VENCEDORES O VENCIDOS

 

Juzgando a la Justicia

 

Vencedores o vencidos el juez

 

 

EL FILM DE STANLEY KRAMER

 

Quince años después de que tuvieran lugar los verdaderos Juicios de Nuremberg, el director estadounidense Stanley Kramer dirigió este notable film que pretendía ser una aproximación a lo sucedido durante aquellas intensas sesiones.

El guión corrió a cargo de Abby Mann según un argumento escrito por él mismo y que acabó alzándose con el Oscar de aquel año.

Mann fue, a lo largo de su carrera, guionista y productor sobre todo para televisión, destacando su labor en la serie Kojac, que inmortalizaría al “calvo” Telly Savalas.

En cuanto al neoyorkino (de Brooklyn) Stanley Kramer, fue un director poco prolijo que no llegó siquiera a la veintena de películas, contando el puñado de telefilms que dirigió.

Deja, no obstante, algunos clásicos para la Historia:

- el endeble drama bélico Orgullo y pasión, protagonizado por Cary Grant, Sofía Loren, Frank Sinatra y un buen número de actores españoles (entre los que destacan José Nieto y Carlos Larrañaga).

- el notable y crepuscular drama fantástico La hora final, con Gregory Peck, Ava Gardner, Fred Astaire y Anthony Perkins.

- la memorable Adivina quién viene a cenar esta noche, también con Spencer Tracy, en ese caso acompañado de su inseparable Katharine Hepburn en un film que supuso el Oscar para Sidney Poitier (ya hablamos de ello al abordar el análisis de “En el calor de la noche”).

Y, por supuesto, la excelente Vencedores o vencidos de la que ahora nos ocuparemos.

No sin antes comentar que, a principios de los noventa, el director canadiense Yves Simoneau realizó una miniserie para televisión titulada específicamente Los juicios de Nurembergen la que descollaba la presencia de Alec Baldwyn y Christopher Plummer.

 

LÍNEA ARGUMENTAL

 

En 1948, el maduro juez estadounidense Dan Haywood llega hasta la parcialmente destruida Nuremberg, en una Alemania derrotada.

Su misión consistirá en presidir los Juicios a los que serán sometidos otros cuatro jueces, en este caso alemanes: Emil Hahn, Friedrich Hofstetter, Werner Lampe (Ministro de Justicia durante la época de Hitler) y el reputado Ernst Janning.

A su llegada a Nuremberg, el senador Burkette acomoda a Haywood en la mansión del ejecutado general Bertholt y le presenta a la que será su servidumbre mientras dure el proceso.

Ya en la sala, el letrado Hans Rolfe, alemán como los acusados, se presenta como el encargado de la defensa aunque Janning se niega a reconocer la legitimidad del Tribunal, guardando un obstinado silencio mientras sus tres compañeros de banquillo se declaran inocentes de los cargos que se les imputan.

 

Vencedores o vencidos los acusados

 

Poco después, el juez tendrá ocasión de conocer a la viuda del general Bertholt cuando la sorprende llevándose algunas cosas de la que fuera su casa. Haywood no sólo no se opone a ello sino que pide a su propio chófer que acompañe a la dama hasta el lugar donde ahora se aloja.

Las sesiones del tribunal se inician con el testimonio del Doctor Karl Wieck, antiguo juez y profesor del propio Janning. Según su propia declaración, Wieck hubo de dimitir de su cargo al negarse a llevar la esvástica en la toga.

 

Vencedores o vencidos Dr Karl Wieck

 

Rolfe intenta desacreditarle y lo consigue parcialmente cuando revela que el juez prestó, con anterioridad a su dimisión, el juramento de fidelidad al Führer. “Todos lo hicimos”, balbucea el doctor: “era obligatorio”.

También comparece en el estrado Rudolph Petersen, un pobre diablo, ayudante de panadero, a quien un tribunal presidido por uno de los acusados condenó a ser esterilizado, al ser considerado “débil mental”.

