LA CEPA VIEJA

 

Descubriendo el maridaje en Valencia con RÉSTALO

 

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RÉSTALO, LA WEB DE RESTAURANTES

 

            Por recomendación de una amiga conocí www.restalo.es, una web en la que una vez registrado puedes realizar reservas en restaurantes con un descuento significativo en el precio.

            Están afiliados determinados establecimientos de Madrid, Barcelona, Valencia, Bilbao, Sevilla. Zaragoza y casi de toda España.

            Las reservas se realizan a través de la página sin que cueste ni un solo euro y tampoco hay que desembolsar cantidad alguna por adelantado.

            Es decir, que uno realiza la reserva con su login, llama al restaurante para reservar mesa advirtiendo de que se hace a través de Réstalo y luego se persona en el establecimiento con una fotocopia de la reserva aunque a veces ni te la piden. De todos modos, es conveniente llevarla o anotarse al menos el número.

            La particularidad de Réstalo es que los restaurantes afiliados suelen ser los mismos casi siempre y las reservas con rebaja están asignadas a días concretos de la semana.

            En el caso de “La cepa vieja”, del que me dispongo a hablar, las rebajas suelen ser del 25% si se realiza la reserva a través de esta web.

            Los descuentos varían en función del establecimiento y llegan a alcanzar, en algunos casos, el 70%.

            Por otra parte, cada vez que se realiza una reserva a través de Réstalo, se acumulan puntos que luego pueden canjearse, al alcanzar determinado volumen, por una cena gratis en restaurantes concretos. Eso sí, es obligado emitir una opinión tras la visita para obtener dichos puntos.

 

LA CEPA VIEJA: UBICACIÓN

 

            En el número 209 de la larguísima calle de San Vicente en Valencia, a la altura de su intersección con la avenida Giorgeta, se ubica este pequeño y acogedor restaurante.

            Una forma sencilla de localizarlo es tomar como referencia la enorme pasarela que cruza sobre las vías del AVE en dirección hacia la salida de Alicante.

            NO se debe subir dicha pasarela sino que hay que girar justo antes hacia la derecha, bien por la propia calle San Vicente, bien por la callejuela más estrecha que discurre en paralelo a la propia pasarela también por su lado derecho.

            Aparcar en esa zona puede ser problemático algunos días, hago la advertencia.

            Está muy cerca de la estación del AVE, por lo que puede ser una opción magnífica si tenéis que tomar un tren hacia Madrid o si acabáis de regresar de allí.

 

ENTRANDO AL RESTAURANTE

 

            La sala del restaurante es curiosamente alargada, por lo cual hasta hace poco era fácil no ver la puerta hasta que no estabas justo delante de ella. Por suerte, el vistoso toldo con el que cuenta ahora evita ese problema.

 

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            Una vez la franqueas, eres recibido por una amable señorita que sale a tu encuentro.

            Este detalle, la amabilidad, será patente a lo largo de toda la velada. Afabilidad que va acompañada de una interesante información acerca de los platos servidos y de los vinos que les acompañan.

            Dado lo alargado del local, sus mesas son rectangulares y están dispuestas en paralelo a las paredes de ambos lados, permitiendo un pasillo central que discurre hasta la cocina y la cava de vinos acristaladas.

            En el lado de las mesas que queda junto al pasillo se ubican las sillas, en tanto que en el lado de las paredes se sitúan unos bancos corridos.

            En un ambiente en el que predomina el color blanco, la decoración es más bien temática, destacando cuadros, vinilos y poemas relacionados con el vino.

            Sobre las mesas, los cubiertos están colocados de forma transversal y sólo vemos copas aunque imagino que también dispondrán de vasos si se solicitan.

            Por su parte, las servilletas no son de tela pero sí elegantes y resistentes.

            Generalmente también disponemos de dos botellas de aceite en cada mesa:

            - Uno, de elaboración casera, en el cual destaca el romero sobre el resto de las hierbas.

            - Otro confeccionado con oliva arbequina.

            En la última ocasión, por cierto, sólo nos ofrecieron el aceite de romero.

 

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UN TEMPLO DEL VINO

 

            De estos últimos, bandera del establecimiento, nos informarán cumplidamente acerca de su zona de procedencia, bodega y tipo de crianza.

            En el restaurante cuentan con una original carta de vinos por copas con unas 35 referencias aunque soy más partidario de dejar que sean ellos quienes te mariden cada plato con el vino más apropiado. Por un suplemento en el precio se puede contratar dicho maridaje.

            Por supuesto, como cabía esperar también disponen de una amplia carta de vinos tradicional con unas 120 referencias.

            Incluso, para grandes entendidos (huelga decir que no es mi caso), permiten que los comensales traigan el vino de casa para atemperarlo ellos y, en caso de requerirlo, decantarlo y servirlo en copas Sochtt.

            Según anuncian ellos mismos, “La cepa vieja” ofrece menús para grupos, cursos de cata, cenas temáticas, cenas de empresa, cursos de iniciación al vino, presentaciones de bodegas, rutas enológicas e incluso la posibilidad de contratar el local completo (para 12-30 personas).

            En una de mis visitas al restaurante, una noche en que mi acompañante debía conducir, empezamos aceptando la sugerencia de probar un vino sin alcohol (ojo, no mosto sino exactamente eso, vino sin alcohol) de procedencia gallega que respondía al nombre de Élivo Zero Zero deluxe.

