LA PRINCIPAL

 

Excelente opción para cenar en Valencia

 

La Principal

 

UBICACIÓN

 

            El restaurante está ubicado en el número 5 de la calle Polo y Peyrolón, en la orilla norte del cauce del Turia, dentro de la ciudad de Valencia.

            De hecho, esta calle es paralela tanto a la Avenida de Aragón como a la de Cardenal Benlloch.

            Para quienes no viváis en Valencia, os aclaro que la de Aragón es una amplia avenida, con bastantes plazas de aparcamiento en superficie, en las cuales dejan los vehículos quienes acuden a ver los partidos del Valencia CF. Y es que uno de los laterales del viejo Estadio de Mestalla da precisamente a dicha avenida.

            A quienes sí viváis en la capital valenciana os cuento que el local donde se asienta el restaurante “La Principal” es el que ocupaba con anterioridad el restaurante cántabro “La Casuca”, el cual pasó a mejor vida.

            En realidad, “La Principal” es más grande todavía que su predecesor, hasta el punto de que ocupa media manzana completa y cuenta con dos alturas: planta baja y primer piso.

            En las inmediaciones se encuentra el disco-pub “Black Note”, siempre una estupenda opción para tomar una copa después de la cena. A veces –soy testigo- incluso tocan bandas en directo en el local.

 

ACCESOS Y APARCAMIENTO

 

            Los accesos más obvios son a través de la Avenida de Aragón, rodeando el Edificio Europa (una elegante torre, totalmente acristalada en tonos oscuros) por la Calle Ernesto Ferrer o bien desde la Avenida Cardenal Benlloch buscando la calle Chile.

            La zona más amplia para encontrar aparcamiento es, como queda dicho, la propia Avenida de Aragón.

            Las calles próximas y transversales cuentan con un aforo normal de plazas de aparcamiento pero se trata de una zona en la que abundan tanto los establecimientos de restauración como los bares y pubs, con lo cual resulta difícil estacionar.

            Hay, no obstante, un parking de pago en la contigua Plaza de Alfredo Candel. Bastante nuevo y con precios bastante razonables para tratarse de Valencia (6’25 euros por tres horas y media de estacionamiento), tiene un aforo más que suficiente para absorber las necesidades de la zona incluso en hora punta.

            Además, la distancia entre la salida para peatones del parking y el restaurante es tan exigua que no merece la pena ni abrir los paraguas en caso de lluvia.

 

REFERENCIAS PREVIAS

 

            Las referencias con las que contaba antes de mi cena de anoche eran “para todos los gustos”; desde quienes se confesaban forofos del lugar como quienes lo criticaban abiertamente en base a sus supuestos precios altos o a la supuesta alta extracción socioeconómica de sus comensales habituales.

            En lo que al tema gastronómico se refiere, la mayoría de las opiniones que había escuchado eran positivas aunque no definitivas. En pocas palabras, no se discutía la calidad pero no faltaba quien la consideraba sobrevalorada.

            Se hacía necesario pues probarlo por mí mismo.

 

COMODIDAD Y TRANQUILIDAD

 

            Dejando sentado el hecho de que me considero un usuario medio en todos los sentidos, con un poder adquisitivo modesto y gustos no demasiado aburguesados (consecuencia, entre otras cosas, de lo anterior), debo decir que me sentí cómodo en el restaurante desde el principio.

            Puede que se vieran algunos trajes en el mismo, por supuesto, pero también vaqueros y ropa informal. En ese sentido, nadie puede sentirse excluido en base al atuendo. Primer punto a favor.

            Pasando por delante de una barra en la que algunos comensales degustaban tapas diversas, las diez personas que formábamos el grupo fuimos conducidos hasta una de las muchas salas semi-reservadas que jalonan el local.

            No estábamos solos del todo pero apenas había otras tres mesas en la sala, lo que es muy de agradecer.

            Decoradas con estilo minimalista que por momentos recordaba a los lacados japoneses –pero sin motivos ornamentales-, de las paredes colgaban aquí y allá algunos cuadros de discreta factura y motivos preponderantemente no figurativos.

            Las sillas eran cómodas y las mesas tenían una disposición adecuada para que la conversación entre los comensales de cada grupo resultara fluida.

            Durante toda la velada tuvimos la impresión de estar casi solos, a pesar de que todas las mesas de alrededor estaban ocupadas y también las que, desde nuestros lugares, divisábamos en una sala enfrente de la nuestra.

            ¿Gente guapa o no guapa? Bueno, un servidor se deleitó la vista con varias damas de rubios cabellos, agraciadas facciones y buen gusto en el vestir que no formaban parte de la decoración permanente del local.

 

LOS ENTRANTES

 

            Una vez rechazada la oferta inicial del amable camarero que nos atendió durante la cena de tomar unas cervezas antes de la misma y dado que ya eran las diez de la noche y el personal tenía hambre (yo incluido), decidimos pedir un vino tinto de la tierra –Verema concretamente-, a fin de apreciar los entrantes.

            Debo señalar que la carta de vinos, tanto internacionales como españoles, era realmente extensa y entre estos últimos tenían reflejo prácticamente todas las denominaciones de origen del país.

            En cuanto a entrantes, nos decantamos por:

            • Pulpo al horno.- No había probado con anterioridad el pulpo preparado de ese modo (sí soy adicto al pulpo a feira) pero debo decir que estaba sencillamente delicioso. Consistente, sin resultar duro y con un sabor excepcional.

