BALANCE DE CINE 2012

El año de James Bond

 

Balance Cine 2012

 

A continuación desgloso los títulos vistos a lo largo y ancho de 2012, siguiendo los mismos criterios que en los ejercicios anteriores.

 

CINE EN PANTALLA GRANDE

 

Otro año endeble en la cinematografía internacional, al menos por lo que he tenido ocasión de conocer de primera mano.

Una cosecha particularmente amplia de películas de las que te dejan indiferente y alguna que otra decepción a cargo de directores prestigiosos y apreciados por un servidor resaltan en el poco positivo saldo anual.

            Por supuesto, siempre hay títulos que a uno le reconcilian con el mundo del celuloide pero debo reconocer que he tenido que hacer un esfuerzo para resaltar lo mejor del año, en un 2012 que no ha sido prolijo en alegrías cinematográficas.

            Tampoco parece de recibo que el cine de superhéroes tenga que tirar del “serio” no sólo en lo que a recaudación se refiere sino también en producciones que dejen un mínimo buen sabor de boca pero así ha sido.

            En cuanto al cine español, tal como un servidor se temía, tras un año espectacular ha venido otro de tono marcadamente discreto.

Pero vamos con el resumen de lo mejor y lo peor de 2012 visto en las pantallas de cine.

 

ZONA GÉLIDA

 

Tomemos el peor trago ya de entrada. La mayor decepción del curso vino de la mano de uno de mis directores predilectos: Woody Allen. Si sólo un año antes alababa las bondades de “Midnight in Paris”, la siguiente parada del director neoyorkino en su homenaje a las capitales europeas, “A Roma con amor”, no se hace acreedora a otra cosa que a la más ácida de las críticas.

Su ambientación retrotrae a lo peor del cine italiano de los sesenta, del mismo modo que “Vicky Cristina Barcelona” recordaba al peor Almodóvar. Otro título éste, por cierto, en el que también estaba presente Penélope Cruz y, como ahora, encarnando a un personaje que era un puro exceso en sí mismo.

            En cualquier caso, las cuatro subtramas argumentales naufragan cada una por su lado, abundando en diversas situaciones absurdas que pretenden ser cómicas sin conseguirlo y en otras que resultan de una previsibilidad abrumadora, denotando todo ello una absoluta falta de inspiración. Por desgracia, parece que toda se quedó en París.

Mátalos suavemente”, protagonizada por Brad Pitt, cuenta como dos ex convictos perpetran un robo a mano armada en plena timba de póker, logrando que los indicios del mismo parezcan acusar al organizador del evento. La mafia, verdadera dueña del dinero robado, contratará a un asesino a sueldo con dotes investigadoras (Pitt) para que esclarezca la cuestión.

            Lamentablemente, la realización carece de pegada, los diálogos –que parecen querer emular a los de “Snatch, cerdos y diamantes” o “Perdidos en Brujas”- acaban siendo gratuitamente soeces y hasta la acción pierde finalmente toda trascendencia. Un producto fallido a todas luces.

Otra película protagonizada por una estrella de Hollywood, “Un lugar para soñar”, que cuenta con Matt Damon como cabeza de cartel, marca también uno de los momentos más bajos del año cinematográfico.

            Algo que, en honor a la verdad, podía deducirse de su ingenuo planteamiento: un viudo con dos hijos que pretende dar un cambio radical a su vida mediante la adquisición de un zoológico que está en las últimas.

            Como cabía imaginar, los problemas presupuestarios, de intendencia y de funcionamiento del “negocio” y las relaciones sentimentales del protagonista con su familia y con las personas que trabajan en el zoo no bastan para conseguir siquiera un mínimo de atención más allá de los primeros minutos de cortesía. Tiene momentos de sonrojo ajeno y constituye un muy pero que muy endeble subproducto.

El melodrama “Si de verdad quieres” se encuentra también entre los grandes fiascos del año a causa de su sorprendente mediocridad.

            Meryl Streep y Tommy Lee Jones encarnan a una pareja madura que pretende salvar lo que queda de su maltrecho matrimonio, para lo cual y pese a las reticencias del marido (por decirlo suavemente), se ponen en manos de un prestigioso terapeuta, al que interpreta Steve Careli.

