HOTEL COSTA AZUL

 

En pleno Paseo Marítimo de Palma de Mallorca

           

Hotel Costa Azul de dia

 

            La fantástica ubicación del establecimiento es, inevitablemente, lo primero que a uno le viene a la cabeza.

          Entrar en Palma recién llegado del aeropuerto y divisar desde lo lejos la impresionante Catedral de Santa María magníficamente iluminada constituye una imagen de esas que no se borran.

            Y apenas a ochocientos metros de la catedral, sin apartarse ni un momento del borde del mar, se alza este hotel que cuenta ya con 60 años de antigüedad y, para celebrar tal efemérides, en 2014 ha finalizado su larga y completa remodelación.

Tan completa ha sido que le ha llevado incluso a aumentar de categoría: de las 3 estrellas anteriores a las 4 actuales.

 

Hotel Costa Azul de noche

 

            En esta nueva época para el “Costa Azul”, sus responsables han querido contribuir a la difusión cultural, adornando cada una de las habitaciones con frases extraídas de diversas obras literarias.

            De hecho, para celebrar su sexagésimo Aniversario invitaron a los autores de muchas de las mismas, así como a una pléyade de artistas que grabaron en la terraza y las habitaciones del establecimiento una serie de videoclips que se emiten en el canal que,  por defecto, aparece en la televisión cada vez que la conectas.

            Como ocurre con todos los hoteles del Paseo Marítimo, si quieres disfrutar de una habitación con vistas al mismo has de pagar un suplemento. “Vistamar” lo llaman y en el hotel que nos ocupa ese suplemento –que puede contratarse en la propia recepción si te animas en el último momento y hay habitaciones disponibles- ascendía a la cantidad de 12 euros por habitación y noche. Avisados estáis.

 

Hotel Costa Azul Puerta

 

 

PARKING A UN PRECIO INCREÍBLE

 

            Tras la ubicación, lo primero que cabe destacar es el servicio de parking. A menos de cien metros a la izquierda de la entrada del hotel se ubica un parking municipal de varias plantas en otros tantos sótanos.

            La tercera de dichas plantas (la -3) está reservada para los hoteles de la zona y el “Costa Azul” dispone allí de diez plazas.

            No son muchas, por lo que no está de más reservarlas de antemano. Una vez en recepción, te hacen entrega de una tarjeta similar a la que abre las habitaciones y te sirve para entrar y salir del parking tantas veces como desees durante el número de días que hayas contratado.

            Las plazas son amplias, están agrupadas entre columnas cada tres y no hace falta ser ningún Fernando Alonso para aparcar y desaparcar sin contratiempos.

            La tarjeta se ha de utilizar para entrar al parking en sí –la entrada consiste en un largo pasillo de acceso que parte del propio Paseo Marítimo- y luego también para acceder a la tercera planta sótano, ante la cual se alza una nueva barrera.

            Para salir de la planta no hay que utilizar tarjeta alguna pero sí para salir del parking por cualquiera de sus dos salidas traseras. Ojo a quienes se desorientan con facilidad porque ninguna de dichas salidas da al Paseo Marítimo.

            De hecho, las plantas son larguísimas aunque sin vericuetos, es decir, totalmente rectas, por lo que es imposible olvidar dónde hemos dejado el coche pese a que cada vez aparquemos en una plaza distinta, ya que no se nos adjudica una concreta.

            El peligro de perderse –la primera vez, claro, ya que una vez realizada la operación ya carece de misterio- es cuando sales como peatón a las calles de Palma y  no ves por ninguna parte la referencia del mar.

            Mi consejo es que, dado que las plazas del “Costa Mar” están muy cerca de la barrera de acceso a la planta, recorráis a pie toda ésta hasta salir por la puerta que se encuentra justo al otro extremo (hay tres puertas para peatones en cada planta; una junto a la barrera, una segunda a mitad de planta y la tercera al final de la misma).

            Por esta última saldréis a un descansillo en el que disponéis de escaleras o ascensor, al gusto de cada cual. Si optáis por utilizar el elevador, pulsando el -4 apareceréis en el mismo pasillo de acceso por el que entrasteis con el coche. Cada vez que vayáis a por él podéis entrar por ese mismo pasillo, ya que hay una acera para peatones en todo el lateral derecho.

Si, por el contrario, pulsáis en el ascensor el 0, apareceréis justo encima de las escaleras que se alzan sobre el citado pasillo de entrada. Bajando sus 90 peldaños llegaréis igualmente al Paseo Marítimo.

Dejo lo mejor para el final: el precio que aplica el hotel por cada 24 horas de permanencia en el parking, del que se puede entrar y salir a voluntad sin ningún tipo de límite (tarifa plana) es de 5 euros. Una auténtica ganga.

 

HABITACIONES

 

            Consta de 126 y, como queda dicho, todas están reformadas y decoradas con motivos literarios y colores predominantemente verdes y blancos.

 

Hotel Costa Azul 1

 

            Debo advertir que las habitaciones de uso individual son ciertamente pequeñas aunque el hecho de estar ocupadas por una enorme cama de matrimonio también influye en las estrecheces.

            Una silla de diseño (bonita aunque no demasiado práctica), dos mesas de noche equipadas con potentes lámparas laterales por si se quiere leer en la cama, un aparador sobre el cual reposa la pantalla plana (de buen tamaño), un armario empotrado con perchas y estantes y un minibar en el que únicamente hay dos bebidas de cortesía (una botella de agua y un break de zumo) para que uno lo rellene con lo que desee a modo de nevera propia completan el mobiliario.

