GARYU NO SATO

Un hotel en Takayama con aire de albergue

 

Camas

 

Un poco alejado de la población de Takayama, este hotel aparece entre montañas como si de un enorme albergue se tratara.

En realidad, se trata de un antiguo balneario bastante venido a menos y su gigantesco hall da una impresión un tanto desangelada al llegar aunque debo reconocer que al menos tiene buena cobertura de wifi. Ésta no llega a las habitaciones, por cierto.

Tampoco la presencia del típico “Manekineko” (gato de la suerte) junto al mostrador de recepción contribuye a acrecentar el glamour del lugar, dicho sea de paso.

 

Hall espacioso

 

Gato saludador

 

Algo mejor son las muñecas ordenadamente expuestas junto al mostrador de la recepción.

 

Hall muñecas

 

Lo más chocante son las taquillas habilitadas en el hall, en las cuales resulta preceptivo dejar el calzado y sustituirlo por unas chanclas que ofrece el propio hotel.

 

Taquillas

 

En la recepción, que a veces tiene algún que otro problema con la conexión de los datafonos para cobrar mediante tarjeta de crédito, se paga la estancia completa a la llegada y allí se nos hace entrega de la llave de la habitación.

Éstas son muy espaciosas, sobre todo tratándose de Japón aunque no están decoradas con demasiada gracia. En especial los baños, que recuerdan un tanto tétricamente a los de un hospital.

 

Baño

 

Además de las camas, todavía queda hueco para una mesa, un par de sillas y la pantalla plana de televisión.

Los baños, aunque feos como comentaba, no son incómodos, disponen de alcachofa móvil en la bañera y de los necesarios amenities.

Por lo que respecta al bufé del desayuno, reconozco que me sorprendió gratamente.

Servido en una sala también muy amplia, ofrece patatas fritas, bacon, tomate natural, yogur que se sirve de un gran bol y una buena variedad de fruta: naranja, piña o melón, entre ellas.

Las especialidades japonesas –pescado, arroz, caldos- también ocupan su lugar, como cabía esperar aunque a un servidor le resulten menos apetecibles a esas horas de la mañana.

Por supuesto, también se sirve café y leche y se cuenta con zumos –eso sí, artificiales- de naranja o tomate.

Si se advierte con antelación que hay algún huésped celíaco, el establecimiento prepara un desayuno específico para él aunque a veces no caen en la cuenta hasta el segundo día, que todo hay que decirlo.

Dado que una de las noches cené allí mismo, debo decir que el precio resulta muy económico y la comida bastante aceptable, incluyendo en la carta noodles, tempuras de verduras y gambas (enormes, por cierto; para mí que empalman varias), pasta más o menos a la italiana, pollo marinado y algún que otro caldo.

 

Tempura

 

Lo más curioso de la cena es que ofrece la posibilidad de sentarse a la japonesa sobre una especie de banco corrido muy cercano al suelo, como si se tratase de una cama de tatami.

Y no menos curioso es que los noodles no sólo no se sirvan calientes sino ¡¡¡con cubitos de hielo!!!

 

Noodles

 

No comento nada acerca del ónsen (baño japonés geotermal) porque no tuve ocasión de disfrutarlo.

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