CASA GRANERO

Una institución gastronómica en Serra

 

Portada

 

UBICACIÓN Y ORNAMENTACIÓN

 

            Serra es una pintoresca localidad de la provincia de Valencia, a menos de 30 km de la capital (una vez sobrepasada Náquera, en dirección al Garbí o a Torres-Torres), cuya principal característica es la pronunciada pendiente de la mayor parte de sus calles.

           

 Serra

 

           El de Serra es un término municipal cuajado de fuentes y de bosques y todavía conserva las modestas ruinas de un castillo en una de las montañas erigidas frente a la población.

            En cuanto al restaurante, está ubicado en una zona particularmente recoleta. En concreto en la calle Cantó de la Torre, justo enfrente de la “Torre del Senyor” (torre del señor), construida en tiempos recientes y decorada con pequeñas almenas.

 

Torre

 

            Por lo que respecta a la ornamentación de la fachada del restaurante, a base de simpáticos cerdos alados, contrasta notablemente con la del interior del establecimiento, sobriamente valenciano, con azulejos y cenefas de la tierra que recrean motivos frutales.

 

Fachada

 

            En las paredes, amén de una simpática poesía de Teodoro Llorente que glosa las maravillas del “arròs amb feçols i naps” (arroz con judías blancas y nabos) y varios galardones acreditativos de otros tantos triunfos en certámenes culinarios, cuelgan multitud de fotografías que muestran al propietario del restaurante en diversas escenas de matanza o agasajando a celebridades del mundo de la música, la interpretación o el deporte.

 

Interior 1

 

Interior 2

 

 

UNA CARTA BREVE PERO SELECTA

 

            En efecto, se trata de una carta breve en la que predominan los arroces, auténtica especialidad de la casa. En ella descollan el arroz de langosta, el arroz de bogavante seco o meloso y el muy premiado “rossejat” (el tradicional arroz al horno con patatas, garbanzos, morcilla y costilla de cerdo pero, en este caso, cubierto por una “costra” de huevo).

            Los entrantes son atractivos, sabrosos y selectos aunque cambian de tanto en tanto. En mis primeras visitas disfruté del crujiente de gambas con salsa de marisco, que era una auténtica delicia.

            Entre los últimos que he tenido ocasión de degustar merecen mucho la pena los huevos de corral con prueba de chorizo, el crujiente de sobrasada y queso con miel o el pastel de manzana y foie al caramelo con vino de Oporto.

 

Sobrasada con miel

 

Manzana y foie

 

            Otros entrantes estupendos son las croquetas de jamón ibérico, la terrina de hígado de pato trufado o los buñuelos de bacalao y calabaza con ajoaceite de chocolate.

            Los premiados arroces del restaurante comprenden desde las inevitables paellas de pollo y conejo o bien de marisco y otras especialidades como el arroz “a banda”, el arroz de bogavante (meloso o seco) o el arroz de carabineros, alcachofas y ajos tiernos entre otros.

            Si se prescinde de los arroces, puede acudirse a las carnes, cuyas opciones no alcanzan la media docena y entre las cuales destacan el entrecot de buey a la brasa y “acabado en la mesa” (lo que en la práctica significa que llega a la mesa humeante y sobre una tabla de madera), la carrillada de cerdo ibérico con seta y trufa o el estupendo secreto ibérico con parmesano y caramelo de Módena.

 

Buey

 

            Entre los pescados el personal se suele decantar por la lubina o la merluza. Si optáis por esta última, lo aconsejable es pedirla a la plancha (la guarnición-tipo suele consistir en media patata asada, medio tomate con queso gratinado y unos pimientos del Padrón). También es posible degustar platos más sofisticados como el rodaballo confitado con fondo de escalibada.

 

Pescado

 

            La carta de vinos no es tampoco muy extensa pero, al igual que con las cosas del yantar, es selecta y está bien surtida, en especial de vinos autóctonos.

            Por último, en lo tocante a los postres, es donde encontramos un más amplio surtido y, dada la calidad de los mismos, deberéis dejar espacio para acomodarlos. Desde la piña natural y el tocino de cielo hasta la tarta cuajada de la abuela, pasando por la crema de calabaza y mascarpone o la sopa de frutos rojos con helado de yogurt, todos resultan sumamente aconsejables.

 

Cuajada abuela

 

            La atención es esmerada y cordial (a propósito, más os vale reservar con antelación porque el local es pequeño y también lo son las mesas) y el precio razonable dentro del segmento en el que nos encontramos.

            Así, dejando aparte el vino, la cena os puede costar alrededor de los 30 euros por cabeza si no habéis optado por los platos más caros de la carta como el arroz de langosta o el chuletón de buey, que ronda –este último- los 25 euros por sí solo.

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