            Lo que un servidor esperaba que fuese una película en la línea de las de Nancy Meyers (“The Holiday”, “Cuando menos te lo esperas”), una combinación de buen gusto y humor, de romanticismo suave y buenos diálogos, acaba siendo, por el contrario, una historia áspera, incómoda, que en ocasiones entra de lleno en el terreno de lo zafio. No puedo recomendarla en ningún caso.

            Por último el capítulo de fiascos se cierra con la quinta parte de la saga protagonizada por la bella Milla Jovovich “Resident Evil 5: Venganza”, un naufragio colectivo del que participamos los pocos esforzados capaces de satisfacer el precio de una entrada de cine para contemplar semejante despropósito.

            Ciertamente, hace muchas entregas que la cruzada de Alice contra los zombies creados por la corporación Umbrella no da más de sí pero supongo que algún beneficio dará cuando se empeñan en seguir gastando kilómetros de celuloide en ella. En el mejor de los casos, dicho beneficio será meramente económico porque haría falta algo más que una gran dosis de optimismo para encontrar algún mérito artístico en este refrito de videojuego que sólo acumula escenas de acción violenta y que en esta ocasión hasta se permite el lujo de “resucitar” personajes, al estilo de lo ya visto en “Alien Resurrection”.

 

ZONA “NI FRÍO NI CALOR”

 

Siguiendo con las entregas ya muy avanzadas de sagas de género fantástico algo mejores que la de Paul W. S. Anderson aunque tampoco demasiado, “Underworld: El despertar”, se presenta como la cuarta parte de la serie que, protagonizada por Kate Beckinsale, enfrenta a vampiros y licántropos.

            En una vuelta de tuerca argumental, la protagonista Selene despierta de una criogenización que ha durado quince años para constatar que su unión con Michael ha dado como fruto una niña que, como su padre, es medio vampira medio licántropa.

            El padre de la criatura no aparece por ninguna parte pero Selene se verá envuelta, como de costumbre, en una espiral de violencia entre especies. En este caso, alentada científicamente con siniestros propósitos y con la hija de la protagonista en mitad de la refriega. Podríamos dedicar al film la habitual frase “se puede ver”. Sin más.

John Carter”, basada en uno de los dos grandes personajes creados por Edgar Rice Burroughs (el otro fue Tarzán), me pareció tremendamente infantiloide. Más incluso de lo que cupiera esperar a priori.

Si bien debo confesar no haber leído la novela “Una princesa de Marte”, que daba inicio a la saga de Carter, lo cierto es que su adaptación cinematográfica combina sin gracia alguna grandes excesos infográficos con una estética, unos diálogos y unas situaciones exageradamente anacrónicos incluso asumiendo el traslado de un soldado desde la guerra de Secesión americana del XIX hasta el planeta Barsoom (nombre que recibe Marte en las obras de Burroughs), en el que vivirá una serie de aventuras que tampoco es que resulten particularmente divertidas.

El protagonista, Taylor Kitsch, que ha estado especialmente activo este año, no puede decirse que se haya hecho acreedor a ningún Oscar por sus muchos saltos y carreras.

            También con Kitsch protagonizándola, la cinta de acción “Battleship” es otra producción más entre las muchas que gozan de gran soporte digital pero no están sustentadas en un buen guión.

            Uno se pregunta qué demonios hacen Liam Neeson y Alexander Skarsgård en semejante sarao, por mucho que el primero se haya reconvertido sorprendentemente en un habitual de las cintas de acción y que el segundo ya fuese “engañado” para participar en la nefasta “Thor”.

            Con todo, lo más sorprendente de esta cinta es que el enfrentamiento entre la Armada estadounidense y una avanzada y agresiva civilización alienígena se venda como una historia inspirada en el tradicional juego de mesa “Hundir la flota”. Por esa misma regla de tres también podría afirmarse que la película está “inspirada” (eso sí que es un decir) en el juego de los “Hipopótamos tragabolas”.

            Liam Neeson repite acción con “Venganza 2: Conexión Estambul” que, pese a su estupenda fotografía y a una correcta coreografía de acción, queda muy lejos de la primera entrega, la “Venganza” original estrenada hace cuatro años.

            Aquí se ha perdido ya el factor sorpresa de ver a Neeson en un thriller tan físico y violento y, por otra parte, no existe demasiada intriga pues las cartas están puestas sobre la mesa prácticamente desde el principio, lo que socava el interés.