 

Hotel Costa Azul 3

 

            Ojo porque no todas las habitaciones son iguales. En algunas dobles, por ejemplo, no hay tantas apreturas pero, en cambio, los armarios empotrados no disponen ni de estantes ni de cajones, lo cual es un hándicap.

            La televisión contaba con los canales ordinarios (la 1, la 2, Antena 3, Tele 5, la Sexta, Paramount, la Sexta 3, Teledeporte)  más tres canales catalanes y varios italianos, franceses, ingleses y alemanes aunque tampoco es que investigara mucho. Disponía de un canal propio del hotel pero no de Canal+.

 

Hotel Costa Azul 2

 

            Por lo que hace a las camas, son cómodas, las almohadas un poco bajas para mi gusto pero es algo habitual, al igual que la mala costumbre imperante en casi toda Europa de poner fundas nórdicas.

            Obligar a utilizar el aire acondicionado cuando hace calor porque no se puede disponer de una simple sábana normal es algo que sigue sin entrarme en la cabeza pero, dado que se trata de una batalla perdida de antemano, renuncio a profundizar en la cuestión.

            El baño, por su parte, es cómodo, elegante y moderno, estando separado del dormitorio por una puerta corrediza.

Dispone de ducha muy espaciosa, con mampara transparente y suelo totalmente antideslizante.

También de secador de pelo y de espejo auxiliar aunque no lo necesité para afeitarme cómodamente pese a que el lavabo, de bonito diseño, es algo bajo.

Los amenities consistían en pequeñas botellas de gel de baño y de champú (por separado, dos de cada y repuestos diariamente), pañuelos de papel y gorro de baño.

 

DESAYUNOS ALGO ENDEBLES

 

            Aunque había una variedad suficiente de artículos dulces y salados, la calidad de los desayunos que se sirven en el restaurante Xaloc del hotel me pareció de lo más dispar, por lo que paso a analizarlos por bloques:

  • El fiambre, de lejos, lo peor: el jamón york muy flojo, una especie de chopped de sabor francamente desagradable y la mortadela bastante endeble. Sólo un día ofrecieron jamón serrano. Más presentables los quesos –los había de tres tipos- y ni rastro de la sobrasada mallorquina.
  • Tampoco los zumos, de máquina, eran mucho mejores. Una pena el zumo de naranja, con sabor a polvos, con la de cítricos que se cultivan en la isla.
  • Estaban mejor los batidos, que se sirven en jarras. Una con batido de chocolate, otra con batido de vainilla, una más con batido de fresa y la última con leche fresca.
  • Los yogures, naturales, se servían en copas de postre y estaban adornados con trozos de fruta en la parte superior (kiwi, naranja). No estaban mal pero hubiese deseado algo más de variedad. Uno de los cuatro días se sustituyeron por yogur con sabor a frutas.
  • La cocina en directo incluía huevos, bacon, crepes y un breve etcétera. Puestos a pedir, me hubiese gustado que también incluyera sándwiches preparados al momento.
  • También había fuentes de aluvias con tomate (al gusto europeo porque los españoles no solemos desayunar ese tipo de productos), choricitos (no especialmente suculentos) y salchichas (que no me gustaron, por lo que sólo las probé el primer día).
  • Mantequilla, mermelada (ésta sí, muy buena), miel y Nutella sí los había a discreción, así como varias clases de pan.
  • También café, leche y cereales de diversos tipos aunque no los probé.
  • Algo de fruta fresca, como piña, sandía, naranjas, manzanas o ciruelas.
  • La bollería, muy poco variada, solía consistir en pequeñas ensaimadas (pero no mallorquinas, por supuesto), croissants hojaldrados (probablemente lo mejor de todo el buffet), donuts y palmeras.
  • Había un apartado de dulces dietéticos que no probé.

            En cuanto a su rotación, era mínima (en los cuatro días que permanecí en el hotel los choricitos cambiaron un solo día por lonchas de lomo adobado y los donuts normales también en una sola ocasión por donuts con chocolate).

            En definitiva, los desayunos eran más que suficientes en cantidad y diversidad, sobre todo si la estancia en el hotel es para poco tiempo pero, en general, adolecía de cierta falta de calidad.

 

Hotel Costa Azul restaurante

 

 

ATENCIÓN EN EL HOTEL

 

            Una pena que tenga que poner esta apostilla final pues, en los días en que estuve en el “Costa Azul”, la atención de los recepcionistas y del personal que atendía en los desayunos fue atenta y cordial en todo momento.

            En los desayunos estaban pendientes de la llegada de los comensales, anotaban diligentemente sus números de habitación y les acompañaban a las mesas. También se fijaban en las necesidades de cada cual, preguntaban por las mismas y se preocupaban en general de que todo funcionara.

            En recepción, por su parte, indicaban zonas para poder cenar, informaban sobre la forma de desplazarse a determinados lugares e incluso se interesaban por los itinerarios de los huéspedes.

            Incluso, aunque en este hotel el check-out se hace curiosamente a las once de la mañana, nos dejaron amablemente en consigna el equipaje hasta después de comer.

            Sin embargo, ese último día cometieron una negligencia grave que no puedo dejar de reseñar.

Aunque uno de mis acompañantes había avisado desde el día de la llegada al hotel -y había vuelto a insistir, de forma reiterada, la víspera de nuestra partida-, en la necesidad de guardar cierto medicamente muy delicado (y extremadamente caro) en el congelador de que disponían en recepción, en el momento de nuestra marcha nos lo devolvieron prácticamente caliente. Imperdonable.

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar