CANYAMEL

 

Deliciosas paellas junto a la Albufera valenciana

 

Embarcadero

 

EL PALMAR

 

            El Palmar es una pedanía de Valencia que dista unos 15 km. de la capital, con la cual está unida por la muy concurrida V-15, llamada popularmente “Autovía del Saler”.

            Ésta discurre durante unos siete kilómetros antes de convertirse en simple carretera en dirección a El Saler (de ahí el nombre).

            Una vez se abandona el desvío de éste a la izquierda, llega un nuevo desvío hacia la derecha en el que se indica con claridad El Palmar.

            La carretera que abandonaremos para dirigirnos hacia nuestro destino continuará, atravesando lugares como El Perellonet o El Perelló, hasta Sueca.

            La alcaldía pedánea de El Palmar se ubica muy cerca de la Plaza del pueblo pero debo aclarar que se trata de una minúscula población, en la que hay casi más restaurantes (y hornos) que viviendas.

            Rodeado por la Albufera, sólo la carretera impide que El Palmar sea una isla.

            Ésta presenta de cuando en cuando algunos estrechos puentes de un solo sentido, en los que hay que aguardar el turno si vas en dirección al pueblo y te cruzas con alguien que regresa de éste, ya que, como indican las señales, la preferencia la tiene quien sale sobre quien entra.

            La Iglesia del Niño Jesús del Huerto es prácticamente el único monumento significativo del lugar y data de finales del XIX.

            Sin embargo, son agradables los paseos (sobre todo después de comer) por las tranquilas calles hasta la Plaza, en la que veremos la Comunidad de Pescadores, una entidad que creó cierta controversia hace pocos años por cuestiones relativas a la discriminación de las mujeres en las líneas hereditarias de las concesiones pesqueras de la Albufera.

            Y, después de recorrer los alrededores por caminos de tierra rodeados de arrozales, también es estupendo acercarse al Embarcadero y contratar una barquita para dar un paseo por la propia Albufera. A veces hasta es posible que algún pez decida acompañaros en vuestro viaje. No es broma, ciertos ejemplares tienen la costumbre de saltar y alguno acierta a caer dentro de las barcas.

 

Albufera 3

 

 

LA ALBUFERA

 

            Declarado Parque Natural y separado del mar por una estrecha lengua de tierra arbolada (el también Parque Natural de la Dehesa de El Saler, que destaca por sus pinos que llegan hasta la playa), La Albufera es el mayor lago de agua dulce de España.

            Zona de paso para un buen número de aves migratorias, la profundidad del lago es más bien escasa: aproximadamente un metro en la mayor parte del mismo.

Tiene una extensión de unos 24 kilómetros cuadrados y baña los términos de casi una treintena de municipios, entre los que destacan algunos tan importantes como Catarroja, Massanassa, Silla, Sollana, Sueca o Cullera.

            Cerca de 14.000 hectáreas conforman en la actualidad la marjal, es decir, las tierras que antiguamente formaban parte del lago y que en la actualidad están dedicadas  al cultivo del arroz, lo cual les da un aspecto bastante peculiar. En especial, en las épocas en que permanecen inundadas, por contraste con aquellas en que se procede a su desecación.

            Entre los peces de La Albufera destacan el samaruc y el fartet, dos especies autóctonas. También es posible encontrar en el lago anguilas y lubinas.

            En cuanto a las aves que lo caracterizan, destacaría la cuchara, el pato colorado o la garza común.

            Es posible contemplar la Albufera desde el mirador de la propia carretera, muy próximo ya al desvío que lleva a El Palmar.

 

Albufera

 

 

CANYAMEL, EL NOMBRE

 

            En valenciano, “canyamel” (literalmente, caña de miel) significa caña de azúcar, una planta que no por casualidad abundó en la zona de la Albufera en otro tiempo y que desde siempre ha constituido una alternativa válida a la remolacha para la obtención del azúcar.

            Sin embargo, si por algo es conocido el término Canyamel es por dar nombre a uno de los personajes más emblemáticos de “Cañas y barro”, la inmortal y dura novela de Vicente Blasco Ibáñez, uno de los valencianos más universales.

