ASAKUSA HOTEL HATAGO

Un hotel en Tokio minúsculo pero con encanto

 

Portada

 

EL BARRIO DE ASAKUSA

 

Asakusa es un barrio de Tokio bastante alejado del centro pero con un sabor del que carecen otras partes de la ciudad.

Su punto de máximo interés lo constituye el templo Sensoji, junto al cual se erige una espectacular pagoda.

También en las inmediaciones se encuentra Nakamise Street, una calle repleta de pequeños comercios que alternan los souvenirs con la ropa, la bisutería o la repostería.

El barrio, en cualquier caso, está perfectamente comunicado con el centro de la ciudad y también con el aeropuerto, del que apenas dista tres cuartos de hora si se toma el metro (desde el más populoso Shinjuku, por ejemplo, la distancia se duplica).

 

EL HOTEL

 

El Hatago, por su parte, es un hotel que sigue la más pura tradición nipona: su tamaño es minúsculo, cuenta con camas de tatami muy cercanas al suelo y sobre la tarima de éste está prohibido pisar con zapatos.

 

Entrada

 

La pequeña recepción –todo aquí adquiere dichas dimensiones- se abre a un estrecho pasillo en el que se toma el ascensor hasta los pisos superiores.

 

Recepción

 

También son sumamente estrechos los pasillos de las distintas plantas pero nada comparado con el tamaño de las habitaciones.

En ellas dos personas no pueden permanecer de pie de forma simultánea salvo que no porten maletas consigo pues el espacio no alcanza para los cuatro.

Y si uno de los huéspedes abre el baño, el otro debe permanecer sentado en la cama pues la puerta se abre hacia el exterior y no deja espacio para nadie más.

De hecho, una recomendación que se nos hace al llegar es la de cerrar con rapidez la puerta del baño si nos hemos duchado con agua caliente pues la alta temperatura del aire en una habitación tan pequeña puede disparar el detector de incendios.

En cuanto al mobiliario, el de la habitación consiste en sendas camas, otras tantas mesitas de noche con un reloj digital, un perchero de pared para las chaquetas, una minúscula cómoda y una pantalla plana de televisión.

 

Camas

 

De ello se colige que no hay sillas, armarios ni estantes siquiera, lo que elimina el problema de dónde dejar la ropa de la maleta pues, sencillamente, ésta no se puede deshacer, al carecer de un lugar para depositar su contenido.

Por lo que respecta al cuarto de baño, éste cuenta por supuesto con ducha, que resulta sorprendentemente cómoda.

Unos dispensadores de gel, champú y acondicionador de pelo aparecen instalados en la pared y también se dispone de un lavabo con espejo y con una mínima repisa para dejar la bolsa de aseo o los enseres de afeitado.

El inodoro incluye funciones de lavado que sustituyen a los bidets europeos; algo que se repetirá en la práctica totalidad de los hoteles en Japón.

La sala de desayuno, en la última planta del edificio, resulta una agradable sorpresa por sus vistas sobre el río Sumida y los numerosos puentes que lo cruzan.

 

Desayunador vistas

 

Desayunador vistas 2

 

Cabe decir que dichos desayunos son puramente japoneses pues consisten en cajas de bento, pudiendo solicitarse también un zumo de naranja (desgraciadamente artificial), leche y/o café aunque éste último sea bastante flojo.

 

Desayuno 1

 

El bento, dispuesto en una bandeja, suele contener arroz, pescado o carne y una guarnición o acompañamiento, por lo general a base de vegetales.

 

Desayuno 2

 

La sala puede utilizarse libremente en las últimas horas del día, lo que permite cenar tranquilamente con lo que uno lleve consigo o simplemente tomar un tentempié.

Con todo y pese a lo que pueda parecer, el Hatago dispone de cierto encanto y, pese a no ser exactamente cómodo, sí resulta acogedor.

Tan agradable resulta la estancia en el hotel que uno acaba echándolo de menos al marchar.

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