BALANCE DE CINE 2011

El año del Cine Español

 

Balance Cine 2011

 

Siguiendo con las directrices ya establecidas para el balance del año anterior, desgloso los títulos de 2011 del mismo modo.

 

CINE EN PANTALLA GRANDE

 

Difícil será volver a encontrar una cosecha de cine patrio tan abundante y brillante como la de 2011.

Con la crisis en pleno apogeo, sólo las producciones realizadas antes de que entraran en vigor los recortes más severos han podido sobrevivir sin aparentes secuelas.

No es mi intención analizar la situación económica de nuestro cine ni la política de subvenciones y ayudas oficiales al mismo –la Academia insiste en que dichas inversiones resultan rentables para las entidades públicas- pero lo que sí es evidente es que incidirá –veremos hasta qué punto- en futuros ejercicios.

            Por de pronto, felicitémonos por esta magnífica cosecha, deslumbrante de calidad y también de diversidad, con la que nuestros cineastas nos han obsequiado para alborozo y sorpresa (muy grata) del que suscribe.

            Allende nuestras fronteras no se puede decir que la crisis –en este caso, de ideas- haya remontado precisamente.

            En Estados Unidos parece seguir vigente la huelga de guionistas de 2007 y 2008. Cobrar probablemente cobran pero lo que no está tan claro es que se hagan acreedores a ello, con tanto refrito, remake, reinterpretación y, lo que es peor, plagios más o menos evidentes y una ausencia preocupante de ideas nuevas.

            Con alguna honrosa excepción, como luego veremos.

            Así las cosas, hay que seguir volviendo la vista hacia Europa y Argentina, de donde en los últimos tiempos no dejan de llegar productos interesantes. Habrá que rescatar muchos de esos títulos cuando no sea posible abarcarlos todos en la gran pantalla.

Pongámonos pues con el resumen de lo mejor y lo peor que un servidor ha tenido ocasión de ver este 2011 en las pantallas de cine.

 

ZONA GÉLIDA

 

Mis grandes decepciones del año están capitalizadas por "Thor”, “Contagio”, “Código fuente” y “Crepúsculo: Amanecer, parte 1”.

El caso de “Thor” es particularmente sangrante por contar con un enorme presupuesto, la dirección de Kenneth Branagh y la presencia de rutilantes estrellas como Anthony Hopkins, Natalie Portman, Rene Russo y hasta el sueco Stellan Skarsgård, amén del flamante marido de Elsa Pataky, Chris Hemsworth, en su primer papel de protagonista en una superproducción.

La película patina sin atenuantes desde el primer momento, sustentada en unos diálogos risibles, situaciones manidas y poco originales y una escenografía que en ningún momento denota la enorme cantidad de dinero invertida en ella. O quizás el problema fuese precisamente que se gastaron en sueldos todo el presupuesto.

            El guión es penoso y parece ir dirigido hacia un público tremendamente joven (por ser diplomático), sin que a uno le queden ganas de seguir el futuro de la saga. Poco halagüeño si hemos de hacer caso a su inicio.

            De la avanzadilla de películas que preparan el advenimiento de Los Vengadores, ésta –basada en el dios Thor, de la mitología escandinava, con su emblemático martillo- es, de lejos, la más endeble.

En cuanto a “Contagio”, otra película más cargada todavía de estrellas –Matt Damon, Kate Winslet, Laurence Fishburne, Marion Cotillard, Jude Law, Gwyneth Paltrow o Elliot Gould-, lo que cabe achacarle sobre todo es que no aporte realmente nada al subgénero de las pandemias.

            ¿Qué tiene “Contagio” que no tuviera “Estallido”? Poca cosa en mi opinión. Con la contraprestación de adolecer de algunos aciertos narrativos con que sí contaba su predecesora.

            Escenas tan desasosegantes (y desagradables) como la última en la que interviene la Paltrow no justifican un despliegue de medios semejante. Otra producción mastodóntica que no lleva a ninguna parte.

Por lo que se refiere a “Código Fuente”, su principal problema estriba en sobrevalorar las posibilidades de su guión.

            No es ni lejanamente tan ingeniosa como pretende ser y, lo que es peor, cae en el peor defecto posible: aburre.

            Y esa circunstancia, que en general resulta imperdonable, en una producción de género fantástico es sencillamente inadmisible. Bien que lo siento  por Jake Gyllenhaal y el resto.