            En esta ocasión no es el protagonista Brian Mills quien busca venganza sino la familia de los criminales a los que él liquidó en la primera entrega.

            Más pretenciosa, “Prometheus” fue una decepción en toda regla, sobre todo en función de las altas expectativas que su engañoso tráiler me había generado.

            Un Ridley Scott menor, el mismo que sorprendentemente firmara tonterías como “Un buen año” o “Tormenta blanca” y a años-luz, por tanto, del visionario director de “Blade runner”, “Alien”, “Gladiator” o incluso “Robin Hood”, se pone en esta ocasión al servicio de unos efectos especiales deslumbrantes que no tienen nada detrás.

            Y eso que al argumento plantea una misión espacial que pretende desvelar el misterio del origen de la Humanidad a partir de un asombroso descubrimiento arqueológico que tiene lugar en África.

            Consecuentemente con lo que luego será el resto del film, esta escena inicial, tópica, carente de la menor fuerza dramática y hasta atropellada en su ritmo, ya nos pone en la pista de lo que será un chasis de Fórmula 1 cubriendo un motor de scooter.

            En cuanto a “The amazing Spider-Man”, no es que sea una mala película -y de hecho se deja ver bastante bien- pero no puede afirmarse que difiera esencialmente de la trilogía de Sam Raimi sobre el hombre-araña. Se mantiene básicamente la historia, según la cual Peter Parker, huérfano criado por sus tíos, sufre una mutación tras ser picado por una araña tratada genéticamente. Desarrolla unos poderes que ni él sabe a dónde le conducirán pero el trágico asesinato de su tío, a manos de un delincuente a quien Peter no quiso detener pero ante el cual su tío no se doblegó, le mostrará el camino.

            Puestos a encontrarle alguna diferencia significativa sí debe admitirse que Andrew Garfield (muy popular a raíz del éxito de “La red social”) da mucho mejor nivel como protagonista que su predecesor, el inexpresivo Tobey Maguire. De las protagonistas femeninas, en cambio, debo decir que ninguna de las dos me entusiasma.

            Y en cuanto al enfoque de este reboot (“reinicio”), si acaso indicar que parece querer hacer más hincapié en la psicología de sus personajes aunque sea a costa de bajar mínimamente el pistón en lo que a efectos especiales se refiere.

            No comparto la buena acogida general de “Looper”, una cinta interpretada en sus principales papeles por Bruce Willis, Joseph Gordon-Levitt y Emily Blunt que especula con un futuro 2072 en el que los asesinatos están prohibidos y, para saltar ese “pequeño inconveniente”, las víctimas de los mismos son trasladadas al pasado para ser ejecutadas allí por unos asesinos a sueldo llamados “loopers”.

            Alguna paradoja temporal de difícil digestión y una escenografía que calificaría de pobre enmarcan lo que, de contar con otro reparto, bien podría haber sido uno de los títulos que van directamente al mercado del dvd sin pasar por la gran pantalla.

            Tampoco me pareció gran cosa la tan cacareada “Los juegos del hambre”, otro producto para adolescentes que, si bien no va aparejada a vampiros, tetas, asesinos en serie ni reinas del baile, resulta completamente olvidable pese a su almibarada escenografía.

            Basada en una trilogía de novelas de gran éxito escritas por Suzanne Collins que, por supuesto, se convertirán no en tres sino en cuatro películas (si la fórmula para amasar pasta fácil ha funcionado con “Harry Potter” y “Crepúsculo”, por qué tendría que ser de otro modo), la película inicial de Gary Ross –que también interviene en el guión- sitúa la acción en Panem, un lugar que antaño recibió el nombre de Estados Unidos.

            Básicamente tenemos un gobierno totalitario que ha dividido el país en distritos y castiga los pasados intentos de rebelión obligando a cada distrito a ofrecer (mediante sorteo, eso sí) una pareja de jóvenes cada año que deberán enfrentarse a muerte con los representantes de los otros distritos hasta que sólo quede uno.

            Katniss (personaje que ha otorgado fama superlativa a Jennifer Lawrence) es la heroína de la historia desde que se ofrece a sustituir a su joven hermana en el mortal reto. A partir de entonces aglutinará la esperanza de todos los oprimidos, que ven en ella la única forma de cambiar las cosas.