            • Puntilla con ajos tiernos y alcachofas.- La puntilla es un entrante habitual por estos lares pero la verdad es que, además de que resultó muy fina (hay lugares donde la fritura se convierte en fritanga pero, desde luego, “La Principal” no es uno de dichos lugares), el acompañamiento la hacía ganar más enteros si cabe.

            • Ensaladas de tomate natural con ventresca.- Sencillas pero estupendas.

            Nuestra elección tuvo como efecto posponer para una futura ocasión (que, con toda seguridad, la habrá) algunas otras opciones suculentas que se nos ofrecían como:

            • Montaditos de anchoas, foie, steak-tartare y queso gorgonzola

            • Ensalada de perdiz escabechada y foie a la plancha

            • Rebollones a la plancha

            • Gambas blancas a la plancha

            • Jamón ibérico de bellota

            A propósito, me gustó mucho el pan, ligeramente aceitoso, que acompañó tanto a los entrantes como a los platos posteriores y que se servían en cestas junto a las típicas “rosquilletas” saladas.

            El camarero fue muy diligente a la hora de reponer las cestas cuando éstas se vaciaban y es que, como ya he comentado, había hambre.

 

LOS PLATOS FUERTES

 

            Aunque los platos “de cuchara” de este local gozan de cierto prestigio, lo cierto es que nosotros nos inclinamos por pedir únicamente un plato “fuerte” después de los entrantes.

            De este modo, cada cual se decantó por aquello que más le apetecía en ese momento. Un servidor eligió el entrecot de buey, que resultó más que tierno pese a su considerable tamaño y anchura.

            Lo sirven con patatas fritas cortadas de tal modo que, por su forma y escaso grosor, parecen papas de las que pueden adquirirse empaquetadas pero con la ventaja indudable de no serlo. También acompañaban al entrecot unos espárragos trigueros y unos pimientos del Padrón.

            El precio de tan suculento plato era de 16 euros.

            Otros de mis contertulios se decantaron por:

            • las chuletas de lechal, que al decir de quienes las probaron estaban tiernas y en su punto perfecto y que costaban 14 euros

            • el secreto de ternera, con un precio similar al de las chuletas

            • el solomillo al foie, que tenía una pinta estupenda

            Entre los platos que no pedimos me llamaron la atención los siguientes:

            • el rodaballo, uno de los platos estrella entre los pescados y, por tanto, también de los más caros (26 euros)

            • el tartar de atún rojo

            • la lubina a la espalda

            • los chanquetes con huevo

 

LOS POSTRES

 

            Antes de que hubiéramos tenido ocasión de leer la carta, el camarero nos hizo una oferta que algunos no pudimos rechazar. Se trataba de un postre especialidad de la casa que consistía en una torrija caramelizada sobre natilla de vainilla y helado.

            Absolutamente espectacular tanto en sabor como en presentación, la singular torrija iba acompañada de una especie de barquillo muy estrecho y muy largo que resultó no serlo, ya que estaba formado exclusivamente por un delicioso chocolate blanco.

            Los más chocolateros del grupo prefirieron apostar por el coulant de chocolate aunque el tiramisú goza de buena fama.

            Al igual que los gin-tonic, en opinión de los entendidos. Al parecer, el restaurante goza de una enorme cantidad de ginebras diferentes y preparan el combinado con tónica con especial acierto.

 

EN DEFINITIVA

 

            Resumiendo, no las tenía todas conmigo porque las opiniones que había oído antes de mi visita divergían. Ojo, no entre mis compañeros de cena, ya que nos dividíamos entre quienes no habíamos estado nunca y quienes repetían por ser habituales del lugar.

            La decoración resulta funcional pero no fría y la distancia entre mesas, entre las diferentes sillas entre sí o entre éstas y las paredes resulta cómoda y conveniente.

            Los manteles son discretos y no recargados y la atmósfera en general resulta distendida. También contribuyen a ello los “reservados”, que amortiguan notablemente el número de decibelios.

            El servicio, atento, cordial y rápido. Nada que objetar. Antes al contrario.

            En cuanto a la comida, las materias primas me parecieron selectas, las presentaciones atractivas y la factura de los platos elaborada e impecable, con especial acentos en las carnes y en el magnífico pulpo al horno, que recomiendo completamente.

            Más que “cocina de mercado” la consideraría cocina creativa pero sin el inconveniente que muchas veces acompaña a esta última y que consiste en la escasez de las raciones. Ciertamente no es el caso de “La Principal”. Puedo garantizaros que no saldréis con hambre.

            El precio total de la cena, teniendo en cuenta que tomamos entrantes, un plato principal y postre, además del vino que regó la comida, ascendió a 37 euros por barba. En ese sentido, sí es cierto que el restaurante no parece apto para todos los bolsillos ni para todas las ocasiones aunque debo decir que, vista la calidad, no me pareció caro.

            Por todo ello aconsejo su visita, en especial si sois grupos numerosos (quizás no me encaje tanto para una velada romántica).

            El teléfono es 963606348 y más vale que lo utilicéis para reservar si pretendéis cenar allí en viernes o sábado porque suele llenarse en fines de semana.

            Los horarios, en todo caso, son de 13:30 a 16:00 (comidas) y de 20:30 a 23:30 (cenas) todos los días de lunes a domingo.

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