 

Vencedores o vencidos Montgomery 2

 

Una vez más, Rolfe consigue ridiculizar al testigo al pedirle que forme una frase con los términos “cazador”, “liebre” y “campo”, intento en el cual Petersen fracasa para embarazo de todos los presentes.

Mientras las sesiones del juicio se suceden, el juez Haywood se dedica en su tiempo libre a recorrer algunos de los lugares de Nuremberg que todavía quedan en pie, recordando los terribles sucesos que tuvieron lugar en la ciudad.

 

Vencedores o vencidos ruinas Nuremberg

 

Una noche, mientras toma una copa en un café junto a sus compatriotas, el juez vuelve a encontrarse con la señora Bertholt, quien parece alegrarse de verle.

Tras una breve y cordial conversación que corta de raíz la aparición del coronel Lawson –a quien ella detesta por actuar como fiscal en la causa contra su esposo, propiciando la ejecución del general-, el juez acepta la invitación de la viuda para asistir a un concierto de piano que tendrá lugar un par de noches después.

En efecto, Haywood acude al concierto y, al finalizar el mismo, acompaña a la señora Bertholt hasta su casa, donde ella le invita a un café (“es sucedáneo pero siempre intento hacerlo fuerte”, puntualiza la dama).

 

Vencedores o vencidos Spencer y Marlene

 

Sin embargo, las reservas del juez, que no puede hablar de sus impresiones acerca de los acusados como ella pretende que haga, chocan contra el manifiesto interés de la viuda por ensalzar la figura de Janning.

 

UN JUICIO CONTRA ALEMANIA

 

Desde que hacen su aparición en escena el coronel Tad Lawson y el abogado Hans Rolfe, fiscal y defensor respectivamente, se define perfectamente la situación a ambos lados de la red.

 

Vencedores o vencidos fiscal y defensor

 

De un lado, la fiscalía pretende hacer responsable a los cuatro acusados de haber llevado a cabo, en primera persona, la atroz política genocida del III Reich.

Como responsables de impartir justicia –afirmará Lawson-, ellos cuatro hicieron un uso fraudulento de la toga, extendiendo la crueldad y la injusticia del régimen de Hitler a las salas de los Tribunales y convirtiendo así en víctimas a miles de inocentes.

Por su parte, Rolfe va mucho más lejos: acusar a esos cuatro hombres de las atrocidades cometidas en la Alemania de la época será tanto como afirmar que todos los alemanes eran cómplices y culpables de las mismas pues, en su opinión, los jueces no hacían otra cosa que aplicar las leyes vigentes, independientemente de que fueran o no justas.

En realidad, ambos postulados se alejan más bien poco de los que presidieron los juicios auténticos entre 1945 y 1946. La duda razonable sobre la conciencia o no del pueblo alemán acerca de los asesinatos sistemáticos y el exterminio de las minorías raciales –en especial de los judíos- que se estaban produciendo en su propio país, no sólo iluminaba como un foco reflector los procesos de Nuremberg sino que incluso se prolonga hasta nuestros días.

¿Fueron los alemanes de raza aria, los cuales estaban a salvo de ser torturados y asesinados (siempre que no ayudaran a los judíos, claro está), cómplices del Holocausto a través de su silencio culpable? ¿O realmente ignoraban las monstruosidades que sus dirigentes estaban perpetrando en los campos de exterminio tanto de Alemania como de los países conquistados por ella?

Muchas preguntas y no demasiadas respuestas.

 

EL JUEZ

 

El protagonista del film, al margen de la enorme relevancia de algunos otros personajes, es evidentemente el JUEZ DAN HAYWOOD. No sólo porque preside los procesos que constituyen el centro de la trama sino también porque cuanto acontece es visto a través de sus ojos.

 

Vencedores o vencidos el juez 2

 

Haywood es un simple Juez de Distrito que, además, lleva un año sin ejercer al no haber sido reelegido por el electorado. El hecho de que en los Estados Unidos los jueces sean elegidos será algo que sorprenda enormemente a la viuda Bertholt cuando surge el tema en una conversación entre ambos.

La “patata caliente” llega hasta sus modestas manos debido a la renuncia de otros magistrados más encumbrados que él y Haywood no se recata en hacer ver al senador que hace las veces de anfitrión a su llegada que es muy consciente de tal circunstancia.