            Aunque el naturalismo no sea precisamente mi fuerte, no puedo dejar de reconocer la genialidad del autor de grandísimas obras como “Los cuatro jinetes del Apocalipsis” (llevada al cine de forma reiterada; por Vincente Minnelli y con Glenn Ford en una de las ocasiones), “La vuelta al mundo de un novelista”, “Sangre y arena” (también llevada al cine en más de una ocasión), “La maja desnuda” o las más locales “Cañas y barro”, ”Entre naranjos”, “Arroz y tartana” o “La barraca” (de las que todavía quedan algunas esta zona, por cierto).

 

Paella de marisco

 

 

ARROZ Y MÁS ARROZ

 

            En la carta de Canyamel los arroces son la estrella del espectáculo.

            Es posible degustarlos en sus mesas de terraza -dispuestas en un lateral descubierto del restaurante o bien en la terraza más amplia y también descubierta que se ubica en la parte posterior del local- o bien en el amplísimo salón interior.

            No se trata, lo adelanto ya, de un restaurante con glamour y, si me apuráis, la austeridad es la bandera del local en lo que a su aspecto se refiere.

            No es cutre, por supuesto, pero tampoco cuenta con una decoración especial, fuera de algunas fotografías de la zona y algún discreto detalle de ornamentación valenciana como azulejos típicos. En especial en la barra, que discurre en paralelo a la pared derecha del salón.

            Las cocinas, cuya entrada casi se adivina más que se ve, quedan en ese mismo lado del establecimiento.

            En todo caso, el espacio del salón principal es diáfano y en él se alinean desde mesas para dos/cuatro personas o mesas larguísimas (resultado de juntar muchas de las anteriores) que reúnan a los comensales asistentes a bautizos, comuniones y cumpleaños, bastante habituales en el local.

            Existe un segundo saloncito, mucho menor y separado del principal por una cristalera, en la que a veces eres ubicado en función de las circunstancias. La ventaja de este último estriba, lógicamente, en un menor número de decibelios en el ambiente.

            Pero decía que son los arroces el plato principal a degustar aquí porque lo cierto es que los bordan.

            Entre dichos arroces, que se preparan exclusivamente para cada mesa (hay paellas para dos personas y otras gigantescas para medio centenar y suele situarse la misma sobre la mesa acompañada de un plato vacío para comensal, de modo que cada cual repita tantas veces como desee) destacaría:

  • Paella de marisco.- Incluye una gamba y un “roig” (gamba de tamaño algo mayor y de coloración más roja) por comensal.
  • Arròs abanda.- En el cual las gambas son pequeñas y están ya peladas.
  • Arròs negre (arroz negro).- De sabor parecido al anterior y un característico color negro a causa de la tinta de los calamares.
  • Arroz al horno.- Con garbanzos, patatas y tomate asados, costilla de cerdo y morcilla.
  • Paella de pollo y conejo.- La tradicional paella de la huerta valenciana.
  • Paella mixta: con pollo pero también con gambas.
  • Arroz de bogavante.- Un arroz que es caldoso y en el que flotan los trozos del delicioso crustáceo.

            Las cinco primeras se sirven al inencontrable precio en Valencia capital de 8,5 euros por persona mientras que el arroz de bogavante cuesta justo el doble: 17 euros por persona.

 

ACOMPAÑAMIENTOS Y ALTERNATIVAS

 

            Entre los entrantes más solicitados se encuentra el all-i-pebre, un plato típico de la zona que se confecciona con anguila y que toma su nombre del ajo y del pimentón (pebre roig en valenciano). También lleva almendra frita, canela molida y pimienta negra hasta donde yo sé.

            No voy a mentir: a mí no me gusta demasiado por su característico sabor a pescado y su textura algo viscosa pero la salsa es deliciosa y goza de una enorme popularidad no sólo entre los lugareños.

