CÁDIZ EL CHICO

 

Un restaurante en el “pueblo blanco” gaditano de GRAZALEMA

 

 

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CAMBIANDO DE PLANES

 

            En 2011 realicé mi penúltimo periplo gaditano. Y, aunque en principio tenía intención de comer en “El Convento”, un afamado restaurante de Arcos de la Frontera que ya visité hace unos años, lo poco que cunden los kilómetros en las carreteras de esta zona (aunque ello se vea compensado con la belleza de los paisajes por los que se transita) hizo imposible cumplir el plan previsto.

            Aproveché pues la cercanía de Grazalema, por la que no pasé en mi viaje anterior por tierras gaditanas, para visitarla y de paso comer en algún restaurante que pudiera dar una digna réplica a mi ambicioso plan inicial.

            Y, dado lo estratégico de la situación de “Cádiz el chico”, su simpático nombre y el magnifico aspecto que ofrecía así como lo interesante de las propuestas gastronómicas que presentaba la carta expuesta en el exterior del local, pronto lo anoté como el principal candidato.

            Una consulta rápida a una paisana confirmó de forma definitiva la candidatura del restaurante.

            Esto es algo, por cierto, que aconsejo encarecidamente: preguntar a los lugareños por los restaurantes a los que ellos suelen ir. Este sencillo mecanismo me ha proporcionado a lo largo de los años el descubrimiento de algunos magníficos establecimientos, no siempre glamourosos pero sí dotados de prodigiosas cocinas.

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GRAZALEMA

      

            En la ruta de los “pueblos blancos” gaditanos, Grazalema se encuentra unida con Ubrique (patria del torero “Jesulín” y uno de los centros industriales de la piel más importantes de Europa) por una carretera comarcal en bastante buen estado (el único pero es la ausencia de línea central para delimitar los dos carriles) y con Arcos de la Frontera (uno de los centros monumentales más espectaculares de toda España) por una carretera regional bastante más amplio.

            Curiosamente, tratándose de un municipio del sur del país, Grazalema es la población de España que más lluvia recoge anualmente. Un dato que, como mínimo, llama la atención.

            Las casas encaladas que hacen honor a la comarca y sus considerables desniveles constituyen un reto para los visitantes y brindan una buena oportunidad de “rebajar” las copiosas comidas que ofrecen

            Recomiendo encarecidamente transitar sus calles en pendiente o incluso, si se dispone de tiempo, pasar una o varias noches allí a fin de tomarla de punto de inicio de varias excursiones o marchas senderistas.

            Me quedé con las ganas de poder hacerlo por falta de tiempo, como también de disfrutar de otros restaurantes más escondidos entre las calles de la población.

            Pero al menos pude visitar a lo largo de estos días poblaciones como Alcalá de los Gazules (magnífico queso), Bornos o los ya citados Ubrique y Arcos de la Frontera.

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UBICACIÓN DEL RESTAURANTE 

 

            No puede ser más fácil de encontrar, ya que se encuentra en la propia carretera que atraviesa el pueblo, en dirección a Arcos.

            Aunque la dirección oficial del establecimiento es Plaza de España, número 8, lo cierto es que, en rigor, dicha plaza se abre frente a la fachada principal de la impresionante iglesia barroca de Nuestra Señora de la Aurora (siglo XVIII).

            Por su parte, “Cádiz el chico” queda de hecho junto a la carretera, en lo que viene a ser el lateral derecho de la fachada de la iglesia.

            A título informativo comentaré que el restaurante no cierra ningún día de la semana, abriendo ininterrumpidamente de 12 a 17 horas por la mañana y de 20 a 24 horas por la tarde.

            Eso sí, cierra durante la primera quincena de junio.

            El teléfono para reservas, y creedme que puede ser necesario porque un sencillo viernes a mediodía contaba con una afluencia de público más que considerable, es el 956 132 027.

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EL MENÚ DEL DÍA

 

            Imagino que cambiará a diario o, al menos, cada cierto tiempo pero la propuesta del día en que visité el restaur era la siguiente:

Primeros Platos (a elegir):

            - Sopa de picadillo

            - Sopa de Grazalema (parecida a la sopa de ajo castellana)

            - Plato del día

            - Ensalada mixta

            - Salmorejo cordobés

            - Ensalada de tomate con ajo y orégano

Segundos Platos (a elegir):

            - Venado a la cerveza

            - Carrillada en salsa

            - Manitas de cerdo en salsa

            - Tortilla española con ensalada

            - Huevos fritos con lomo en manteca

            - Trucha con jamón

            - Mero al ajillo

            Este menú del día incluía también pan, vino y postre casero y tenía un precio de 12 euros.

 

LA CARTA

 

            Dado que era nuestro último día de viaje (íba de camino de Sevilla para coger el avión), decidí prescindir de tan interesante propuesta de menú para pedir a la carta, ya que los precios eran realmente razonables.

Entrantes

            Entre los que recuerdo destacaría:

            - Jamón de bellota (16 €)

            - Queso frito (9 €)

            - Chorizo al vino (9’5 €)

            - Croquetas caseras (10 €).- Me decanté por éstas, que estaban riquísimas, eran de cocido y llevaban jamón y algunas especias de aire andalusí.