A lo largo del film, se verá al juez sufrir la incomodidad de un juicio impopular en el que subyacen algunos acontecimientos terribles que él se esfuerza en asimilar. “Necesito comprender, lo necesito realmente”, llega a decir abiertamente en otra de esas conversaciones con la viuda del general ejecutado.

Hombre honesto y reflexivo, tanto como solitario, Haywood se niega a someterse a las presiones políticas que le piden explícitamente que no sea muy duro al sentenciar. En especial en el caso de Janning, a quien el pueblo alemán ama realmente.

En un momento en que la Unión Soviética se halla en plena escalada de sus hostilidades, intentando hacerse por la fuerza con el control de Berlín, el apoyo de Alemania, pese a tratarse de una nación vencida, se hace indispensable para los Estados Unidos. Caso de no alcanzarlo, corren el peligro de perder “toda Europa” contra el comunismo en opinión de los políticos que presionan tanto al juez como al fiscal.

Una escena en concreto –la proyección de una impactante película en mitad del juicio- dificultará más si cabe la posibilidad de contemporización para un hombre más acostumbrado a escuchar que a intervenir y cuya participación en el proceso dejará en ambos –en él y en el juicio- una señal indeleble.

 

LOS OTROS PROTAGONISTAS

 

Entre los personajes que rodean al juez en la historia brilla con luz propia la SEÑORA BERTHOLT.

Su condición de aristócrata la acerca inequívocamente a Ernst Janning, con quien solía coincidir en los viejos tiempos en conciertos y recepciones.

En una de ellas –contará la dama-, auspiciada por la nuera de Wagner, el propio Hitler se insinuó a la bella esposa de Janning, por lo que éste le atajó: “Canciller, le aseguro que no me molestan en absoluto sus malos modales. No me molestan ni poco ni mucho pero, en cambio, me molesta que sea usted tan plebeyo”. Siempre según la señora Bertholt, Hitler se quedó pálido, miró a Janning y se marchó.

Precisamente el DOCTOR ERNST JANNING es una de las piezas fundamentales de la historia. Su hermético silencio y el manifiesto desprecio que evidencia hacia sus compañeros de banquillo e incluso hacia su propio abogado defensor quedará roto en una dramática escena que constituye uno de los principales clímax del film.

 

Vencedores o vencidos Janning dice basta

 

Este hombre orgulloso y altivo, autor de una completa obra jurídico-literaria, poseedor de un enorme prestigio profesional y personal, es un auténtico enigma del que se atisbará algo al final del proceso.

En cualquier caso, el magnetismo que emana de su figura impresiona por igual a partidarios y detractores, siendo sus silencios más elocuentes que los discursos de otros. Su enorme carisma –un hombre capaz de desafiar al mismísimo Führer, de hacer callar a sus colegas únicamente con la dureza de su mirada o incluso de amonestar públicamente a su abogado- da una dimensión diferente a la película y, en gran medida, evita que la balanza caiga de forma abrumadora del lado yankee.

En ese sentido, la intención evidente de oponer al bando de “los buenos” un personaje de peso, de enorme fuerza y de notable integridad ubicado en el lado de los vencidos se ve coronada por el más absoluto de los éxitos.

Algo que chirría en una secuencia muy al final del film (y de la que prefiero no hablar) que, en mi opinión, no es más que un burdo pretexto para que Haywood pronuncie una frase lapidaria que clausura moralmente el film. No es la frase del juez lo que me molesta sino la actitud inverosímilmente ingenua de Janning. Cuando veáis el film, cosa que os recomiendo encarecidamente, entenderéis perfectamente a qué me refiero.

Otro de los personajes que luce con luz propia es el de HANS ROLFE, el abogado defensor de los jueces alemanes. Engañosamente conciliador y próximo a los testigos en sus introducciones, su tono acaba por volverse despótico y apremiante, hasta el punto de recordar los que presidían los juicios en la época nazi.