            Pues eso… historias para adolescentes poco exigentes.

            En el límite de lo interesante se sitúa, en cambio, “Chronicle”, una propuesta original que muestra a tres chicos que, tras entrar en contacto con cierta sustancia en un bosque, desarrollan una serie de poderes que no saben controlar. Como tampoco son conscientes de las consecuencias que pueda tener utilizarlos.

            Me dio la impresión de que la historia podría haber dado más de sí porque funciona competentemente, pese a sus limitaciones, durante una parte significativa del metraje pero deja un regusto agridulce debido a su irregular resolución.

            Por último, “Sombras tenebrosas” se engloba dentro de lo que podríamos bautizar como “películas-tráiler”, es decir, aquéllas cuyos únicos gags graciosos o cuyo único interés aparece condensado en su tráiler publicitario, por lo que acaban resultando versiones extendidas de éste y son, por añadidura, mucho menos divertidas.

            Bajo la dirección (es un decir porque parece reinar un cierto desmadre a lo largo de toda la cinta) de Tim Burton, sus amiguetes Johnny Depp y Helena Bonham Carter, esta vez acompañados por dos caras nuevas (y bonitas) dentro del universo Burton como Michelle Pfeiffer y Eva Green, ejecutan una serie de “barnabasadas” que hacen gracia en las primeras escenas y cansan mucho antes de llegar al ecuador de la función.

            El protagonista, Barnabas Collins (Depp), es un vampiro que logra salir de su tumba dos siglos después de haber sido confinado en ella por una bruja rencorosa (no estoy insultando a la dama sino que, en efecto, fue una bruja la autora del maleficio) para encontrarse con un mundo enloquecido en el que encuentra coches, televisores y muchas otras diversiones, ninguna de las cuales mitigará su eterna sed de sangre.

 

ZONA CALDEADA

 

Incrementando el nivel de interés que me suscitaron, comienzo este nuevo bloque con “MS1: Máxima seguridad”, una producción francesa de ciencia-ficción y acción que fue convenientemente masacrada por la crítica y tampoco demasiado bien recibida por el público. Al menos hubo cierta unanimidad.

No es que pretenda ponerme el mundo por montera pero a mí esta serie B con reminiscencias de “Alien resurrection” (segunda vez que sale a relucir este film) y un humor a caballo entre el de “Sin City” y el de “Hellboy” me hizo gracia.

Y, si bien es cierto que va de más (la divertidísima aunque inverosímil escena inicial en la que el protagonista, interpretado por un cínico Guy Pearce, bacila –con “b”, sí- a los que están apalizándole a placer) a menos, también lo es que contiene dosis suficientes de acción y de saludable desmadre galáctico para hacérmela simpática.

El protagonista es un agente al que han tendido una trampa y va a ser criogenizado en una prisión de máxima seguridad que orbita alrededor de la Tierra. La casualidad quiere que, justo en ese momento, la hija del Presidente de los EE.UU., que está visitando la prisión para asegurarse personalmente de que los presos son bien tratados, sea secuestrada. Desafío a los más avispados a deducir quién será el encargado de intentar su rescate.

De mayor empaque visual pero con las mismas posibilidades de optar al Óscar al Mejor Guión que la anterior, “Blancanieves y la leyenda del cazador” me hizo desear sinceramente un desenlace distinto para la atractiva madrastra (espectacular Charlize Theron) en su duelo con la inexpresiva Blancanieves que compone Kristen Stewart.

No creo que se le pueda pedir a la niña más de lo (poco) que ofrece pero al menos el director de la película, Rupert Sanders, compensó su poco acertada elección de protagonista con el descubrimiento de otros supuestos encantos sustraídos tanto a la pantalla como al pobre Robert Pattinson, que fue quien sufrió los cuernos.

Por su parte, Chris Hemsworth trocó el martillo de Thor por una simple hacha, encarnando al cazador-leñador de esta historia, cuyo atractivo estético está muy por encima del pastiche narrativo que supone el guión.

Mucho más divertida, la cinta de animación “Madagascar 3: De marcha por Europa” sorprende por su frescura, tratándose de una tercera parte.

