeta se quitó la vida lanzándose al río. De este modo, cuando Vlad regresó a su hogar sólo pudo llorar sobre el cuerpo exánime de su prometida.

            Junto a ella, una breve carta expresaba el deseo de la joven de reunirse con su amado en el cielo. Sin embargo, los sacerdotes advirtieron al príncipe que, según la Ley de Dios, Elisabeta se había condenado al quitarse la vida. Loco de dolor y de rencor por lo que consideraba un injusto pago a sus muchos sufrimientos por la Iglesia, Vlad renunció en ese mismo momento a Dios, invocando a las fuerzas del Infierno. Aterrorizados, los sacerdotes huyeron del templo mientras la cruz y las imágenes comenzaban a sangrar profusamente. Bebiendo esa sangre maldita, Dráculia selló su destino: obtendría la inmortalidad, sí, pero sólo a cambio de alimentarse en lo sucesivo de sangre humana.

            Cuatro siglos más tarde, en 1897, el joven y prometedor abogado Jonathan Harker recibe un importante encargo del director de su firma: debe abandonar Londres y trasladarse a la región rumana de Transilvania para cerrar una transacción con cierto conde Drácula. La misión había sido previamente encomendada al señor Renfield pero éste enloqueció misteriosamente a su regreso de Rumanía, lo que propicia el ascenso de Harker.

            Aunque el viaje trastoca momentáneamente sus planes de matrimonio, Jonathan lo acepta ilusionado. Su prometida, la hermosa y delicada Mina, se resigna a separarse de él durante unas semanas, confiando en que pronto llegue el día en que ya no vuelvan a separarse.

            Así pues, Harker embarca rumbo al continente y toma allí un tren con el que cubre los miles de kilómetros que le separan de Transilvania.

            Finalmente, un carruaje lo conduce hasta un paraje inhóspito y desolado, en el que es abandonado entre sobrenaturales brumas nocturnas y terribles aullidos procedentes de los lobos. Otro carruaje, aunque de siniestro aspecto, hace su fantasmagórica aparición poco después. El conductor no cruza ni una palabra con Harker pero le indica con un gruñido que suba. Tras cruzar el bosque y atravesar unos etéreos círculos azules, el fúnebre vehículo llega hasta el castillo.

            El decrépito conde Drácula le recibe con enigmáticas palabras y le pide que penetre en el recinto “por su propia voluntad”. A continuación, el anciano conde proporciona a su invitado una improvisada cena, de la que no participa; “Disculpe que no le acompañe pero yo ya he cenado. Además, nunca bebo… vino”. 

 

Dracula en su castillo

 

            Durante la cena, Harker comenta el parecido de su anfitrión con un retrato medieval que cuelga de la pared y el conde le habla entonces de la Sagrada Orden del Dragón, a la que su familia ha pertenecido tradicionalmente. Al aludir a las relaciones no muy satisfactorias entre los Drácula y la Iglesia, Jonathan esboza una sonrisa irónica, lo que provoca una violenta reacción en el anciano. Amenazando el cuello de su invitado con una afilada espada, Drácula brama: “Esto no es cosa de risa”.

            Avergonzado por la involuntaria ofensa que ha hecho al conde, Harker se disculpa. Con los ánimos ya serenados, los dos hombres formalizan el contrato por el cual Drácula adquiere diez casas en lugares concretos de Londres, así como la Abadía de Carfax en sus inmediaciones.

            En un momento de la conversación, el anciano descubre el retrato de Mina, cuyo rostro es idéntico al de su desaparecida Elisabeta. Emocionado, Drácula pregunta al abogado: “¿cree usted en el destino?” y, a continuación, le pide que escriba tres cartas –a su familia, a la firma y a su prometida- informando de su deseo de permanecer todo un mes en el castillo. Extrañado, Jonathan pregunta a su anfitrión si realmente desea que se quede tanto tiempo, a lo que Drácula responde con un rotundo “No aceptaré una negativa”.

            Mientras, Mina pasa los días en la mansión londinense de su adinerada amiga Lucy. Escribiendo una mañana en su diario, la joven se fija en un libro titulado “Las mil y una noches”. Al ojear sus grabados eróticos, Mina se escandaliza profundamente, circunstancia que aprovecha Lucy para bromear sobre su presunta experiencia sexual aunque, según su amiga, se trata de una joven virtuosa. 

 

Dracula Mina y Lucy

 

             Poco después se ofrece una fiesta en la mansión y a ella acuden los tres pretendientes de Lucy: el joven aristócrata Lord Arthur Holmwood, un valiente tejano llamado Quincy P. Morris y el prestigioso médico psiquiatra Jack Seward.