En realidad, no es que sospechemos que el letrado sea nacionalsocialista de corazón sino que, de hecho, su mayor interés parece residir en un doble objetivo: salvaguardar la dignidad de su herida nación y evitar que los estadounidenses, que en la práctica han invadido Alemania, se salgan con la suya.

En todo caso, sus alegatos no carecen de sentido pero la vehemencia con que se aplica en la ferviente defensa de los cuatro acusados entra de lleno en el hostigamiento de quienes ocupan la silla de los testigos.

No menos vehemente resulta ser el representante del ministerio fiscal, el CORONEL TAD LAWSON, un militar de carrera que ha vivido la contienda bélica en primera línea y no entiende de sutilezas.

 

Vencedores o vencidos el fiscal 2

 

Puede entender perfectamente las repercusiones que una sentencia condenatoria pueda tener en el panorama político mundial pero, por otra parte, nada ni nadie puede interponerse en su voluntad de condenar a las cabezas responsables del genocidio.

Su determinación se hace patente cuando, después de estar una noche sin dormir, coge el coche para dirigirse en solitario a Berlín, donde intentará convencer a una testigo que puede ser capital en el proceso: una mujer alemana, Irene Hoffman (ahora Hoffman Wallner pues está casada) que fue juzgada por “corrupción racial” debido a su presunta relación con un hombre judío amigo de su familia.

Dicho juicio, que alcanzó una enorme notoriedad en la época, estuvo presidido por Ernst Janning.

 

EL REPARTO Y EL EQUIPO TÉCNICO

 

El personaje del juez Haywood fue encomendado a un “peso pesado” de la interpretación como Spencer Tracy, ganador de dos Oscar consecutivos como Mejor Actor en 1937 y 1938 por Capitanes intrépidosy Forja de hombresy candidato al tercero por sus papeles protagonistas en San Francisco, El padre de la novia, Conspiración de silencio, El viejo y el mary La herencia del viento.

Volvería a ser nominado por su honesto trabajo en “Vencedores y vencidos” y todavía una vez más (la novena) por la ya citada “Adivina quién viene esta noche”, su último trabajo ya que murió apenas diecisiete días después de concluir su rodaje.

Sin embargo, en esta ocasión sería el austríaco Maximilian Schell quien se llevaría el gato al agua por su excelente caracterización del abogado Hans Rolfe.

 

Vencedores o vencidos el abogado defensor

 

Schell se beneficia de una fabulosa interpretación llena de matices, desde la ingenua admiración que en todo momento muestra por un hombre que le desprecia (Janning) hasta la despiadada persecución que realiza sobre los testigos que puedan resultar negativos para su defensa.

También sacó partido el actor de su condición bilingüe, dado que la película se rodó en inglés y alemán.

A destacar la interpretación de Marlene Dietrich como la señora Bertholt, viuda de un general nazi ejecutado por los estadounidenses y la mucho más breve pero no menos intensa de Judy Garland en el papel de una alemana acusada de mantener relaciones sexuales con un judío.

 

Vencedores o vencidos Marlene Dietrich

 

Vencedores o vencidos Judy Garland

 

A propósito, resulta todo un puntazo escuchar Lily Marleenmientras la viuda Bertholt pasea junto al juez en medio de la noche y le va traduciendo las estrofas de la canción puesto que la Dietrich grabó una versión en inglés de dicho tema poco después de finalizar la guerra.

También resulta enormemente dramática la breve aparición de Montgomery Clift (quien colaboró activamente en la confección del guión pese a que no quede acreditado) como protagonista del llamado “Caso del panadero”, donde interpreta a un pobre hombre a quien hicieron esterilizar durante el régimen nazi.

 

Vencedores o vencidos Montgomery

 

Mención aparte merece el excelente trabajo de Burt Lancaster, quien dota al personaje de Janning de una grave dignidad, aportándole además su peculiar y recia presencia física, lo que le va estupendamente al personaje.

 

Vencedores o vencidos Burt Lancaster

 

Paradójicamente, Burt había debutado en la gran pantalla sólo quince años antes con su personaje de “El sueco”en la gran película de cine negro Forajidos, donde era seducido por la mismísima Ava Gardner. De modo que no resulta chocante verle interpretando a un alemán.