            Un planteamiento que, de fantástico deviene casi en onírico –un revolucionario programa antiterrorista que permite a un soldado revivir una y otra vez, manipulando el tiempo, un atentado hasta dar con el culpable y con la forma de evitar su crimen-, nos plantea una situación en principio atractiva que recuerda a las mismísimas “Avatar” u “Origen” pero, claro está, en un tono marcadamente inferior y reiterativo.

            Persuadido estoy de que el principal culpable de mi mala experiencia con “Crepúsculo: Amanecer, parte 1”, la penúltima entrega de la saga, soy yo por decidirme a ver un producto claramente enfocado hacia la población adolescente.

            Dado que mis hormonas están bastante tranquilas en esta época de mi vida, mis neuronas aprovecharon la coyuntura para tomarse un respiro. Algo parecido debió pasarle al equipo de guionistas, que pergeñan una película básicamente “fea”. Poco agradable desde un punto de vista estético y poco estimulante desde cualquier otra perspectiva.

            Aunque la experiencia me dice que probablemente todo forme parte de la estrategia para explorar mejor la última entrega de esta saga en la que la protagonista corretea entre vampiros y hombres-lobo. Algo que, salvando las distancias, también me pareció apreciar el año anterior con la penúltima parte de “Harry Potter” y que en éste se ha visto plenamente confirmado.

 

ZONA “NI FRÍO NI CALOR”

 

En un año en el que ha predominado más que nunca la “clase media”, como luego veremos, hay en cambio algunas cintas que podríamos apuntar entre las que pasan poco menos que “de puntillas”, al margen de su funcionamiento en taquilla.

Es el caso de la superproducción de Spielberg y Peter Jackson que lleva a la gran pantalla la primera adaptación en personajes reales de la gran obra del dibujante belga Hergé.

Después de muchos años de darle vueltas al proyecto, nos encontramos al fin ante “Las aventuras de Tintín: El secreto del unicornio” pero, como tantas veces ocurre, las expectativas corren disparejas con los resultados.

Al margen de su virtuosismo técnico, que no le discuto, y de la licencia de fundir dos de las aventuras del héroe –“El cangrejo de las pinzas de oro” y la propia “El secreto el unicornio”- en una sola, mi sensación al finalizar el film fue de indiferencia.

            Puede que esperara alguna sorpresa especial que no se produjo pero el hecho de ver correteando a todos esos personajes de mi niñez en medio de escenarios familiares no me produjo ningún efecto.

            Me pareció sosa, poco atrevida –más allá de la generosa inversión que, de seguro, recuperarán con creces- y no especialmente estimulante. Insisto en que puede ser una apreciación demasiado personal.

Primos”, una película precedida de comentarios halagadores acerca de sus presuntas virtudes cómicas, tampoco me pareció nada del otro jueves.

Además de profundizar en un género explotado hasta la saciedad por nuestro cine, el hecho de aparecer precisamente en un año en el que nos hemos abierto a lo grande a muchos géneros bastante menos manidos y con un considerable grado de acierto, hizo que todavía apreciara menos este conjunto de lugares comunes (chistes fáciles, irreverencias presumidamente osadas, los generosos pechos de Inma Cuesta para animar algo la función, personajes demasiado esperpénticos para mi gusto) que es olvidable, en el mejor de los casos.

La americana “Take shelter”, carne de “culto” para el futuro inmediato, fue otra de esas películas que me llevan al recurrente pensamiento de que lo original, por sí mismo, no es suficiente.

            Se trata de una historia hermética, enervante por momentos y que me resultó poco atractiva aunque no llegue al extremo de renegar de haberla visto.

            Me resulta difícil hablar acerca de su trama sin destriparla, lo que eliminaría de golpe el único argumento que puede tener su visionado, de modo que baste saber que el film bucea en el género fantástico aunque puede no ser oro todo lo que reluce.

            Dentro de este mismo grupo de películas que dejan poca huella incluiría, por supuesto, la secuela “Sherlock Holmes: juego de sombras”. Sin ser significativamente peor que la primera entrega, adolece de sus mismos defectos, de los que ya di buena cuenta en el balance del año anterior.

            Básicamente asistimos a una desnaturalización del mito de Holmes, convertido en poco menos que un bufón adicto tanto a las mascaradas como a los sprints y los enfrentamientos físicos. Sin descartar otro tipo de sustancias, por cierto. Poco o nada que ver, en cualquier caso, con el personaje creado por Doyle.