            Este último está apasionado por el caso clínico de Renfield, cuya demencia se concreta en su obsesión por cierta lujuria de sangre y por la inmortalidad que pretende obtener de su desconocido “amo”. Cuando el doctor Seward le pregunta de dónde va a obtener dicha inmortalidad, el demente abogado le contesta únicamente: “la sangre es la vida”.

            A miles de kilómetros de Londres, en el castillo transilvano de Drácula, el conde recibe con satisfacción las tres cartas que había solicitado de Harker. Con ellas en su poder, ya no es necesario ocultar el hecho de que el abogado es su prisionero.

            Aunque confinado en el castillo, el joven hace caso omiso a las advertencias de Drácula y se adentra en las oscuras habitaciones del edificio. De pronto, una voz femenina e insinuante le llama por su nombre. Siguiéndola, Harker llega hasta una brumosa habitación en la que la voz le pide que se tienda en el suelo. Cuando lo hace, tres hermosas mujeres emergen desnudas a su lado, comenzando un lascivo juego en el que ellas acaban clavando sus afilados colmillos en el cuerpo de Jonathan. La violenta aparición de Drácula, que las aparta brutalmente de Harker, termina con la singular orgía pues el abogado le pertenece. Para contentarlas, el conde les ofrece un bebé, que ellas devoran con delectación. Esto es demasiado para Jonathan, que grita horrorizado ante las divertidas risas del vampiro. 

 

Dracula concubinas

 

            En los días siguientes, reina una frenética actividad en el castillo: los gitanos del conde –fieros guerreros fieles hasta la muerte- llenan más y más cajas con tierra, trabajando día y noche.

            Es por esas fechas cuando Lucy acepta la propuesta matrimonial de Arthur, lo que supone que muy pronto se convertirá en Lady Holmwood. Sin embargo, la noticia apenas consigue alegrar a Mina, muy preocupada por la fría carta que acaba de recibir de Jonathan y en la que éste retrasa la fecha de su regreso. Mientras las dos amigas ríen infantilmente con las primeras gotas de una suave lluvia, una sombra tenebrosa se cierne sobre ellas, haciéndolas enmudecer.

            En efecto, algo siniestro va en su busca: un navío, el Demeter, parte del puerto de Varna rumbo a Inglaterra portando varias cajas con “tierra experimental”. A bordo, la tripulación se muestra inquieta como si algo maligno estuviera con ellos y no se equivocan: una tormenta surgida de la nada envuelve la embarcación y un ser monstruoso acaba con todos ellos antes de llegar a su destino.

            Poco antes de que esto ocurra, un feroz lobo blanco escapa del zoo de Londres, sembrando el pánico en la ciudad.

            Esa noche, Mina advierte que Lucy ha salido al jardín y la llama sin obtener respuesta. Su amiga anda como sonámbula. Siguiéndola por el jardín, Mina llega junto a la fuente y allí se detiene horrorizada al ver cómo Lucy es brutalmente poseída por un espantoso monstruo. Éste gira entonces su cabeza y, mirando fijamente a Mina, le ordena: “Te prohíbo que me veas”. En efecto, la imagen desaparece de su memoria y la joven se ve a sí misma ayudando a Lucy a incorporarse.

            Aunque no se explica lo sucedido, Mina intenta convencer a su amiga de que es sonámbula pero Lucy está asustada y llora desconsolada por lo que cree que ha sido una atroz pesadilla. A la mañana siguiente, la muchacha cae gravemente enferma.

            Su prometido pide ayuda a Jack pero éste no logra determinar la causa de la enfermedad ni la inexplicable pérdida de sangre de Lucy. Desconcertado, el psiquiatra decide enviar un telegrama a su mentor, el profesor Abraham Van Helsing.

            Días más tarde, Mina pasea tranquilamente por las calles de Londres cuando un elegante joven intenta por dos veces entablar una conversación con ella. Molesta y algo nerviosa, la muchacha le pide que la deje tranquila, alegando que está casada. Absolutamente desolado, el desconocido le pide disculpas por haberla ofendido y se dispone a marcharse pero Mina confiesa avergonzada que es ella quien debe disculparse puesto que le ha mentido.

            El caballero –que no es otro que Drácula, si bien muy rejuvenecido- se presenta como el príncipe Vlad y la joven le acompaña hasta el cinematógrafo, halagada por su compañía. Las imágenes en movimiento entusiasman al extranjero pero Mina no considera al cine como una muestra del progreso científico. En un momento dado, Drácula lleva a la muchacha hasta una zona apartada de la sala, donde ella sucumbe al hipnotismo de sus ojos. No obstante, cuando se dispone a hundir sus afilados colmillos en el tierno cuello de la joven, el vampiro descubre que vuelve a amar en ella a Elisabeta y se siente incapaz de hacerle daño. 