La espectacular carrera de Lancaster incluye, entre otros muchos trabajos:

- films de aventuras como “El halcón y la flecha”, “El temible burlón”, “Su Majestad de los mares del sur” o la serie televisiva italiana “Marco Polo”.

- dramas como “El gatopardo” de Visconti, “Trapecio” (ambientado en el mundo del circo), “El hombre de Alcatraz” (otro memorable drama carcelario), “El nadador” (que dio origen a un popular spot publicitario en el que el protagonista iba de piscina en piscina) o el tórrido “De aquí a la eternidad” (inolvidables escenas junto a Deborah Kerr sobre la arena, recreando sus adúlteros amores).

- westerns tan memorables como “El hombre de Kentucky” (con John Carradine), “Veracruz” (con Gary Cooper y Sara Montiel), “Los profesionales” (con Lee Marvin) o “Duelo de titanes” (interpretando al mítico sheriff Wyatt Earp).

- historias bélicas como “Siete días de mayo” (con Kirkk Douglas y, de nuevo, Ava Gardner) o “La fortaleza” (dirigido por Sydney Pollack en una producción en la que también intervenía Peter Falk, el inolvidable teniente Colombo de la serie televisiva).

- cintas de acción como “El puente de Casandra” (película de catástrofes a bordo de un tren), “Aeropuerto” (ídem a bordo de un avión), “Clave Omega”, “Torpedo” o “Scorpio”.

y un largo etcétera hasta alcanzar casi un centenar de títulos.

En el aspecto técnico, no quiero dejar de resaltar la labor del compositor austríaco Ernest Gold, cuyo trabajo resulta tan sobrio como efectivo.

A destacar el curioso prólogo en forma de plano fijo con el letrero “Overture” sobre un fondo negro, que se prolonga durante cuatro larguísimos minutos, período durante el cual suena una marcha militar alemana precedida de un redoble de tambor y de un solo de corneta.

La misma marcha sonará al finalizar el film, con la aparición de un nuevo cartel con la leyenda “Exit Music”

También es de destacar la magnífica fotografía en blanco y negro con que nos deleita el director de fotografía húngaro Ernest Laszlo.

Cada detalle de la sala donde se celebra el juicio, cada expresión de cada rostro de sus protagonistas es minuciosamente registrada con absoluta maestría por este auténtico genio de la fotografía que también firmó dicho apartado en La fuga de Loganentre otras muchas.

 

OTROS JUICIOS DE CINE

 

Si al hablar de “Brubaker” ya comentaba las dificultades de elegir entre las mejores películas pertenecientes al subgénero del drama carcelario, otro tanto acontece en el caso de los dramas judiciales. Incluso peor, ya que es sensiblemente mayor el número de producciones de alta calidad que pueden ser ubicados en esta categoría.

En aquel caso, junto a la película comentada un servidor abogaba por “Cadena perpetua” como pareja de films emblemáticos del género, de modo que intentando “mojarme” también en esta ocasión, me decantaría por las siguientes, dejando bien claro que no es que se trate de las mejores sino de mis preferidas (subjetividad al poder):

- “Testigo de cargo”, que incorporaba el componente cómico con enorme acierto (la singular lucha entre el juez, interpretado por un genial Charles Laughton, y su dicharachera enfermera) y en el que la propia Marlene Dietrich resultaba ser la testigo clave en un juicio por asesinato que sentaba en el banquillo a Tyrone Power (el apuesto suegro del cantante Al Bano, ya que estamos).

- “Anatomía de un asesinato”, la cinta de Otto Preminger que mostraba la seducción de que era víctima un abogado defensor (James Stewart) por parte de la esposa del acusado (una sensual Lee Remick).

- “Doce hombres sin piedad”; en realidad, un auténtico juicio paralelo en el que después de que el jurado se retira a deliberar es cuando sus doce integrantes se ven obligados a analizar de forma minuciosa las pruebas presentadas ante el Tribunal.