 

ZONA CALDEADA

 

Pasamos al grupo más nutrido de películas: esas que mantienen un tono medio aceptable, siendo unas más endebles y otras algo más interesantes.

Comenzamos con “Piratas del Caribe 4: en mareas misteriosas”, una cinta distraída que para mí contó, desde el primer momento, con un hándicap que no pude superar.

Como puede verse en sus créditos iniciales, se hace expresa mención de la magnífica novela “En costas extrañas” de Tim Powers, en la que teóricamente se basa el guión. Sin embargo, en la práctica, éste apenas toma un par de ideas de la misma (el personaje de Barbanegra y el destino de su expedición), prescindiendo por completo del fascinante argumento de la novela.

            La película se deja ver y hasta Penélope Cruz compone un personaje bastante divertido mientras que la aportación de las sirenas (que no aparecían en la obra de Powers) se convierte en el mayor acierto de lo que es una correcta película de aventuras pero uno echa de menos en la misma la mezcla de vudú, brujería y piratas que presidía la novela y, sobre todo, sus maravillosos personajes.

A pesar de que quizás no alcanza hasta donde se pretendía, tampoco “Los descendientes” es una mala película aunque haya recibido críticas de lo más diverso. La  historia es más bien crepuscular y está ubicada en un Hawai bastante alejado de las postales turísticas y a cargo de un Clooney que encara ya la parte definitiva de su madurez. Drama sentimental en suma que vale la pena visionar.

No me acabó de convencer, en cambio, la argentina “Un cuento chino” pese a sus buenas intenciones humanitarias y a la presencia del siempre  magnífico Ricardo Darín pero las peripecias de ese chino abandonado por todos en medio del actual Buenos Aires no me acabó de enganchar pese a ser, como soy, ávido devorador de todo el cine que llega del país sudamericano.

Me gustó más pero sin entusiasmarme “Capitán América: el primer vengador”, algo excesiva en ciertos momentos y con un tono bastante retro en su recreación del cómic de Marvel (en parte por estar contextualizada en la II Guerra Mundial) pero, con eso y con todo y a pesar de que me recordó en algún instante puntual a “Hellboy”, es bastante superior a la ya comentada “Thor”.

Chris Evans, que ya fue superhéroe en “Los cuatro fantásticos”, se muestra como una buena elección, en cualquier caso, dentro de una saga que tendrá continuidad.

Siguiendo con películas que me hicieron pasar un buen rato sin más, tenemos, por una parte, “X-Men: Primera Generación” y, por otra, “El origen del planeta de los simios”.

La primera, introductoria a la saga que ya vimos años atrás y por tanto “precuela” de la misma, está en mi opinión lejos del nivel de brillantez de cualquiera de las “X-men” originales aunque se deja ver. Obviamente, está protagonizada por toda una pléyade de jóvenes intérpretes de carrera incipiente.

La segunda, también precuela de la mucho más antigua saga que se inició con la magnífica “El planeta de los simios” de 1968, constituye un reboot que abarcará varias películas y que pretende salvar el vacío existente en la prehistoria argumental del mítico film protagonizado por Charlton Heston.

            Y es que las muchas precuelas de la película de Schaffner especulaban con unas teorías que mezclaban pasado y futuro de forma bastante discutible. Como discutible fue también la calidad de todas esas innecesarias películas que poca relación guardaban con la original.

En otro género totalmente diferente, el “Cisne negro” protagonizado por la deliciosa Natalie Portman (por qué se metería en ese engendro de “Thor”, me pregunto una vez más) mezcla intriga y drama con simple terror en una historia que, amén de muchos padecimientos físicos y psicológicos (por momentos la cosa se torna bastante truculenta) para la prota, demuestra la inmensa calidad interpretativa de la Portman y su sorprendente gracia también como bailarina. Se ganó a pulso el Oscar a la Mejor Actriz que acabó logrando con este papel.

Mucho más ligera es “Sin compromiso”, donde de nuevo Natalie, en un año de lo más ajetreado, compone un personaje femenino, sexy y divertido pero sin ganas de ataduras que, como suele acontecer en el maravilloso mundo del cine (sobre todo el comercial), no tiene empacho en volver a la tradición más conservadora. No faltarán damas que opinen que por Asthon Kutcher vale la pena cambiar de opinión pero esa es otra historia.