 

Dracula aristocrata rejuvenecido

 

             En ese momento, el lobo huido del zoo hace su aparición en la sala del cinematógrafo y todos huyen despavoridos, salvo Mina, que queda acorralada. La aparición de Vlad, que habla al animal con extraños susurros, logra apaciguar a la fiera, que se muestra dócil como un cordero. Ello acaba de completar el fascinante efecto que Drácula ha causado en su nueva amiga y ambos comienzan a verse de forma habitual. 

 

UNA FIDELIDAD MUY DISCUTIBLE

 

Tal como refleja su título, el film pretende ser una fidedigna adaptación de la novela de Bram Stoker y, de hecho, reconstruye el orden narrativo de la historia creada por el autor dublinés por primera vez en la Historia del celuloide.

 

Drácula de Bram Stoker

 

A grandes rasgos, podríamos resumir así dicha historia: Harker recibe el encargo de atender a un aristócrata rumano, viaja para conocerle, cierra una transacción con él y descubre, para su desgracia, que el conde es un monstruo. Drácula viaja entonces a Londres dejando encerrado al abogado en su propio castillo y se nutre de la sangre de Lucy hasta la muerte de ella. Mientras, Mina viaja a Rumanía, contrae matrimonio con su prometido, que ha logrado escapar a su cautiverio, y regresa a Londres con su esposo. Cuando el vampiro empieza a alimentarse de Mina, es frenado por Harker y por los amigos que les rodean, encabezados por el doctor Van Helsing. El monstruo será perseguido hasta su castillo, donde se produce el desenlace.

Sin embargo, las interesantes aportaciones del dúo Coppola-Hart dan un sesgo distinto a la historia, convirtiendo en excesivo el apellido “de Bram Stoker” con el que bautizaron el film, ya que el resultado es sensiblemente distinto.

Los cambios más significativos se advierten desde el mismo prólogo, ya que éste sirve de nexo de unión entre el personaje literario y el personaje histórico en el que algunos expertos consideran que éste se inspira; el príncipe Vlad.

La figura de un príncipe rumano capaz de defender valerosamente la Cruz ante el avance otomano a la vez que de empalar hasta la muerte a sus enemigos otorga una dimensión lo suficientemente épica como para convertirla en el prólogo “mortal” de la vida del vampiro.

No está del todo claro, en cualquier caso, no sólo que Vlad sea la inspiración directa del personaje sino tampoco que la vida del histórico príncipe siguiera los derroteros que director y guionista le atribuyen.

Otro elemento muy a tener en cuenta es el acentuado carácter romántico-amoroso de la historia cinematográfica, ausente por completo en la novela.

Se hace hincapié en la relación amorosa como origen de la leyenda y en la inmortalidad de ese amor, que se reencarna siglos después, para dar conclusión a la misma.

 

Dracula historia de amor

 

Sin embargo, Stoker nunca aclaró el origen del vampiro ni las causas que determinaron su diabólica naturaleza, a la vez que muestra al conde como un ser insaciable, sin escrúpulos ni otro sentimiento que el propio instinto de conservación.

En cambio, el conde de Coppola cruza “océanos de tiempo” para redimir sus pecados en base al mismo amor por el que decidió condenarse. Lejos de tomar a Mina por la fuerza (como sí hace en la novela), se toma el tiempo y la dedicación para seducirla, se rinde a su amor y es capaz de suscitar idéntico sentimiento en ella (Mina se casa con Jonathan pero luego ruega a Drácula que la haga suya) hasta desembocar en el trágico y esperanzador final que no detallaré ahora.

Por último, cabe resaltar el componente erótico, ciertamente latente en la novela pero a un nivel mucho más sublimado (otra cosa hubiera acarreado serios problemas al autor en su época) que en el film, donde aparece remarcado de forma a veces sutil (las dos amigas contemplando las ilustraciones de “Las mil y una noches”, el breve beso en los labios que ambas se dispensan y que podría insinuar algo que luego no se lleva más lejos o los juegos verbales de Lucy con Quincy) y a veces de forma más explícita (Harker desnudado por las tres concubinas de Drácula pero, sobre todo, Lucy poseída por el monstruo sobre el banco de piedra del jardín).

 

Dracula posesion de Lucy

 

 

EQUIPO TÉCNICO Y REPARTO

 

Entre los mayores aciertos del film (y hay que decir que tiene muchos), cabe destacar el perfeccionismo de maquillaje y vestuario (largamente premiados), así como la sobriedad casi artesanal de los decorados y efectos especiales, que están hechos a la antigua usanza.

La ambientación y el diseño de producción resultan insuperables, con acento especial para el castillo de Drácula (con su caprichosa sombra huyendo por las paredes o pretendiendo estrangular a Harker cuando lo sabe prometido con la reencarnación de su amada), la mansión de Lucy o las mismísimas calles del Londres de la época. Pero también para el lóbrego hospital psiquiátrico del doctor Seward, la siniestra cripta donde entierran a Lucy (con los candelabros encendiéndose de forma perturbadora a su paso) o la sugestiva sala donde el conde y su amada comparten la absenta y sus recuerdos.