Altísimo ritmo, personajes que no pierden su encanto y situaciones divertidas a pesar de algún chiste facilón enmarcan un film excepcionalmente bien dibujado que no tiene por qué circunscribirse al público infantil.

La irrupción de la “panda”, que sufre un cambio de itinerario en su regreso desde África a Nueva York para acabar en el Casino de Montecarlo dará inicio a una serie de aventuras que les llevarán a recorrer gran parte del Viejo Continente embarcados en un gran circo venido a menos.

            “El Hobbit: un viaje inesperado”, inicio de la trilogía de Peter Jackson sobre la novela breve de Tolkien, evidencia lo que mi mero enunciado ya denota suficientemente; la aparente antítesis entre trilogía y breve.

            Como cabía esperar, la antítesis se revela cierta y en esta primera película se alternan algunos momentos magistrales dignos de la saga de “El Señor de loa Anillos” (en especial el impresionante prólogo con el ataque del dragón Smaug al opulento Reino Bajo la Montaña de Erebor) con otras secuencias superfluas o desesperante e innecesariamente extendidas.

            Muchas de ellas –la mayoría, por desgracia- ni siquiera tienen refrendo argumental en la novela, de modo que se trata de recreaciones gratuitas a cargo del equipo capitaneado por Jackson o bien de un mero subterfugio para aumentar la duración de la historia y con ello los beneficios que sin duda arrojará la saga.

            La aparición de algunos personajes propios de ESDLA que no aparecían en “El Hobbit” y que se verán incrementados en las dos siguientes entregas parece responder a ese mismo propósito aunque fueran puntualmente jaleados por algunos entusiastas seguidores de Tolkien.

En un cambio radical de registro, “Sin tregua” se centra en la vida de dos policías que patrullan las peores calles de Los Angeles. La afición de uno de ellos a grabar sus andanzas en una videocámara nos ofrece una perspectiva diferente de las situaciones, muchas de ellas tensas o dramáticas, en las que se ven envueltos.

Jake Gyllenhaal sigue con su saludable costumbre de huir a todo encasillamiento con este interesante film en el que el también estadounidense pero de origen mexicano Michael Peña le da una excelente réplica. Duro e intenso, supone un nuevo enfoque del papel policial, casi a nivel documental por su realismo y crudeza.

No es menos contundente pero sí está contado con otra textura narrativa “Salvajes”, la adaptación cinematográfica que Oliver Stone hace de la novela homónima de Don Winslow, a la que es sorprendentemente fiel durante la mayor parte de su metraje para acabar traicionándole en su desenlace.

Como en la novela del genial autor de “El invierno de Frankie Machine” o “El poder del perro”, el tierno Ben (Aaron Johnson) y el violento Chon (de nuevo Taylor Kitsch) regentan en San Diego un multimillonario negocio de cultivo y venta de marihuana hidropónica. Cuando su próspera actividad despierta la codicia del mexicano Cártel de Baja, dirigido por “la Reina” Elena Sánchez (Salma Hayek), reciben un video amenazador en el que varios hombres son decapitados. Su negativa a trabajar para el cártel provoca el secuestro de Ophelia (“O”), la chica de ambos.

            Aunque en menor medida que en el texto de Winslow, se trata de una historia electrizante y adictiva que mezcla humor y horror, diálogos ingeniosos y escenas de alto voltaje erótico con la acción más espectacular y en favor o detrimento de la película de Stone –según se mire- debo reconocer que los aspectos más truculentos de la misma están tratados con considerable tacto.

Una sorpresa agradable ha resultado ser “El legado de Bourne”, la demostración contra toda lógica de que una saga puede continuar sin la presencia de su protagonista, Jason Bourne.

            A Matt Damon, que encarnó al personaje durante tres trepidantes películas, le sucede ahora Jeremy Renner (“En tierra hostil”, “The Town–Ciudad de ladrones” y, sobre todo, Ojo de Halcón en “Los vengadores”) en el papel de Aaron Cross, otro agente creado –como Bourne- por Outcome y –también como él- una nueva piedra en el zapato de los responsables del suprimido programa.