Con sabor ochentero, la interesante “Drive” nos trae de vuelta a un Ryan Goslin en plena forma que protagoniza una historia negra, no demasiado sofisticada pero bien contada y, sobre todo, magníficamente fotografiada. Acción, coches, algo de romance y mucha pero que mucha sangre al final.

La banda sonora, excelente, merece mención aparte. Tanto por la música de Cliff Martinez como por la brillante selección de canciones que la acompañan. “Nightcall”, de Kavinsky & Lovefoxxx o “A real hero” de College, en colaboración con Electric Youth, sin ir más lejos.

También con Ryan Goslin en curioso tándem con el cómico Steve Carell, “Crazy, stupid, love” constituye una más que aceptable mezcla de comedia y drama en la que un hombre maduro y abandonado por su esposa (Julianne Moore) recibirá sabios consejos de un joven y sofisticado “semental” que, quién sabe, puede que también tenga su corazoncito. La cada vez más en boga Emma Stone cuenta con un destacado papel en la cinta.

Volviendo al mundo del cómic, “Cowboys & aliens” recrea una mítica saga en la que, contra toda lógica, coexisten precisamente eso, vaqueros y extraterrestres. Como también lo hacen el 007 Daniel Craig con un veterano Harrison Ford en el papel más convincente de los últimos años.

            No deja de ser paradójico que su mejor trabajo venga de la mano de un film de estas características pero lo cierto es que así es. Su caracterización del duro y malhumorado militar retirado que se unirá al forastero para liderar a los seres humanos contra los invasores del espacio es francamente meritoria.

            En la película, divertida, con diálogos más ingeniosos de lo habitual y grandes dosis de buena acción, intervienen también la bella Olivia Wilde y el siempre sólido Keith Carradine bajo la dirección de Jon “Iron man” Favreau.

Dos producciones europeas a tener muy en cuenta han sido la noruega “Headhunters” y la irlandesa “El irlandés”.

La primera es unn noir con engaño, traición y violenta venganza en la que aparece el danés Nikolaj Coster-Waldau, popularizado por la serie “Juego de Tronos” gracias a su papel como Jamie Lannister.

            La segunda, también thriller pero con un toque de ingenioso humor, se beneficia del magnífico trabajo de su protagonista Brendan Gleeson (también visto en “Escondidos en Brujas” pero famoso sobre todo por su papel de “Ojoloco” Moody en la saga de Harry Potter) y cuenta con la valiosa intervención de Don Cheadle, muy cotizado desde su candidatura al Oscar por su trabajo en “Hotel Rwanda”.

            Un remake que, pese a no inventar nada nuevo, me resisto a calificar de superfluo es el que dirige David Fincher con Daniel Craig (otra vez él) a la cabeza del reparto de lo que es la visión yankee del “Millennium” sueco. Concretamente de su primera parte, “Los hombres que no amaban a las mujeres”.

            A fuer de ser sinceros, la historia es bastante semejante a la del original escandinavo pero la impecable factura, la más que ajustada labor de casting y una superior elegancia en las escenas desagradables me la hicieron grata.

            Muy cerca de los mejores títulos del año apuntaría a “Destino oculto”, un fantástico con altas dosis de romance (sin ñoñería de ningún tipo) a cargo de Matt Damon y la siempre chispeante Emily Blunt, una de las actrices menos encasillables del panorama cinematográfico americano, que aquí se destapa además como una magnífica bailarina.

            Podríamos definir la película como un curso de metafísica a ritmo de vértigo o, lo que es lo mismo, un intento de averiguar si estamos o no predestinados mientras el destino amenaza con pasarnos por encima. La recomiendo encarecidamente.

Y vamos llegando a los grandes títulos españoles del año, con “Eva” y “La piel que habito” para abrir boca.

La primera es un valioso esfuerzo por abrir camino en la ciencia ficción, un género prácticamente inexistente en nuestro país.

            Cuenta con efectos especiales de primera magnitud, una fotografía excelente, un sólido guión original, una brillante dirección a cargo del debutante Kike Maillo y un gran trabajo a cargo del elenco protagonista: los “guapos” Marta Etura, Daniel Bruhl y Alberto Ammann, la sorprendente niña Claudia Vega y el contrastado y veterano Lluís Homar.