 

Dracula con mapa de Londres

 

            Resulta casi inconcebible que toda la película sin excepción fuese rodada en estudio y sin salir de los Estados Unidos. La primera idea de Coppola había sido otra –con escenarios reales localizados en Europa- pero la escasa disposición de los estudios para costear semejante gasto determinó la solución final, que se adoptó con un sobresfuerzo artístico en vestuario, maquillaje y decorados.

El virtuosismo narcisista de algunos planos (las sombras chinescas durante el combate de Vlad contra los turcos, el círculo en las plumas de un pavo real que se convierte en el túnel que atraviesa el tren que transporta a Harker, las burbujas de la absenta que se superponen al bello rostro de Mina) denota un buen gusto singular que contribuye a hacer más grande a esta película, llamada a ser el referente quién sabe si definitivo del mito. Como mínimo, le auguro una supremacía de décadas.

 

Dracula suicidio Elisabeta

 

Significativo es también el homenaje al cine en la escena en que Mina y el conde visitan la sala del cinematógrafo pero, en realidad, tanto la estética del film como la factura de sus efectos visuales lo constituyen en sí mismos. No existe comparación posible entre el resultado obtenido por los medios tradicionales a la catástrofe que podría haber supuesto la utilización de efectos digitales en la línea de “Van Helsing” o “La liga de los hombres extraordinarios”, por poner ejemplos extremos.

También es digna de mención la magistral partitura del compositor polaco Wojciech Kilar, un elemento de enorme cohesión que demuestra el acierto de su colaboración.

En conjunto puede afirmarse que la interpretación femenina resulta más lucida que la masculina, con una Winona Ryder espléndida (que además se permitió intervenir en el guión) y con la interesante revelación para el gran público de la actriz Sadie Frost.

 

Dracula Lucy vampirizada

 

También hay que hacer notar la breve aparición de la hermosa Monica Bellucci como una de las tres concubinas del conde; de hecho, fue la que mejor aprovechó la popularidad que dicho papel le proporcionó.

 

Dracula Monica 2

 

            Desde siempre ha circulado el rumor de que fue la propia Winona quien puso en las manos de Coppola el guión de James Hart, espoleada por su forzada ausencia (a causa de su falta de salud) de “El Padrino III” en un papel que acabaría interpretando Sofía, la propia hija del director.

Entre ellos, junto a la presencia de estrellas como Gary Oldman (componiendo un memorable Drácula) o Keanu Reeves, hay que destacar la presencia del legendario cantante Tom Waits, cuya interpretación del perturbado Renfield resulta ciertamente inquietante.

           

Dracula Tom Waits

 

           Oldman, por cierto, desbancó a otros candidatos como Jeremy Irons (de quien llegó a afirmarse que ya había sido contratado para el papel), Andy García y hasta ¡Antonio Banderas! Quizás al bueno de Gary le viniera bien su reciente éxito con “JFK”, de Oliver Stone.

En cuanto a los hándicaps principales, dejando claro el hecho de que se trata de una película superlativa, quizás podría achacársele la sobreactuación de Anthony Hopkins (sin ir más lejos, el baile que se marca con Mina en el instante de conocerla y que desconcierta por completo a la joven es una aportación personal del actor no demasiado afortunada, debo decir). A Hopkins pudo pasarle factura su peculiar caracterización psicológica para su papel inmediatamente anterior: el Hannibal Lecter de “El silencio de los corderos”.

 

Dracula Van Helsing

 

Otra cuestión achacable al film sería la excesiva condensación de la historia, a pesar de que se deja por completo fuera de la misma cuanto acontece en el cerro del cementerio donde, en la novela, Lucy y Mina suben cada atardecer para contemplar el puerto y departir con los ancianos que allí se reúnen. Con ellos charlan sentadas sobre las lápidas y los viejos pescadores critican el turbador hecho de que gran parte de las sepulturas se hallen vacías pues muchos de sus compañeros de profesión fallecieron en lejanas aguas y sus cuerpos nunca fueron recuperados.

La supresión de esas escenas es la razón por la cual, en el film, Lucy es atacada en el jardín de su propia mansión, pese a que en la novela se ubicaba dicho ataque inicial sobre esas mismas lápidas.

En lo que respecta a la edición en DVD, habría que destacar igualmente la presencia en el mismo de “Drácula. El hombre, el mito, la leyenda”, un magnífico documental sobre la presencia del mito vampírico en la historia del cine que considero imprescindible para cualquier cinéfilo que se precie.

Muchas veces hay materiales extra que resultan anodinos o son aptos únicamente para entendidos en aspectos concretos de la producción cinematográfica pero definitivamente no nos encontramos ante un documental de ese tipo.

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