            La bellísima Rachel Weisz acompaña a Reiner en esta entretenidísima película en la que Outcome intenta una vez más borrar sus siniestras huellas, infravalorando los recursos de sus propios agentes, poco proclives a la eliminación. Bourne es una leyenda, sí, pero también el origen de todo un legado…

La española “Lo imposible”, dirigida por Juan Antonio Bayona pero con protagonismo para los británicos Naomi Watts y Ewan McGregor recrea la angustiosa experiencia real vivida por una familia española durante el tsunami que arrasó Tailandia a finales de 2004.

            Resulta inevitable acordarse de “Más allá de la vida” con su igualmente impactante escena inicial de ese mismo tsunami aunque luego las dos películas siguen derroteros totalmente distintos. La de “Jota” Bayona se centra en el sufrimiento de una familia que queda disgregada, sin saber si sus seres queridos han sobrevivido o no al cataclismo.

            Angustiosa y hasta visualmente desagradable en algunos momentos, sólo el hecho de tratarse de una historia conocida ahorra mayores niveles de sufrimiento al espectador en lo que es una película algo atípica de catástrofes y con acento –aunque sólo sea en realización y producción- español.

 

ZONA AL ROJO VIVO

 

Como lo bueno no podía durar, al derroche de títulos brillantes del año anterior ha sucedido una parca cosecha de apenas tres títulos memorables, que son los siguientes:

El caballero oscuro: la leyenda renace

Brillantísima clausura de la excepcional trilogía de Christopher Nolan, que deja muy atrás (“a la altura del betún” diría yo un tanto anacrónicamente) la tetralogía iniciada por Tim Burton en 1989 y acabada de desquiciar por Joel Schumacher en 1997.

            No sólo la supera con amplitud en diseño de producción –que, obviamente, también- sino sobre todo y muy especialmente en consistencia argumental, rigor narrativo, pulcritud interpretativa (con magníficos trabajos de Christian Bale, Michael Caine, Gary Oldman y Morgan Freeman) e irreprochable dirección. Añadiría también que en calidad musical, gracias a la bellísima partitura del gran Hans Zimmer (en esta ocasión sin James Newton Howard, al contrario que en las dos primeras partes).

En esta última entrega, al elenco habitual se unen una atractivísima y contenida Anne Hathaway, una Marion Cotillard en su punto álgido de misterio y un Tom Hardy (el villano de la función) que nunca muestra su rostro sin que ello menoscabe su capacidad de intimidación en lo más mínimo (si no es más bien al contrario).

            La oscuridad que preside todas las películas de la serie –una oscuridad que penetra a menudo en sus personajes- es llevado en este desenlace hasta las últimas consecuencias, sustentado en gran parte el armazón del argumento en los personajes femeninos, que no son –ni la una ni la otra- lo que pretenden ser.

            Precisamente, en la sustitución de la actriz que interpretaba al personaje femenino central de las dos primeras partes, Rachel –Katie Holmes en la primera y Maggie Gyllenhaal, la hermana de Jake, en la segunda- residía uno de los pocos puntos débiles de la trilogía pero estos quedan salvados con la ausencia del personaje, reemplazado a su vez con estas dos féminas de armas tomar.

            El principio del final sobreviene cuando Bruce Wayne, que lleva ocho años retirado de la vida pública –curiosa coincidencia pues es el mismo tiempo que Batman lleva desaparecido- y se halla en precarias condiciones físicas y emocionales, se ve obligado a vestir la capa de nuevo cuando un siniestro personaje, Bane, aparece en Gotham con la inequívoca intención de destruirla.

Los vengadores

Otra ración de superhéroes, en este caso a cargo de la Marvel (Batman, en cambio, es propiedad de DC Comics) trae de nuevo a colación lo que comentaba al principio de este artículo y es el hecho de que sea este género, tradicionalmente depauperado por los cinéfilos sesudos, el que “salve” no ya el día sino el año cinematográfico en su conjunto.

Después de “calentar” el ambiente con los sucesivos estrenos de “Iron man” (2008), “El increíble Hulk” (2008), “Iron man 2” (2010), “Thor” (2011) y “Capitán América” (2011), la posibilidad de juntar a todos sus protagonistas en un mismo film y luchando todos en el mismo bando era algo irresistible para cualquiera que hubiera seguido los films. No digamos para los seguidores de los cómics originales (aunque debo reconocer que no formo parte de esa tribu).