- “Philadelphia”, la cinta que supuso el primer Oscar de Tom Hanks y abrió los ojos a la sociedad sobre la espinosa temática del Sida.

- “Algunos hombres buenos”, la excelente adaptación al cine que Aaron Sorkin hizo de su propia obra teatral, dirigida por Rob Reiner y con un reparto estelar: Tom Cruise, Demi Moore, Kiefer Sutherland, Kevin Bacon y, sobre todo, un impresionante Jack Nicholson. En realidad, el film juega en todo momento con la misma dicotomía que preside el juicio de “Vencedores y vencidos”: la obediencia ciega en aras del deber frente a la honestidad e integridad individuales.

No incluiría, en cambio, la incursión que Alfred Hitchcock realizó en el género a través de “El Proceso Paradine”, por considerarla una película menor en la filmografía del “mago del suspense”, demasiado lastrada por un guión escandalosamente predecible al que ni la presencia de Gregory Peck conseguía salvar.

 

EL NAZISMO EN EL CINE

 

Si son legión las películas que han abordado las miles de historias que tienen lugar en las salas de los tribunales, muchísimas más son las que se han centrado en el frente europeo de la Segunda Guerra Mundial y, más concretamente, en el enfrentamiento entre los ejércitos nazi y aliado.

En cualquier caso, quería señalar el hecho de que la inmensa mayoría de dichas producciones se centraban en la propia contienda, esto es, en los enfrentamientos militares y en las cruentas batallas que tuvieron lugar durante el conflicto bélico.

Es el caso de superproducciones como “El día más largo” (con uno de los repartos más superlativos de la Historia del Cine), “Salvar al soldado Ryan”, de Steven Spielberg (cuya primera media hora resulta impresionante), “Stalingrado” (centrado en la brutal batalla que causó la muerte a ¡¡¡más de tres millones de personas entre alemanes y soviéticos!!!!), “Patton” (sobre la figura del célebre general yankee) o la excelente serie de televisión producida por el propio Spielberg y Tom Hanks “Hermanos de sangre”.

Y, más recientemente y mezclando horror con cierto humor, también la “Malditos bastardos” de Tarantino.

Otros films se centraron en la lucha de la resistencia en Europa como “El libro negro” y otros más, en fin, en el cautiverio de los presos que se hacinaban en los campos de concentración ("La hora 25”, en la que sorprendentemente Anthony Quinn era elegido como prototipo de hombre ario, "La vida es bella” en su segunda y agridulce mitad), los intentos de evadirse de los mismos (“La gran evasión” con Steve McQueen) o el propio Holocausto (“La Lista de Schindler”).

Sin embargo y sin ánimo de ser exhaustivo, lo que el cine no ha reflejado con demasiada profusión es “el después”, el resurgimiento de Alemania tras la derrota, la acusación silenciosa del resto del mundo occidental hacia los instigadores de los dos conflictos bélicos mundiales, el “Plan Marshall” (que pasaría de largo de España como nos contó el desaparecido Berlanga) o los juicios y penas que cayeron sobre los líderes del nacionalsocialismo.

Entre lo poco que destaca de este último bloque se encuentra la inquietante “Europa” de Lars Von Trier.

 

LOS AUTÉNTICOS JUICIOS DE NUREMBERG

 

Las naciones vencedoras en la Segunda Guerra Mundial (básicamente, Estados Unidos, la Unión Soviética, Gran Bretaña y Francia) decidieron, una vez finalizado el conflicto bélico, que se hacía necesaria la celebración de una serie de procesos judiciales contra los principales responsables del genocidio nazi.

 

Vencedores o vencidos sala del juicio

 

Por primera vez en la historia, una nación derrotada –en este caso, Alemania- era juzgada por un tribunal internacional a causa de sus acciones de guerra. La extrema gravedad de los hechos que habían tenido lugar durante el III Reich, con la aniquilación de cerca de seis millones de judíos, obligaron a sentar dicho precedente.

La ciudad alemana de Nuremberg fue la designada para albergar las causas contra los máximos responsables del organigrama nazi. Entre los que habían sobrevivido, claro está, pues algunos como Adolf Hitler se habían suicidado y otros habían perdido la vida durante la contienda.