En cuanto a la cinta de Almodóvar, cuyo guión se basa en la novela “Tarántula” de Thierry Jonquet, es un thriller fantástico… en más de un sentido. Inquietante, perturbadora y con una sorpresa argumental en la parte final que la hace subir de golpe varios peldaños. Una magnífica película en la que descolla el trabajo interpretativo de Elena Anaya y Marisa Paredes pero también de un Antonio Banderas bastante por encima de sus registros habituales.

 

ZONA AL ROJO VIVO

 

Tras el desastroso año anterior, en éste se asiste al menos a una notable recuperación global y podemos citar casi una decena de películas que dignifican sobradamente el ejercicio aunque, como queda dicho, la aportación estadounidense (sobre todo teniendo en cuenta el porcentaje de películas que vierten anualmente al mercado) sea mínima:

Amor y otras drogas

Haciendo buen uso de la excelente química existente entre mi admirada Anne Hathaway y su amigo Jake Gyllenhaal (ver “Brokeback mountain”), Edward Zwick compone un excelente film en el que el drama, la comedia y el romance van de la mano en un viaje no exento de sobresaltos.

Las drogas a las que hace alusión el título son de naturaleza médica; por una parte, porque la protagonista femenina precisa de ellas y, por otra, porque su partenaire es representante farmacéutico.

            Hay unas cuantas sorpresas de guión (algunas dramáticas, otras simplemente llamativas) que no desvelaré pero lo cierto es que la película merece mucho la pena y, aun no siendo totalmente original, juega magníficamente sus cartas.

Blackthorn (Sin destino)

Doce años después de la magnífica “Nadie conoce a nadie”, Mateo Gil volvía a ponerse tras las cámaras en un largometraje que especula acerca del verdadero destino de Sundance Kid y Butch Cassidy, nada satisfecho al parecer con el final que se les daba en el mítico “Dos hombres y un destino”.

Sin ánimo alguno de recrear la cinta de Roy Hill, Mateo (más dedicado en los últimos tiempos a su faceta de guionista) propone un western crepuscular en un paisaje poco usual para el género como es el altiplano boliviano.

La hermosísima fotografía se alía de forma magistral con la música de Lucio Godoy mientras Sam Shepard y Eduardo Noriega capitalizan el interés de la acción. Y la química no sólo funciona sino que deja para la Historia algunos retazos del mejor cine que se ha hecho en España en los últimos tiempos.

            Por cierto, que también repite presencia en la película un activo Nikolaj Coster-Waldau, de quien hablábamos unas líneas atrás.

Harry Potter y las reliquias de la muerte, parte II

Se cerró el círculo y las siete novelas de la saga creada por JK Rowling se han transformado definitivamente en ocho películas.

Por cierto que la premiere mundial de esta última entrega me pilló precisamente en Londres y puedo dar fe de que Trafalgar Square y sus alrededores estaban literalmente invadidos por una legión (o varias) de fans llegados de todos los rincones del orbe. La presencia del elenco protagonista provocó el cierre de las calles aledañas, engalanadas con interminables alfombras rojas por las que desfilaron las rutilantes estrellas invitadas.

Ciñéndonos al film, si hace un año me veía en la obligación de criticar agriamente lo anodino de la penúltima entrega, en esta ocasión debo hacerme eco de todo lo contrario. Como si de una campaña de marketing perfectamente orquestada se tratara, al tedio ha sucedido la diversión en estado puro.

Y es que, en esta última película, la acción y las emociones se desbordan por completo hasta sumergir a la platea en una atmósfera de magia, expectación, suspense y sorpresas varias que desembocan en la catarsis final.

            Un broche de oro a una saga clásica desde ya mismo en la historia del fantástico cinematográfico, como lo era ya en el literario. Y también todo un fenómeno social de primer orden en el que el monstruoso merchandising ha hecho su agosto y lo seguirá haciendo quién sabe por cuántos años: parques temáticos, juegos, películas, disfraces y un sinfín de artículos relacionados con Harry Potter y su mundo que han convertido a la Rowling en una de las mujeres más ricas del Reino Unido.

No está nada mal para una dama que apenas unos años antes languidecía en una crítica situación de madre separada y desempleada. Y una prueba también de que a veces el talento sí tiene recompensa, no necesariamente póstuma.