            Por mi parte suelo decantarme por entrantes más clásicos:

  • Patatas bravas, que aquí, como en la mayoría de lugares de la zona de Valencia, se sirven con ajoaceite y Ketchup (no con la tradicional y sabrosa salsa brava de Madrid, por ejemplo).
  • Calamares a la romana.- Los bordan en “Canyamel”, con su masa gruesa y esponjosa como si se tratara de buñuelos.
  • Clóchinas.- Los tradicionales mejillones valencianos (también los hay en la zona de Tarragona) de pequeño tamaño, sabor mucho más sabroso y un color característicamente blanquecino.
  • Jamón y queso
  • Tellinas (los foráneos las llaman coquinas aunque las que yo he probado en Andalucía no se parecen en nada: ni en tamaño, ni en color ni mucho menos en sabor).- En temporada, es una delicia degustar estos pequeños moluscos al gusto de la zona.
  • Embutidos; chorizos, morcillas, longanizas.
  • Pescadito frito.- Muy fresco y sin fritangas.

            Lo clásico, para los valencianos que tradicionalmente llenamos el local los domingos (y algunos sábados) es acompañar el arroz con una buena jarra de sangría.

            Entre las alternativas al arroz, que también las hay, cuentan con platos nada sofisticados y muy de andar por casa pero que aquí realizan estupendamente. Por ejemplo:

  • Cordero
  • Chuletas
  • Huevos revueltos o fritos, con o sin embutidos
  • Emperador
  • Merluza

            En cuanto a los postres, debo reconocer que es lo más endeble de la carta, ya que NO SON CASEROS, de modo que reinan los semifríos o las tartas heladas.

            Flanes, fruta natural cortada o fresas con nata cuando es temporada son buenas opciones.

 

Embarcadero 2

 

 

PRECIOS Y CONCLUSIONES

 

            En El Palmar hay muchos otros restaurantes y la práctica totalidad de ellos son magníficos. A la gente de este pueblo nadie tiene que enseñarle a preparar el arroz porque son ellos y sus familias quienes lo cultivan y ellos quienes vienen sentando cátedra en su preparación desde tiempo inmemorial.

            Sin embargo, el hecho de que le sea fiel durante décadas a este restaurante en particular es una mezcla de infalibilidad en la preparación del arroz, servicio esmeradamente discreto y precio más que ajustado.

            En el caso de una comida para dos en los que se incluya un plato de patatas bravas y otro de calamares a la romana, una paella de marisco para ambos, una jarra de sangría y una botella de agua, unas fresas con nata a compartir y un café o poleo se sitúan en unos 45 euros, es decir, poco más de 20 euros por comensal, lo cual está más que bien. Menos todavía os costará si vais en grupo, ya que el precio de los entrantes y las bebidas se diluyen más.

            Existe también un menú por 15 euros que incluye bebida, ensalada, paella de carne, pan y postre pero no lo he pedido nunca.

            En la zona de las Arenas o de la Malvarrosa de la capital valenciana, con especial acento en el Paseo de Neptuno donde se ubican unos cuantos restaurantes, os puede costar fácilmente el doble y todavía están por demostrarme que sean capaces de hacer un arroz mejor que el de Canyamel.

            Se trata, en muchos casos, de establecimientos más dirigidos al turista, que con frecuencia no distingue entre la calidad de los distintos arroces y paga más por el sitio que por la comida.

            La opción de desplazarse hasta El Palmar, aunque implique mayor incomodidad para los visitantes de la ciudad, cuenta con los alicientes de ver paisajes agradables, con parada incluida en el mirador de la Albufera, disfrutar de una comida en la zona del lago (eso sí, no se ve desde las ventanas del restaurante pese a hallarse a escasos metros y en la terraza lo que hay es un pequeño estanque con patos), la posibilidad de dar un agradable paseo junto al mismo tras la comida y de adquirir algún producto típico en los hornos de la localidad o tomarse un helado en la Plaza.

            La dirección exacta del restaurante es calle Albufera, 21 (en El Palmar) y su teléfono, para reservar (no es plan de hacerse quince kilómetros y no encontrar mesa aunque las grandes dimensiones del restaurante casi garantizan que tendréis sitio) es el 96 162 02 63.

            El restaurante dispone de parking propio descubierto en uno de los extremos del pueblo y, en días de mucha afluencia de coches, habilita también como aparcamiento la estrecha carretera de tierra que discurre junto a un lateral del edificio.

            ¡Que aproveche!

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