            - Pimientos del piquillo rellenos (8 €)

            - Paté de perdiz al Pedro Ximénez (10 €)

            - Lomo en manteca casero (10 €)

Sopas, ensaladas, huevos, revueltos y otros

            Todas las sopas estaban entre los 3 y 4 euros, destacando las siguientes:

            - Sopa de picadillo

            - Sopa de Grazalema

            - Salmorejo grazalemeño.- Me decanté por éste y resultó ser una gran elección. Más denso que el gazpacho, por lo que precisaba cuchara, el delicioso salmorejo estaba “adornado” con huevo duro y jamón.

            Las ensaladas sólo podían ser mixtas (para una persona por 3 € ó para dos por 6 €) o “de la casa” (nadie preguntó por ella, razón por la cual ignoro sus ingredientes aunque su precio era de 8 euros y era igualmente para dos personas).

            En cuanto a los huevos, la cosa oscilaba entre los 6’50 € de los que iban acompañados únicamente de patatas fritas y los 10 € de los que llevaban jamón.

Tortillas de espárragos (8 €), tagarninas (8 €) y jamón (9 €) o revueltos de jamón y gambas (11’5 €), de espárragos y jamón o de tagarninas y jamón (ambos a 10 €) completaban la oferta.

            Para los que no las conozcáis, os aclaro que las tagarninas son una especie de cardo.

            Entre los “otros” destacaría las berenjenas con roquefort y langostinos.

Pescados

            No era muy amplia la oferta en este apartado, destacando la trucha asalmonada (8‘5 €), el lomo de bacalao en salsa de gambas (12 €), el lenguado (ese día no tenían) y el pez espada (10 €).

También se ofertaban gambas a la plancha o gambas al ajillo (12 € cada ración).

Carnes

            Uno de los puntos fuertes de la carta, destacando:

            - Codillo de cerdo al horno (12 €)

            - Rabo de toro (13 €).- Tuve ocasión de probarlo y estaba delicioso.

            - Cordero al horno (a 13 € la ración)

            - Filete de pollo (7’5 €)

            - Pluma ibérica (12 €)

            Además de solomillo de ternera (15 €), entrecot de ternera (14 €), chuletas de cordero a la plancha (12 €) o bien con ajitos (13 €) o incluso chuletas empanadas (13’5 €).

Carnes de Caza

            Este subapartado era una de las especialidades de la casa;

            - Venado a la cerveza.- Puesto que costaba 12 € y estaba incluido en el menú del día (por idéntico valor total), de haber estado interesados en este plato, lo más inteligente hubiera sido optar por el Menú, claro está.

            - Lomo de venado en salsa Pedro Ximenez (14 €)

            - Jabalí en salsa de almendras y frambuesas (14 €).- Ésta fue mi acertada elección, consistiendo en dos lonchas tiernas y no muy gruesas de carne de jabalí, servido con una suave salsa en la que eran visibles los pequeños fragmentos de almendra y con una doble guarnición de patatas fritas y de judías verdes.

            - Conejo en salsa de almendras (15 €)

Postres

            Todos los postres tenían  inusuales precios muy asequibles que iban de los 3 a los 3’5 euros, siendo de elaboración casera y algunos de ellos muy originales.

            Mi recomendación para quienes paséis por este restaurante es la tarta de bellota.

            Pensaba que sería algún tipo de flan más o menos aromatizado pero nada más lejos de la realidad. Con consistencia de tarta y una curiosa textura, ofrece un sabor tan inusual como promete y es una auténtica delicia.

            También ofrece “Cádiz el chico” flanes, natillas y arroces con leche caseros, así como “Bombas de chocolate”, tarta de queso y pudding de manzana a los precios ya citados.

Copas

            Curiosamente, en la carta se ofrece directamente la posibilidad de pedir el vino por copas, distinguiendo el Fino (1’5 €) del Vino de la Casa, de cosecha propia (1’7 €), el Vino Blanco (1’7 €) o el Rioja (2 €).

Doy fe de que eran de estupenda calidad..

 

CONCLUSIONES

 

            Una comida para tres personas incluyendo una ensalada, una ración de croquetas, un salmorejo, dos Sopas de Grazalema, un jabalí en salsa de almendras, unas berenjenas con roquefort y langostinos, un rabo de toro, una copa de vino y dos aguas junto a tres postres nos costaron algo menos de 25 euros por cabeza. Mejor que bien, dada la calidad.

            El local es agradable, está forrado en madera (nueva y bien lijada, sin la menor intención de aparentar una antigüedad que no tiene) y cuenta con una chimenea que será acogedora en los meses más fríos. También presenta bastante luminosidad y amplitud.

            En su interior cuenta con otra sala, así como con un patio con fuente donde crian truchas y con un pozo propio del que sale el agua del restaurante.

            Un servicio correcto y afable completan la oferta de este restaurante que me dejó un magnífico sabor de boca para terminar mi viaje por Cádiz.

            Dos años después, en 2013, en una nuevo paso por Grazalema, cedí a la tentación de repetir visita en lugar de probar algún otro establecimiento de la localidad, ya que tenía un grato recuerdo. No me arrepentí en absoluto.

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