El Tribunal Militar Internacional que, a partir del 20 de noviembre de 1945, se encargó de dicho proceso estuvo compuesto por los siguientes jueces: el estadounidense Francis Biddle, el británico Geoffrey Lawrence, el francés Henri Donnedieu de Vabres y el soviético Iona Nikitchenko.

En el proceso principal, los acusados fueron Hermann Goering, Rudolf Hess, Joachim von Ribbentrop, Wilhelm Keitel, Karl Doenitz, Erich Raeder, Baldur von Schirach y Fritz Sauckel.

Tras 216 sesiones y algo más de diez meses, a lo largo de los cuales se hizo uso de documentos y películas, se dictó la correspondiente Sentencia:

De las veinticuatro personas que fueron juzgadas, únicamente tres fueron absueltas:

- el Ministro y Vicecanciller, Franz von Papen

- Hans Fitzsche, quien había participado en la propaganda nazi

- el ex presidente del Reichsbank, Hjalmar Schacht.

El Ministro de Armas Albert Speer, se mostró arrepentido y fue condenado a veinte años de prisión, al igual que el Líder de las Juventudes Hitlerianas, Baldur von Schirach.

El gobernador de la Polonia ocupada, también se expresó arrepentido, pero aún así fue condenado a muerte y ejecutado. Como lo habría sido el secretario del partido nazi, Martin Bormann de no haber muerto con anterioridad. En total fueron once los dirigentes nazis que terminaron sus días en la horca.

Hermann Göring, el segundo de Hitler, Ministro de aviación, y fundador de la Gestapo, fue también sentenciado a morir en la horca pero se suicidó antes de que pudiera cumplirse la sentencia.

En cuanto a Rudolph Hess, fue condenado a cadena perpetua y murió en la prisión de Spandau tras más de cuarenta años de confinamiento y en circunstancias poco claras. Tenía noventa y tres años, su salud era precaria y se intentó aparentar un suicidio pero, al parecer, fue estrangulado. En las décadas anteriores se había debatido su posible excarcelación por motivos humanitarios pero dichas peticiones nunca fueron atendidas.

Los delitos que se imputaron a los acusados no consistían únicamente en crímenes de guerra como torturas, asesinato de prisioneros y sustracción de bienes (contraviniendo todas las convenciones internacionales) sino también:

- Crímenes contra la paz, por planificar el conflicto y darle inicio.

- Crímenes contra la humanidad: genocidio, persecución racial y torturas.

- Conspiración para cometer todos los delitos citados.

Pese a la adhesión mayoritaria, no faltaron quienes cuestionaron la imparcialidad de los jueces, dado que eran los vencedores de una guerra en la que los procesados habían resultado vencidos.

Adicionalmente, el Tribunal Militar de los Estados Unidos llevó a cabo otros doce procesos, entre los cuales se hallan los denominados “Juicio de los doctores” y “Juicio de los jueces”, donde se juzgaron a 199 personas, de las cuales 36 fueron condenadas a muerte (en 18 de los casos se cumplió la sentencia).

Es evidente que son estos últimos los que recrea el film, dado que en la película sólo aparecen juristas de nacionalidad estadounidense, el ministerio fiscal lo ostenta un coronel del ejército norteamericano y los acusados son, en su totalidad, jueces.

 

LA SALA 600

 

            En agosto de 2012 tuve ocasión de visitar Nuremberg y me acerqué al Memorium Nürnberger Prozesse (Memorial de los Juicios de Nuremberg), instalado en el Palacio de Justicia de la ciudad.

En su Sala número 600, en la que siguen celebrándose juicios en la actualidad, tuvieron lugar los que recrea el film.

            El destino quiso hacerme coincidir en la Sala –y ya es casualidad- con el último superviviente de dichos Juicios; uno de los jueces militares estadounidenses que participaron en los mismos y al cual la Televisión Alemana estaba entrevistando como parte de un reportaje conmemorativo.

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Nuremberg sala 600

 

Nuremberg   entrevista

 

 

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