Más allá de la vida

De nuevo Clint Eastwood abrió el tarro de las esencias para despacharse con una película magistral en la que los efectos visuales más espectaculares coexisten con la más delicada sensibilidad.

En un ejercicio de equilibrio propio del funambulista en el que se ha convertido durante los últimos años de su vida, el director californiano nos mantiene en vilo con una historia que va desde el tsunami que arrasó la costa tailandesa en 2004 hasta los miedos y esperanzas de una serie de personajes entrañables en torno a los cuales siempre serpentea la muerte y la necesidad de respuestas.

Un espléndido Matt Damon y una no menos magnífica Cécile de France encabezan el ajustado reparto de una película que nos trae de nuevo a un Eastwood en magnífico estado de forma y por el que los años pasan sólo para mejor.

Midnight in Paris

            Tras “Vicky Cristina Barcelona”, “Si la cosa funciona” o “Conocerás al hombre de tus sueños”, el prolijo Woody Allen se despacha con esta auténtica delicatessen que muestra bien a las claras su amor por la capital francesa.

            La película se abre con diez minutos sin diálogos en los que una música embriagadora acompaña el pausado recorrido de la cámara por algunos de los rincones más arrebatadoramente hermosos de la ciudad parisina.

            Luego el film nos introduce a una historia que alterna la comedia con el fantástico, seduciéndonos con la magia que impregna hasta el último fotograma.

            Con el cómico Owen Wilson haciendo las veces de un Allen más joven y el trasfondo de una aventura con sorpresa, el encanto no nos abandonará hasta el final, con el aliciente personal para un servidor de ciertas concomitancias argumentales con la fascinante “The Moderns” de Alan Rudolph.

No habrá paz para los malvados

            El director bilbaíno Enrique Urbizu compone la mejor película dentro de una notable filmografía personal para encumbrar definitivamente a José Coronado y convertirse, de paso, en el “rey” del cine negro español.

            Perfeccionando un estilo que dio sus primeros balbuceos con “Todo por la pasta” y cristalizó en la brillante “La caja 507”, Urbizu da con la tecla para redondear una película magistral donde todo encaja y funciona a la perfección.

            Desde el guión -oscuro, turbio, casposo por momentos- hasta la atmósfera, no por sórdida menos atractiva y la interpretación, en fin, de un Coronado que últimamente transforma en oro cuanto toca.

            Cine negro superlativo aunque no sea estadounidense, un desarrollo intenso y emocionante y uno de los finales más brillantes vistos por estos pagos desde hace muchos años, encumbran un título indispensable en cualquier videoteca.

Super 8

            Recuperando el espíritu de los 80 –el que impregnaba producciones como “Los Goonies” o “ET”-, un Spielberg que lleva décadas en horas bajas auspicia (que no dirige) un producto tan encantador como eficaz.

            Contando con un elenco de niños cuya labor interpretativa resulta ejemplar, la química que emana del grupo contribuye a crear una historia intensa, rebosante de acción y de emoción y que sólo en su parte final se pierde un tanto a nivel argumental, atrapada quizás por un envoltorio excesivamente ambicioso.

            A pesar de ello, la primera mitad del film es tan bueno, tan brillante y tan valioso en su recuperación de sensaciones cinéfilas casi olvidadas que se le perdona de buen grado un cierto exceso de metraje.

Intocable

            Europa se impone definitivamente en este Top-8 de la mano del cine francés. Un cine que, en los últimos años, no deja de acumular sorpresas agradables. Desde “Amélie” hasta “No se lo digas a nadie” pasando por “Salir del armario”, “El pacto de los lobos”, “Los ríos de color púrpura” o “Bienvenidos al Norte”,  nuestro país vecino encabeza una corriente de aire fresco que no podemos por menos que alabar.

            Con “Intocable” asistimos a las peripecias vitales de una pareja protagonista (tomada, para más inri, de la vida real) en la que un senegalés inadaptado y con antecedentes penales se convierte en la salvación espiritual de un multimillonario parapléjico.

            De su relación, que devendrá en verdadera amistad sin sombra de pacata compasión o de ñoñería ninguna, surgen sentimientos de poderoso arraigo y secuencias de hilarante diversión en lo que es un ejercicio brillante de humanismo inteligente, emotivo y muy muy cómico. Un título magistral para cerrar un año más que esperanzador, sobre todo de este lado del Atlántico.