Tras enquistarse primero y malograrse luego del todo las conversaciones con Edward Norton, el desánimo cundió entre unos y otros, habida cuenta del esfuerzo que había supuesto reunir a Robert Downey Jr. (Iron man), Chris Hemsworth (Thor) y Chris Evans (Capitán América) en el proyecto.

            Contra todo pronóstico, la elección de Mark Ruffalo como sustituto de Norton resultó un enorme acierto, ya que su química con el resto de personaje y su excepcional trabajo en una interpretación en nada rupturista con la de su predecesor ofrecieron un resultado óptimo.

            A ello contribuye también el hecho de que, una vez transformado en Hulk (“La Masa”), el superhéroe en cuestión ofrece el mismo aspecto que en la película de 2008 aunque debo indicar que la plasticidad lograda en sus movimientos es claramente superior en “Los vengadores”.

            Para apuntalar al grupo, repiten algunos actores y personajes de las respectivas sagas; por ejemplo, Loki (villano magistralmente interpretado por Tom Hiddleston) y el Doctor Selvig (Stellan Skarsgard) de la de Thor o Pepper Potts (Gwyneth Paltrow) de la de “Iron man”, además de Nick Fury (Samuel L. Jackson) que aparecía en los epílogos de “Thor”, ”Iron man 2” y “Capitán América”.

            Jeremy Renner (“El legado de Bourne”) y la glamurosa Scarlett Johansson, en los papeles de Ojo de Halcón y la Viuda Negra, respectivamente, se unían por su parte a esta superproducción que tiene en los efectos especiales más espectaculares vistos hasta la fecha y en la interacción de tantos superhéroes sus mejores bazas. Divertida, endiabladamente rápida, con buenos diálogos para las escenas de transición y una impresionante coreografía de acción, marca un tope difícil de superar para cualquier película del género que lo intente, incluyendo sus propias y esperadas secuelas.

Skyfall

Subtitulaba yo este artículo como “El año de James Bond” por dos razones principalmente; en primer lugar porque la saga volvía a la gran pantalla cuatro años después de su capítulo anterior, “Quantum of Solace”, y en segundo lugar porque, animado por tal efemérides, me decidí a adquirir un pack que incluía las primeras veinte películas de la saga 007 y a lo largo del año he ido viéndolas, una tras otra, por riguroso orden cronológico.

Aunque luego desglosaré esos títulos entre el material videográfico consumido durante el año, debo confesar mi sorpresa al constatar que realmente la cinta protagonizada por Daniel Craig ha sido la que mayor satisfacción me ha producido durante todo el 2012.

Y es que, si la ya citada “Quantum of Solace” es muy posiblemente una de las cinco peores películas de James Bond, con la misma seguridad puede aseverarse que “Skyfall” se encuentra entre las cinco mejores. A estas alturas de la saga, con veintitrés títulos estrenados (veinticinco si se le suman la parodia “Casino Royale” interpretada por David Niven y la traidora “Nunca digas nunca jamás” de Sean Connery) eso parece mucho decir.

Sin embargo, varias circunstancias concurren para que así sea:

  • la acertada elección del brillante Sam Mendes (Óscar al Mejor Director por “American beauty”) como realizador
  • la adición de John Logan (“Gladiator”, “El último samurai”, “La invención de Hugo”) al dúo de guionistas formado por Neal Purvis y Noel Wade, que permitió al grupo escribir una historia totalmente inédita que funciona como la mejor novela jamás escrita por Ian Fleming
  • la inspirada labor de cásting, que incluyó en el reparto a intérpretes del calado de Ralph Fieness, Albert Finney, Eva Green y nuestro Javier Bardem como inolvidable villano de la historia
  • una fotografía sublime a cargo de Roger Deakins
  • unas localizaciones soberbias que incluyen Londres, Estambul y Shanghai

ANEXO: Cine en televisión y dvd

 

Desglosando, que es gerundio:

Zona Gélida (peligro, no tocar):En lo profundo del bosque” (no menos profundo que el agujero al que debería ir a parar esta infumable cinta francesa de presunto terror), “1984” (sorpresa mayúscula y desagradable esta adaptación clásica de la novela de Orwell con nada menos que John Hurt y Richard Burton pero que ha envejecido peor que mal), “La sombra de la noche” (Ewan McGregor, Josh Brolin y Nick Nolte en una pésima historia sobre el vigilante nocturno de un depósito de cadáveres muy movido), “La mujer de mi hermano” (una cinta mexicana sobre el adulterio que es poco menos que un pretexto para inmortalizar la por otra parte hermosa anatomía de la uruguaya Barbara Mori), “Inseparables” (otro bodrio con toques gore a cargo del indigesto David Cronenberg; en este caso en torno a la enfermiza relación de dos hermanos gemelos a los que interpreta Jeremy Irons), “Dune” (tedioso cine farragoso-ficción al servicio del David Lynch más pretencioso), “El portero” (cine español con sabor a retro… y a poco más) o “Intrusos en Manasés” (una lástima ver a mis admirados Belén López y Juan Fernández en este subproducto español de terror que únicamente inquieta por la sensación de no terminar nunca).

Zona “Ni frío ni calor” (vosotros mismos):Harsh Times-Vidas al límite” (perturbadora interpretación de Christian Bale en el papel de un ex soldado que intenta hacerse policía para traer al país a su novia mexicana), “El día de la bestia” (a pesar de que quizás sea el film más inspirado de Alex de la Iglesia, una comedia fantástica que especula con la llegada del anticristo a Madrid, su cine sigue sin ser santo de mi devoción), “Romasanta” (aceptable película sobre la leyenda de un hombre-lobo gallego, protagonizada por el británico Julian Sands y con la carnal presencia de Elsa Pataky), “Miss Bala” (irregular cine mexicano sobre una jovencita que gana un concurso de belleza por imposición de los narcos y que pagará por ese dudoso honor), “Gomorra” (más polémica que cine en esta sórdida y aburridilla cinta italiana) y las películas de James Bond “Operación Trueno” y “Sólo se vive dos veces” (las dos entregas más endebles de cuantas protagonizó Sean Connery), “Al Servicio Secreto de Su Majestad” (la única protagonizada por el australiano George Lazenby, con exteriores en el restaurante giratorio Piz Gloria), “La espía que me amó” y “Panorama para matar” (con Roger Moore viviendo amoríos y aventuras en Egipto en la primera y lidiando con la dura Grace Jones en la segunda), “Alta tensión” (la primera de las protagonizadas por Timothy Dalton) y “Casino Royale” (el tibio debut de Daniel Craig como 007).

Zona Caldeada (recomendables):Tamara Drewe” (interesante, divertida y con un toque de erotismo, fue un espaldarazo para su protagonista, la británica Gemma Artenton, que también fue “chica Bond”), “Smoking room” (todo un máster sobre interpretación a cargo de Eduard Fernández, Juan Diego y Antonio Dechent, entre otros), “Tiempo de revancha”, “El viento” y “XXY” (cine argentino; con Federico Luppi las dos primeras y Ricardo Darín la última), “Recuérdame“ (melodrama interpretado por Robert Pattinson con un impactante final), “Master and Commander” (por una vez me gustó más la adaptación cinematográfica, que protagoniza Russell Crowe, que la novela original, a cargo de Patrick O’Brian), "Segundo asalto" (un thriller español con trasfondo boxístico en el que un joven debe elegir entre el crimen y la vocación), “El milagro de Henry Pool” (por encima de sus connotaciones religiosas, se trata de una interesante propuesta con un personaje central que no deja indiferente) y otra remesa de películas del agente 007: “Agente 007 contra Dr.No” y “Desde Rusia con amor” (las dos primeras “Bond”, ambas con Sean Connery), “Licencia para matar” (segunda y última de Timothy Dalton) y “Goldeneye”, “El mañana nunca muere” y “El mundo nunca es suficiente” (todas ellas a cargo de Pierce Brosnan).

Zona “Al rojo vivo” (coleccionables): Lo mejor de 007, en suma: “James Bond contra Goldfinger”, “Moonraker” y “Diamantes para la eternidad” (con Sean Connery en el papel del seductor agente británico), “Vive y deja morir”, “El hombre de la pistola de oro“ y “Octopussy” (todas ellas protagonizadas por Roger Moore).

REVISITACIONES CLÁSICAS (carne de coleccionismo): Westerns como “El hombre que mató a Liberty Balance”, dramas intensos como “Taxi driver”, la española “El año de las luces” y la más reciente “Apolo 13” y cine negro como “El tercer hombre”.

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