            Fue una experiencia interesante pero la textura, el aroma y por supuesto el sabor son claramente distintos, de modo que tardé bien poco en apurar la copa y pedir vino “de verdad”.

            En dicha ocasión me sirvieron un delicioso tinto llamado “Claus de Celler”, de Fontanars dels Aforins, denominación de origen Valencia. Para los más que sí seáis entendidos en la materia, os informo de que es 40% Shyraz, 40% Merlot y 20% Tempranillo.

 

SIN CARTA NI FALTA QUE HACE

 

            Hasta cierto punto, la cena es toda una sorpresa salvo que hayas consultado el menú por teléfono aunque es lo primero sobre lo que te informan en cuanto tomas asiento.

            Es una forma de evitar que alguien deba enfrentarse a algún plato que le desagrade o a algún ingrediente que pueda resultarle nocivo (caso de las alergias).

            En esos casos, según tengo entendido, les ofrecen cambiarlo por un surtido de quesos artesanos o una tabla de ibéricos de Guijuelo

            De todos modos, eso no ha sido necesario nunca en las ocasiones en que he cenado allí, aceptando de buen grado los cuatro platos ofrecidos, que iban acompañados de tres tipos de pan depositados junto a cada comensal antes de empezar: un pan blanco, otro de cereales y otro más de nueces. Buenísimos todos ellos, al igual que los aceites.

            Los platos en mi primera visita fueron los siguientes:

            En primer lugar, nos trajeron una ensalada de naranja, atún y tomate primorosamente pesentada en forma de montículo y con aliño de mostaza y miel. Pese a no ser un gran entusiasta de la combinación dulce-salado, debo felicitar al chef (que, por cierto, en un momento de la cena se acercó a saludar con la misma simpatía que parece ser norma de la casa) pues la sutileza de la mezcla me sorprendió muy gratamente.

            En segundo lugar nos sirvieron una fuente rectangular con cuatro grandes croquetas caseras cubiertas de jamón. Además de estar deliciosas, la ligerísima especiación trajo a mi memoria algunos platos orientales como el falafel. Sencillamente deliciosas.

            En tercer lugar llegó el revuelto de ajitos tiernos, jamón ibérico y espárragos silvestres en tempura. Estos últimos, sin exagerar, los mejores que he probado.

            En cuarto lugar llegó el secreto ibérico sobre un fondo de patatas y verduras. Espectacular, en su punto y estupendo broche de oro a una cena espléndida.

            Aunque, en realidad, todavía quedaba el postre que yo no desdeñé, decantándome por el flan de piña y descartando, por falta de espacio material en mi estómago, tanto la tarta de la abuela como la tarta de chocolate con cubierta de plátano.

 

LA PENÚLTIMA EXPERIENCIA

 

En la penúltima ocasión (febrero de 2015), ya que no será la última, realicé la reserva a través de www.eltenedor.es, que ofrecía una excelente oferta de 14 euros por comensal aunque sin incluir la bebida.

Lo barato del precio, que no se corresponde con la alta calidad del restaurante, permite abordar el maridaje con toda tranquilidad.

El caso es que el delicioso menú consistió esta vez en.

- Una ensalada de anchoas.

- Un revuelto de ajetes con setas (boletus, portobello y shiitake).

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- El plato de pescado consistía en un delicioso cazón al curry en tempura y acompañado de una mayonesa de teriyaki.

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- El plato de carne, por su parte, fue pluma ibérica en compañía de un humus con patata y un punto picante que le daba una réplica perfecta.

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- En cuanto al postre, nos decantamos por una crema de limón con jengibre sencillamente espectacular.

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Escogimos para la ocasión un par de copas de otros tantos vinos, que resultaron ser uno de Almansa y otro de la tierra de Mallorca: Laya, con 4 meses de crianza y Trispol, con 12, respectivamente.

Y el precio total, bebidas incluidas, de 20 euros por cabeza me pareció un auténtico regalo.

 

EN DEFINITIVA

 

            “La cepa vieja” es pues un local de pequeñas dimensiones pero magníficamente gestionado, con un servicio impecable (discreto y afable), una propuesta gastronómica y vinícola estupenda y un precio que resulta más que asumible.

            Unos 17 euros por cuatro platos y postre, dejando aparte el tema de la bebida, me parece un precio fantástico.

            También hay un menú especial (cerrado y con el maridaje ya incluido) para grupos de 8 ó más comensales pero su precio se sitúa por encima de los treinta euros por persona.

            Imprescindible reserva previa (963 423 236) debido a lo pequeño del local, especialmente en fines de semana. Además de que se correría el riesgo, caso de presentarse sin reserva, de que alguien hubiera reservado todo el local para una fiesta privada; una opción interesante cuyo precio ignoro.

            Es más fácil que el local esté tranquilo en las noches entre semana. A mediodía, overbooking con cierta frecuencia.

            Como cosa curiosa, os indico que es posible comprar alguno de sus vinos en el restaurante a precio de tienda.

            Y, si eres un devoto del vino, escoge los caldos que más te apetezcan o déjate aconsejar con toda confianza.

            Dado que se trata de copas (salvo que tú pidas directamente la botella, en cuyo caso deberías informarte de su precio), no hace falta estar pendiente de lo que cuestan, ya que no hay ningún tipo de estridencia. Al contrario, es todo muy razonable.

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