 

ANEXO: Cine en televisión y dvd

 

Obviando la explicación que ya ofrecí el año anterior, en esta ocasión me limito a ir al grano en el desglose de los títulos visionados en pequeña pantalla.

Zona Gélida (peligro, no tocar):Barcelona Connection” y “Nos miran” (porque en el pasado más o menos reciente de nuestro cine también hay polvo bajo las alfombras), “El albergue rojo” (cine francés con reminiscencias de “Delicatessen” pero con una zafiedad aplastante), “El custodio” (cine argentino sin gancho en torno a la figura de un guardaespaldas), “Passengers” (o cómo desaprovechar el inmenso talento de Anne Hathaway con una película de género fantástico pero que nada tiene de fantástica) o “Stone” (naufragio conjunto de Robert De Niro y Edward Norton contando la historia de un engaño en la que finalmente los engañados acaban siendo los espectadores).

Zona “Ni frío ni calor” (vosotros mismos):Resident Evil 2: Apocalipsis”, “Resident Evil 3: Extinción” o “Resident Evil 4: Ultratumba” (todas y cada una de las secuelas del film protagonizado por Milla Jojovic nos recuerdan que la cosa debía haber quedado en película y no convertirse en saga), “Señales” (género fantástico pero al estilo de Shyamalán, o sea, aburrido) y “Gamer” (un híbrido entre “Perseguido” y “Los juegos del  hambre” al que se le nota demasiado su carácter de serie B).

Zona Caldeada (recomendables):Oculto”, “Transsiberian”, “La distancia” o “Violanchelo” (interesantes thrillers con denominación de origen española), “Che. El argentino” y “Che. Guerrilla” (dos respetables películas dirigidas por Steven Soderbergh y protagonizadas por un gran Benicio del Toro que interpreta al Che Guevara), “Bobby Z” (aunque no sea la mejor adaptación posible de una novela de Don Winslow, se deja ver perfectamente), “Chloe“ (erotismo intelectual a cargo de un Atom Egoyan más comercial que de costumbre), “Monstruoso” (mucha steadycam pero al servicio de una frenética historia que transcurre a todo ritmo por las calles de Nueva York), "La boda de Rachel" (una película perturbadora sobre una joven inquietante e irritante a quien da vida Anne Hathaway, ganándose a pulso su primera nominación al Oscar), “Havoc (Caos)” (otra con la preciosa Anne mostrando su agraciada anatomía en una historia más sórdida todavía pero con cierto calado emocional), “Las manos” (cine argentino con Ricardo Darín interpretando a un controvertido sacerdote) u “Obsesión:Wicker Park” (un enrevesado pero interesante thriller, con romance incluido, a cargo de Diana Kruger y Josh Hartnett).

Zona “Al rojo vivo” (coleccionables):Lisboa” (un thriller español con protagonista portugués –en la ficción, ya que se trata de Sergi López), “El baile de la victoria” (un drama dirigido por Fernando Trueba pero con protagonismo para la chilena Miranda Bodenhöfer y el argentino Ricardo Darín), “Moon” (atípica ciencia ficción con sello británico), “El corredor nocturno” (la necesaria dosis de cine argentino, con duelo interpretativo entre Leonardo Sbaraglia y Miguel Ángel Solá en una oscura historia que mezcla drama e intriga), “El viaje de Chihiro“ (animación japonesa de muchísimos kilates; en mi opinión muy superior a la sobrevalorada “La princesa Mononoke”) y “500 días juntos” (drama y romance bien mezclados en una película que sorprende por escapar a los cánones habituales en estructura y desenlace).

REVISITACIONES CLÁSICAS (carne de coleccionismo): Cine negro americano como “Tener y no tener”, “El crepúsculo de los dioses”, “Harper, investigador privado” o “Con el agua al cuello” (neo-noir las dos últimas y ambas con Paul Newman), cine de aventuras como “Horizontes perdidos”, “Aguirre, la cólera de Dios” y “El valle de Gwangi” (esta última, un tanto cutre pero también entrañable, al ser un western con dinosaurios rodado en Cuenca y en la Ciudad Encantada), dramas de culto como “El Padrino“ (la trilogía completa), “Taxi Driver”, “Mesas separadas” y “Pasiones en Kenia”, comedias como “La taberna del irlandés” y épicas como “Éxodo”.

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